¡Hola, hola!

Antes que nada muchísimas gracias por seguir leyendo mi historia; es la primera que publico, aunque no la primera que escribo...

Además tengo en mente dos historias que quiero empezar, y serán Elsanna solamente porque es complicado combinar dos historias al mismo tiempo.

En fin, espero que disfruten el capítulo, yo la verdad disfruté mucho escribiéndolo. Y cuañquier sugerencia o duda que tengan será bien recibida.

Sin entretenerlos más los dejo.

(Como bien saben ningún personaje me pertenece, son de Disney y de Hora de Aventura)


CAPÍTULO 7

ANNA´S POV

- ¿Pasa algo? – La voz de Bonnie me hizo reaccionar.

"¿Cómo puedo explicarle a mi hermana que ya hice planes el viernes sin que me regañe?"

- Ammmmm… No… Nada… Es solo que yo… Pues como pensé que estaba libre… Pues… Ya hice planes… - ¡Vaya, eso sonó mucho peor! ¿Por qué rayos debo tartamudear?

Bonnie me miró durante un instante con una ceja levantada y después miró en dirección a mis manos que no dejaba de mover.

- ¿Realmente crees que me voy a molestar tanto o no confías en mí? ¿Qué es lo que me ocultas, Anna? – Su semblante tenía un deje de burla.

- No pasa nada, ¿por qué pasaría algo? Es decir, no es como si pensará hacer algo que creo es incorrecto, yo ya soy una adulta y tú debes de saberlo, no sé por qué todos me tratan como si fuera una niña; además, ¿no crees que es curioso que tú pienses que estoy ocultándote algo? ¿qué eres, una maquina detectora de mentiras? Y digo, no es que te esté mintiendo porque te dije la verdad, yo tengo planes, aunque suena bien salir contigo y divertirnos en una exhibición, por cierto... ¿de qué es la exhibición? Yo pienso que sería agradable que…

- ¡Anna, cállate ya! – Bonnie alzó la voz y se veía bastante exasperada; le molesta que divague pero es muy común en mí, no es algo que pueda evitar porque no me doy cuenta cuando empiezo y me es muy difícil parar… - Anna, de verdad que necesitas cambiar tu verborrea, cuando empiezas no paras… Y no me dijiste qué planes tienes… ¿No piensas decírmelo?

La mirada de Bonnie era muy seria, sé que debo decirle y avisar que estaré fuera pero sé que no lo tomará a bien, pero aún así debo decirle, ahora es mi hermana y mi única amiga, no quiero que haya mentiras entre nosotras.

Suspiré muy hondo antes de empezar a hablar. – Bueno, pero lo tomarás con calma, ¿de acuerdo?

- ¿Vendrá el imbécil de Hans a visitarte? – La voz de Bonnie resultó demasiado tajante y seca, estaba conteniéndose.

"Bueno… Eso fue sencillo"

- ¿Cómo sabes que Hans…?

- Bastante sencillo, no habría otro tema que te haga divagar tanto conmigo, además de tu nerviosismo y tu expresión: "lo tomarás con calma" – Dijo usando sus dedos para similar unas comillas. Y yo no pude más que bajar la mirada, siempre defiendo a Hans, siempre. Conozco su vida y sus problemas y puede ser el hombre más encantador del mundo, yo lo amo. Aunque hemos tenido algunos problemas… - Anna, no tienes que mentirme. – La mano de Bonnnie en mi mentón hizo que volteara mi vista hacia ella. – Créeme, prefiero mil veces que me digas que saldrás con ese bruto y saber dónde estarás, por cualquier cosa.

- ¡Hans jamás me haría daño! – Dije con voz firme pero ¿realmente estaba segura de eso? Hay cierto temor, si he de admitir, el recordar la vez que le dije que me vendría a vivir para éste estado dejándolo solo, recordar la ira que sintió al pensar que podría perderme… Bonnie lo conoció en un mal día, eso es todo; y yo no debo dudar de Hans.

- Anna… Ya no quiero discutir sobre eso. Estoy cansada de ello y siempre terminamos gritando, solo quiero que sepas que… Si necesitas mi ayuda, sea lo que sea, yo estaré para ti, porque eres mi hermana, ¿de acuerdo?

No pude evitar sentir un nudo en la garganta y que mi vista se nublara por algunas lágrimas, Bonnie está preocupada por mí, eso es todo; yo nunca tuve amigos y saber que ahora tenía una hermana en quien confiar y contar es lo más reconfortante que he sentido en mucho tiempo.

- Gracias, Bonnie… - Me abalancé sobre ella y la rodeé en un abrazo sincero, ella me entendía y me aguantaba, tal y como era… - Y sobre lo del viernes, le diré a Hans que vayamos, será divertido y creo que a él le gustaría, todavía no conozco lugares aquí y eso me ahorrará mucha investigación.

- Ay, hermanita… Espero que así sea…

Después de que hablamos por un rato más, fui directo a mi cuarto para dormir, mañana tengo escuela y debo estar fresca como una lechuga.

Ya acostada en mi cama y con mi pijama rosa estampada de fresas saqué debajo de mi colchón mi diario, nadie sabe de su existencia y llevo un diario desde los ocho años, aunque no sé muy bien dónde quedaron los diarios anteriores, deben estar en alguna caja en el sótano pero no estoy muy segura en dónde estarán.

Después de todo a Bonnie le fue muy bien con Marceline, al parecer es más que la "womanizer" que pensamos que sería, y no pensé que "La reina del Hielo" tuviera tantas admiradoras… Tal vez la que era una completa "womanizer" es Elsa y no Marceline.

Aunque no puedo decir que Elsa no sea cortés, dulce, atenta o muy buena besando… Espera, ¿qué?

"¡No otra vez cerebro, ya basta! "

Desde aquél día que conocí a Elsa me descubrí en varias ocasiones pensando en ella, en la tarde que pasamos, su porte, sus ojos azules hielo, su cabello rubio platino, su sonrisa, su voz y sus labios… Jamás habría sido infiel a Hans y el único problema fue que yo estaba muy borracha, se me subió el alcohol y no supe lo que hice. O al menos eso me repetía constantemente para evitar caer en la locura.

Le pregunté a mi hermana qué se sentía besar a una mujer, obvio no le conté que ya lo había hecho con Elsa desde el día que la conocí; "es mucho más delicado", me dijo. ¿Cómo negarlo? Los labios de Elsa fueron mucho más delicados y tiernos que los de Hans, además de que eran mucho más suaves.

Y luego me la vuelvo a encontrar en una comida de amigos de "mi nuevo padre", al recordarla, tan hermosa en ese vestido color turquesa, la piel se me eriza; ¿cómo alguien puede ser tan hermoso y perfecto?

Ahaaaaaaaaaaaaaa… Pero después recuerdo la agresividad en su mirada, la altanería, sus ojos hielo queriendo dominarme y asustarme, hizo que recordará cuando era niña, y luego ese beso tan brusco, pero a la vez suave; sé que lo hizo para molestarme, para intimidarme y no sabía si disfrutarlo y echar mis brazos a su cuello o escupirle y darle un golpe en el estómago… Y la manera en me miró después, ni un solo rastro de emoción, nada, solo sus ojos hielo clavándose en lo más profundo de mi ser.

Lloré como hace mucho no lo hacía, me sentía indefensa y una completa estúpida, regresé a tiempos horribles, a momentos en mi vida que prefiero no recordar… No sabía si lloraba de rabia, de vergüenza, de miedo, de frustración… Y después un toque delicado en mi barbilla, y un tono dulce y arrepentido llegó a mis oídos, Elsa estaba pidiéndome perdón, se veía incómoda y sincera; "tiene miedo de sus padres", fue lo que pensé en ese momento.

La perdoné porque me pareció más que sincera, y luego en el laberinto ella fue tan… Amable, tierna, su plática era muy amena e interesante, ni siquiera había notado que Bonnie y Marceline no estaban, hasta que Elsa lo hizo notar.

En ese momento recordé a Hans y la manera en que se pondría si sabía que yo estaba tratando más que bien a alguien que me había besado siendo suya… No pude volver a hablar con Elsa y seguro que ella se molestó porque cambió la manera en que me trataba e hizo una distancia entre nosotras, lo cual agradecí en el alma.

Y ahora saber que tenía a alguien más que deseaba estar con ella, me tranquilizó, creo… Es decir, ¿quién no querría estar con Elsa Arendelle? Era inteligente, muy hermosa, sus conversaciones eran entretenidas, era heredera de una fortuna insultante y besaba excelente… "Y de nuevo vas con lo mismo, ¿no? ¿Cerebro, del lado de qué bando estás? Y antes de que lo menciones, no. No estoy para nada celosa de la pelirroja "como se llame", así que ni lo intentes."

Giré mi cabeza al buró que tengo al lado de mi cama, los número rojos y digitales de mi despertador daban las 12:15 am; es suficiente de pensar en Arendelle, cierro mi diario y lo vuelvo a poner en su escondite, después apago la lámpara que es lo único que me alumbra. Y mientras intentó conciliar el sueño el rostro de Hans me viene a la mente, su sonrisa galante, su porte, su cabello rojizo con esas inmensas patillas que le gustaba dejarse, sus ojos verdes… "Veré la manera de hacerlo ir a la exhibición de fotografía…"


El viernes en la noche yo ya estaba lista, me peiné con una coleta de caballo, me puse una playera de tirantes verde, unos jeans oscuros, unas botas y la chamarra de mezclilla negra que me había regalado mi mamá hace unos años por mi cumpleaños, me maquillé un poco ya que no estoy acostumbrada a usar mucho y me puse un poco de perfume; estaba en la sala junto con mi hermana Bonnibel que había decidido usar un vestido muy sencillo color rosa (como la mayoría de su guardarropa) y unas zapatillas negras, ya estábamos listas esperando nuestras respectivas parejas.

En el transcurso de la semana decidí no decirle nada a Hans y convencerlo de que fuéramos con los demás, después podríamos ir a un bar o a donde quisiera, de todas formas ya llevaba más de un mes sin verlo y seguro que querría complacerme aunque fuera un poco y ante los demás no podría decirme que no.

Justo a las 9 tocaron el timbre, Bonnie casi corrió para abrir la puerta, aunque no quiera decirlo, yo sé que Marceline le gusta más de lo que admite. Cuando abrió la puerta al que encontró fue a Hans quien con voz seria y fría le dio las buenas noches y preguntó por mí.

- ¡Aquí estoy, amor! – Grité desde la sala y fui a la puerta para verlo, Bonnie se hizo a un lado con una mueca de desagrado y permitió que Hans entrará a la casa.

El entró ignorando a Bonnie y en cuanto me vio sonrió y fue hasta donde me encontraba para abrazarme y besarme. Iba vestido con un traje blanco ceñido al cuerpo, una camisa rosa y unos zapatos negros bien lustrados.

"No es tan malo como piensan todos, tiene sus momentos, como todos, pero eso es todo."

Yo le rodeé el cuello y le devolví el beso.

- Me da gusto verte de nuevo, gatita. Te había extrañado tanto… - Y de nuevo me besó pero con más ansias que antes y bajó una de sus manos para sobar mi trasero sin importarle que Bonnie estaba presente; con delicadeza tomé su mano y la aparte un poco, él se dio cuenta y sus movimiento fueron más fieros. - ¿Qué sucede? –Interrogó alzando una ceja y pude notar que en sus ojos centelleaba un poco de rabia.

- Nada, amor… - Mi voz sonaba queda, lo último que quería era hacerlo enojar, no después de más de un mes sin verlo. – Es solo que quiero hablar contigo… Lo que pasa es que Bonnie nos ha invitado a una exhibición de fotografía de una amiga y…

- ¿Y qué? – Su voz sonaba impaciente y carente del cariño con el que me había saludado.

- Y quiero que vayas, Hans. – La voz de Bonnie se hizo escuchar atrás de él. Hans me soltó y volteó a ver incrédulo a Bonnie. "A Hans ninguna mujer le daba órdenes", sabía que era eso lo que paseaba por su cabeza en esos instantes. Bonnie pareció captarlo porque cambio el tono de voz. – Ya sabes, ahora que somos cuñados por ley, creo que sería bueno que fueras con nosotras y así platicáramos más… Así que no seas aburrido y vamos, ¿qué dices?

Vi cómo Hans cambiaba el semblante y empezaba a meditar las opciones, seguro que lo que quiere es estar solo conmigo y busca una manera de3 zafarse sin sonar muy brusco con Bonnie.

- Vamos solo por un rato, corazón. Y después nos vamos a donde tú quieras, es solo que en verdad deseo ir. – Dije tomándolo de la mano y mirándolo con un pequeño puchero, sé que odia que use esa táctica pero es la única manera en la que se siente comprometido de hacer algo.

- De acuerdo… No suena mal y después dispondré de ti, ¿te parece bien, gatita? – Noté un ligero toque de irritación en la voz de Hans aún cuando sonreía de la manera más tierna posible, tendremos una pelea por esto…

- Me parece perfecto, mi amor. – Mi voz debió de tranquilizar a Bonnie porque vi cómo relajó los hombros y me daba una media sonrisa.

En ese momento volvió a sonar el timbre y Bonnie pegó un salto, aunque una sonrisa afloró en sus labios, olvidándonos por un momento se dirigió de nuevo a la puerta.

- Muy buenas noches, su alteza. He venido a escoltarla hasta la exhibición, espero y mi compañía sea de vuestro agrado. – La voz de Marceline entró hasta la sala, Hans había vuelto a mirar para ver mejor la escena.

Después de que Bonnie soltará una pequeña risita y dejara pasar a Marceline llegó hasta donde estábamos nosotros, iba muy guapa, usaba un vestido sencillo color rojo que le llegaba un poco por encima de las rodillas, un collar negro con rojo, unos tacones negros que hacían que Bonnie le llegara por debajo de los ojos y su característica melena suelta.

Hans la observó de pies a cabeza cuando la vio, Marceline que llevaba una sonrisa, cuando vio la manera en que la veía cambio su sonrisa por una mueca seria.

-Marceline, él es Hans, el novio de Anna; y a Anna ya la conoces. – Dijo Bonnie aún admirando a Marceline.

Hans me soltó y se acercó a Marceline, la tomo de la cintura y le dio un beso en la mejilla. – Todo un placer, Marceline. Mi nombre es Hans Pyke, para servirte. – Y de nuevo afloró la sonrisa que tan bien conocía, esa que hace que cualquier mujer se sonroje y tenga risitas nerviosas; la sonrisa que me dedicó el día que me conoció.

- Marceline Abadeer, un placer Hans. – Se soltó de su agarre y le dedicó una media sonrisa débil y siento que fue más forzada que nada.

"Cierto, es lesbiana y no le van los hombres. Por eso Hans no le parece atractivo."

Marceline dirigió su mirada a mí y me sonrió abierratmente, se acercó a mí, puso una mano en mi cintura y se acercó a darme un beso en la mejilla, fue casi igual que como la saludó Hans, pero menos… Intimidante. – Anna, te ves muy linda. ¿Listos para irnos?

Fui a tomar a Hans de la mano y asentí mientras él tenía fruncido el ceño. Marceline tomó le ofreció el brazo a Bonnie y le regaló una sonrisa brillante, como la que Hans le había dado antes. Salimos los cuatro y vi el coche de Hans estacionado enfrente de la casa, era un Mustang antiguo, se la pasaba alardeando de él y de lo mucho que lo había reparado desde que lo encontró; "lo quiere más que a mí" llegué a pensar en varias ocasiones, pero nunca me atreví a decirlo en voz alta; Hans trabaja en un taller mecánico y todo su dinero lo ocupa en ropa y en su carro, siempre que salíamos era yo la que tenía que pagar porque él nunca conservaba nada de su sueldo.

Atrás del Mustang había una Liberty de color gris muy bonita, Marceline se dirigió hacia ella con Bonnie aún de su brazo.

- Bueno, Hans… - El volvió su vista hacia ella. – Ya que no eres de aquí, y estoy segura de que tu hermosa acompañante no sabe en dónde será, ¿te parece bien que yo vaya a guiando el camino?

Hans maldijo por lo bajo y entre dientes. – Me parece bien, tú guía, yo te sigo…

- ¡Perfecto, dude! Ahorita nos vemos. – Nos guiñó un ojo y siguió con Bonnie a la que le abrió la puerta y le ayudó a subirse a su camioneta.

Para mi sorpresa, Hans hizo lo mismo que Marceline. Lo miré con desconfianza pero decidí no decir nada, no quiero ponerlo en evidencia ante nadie, sería toda una vergüenza para él; así que agradeciendo el gesto que tenía conmigo por primera vez desde que lo conocía entré al auto. Cuando estuve dentro noté que había cambiado el equipo de sonido y que el tablero había sido remodelado.

"Okay… Hoy pago yo de nuevo."

- ¿Qué rayos será esa fiesta? ¿Una convención de tortilleras o traileras? Dime por favor, que no es una "jotifiesta"… - La voz de Hans resultaba muy irritada y las palabras las pronunciaba con asco.

- ¡No!... Es decir… ¿Por qué piensas eso?... Vamos nosotros, ¿no? – Mi voz sonaba temblorosa, lo que menos quería es que armara una escena en la fiesta. – Si no quieres ir podemos ir a donde3 quieras…

- ¿Y cómo esperas que me niegue después de la escena tan estúpida que me armaste enfrente de tu hermana? ¿Eh? – Había empezado a gritar y me miraba desde el asiento del piloto con los ojos chispeando de ira. Pero antes de pudiera hablar, un claxon irrumpió en el aire, la liberty estaba al lado de nosotros y Marceline nos sonreía, haciendo señas para que empezáramos el viaje.

Hans sonrió y encendió el motor, sin dirigirme ni una mirada antes de eso. Cuando Marceline nos adelantó él encendió el radio y puso Metallica, la canción "The unforgiven" inundó el silencio que se había creado entre nosotros. Durante lo que duró la canción Hans subió el volumen casi al máximo y parecía relajarse cantando y moviéndose al ritmo de la batería.

Cuando hubo terminado la canción bajó un poco el volumen y posó su mano derecha en mi muslo, el cual empezó a recorrer de la rodilla hacia mi entre pierna, se detenía un momento ahí y después volvía a bajar, el ciclo lo seguía repitiendo.

- Solo serán unos minutos, no quiero seguir viendo a tu hermana y a su "amiguita" jugando a tocarse. Lo que necesitan ellas es un verdadero hombre que las haga sentirse mujeres, que sepa dominarlas en la cama, así dejarán sus desviaciones a un lado. – Su voz sonaba asqueada y divertida al mismo tiempo. Yo sabía que había crecido en un hogar católico y demasiado conservador, al igual que yo; por lo que no iba a aguantar mucho si había hombres homosexuales, seguro que les partía la cara si osaban a dirigirle una mirada aunque sea.

- Estoy… Estoy de acuerdo con-contigo, amor. - ¿Qué otra cosa podía decir? Si sugería algo seguro que empezaba una disputa y al parecer ya se había calmado lo suficiente, no quiero despertar su furia.

- No tartamudees, sabes lo mucho que me molesta que lo hagas. Y después nos iremos a pasarla bien, como pareja que somos; ¿estás de acuerdo, gatita? – Siseó esto último, sabía que no era una pregunta a la que me pudiera negar, aunque yo quisiera algo mucho más romántico como las primeras citas que tuvimos, sabía que Hans extrañaba el calor de mi cuerpo y deseaba hacer el amor conmigo esa noche.

- Sí, amor. Como tú desees.- Sentí cómo apretaba mi muslo y lo seguía recorriendo de la misma manera que antes, solo que ahora no solo pasaba la mano por encima, sino que lo amasaba de una manera un tanto brusca.


El resto del camino fue en silencio y cuando por fin la liberty de Marceline aparcó, Hans se apresuró a salir para abrirme la puerta del carro y ayudarme a salir. Ante nosotros había una casa grande e iluminada con focos navideños que estaba abierta al público en general pero adentro la mayoría eran jóvenes de nuestra edad, aunque en el pequeño patio que había divisé a un adulto que estaba fumando y platicando con 5 jóvenes más.

Nos acercamos a Marceline y Bonnie para llegar los cuatro en grupo, cuando entramos, varios voltearon a vernos y cuando vieron a Marceline, se acercaron a saludarnos, Marceline nos presentó a todos con una sonrisa y de la manera en que se debía. Cuando se aceró una pequeña rubia de cabello largo, que no aparentaba tener más de 17 años, y llevaba del brazo al castaño hombre que estaba de barman en el bar en que habíamos conocido a Elsa y a Marceline.

- ¡Marcie! – La chica de cabellos dorado vestida con un blusón blanco, leggins negros y unas botas igualmente negras, saltó hacia Marceline y le rodeo el cuello con los brazos. – ¡Qué bueno que sí viniste, Mérida se pondrá feliz, está muy nerviosa por la exhibición y anda como loca de aquí para allá! Ya sabes… Quiere que todo sea perfecto. – Soltó una risita que cubrió con una de sus manos.

- Iré a buscarla, Punzie, gracias por avisarme. Por cierto, quiero presentarte a Bonnibel, su hermana Anna y a su novio Hans.

La rubia nos abrazó de uno a uno con mucha efusividad y después se presentó ella misma. – Es un gusto conocerlos, mi nombre es Rapunzel Sunny. Y es tonto que está a mi lado es Flynn Rider, es mi novio. – Dijo jalando al hombre castaño hacia ella.

- Mucho gusto, aunque ya las conocía, ¿no es así?. – Dijo guiñándonos el ojo a Marceline y a mí. Después volteó a ver a Hans y estiró su mano. – Hans, un placer. – Hans sonrió y estrechó su mano cordialmente. - ¿Es tuyo el Mustang negro que está ahí?

Hans ensanchó aún más su sonrisa, adora hablar de su auto. – Así es, yo mismo lo he restaurado.

"Con un poco de suerte podrán hacer plática y yo podré quedarme un poco más de tiempo…"

- Pues te quedó impresionante, ¿dónde lo encontraste?

- Bueno, dejemos a los niños hablar sobre sus juguetes y nosotras vamos por una copa de vino, ¿qué dicen, niñas? – Dijo Rapunzel agarrando a Marcie y a mí por el brazo.

- Es una espléndida idea, pequeña rubia. – Dijo Marceline.

- Yo… Este… - Noté cómo Hans no cedía al agarre que tenía en mi mano pero al final terminó por soltarme.

- No desaparezcas, gatita… En un momento estaré contigo. – Su voz resultó de lo más tierna posible pero en sus ojos podía ver un destello de advertencia, será mejor que no me aleje mucho para que no tarde mucho en buscarme cuando quiera irse.

Entramos a la casa y pude ver que había flechas en el piso que indicaban el camino que debías seguir para ver la exhibición completa. Además había muchos más jóvenes dentro que fuera y alguno que otro adulto, todos tenían una copa de vino tinto en la mano y charlaban amenamente, el ambiente en sí era mucho muy relajante. No podría decir cuánto, pero es un ambiente que hacía que te sintieras cómodo al instante, aunque no conocieras a nadie. La música que se escuchaba me era familiar aunque no sabía bien de dónde y cambiaba del jazz, a algo más suave, no sé bien lo que era, pero me gustaba.

Empezamos a ver la exhibición, las fotografías eran buenas; muchos eran paisajes… Pero no campos, bosques o praderas; eran paisajes urbanos, basura en las calles, camiones que iban subiendo y bajando una horda de gente, limpiaparabrisas, gente humilde… No entendía bien pero las fotos me hacían sentir un hueco el estómago, eran muy buenas pero no eran hermosas, eran crudas y certeras… Pero a la vez tenían su encanto, te agitaban, eso sin duda…

Durante todo el trayecto, Rapunzel y Marceline se la pasaron hablando, y Marceline nos metía a la plática a Bonnie y a mí; yo estaba más ocupada tratando de descifrar lo que pensaba la chica que armó la exhibición y escogió justo esas fotos. Muchas estaban a color y otras tantas a blanco y negro. En la última habitación había solo retratos, una era un grupo de chavos que estaban fuera de un salón, luego venía la foto de 3 niños pequeños de cabello rojizo y rizado que estaban colgando de un árbol con una caña de pescar en las manos mientras trataban de robar un plato de pastelillos de chocolate que estaban en una ventana.

"¿Esa foto será real o la escena habrá sido planeada? Si es real, yo quiero conocer a eso pequeños, se ve que se la pasan en grande…"

Luego seguía una foto de una mujer de cabello negro que vestía con un vestido verde y un delantal blanco y bailaba con un hombre corpulento mucho más grande que ella de cabello rojizo y barba y bigotes desaliñados cobrizos que le daban un aspecto muy fiero, el hombre utilizaba una falda escocesa y una playera color amarillo pastel.

"Se ven muy felices…" No pude evitar sentir un poco de nostalgia por una familia rota y una esperanza de que las cosas funcionarían…

Alejé mi mirada de aquella fotografía que me causaba un pequeño dolor extraño en el pecho y pude ver la última fotografía de la exhibición, era un tamaño considerablemente más grande que las demás. Y esa última foto, la más grande y la más hermosa, para mí y para cualquier ser humano que tuviera un par de ojos encima de la nariz.

Era simplemente brillante…

La foto mostraba a una Elsa que utilizaba, igual que el día que la conoció, un atuendo completamente blanco, playera, pantalón y tennis, solo que ahora llevaba también una bata y estaba sentada en el pasto, recargada sobre un árbol, llevaba el cabello recogido en un moño y sus ojos color hielo estaban enfocados en un libro y dentelleaban con un brillo que no había visto nunca, además tenía una media sonrisa, como si algo la acabará de hacer sonreír. Giré mi cabeza y entrecerré los ojos para ver bien cuál era el título del libro, el título era: "Juego de Tronos", en la portada se mostraba un hombre de cabello castaño y barba, estaba sentado en un trono de metal (lo supongo por el color gris) y se apoyaba sobro una espada enorme.

"Okay… ¡Quiero leer ese libro!"

- ¡Vaya!... Marceline se acercó a mí y silbó. – Hasta parece atractiva, ¿no crees? – No contesté pero asentí internamente. – Encontró el ángulo perfecto en el momento exacto… Me dijo que iba a declararse a Elsa pero no pensé que sería así.

- Sí, fue el momento… Espera… ¿Qué? – "¿Una declaración para Elsa? ¡Vamos, seguro hay maneras menos cursis, seguro que no le funciona… aunque es un gesto lindo y es una grandiosa foto… Pero… No creo que caiga con eso una mujer como Elsa, para nada…"

Marceline volteo a verme, ladeó la cabeza y me sonrió maliciosamente. – Mérida, la anfitriona y autora de las fotos, se le declarará a Elsa con este cuadro.

- Y espero con todo el corazón que no me rechace, "su alteza de hielo". Sería muy vergonzoso. – Volteé a mi izquierda y había una pelirroja de pelo muy rebelde, ojos color azules, llevaba puesto un vestido ceñido de color verde con detalles en color turquesa, llevaba unas zapatillas de taco bajo. – Por cierto, disculpa mis malos modales, juntarme con mis hermanos es contagioso, mi nombre es Mérdia Arrow, un placer. – Me extendió una mano y me ofreció una cálida sonrisa.

Tomando su mano me presenté. – Soy Anna, un placer. – Estuvimos en silencio unos dos segundos más de lo estrictamente necesario y para que no lo notará dije lo primera duda que acechó a mi mente. Bueno… Más bien la segunda, la primera era: "¿De dónde conoces a Elsa?"; pero obviamente no lo iba a decir. – Quiero decirte que es una exhibición muy hermosa, y cruda… Pero no entiendo el concepto… Es muy variado todo y bueno, no sé qué es pero tus fotos movieron algo en mi ser. Y bueno no es que sienta movimientos porque no tengo gusanos o un bebé dentro para que se mueva, bueno… No sé qué estoy diciendo. Lo que pasa es que a veces empiezo a divagar y cuando pasa, justo como ahora, que ya debería parar; pero no lo hago y a mi hermana le molesta que lo haga, aunque no me doy cuenta, ¿sabes? Y normalmente sigo y sigo y digo cosas que no debería, porque siempre es lo que me viene a la mente. Como por ejemplo decirte que me encantaría conocer a esos niños de la foto para robar chocolate juntos… ¡No espera eso no era lo que quería decir! Aunque también podría decirte que la foto al final de Elsa, no la entiendo, por qué leyendo, pudiste haberle sacado de otra manera, ¿no? No estoy diciendo que la foto sea horrible, de hecho pienso que es muy buena y… Espera… ¿Qué? – Obligué a callarme en ese mismo instante, si seguía me ahogaría como el pez: "Por su propia boca muere". Sentía las mejillas arder y le di un gran sorbo a la copa que tenía en mi mano.

Mérida y Marceline me miraban fijamente y después de un momento soltaron una carcajada.

"¡Eres una idiota, Anna! ¡Siempre ridiculizándote! ¿No haz vivido lo suficiente para saber que hablar solo te trae problemas?"

Y entonces antes de que huyera desesperadamente para decirle a Hans que estaba lista para irme, Mérida se acercó y me abrazó, después la imitó Marceline.

- ¡Oh, por Dios! Si Elsa me rechaza iré por ti, pequeña Anna. Eres demasiado tierna y tu hermana tiene razón, divagas, mucho… Pero no me parece molesto, solo tienes demasiadas ideas que deben salir a flote y no puedes hacer un filtro. – Mérida me sonrió cálidamente.

- Es cierto, Arrow. Anna, eres adorable. – Dijo levantando su copa hacia mí y sonriéndome. Mi cara debió demostrar mi desconfianza porque Marceline tomó y mano y me miró a los ojos, su rostro seguía con una sonrisa pero su semblante era más bien tierno. – No es una burla, Anna. Lo juro por los Dioses nuevos y los viejos; aprovechando la foto de mi amiga aquí presente. – Volteo a verme y ladeo la cabeza, me sonrió y dio un apretón a mi mano. – Es una referencia literaria, pequeña. Y es en serio lo que te digo.

- Nunca nos burlaríamos de nadie, pequeña Anna. Todos los que están en ésta casa somos antipartidarios de cualquier tipo de violencia, y la burla hiere más que los golpes. O al menos eso es lo que yo pienso. – Dijo Mérida encogiéndose de hombros. – Y respondiendo a tu pregunta, la exhibición se llama "A mis ojos", eso quiere decir que todo lo que ves aquí intenta mostrar las cosas de una sola manera; la manera en que yo lo veo. Fotografié a la reina del hielo leyendo un libro porque no sonríe a menudo, casi nunca, y si lo hace no son sinceras, son solo caretas. Pero en ese momento en especial, que la encontré por casualidad y tuve que esconderme entre arbustos para que no cambiara nada, estaba disfrutando lo que leía, estaba feliz y en paz. Esa Elsa es la que quiero que todos conozcan y no la careta que tiene siempre, incluso conmigo.

"¡Wow!... Era la mejor exhibición del mundo y… La mejor mujer para Elsa… Espero que puedan llegar a algo, es muy dulce la idea que tiene. Y en cierto modo la entiendo y me encantaría conocer a la Elsa que leía en ese momento. Debe de ser muy diferente a la Elsa que conozco… Bueno, no del todo."

- Y si me disculpan, señoritas. Iré a esperar a mi reina. Fue un gusto pequeña Anna. – Dijo acercándose para darme un beso en la mejilla. – Y toma en serio lo que dije sobre la posibilidad de que me rechace "su majestad, la reina". – Dijo guiñándome un ojo y después salió corriendo del cuarto.

- Bueno, pues ahí lo tienes… Eres demasiado linda, pequeña Anna. Le caíste bien a una de mis mejores amigas y a mí también. – Marceline me miró por un momento en silencio y con el ceño fruncido. – Sí… Serás parte del círculo. – La miré un momento sin entender. – Dime, Anna, ¿tocas algún instrumento o cantas?

- ¿La flauta dulce cuenta? – Marceline sonrió ante mi pregunta y negó con la cebeza.

- ¿Pintas o dibujas? – Negué con la cabeza, lo había intentado pero no tenía la paciencia para observar algo tan detenidamente. - ¿Escribes? - "Tengo un diario, pero solo escribo pensamientos tontos, nada del otro mundo", pensé. – ¡Perfecto! ¡Sabía que tendrías algún don artístico!

- Espera… ¿Qué? – Sentí cómo me ardían las mejillas por el sonrojo que tenía, no podía creerlo… - Por favor, dime que no dije lo del diario en voz alta…

- ¡Está bien, no te lo diré! – Marcie ladeó de nuevo la cabeza y me sonrió. – Me gusta tu sinceridad, aunque sea solo porque tu cerebro te trollea de manera sorprendente. Hay varios talleres de escritura que seguro que te gustaría tomar, averiguaré y le diré a Bonnie para que te avise. – Dijo con una enorme sonrisa. – Bueno, Anna banana, iré a buscar a Bonnie que Punzie ya la perdió, te dejo un momento. – Después de eso me guiñó un ojo y salió caminando tranquilamente por la puerta. Se estaba pavoneando, más bien.

Bajé a la planta baja y fui por otra copa de vino y un bocadillo de atún que había sobre la mesa; buscaba algo dulce pero no encontré nada, así que después de un momento regresé a la planta de arriba y fui directo a la última sala, habían sido las fotos que más me habían gustado, a una Elsa feliz, sin miedos…

Cuando entré mis ojos se posaron sobre una cabellera rubia platinada que observaba el retrato de Elsa, llevaba su pelo platino recogido en una trenza un poco desarreglada y la traía sobre su hombro izquierdo; y como siempre lucía perfecta. Llevaba puesto un hermoso vestido largo de color azul celeste y se abría de una pierna, dejando sus piernas blancas como porcelana al descubierto, unas zapatillas negras y guantes blancos que le llegaban hasta los codos. Tenía un semblante curioso, no es que no dejara ver emoción alguna de hecho tenía el ceño fruncido y parecía estar confundida ante la foto.

- Te ves muy hermosa. - No supe en qué momento me acerqué tanto a Elsa como para poder hablarle al oído. Elsa dio un brinco y me observó un tanto ruborizada. - Digo, no es como si no te vieras hermosa siempre es solo que en la foto te ves taaaan linda y bueno, ahora ni se diga, te ves muy bien, el color te queda y el vestido se amolda a tu cuerpo; no es que haya estado viendo mucho tu cuerpo, solo que es algo que se nota, porque no es como si no llamaras mi atención, digo... La atención en general y luego con esas piernas, pero bueno supongo que son como las de todos, ¿no?... O eso creo... ¿por qué sigo hablando? ¿por qué no me dices que debo parar?... ¿por qué no paro? - Mis mejillas ardieron como nunca, desvié la mirada de Elsa y cuando estaba a punto de irme escuche una pequeña risa, bastante tenúe.

Elsa estaba riendo cubriéndose la boca con una mano, me miraba divertida y mi corazón aceleró el ritmo, nunca había escuchado algo tan lindo y su rostro al reír es... Hermoso... Es... !Wow! No importaba que estuviera riéndose de mí, era un deleite verla.

Cuando dejó de reír se acercó a mí y estiró una mano que tomó la mía y mi corazón dio un vuelco al acto. - Señorita Summer, es un placer verla aquí. Y déjeme comentar que usted también se ve hermosa. - Dijo sin soltar mi mano.

- Una muy grata coincidencia... - Alcancé a formular. - Y qué opinas de...

- Gatita, ahí estás... Que bueno que te encuentro... - Hans cruzó la estancia dando zancadas, al llegar a mí me tomó del brazo y jalo hacia él; Elsa soltó mi mano al instante. - Ya vámonos, ¿quieres?

- Sí, amor. Mira te presento a...

- ¡No me interesa! - Espetó Hans, casí escupiendo.

- ¡Hans!... No seas...

- No importa, Anna. No te preocupes, que el "caballero" no me ofende. - La voz de Elsa careció de la calidez que había tenido antes, fue la misma que usó el día en su auto cuando me ordenó que no dijera nada. Y Hans miraba con desprecio a Elsa. No entiendo qué fue lo que pasó.

- Amor... Me gustaría quedarme un poco más, yo...

- Te repito que no me importa... ¡Vamonos, ahora! - Dijo apretándome el brazo, me estaba haciendo daño y Elsa pareció notarlo porque vio su mano en mi brazo y luego dirigió una mirada llena de amenaza hacia Hans.

- ¡Hey, imbécil, suelta a la Señorita Summer si no quieres vértelas conmigo! ¿Qué no oíste que se quiere quedar un rato más? -Dijo Elsa con la furia contenida en su voz.

- ¡Tú no te metas en lo que no te concierne, perra! !Aquí nadie ha pedido tu opinión! - Hans apretó más duro, si eso seguía así seguro que golpeaba a Elsa, ¿y si le hacía daño? Jamás me lo perdonaría.

Como pude me puse entre los dos y puse una mano en el pecho de Hans. - Hans... Amor... Por favor, ya vamos, ¿sí? - Elsa me miró atónita, pero después de unos segundos, nos dirigió una mirada llena de asco y rabia y salió caminando por la puerta dirigiendose a Dios sabe donde.

- La muy perra... - Escupió Hans y jalando de nuevo de mi brazo me llevó por la casa, no volví a ver a Elsa durante el trayecto a la salida, ni a Bonnie, Marceline, Mérida o Rapunzel y a su novio. No me despedí de nadie cuando llegamos al auto. - ¡Súbete! ¿Qué esperas?

"Ya no más amabilidades... Está furioso y no entiendo el porqué, tendremos una pelea... Estoy segura de ello..."


Durante el trayecto no me dirigió la palabra, solo maldecía por lo bajo el no saber cómo salir de la colonia en la que nos encontrábamos, al parecer no recordaba la salida.

Se estacionó y volteó a verme, estaba furioso. - ¿Qué mierda hacías con esa desviada? ¿Es acaso que tu "hermana" te está induciendo? - Lo miré perpleja, no sabía a qué se refería.

- Hans, yo no...

- ¿Tú no qué, Anna? A mí no me harás tonto, tal vez si tu madre hubiera sido tan...

- ¡No te atrevas a hablar mal de mi madre, Hans! - Antes de que me dijera algo más salí del carro con la esperanza de regresar a la exhibición o bien tomar un taxi e ir directo a casa.

No quería estar con él así, prefería hablar cuando estuviera más calmado. Pero antes de que pudiera alejarme más Hans fue trás de mí y sostuvo mi brazo, haciendome daño.

- ¿Cómo me hablaste, pequeña idiota? - Sus ojos estaban desorbitados por la rabia.

- Hans, me haces daño, ¡suéltame!

- ¿Para que vayas con la desviada?

- ¡Al menos ella no es una imbécil, como tú! - No iba a soportar más maltrato... ¡Ya no!

Hans frunció los labios y me dio un golpe en la mejilla, mis dientes chocaron con fuerza, sentí el dolor sordo y mi oído tenía un zumbido que parecía que no iba a terminar. Y después un hilillo caliente recorrió mi barbilla.

- ¡No me vuelvas a hablar así, pequeña idiota! - Hablaba entre dientes pero ya no estaba viéndolo, hace mucho que no me golpeaban... ¿Qué debía hacer?

- ¡No la vuelvas a tocar nunca, pedazo de animal! - Esa voz la conozco pero no sé de quién es... Lo siguiente que sentí fue cómo Hans soltaba su agarre y todo lo demás fue como si estuviera soñando. Estaba pero no estaba allí.

Hans estaba en el suelo con las manos en su estómago y se retorcía; después una mano delicada tomó la mía.

- ¡Anna, por Dios! Necesito que cooperes, ¡ven, corre!

Y lo último que recuerdo es una treza platinada corriendo enfrente de mí...

"Yo no sé qué hacer..."


Sujofan: Gracias por tus comentarios en los capítulos anteriores, mi pareja favorita es Elsanna y Bubbuline la segunda, espero y disfrutes la historia como en el principio.

Bolillokun: Gracias, espero no decepcinarte con la narrativa.

French: Prometo subir, ahora sí, cada semana! xDD