¡Hola a todos!

Disculpen por la demora, pero para recompensar les dejaré dos capítulos largos y prometo publicar con más regularidad.

Ya no los molesto más, ¡disfruten la lectura!

ELSA´S POV

Cuando salí de la casa caminé sin rumbo alguno, necesitaba un tiempo para mí, necesitaba registrar toda la escena que acababa de presenciar. Recuerdo que Bonnie había dicho algo sobre que el novio de Anna era un animal pero nunca pensé que de "ese" tipo de imbéciles.

La Anna que me había abofeteado no era para nada la Anna que había visto ahora… ¿Qué fue lo que le pasó?

No me di cuenta del rumbo que seguía, ni mucho menos el tiempo que había pasado desde que había salido de la casa en la que según iba a verme con mi mejor amiga. Saqué un cigarro de mi bolsa, necesitaba quitarme el estrés de hace unos momentos, y seguí caminando, la noche era perfecta, no había nubes que ocultaran el firmamento nocturno, la brisa de la noche era agradable y la luna creciente pronto llegaría a llena; y aún con toda esa belleza rodeándome no podía dejar la ira atrás, la escena de los dos pelirrojos hacían que diera vueltas mi cabeza.

"Necesito dejar de meterme en la vida de la cobriza, no es como si fuera alguien especial para mí." Dejé escapar un largo suspiro con el pensamiento, es verdad, no es alguien importante para mí y, sin embargo, no puedo dejar todo eso a un lado.

Tomé mi encendedor y prendí mi cigarro, era momento de regresar a la exhibición, se lo había prometido a Arrow y a Abadeer, y esperaba que los efectos parasintéticos del tabaco pudieran relajarme lo suficiente como para que no notaran que me habían puesto de mal humor.

Cuando giré sobre mis talones para regresar por donde había venido escuché unos gritos.

- ¿Cómo me hablaste, pequeña idiota?

- Hans, me haces daño, ¡suéltame!

"¿Hans?" Esa voz no podía ser de otra que no fuera…

- ¿Para que vayas con la desviada?

- ¡Al menos ella no es una imbécil, como tú!

Me acerqué corriendo hacia los gritos que se escuchaban, cuando llegué corroboré mis sospechas, Hans tenía agarrada por los brazos a Anna y la zangoloteaba. El pelirrojo detuvo sus movimientos, y por un momento pensé que la soltaría pero estaba equivocada…

Hans había levantado el brazo derecho y le había soltado un puñetazo a Anna en la cara, haciendo que esta se tambaleara y casi cayera para atrás. – ¡No me vuelvas a hablar así, pequeña idiota!

La sangre hirvió por mis venas; sin detenerme a pensarlo dos veces, corrí hacia donde estaba Anna, tomé al idiota por las hombreras de su saco y con fuerza lo jalé haciendo que volteara a mí. – ¡No la vuelvas a tocar nunca, pedazo de animal! – Sin darle tiempo a hacer algo le atiné un golpe en el plexo solar y después una patada, lo más fuerte que pude, en los testículos. Con lo que cayó al suelo retorciéndose de dolor.

Volteé a ver a Anna, estaba sangrando y su vista se veía perdida en el espacio. - ¿Anna? – La cobriza no me respondió y en el suelo Hans estaba tratando de levantarse, le di una patada al pelirrojo en la cara y tomé a Anna de la mano, no había tiempo para eso ahorita, ¡debíamos salir de ahí!

Con delicadeza jalé la mano de Anna para que se moviera. – ¡Anna, por Dios! Necesito que cooperes, ¡ven, corre! – Anna empezó a moverse pero, prácticamente, estaba siendo arrastrada por mí.

De haber sabido que esto iba a pasar me hubiera vestido con algo mucho más cómodo. El vestido y los tacones no me estaban ayudando para nada, eso sin mencionar que con la pelea de hace un momento el vestido se había roto, pero por el momento lo único en que debía pensar era en sacar a Anna de ahí. No paramos de correr hasta que llegamos a mi carro, le abrí la puerta a Anna y la ayudé a entrar lentamente a mi auto; cuando por fin estuvimos lejos de ese lugar pude volver a respirar con tranquilidad. Aunque bueno… La tranquilidad es algo relativo…

"¿Ahora qué hago con Anna?"

La miré de soslayo, seguía sin hablarme y yo no sabía de qué manera abordar el tema. Como quiera debía de ser con el mayor tacto posible. Suspiré profundamente y controlé mi voz, intentando no sonar molesta; aunque parecía imposible, la adrenalina y la ira no se llevaban bien en mi sistema. – Vamos al hospital…

- ¡NO! ¡A dónde sea menos al hospital! – Por fin Anna salió de su ensimismamiento y parecía aterrada ante la idea de ir a un médico.

Volví a inhalar profundo. – Necesitamos que te vea un médico, no sabemos si puedes necesitar puntadas y…

- ¡Ya te dije que no pienso ir a ningún hospital! – La niña me lo estaba poniendo difícil, por más que yo intentara que todo fuera en orden y en paz.

- Anna…

- Mejor llévame a mi casa… Sólo… Por favor, llévame a mi casa… - La pecosa estaba derramando lágrimas e intentaba que no se le quebrara la voz, en lo cual falló estrepitosamente.

- Anna, el… Hans, ¿sabe dónde vives? – Anna miró por la ventana para evitar verme. Permaneció en silencio logrando que yo me impacientara. - ¿Anna? – Murmuró algo pero no pude entenderle. - ¿Qué dijiste?

- Sí… Él… Sabe dónde vivo… - "¡Perfecto! Entonces obviamente no puedo llevarla a su casa…"

En el auto íbamos sin rumbo, no tenía ni idea de a dónde llevarla. No podíamos ir a su casa por obvias razones, no iba a dejar que la llevara a un hospital y no podía llevarla a mi casa porque mi madre se pondría histérica, por decir lo menos; y entonces pasó por mi mente la que sería nuestra salvación.

En el primer semáforo en rojo en que tuve ocasión, saqué mi celular y busqué en llamadas recientes; encontré el número sin mucho esfuerzo y comencé a marcar. Justo después de unos cuantos timbres por fin escuché la voz que más deseaba oír en esos momentos.

- Arendelle, ¿dónde diablos estás?... ¡Mérida te está esperando! – La voz de Marceline a penas si se oía por el barullo que había en donde quiera que estuviese, se escuchaba música y voces de gente hablando como fondo.

Para ser honestos, a mí se me había olvidado Mérida, ahora lo que llenaba mi cabeza eran las imágenes de ése imbécil; la ira empezó a apoderarse de mí nuevamente. – Abadeer, discúlpame con Arrow, ha habido un problema…

- ¿Estás bien? – Marceline conocía cada uno de mis diferentes tonos de voz, estoy segura de que encontró algo en mi timbre que hizo que se olvidara por completo el tema de Arrow. - ¿Qué pasó?

- Es difícil de explicar… - Cuando miré a Anna noté que me miraba de soslayo; "me encantaría saber lo que pasa por tu mente, pequeña cobriza". – Necesito que me hagas dos favores.

El semáforo cambio a verde y empecé de nuevo a conducir el carro, solo que ahora manejaba con un rumbo.

- Sabes que sí… ¡Tú dime! – Marceline debió de moverse porque ya no escuchaba el bullicio de hacia unos instantes.

- Primero, necesito que le digas a Bubblegum que su hermana está conmigo y que no llegará a su casa hoy; creo que sería buena idea que la acompañaras hasta su casa, Abadeer. Asegúrate que se encierre bien y que no vaya a pasar peligro.

- ¡Entendido! ¿Qué más? – La voz de Abadeer era seria. Y yo podía imaginarme a la perfección la postura que debía de tener en este momento, Temple serio, espalda rígida y una concentración absoluta al teléfono. La sola idea me hizo sonreír, conocía a la perfección los detalles de Marceline.

- ¿Podría ir a tu casa con Anna? Necesitamos una guardilla y no sé a dónde más ir, además ahí tengo un estuche de disección, ¿verdad? – Anna no me miraba directamente pero no dejaba de mandarme miradas a hurtadillas, de sus ojos salían varias lágrimas y en su regazo apretaba sus manos de manera nerviosa.

- Lo dejamos en caso de emergencia, lo tengo en mi cuarto al lado del botiquín. Toma lo que necesites, tienes las llaves de mi casa por lo que no habrá mayor problema. – Una voz femenina gritó su nombre por el otro lado de la línea. – Iré a buscar a Bonnie y después la llevaré a su casa; en unos momentos más llegaré con ustedes.

- De acuerdo, muchas gracias Marceline.

- Ni lo menciones, Arendelle. – Estaba a punto de colgar cuando escuché de nuevo la voz de Marceline. – Solo una cosa más… Respira hondo y no pierdas los estribos. – Después de eso ella finalizó la llamada.

La casa de los Abadeer estaba en completa oscuridad aunque eso no me detuvo, conocía el camino al cuarto de Marceline de memoria, no era necesario prender las luces.

En el cuarto de Marceline llevé a Anna hasta la cama y solté su mano, que hasta el momento no había soltado desde que entramos en la casa, lo que me causo una extraña incomodidad; ambas permanecíamos en perfecto silencio. Me dirigí al baño y prendí la luz, saqué mi estuche de disección y tomé algunas otras cosas, alcohol, gasas, algodón, lidocaína y merthiolate. Cuando salí dejé la puerta bien abierta, permitiendo que la mayor cantidad de luz entrara desde ahí, no quería prender la luz del cuarto porque podría incomodar a Anna, ese tipo de golpes nunca son bien aceptados por las mujeres, por lo que con un poco menos de luz piensan que se disimulan más, lo que es cierto pero también dificultan más el trabajo.

Puse todas las cosas en la cama y me arrodillé delante de ella; no podía ver su rostro porque se mantenía mirando hacia abajo, con cuidado la tomé del mentón y levanté su rostro. La imagen me rompió me comprimió el pecho, seguía llorando, en su hermoso rostro tenía manchas de sangre seca debajo del labio inferior, el cual traía partido, y una enorme inflamación roja en la mejilla, que pronto se convertiría en un moretón del tamaño del mundo.

- Anna… ¿Me permites revisarte? – Casi susurré, verla en ese estado me destrozaba, no podía ver así a ninguna mujer. Anna solo movió la cabeza afirmativamente y de sus ojos no dejaban de salir lágrimas.

Con cuidado examiné la hinchazón y el labio de Anna, aunque había sido un buen golpe no era necesario que le diera puntadas. – Solo voy a limpiar tu herida, no necesitas que haga nada más. ¿Puedo hacerlo? – De nuevo otro movimiento de cabeza afirmativo.

Con alcohol y una gasa me dediqué a quitar la sangre seca que había detenido la hemorragia de la pecosa y la que se esparcía por su barbilla. Mientras cumplía mi labor Anna no paraba de contraerse por el dolor que le estaba causando y de vez en cuando dejaba escapar pequeños gemidos de dolor.

- ¡Listo, terminé! Ya no te dolerá más, lo prometo. – Dije esbozando una sonrisa cansada. - ¿Quieres cambiarte de ropa por algo más cómodo? – Le pregunté mientras me paraba y dirigía al closet de mi amiga pelinegra. – Estoy segura de que Marceline no tendrá inconvenientes en prestarte un pijama y así podrás… - Anna empezó a llorar desconsoladamente lo que hizo que volteara 3en cuestión de segundos. - ¿Anna, qué tienes? – Casi corrí hasta ella y me senté a un lado de ella en la cama. – Anna… - La pelirroja se me echó encima, rodeando mi cuello con sus brazos y hundiendo su rostro en mi hombro.

- ¡So-soy una i-idiota! – Sollozó la pelirroja. - ¡No debí de ha-haber hecho e-eso!... Yo… Yo so-solo de-debí… Debí… - No terminó la oración y siguió llorando en mi hombro el cual ya sentía húmedo.

- Tranquila, pequeña… Todo está bien… Ya pasó todo… Estás a salvo, ya no corres ningún peligro. – La abracé y empecé a mecerla, como intentando arrullarla, lo que menos quería es que estuviera en ese estado; no sabía qué más hacer, simplemente dejaría que llorara todo lo que quisiera.

Pasó casi una hora hasta que Anna se calmó, se había quedado dormida por tanto llorar; como pude sin moverme muy brusco para no despertarla la acosté en la cama y me dirigí al closet de mi amiga para tomar un poco de ropa; me quité el vestido y me metí dentro de unos cómodos pantalones deportivos y una camisa que me quedaba muy grande. Tomé otro pijama y me acerqué a Anna; sabía que descansaría mejor que con su ropa pero, por una extraña razón, la idea de cambiarla yo me ponía nerviosa; y es algo absurdo porque estudio medicina, he visto muchas veces a mujeres desnudas pero, por algún motivo lo sentía diferente.

"¡No seas idiota, Elsa! Imagina que es una paciente inconsciente que debes pasar a quirófano de urgencia… ¡Solo es eso, se objetiva!"

Suspiré profundo y me acerqué hasta Anna, su pecho subía y bajaba rítmicamente, y de sus labios salían pequeños suspiros que parecían ronquidos muy ligeros; no había dudas, estaba completamente dormida. Quité sus botas con cuidado y las dejé a un lado de la cama, mientras desabrochaba y retiraba sus jeans sentí cómo ardía mi cara, mi pulso y respiración estaban aceleradas y yo moría de vergüenza, agradecía a los cielos de que Anna estuviese dormida. Cuando por fin retiré por completo sus jeans no pude evitar que mi mirada vagara de los talones de la pelirroja y subiera por toda la extensión de sus piernas, pero mi pulso se disparó cuando noté las bragas de Anna, eran rosas y tenía fresas estampadas; eran demasiado infantiles y eso solo hizo que me sintiera como una perfecta pervertida. Sin volver a mirar y tratando de tocar lo menos posible puse inmediatamente el pantalón de algodón, y traté de no volver a reparar ni por un momento en su tersa piel ni mucho menos en sus bragas rosas…

Con la cara roja y aún sintiéndome una completa pervertida seguí con mi trabajo y quité su chamarra y su camisa de tirantes, sosteniendo a Anna entre mis brazos, solo para encontrarme con el pecho de la pelirroja, repleto de pecas y obviamente, con el sostén del conjunto.

"¿Por qué mierdas usas ropa interior tan infantil?"

A toda prisa le puse la camisa y así cubrí de mi vista la piel llena de pecas de Anna. Aún tenía la cara ardiendo y mi pulso estaba agitado pero ya había acabado, lo único que me faltaba era deshacer su peinado y terminaría. Cuando por fin solté su coleta, una cascada de cabello cobrizo calló de manera delicada por su espalda, era demasiado suave al tacto, y deseé quedarme un rato más jugando con aquella suave y sedosa cabellera.

- Arendelle, ¿qué fue lo que… - Marceline entró en su habitación y se detuvo en la puerta cuando nos vio a Anna y a mí. – Perdón, creo que interrumpo… - Estaba a punto de dar media vuelta cuando la detuve.

- ¡Abadeer, ven acá! – Le dije en un susurro. Ella volteó a verme y sonrió maliciosamente.

- Pensé que habías tenido problemas, pero veo que solo la estabas pasando bien… - Dijo también en un susurro.

- ¡Déjate de tonterías y ayúdame a acomodarla! – Marceline rió por lo bajo y se acercó a nosotras, su semblante cambió cuando notó el golpe que Anna tenía en el pómulo y su labio partido.

- ¿Qué fue lo que pasó? – Preguntó la pelinegra con preocupación en la voz.

- Vamos por un cigarro a mi auto y te cuento…

Marceline y yo salimos en silencio hasta el patio de enfrente, la ventana del cuarto de Marceline quedaba a nuestra vista.

- ¿Me puedes decir qué rayos pasó, Arendelle? – Marceline sonaba preocupada y enojada al mismo tiempo.

- El novio de Anna la golpeó y yo la traje aquí… - Dije apretando la mandíbula, pensar en ese animal me ponía irascible.

Marceline se quedó inmóvil por unos segundos, me di cuenta de que había puesto las manos en puños. - Pero… ¿por qué?

- Porque es un animal… Aunque supongo que en parte tengo la culpa…

INICIO DE FLASHBACK

"La exhibición de Mérida…"

Pensé soltando un largo suspiro, no sabía cómo me habían convencido Arrow y Abadeer para que yo estuviera justo enfrente de la casa en la que sería la primera exhibición de la pelirroja. Bueno, sé que es una de las mejores amigas de Marceline y la ojiazul me insistió mucho para que viniera hoy.

Tomé una última bocanada de aire y entré decidida a la casa, la cual estaba adornada con luces de navidad. Mientras iba recorriendo el patio sentí varias miradas posarse sobre mí; nunca me ha incomodado ser el centro de atención, estoy acostumbrada a ello, pero creo que el problema es que mi vestido es demasiado formal para la ocasión. Hace unas horas escogí un vestido de noche largo de color celeste pensando que estaba perfecto para la ocasión, pero mirando el "outfit" de los demás siento que tal vez exageré un poco.

Cuando entré a la casa fui directo a la mesa de bocadillos que había en la primera habitación; una copa de vino no me vendría mal para tomar valor e ir a buscar a Marceline.

- Reina… - Una voz grave robó mi atención de los bocadillos que había en la mesa. Cuando giré mi vista me encontré con un chico pelirrojo vestido de traje blanco y camisa rosa.

- ¿Disculpa? – Dije enarcando una ceja y llevando la copa de vino blanco a mis labios.

- Que tú eres una autentica reina. – Repitió el pelirrojo sonriendo con una coquetería que podía compararse con la de Marceline. - ¿Cómo te llamas, preciosa?

"¡Já! ¿En serio está intentado ligarme?"

- Mi nombre no es importante. – Dije con seriedad.

- ¿No? Es, simplemente, el propósito de que yo haya seguido vivo durante tantos años. – Dijo acercándose más a mí.

"¿Realmente cree que ese intento tan triste va a servir?"

- Bueno, entonces quieres morir hoy. Si tu único objetivo es conocer mi nombre, cuando te sea revelado seguro que te esfumas, ¿no? – Juro que no pude evitar sonreír maliciosamente cuando la sonrisa coqueta del pelirrojo se borró de su rostro. – Además, alguien más espera por mí. – Le dije moviéndome hacia delante con mi copa en la mano.

- ¡Qué desperdicio!... Pudiendo salir con un hombre de verdad… - Me dijo por último el joven.

Volteé a verlo divertidísima. – La pelirroja que me espera seguro que sabrá aprovecharme al máximo. – Dije guiñándole un ojo. – A mí, los hombres no me van. – Y sin darle tiempo a decirme algo más me fui de ahí.

FIN DEL FLASHBACK

- Supongo que el muy poco hombre pensó que me refería a Anna… - Dije cuando terminé mi relato.

- ¡Qué pedazo de macho! – Bufó Marceline. – ¿Y qué pasó después?

INICIO DE FLASHBACK

"¿En qué momento Arrow me sacó esa foto?"

No tenía ni la más mínima idea, pero se notaba que era reciente…

- Te ves muy hermosa. – Una voz en mi oído hizo que saltara, provocando que un escalofrío recorriera mi espina dorsal. Cuando me giré hacia la voz, noté unos ojos aguamarina que conocía muy bien.

Cuando conocí a Anna pensé que sus ojos eran verdes, con forme la estuve observando noté que podían verse azules y la última vez que la vi en mi casa noté que el tono de sus ojos era uno completamente diferente al que yo hubiera apreciado.

- Digo, no es como si no te vieras hermosa siempre es solo que en la foto te ves taaaan linda y bueno, ahora ni se diga, te ves muy bien, el color te queda y el vestido se amolda a tu cuerpo; no es que haya estado viendo mucho tu cuerpo, solo que es algo que se nota, porque no es como si no llamaras mi atención, digo... La atención en general y luego con esas piernas, pero bueno supongo que son como las de todos, ¿no?... O eso creo... ¿por qué sigo hablando? ¿por qué no me dices que debo parar?... ¿por qué no paro? – Las mejillas de la cobriza se incendiaron y desvió la mirada al suelo.

Nunca antes había escuchado a una persona hablar tanto y que, para mi sorpresa, me pareciera algo tan lindo. No pude evitarlo y empecé a reír cubriéndome con mi mano derecha, y es que, ¿cómo no hacerlo?, era una imagen adorable; simplemente me encantaba.

Tomé su mano y controlándome le solté lo que estaba pensando en ese momento. – Señorita Summer, es un placer verla aquí. Y déjeme comentar que usted también se ve hermosa. – Un ligero sonrojo se instaló en sus mejillas. No entiendo muy bien por qué pero esa pequeña me hace sentir algo extraño. Me siento cómoda a su lado; aunque presiento que el que yo sea lesbiana le causa un sentimiento raro.

- Una muy grata coincidencia... – Me dijo después de un momento. - Y qué opinas de...

- Gatita, ahí estás... Que bueno que te encuentro... – La voz del patán de hace rato retronó en mis oídos; cuando menos lo noté él ya tenía agarrada del brazo a Anna. Con pesar solté su mano. – Ya vámonos, ¿quieres? – El pelirrojo me fulminó con la mirada.

Anna se veía contrariada. – Sí, amor. Mira te presento a...

- ¡No me interesa! – El pelirrojo de gran patillas casi le grita a Anna; lo que hizo que ardiera mi sangre.

Anna abrió los ojos como platos, estoy segura de que no entendía la conducta del imbécil. – ¡Hans!... No seas...

- No importa, Anna. No te preocupes, que el "caballero" no me ofende. – Armándome de todo el auto control que poseía pude hablarle a la cobriza. Pero si volvía a faltarle el respeto a Anna juro que no me voy a contener y voy a terminar esto en pelea, nadie le falta el respeto a una mujer en mi presencia. Lo único que hacía aquel idiota era retarme con la mirada, obviamente no me iba a vencer.

- Amor... Me gustaría quedarme un poco más, yo... – La voz de Anna sonó débil, casi con miedo. Y yo no daba crédito a lo que escuchaba… "¿Le estás pidiendo permiso?"

- Te repito que no me importa... ¡Vamonos, ahora! – Cuando noté que el agarre del pelirrojo estaba siendo cada vez más violento no pude contenerme más.

- ¡Hey, imbécil, suelta a la Señorita Summer si no quieres vértelas conmigo! ¿Qué no oíste que se quiere quedar un rato más? – Mi voz sonaba cortada por la furia, y mis puños y mandíbula estaba tensa.

- ¡Tú no te metas en lo que no te concierne, perra! ¡Aquí nadie ha pedido tu opinión! – El niño por fin había mostrado su verdadera personalidad, era de todo menos un caballero. Si lo que quería era pelea la iba a tener, yo no iba a permitir que me hablase así.

- Hans... Amor... Por favor, ya vamos, ¿sí? – Antes de que pudiera reaccionar Anna se había metido entre los dos para hablarle a su "noviecito".

"¿De verdad estás haciéndole caso a ese animal?"

No pude seguir ahí por más tiempo, me daba asco la escena, yo pensé que Anna era diferente y ahora me daba cuenta de que no era más que una mujer más del montón. Sin mirar atrás salí de ahí caminando lo más rápido que pude

"Necesito un tabaco…"

FIN DEL FLASHBACK

- Entonces salí a caminar y a fumar; y justo cuando pensaba regresar a la exhibición escuché los gritos de Anna y del idiota de su novio y me acerqué a ver… No pensé que fuese a golpearla…

- Me imagino que el animal quedó como "Santo Cristo"… - Marceline se oía igual de molesta que yo; era lógico, ninguna de las dos tolerábamos una actitud de semejante brutalidad hacia las mujeres.

- Me hubiese gustado golpearlo más pero… Anna no se veía muy bien y a mí me urgía llevarla con un médico a que revisaran sus heridas… Aunque ella no aceptó…

- Tú y yo sabemos que ese tipo de mujeres es muy difícil convencerlas de llevarlas a un médico… Lo bueno es que ya venía con uno en formación. – Dijo la pelinegra tronándose los nudillos. – Tuvo suerte de que tú estuvieras allí… No sabemos de lo que es capaz "el niño bonito"…

Solté un gran suspiro, aunque ya había pasado el simple recuerdo de la cara de ese imbécil me hacía hervir la sangre. – Lo sé, estaba pensando en hablar con sus padres o con su hermana, necesitamos que esté vigilada para impedir que "el niño bonito" se le acerque.

- ¡No te preocupes, yo hablaré con Bonnie! – Le regalé a Marcie una sonrisa cansada y abrí la puerta de mi auto, saqué mi cigarrera y busqué mi encendedor…

MARCELINE´S POV

- ¡NO ESTÁ! – El grito de Elsa rompió la calma que no había. - ¡QUÉ IDIOTA SOY! ¡PERO QUÉ IMBÉCIL! – Elsa seguía con medio cuerpo dentro del auto y se movía frenética.

- ¿Qué pa…

- ¡MI ENCENDEDOR! ¡NO ESTÁ! – Elsa salió disparada del carro y empezó a dar vueltas en círculos.

- ¡Cálmate! ¿Ya buscaste bien? – Trataba tranquilizar a mi amiga, pero ella estaba a punto de volverse una fiera.

- ¡CLARO QUE BUSQUÉ BIEN, ABADEER! ¡¿QUIÉN CREES QUE SOY?! – Elsa volteó a verme como hace años no la veía, sus ojos azules estaban convertidos en dos cristales de hielo, esa mirada que congelaba personas a mí ya no me afectaba.

- ¡Contrólate, Arendelle! ¡Y no vuelvas a mirarme así, yo no soy tu lacayo ni la hija de vecino cualquiera para que me hagas retroceder! – Elsa giró la cabeza hacia el pasto.

- ¡SEGURO SE ME CAYÓ CUANDO FUI A RESCATAR A ESA IDIOTA! ¡NO DEBÍ DE HABERME INVOLUCRADO! ¡NO VALE LA PENA! – No pude seguir aguantando más, me dirigí hasta mi amiga y le solté una bofetada, esperando que se tranquilizara.

- No fue su culpa y si no hubieses estado ahí… No sabemos lo que hubiera pasado… - Elsa me miró con una mano en la mejilla que acababa de agredir, su semblante era de incredulidad. – Y si perdiste el encendedor… ¿A quién le importa? ¡No necesitamos de algo tan tonto como para saber que nuestra amistad nunca se romperá!

- Pero… Era… Tú me lo diste y… - De los ojos de Elsa empezaron a brotar lágrimas y de un solo movimiento me abrazó por la cintura. – Lo siento… Yo de verdad lo lamento…

- No fue tu culpa… - Dije abrazando fuertemente a mi mejor amiga platinada. – Tú y yo sabemos la verdad, no lo necesitamos… Es como la pluma de Dumbo, le ayudaba a volar con seguridad pero eso no la convertía en la razón de que pudiera volar… - Elsa rió entre los sollozos en mi hombro, cosa que me hizo sonreír.

- Debes dejar de ver las películas de Disney… - Dijo pegándome más a su cuerpo.

- Y tú debes aprender a que por más veces que me lo digas no lo haré. – Deposité un beso en la cabellera de mi amiga y le susurré. – Jamás vas a perderme como al encendedor, yo siempre estaré aquí para ti… Siempre… - Y como cerrando el pacto, ambas nos quedamos en completo silencio solo escuchando nuestras respiraciones; ya en otra ocasión le regalaría un encendedor mejor o cualquier otra cosa…

ANNA´S POV

Intenté evitarlo, de verdad que sí… Pero no pude evitar escuchar todo por la ventana…

"Sabía que solo soy una molestia para todos… Hans tiene razón… Es por eso que no tengo amigos…"