ADVERTENCIA: Este capítulo contiene lemon, si no les gusta no lean! xDD
ENCENDEDOR
MARCELINE´S POV
Fue hace 5 años; yo acababa de cumplir 17 y después de haber discutido con mis papás sobre lo que quería de regalo por mi cumpleaños, al fin habían cedieron al viaje que yo les venía pidiendo desde hacía seis años a, nada más y nada menos que, una de mis ciudades favoritas y solo habían puesto una condición, más bien mi mamá lo había hecho, Elsa debía ir conmigo o el regalo sería nulo. Así que el lunes siguiente de la gran noticia, fui corriendo hacia el salón; Elsa se encontraba afuera leyendo Harry Potter y la Orden del Fénix, sentada en una de las bancas distribuidas en las jardineras de la preparatoria, llevaba unos jeans sencillos de mezclilla y una camisa azul cielo, que contrastaba con sus ojos azul zafiro, traía sus características gafas para leer y su usual trenza que colgaba sobre su hombro izquierdo.
- Elsa… Elsa… Elsa… - Mi amiga rubia platinada levantó los ojos de su lectura y me regaló una amplia sonrisa.
- Marceline… No es necesario que grites, aunque a mí también me da mucho gusto verte, solo han pasado dos días en los que no te he visto. – Alzó una ceja burlona, con lo que hizo que me sonrojara un poco por el alboroto que había armado.
- Es que quiero decirte lo que mis padres me van a regalar… Solo hay un problema, necesito que tú vengas conmigo; sino no habrá regalo.
- Marcy… Sabes que yo no acepto nada sin antes informarme de qué se trata. – Levantó una ceja curiosa y su semblante pasó a ser un poco más serio, pero la sonrisa seguía aflorando en sus labios.
Después de eso le conté a mi mejor amiga todo lo que me habían dicho mis padres, el regalo y sobre todo la condición, ella como siempre me escuchó sin interrumpir y al final esbozó una sonrisa preocupada.
- Marceline, sabes que me encantaría acompañarte, es más, se me hace una excelente idea, es solo que mi madre es muy "especial" para ese tipo de cosas. Déjame hablar hoy con ella y mañana mismo tendrás una respuesta, te lo prometo. – Dijo aún con esa sonrisa tímida en los labios.
El resto del día prosiguió con normalidad, la verdad es que la respuesta de Elsa me había desilusionado bastante, pero comprendo perfectamente que la situación en su casa es mucho más que complicada, realmente no me queda de otra que esperar a que la Señora Arendelle esté de muy buen humor.
Al día siguiente tenía que llegar más temprano a la escuela por el taller de teatro, al cual, obviamente, pertenecía. Dentro de poco tendríamos nuestra primera obra y los ensayos se habían multiplicado. Sería algo muy sencillo, una obra que había sido creación de uno de nuestros compañeros, era una historia de amor no correspondida del siglo XV, una unión de familias, basado en un matrimonio, por simple conveniencia, pero la joven doncella se había enamorado de un Capitán que vivía en el mismo pueblo, él era humilde pero amaba con ferocidad a la doncella, y la doncella lo amaba a él. Era una historia que aunque trillada, para mí era muy hermosa; yo, obviamente, había obtenido el papel del galante Capitán y tenía que lucirme como nunca; y realmente no me costaba ningún trabajo, el teatro me apasiona y actuar es mi mayor placer.
Al terminar de ensayar una de mis escenas más fuertes unos aplausos retumbaron por todo el auditorio, lo que hizo que todos nos sobresaltáramos. Se suponía que el auditorio estaba cerrado y era usado exclusivamente por los alumnos que estaban inscritos en el taller de teatro, pero mientras todos nos adentrábamos en la intensidad de la escena, se había colado una rubia platinada de ojos azul zafiro que ahora me miraban fijamente demostrando una calidez impresionante.
- Señorita Arendelle, usted no puede estar aquí. Solo los alumnos de teatro pueden estar durante los ensayos, podría estropear la magia de la sorpresa al momento de estrenar la obra. – El maestro de actuación, un hombre alto, delgado, castaño y de barba muy poblada; era bastante estricto con respecto a sus obras, y tenía varias reglas, una de ellas: NADIE podía decir de qué se trataba la obra o actuar fuera de los ensayos enfrente de público. "El factor sorpresa lo es todo en el teatro, muchachos", siempre solía decir. Obviamente él no tenía idea de que precisamente a la chica a la que estaba regañando en éste momento era quien me había ayudado durante estos meses a aprenderme mis líneas y a actuar más fluidamente mi papel.
- Lo siento, profesor. Lo que pasa es que ya es hora de clases y como había notado que Marceline no había llegado todavía… Pensé que tal vez seguiría por acá y que se le había pasado la hora. – Le regaló al profesor una tímida sonrisa y se encogió de hombros para disculparse.
El profesor, hasta ese momento, miró la hora en su reloj. – Muy bien, muchachos, es hora de clases, vayan a sus respectivos salones y si los profesores de sus materias no los dejan entrar van conmigo y les daré un justificante, no se vayan de vagos por ahí. Por favor… - Cuando todos hubieron salido del auditorio, yo me senté en el escenario con los pies colgándome, en ese momento Elsa se acercó hasta donde yo estaba y se puso a mi lado con una sonrisa adornando su cara.
- ¡Vaya, Marcy…! ¡Sí que me has sorprendido! Realmente has mejorado mucho y logras entrar en el personaje sin ningún problema, el único detalle que noto es tu cabello largo, lo traes casi llegándote a las nalgas. No me imagino a un apuesto militar con el cabello tan largo. – Frunció el ceño y alargó una de sus manos para tomar un mechón de mi cabello y empezó a jugar con él.
- Sí, yo he pensado lo mismo. – Mire mi enorme melena, la verdad es que aunque me encanta, a veces es un tanto estorbosa – Gracias por las flores, Elsa. He tenido a una excelente amiga que me ha ayudado a que mi personaje salga a la perfección. – Le dije guiñándole un ojo y regalándole una sonrisa muy grande – Bueno… ¿Para qué soy buena, mi reina del hielo? – Aligeró su ceño fruncido, lo que le dio espacio a una sonrisa burlona. Ese apodo se lo había puesto porque lograba que las personas se congelaran con solo lanzarles una mirada asesina; a mí me seguía ocurriendo, aunque ya no con la misma frecuencia e intensidad de antes.
- Bueno, ayer me invitaste a celebrar tu cumpleaños en Londres, ¿recuerdas?... Solo quería decirte que mi madre aceptó, pero su condición es que nos quedemos en uno de los departamentos de la compañía Arendelle, así podrá cerciorarse de la hora en que llegamos, cuando salimos y cuánto tiempo estamos; además de que podrá estar tranquila porque le informaran de inmediato si entramos con alguna otra persona. – Al decir esto noté un tono de exasperación en su voz – Ya ves que mi madre tiene el deseo de querer controlar al mundo, y mucho más a mí. – Esto último lo dijo con un deje de resignación en su voz. – Quería saber si tú… Estás de acuerdo con ello… - Me dijo esbozando una sonrisa tímida mientras seguía jugando con mi cabello, yo sé bien que la mamá de Elsa tiene problemas de control, pero realmente me parecía muy razonable lo que había pedido, además, eso significaba más dinero para ambas al ahorrarnos el gasto del hospedaje y, muy seguramente, comidas.
- Me parece más que perfecto. – Solté con una sonrisa de oreja a oreja. – Siempre y cuando vaya con usted, su majestad, estoy segura de que la pasaré bien. Además, si lo vemos con filosofía, eso significa que tendremos más dinero para alcohol y otras cosas. – Dije esto con un ademán de mi mano y una sonrisa con suficiente malicia.
Las semanas pasaron y tanto Elsa como yo nos fuimos preparando para el viaje, como estábamos a mediados de noviembre, sabía que en Londres haría mucho frío, y yo lo que realmente quería era ver una nevada, puesto que en mi país no era posible ver algo así, Elsa por su parte solo quería pasar una temporada lejos de sus padres, sus responsabilidades y por supuesto pasar más tiempo conmigo.
El día de nuestra partida llegó rápidamente, mis padres nos acompañaron hasta el aeropuerto dándonos cien mil recomendaciones de seguridad que debíamos tomar.
Yo estaba sumamente emocionada, era mi primer viaje al extranjero y sin un adulto que nos aguara la fiesta; mientras que Elsa se notaba más seria, como siempre; ella durante la secundaria y primaria había salido numerosas veces del país, por la compañía Arendelle ella estaba acostumbrada a viajar constantemente.
- No se preocupe, señora Abadeer. Yo cuidaré de Marcy, conozco bastante bien el rumbo al que vamos, viví ahí por una temporada, así que prometo traérsela en una sola pieza y evitaré que se comporte de manera irracional. – Elsa le sonrió a mi mamá de una manera cómplice. Yo sé que mi mamá aprecia mucho a Elsa, ella es mi mejor amiga después de todo y ha pasado mucho tiempo en mi casa, mi madre piensa que es la mejor influencia que pude haber encontrado.
- Gracias, Elsa, cariño. En serio te encargamos mucho a nuestra hija. – Mi mamá le sonrió cálidamente a mi amiga platinada. Luego volteó su mirada a mí. – Por favor, en cuanto estén en el departamento llámame o mándame un mensaje por Messenger (cuando Messenger aún existía).
- ¡Claro que sí mamá! – Fui a sus brazos y le di un último abrazo, en el que mi mamá se quebró y empezó a sollozar, yo sé que solo será por unos días pero el dejarme ir sola con mi mejor amiga simbolizaba que yo había crecido y que ya no era más una niña.
Al soltarme me dio un último beso en la frente y después tomó a Elsa y repitió el proceso, aunque no tardó tanto como conmigo pero fue igual de cariñoso.
Ya en el avión, Elsa me dio unas pastillas que me mantendrían dormida hasta llegar a Londres, porque realmente yo le tenía pavor a los aviones, es el único problema que yo le hayo a salir del país. No veo cómo no existen aún los teletransportadores.
Yo estaba removiéndome completamente nerviosa en mi asiento. Al menos Elsa tomó el de la ventanilla, la cual cerró para que yo no pudiera ver el panorama. Cuando empezó a moverse el avión, después de que una linda azafata nos diera todas las indicaciones en varios idiomas, yo empecé a apretar los reposabrazos de mi asiento.
"Solo mira hacia el frente, tranquilízate que no va a pasar nada. Tú cálmate, Marceline."
Pero entonces una mano fría tomó la mía, lo que hizo que saliera de mis pensamientos y diera un pequeño brinco. Elsa estaba mirándome de una manera muy tierna, su mirada azul zafiro que podía congelar personas al instante, en éste momento era de lo más cálida posible. – Marcy, tranquila… ¡No seas miedosa! No va a pasar nada… - Su voz sonaba dura, pero sus ojos denotaban otra cosa. Si no hubiera aprendido ya a descifrar sus diferentes miradas, hubiera pensado que esta mujer es la más fría sobre la faz de la Tierra.
Con ese gesto, Elsa logró que gran parte de mi ansiedad se fuera, ¿o era el medicamento? No importa, lo que importa es que después de todo tal y como me lo prometió Elsa, me quedé profundamente dormida a los pocos minutos, soñé con el viaje, Elsa y yo entrando en un bar londinense y ligando mujeres inglesas hermosas e interesantes.
- Marceline, debemos bajar ya del avión, hemos llegado. – Elsa movía un poco su hombro para que yo reaccionara.
Como pude abrí los ojos, lo primero que vi fue que las personas que iban delante de nosotras se estaban levantando, y luego sentí que el hombro de Elsa estaba un tanto húmedo, había babeado mientras dormía. ¡Qué pena! Un ligero rubor cubrió mis mejillas, volteé a ver a Elsa y noté su mirada era dulce detrás de sus gafas para lectura; no estaba enojada.
– Elsa, perdóname, te llené de baba… Yo estaba dormida por las pastillas y lo siento… Yo…
- Marceline, tú siempre babeas cuando duermes, ¿no lo habías notado? – Me dijo con un aire divertido. – Siempre que duermo contigo es lo mismo, ya estoy acostumbrada, también hablas en sueños, es bastante entretenido. – Después de eso soltó una pequeña risa.
- Al menos te divierto. – Intenté decir con indignación, pero su sonrisa era contagiosa y la idea de cómo me veía mientras dormía también me pareció muy divertida.
Cuando salimos del avión llegamos a un aeropuerto enorme, había gente caminando de un lugar a otro y se veía gente de muchas nacionalidades diferentes, hablando varios idiomas, y yo no podía entender ni una sola conversación.
- Será mejor que vayamos por nuestro equipaje. – Le dije a Elsa, recordando las indicaciones que mi mamá me había dado.
- No es necesario, alguien de la empresa vendrá a recogerlo. – Dijo mirándome con un aire divertido ante mi reacción. Y antes de que pudiera preguntar y como si me hubiera leído la mente, que suele pasar muy seguido, siguió diciendo. – Nuestras maletas fueron enviadas por la compañía Arendelle, no vino con las de los demás pasajeros. Seguramente ya están con hombres de la compañía o en el departamento, no te preocupes.
- Ok… Pero… ¿Segura? – Ella solo me contestó con una sonrisa de suficiencia y después volteó hacia el frente. Volteé a su dirección y encontré un hombre alto y con una cara muy seria, vestido con traje negro impecable y en las manos llevaba un letrero que tenía impreso en letras grandes: "Miss Arendelle + Miss Abadeer". Al percatarse de nosotras se puso aún más derecho y rígido.
- Señorita Arendelle, señorita Abadeer; - el hombre hizo una pequeña reverencia con la cabeza a cada una de nosotras al decir nuestros respectivos apellidos - buenas tardes, soy Thomas Luke, seré su chofer por la estancia que permanezcan aquí; su equipaje ya está en el auto y tengo órdenes de llevarlas directamente al departamento, así que si me acompañan, por favor. – El tipo tenía un acento muy característico al hablar, obviamente no estaba muy acostumbrado a hablar en español.
- Muchas gracias, Thomas. – Solo había oído utilizar a Elsa ese tono en dos ocasiones anteriores, es un tono frío y autoritario. Me recuerda que será la heredera de una gran corporación algún día, con la actitud que tiene conmigo normalmente, es fácil olvidar ese pequeño hecho.
Cuando salimos del aeropuerto siguiendo a Thomas por unas enormes puertas de cristal automáticas un viento endemoniadamente frío nos dio la bienvenida a Londres, lo que me hizo cerrar los ojos, sentí cómo se tensaba mi cara por la temperatura tan baja del aire del exterior, cuando abrí los ojos apareció justo enfrente de nosotras un auto bastante lujoso de color negro con los vidrios polarizados. Thomas caminó hasta ahí y nos abrió las puertas para que entráramos. Yo abordé primero y luego Elsa.
El auto avanzó y mientras yo pensaba en todo lo que quería hacer llegado el día de mañana o esa misma noche, si es que podíamos escaparos de Thomas. Estaba muy emocionada y esperaba conocer lo más que pudiera.
- ¿Entonces saldremos hoy, Elsa? – No pude evitar sonar bastante emocionada, aunque quise no sonar tan entusiasmada. – Elsa volteó a verme divertida, alzó una ceja y luego con el rabillo del ojo volteó a ver a Thomas, que iba conduciendo aparentemente ajeno de nuestra conversación.
- Es ya un tanto tarde para que salgamos, Marcy. – Su tono fue un poco más alto de lo normal, ¿lo estaba diciendo para que lo escuchara nuestro conductor? Luego me guiñó un ojo y entendí perfectamente que ya tenía un plan.
Cuando llegamos al edificio en donde se encontraba el departamento perteneciente a la familia Arendelle, no me sorprendió que estuviera en el último piso, el pent-house, al salir del ascensor entramos a un vestíbulo pequeño y a la derecha se abría por completo el departamento en sí, tenía un aspecto muy frío y sobrio, todos los muebles eran de color blanco y las paredes y el piso eran de color azul marino, lo que más me llamaba la atención era el enorme piano de cola blanco que se encontraba en la esquina de la sala, no me imagino a una niña de seis años viviendo en ese sitio.
- Marceline, cierra la boca. Se te va a meter una mosca. – De inmediato fui consciente de la cara de boba que había puesto al estar inspeccionando la estancia en la que me encontraba. Elsa me miraba divertida; acepto que mi familia tiene dinero, pero no tienen las riquezas a las que la "Reina de hielo" está acostumbrada. – Thomas puedes dejar nuestro equipaje aquí, no te preocupes por lo demás, nosotras nos la arreglaremos. – Thomas hizo lo que le ordenó Elsa, dejó las maletas en el vestíbulo, se despidió y después de eso de marchó.
Ya estando solas Elsa me dio un pequeño recorrido por el departamento, constaba de una estancia grande que correspondía a la sala, esa era la primera habitación a la que uno podía acceder, luego una pared de piedra gris oscura separaba al comedor que, al igual que en la casa de Elsa era mucho más grande de lo que realmente se necesitaba, la cocina estaba separada por una barra de mármol blanco con muebles de caoba que pendían justo arriba de la barra, después al tomar un pequeño pasillo había tres puertas, la primera a la derecha era la habitación principal, era una habitación enorme que en vez de pared tenía una ventana enorme, desde donde se veían edificios y el transito que transcurría a nivel de la Tierra, había dos puertas más ahí, una de ellas, me dijo Elsa, era el vestidor, la otra era la puerta al baño (esa era la habitación que íbamos a ocupar). Las otras dos puertas del pasillo que estaban del lado izquierdo eran la habitación que había sido de Elsa y la otra el baño de las visitas.
- Elsa, sigo pensando que tienes más dinero del que podrías gastar en una vida. – Seguía anonadada con la magnitud del departamento. Mientras que Elsa miraba todo sin ninguna señal de emoción.
- Pues, es cómodo… Nada del otro mundo. – En ese momento sonó el timbre, a Elsa se le iluminó la mirada. - ¡Qué bien, ya llegó! – Sin que me diera tiempo de preguntar algo, Elsa salió de la habitación en donde nos encontrábamos. La seguí sin saber bien a qué se refería.
Cuando llegué al vestíbulo me encontré con la presencia de una mujer bastante atractiva, seguro varios años mayor que nosotras, era de tez blanca, unos ojos completamente seductores de color café, cabello castaño y largo, que tenía amarrado en una cola de caballo, llevaba puesto un vestido morado que acentuaba bastante su curvilínea figura, estaba abrazando a mi amiga con una sonrisa en los labios.
- Hermanita… Pensé que te vería hasta el día de tu boda. ¡Me da tanto gusto verte! - ¿Hermanita? Hasta donde yo sabía, Elsa no tiene hermanas.
- ¡Ya sé, Meg! Pero tú tienes la culpa por no irme a visitar. – Las dos rompieron el abrazo y Elsa volteó a verme con una sonrisa en los labios. – Ella es Marceline, es…
- ¡Tú debes de ser la novia de Elsita! – Y después de decir eso se echó a mis brazos, también olía bastante bien… - ¡Ahora sí que la hiciste, Elsita! Tú eres muy guapa. – Dijo guiñándome un ojo y pellizcando una de mis mejillas.
- Ella es mi mejor amiga, Meg… No mi novia… - Elsa había adoptado un ligero rubor y su mirada se volvió un poco más dura. – Marceline, ésta es mi prima, Megara Zeuz, es hija de la hermana de mi mamá, – así que la señora Arendelle tiene una hermana, eso no lo sabía – Meg, ella es Marceline Abadeer, mi mejor amiga. – Dijo esto sonriendo de una manera radiante, vaya que está muy animada con la presencia de su prima.
Estiré una mano hacia Meg, esa chica tiene algo que me intimida, tal vez sea su mirada, en cierto modo es parecida a la de Elsa, pero a la vez diferente… Es más viva, más cálida; no tan fría como los ojos de azul hielo de mi amiga. No sé cómo explicarme. – Encantada de conocerte. – Dije con una sonrisa tímida. Ella obvió mi mano y fue a abrazarme de nuevo.
- ¡Pero si tú también eres de la familia! – Dijo dándome un beso en la mejilla. – Venga que hay que celebrar el regreso de mi hermanita… - Rebuscó un poco en el bolso que tenía al hombro y sacó una botella de vodka Absollut.
Después de varias horas y cerca de 3/4 de botella, tanto Elsa como yo estábamos prácticamente a un par de copas más de caer dormidas, en cambió Meg se veía tan solo un poco ruborizada pero para nada se veía en las condiciones en las que estábamos nosotras. Elsa y yo estábamos sentadas en la alfombra de la sala, espalda con espalda tratando de no caer y cantando una canción de Camila, "Coleccionista de canciones", Meg se notaba por demás divertida.
- Hacen una linda pareja, son tan diferentes… Como el yin yang, una rubia y la otra pelinegra… Serían la pareja estelar en su escuela, ambas son muy guapas. – Meg era la única en la familia de Elsa que sabía de sus gustos por las mujeres, y por ende la única que la apoyaba.
- Ya te lo dije, Meg. Es mi mejor amiga…
- Pero se ve la química… - Frunció el ceño como si no estuviera conforme con la respuesta de Elsa. – Tengo una idea, mis pequeñas bravuconas, ¿qué tal si jugamos "nunca, nunca"? Así nos acabamos rápido la botella y las dejo listas para dormir, ya mañana nos levantamos y vamos a un buen tour. ¿Les parece?
Como pudimos volteamos a vernos las dos y Elsa se encogió de hombros, por lo que yo solo asentí, nos sentamos en triángulo y empezamos con el juego de preguntas, las reglas eran simples, alguien tenía que decir "yo nunca, nunca y una situación que hubiese o no hecho", si los demás que estaban jugando lo habían hecho se tomaban un shot de vodka sino no tomabas. Bastante sencillo, el plan era "fumigarnos".
- Ok, yo empiezo… - Meg se acomodó un poco en su asiento y después de pensarlo un poco dijo – Yo nunca, nunca he besado a un hombre. Acto seguido tanto Meg como yo, tomamos de un solo trago el shot de vodka, me ardió la garganta pero no fue tan horrible como pensé. Elsa solo nos miró con suficiencia y una sonrisa un poco torcida, producto del alcohol, en el rostro. Yo sabía que ella nunca se había fijado en un hombre, por muy guapo que éste fuera. – Muy bien, pero eso yo ya lo sabía, te va Marceline. – Meg me sonrió al incitarme a seguir con el juego.
Y así continuamos durante un buen rato hasta que después de algunas rondas, la verdad no estaba en condiciones de contar, volvió a ser el turno de Meg. – Yo nunca, nunca he pensado que Marceline es bastante atractiva. – Un rubor cubrió mi cara que no había sido sólo producto del alcohol, sino que en gran mayoría había sido causado por la manera en que tanto Meg como Elsa me escanearon con la mirada… Dios, sí que son primas… Me sorprende que después de ese escáner yo siguiera con ropa. Después de un momento tanto Meg como Elsa tomaron su shot de un trago.
Meg volteó a ver a Elsa sonriendo como si fuese a hacer una travesura, no tengo idea en qué esté pensando, digo si yo no tengo bien definidos mis cinco sentidos menos iba a poder analizar los pensamientos de mis compañeras.
- Muy bien, Elsa. – Meg sonrió con malicia – Por qué no le das un beso a Marceline, ¿no te gustaría probar cómo besa Elsa, Marcy? – Esto último lo dijo viéndome a mí. Volteé a ver a Elsa que estaba completamente roja, y tenía la boca abierta, viendo con incredulidad a su prima, creo que es la primera vez que la veo de esa manera.
Y entonces pensé, "¡fuck it!, ¿por qué no?"; y con la recién valentía obtenida por el alcohol, me acerqué a Elsa, puse una mano en su mejilla y giré su rostro, Elsa me miraba completamente sorprendida, le sonreí y me acerqué lo suficiente como para posar mis labios sobre los suyos, tenía los labios fríos y su aliento, al igual que el mío, supongo, tenía el inconfundible aroma a alcohol. Nos besamos un poco más y después me separé completamente. Elsa abrió los ojos y me sentí perdida en ese mar que ahora tenía por ojos, su frío azul zafiro habitual se había convertido en un azul oscuro y profundo; lo que hizo que me pusiera sumamente nerviosa y que me sonrojara como nunca en mi vida. Después oí el aplauso y la risa que provenía por parte de Meg.
- Bueno chicas, esto se puso más íntimo, creo que es hora de que "el mal tercio" se vaya a dormir. Será mejor que hagan lo mismo o mañana no podremos hacer nada. – Dijo con una sonrisa triunfante y después de eso se levantó y se dirigió al cuarto que había sido de Elsa unos años antes, dejándonos solas y haciendo que me sintiera como una completa tonta.
- Elsa… Yo… Lo siento… Es solo que… El alcohol… - Mi cabeza no podía formular una oración decente, pero antes de que siguiera enredándome con mi propia lengua, Elsa se acercó y me calló con un beso, el cual se fue intensificando poco a poco.
– Abre la boca, Marceline. – Elsa me había hablado con esa voz con la que se había dirigido a Thomas, pero era menos seca, había deseo de trasfondo, y eso hizo que un escalofrío me recorriera la espalda, obedientemente abrí mis labios un poco y Elsa aprovechó para meter su lengua, era tan dominante, tan autoritaria, ella llevaba todos los movimientos y de pronto se levantó de donde estaba y se subió encima de mí pasando cada una de sus piernas a mis lados, yo la tomé por la cintura y fui recorriendo su perfecta figura, que ya desde la secundaria había adquirido, su cadera se empezaba a mover al ritmo de nuestro beso. Subí un poco más las manos y me encontré con sus senos, los rodeé con mis manos y los apreté un poco, Elsa soltó un gemido aún en mi boca, metió una mano a mi melena agarró fuerte y tiró de él hacia atrás, de tal manera que rompimos el beso.
Abrí los ojos y me encontré con la misma mirada profunda y oscura que había visto hace un momento, tanto Elsa como yo respirábamos entrecortadamente. Elsa dejó de verme y bajó a besar mi cuello, lamió mi oreja y mordió mi lóbulo. Yo solté un gemido y sentí una contracción en mi vientre, me estaba excitando a sobremanera, bajé mis manos por su cintura hasta su cadera y en ese momento Elsa soltó mi cabello y llevó sus dos manos hasta donde estaban las mías, las sostuvo un momento para después quitarlas con delicadeza, yo hice un puchero, quería que eso continuase… Volvió a besarme pero esta vez fue mucho menos pasional, y poco a poco fue bajando la intensidad y ambas recobramos nuestra respiración normal.
Se levantó de encima de mí y me extendió una mano. – Si no dormimos, mañana no vamos a rendir nada, vamos a la cama. – Volteó a verme divertida, ¿acaso me había dejado con las ganas a propósito? De mala gana acepté su mano y ayudó a incorporarme de un jalón, aunque cuando intento ayudarme se tambaleó, provocando que casi cayéramos las dos.
Nos encaminamos al cuarto, sacamos de nuestras respectivas maletas nuestras pijamas y nos cambiamos, como siempre, una delante de la otra, solo que ahora no pude evitar notar la perfecta figura de Elsa Arendelle, su piel perfectamente inmaculada y pálida, es muy hermosa y me sonrojé al notar que estaba espiando a mi mejor amiga mientras se cambiaba. Pero fue su culpa por haberse puesto encima de mí, yo soy una mujer muy sensible. Me vestí lo más rápido que pude y me metí a la cama. Cuando Elsa terminó de ponerse su pijama apagó las luces y se metió a la cama conmigo, se acercó a mí y me volvió a plantar un beso casto en los labios.
- Buenas noches, Marcy.
- Buenas noches, Elsa. – Después de decir esto noté que no me siento incómoda con ella a mi lado, no sé si sea por el alcohol, aún después de haber hecho "esas cosas" con ella… Pero no puedo negar que me siento segura al lado de Elsa.
Ese fue mi último pensamiento antes de sumirme en un sueño muy profundo.
ELSA´S POV
Cuando abrí los ojos lo primero que pude notar, después de que la luz me deslumbró, fue a Marceline con el cabello casi cubriendo por completo su rostro, tenía la boca abierta y estaba babeando; además que estaba roncando plácidamente. La imagen inmediatamente me provocó una sonrisa, ¿cómo es posible que me haya acostumbrado tanto a su manera de dormir? Se ve tan tranquila, muy contrario a cómo se comporta cuando está despierta, que es hiperactiva y demasiado ruidosa, a veces. Tengo tantas ganas de besarla…
Espera… ¿Qué? ¿Besarla?
Y entonces en una oleada, que me causó más dolor de cabeza del que ya tenía, volvieron a mí las imágenes de Marceline debajo de mí, pidiéndome que "me la comiera" con la mirada, o como si quisiera "comerme", no estoy muy segura, pero era muy intensa, me motivaba. Yo paré todo porque me di cuenta de cómo terminaría aquello y ella es mi mejor amiga, la única amiga que tengo, no iba a arriesgarme a perder aquello. Meg me las va a pagar…
Como pude me bajé de la cama lo más sigilosamente posible; Marceline tiene el sueño pesado, pero siempre salgo así de la cama, me es muy cómodo verla dormir y prefiero que descanse, no sé si ella se acordará de lo que pasó anoche pero en estos momentos no estoy lista para confrontaciones, quiero desayunar algo y despejar mi cabeza un poco más. Fui hasta la cocina y abrí el refrigerador, justo como esperaba, había varios trastes con diferente comida, seguramente mi madre habría pedido que alguien nos tuviera siempre con comida lista. Seleccioné espagueti a la Boloñesa y un filete de pescado, serví dos platos dejando uno en el refrigerador para Marceline, y el otro lo metí al microondas, mientras estaba listo me serví un vaso de jugo de naranja fresco.
"¡Oh, por Dios…! La comida es una maravilla cuando tienes resaca…"
No había pasado mucho desde que empecé a comer cuando apareció Marceline, aún en pijama, rascándose un ojo y bostezando. De nuevo no pude evitar sonreír a su manera tan linda e innata de ser; pero luego volví a recordar lo que pasó anoche y un rubor subió inmediatamente a mi rostro.
- ¿Elsa? ¿Por qué te has ido de la cama? – Me dijo mientras bostezaba.
- Buenos días para ti también, Abadeer. – Volteó a verme frunciendo el entrecejo. – Hoy será un día ajetreado, y prometí darte un buen tour por la ciudad, además siempre me levanto antes que tú, deberías estar acostumbrada. – Dije llevándome un bocado de mi pescado a la boca.
- Tenía frío… - Dijo haciendo un puchero, en verdad es adorable. – Me abandonaste sabiendo que soy muy friolenta y luego empiezas a desayunar sin mí…
- Te preparé un plato, está en el refrigerador, siéntate conmigo y ahorita lo caliento. – Es como discutir con un niño. Ella tomó asiento al lado de donde yo estaba con una sonrisa en el rostro, es muy fácil hacerla feliz.
Estábamos desayunando y hablando sobre lo que haríamos ese día muy animadamente, parece que no recuerda lo de anoche, tal vez sea mejor así…
- Muy buenos días Elsita… Señora Marceline de Arendelle… - Cuando dijo esto último Marceline escupió el jugo que estaba tomando en ese momento, casi se ahoga, por mi parte seguramente que me puse completamente roja. No sé en qué momento entró Meg a la cocina. – No sabía cómo interrumpir tan bella escena, lo siento mucho si ñp hice de una manera tan abrupta. – Meg tenía una sonrisa triunfal en los labios, llevaba un pijama que consistía en un short que dejaba ver sus torneadas piernas y una blusa de tirantes, uno de los cuales le colgaba del hombro, lo que hacía que se viera un poco más de piel. Realmente espero que al terminar de crecer tenga un cuerpo similar al de mi prima, digo al fin y al cabo compartimos material genético. Cuando volteé a ver a Marceline noté que tenía los ojos como platos y estaba completamente roja, en ese momento supe que se había acordado del incidente de anoche, tal vez por el comentario de Meg, por lo que le lancé una mirada asesina a mi prima, ella respondió a mi gesto con una mirada divertida.
- Bue-buenos días, Meg… ¿Qui-quieres co-comer con nosotras? - ¿Desde cuándo Marceline tartamudeaba?
- Claro que sí primita, yo quiero lo mismo que estén comiendo, ¿Elsita, podrías hacerme el honor? – Dijo guiñándome un ojo. Yo me puse aún más roja de lo que ya estaba, para evitar que Marceline me viera así me levanté de inmediato a servirle un plato a Meg, tengo que distraerme y alejar de mi cabeza todo tipo de imágenes. – Entonces Marceline… ¿Serás Maceline de Arendelle o le pedirás a Elsita que cambie su apellido por Abadeer? – Marceline se volvió a atragantar con la comida, a mí se me cayó un plato y Meg soltó una sonora carcajada ante nuestras reacciones.
- ¡MEGARA! – No pude evitar gritarle, por más que lo hubiera intentado; sentía mi cara arder y creo que mis miradas asesinas no funcionarían para nada con mi rostro en éste estado.
- Vale… Vale… - Mi prima se limpió los ojos, al parecer rió tanto que se le salieron algunas lágrimas. – No tocaré de nuevo el tema, es solo que no pude evitarlo. – Dijo mandándome una sonrisa culpable. Por mucho que quiera no puedo enojarme con ella, es el único familiar que realmente quiero; es como mi hermana.
El resto del desayuno transcurrió tranquilo, Meg hablaba animadamente de todos los planes que tenía para nosotras esa semana, planeaba llevarnos a parques, sitios históricos, museos, algunos antros en los que ella conocía a los propietarios y podrían dejarnos entrar; todo el plan estaba armado. Lo único fuera de lo normal era que Marceline estaba mucho más callada que de costumbre y de vez en cuando se quedaba sumergida en sus pensamientos.
Después de terminar de desayunar Meg fue al que antes había sido mi cuarto para arreglarse, yo le dije a Marceline que fuera ella primero a bañarse, después de ella yo utilizaría el baño, mientras me quedé en el cuarto jugando solitario en mi lap, tenía algunos deberes de la escuela por hacer pero esa semana quería disfrutarla junto con mi prima y mi mejor amiga, así que la había llevado simplemente para mantenerme en contacto con mi madre y con la mamá de Marceline. Mientras yo estaba a punto de terminar mi juego salió Marceline que al verme acostada en la cama se quedó completamente quieta, llevaba puesto solo una toalla amarilla, su cabello mojado lo mantenía todo hacia atrás y su piel aún continuaba húmeda; no pude evitar recorrer su silueta y un rubor se extendió por mis mejillas cuando noté que me la estaba comiendo con la mirada.
- Tienes la habitación para ti sola, ahora me meto a bañar. – Dije esto levantándome de la cama con rapidez y cerrando mi computadora, la que dejé en el buró que estaba al lado de la cama; caminé hasta el baño y cuando estaba pasando al lado suyo me sostuvo de la muñeca.
- Elsa, no crees que deberíamos hablar sobre… - Un sonrojo brutal apareció en su rostro y volvió la mirada al piso por un momento, después volvió a dirigir la mirada hacia mí, se veía decidida. – Sobre lo que pasó anoche; nosotras…
- Estábamos muy ebrias, Marceline. – La interrumpí, ella frunció más el ceño y antes de que pudiera seguir con algo más me solté de su agarre y me escabullí hasta el baño. Sé que Marceline no se dará por vencida tan fácilmente, cuando una idea le ronda por la mente no hay poder humano que haga que la deje, lo único que puedo hacer por el momento es esperar a que con la emoción del viaje y los paseos se le olvide, aunque sea solo por un rato, mientras encuentro qué contestarle.
Cuando salí de bañarme fue un alivio el notar que Marceline no estaba ahí, realmente pensé que la encontraría sentada en la cama esperando a que yo saliera para poder interrogarme. Me arreglé lo más velozmente que pude y cuando salí de la habitación escuché las voces de Marceline y de Meg hablando y riendo animadamente. Cuando llegué al salón las encontré a las dos en el sillón una al lado de la otra, Meg llevaba puesto un pantalón de mezclilla, una blusa azul cielo con un búho estampado, una chamarra negra que llevaba abierta y unas botas; mientras que Marceline llevaba puesto un pantalón de mezclilla gris, un sweter de rayas verticales gris y negro y llevaba sus típicos converse negros que usa casi diariamente. Cuando entré en la sala voltearon a verme las dos, Marceline se sonrojó un poco pero aún así me dedicaba una sonrisa tan natural como siempre lo había hecho desde que íbamos en la secundaria, eso hizo que me relajara mucho, Meg por su parte me sonreía tiernamente, quiero mucho a esa mujer es la mejor prima del mundo.
- Bueno, ya que Elsita terminó de arreglarse es hora de irnos. – Se levantó del sillón, Marceline la imitó y juntas nos dirigimos al elevador. Cuando entramos no pude evitar voltear a ver a Marceline, ella me devolvió la mirada y me regalo una de sus sonrisas. Aún con lo que acaba de pasar en el cuarto no puedo dejar de sentirme en completa tranquilidad cuando estoy con ella.
La semana pasó rápidamente para ambas, Meg no volvió a hacer ningún comentario sobre Marceline y yo; yo no toqué el tema por ningún motivo y como Marceline estaba tan emocionada por todo lo que veía a su alrededor y se cansaba mucho yendo de un lugar a otro mientras Meg y yo tratábamos de seguirle el paso, llegaba completamente muerta a la casa y casi inmediatamente se dormía por lo que tampoco había vuelto a preguntarme por lo que había pasado la primera noche que estuvimos en el apartamento.
Habíamos terminado el último día de la semana, al día siguiente a medio día tendríamos que irnos, estábamos en el carro en la parte de atrás, yo y Meg nos encontrábamos en las dos ventanas, mientras que Marceline ocupaba el sitio en medio de ambas, Marceline se había quedado dormida como de costumbre en mi hombro y ya empezaba a sentir el pequeño humedecimiento de mi hombro derecho, me pregunto si Marceline algún día podrá dejar de babear, la estaba observando divertida cuando la voz de Meg me devolvió al auto en el que viajábamos.
- Elsita, te voy a extrañar mucho, también a Marceline, es una buena niña. – Al decir esto miró cómo Marceline dormía sobre mi hombro, su mirada se enterneció mucho, ¿será que Marceline tiene ese gran poder de parecer adorable todo el tiempo, de caerle bien a todos? – En general fue una excelente semana, gracias por haberme invitado a pasarla con ustedes. – Me dedicó una sonrisa tímida, de verdad que voy a extrañarla muchísimo, mi prima es como mi hermana mayor, el saber que no puede ir a visitarme por su escuela y porque su papá tiene varios negocios en Europa que no puede dejar, siempre me deja con un mal sabor de boca.
- Gracias a ti Meg… Si no hubiera sido por ti, no habría podido cumplirle a Marceline el viaje de sus sueños. – Le dediqué la mejor sonrisa que pude a mi prima, de verdad la quiero mucho. – Voy a echarte mucho de menos…
- Elsita… He querido platicar contigo durante esta semana, pero la verdad no he encontrado el momento y supongo que es mejor hacerlo antes de que ya no pueda hacerlo.
- ¿Qué es lo que pasa, Meg? – Alcé una ceja con curiosidad.
- Es sobre Marceline… – En cuanto dijo eso intenté abrir la boca para callarla, era algo que no quería platicar con ella, pero ella con un movimiento de mano y una mirada firme hizo que la volviera a cerrar. – Yo sé que no quieres hablar del tema, pero tendrás que escucharme como tu hermana mayor, porque así me siento. – Cuando dijo esto último suavizó mucho más la mirada. – Bueno, creo que tú y Marceline pueden entenderse muy bien como pareja, ella no es para nada fea, de hecho es bastante guapa, y por lo que me haz platicado por Messenger, es la única que puede controlar tu mal carácter. Son tan diferentes que se complementan, como ya se los había dicho, son como el Yin Yang, y no solo por el color de sus cabelleras, ustedes se acoplan, ella es inmadura y aventada, tú eres mucho más seria y centrada. Te hace sonreír de maneras muy diferentes a las que yo puedo lograrlo. En serio deberían de darse una oportunidad. – No puedo creer que piense eso Meg, digo varios amigos nos han dicho lo mismo pero… Que mi prima, mi casi hermana mayor, me diga lo mismo con solo una semana de ver cómo interactuamos y de conocerla, es diferente… - Solo prométeme que intentarás hablar con ella ésta noche…
- Lo prometo… - Dije esto con un pequeño rubor en las mejillas, sí es linda mi amiga pero… No sé si podamos llevarnos así…
- Qué bien, Elsita. Bueno, creo que es momento de anunciarte que hoy no me quedaré a dormir con ustedes, mañana vendré a recogerlas y por mi maleta, disfruta la casa que la tienen para ustedes solas. – Me guiñó un ojo y empezó a mover a Marceline, la cual poco a poco empezó a salir de su sueño. – ¡Marceline, despierta que ya estamos a dos calles de llegar! ¡Arriba, pequeña Marceline!
- ¿Ya llegamos? – Marceline todavía iba medio dormida.
En menos de dos minutos Thomas aparcó enfrente de nuestro edificio, salió rápidamente y nos abrió la puerta, Meg nos empujó con fuerza para que saliéramos pronto del auto, cuando las dos estuvimos fuera del auto Meg cerró la puerta y se asomó por la ventanilla. – Elsa será mejor que cheques en mi cuerto, te dejé un regalo, tómalo hoy… ¡Thomas, entra rápido que tienes que llevarme rápido a mi casa! – Thomas miró indeciso a Meg y luego a nosotras, pero la mirada de Meg lo convenció de que lo mejor era llevarla ya, por lo que se volvió a subir en el carro y lo encendió, antes de que se alejara el auto noté la sonrisa triunfante de Meg y cómo nos quiñaba un ojo. Cuando el auto dio vuelta en la esquina lo entendí todo, estaba sola en el departamento con Marceline y había prometido a mi prima que hablaría con ella sobre lo de la otra noche… ¿Cómo me dejé envolver en esto?
- ¿Por qué Meg no se quedó está noche? – Marceline no entendía nada y se reflejaba en su cara, es demasiado linda cuando intenta razonar algo después de levantarse.
Después de inventarle a Marceline que Meg tenía que hacer unas cosas del colegio y que por eso había preferido ir a su casa, subimos al departamento. Yo sentía el ambiente un poco tenso, pero probablemente era mi imaginación, porque Marceline se veía tan relajada como de costumbre. Excusándome con Marceline fui hasta la habitación que había sido mía y en la que se había hospedado Meg, justo a la mitad de la cama encontré una botella de vino rosa espumoso, me acerqué a tomarla y noté que tenía una nota pegada.
"Sé que necesitarás un poco de valor para hablar con Marceline, ésta botella es mi regalo para ustedes dos, sé que sea lo que pase ésta noche, podrán sacar provecho de la mejor manera. Con amor: Meg. P.D. Te amo Elsita, así que no te enojes conmigo."
Vaya, así que ya tenía todo listo, sostuve en mi mano con fuerza la botella y después de pensarlo un momento descubrí que no era justo para Marceline que para que yo pudiera hablar con ella necesitara de alcohol; con Marceline siempre había sido sincera y no iba a cambiar eso ahora, así que volví a dejar la botella en la cama y salí del cuarto para encararme con Marceline, cuando llegué al salón ella estaba sentada al piano y tocaba torpemente el piano.
- Creo que lo tuyo no es el piano, Abadeer. – Le dije con cierto tono de burla y levantando una ceja al verla tan concentrada intentando armar una sencilla pieza que seguramente intento aprender cuando aún era niña.
- Cállate, Arendelle. No todos somos perfectos al momento de tocar instrumentos clásicos, como lo es la Reina del Hielo. – Después de decir esto en un tono que seguramente intentó ser de indignación, me enseñó la lengua, gesto que me hizo reír y a ella también.
Cuando paramos la risa me senté a su lado y empecé a tocar una pieza de Beethoven, sé que a Marceline le encanta escucharme tocar el piano y el violín, ella sabe tocar la guitarra y el bajo, pero siempre me ha dicho que aunque todos son instrumentos de cuerda son muy diferentes. Al terminar la pieza Marceline y yo nos quedamos sumergidas aún en la magia que había dejado la pieza.
- Arendelle, eres maravillosa… - Marceline fue la primera en romper el silencio y con el comentario me subió un poco el tono de las mejillas. – De verdad que eres la Reina del Hielo, magnífica…
- Estás exagerando, Abadeer. Solamente he tenido muchas clases desde que era muy pequeña, todo es cuestión de práctica; si quieres aprender yo podría enseñarte. – Marceline me soltó una de sus sonrisas más deslumbrantes, realmente se comporta como una niña.
- ¿En serio? – En su voz podía sentir la ilusión.
- Si te comprometes, te doy mi palabra de que te enseñaré con paciencia y dulzura, y no estallaré cuando te equivoques. – Le guiñé un ojo, sé perfectamente que eso es lo que más odia de los maestros que ha tenido, que la traten mal. Ella sonrió aún más.
- ¡Te voy a tomar la palabra! – No borraba su sonrisa, yo tengo que concentrarme en lo que iba a hablar con ella, no debo de distraerme, así que junte todo mi valor.
- Marceline, yo tengo que hablar contigo sobre lo que pasó la primera noche que estuvimos aquí… - Cuando Marceline entendió de lo que hablaba se removió un poco en el asiento al lado mío.
- Yo también quiero hablarlo, Elsa… - Ella estaba bastante sonrojada, seguro que yo no estaba tan atrás de mi amiga, me mordí el labio inferior mientras pensaba qué más decir. Bajé mi vista al piano buscando en todo mi vocabulario las palabras más adecuadas cuando sentí como Marceline tomaba mi mentón y alzaba mi cara, momentos después los labios de Marceline estaban sobre los míos. Al principio me puse rígida por la sorpresa pero poco a poco fui suavizándome y dejándome llevar por aquel beso que era una mezcla muy extraña entre ternura y deseo. Marceline se separó de mí y completamente roja me dijo - Como podrás notar, Arendelle, aún cuando estaba muy ebria me estaba gustando.
No pude hacer otra cosa más que reírme con el comentario de Marceline, de todas las cosas que pudo haber dicho tenía que haber elegido precisamente una frase como esa; ella solo se puso más roja.
- Arendelle, no te burles… - Ahora fui yo la que la tomó por el mentón y la hizo voltear a verme.
- No es burla, Abadeer. Simplemente eres muy linda… - Dicho esto le planté otro beso en los labios, la tomé por la cintura y la atraje a mí, ella puso una mano en mi muslo y empezó a subir y a bajar lentamente, yo sentía un pequeño cosquilleo en mi vientre por las caricias. – Marceline, abre la boca. – Ella obedientemente separó los labios para que yo pudiera meter mi lengua; el beso que hace unos momentos pudo ser tierno se había transformado a solo deseo, mientras yo exploraba la boca de Marceline con mi lengua y acariciaba su torso, ella subía cada vez más la mano por mi muslo, hasta que llegó a mi entre pierna e hizo presión con su mano. – Ahhhhhh… - No pude evitar soltar un gemido, Marceline sonrió triunfante ante mi reacción. – Alcoba… Ahora… - Fue lo único que pude articular, mi mente estaba bastante difusa como para preparar oraciones más complejas, nos levantamos del banco del piano sin separar nuestros labios y nuestras lenguas.
Mientras íbamos camino a nuestro cuarto empezamos a quitarnos la ropa poco a poco, su blusa fue la primera en salir, después con maestría Marceline quitó mi blusa, cuando llegamos a nuestra habitación solo permanecíamos con nuestros brassieres en la parte de arriba. No pude evitar notar cómo contrastaba su sostén negro en su piel blanca, tenía un lunar en su hombro derecho al que fui a besar, Marceline se estremeció ante aquel gesto, por lo que seguí besando su hombro, luego lentamente fui besando su clavícula hasta llegar a su cuello y empecé a subir lentamente hasta llegar a su oreja, la lamí y después con voz ronca le dije lo más sensual que pude – Marceline, me encantas… - Ella soltó un gemido y con sus manos en mi espalda me acercó más a ella eliminando cualquier distancia entre nosotras. Pronto soltó otra gemido cuando con las uñas recorrí su espalda arañándola un poco, seguimos besándonos y dando tumbos hasta que llegamos al gran ventanal que daba una vista espectacular de la ciudad.
Cuando Marceline sintió el frío vidrio contra su espalda dio un brinco y volvió a soltar un gemido, yo la empujé para que volviera a quedar sobre el vidrio. Abandoné su boca y bajé poco a poco, mordiendo su mentón, pasando por su cuello que en vez de solo besarlo lo recorrí con la lengua, al igual que su clavícula, tenía una piel hermosa y quería recorrer cada centímetro de ella. Cuando llegué a su sostén, pasé una mano a su espalda que ya estaba fría por el vidrio y con tres dedos lo desabroché, aunque su cabello me estorbaba un poco más de lo que quería, Marceline con un movimiento de hombros hizo que cayera al suelo. Ya con sus pecho libres volví a acercar mi boca rodeando su pezón izquierdo que ya estaba bastante duro con los labios, mientras que con mi mano libre pellizcaba el otro pezón de Marceline.
- Ahhhhhhh… Arendelle… No tan fuerte… Ahhhhhhhh… - Escuchar sus gemidos me están volviendo loca. Mordí su pezón y ella me encajó las uñas en la espalda, duele pero es reconfortante al mismo tiempo, siento la humedad que hay en mi entrepierna, un calor que se ha venido acumulando desde que veníamos en el pasillo quitándonos las blusas casi con agresividad. Bajé un poco más para besar y lamer su vientre, hundí mi lengua en un ombligo y ella me contestó con un gemido aún más intenso. Lentamente desabroché sus jeans y metí la mano, – Ahhhhhh... Arendelle, estás muy fría… - estaba completamente húmeda. Tragué saliva, por Dios, ésta mujer me está volviendo loca. Me reincorporé y de nuevo fui a atacar su boca, aún con la mano en su entrepierna, la dejé ahí sin moverla, quiero conocer su ritmo, que ella me guíe, y tal como esperaba ella empezó a mover sus caderas, frotando su parte más íntima en mi mano, empezaba a encorvar su espalda cuando yo saqué mi mano. – Elsa… - Metí mi lengua en su boca evitando así el reclamo, quiero algo diferente…
Tomando de las caderas a Marceline le di la vuelta, tomé toda su melena negra y la pasé por su hombro de tal manera que pude observar su esbelta y blanca espalda ante mí, empecé a acariciar sus pechos desde atrás, estaban duros y sus pezones muy erectos, los cuales pellizqué con mis dedos.
- Elsa… Ahhhhhhh… No espera… Podrían vernos… - Su voz desbordaba deseo lo que hacía que perdiera la cabeza.
Me acerqué a su oreja y la lamí metiéndole la lengua – Pídeme que pare… - Dije con la voz ronca y entrecortada.
– Ahhhhhhhhhhh… - Juro que nunca había escuchado gemidos tan sensuales como los de Marceline. – No… No me pidas eso… Ahhhhhhhhh… - Este último gemido fue porque metí una de mis piernas entre las suyas e hice presión.
- Quiero que me lo pidas, Abadeer… - Yo seguí con mis manos sobre sus senos y con mi pierna empecé a moverme hacia delante y hacia atrás, rozando su intimidad que seguramente estaría completamente húmeda, pero no iba a liberarla hasta que me lo pidiera.
- Ahhhhhhh… Elsa… Ahhhhhhhh… Hazme tuya, por favor, no pares… Ahhhhhhhh… - Justo lo que quería oír, una sonrisa triunfante y lasciva apareció en mis labios, me encanta que me pida que la haga mía; siguiendo sus órdenes despegué la mano derecha de su seno y poco a poco fui bajando hasta abrirme paso en su pantalón y su braga, estaba más que húmeda, su braga se sentía completamente mojada, mordí su oreja y empecé con dos dedos a hacer círculos sobre su clítoris que tenía bastante duro. – Ahhhhhhhh… Elsa… Ahhhhhhhh… - Por Dios, jamás había oído que mi nombre pudiera sonar tan sensual. Mi boca no se separaba de sus hombros, su cuello y su oreja; podía ver su cara de placer al tener yo mi mano dentro de sus bragas, no creí que pudiera gustarme tanto esa cara.
Me aventuré a meter un dedo dentro de ella, Marceline arqueó la espalda y soltó un gemido que más bien pareció un grito. – Perdona, ¿te lastimé? – Saqué mi dedo inmediatamente, me sentía como una idiota, ¿qué tal si había ido muy deprisa?
Abrió los ojos, estaban encendidos por el placer. – No seas tonta, si me lastimas yo te avisaré, tú no pares, Elsa. – Y como pidió volví a introducir mi dedo, estaba tan húmeda y caliente, que no pude evitarlo y metí otro, con esto volvió a soltar otro gran grito de placer, empecé a hacerlo rítmicamente según se movían sus caderas para delante y para atrás, ella tenía la espalda y pecho cubiertos de aperladas gotas de sudor, su respiración estaba cada vez más agitada y era cada vez más pesada.
Entonces empecé a sentir cómo mis dedos se sentían más apretados en su interior, estaba a punto de llegar al orgasmo, dejé la delicadeza de lado y empecé meter mis dedos cada vez más rápido y más fuerte, sentía como sus piernas estaban temblando y las manos que tenía en el vidrio ahora estaban cerradas en puños, su respiración se habían vuelto solo gemidos y la mía era cada vez más pesada; con unos movimientos más de mis dedos y ella llegaría; justo había pensado eso cuando Marceline echó la cabeza hacia atrás y arqueo la espalda, soltando un grito, después de un momento empezó a relajar el cuerpo a tal grado que tuve que sostenerla para que no cayera al piso, con cuidado y bajando poco a poco la ayudé a sentarse en mis piernas.
Mientras Marceline disfrutaba del orgasmo, tenía su cabeza en mi cuello y yo estaba acariciando su espalda, realmente estaba agotada. Cuando pudo recobrarse se incorporó y me miró con el sonrojo natural después de un buen orgasmo.
- Eres excelente en esto, Arendelle. – Me dijo con una sonrisa radiante que le iluminaba por completo el rostro.
- Lo sé… Pero viniendo de ti, Abadeer, es un gran elogio. – Le solté una sonrisa y nos quedamos mirando por un buen rato. Cuando volví mi vista al vidrio noté que estaba nevando, los hermosos copos caían lentamente del otro lado del vidrio. – Marceline, mira… - Con la cabeza le sañalé a Marceline la ventana, cuando volteo la vista su sonrisa radiante se transformó casi de inmediato por una completamente infantil.
- Wooooooooooo… ¡NIEVE! ¡Está nevando, Elsa! – En serio que es una niña enorme, la quiero mucho y me gusta verla asombrada por esos pequeños detalles de la vida.
Y así nos quedamos, ella sentada entre mis piernas mientras yo la abrazaba por detrás, mirando cómo caía la nieve; y de nuevo me volví a sentir en paz, es como si todo el ajetreo y deseo de hace un momento no hubiera ocurrido, estábamos felices contemplando esos pequeños copos de nieve. Marceline hace que esto sea especial.
MARCELIENE´S POV
Ya ha pasado semana y media desde que Elsa y yo, regresamos de Inglaterra. Yo estaba en mi cuarto, se suponía que debía de estar ensayando pero no logro concentrarme, mi cabeza ha estado en un desorden constante, miles de pensamientos cruzaban por mi mente y con el cierre del semestre y la vida, en general, no había podido ponerla en orden.
La relación entre Elsa y yo ha cambiado, aún cuando la noche antes de volver a México hicimos el amor; fue muy diferente a lo que había tenido antes, aunque Elsa fue un poco posesiva, fue bastante… Lindo. No sé cómo clasificarlo; también está el detalle que por primera vez en mi vida fui la pasiva al momento de tener sexo.
El día siguiente a esa noche Meg paso por nosotras para llevarnos al aeropuerto, logramos intercambiar nuestros correos, le prometí que le escribiría pronto; no sé si se imagina que Elsa y yo habíamos hecho algo como eso…
Fuera de esa noche no hemos vuelto a hacerlo, ni a intercambiar gestos más sexuales que un beso en la mejilla al saludarnos y despedirnos. La verdad es que no sé cómo hablar con ella, quiero decirle que lo intentemos, ya pasamos la frontera, es momento de ver si podemos funcionar como pareja. Ni ella ni yo hemos cambiado nuestras actitudes, nos tratamos igual que siempre, aunque supongo que aún siendo "novias" sería lo mismo.
"Espera… ¿Quiero que Elsa sea mi novia? Ahaaaaaaaaa… ¡No sé qué quiero!"
Estamos a una semana de salir de vacaciones y ésta noche será el estreno de la obra de teatro de la escuela; pero no he podido concentrarme al máximo por pensar en cómo hablar con Elsa sobre todo lo que siento. Nuestros amigos en común nos han dicho una y mil veces que deberíamos de andar, que nos demos una oportunidad, siempre los habíamos ignorado pero ahora no quiero quedarme con el "y si hubiera", quiero saber qué es lo que pasaría si la Reina del Hielo y yo fuéramos pareja.
Suelto un suspiro enorme y me cubro la cara con un brazo, no sé qué hacer… No sé por qué no puedo concentrarme en nada más, quiero despejar mi mente y poder sacar algo racional sobre todo esto. Quiero que sepa lo que siento…
"¡Lo tengo! ¡Ya sé cómo hablar con Elsa!"
Me levanté de mi cama y salí corriendo de mi cuarto, necesito ir a Plaza del Parque y tiene que ser rápido, porque tengo que venir a alistarme para la obra y todavía debo de pasar al salón de belleza.
La primera vez que salí a escena llevando mi uniforme de militar y teniendo la actitud más gallarda que podía, noté que tanto Elsa como mis padres se encontraban en primera fila, eso me puso nerviosa, más que nada porque no les había comentado de mi corte de cabello que había hecho esa misma tarde, de tener mi cabello hasta por las caderas lo corte en un estilo bastante masculino, pero con el cual aún me veía extremadamente bien. Cuando salí a interpretar mi papel por primera vez no pude evitar ver la cara de mis padres y la de Elsa, quien mantenía la vista fija en mí y había abierto la boca, ver a la Reina del Hielo tan desconcertada y con esa cara por primera vez, hizo que me tranquilizara a más no poder, por lo que mi actuación fue de lo más espectacular si es que se me permite la soberbia.
Al terminar la obra tanto mis padres como Elsa se acercaron a felicitarme, tuvieron que ir a buscarme tras en enorme escenario, puesto que había mucha gente viniendo y saliendo por todos lados.
- Marceline, cariño… ¡Estuviste espectacular! Aunque lo más sorprendente fue tu corte de cabello, no pensé que fueras a hacer algo tan drástico… - Mi mamá me vio de pies a cabeza con un aire de asombro. – Luces muy guapo…
- Gracias mamá… - Elsa soltó una pequeña risita ante el comentario de mi mamá. Mi papá me abrazó y me felicitó por mi papel, no es el hombre más expresivo del mundo, pero sé que lo intenta.
- Marceline… ¡Wow! – Elsa me miró de arriba a abajo antes de acercarse a darme un abrazo, su mirada era profunda, como la última noche en Londres. Al recordar ese detalle me sonrojé, aunque intenté esconderlo en una sonrisa de galán.
- ¡Qué bueno que te guste, Arendelle! – Le guiñé un ojo a Elsa y ella se ruborizó.
Mi madre se removió un poco en su lugar, luego nos sonrió de manera cariñosa, se despidió de nosotras y salió junto con mi padre del brazo, más bien lo llevaba un poco a la fuerza. – Las esperamos en el coche, niñas. No tarden. – Dijo con una sonrisa y antes de salir de nuestro campo de visión me guiñó un ojo de manera cómplice, ¿será que ya se dio cuenta de lo que pienso hacer? ¿Cómo rayos es que mi mamá sabe todo sobre mí?
- Abadeer, te queda muy bien ese corte. – La voz de Elsa hizo que dejara las cavilaciones que había en mi mente de mi madre. – Concuerdo con tu mamá, te ves muy guapo… Y con ese traje de militar… - Elsa se mordió el labio inferior y me recorrió con la mirada, realmente me pone muy nerviosa. Debo de enfocarme…
- Elsa, necesito hablar contigo sobre lo que pasó en Londres. – Elsa se quedó quieta y me miró con curiosidad, ahora sé que esperaba ésta plática, pero no entiendo por qué no la inicio antes. – Yo quiero saber… ¿Qué significó eso para ti? – ¡Listo, lo dije! Esa pregunta me estaba rondando por la mente durante mucho tiempo y al fin había logrado sacarla. Elsa no hablaba, tenía la misma cara que pone cuando está resolviendo un problema de matemáticas que le resulta difícil.
- La verdad, Marceline. Me pareció de lo más… Lindo. Sí, esa es la palabra. – Elsa se encogió de hombros y me dedicó una sonrisa tímida, su mirada era muy dulce. – Sabía que tendría ésta plática contigo, no eres de la que renuncia a su curiosidad tan fácilmente, no quiero que me mal entiendas, no es que no quisiera hablarlo yo también pero… Eres mi única amiga, Marceline. Me da miedo que eso se acabe… - No esperaba la respuesta de Elsa, luego me acordé de cómo era en la secundaria y en las historias que me contaba sobre lo falsos que eran sus amigos. Entiendo por qué tenía miedo pero yo no soy así…
- Arendelle, creo que deberías tener un poco más de fe en el amor que te tengo; no sé si es meramente un amor de amigos o de algo más, pero sí sé que te amo. – Elsa me miró con incredulidad, yo tampoco podía entender bien lo que había dicho, amaba a Elsa, sí, pero era muy diferente de lo que veía en las películas, lo que yo sentía era diferente. – Por favor, no me eches al mismo saco que a todas las personas que conoces, porque yo no soy como ellos.
- Yo sé que no, Marceline. Tú eres especial… Única, nunca antes había conocido a alguien como tú. Pero por eso me da miedo que me dejes, no sé qué sería de mí sin ti… - Elsa bajó la vista hacia sus zapatos, se ve tan linda… Me acordé de la primera vez que la vi, esa niña de cabello platinado y ojos azul zafiro fríos como el hielo, esa niña que prefería estar encerrada en sus libros que acercarse a alguien, esa niña que parecía un gato asustado; yo no dejaré que le hagan daño a esa niña, ni ahora ni nunca. Sin poder esperar más, me acerqué a Elsa y busqué sus labios con los míos, ella se quedó muy quieta, seguro no esperaba ese gesto; yo solo quería que mis sentimientos le llegaran, yo cuidaría de Elsa, siempre.
- Arendelle, yo no te haré daño; cree un poco más en mí, por favor…
- ¿Y si soy yo la que te hace daño? – La voz de Elsa se oía frágil, podría soltarse a llorar del miedo que sentía.
- Bueno, no eres un monstruo, y recordando la otra noche estoy segura de que eres ruda, pero no me harías ningún daño… Que yo no pidiera. – Le guiñé un ojo a Elsa y ella subió dos tonos en sus mejillas. – Además si me llegas a hacer daño estoy segura de que no será intencionalmente, yo confío en ti, Elsa; y pido que hagas lo mismo conmigo, por favor. – En la mirada de Elsa aún podía notar la lucha interna que tenía, es como un gato, hay que tenerles paciencia y esperar a que se acerquen. Metí mi mano en mi bolsillo del pantalón y saqué una pequeña caja negra. Elsa lo vio con curiosidad y escepticismo, se la tendí y ella la aceptó.
- Abadeer… ¿Me estás pidiendo matrimonio? Porque aún no somos mayores de edad y no sé si nuestros padres estén de acuerdo, primero tienes que ir a pedir mi mano a mi padre. – Elsa alzó una ceja divertida, su sonrisa era burlona pero amable.
- No seas tonta, Arendelle. Sabes que le tengo alergia a esa palabra. – Su sonrisa creció un poco más ante mi chiste. – ¡Ábrelo! – Con cuidado, Elsa abrió la caja poco a poco para descubrir un encendedor de color plata, que resplandecía por el ángulo de la luz que nos apuntaba, no había notado antes que el ambiente, incluyendo las luces del escenario, nos envolvían en un entorno romántico, me sentí como puesta en escena en el momento en el que mi personaje le declaraba su amor a la joven doncella; más o menos ésa era la idea.
- ¿Un encendedor? – Elsa sonrió anchamente, sé lo mucho que deseaba un buen encendedor y aparte lo mucho que le gustaba disfrutar de un buen tabaco. – Tiene grabado un copo de nieve… ¿Es otro chiste sobre "la Reina del Hielo"? – Alzó una ceja, no se veía muy contenta en ese momento.
- No… Es porque la primera vez que hicimos el amor en Londres, vi mi primera nevada… Y fue contigo, lo que lo hizo aún más especial… - Estoy segura de que yo estaría como jitomate, no podía ver a Elsa a los ojos en ese momento, no quiero saber lo que está pensando con todo esto. – Debajo del copo hay grabadas dos "A"… Es por Abadeer y Arendelle, como solo entre nosotras ocupamos nuestros apellidos para llamarnos, pensé que sería algo que te haría recordarme… - En definitiva sentía que mi cara ardía, no sé si me está saliendo humo por las orejas, esto es lo más cursi que he hecho en mi vida entera. Bajé el rostro a mis botas, en serio no quiero ver a Elsa en este momento.
- ¡Es precioso, Marceline! – La voz de Elsa, hizo que levantara la vista, sonaba encantada, y cuando vi sus preciosos ojos zafiro me di cuenta de que eran de un cálido que no había visto antes en ellos, nunca. - ¡Me encanta! ¡Cada detalle que pusiste en él es único, es… Nuestro! – Elsa se acercó y me plantó un beso muy dulce en la comisura de los labios, se alejó para verme y su mirada cálida me derritió.
- Y precisamente porque es algo nuestro, también incluye en el paquete una promesa… - Elsa ladeo la cabeza y me miró con curiosidad. – Mientras tú conserves ese encendedor, tú y yo seremos una sola contra el mundo… Siendo pareja, amigas, cuñadas, primas… Lo que sea… Ese encendedor es la prueba fehaciente de que yo estaré siempre a tu lado, pase lo que pase. – Tomé las manos de Elsa entre las mías esperando su respuesta. Elsa me miró por unos segundos con esa mirada tan cálida nueva en ella y después empezó a reírse de una manera franca y amable.
- Arendelle, ¿en serio? – Me hizo enfadar su gesto, por lo que la solté de las manos, ella seguía riendo. – Te abro mi corazón, te muestro mis sentimientos y ¿tú te ríes? – Me sentía herida, me di la vuelta para irme de ahí cuando Elsa tomó mi muñeca impidiendo que me fuera. Seguro que yo estaba más que roja.
- Marcy… Jamás me reiría de tus sentimientos. – Soltó mi muñeca y la dirigió a mi cara, la cual volteo para que la viera, después acortó el espacio que había entre las dos. Miró el encendedor que tenía en la mano derecha y lo llevó a sus labios para besarlo. – Si éste encendedor es la promesa de que te tendré siempre a mi lado, es mi objeto más preciado en éste mundo; más importante que la herencia Arendelle. Tú haz hecho magia con éste encendedor, porque lo haz convertido a algo mucho más valioso que el oro, para mí. Marcy, si me reí hace unos minutos es porque eres igual de tierno que un cachorro, simplemente no pude más…
- ¡Yo no soy un cachorro! ¡Y no soy para nada tierna! ¿No ves que soy un valeroso capitán? Yo… - Los labios fríos de Elsa impidieron que terminara la frase.
- Para mí eres perfecta, Marcy. – Se llevó el encendedor a la bolsa de su pantalón y lo guardó. – Gracias por mi nuevo tesoro… - Después de decir esto último Elsa pasó su mano por mi espalda y me jaló hacia ella acortando cualquier distancia que hubiera entre nosotras y me plató un beso, fue muy diferente a los que compartimos en Londres, éste fue lento, tierno, tranquilo… Fue perfecto. Se separó un poco de mí y me sonrió de medio lado su mirada cálida seguía en su rostro. – Y yo también te amo, Abadeer; y me encantaría intentarlo…
Después de eso nos seguimos besando, lo habíamos prometido… Eso que nos daba tanto miedo, perder la una a la otra, eso no pasaría jamás mientras estuviera en nuestras manos.
Porque habíamos hecho una promesa que estaba plasmada en un pequeño encendedor plateado, que nos recordaba a nosotras, y estaba grabada en nuestros corazones.
FIN FLASH BACK
