¡Hola de nuevo!

Yo sé que he dejado mucho tiempo abandonado la historia pero tengo una justificación, resulta que todos los capítulos que tenía los dejé guardados en mi lap sin respaldar en ningún otro lugar... Ya sé... No es lo más brillante del mundo pero ya pasó y no hay nada que hacer al respecto. Y resulta que mi lap... Falleció, entonces pido una disculpa y prometo actualizar una vez a la semana como mínimo.

Espero que estén de lo mejor y por favor dejen reviews, les juro que me harán muy feliz.

Y quiero avisar que apartir de aquí tomará un ritmo más movido.

!DISFRUTEN! =^^=


CAPÍTULO 6

BONNIE´S POV

Ya habíamos llegado a nuestra casa y durante todo el trayecto Anna no había mencionado palabra. Iba completamente sumergida en sus pensamientos mirando por la ventanilla del auto y yo no quería presionarla.

Cuando salí del laberinto con Marceline de la mano, encontramos a Elsa y a mi hermana en un silencio sepulcral. Anna estaba mirando a la nada con una actitud que me dio miedo, pensé que tal vez la chica de cabello platinado y ojos de un azul que me recordaba en ocasiones al hielo del invierno, le había hecho algo. Como lo que pude presenciar en esa misma tarde; y es que se comportó como una verdadera salvaje.

- Elsa… Yo… - Marceline se puso tensa de inmediato ante la mirada helada que le había dado Elsa, pero antes de que pudiera seguir, Elsa la interrumpió.

- No quiero, ni necesito explicaciones, Abadeer. Llevamos mucho tiempo esperándolas y estuve a punto de traer a los perros para que las buscaran. – Su voz no denotaba preocupación, más bien una cierta carga de ira mal guardada.

- Ya sé… Yo solo… Lo siento. – Marceline se removió un poco en su lugar, ¿se sentía incómoda ante la mirada de la rubia?

Dejando a un lado el problema que esas dos pudieran tener, solté la mano de Marceline y fui hacia donde estaba Anna que seguía con la mirada fija en Elsa, sus ojos verdeazulado se veían profundos, realmente no estaba en ésta dimensión, se había perdido en cualquier otra cosa, siento que más bien había puesto la mirada en un punto cualquiera y veía sin ver.

- ¿Anna?... ¿Estás bien? – al escuchar mi voz Anna volteó a verme ya con ese brillo natural que tenía en los ojos, aunque se veían tristes – ¿Arendelle te hizo algo?

Anna tardó un poco antes de mover lentamente la cabeza en forma de negación. – Ya es tarde y nuestros padres deben estar preocupados, ¡vámonos! – me tomó del brazo y empezó a arrastrarme por el camino que rodeaba el laberinto y nos llevaría de nuevo a la puerta trasera de la mansión Arendelle.

Cuando entramos a la mansión uno de los mayordomos nos informó que nuestros padres junto con los señores Arendelle se encontraban en el salón. Anna estuvo a punto de arrancarme el brazo el trayecto. Unos momentos después llegaron Elsa y Marceline al salón, está última al verme me dio media sonrisa, que aunque pequeña fue bastante pícara.

Realmente no entiendo bien cómo pueden volver de una manera tan tranquila después de que Elsa estaba echando chispas y Marceline se quedó petrificada ante ella, lo único que se me ocurre es que ya están acostumbradas a sus arranques.

Solo unos minutos después nuestros padres decidieron que era momento de irnos, los señores Arendelle fueron muy amables y cordiales, aunque sigo perpleja por el parecido de Elsa con su madre; sin embargo, Elsa nunca cambio su semblante adusto y serio (no creo que pueda caerme bien una persona tan prepotente como ella), y Marceline siempre con esa sonrisa que me derrite, no sé cómo lo logra.

Aún después de ponerme mi pijama, que se componía de un camisón de color rosa, seguía pensando en esa sensual sonrisa y en esos ojos castaños, cuando unos golpes a mi puerta me sacaron de mis pensamientos.

"¿Puedo pasar?" La voz de Anna se escuchó apagada por la madera de la puerta que nos separaba.

- Adelante… - Acto seguido se abrió la puerta de mi cuarto y entró Anna, mi pelirroja y querida hermana adoptiva, llevaba puesto su pijama rosa pastel que tenía figuras de gatos y su cabello rubio fresa atado en dos trenzas que le colgaban por los hombros. Parecía haberse recuperado de lo que sea que hubiera pasado en la mansión Arendelle, ya que lucía una sonrisa deslumbrante; de esas que hicieron que desde un principio le tomara cariño, porque es imposible no derretirse ante el calor y ternura de esa sonrisa. Al entrar tomó vuelo y corrió hasta mi cama, donde se arrojó.

"Siempre comportándose como si fuera una niña."

- Y bien… ¿Hablaste con Marceline? – Me dijo reincorporándose al lado mío y abrazando una de mis almohadas, tenía una sonrisa traviesa en su rostro pecoso.

- Sí. – Respondí como si no me importara el asunto, a lo que mi pequeña hermana infló los cachetes y frunció el seño; es demasiado infantil.

- ¿Y…? ¿Qué pasó?

- Eres demasiado curiosa, ¿no lo crees hermanita? – Dije sonriendo mientras le apretaba la nariz.

- ¡Oh, vamos! No me vas a decir ahora que no te importa, si estabas furiosa porque intento llevarte a la cama una "womanizer" y casi lo logra. – Dijo con un tono de burla.

"Vaya… Mi hermanita sabe dar donde duele…"

Al final sonreí y terminé contándole a Anna todo lo que había pasado en el laberinto.

- ¡Vaya! ¿Entonces reconoció que es una mujeriega de primera categoría? – Anna había escuchado mi relato en completo silencio exceptuando por una u otra expresión que soltaba emocionada.

- Pues realmente no… Solo me dijo que no tenía idea de que ella hacía ese tipo de cosas; yo opino que al menos no es muy consciente de todo ello… - De nuevo la sonrisa de Marceline volvió a mi mente y sus labios… Esos labios que eran tan posesivos cuando me besaba. Sentí un ligero rubor subir por mis mejillas.

- ¡Bonnie! ¡Te pusiste roja! – La risa de Anna y sus gritos hicieron que volviera a la realidad. - ¿Qué hicieron en el laberinto que no me quieres contar?

- ¡NADA! ¡Vamos, Anna, sabes que no soy de ese tipo...! – Dije aventándole una almohada a la cara. – Mejor dime… ¿Qué te hizo esa mujer que cuando salimos estabas tan seria? ¿Volvió a agredirte? Porque si es así, iré a partirle la cara… - Los ojos de Anna parecían tristes después de que dije eso.

- No pasó nada, ella se comportó bien; creo que fui yo la que metió la pata… - Se quedó sumergida en sus pensamientos durante un momento. – Bonnie, ¿qué sientes al besar a una mujer? – La verdad es que su pregunta me tomó por sorpresa. Esperaba cualquier otra cosa menos eso.

- No entiendo la…

- No me mal entiendas… Solo tengo curiosidad… Es decir… Tú tenías a Finn, yo lo conocí y luego pues… Marceline… Pero, no es por algo especial… Solo quiero saber si hay diferencia… - Ahora sí me dejó mucho más confusa.

- Anna, ¿por qué pre…

- No hay una razón en especial, ya te lo dije, es pura casualidad. – Su rostro se volvió casi tan rojo como su cabello, que contrastaba con el lunar blanco que tenía del lado derecho de su cabellera. Yo sé que Anna solamente ha tenido un novio en toda su vida, y a mi parecer es un completo imbécil. Yo quería que lo dejara desde que lo conocí, ese idiota ha lastimado mucho a Anna y no solo metafóricamente hablando. Como buena hermana, y al sentirme la mayor por la conducta de Anna, siento que es mi deber explicarle a la poco o nada experimentada de mi nueva hermanita cómo son las relaciones románticas.

- Bueno pues… Realmente, como te lo he dicho varias veces, el sexo o género de la persona no importa, Anna. Lo que importa es lo que uno siente por esa persona. Yo amaba a Finn, estaba muy enamorada; Marceline por otro lado, no la conozco, simplemente me gusta mucho, siento una atracción por ella – bastante fuerte -, eso es todo.

- ¿Pero entonces todo se define por sentimientos? – Anna volvía a sumirse un poco en ese lío que tenía dentro de la cabeza.

- No exactamente… Marceline no ha sido la primera mujer que he besado, al igual que Finn no fue el único hombre. Si lo que quieres saber es si besan de manera deferente la respuesta es sí; los hombres son más toscos y por decirlo de alguna manera, mucho más atascados. Las mujeres por el contrario son más delicadas y, en mi corta experiencia, besan mejor que los hombres. Aunque eso no me quita que a veces se me antoje más la rudeza de un hombre que al tacto suave de una mujer. Son diferentes, pero ambos maravillosos, muy a su manera. – Concluí. Al parecer Anna estaba sopesando mi respuesta. - ¿Por qué el interés tan de repente, Anna?

- ¡No, por nada! – Y antes de que pudiera preguntarle cualquier otra cosa, Anna se levantó de mi cama en un brinco y se alejó corriendo hasta la puerta. – Descansa, hermanita; que mañana tenemos escuela. – Y regalándome una de esas sonrisas que derretirían a cualquier corazón, salió de mi habitación dejándome con algunos cabos sueltos.


- Bonnie… ¿Por qué esa cara tan larga? Haz estado así toda la mañana… - Jake me sacó de mis pensamientos, yo tenía la cabeza apoyada en mi pupitre y mis manos me tapaban la cara. Ni siquiera me había dado cuenta de que ya había terminado la clase. Jake es un amigo de mi salón, nos caímos bien casi de inmediato y fue el primer amigo que hice en ésta nueva ciudad.

- No es nada, Jake. No te preocupes… - dije soltando un suspiro.

- ¿Que no nos preocupemos? Pero si he tenido que soportar tu mala cara desde ayer. – Lumpy Space era la que me había interrumpido, era una de las compañeras con más dinero en el salón y, aunque no era una mala persona, tenía una actitud insoportable, razón por la que nadie en el salón le hablaba mucho, pero Jake y yo siempre intentamos no exiliarla por completo, creo que los dos somos demasiado lindos para dejarla sola. En el poco tiempo que llevaba de conocerla me había acostumbrado un poco a su manera de ser y ahora la toleraba un poco más.

- Lumpy… Siempre sabes qué decir para hacer que las personas se sientan reconfortadas. ¡Tú sí sabes dar apoyo! – Jake le envió una mirada asesina que Lumpy ignoró, la verdad es que ellos discutían todo el tiempo, normalmente yo era la intermediaria pero hoy no estaba de humor para eso.

- Mira, Bonnibel… - haciendo caso omiso del comentario de Jake, Lumpy siguió hablando – Tú no eres así normalmente, siempre estás de buen humor y realmente el verte tan decaída me molesta. No sé qué razón tendrás pero ninguna razón merece que le dediques tu pensamiento por completo y tu estado de ánimo, así que anda… - Se puso de pie y me extendió su mano; cuando la tomé me puso de pie de un jalón. – ¡Anímate que hoy yo invito las cervezas!

Le sonreí abiertamente a Lumpy que me devolvió la sonrisa y después iba a su lugar a tomar sus cosas. Realmente no es una mala persona, solo tiene problemas de actitud; además tiene toda la razón del mundo, no dejaré que Marceline Abadeer, la mujer que solo he visto en dos ocasiones me arruine el miércoles de mi semana solo porque nunca me llamó, me mandó mensaje o un WhatsApp, o algo… ¡NO! ¡Ella se lo pierde! No voy a sentirme mal por ese tipo de niñerías. Y menos si proviene de una mujer como ella.

Así que guardé mis cosas y con mi mochila al hombro salí con mis amigos rumbo al estacionamiento para ir al auto de Lumpy que, como no, era un convertible rojo del año, aunque no sé qué modelo ni la marca, yo para eso soy pésima.

Y justo cuando salí de mi salón me encontré con la presencia de una mujer de cabello alborotado que llevaba un pantalón de mezclilla roto, una camisa blanca, una corbata azul rayada, converse negros y en la mano llevaba cargando una chaqueta negra; estaba sentada en la jardinera que estaba justo enfrente de mi salón fumando un cigarro, con los ojos fijos en mi dirección. Al verme esbozó una sonrisa radiante y se paró de un brinco, encaminándose en mi dirección. Yo sentí un hueco en el estómago, ¿cómo podía estar ahí?, quería moverme e irme, ignorarla como ella lo había hecho por estos días en los que supuestamente me mandaría un mensaje para salir el día de hoy. Cuando finalmente llegó hasta donde yo estaba petrificada pasó una mano por mi cintura y sin fuerza alguna me atrajo hacia ella para plantarme un casto beso en la comisura de los labios, su aroma era una combinación de cigarro y perfume, olía muy bien.

- Hola, Bonnie. Te estaba esperando… Pensé que nunca saldrías de tu salón. – Me dedicó una sonrisa radiante, como solo ella sabe. ¿Cómo carajos sabe cuál es mi salón? – Hola, soy Marceline Abadeer, soy amiga de Bonnibel. – Soltándome de la cintura puso la mano enfrente de ella, para saludar a mis dos amigos que tenían la boca abierta. Se me había olvidado que estaban a un lado mío.

- Y-Yo soy Lumpy Space. Todo un placer, Marceline. – Lumpy tenía la boca abierta pero recobró esa pose soberbia tan característica de ella pero algo había cambiado, le dedicó una sonrisa tímida y bastante coqueta y… Estaba sonrojada… ¿Qué rayos…?

- Es un gusto, Lumpy. – Marceline le dedicó una sonrisa… ¿Coqueta? Digo, sí… Lumpy es atractiva, rubia, de cuerpo curvilíneo y facciones finas pero… ¿Qué rayos es todo esto? ¡Viniste por mí, no por Lumpy!

- ¡Hola, guapa! Mi nombre es Jake. – Por el contrario de Lumpy, Jake se veía mucho más sereno pero en vez de darle la mano se acercó a darle un beso en la mejilla y un abrazo.

- Es un placer. Jake. – Otra sonrisa coqueta… No espera… No es que esté coqueteando, así sonríe y así se comporta con los demás. Jake se removió en su lugar y se puso completamente rojo. Tengo que parar todo este espectáculo antes de que me den ganas de vomitar…

- Pensé que no ibas a venir… - Solté como veneno. Y al parecer funcionó porque Marceline volteó a verme con el seño fruncido y al fin había dejado atrás esa estúpida sonrisa barata que le regalaba a cualquiera.

- ¿Por qué pensarías algo así? – Levantó una ceja curiosa.

- No te preocupes, Marcy. Ella está de muy mal… - Antes de que mi amigo pudiera terminar la oración le envíe una mirada asesina, con lo que entendió y dejo la oración al aire.

- Estuve esperando tu mensaje; no lo enviaste, ahora tengo nuevos planes si me… - Marceline se puso en mi camino evitando que pudiera escapar fácilmente y en sus ojos se veía un destello de… ¿Diversión? No estoy muy segura pero me estaba volviendo loca. ¿Acaso se estaba burlando de mí? ¡Debe tener por seguro que yo no soy como las demás!

- Bonnie, te lo repetí dos veces el domingo, "si hay algún cambió te mandaré mensaje, si tú no puedes mándame un mensaje". Yo nunca dije que te mandaría un mensaje para confirmar nuestra cita. En ningún momento; ya la habíamos confirmado el domingo. – Una sonrisa apareció en sus labios pero no era como las que me había regalado el domingo, era mucho más… ¿peligrosa?

- ¿Cómo sabías a qué hora salía? – Hasta ahora me doy cuenta de que no le había dicho en qué salón estaba y mucho menos mis horarios.

- Tengo mis medios, también te lo dije. – Dijo encogiéndose de hombros pero sin borrar esa sonrisa de su rostro. – Entonces, nos vamos, Bonnie. Sería muy grosero de tu parte cancelarme cuando nosotras teníamos ya previamente establecido, o mínimo podrías invitarme a tus nuevos planes, ¿no crees? – Su tono fue burlón pero al mismo tiempo me dí cuenta de que no era una opción, o salía con ella o salía con ella. Me quede por un momento sin habla, ésta mujer se me hace intimidante.

- Si no hay otro remedio… - Dije suspirando al fin cuando Marceline se alejó un poco de mí y su aura fue mucho menos pesada, logrando así recobrar mi cordura interna. – ¿Chicos, les parece si mejor yo invito las cervezas mañana? – Jake y Lumpy seguían observándonos con cautela, seguro que al igual que yo, notaban el ambiente tenso.

- Claro, Bubblegum… Yo llevaré a Jake a su casa y mañana nos vamos por las cervezas que despreciaste el día de hoy. – Lumpy se acercó y se despidió de Marceline con un beso en la mejilla, ésta la tomó por la cintura al acercarse a ella; luego Jake hizo lo mismo que Marceline un momento antes con Lumpy. Juro por Dios que esos dos iban sonrojados… ¿Qué rayos…?

Marceline tomó mi mano y me sacó de mis pensamientos, la llevó hasta sus labios y en el dorso depositó un tierno beso. - Moría de ganas porque llegará el miércoles. – Dijo mientras me daba una sonrisa enorme que me parecía magníficamente seductora.

"¿De verdad no te das cuenta de tus acciones, Abadeer?"

Cuando perdí de vista a mis amigos decidí enfrentarme a la falta de respeto de Marceline, no pienso dejar que me trate como a las demás.

- ¿Por qué no me mandaste un mensaje para confirmar? Te di mi número…

- Simplemente porque no estoy acostumbrada a estar recordándole a las personas que tienen que hacer algo, si lo olvidan es porque no les importa lo suficiente como para que valga la pena; además, yo nunca olvido una cita a menos que realmente no quiera ir, como mis citas con el dentista, con amigas de la secundaria, etc. – Dijo encogiéndose de hombros y empezando a caminar.

- ¡Yo pensé que se te había olvidado! – Solté sin guardarlo más, ella volteó a verme y ladeo la cabeza como lo haría un gato. – Estoy acostumbrada a que me rectifiquen las citas que tengo, hasta la del dentista.

-¿Estás molesta?

- Para serte honesta… ¡Sí! Por favor, la próxima vez manda un mensaje o algo. – Ella frunció el seño por un momento y luego, de la nada, apareció una sonrisa bastante diferente, no era seductora per sé, era más bien digna de una niña pequeña, una niña pequeña que acabará de hacer una travesura, cabe aclarar.

- Jejejejejeje… - Su risa era sincera, no de burla. – Disculpe, princesa. Creo que he pasado demasiado tiempo en los establos y he olvidado la manera correcta en que un plebeyo debe presentarse ante una princesa. – Y de nuevo esa nueva sonrisa; tierna, sincera y sobre todo atractiva, en más de un sentido. Fue su sonrisa lo que hizo que decidiera seguirle el juego.

- Bueno, pues espero que pueda comportarse a lo largo del curso de éste encuentro tan inusual; no me gustaría perder mi tiempo con un caballerizo. – Dije quitándole mi mano de entre la suya y poniéndola en mi cadera.

- Prometo, mi princesa que no será así, sabré comportarme. Justo ahora estamos llegando a mi mejor corcel, lo mejor para la princesa, obviamente. – Dijo parándose en seco, pero la sonrisa de niña pequeña no se perdió de sus labios en ningún momento.

Hasta ese momento había caminado por inercia, dejándome llevar sin poner más atención que saber que nos dirigíamos al estacionamiento. Cuando miré encontré la moto de la que me había hablado el día en que nos conocimos.

- Entonces, ¿piensas que me voy a subir a eso? – Su sonrisa se anchó más ante el tono que use, fue mucho más lleno de miedo del que deseaba.

- Por supuesto, mi princesa. Lo mejor para usted. – De la parte de atrás sacó un casco de color rosa con las letras "MA" grabadas y me lo tendió. – Es por su seguridad, princesa.

Lo tomé y me lo puse como pude, ella terminó ayudándome a ajustarlo, cuando terminé ella sacó un casco de su mochila, era de color naranja y tenía grabadas cuatro estrellas en la parte de arriba y unas "MA" igual que el mío.

- ¿Es en serio? ¿Dragon Ball?

- Así que lo haz visto, ¿eh? Jejejejejejeje… Así es, cuando lo vi supe que tenía que ser mío.

"Okay… ¿De verdad está niña puede ser una mujeriega? Estoy empezando a tener mis dudas."

Puso el casco encima de su mata de cabello negro y lo ajustó, se subió a la moto y después espero a que yo tomara mi lugar atrás de ella. Cuando logré subirme ella tomó mis manos y las puso alrededor de su cintura, haciendo que mi pecho quedara apretado contra su espalda.

- Mi princesa, es muy importante que no se suelte y sobre todo que siga su agarre así de firme, ¿de acuerdo?

Asentí y antes de que pudiera decir cualquier otra cosa ella puso en marcha el motor.


El trayecto fue tranquilo, Marceline jamás aceleró más de lo debido y respetaba cada señal de tránsito, mentiría si dijera que no disfrute el viaje.

Cuando aparcó esperó a que bajara primero y después bajó ella, tomó mi casco y lo guardo donde lo tenía, y el suyo lo volvió a meter a su mochila, su cabello estaba más alborotado que cuando había llegado por mí pero, por alguna razón, se veía aún mucho mejor que antes.

- Espero que tenga ganas de un café, su alteza. Porque hemos llegado al mejor lugar para tomar café de grano en el estado, bueno… Al menos hasta donde yo conozco.

- Claro, un café siempre es bien recibido.

Tomó mi mano y me condujo por una calle del centro llena de locales, hasta que llegamos a una pequeña entrada que despedía un olor a café maravilloso.

Entramos al pequeño local, era un espacio bastante pequeño y muy rústico, en la entrada estaba el molino y un pequeño mostrador, al avanzar un poco más entrabas a una pequeña estancia en donde se veían unos señores de edad avanzada, algunos jugando ajedrez, otros platicando, otros leyendo; pero todos con una taza de porcelana a su lado. Cuando ellos se percataron de nuestra presencia, varios nos sonrieron, otro estiraron la mano para saludar y muchos otros nos gritaron "pequeña", a lo cual Marceline levantó la mano y saludo a todos después me señaló y sonrió de nuevo.

- ¿En serio éste es tu lugar favorito, Abadeer? – Dije mientras el lugar seguía asombrándome, en ningún momento me imaginé que Marceline frecuentara lugares de este estilo.

- ¡Por supuesto! Tengo varios amigos aquí, todos son señores que saben muchísimo de la vida y de cosas en general, hablamos de libros, me cuentan anécdotas, me enseñan cosas y me ayudan a jugar ajedrez.

- ¿Vienes sola? – Seguía sin creerlo, cada vez más se alejaba de mi mente la imagen de Marceline "womanizer" Abadeer. No me la podía imaginar con los señores, era algo tan lindo.

- He venido con Elsa, algunos amigos de la facultad y ahora contigo. – Dijo encogiéndose de hombros. Llegamos a una mesa de hasta el fondo del local y me abrió una silla para que yo me sentara.

- Todo un caballero, no lo puedo negar. Pero… ¿Qué pasaría si tus amigos del "gran café" se enteran de tus perversiones? – Dije alzando una ceja.

- Ray, el que está leyendo en aquella mesa, me presentó a su nieta en una ocasión, al parecer piensan que soy un buen partido. – Dijo de manera divertida. – Lui y Tata, los que están jugando ajedrez, me dijeron que les recordaba a cuando eran jóvenes y, Joél, el que está leyendo "Ángeles y Demonios", me enseñó varias técnicas para enamorar mujeres, así que juzga tú. – Finalizó guiñándome un ojo.

- ¡Vaya! – No podía creer que la tuviera tan sencilla, simplemente, al parecer, le caía bien a cualquier persona… - Eso es ser liberal…

- Simplemente todos llegan a una edad en la que ya no se asustan por nada y les agrada que me guste aprender de ellos. – Se encogió de hombros y le hizo una pequeña seña a la camarera, quien al verla sonrió abiertamente y luego asintió. – Espero que te guste el café negro; yo lo tomo negro como la noche y dulce como el pecado.

Antes de que pudiera responder a su clara insinuación, llegó la mesera. Era una chica de bellos ojos color azules, tenía una melena rizada, y más alborotada que la de Marceline, de color rojo; llevaba puestos unos jeans simples y una camisa blanca.

- ¡Marceline! ¡Qué maravilla verte por acá, hace un rato que no veías! – Dijo dejando los cafés en la mesa y acercándose a besar en la mejilla a Marceline para saludarla; luego volteó a verme. -¡Soy Mérida, disculpa la grosería!

- Bonnibel, encantada… - Y se acercó a besar mi mejilla.

- ¡Un placer, Bonnibel! – Estaba llena de energía. – Bueno y entonces sí irás a mi exhibición, ¿verdad, Abadeer? – Dijo dirigiéndose a Marceline.

- Mérida tendrá su primera exhibición de fotografías éste viernes. – Dijo explicándome Marceline.

- Y por supuesto que tú estás invitada, Bonnie. ¡Mientras más gente, mejor! – Dijo de nuevo viéndome. – Aunque espero que hayas invitado a "La reina de hielo"… Tú me lo prometiste, Abadeer, ¡ahora me lo cumples!

- Estaremos ahí, te lo garantizo. No me lo perdería por nada, pequeña rojiza.

- Bueno… ¡Eso espero! Las dejo para que sigan su rumbo, difruten el café y cualquier cosa, hagánmelo saber. – Y dirigiéndonos una última sonrisa se alejó a la cocina.

- Disculparás a mi amiga, tiene demasiada energía; desde que dejó el esgrima y conoció el café no he podido pararla… - Dijo conteniendo una risa.

- ¿"La reina del hielo"? ¿Qué significa? – Pregunté con curiosidad recordando las palabras de la pelirroja.

- Eso… Es el apodo que le puse hace muchos años a Elsa, resulta que a Mérida le gustó desde que se la presenté, pero Elsa ha estado muy ocupada como para darse cuenta de que Mérida le quiere y gusta de ella. Entonces siempre que vamos a salir me pide que la invite…

"Jamás pensé que un apodo le quedara tan bien a alguien…"

- Ya veo… ¿Y tendrá una exhibición de fotografía el viernes?

- Mérdia… Y me encantaría que fueras conmigo, ¿qué dices? ¿Me hace el honor de acompañarme, princesa? – Dijo sonriéndome de manera coqueta, de nuevo.

- Está bien… La acompaño solo porque supo cómo pedirlo, mi caballero.

- ¡Vaya! ¿Ya subí de categoría a caballero? - Dijo alzando las cejas.

- Sí, espero que no vaya a equivocarse y haga que cambie de opinión.

- Le aseguro que no será así, mi princesa. – Dijo guiñándome un ojo. – Y me gustaría que invitarás a tu hermana, seguro que será divertido para ella también, habrá mucha gente y siempre es divertido hacer amigos y conocer gente nueva.

- No estoy segura si quiera ir pero yo la invitaré de todas maneras.

- Gracias, es importante para mi amiga… - Y así es como poco a poco conozco más cosas sobre Marceline, no es fría ni calculadora, creo… Y tal vez es justo por eso que logra conquistar tanto.


Durante el transcurso de nuestra cita platicamos de todo un poco, nuestros gustos musicales, nuestros amigos, libros, películas y series. Fue una cita perfecta en todos los sentidos y sentí como si las veces que había visto antes a Marceline no hubieran pasado, ella es tan diferente cuando no intenta meterse a tus faldas, es tan fácil hablar con ella de cualquier cosa, es maravilloso.

"Ni siquiera con Finn pude tener pláticas tan fluidas, normalmente nuestras pláticas rodaban alrededor de chismes…"

Al final Marceline pagó la cuenta y, después de despedirnos de algunos señores y de Mérida, salimos al exterior, ya había oscurecido, no sé ni cuánto tiempo pasó ahí dentro.

Nos dirigimos a su moto y con mis instrucciones llegamos hasta mi casa.

- Fue una excelente tarde, Marceline. Muchas gracias. – Dije entregándole el casco que guardo en donde lo llevaba.

- El placer fue mío, Bonnie. – Dijo moviendo la cabeza en negación. – Hace mucho que no la pasaba tan bien, fue una buena tarde.

- Sí, lo fue… - Dije jugando con mis manos, aún me ponía nerviosa estar con ella.

- Entonces el viernes paso por ustedes a las 8… ¿está bien?

- ¡Me parece perfecto! A las 8 estaremos esperándote.

- ¡Perfecto! Bueno pequeña Bonnie… Es hora de irme, se hace de noche y odio a los idiotas que manejan mal así que… - Se bajó de la moto tomó una de mis manos que acarició con el pulgar y me besó rápidamente en los labios. – Buenas noches, princesa. Ve a tu casa y, después de ver que ya estás dentro sana y salva, yo partiré.

- De nuevo muchas gracias, Marceline. Hasta el viernes. – Volvió a subir a su moto y yo me encaminé a mi casa; di una última vista atrás para notar que Marceline me sonreía y veía caminar, me apresuré un poco más y al cerrar la puerta de mi casa tras de mí escuché el motor de la moto de Marceline.

Suspiré al recordar la buena tarde que había pasado a su lado.

"Tal vez no sea tan mala persona después de todo…"

- ¿Y ese suspiro, hermanita? – Una voz me hizo brincar del susto. No había notado que Anna estaba sentada en las escaleras observándome con una mueca burlona. – Al parecer tu cita fue de maravilla…

- No fue una cita…

- Claro… Y yo soy la Reina Isabelle…

- ¡Calla, Anna!

Una carcajada de mi hermana hizo que el rubor se extendiera por todo mi rostro, el cual por el color de mi cabello resaltaba de una manera extraordinaria.

- Vamos… ¡Deja de dar vueltas y mejor cuéntame TODO! ¡Exijo saber todo! – Dijo bajando de las escaleras para tomarme del brazo y jalarme hasta la sala, donde me empujó al sillón de tres piezas y ella se sentaba a mi lado tomando un cojín. – Y no te preocupes que nuestros padres han salido, así que por favor cuenta "detalles sucios".

- No hay "detalles sucios", Anna. Aunque no lo creas, Marceline fue un encanto toda la tarde de hoy, no tengo queja alguna. Por cierto… Nos invitó a una exhibición de una amiga suya el viernes y NECESITO que vayas conmigo…

Anna puso los ojos como plato y por primera vez desde que llegué se quedó callada durante un buen rato…