Realmente espero que les guste el fic, yo me estoy divirtiendo mucho con la creación del mismo. Y espero sus reviews con críticas, recomendaciones y saber si les gusta o no, que podrían ayudarme con ciertos detalles.
Gracias por leer. Y comiéndenlo si les ha gustado.
CAPÍTILO 5
Bueno no esperaba ver a Bonnibel y menos a la loca de su hermana…
Creo saber a dónde se dirige Elsa, pero el silencio del carro me está matando, por lo menos debería poner un poco de música.
No puedo creer la mala suerte de Elsa, tener que ver de nuevo a Anna y a Bonnibel en su casa, con sus padres presentes y por si fuera poco, son las hijas de un amigo de sus papás. Entiendo por qué está echando chispas.
Salimos por la carretera, sí, vamos a un espacio donde solemos ir a ver las estrellas Elsa y yo, antes veníamos con mucha frecuencia, es un lugar tranquilo donde podemos platicar sin que nadie nos moleste; pero aún no entiendo por qué vamos para allá.
Al fin aparcó, el ambiente es por mucho algo menos tranquilo, la tensión y la furia de Elsa se pueden sentir en el aire. Bonnibel no me ha volteado ni a ver. Me pregunto si debería decir algo o ayudarle a Elsa.
- Muy bien… Éste es el punto, mis padres no pueden saber que nosotras ya nos conocemos, ninguna de nosotras. ¿Queda claro? – Elsa rompió el silencio abruptamente, su delicadeza para tocar ciertos temas no es conocida como la mejor.
- ¿Y si no queda claro? O mejor dicho… ¿Qué pasa si no quiero obedecerte, Arendelle? – No, Anna. No incites la furia de Elsa, créeme se está conteniendo. Si tú no logras ver la profundidad de sus ojos azules, yo sí. Está asustada y muy enojada.
- Y dime, Anna… ¿Crees que te va a servir de algo llevarme la contraria? – ¡Oh, por Dios! Anna ya está perdida, volteó a ver a Bonnie que las mira con los ojos como platos, parece que ella, al igual que yo, se dio cuenta de la campaña naval que tenemos justo a menos de un metro de nosotras.
- ¡Oh, perdón! ¿Debería asustarme y seguirte la contraria en todo como normalmente deben de hacerlo todos tus subordinados? – Ya fue mucho, Elsa ha perdido la razón, se nota en la ferocidad escondida que hay detrás de ese temple tan serio y característico de Elsa Arendelle.
- Mira Anna, tal vez sí deberías de tenerme miedo, no sabes mis alcances, ni lo que podría hacer… - Elsa tenía la mandíbula completamente apretada, casi hablaba entre dientes; solo he visto esa mueca en Elsa unas tres veces en mi vida, está a punto de estallar, Bonnie tomó mi mano, no me di cuenta hasta que me la apretó, volteé a verla y ella me estaba viendo con una expresión de preocupación inconfundible. Le sonreí y negué con la cabeza, espero que con eso se tranquilice un poco, aunque noté que no había servido mucho.
- Por favor… No voy a tenerle miedo a las amenazas de una lesbiana. – Después de eso Anna salió del carro, Elsa se quedó congelada en su sitio, o eso pensé hasta que abrió la puerta y salió del carro dando un portazo.
Bonnie y yo seguimos con la vista a Elsa que iba detrás de Anna, la alcanzó y la sostuvo por la cintura, está siendo un poco brusca. Sentí como Bonnie soltaba mi mano para bajarse del carro y seguir a su hermana; logré tomar su muñeca para detenerla.
- Bonnie, espera; no creo que debamos meternos en esto, además Elsa está asustada, tiene miedo de que tú o Anna puedan hablar de cómo la conocieron antes de éste día sus papás son algo especiales al respecto… - Bonnie me puso los ojos en blanco y retiró bruscamente la mano de mi agarre.
- Si quisiéramos decir algo ya lo habríamos hecho, ¿no lo crees? Ninguna de las dos dirá nada y tu amiga está siendo muy ruda con Anna, ella es ahora mi hermana, Marceline. No voy a permitir que le haga algo la histérica de tu amiga. – Después de decir esto se bajó del carro y yo la seguí lo más rápido que pude, ya estaba prácticamente atrás de Elsa.
- Elsa, no es necesario la rudeza… Le expliqué todo a Bonnibel y me dijo que no iba a decir nada. – Elsa fijo su mirada en nosotras por fin. Sus ojos eran dos temples de hielo, estaba furiosa, se le notaba a leguas. Cuando dio media vuelta noté que Anna empezaba a temblar y después de eso varias lágrimas rodaron por sus mejillas, no sé si lloraba de rabia o de miedo, la verdad Elsa no es alguien a quien quieras ver cuando está enojada. Bonnie al notar esto pasó rápidamente al lado de Elsa empujándola con el hombro, seguramente intencional, para llegar hasta donde su hermana que seguía llorando. – Elsa, debes de tranquilizarte un poco, fuiste un poco violenta con la pobre chica, ¿no crees? – Después de decir esto me miró como si no pudiera dar crédito a mis palabras.
- ¡No me vengas con eso ahora, Marceline! ¿Qué no ves cómo me contesta la pequeña? – Señalando a la pelirroja volteo como para comprobar que seguiría con la misma actitud rebelde de hace unos momentos, ahora estoy segura de que no vio cuando la pequeña pelirroja empezó a llorar, estaba tan roja como su cabello. Estoy segura que cuando la vio se desarmó, ella no pensaba en hacerle ningún daño a Anna, solo quería discreción y hasta ese momento se dio cuenta de la violencia con la que actúo. – ¡Mierda! – Dijo entre dientes y cerró los puños, y se dirigió hacia donde estaba Anna y Bonnie, ésta última la tenía abrazada y le susurraba algo al oído. Cuando Bonnie se percató en la presencia de Elsa alzó la mirada hacia ella, se veía por demás furiosa, se nota cuánto quiere a su hermana; Elsa ignorando de una manera suprema a Bonnie tomó la barbilla de Anna para que sus rostros se encontraran, por un momento pensé que la volvería a besar, pero en vez de eso le susurró algo, no logré oír. Bonnie seguía mirando a Elsa como si fuera un bicho de lo menos deseado.
Después de un momento Anna se limpió la cara con una de sus manos y le extendió una mano a Elsa, supongo que están haciendo una tregua, espero.
- Como si nada hubiese pasado. – Elsa tomó su mano y el ambiente de inmediato cambió. Ya no se sentía tan pesado.
Bonnie puso los ojos en blanco y al pasar al lado de Elza volvió a golpearla con el hombro, al parecer la que está más furiosa es ella, se dirigió hacia el auto, yo logré frenarla agarrando su muñeca.
- Espera que yo quiero hablar contigo… - Logré susurrarle, no quería que después de todo hubiera más drama.
- ¿Sobre qué? – Me lo dijo demasiado brusca levantando una ceja.
Al lado de nosotras pasaron Elsa y Anna, al parecer arreglaron todas sus diferencias, vaya que ambas tienen un carácter muy cambiante.
- Lo que pasó el viernes, por cómo te fuiste ya no pudimos platicar. – Le dije jugando con su mano.
- Marceline, tú no querías que habláramos, sino mal recuerdo… - Un tenue rubor se hizo presente en las mejillas de Bonnie, es muy linda.
- Pero tú sí. Querías que saliéramos, ¿recuerdas? – Le dije sonriendo con coquetería. Y su rubor subió un poco más.
- Tal vez es así, quién sabe… Podría quererlo o no… Es un misterio, ¿no crees? – Levantó una ceja retándome, ¡cómo me gustan éste tipo de juegos!
- Ya veo… ¿Quieres que deje de ser un misterio? – Le dije usando un tono de lo más juguetón.
- Y cómo podría dejar de serlo si… - Antes de que siguiera saliéndose por la tangente me acerqué y le planté un beso. Y cuando me separé noté que su "pequeño rubor" se había convertido en un rojo intenso. – Entonces, ¿nos vemos éste miércoles? Paso por ti a tu escuela y de ahí a comer. Por cierto, voy a necesitar tu número para ponernos en contacto durante la semana, por cualquier improvisto que pudiera salir.
- Sí… - Titubeo, la tomé de la mano y la conduje hasta el carro, Elsa seguro esperaba que nos fuéramos pronto para que sus papás no se volvieran locos. Le abrí la puerta de atrás del carro del lado del piloto para que pudiera subirse, después de eso rodeé el auto y me subí.
Durante el camino de regreso llevábamos a Love of Lesbian como música de fondo ya que las cuatro íbamos platicando bastante animadas, tanto a Anna como a Bonnie se les había pasado el coraje y Elsa iba con un humor bastante agradable después de haber aclarado todo. Vaya que las mujeres podemos ser extremadamente bipolares.
Cuando llegamos a la mansión Arendelle los guardias le pidieron a Elsa sus llaves para aparcar el auto, hasta valet parking tiene ésta mujer. Entramos a la mansión y la nana de Elsa nos dijo que sus papás y los de Bonnie y Anna, ya estaban en el comedor, acababan de pasar ahí.
Cuando entramos en el comedor la mamá de Elsa nos lanzó una mirada asesina, definitivamente es la herencia más notable hacia Elsa, los ojos azul zafiro capaces de congelar a aquellos que no están acostumbrados a la intensidad de ellos, justo como a Bonnie y Anna, que quedaron petrificadas aún cuando esa mirada iba dirigida a Elsa y a mí; sé perfectamente que no soy ningún santo de devoción para la mamá de Elsa, pero por lo menos me gustaría que se tranquilizara un poco. Ni que me fuera a comer a su hija… Esperen, eso ya lo hice varias veces… Aunque siendo justas, Elsa no se quedó atrás. Al pensar en ello una sonrisa interna creció en mí, tanto que no pude evitar que saliera a flote.
- Perdonen la demora, había mucho más tráfico del que pensé. – Elsa ignoró por completo la expresión de su madre, o al menos eso parece.
- Las estábamos esperando, pero no pudimos más; como quiera aún no empezamos, llegaron justo a tiempo. – Un poco más de esa mirada gélida y luego se dirigió al papá de las chicas. Obviamente no iba a parecer una mala anfitriona.
Tomamos asientos en la larga mesa del comedor, el papá de Elsa ocupaba la cabeza de la mesa, de su lado derecho la mamá de Elsa y del otro lado a su amigo, junto a él su esposa. Yo y Elsa tomamos lugares al lado de la mamá de Elsa y las chicas del lado de su mamá. Sí que había todo un protocolo en cómo obtener un lugar en esa mesa.
Durante la comida no se habló de otra cosa que no fueran negocios, anécdotas del pasado, viajes, presumir a sus hijas, cómo se conocieron, etcétera. Las más jóvenes de la mesa nos limitábamos a escuchar, sonreír y reír de una que otra cosa. Yo realmente ansiaba que todo aquello terminara para irme a mi casa, estaba completamente aburrida, no tenía idea de cuánto tiempo llevábamos ahí sentados después de haber terminado de comer, ya no había en qué entretenerme.
Mientras jugaba con la servilleta de tela haciendo figurillas, Elsa me dio una patada y volteó a mirarme. – "¡Muero de aburrimiento!" – Le dije moviendo los labios. – "¡Compórtate!" – Me reprendió, igual sin producir ningún sonido. Solo pude hacer un puchero como respuesta a ello.
Volteé a ver a Bonnie que estaba justo delante de mí, al parecer había notado mi pequeña discusión con Elsa porque estaba sonriéndome como si estuviese viendo algo de lo más gracioso. Después de verme un momento y que su sonrisa se ensanchara más, movió la cabeza y volteó hacia su nueva mamá y le dijo algo al oído, ella movió la cabeza en una afirmación sonriéndole. Volteó a verme y me guiñó un ojo, luego se volteó hacia Anna que tenía un semblante algo sombrío, se había sumergido en sus pensamientos, le dio algo al oído y reaccionó de inmediato, como si la hubiese asustado, después de dudarlo un poco movió la cabeza en confirmación y justo después de eso se levantó de su asiento.
- Papá… Señores Arendelle… No quiero que me mal entiendan, pero creo que sus pláticas son un tanto aburridas para nosotras, si no les importa, ¿podríamos salir a dar una vuelta por el jardín o aunque sea por los alrededores? – La mamá de Elsa la fulminó con la mirada (ahora sé que amo a ésta mujer de cabello rosa), su papá al contrario la observó de lo más divertido.
- Es cierto, Bonnie. Las estamos aburriendo. Pues Abi… ¿Pueden ir las chicas a divertirse un rato lejos de éstos vejestorios? – Volteó a ver a la mamá de Elsa, ¿Abi…? Para mí siempre había sido "Mamá de Elsa" o "Señora Arendelle". Además me encanta que todo mundo sepa que la última palabra será de la mamá de Elsa y no de su papá.
- Pero por supuesto. Elsa, cariño, encárgate de enseñarles el jardín. La tarde está demasiado agradable como para que se queden aquí todos. – Su voz fingía dulzura, no sé si alguien más, además de yo, lo notó; es la misma voz de Elsa.
- Claro, mamá. – Elsa se levantó del asiento con una gracia característica de ella, acto seguido me levanté de un salto y casi tiro la silla, lo que causo que Bonnie tuviera que llevarse una mano a los labios, seguro para esconder una risa, Elsa por el contrario me lanzó una mirada de advertencia, igual que su madre; Anna fue la última en levantarse. – Síganme por favor, les mostraré el jardín, podríamos entrar al laberinto.
Cierto, el laberinto… Hace mucho tiempo que no entro ahí, la primera vez me perdí y Elsa riéndose de mí fue a rescatarme, esa chica sabe de memoria el recorrido, pero siempre es divertido intentar salir de ahí. Es un laberinto de arbustos, es una imagen hermosa, ahí tuve varios encuentros con Elsa cuando éramos novias, después de mucho estudiar, por órdenes de Elsa, me aprendí el recorrido; mi recompensa por aprenderlo fue… Digamos que estuvo muy bien…
Al salir al patio lo primero que se podía ver era una extensión enorme de pasto perfectamente cortado, con rosales que daban un gran colorido a la vista, aunque de noche no se lograban distinguir muy bien los colores. En medio del gran patio había una fuente, que por supuesto, tenía que ser enorme y de los escalones que había que bajar para llegar al jardín, se abría paso un camino que conducía al laberinto, estaba iluminado por lámparas artificiales que se encontraban en el piso.
Elsa abría el camino junto con Anna que seguramente la seguía, las dos iban en silencio, Bonnie y yo las seguíamos de cerca. Cuando tuve la oportunidad y estuvimos lo bastante retiradas de la puerta como para que alguien nos viera, tomé la mano de Bonnie y ella aceptó mi gesto entrelazando sus dedos con los míos.
- ¿Arendelle, en serio tienes un laberinto? – Bonnie aún hablaba golpeado a Elsa.
- Así es… Espero que no te pierdas por ahí, Bonnibel. – En la voz de Elsa noté que realmente esperaba que Bonnie se perdiera en esos enormes arbustos. Creo que la poca tolerancia es mutua.
- Bueno, es una suerte que yo me sepa de memoria el camino. Así que si lo que no quieres es perderte lo único que tienes que hacer es no alejarte de mí ni por un segundo, mi bella Bonnie. – Tomé su mano y la llevé a mis labios, Bonnie me sonrío de oreja a oreja. Y pude ver cómo Elsa movía la cabeza en forma de negación sin voltear a vernos; estoy segura que adivinó qué gesto hice.
Ya en la entrada del laberinto Elsa le indicó a Anna que no se alejara de ella y que Bonnie y yo fuéramos juntas, asá cada una de ellas iría acompañada por alguien que conoce el camino correcto. Bonnie tomó con más fuerza mi mano y Elsa le ofreció a Anna su brazo. Anna fue la primera en romper el silencio en el que habíamos andado durante un rato.
- Entonces, Elsa… Me dijiste que estudiabas medicina… Entonces, ¿no te harás cargo de los negocios familiares?... Lo que pasa es que Charlie nos mencionó que sus amigos tenían varios negocios y además manejaban un hospital, pero creo que mencionó que eso lo llevaba tu mamá, entonces tu papá lleva lo demás… Y eres la única heredera, ¿no es así? – Vaya, así que la pequeña loca está enterada de los negocios de la familia Arendelle… Y por la expresión de Elsa, ella está igual de sorprendida.
- Sí, bueno… - Sí que está igual de sorprendida, además de incómoda, Elsa no disfruta de hablar de esos temas. – Yo elegí medicina, aunque mi abuelo me sugirió que estudiara administración de empresas y que me fuera a trabajar con él para ver cómo eran los negocios familiares. Pero yo opino que si mi padre hace un buen trabajo siendo médico, yo puedo hacer exactamente lo mismo e incluso mejor. – Encogió los hombros a modo de indiferencia, supongo que ya que Anna es hija adoptiva de uno de los mejores amigos de sus papás no hay por qué esconder mucho. Aunque yo sé que hay mucho más de trasfondo.
- Ya veo… ¿Entonces a qué piensas dedicarte tú? ¿Te harás cargo de todo? – Anna miraba con asombro a Elsa.
- ¿Crees que sea mucho el paquete para mí? – Dijo Elsa alargando el cuello y alzando una ceja mostrando un falso aire de indignación; y digo falso porque su autoestima no conoce fronteras, realmente no hay algo que haga que Elsa dude de sus capacidades, ese tipo de actitudes siempre los ve como retos.
- No… Es decir… Simplemente no creo que sea fácil… Bueno, con todo lo demás y tu carrera y… - Un rubor intenso se adueñó de las mejillas de Anna y balbuceaba a más no poder, Elsa se dio cuenta y solo esbozó una media sonrisa de satisfacción.
- No te preocupes, Anna, el imperio Arendelle tendrá a la mejor heredera que podría desear. – Elsa le dio un pequeño empujón a Anna con una mano, para hacer que la pelirroja se tranquilizara y notara que no estaba molesta con su comentario.
Mientras nos adentrábamos más en el laberinto, y conforme Anna y Elsa iban tomando una conversación propia, sin que Bonnie o yo interviniera; decidí que probaría suerte con la chica de cabello rosa, tenía que aprovechar la oportunidad, también quería que me diera su número para la cita que tendríamos el miércoles. Así que sin decir palabra alguna y evitando que Elsa o Anna se dieran cuenta, me paré en seco y en vez de seguir a mi rubia amiga di vuelta a la derecha jalando de la mano a mi acompañante. Ella se puso un poco renuente y miró indecisa a su hermana que se alejaba con Elsa platicando amenamente.
- No te preocupes, yo también conozco el camino. Solo quiero estar a solas contigo un minuto. – Bonnie se estremeció cuando me acerqué a decirle esto al oído. Volteé a verla y tenía el seño fruncido, no entiendo bien por qué, me escudriñó con la mirada durante un momento y luego se encogió de hombros.
- ¿Segura que sabes cómo salir de aquí? – Soltó con preocupación mientras iba caminando conmigo adentrándonos en otro camino del laberinto.
- Así es, Elsa me obligó a aprenderme el laberinto de memoria. – Dije soltándole una sonrisa juguetona.
- Está oscuro… ¿Segura que podrás seguir así? – Me apretó más la mano.
- Te lo aseguro. – Dije devolviendo el gesto. Cuando casi llegábamos al centro del laberinto me detuve en seco, haciendo que mi acompañante volteara a verme con un gesto de preocupación. – Bueno, Bonnie… Tenemos una plática pendiente, ya que no pude terminarla cuando llego Anna a interrumpirnos. – Bonnie se puso rígida cuando terminé de decir aquello.
- ¿De qué quieres hablar, Marceline? – Soltó muy golpeado. Me sorprendió su actitud a la defensiva.
- Bueno, tengo un tema en mente… - Dije esto acercándome a Bonnie casi hasta quedar nariz con nariz, podía sentir su aliento en mi boca y mi mentón, estaba, su respiración era agitada, señal de que estaba nerviosa, pero no se movió ni un centímetro.
- ¿Ahaa sí…? Y cuál es ése si se… - No pude resistir más y terminé robándole un beso, primero se puso rígida, luego poco a poco fue relajándose y terminó correspondiendo a mi beso, subió sus brazos a mi cuello, rodeándolo; yo la tomé por la cintura y la pegué a mí, con lo que se sobresaltó un poco y soltó un suspiro; utilizando la táctica más vieja del mundo, yo rocé con mi lengua su labio inferior con lo que ella abrió un poco más los labios dándome acceso al interior de su boca. Con mi lengua fui recorriendo su paladar y sus dientes, mientras que su lengua dulcemente apenas tocaba la mía. Sigo pensando que es la mujer más dulce que he probado, su saliva es demasiado "sweet". Nos separábamos solo para tomar aire, el beso se fue profundizando cada vez más, empecé a mover mis manos acariciando su espalda y su cintura, ella de vez en cuando dejaba salir uno que otro gemido demasiado tenue para ser considerado como uno verdadero. Cuando dejé su boca para tratar de ir a su dulce cuello ella bajó sus manos que estaban jugando con el cabello de mi nuca y las interpuso entre nosotras, después me empujó ejerciendo más fuerza de la necesaria, con lo que logró sacarme de equilibrio haciéndome para atrás.
- ¿De nuevo a lo mismo? ¿Que en serio no entiendes que no me voy a acostar contigo, Marceline? – Me quedé completamente perpleja, digo era la segunda vez que empezaba a calentarme y me daba cortón, no es malo obviamente no la obligaría a hacer algo que no quiere, pero me impresiona que alguien pueda decirme que no…
- Pensé que solo estábamos besándonos…
- Vamos, no me quieras ver tan ilusa, Marceline. Yo no voy a caer como todas las demás, a tus brazos en la primera vez que nos vemos.
- Es la segunda vez que nos vemos… - Me sorprende la irritación con la que me habla.
- ¡Precisamente!... No quiero que me trates como a las demás… - Eso último lo dijo casi inaudible y bajando la mirada a sus pies.
- Como a las demás… - Repetí sus últimas palabras con el seño fruncido, tratando de procesar lo que había dicho. ¿Cuáles demás? De verdad que no entendía a quién se refería, ¿conocía a alguna de las chicas con las que filtreaba?
- ¡Por Dios! Se te nota por cada poro de tu piel que eres toda una Casanova, el cómo hablas conmigo o con cualquiera, tus sonrisas, tus gestos… ¿Qué de verdad no te das cuenta? – Su voz denotaba fastidio.
- Ahhhhhhhhh… - Solté un enorme suspiro llevándome una mano a la cabeza. ¡Por Dios, qué alivio! No tenía idea de nada de mi estilo de vida, obviamente por el hecho de que acababa de llegar a la ciudad y solo habían pasado unos días desde que nos conocimos. Siempre es un problema cuando las mujeres me llegan a decir algo por el estilo. – La verdad no soy consciente de ello, pero es agradable saber que todo eso te gusta de mí, - Y es en serio, normalmente me tachan de coqueta, tanto hombres como mujeres me han reprochado en repetidas ocasiones que lo que hago es darles alas, aunque lo único que quiera es entablar una buena amistad con ellos – referente a lo de hace un momento, aunque hubiera pensado que tener sexo aquí sería muy excitante – "y por las veces que estuve con Elsa sabía que eso era cierto" – no iba a hacer algo así en la casa de mi amiga, y menos en éstas condiciones, tus papás y los de Elsa están dentro, además de que no sé si Elsa y tu hermana estén buscándonos - cosa que dudo mucho - entonces, no iba a sobrepasarme contigo... Solo quería besarte... Eso es todo, Bonnie.
Me di cuenta de cómo se iba relajando poco a poco, hasta comprender lo que había dicho. En ese momento volvió a ponerse nerviosa.
- Entonces, tú no... Yo... Nosotras... - Seguro que se sentía apenada por pensar que había hablado con alguna imprudencia, obviamente no estaba tan equivocada como creía, mi plan sí era seducirla para ver hasta dónde podíamos llegar y en caso de que las cosas se pusieran intensas, utilizando toda mi fuerza de voluntad sacada de cada fibra de mi ser, iba a parar y a posponerlo para la siguiente vez que nos veamos, que sería el miércoles.
- No te preocupes, Bonnie, no pasa nada y me gusta que hayas dejado las cosas claras. - Le dediqué la sonrisa más pícara que pude aún cuando no sabía si con iluminación que proporcionaba la luna podría verme, aunque supuse que sí porque ella me devolvió una sonrisa tímida y se encogió de hombros a manera de disculpa. - Mejor dime, ¿me darás tu número de teléfono para nuestra cita o tendré que investigarlo por mis medios?
- Claro, préstame tu cel y yo lo escribo, mientras tú ten el mío - al decir esto sacó de su pequeño bolso su teléfono que en seguida desbloqueó para pasármelo, era un Galaxy III mini, después de escribir mi número y regístralo como Marceline Abadeer, se lo entregué y me dispuse a sacar el mío de mi pantalón, lo desbloqueé y se lo entregué, tecleo algo a la velocidad de la luz y después me lo devolvió ya bloqueado.
- Perfecto, ahora si alguna de las dos no puede por cualquier motivo deberá mandar un mensaje a la otra para avisar. ¿Te parece? - guardé mi celular de nuevo en mi pantalón y después tomé su mano, ella la aceptó entrelazando sus dedos con los míos.- Ahora vamos a salir de aquí, no vaya a ser que nos estén buscando como locas y traigan a los sabuesos para buscarnos.
- ¿Sabuesos? – Bonnie volteó a verme divertida con la idea.
- Te dije que Elsa me había obligado a aprenderme de memoria el laberinto, ¿no es así?... Bueno, en una ocasión que no me encontraba, trajo uno de sus sabuesos para buscarme… No fue lo más divertido del mundo… - Bonnie estalló en una carcajada. – ¡Oye! Es uno de los más grandes traumas que tengo.
- Te tuvieron… que encontrar como a una presa… - Bonnie ni siquiera podía hablar bien, la carcajada seguía en sus labios y yo no pude evitar reír de igual manera con ella, es cierto, es algo bastante cómico.
Durante nuestro trayecto por el laberinto después de habernos compuesto de ese ataque de risa, fuimos hablando de trivialidades, de la escuela, mi moto, nuestras familias, nuestros gustos; estar con Bonnibel me parece de lo más natural, me siento bastante cómoda con ella... Pero me preocupa un poco el hecho de que no "dé su mano a torcer", por decirlo de alguna manera; igual creo que podría tenerla como una buena amiga, pero después de nuestra primera cita seguro que veré si hay química o si solo será una amiga más.
Al salir del laberinto nos encontramos con la pelirroja y mi amiga rubia que estaban observando la salida fijamente, de nuevo el ambiente era pesado, la mirada de Elsa, azul como el hielo, era penetrante, además de un poco más de la frialdad habitual, ¿habrá pasado algo?
