¡Hola chicos!

No, no he muerto ni estoy en una zanja, perdón por el retraso pero... Ya saben, la vida.

No pienso darles un choro mareador, simplemente les agradezco a todos los que me han dejado un review, un follow o un fovorite, de verdad que gracias.

Ahora, actualicé hoy "La Horma de mi zapato" porque me di cuenta de que llevaba 6 meses sin update, y no podía seguir con eso, hay que apapachar a las historias, ¿no?

AVISOS: Mañana pienso subir una historia nueva, más o menos como por esta hora, va a ser algo pequeño, pero si gustan pasarse a dar una vuelta sería fabuloso, y el sábado subiré un nuevo cap de "A esto llamo yo" y chance suba otro de este el mismo día.

Bueno, ahora sí, disfruten la lectura.


ANNA´S POV

Cuando desperté me encontraba completamente desorientada, por un momento entré en pánico al no reconocer dónde me encontraba, pero justo antes de que sufriera un colapso nervioso el dolor punzante en mi mejilla izquierda hizo que los recuerdos se arremolinaran de golpe en mi mente, logrando que aparte de todo me doliera la cabeza.

"Estoy en la casa de Marceline…"

Pensé, más que nada para intentar tranquilizarme, y empecé a controlar mi respiración.

La discusión que había tenido Elsa con Marceline en el patio también la recordaba, sentí un opresión en el pecho al instante, no debí de haber causado tantas molestias.

Me levanté de la cama conteniendo las lágrimas que amenazaban con salir y con horror me di cuenta de que no llevaba la misma ropa que me había puesto anoche, llevaba un pantalón deportivo gris y una playera absurdamente grande, como si fuera ropa de varón. Busqué desesperadamente mi ropa y no la encontré por ningún lado de la habitación.

"Por Dios… ¿Quién me quitó la ropa? ¿Quién me vio desnuda? ¿Por qué no me di cuenta?"

Unos ojos zafiro cruzaron por mi mente y de inmediato mis mejillas se incendiaron. "¡Espero, por amor a Dios, que no haya sido Elsa Arendelle la que me cambió!"

Moría de vergüenza y queriendo escapar de ese lugar lo antes posible salí de la habitación y me dirigí a la planta baja para poder salir de ahí, pero cuando estaba en las escaleras percibí un aroma increíblemente seductor, logrando que parara en seco mis pasos y levantara la nariz para poder aspirar mejor ese delicioso aroma.

¡Era chocolate! Olía fantásticamente y dejé que el aroma me embrujara un momento más.

- ¡Buenos días, Anna Banana! – La voz de Marceline rompió el hechizo del delicioso aroma. Abrí los ojos de golpe y me di cuenta que había seguido el aroma sin darme cuenta, hasta llegar a la cocina. Marceline estaba frente a la estufa cocinando algo y me regalaba una sonrisa triste. – Lamento si hice mucho ruido, pensaba en llevarte la comida a la cama pero ahora que estás aquí podemos comer aquí, ¿te apetece?

- La verdad es que no, no tengo hambre. – Mentí. Marceline ladeo la cabeza analizándome con sus ojos color miel. Mi estómago en ese momento soltó un vergonzoso y muy impropio rugido, haciendo que mi cara ardiera y que Marceline sonriera de oreja a oreja.

- Parece, pequeña Pinocho que tu estómago no opina igual que tú. Anda siéntate en un banco de ahí. – Dijo señalando la barra con su barbilla y volviendo ella a lo que sea que estuviera haciendo. – Estoy preparando un pan de Nutella, que siempre es buena para el alma, chocolate caliente y huevos con tocino, ¿quieres algo en especial? – Dijo volviendo a concentrar sus ojos miel en mí y levantando una ceja.

- Eso me parece perfecto, muchas gracias… - Dije casi en un susurro, sintiéndome completamente averonzada por todas las molestias que estaba causando.

Ella asintió con una sonrisa y se dirigió rápidamente a la nevera, sacó una jarra con jugo de naranja, supongo y sirvió un vaso, después de su pantalón deportivo (muy parecido al mío) sacó una pequeña caja de dónde sacó dos pastillas blancas. – Toma. – Dijo extendiéndome el vaso de jugo de naranja y después me pasó las pastillas. – Elsa ha dicho que seguramente va a dolerte mucho la mejilla, sin mencionar la inflamación, es ibuprofeno y ketorolaco, ayudaran a desinflamar y a que no te duela. – Dijo a modo de explicación, de nuevo con esa sonrisa triste pero tierna. Tomé las pastillas y asentí.

– Gracias. – Dije antes de llevarme las pastillas a la boca. Marceline sonrió más ampliamente y volvió a lo que hacía mientras cantaba en voz baja una canción que no conocía.

Transcurrió el tiempo sumergidas en un silencio cómodo, ella estaba muy concentrada en lo que hacía y yo estaba sumergida en mis pensamientos; en lo que "la Reina del Hielo" había dicho anoche.

"¡SEGURO QUE SE ME CAYÓ CUANDO FUI A RESCATAR A ESA IDIOTA!... ¡NO DEBÍ DE HABERME INVOLUCRADO!... ¡NO VALE LA PENA!"

Fue bastante claro… Yo solo causo molestias, como bien me había dicho Hans, como me dijo el canalla mecánico.

Me estaba sumergiendo en un abismo cuando mis pensamientos se vieron interrumpidos por la visión de un plato bastante bien servido. Me desconcerté por un momento y alcé la vista hacia Marceline que me miraba preocupada.

- ¿Qué tienes, Anna? ¿Te duele mucho la mejilla? – Negué con la cabeza. – Entonces, ¿por qué estás llorando?

Me llevé una mano a la mejilla sana y me di cuenta que era cierto, no supe en qué momento las lágrimas empezaron a salir sin mi consentimiento y al ser consciente de que no podía pararlo simplemente me dejé ir.

Lloré, lloré como no lo hacía desde hace años, dejé que todo el peso de mi alma saliera en forma de lágrimas, todas las emociones de anoche, todas las emociones desde que me mudé, desde que empecé a salir con Hans, desde que mi madre dejó al mecánico gracias al Dr. Bubblegum… Simplemente me desbordé.

Marceline corrió alarmada hasta mí y me abrazó, ofreciéndome estabilidad y un verdadero consuelo, no me importó que alguien me viera en un estado tan deplorable, yo ya no podía continuar de ese modo.

- Calma… Calma, Annita… No estás sola, estás bien, no te pasara nada malo. – Marceline acariciaba mi cabello y sus dulces palabras solo lograron que me abandonara más, eché mis brazos a su cuello y lloré más.

No supe por cuánto tiempo permanecí así, pero en cuanto ya no hubo lágrimas por salir solté lentamente a Marceline y le miré con una sonrisa tímida. – Disculpa… - Dije apenas en un susurro.

- Ni lo menciones, Annita. – Dijo dándome un beso en el pelo y sonriéndome tranquilizadoramente. – Mejor comamos, que si Elsa se entera que no te di de comer, seguro que me mata. – Dijo poniendo una exagerada cara de horror, lo que hizo que riera y ella sonrió más.


El desayuno fue bastante tranquilo y debo admitir que repetí el pastel de Nutella, es cierto, es bueno para el alma. Marceline me platicó más a fondo sobre el taller de escritura del que me había hablado ayer y me confirmó que ahí haría muchos amigos nuevos; cuando terminamos el desayuno y de lavar los trastes, en lo cual insistí, me entregó mis jeans y mi blusa que había metido a lavar sin decirme y cuando estuve lista nos subimos a su camioneta, en la que había ido por Bonnie la noche anterior, y partimos rumbo a mi casa.

- No es necesario que me llevaras, pude haber cogido un taxi. – Aventuré de nuevo ya cuando estábamos en la carretera.

Ella volteó a verme con la incredulidad reflejada en su rostro. – Es cuestión de caballeros, Anna… Sin mencionar que no quiero morir tan joven. – Dijo esto último torciendo la boca en una media sonrisa.

- ¿Cómo? – No entendía a lo que se refería.

- ¿El que sea un caballero? – Dijo sonriendo divertida. – ¿Es porque soy mujer, verdad?

- Espera… ¿Qué?... ¡No! – No pudo aguantarlo más y soltó una carcajada contagiosa, por lo que terminé riendo como tonta junto con ella. Marceline no es la mujeriega sin sentimientos que piensa Bonnie, de hecho me cae muy bien.

Cuando terminamos de reír quedamos en silencio por un momento, pero seguía teninedo duda, así que me aventuré a preguntar de nuevo, formulando mejor mi pregunta. - ¿Por qué morirías joven si no me llevas hasta mi casa?

Volvió a sonreír de medio lado pero no apartó la vista de la carretera. – Porque Elsa me mataría si se entera que no te llevé personalmente hasta tu casa.

Oh…

De verdad que no entiendo el modus operandi de está mujer, ayer estaba gritando que no valía la pena haberme ayudado y hoy manda a su mejor amiga a que me regrese a mi casa, seguro es para asegurarse de que no salga de ahí, para no volverme a ver o simplemente cuida muchísimo las apariencias… No entiendo por qué…

- ¿Pasa algo, Anna? – Me pregunta Marceline, su voz refleja preocupación.

"Tú amiga, bien apodada "La Reina del Hielo", ayer se arrepintió de haberme ayudado, hoy ni siquiera la vi y ahora resultas que te encarga que me cuides." Pienso con ironía.

- No seas tan dura, Anna. No es lo que crees. – Dice Marceline con el ceño fruncido.

"¡RAYOS! ¡Volví a pensar en voz alta! Tonta, tonta, tonta, tonta!"

Me remuevo incómodamente en el asiento del copiloto mientras me recrimino mentalmente.

Marceline suspira a mi lado llamando mi atención. – Elsa no es lo que todo mundo piensa, es una niña dulce con un pasado problemático y una carga muy grande sobre sus hombros; pero jamás podría decir que es mala o cruel. – Dice dándome una mirada de reojo, sé que se está preguntando internamente por qué me dice esto, pienso que va a parar de explicarme pero me asombra ver que continúa. – Anoche fue difícil para ambas, estaba furica con… Lo que pasó anoche, y luego perdió un objeto que para ella era muy importante.

Eso no lo sabía, ¿un objeto capaz de hacer que Elsa se ponga así? No me lo creo.

- ¿Qué objeto era?

- Un encendedor. – Dice con una sonrisa tímida y alzando los hombros a modo de disculpa. – No, no está loca. Ese encendedor era algo especial. Una especie de pacto entre las dos. Se lo regalé cuando teníamos 17, ya sabes; cuestión de preparatorianas, solo que en vez de darle una cadena con la palabra "BEST" y yo quedarme con su complemento que pone "FRIENDS", le di algo más… Nosotras… - La confesión me confunde un poco, no me imagino a ninguna de las dos a esa edad, siendo solo unas adolescentes y haciéndose regalos tan… melosos. – Pensó que me había fallado ayer al darse cuenta de que ya no lo llevaba consigo, tuvimos una plática intensa anoche sobre eso, ya le dije que en su cumpleaños le regalaré otro mejor, pero parece que no la he convencido del todo; al menos se controló lo suficiente para aceptar que nada había sido tu culpa y estaba feliz de haber estado allí para ayudarte… Muy feliz, pienso yo. – Termina con una sonrisa enigmática.

De inmediato me siento mal, no debí de haberme enojado con alguien que me rescató y puso en peligro su integridad física para ayudarme… Las cosas no siempre son lo que parecen.

- Y no pudo estar aquí cuando despertaras porque debía de ir al hospital para cubrir unas horas; pero antes de irse, muy temprano, fue a buscar por toda la ciudad una farmacia abierta para comprarte los medicamentos, que debes de tomarte cada 8 hrs, hasta que desinflame y una pomada para que te la pongas en el labio.

Volteé a ver a Marceline sin dar crédito a todo lo que había hecho Elsa por mí; nadie, jamás, se había preocupado y me había cuidado tanto como ella lo había hecho.

- Todo está en la guantera. – Prosiguió sin apartar la vista del camino. – Dijo que la pomada te la pusieras por las noches y en las mañanas te lavaras bien la cara porque en contacto con el sol puede mancharte la piel. Dijo, y cito: "Dile que se ponga la pomada por las noches para que no quede cicatriz en esos hermosos labios." – Eso hizo que mis mejillas se tornaran escarlatas y Marceline sonrió maliciosamente al darse cuenta. – Hazle caso a la doctora, por favor Anna. Y, creo que no es necesario que te diga que, por amor a lo que más quieras, no vuelvas a ver a ese idiota, por favor, cuídate.

Una sonrisa tímida afloró en mis labios y unas nuevas ganas de llorar hicieron un nudo en mi garganta. No puedo creer que les importe lo que me pase a este par de mujeres que acabo de conocer, me siento dichosa y agradecida con ellas.

Antes de darme cuenta Marceline ya había aparcado fuera de mi casa, salió de un salto de su lugar y corrió frente el carro hasta llegar a mi lugar, abrió la puerta y me ayudó a salir. Un gesto muy galante, al que contesté con una sonrisa tímida, para ser una mujer.

Apenas tocamos el timbre la puerta se abrió de golpe, Bonnie estaba delante de mí, se encontraba completamente despeinada, con ojeras debajo de sus lindos ojos y llevaba la pijama hecha un lío, se nota que no había dormido en toda la noche.

Cuando notó el golpe en mi rostro dejó caer la quijada y unas lágrimas aparecieron en sus ojos, volteó la mirada furiosa hacia Marceline y se le abalanzó encima.

- ¿Qué diablos le hizo tu amiga a mi hermanita? ¿Dónde está? Si no me dices, ¡te juro que éste fue tu último día en este mundo, Abadeer! – Marceline solo atinó a balbucear y a echarse para atrás con las manos enfrente tratando de cubrirse de los posibles ataques de Bonnie.

- ¡Bonnie! – Mi hermana se paró en seco y volteó a verme sin dar crédito. - ¡Para! ¡Estás equivocada! Elsa no me atacó, ella me salvó de… No sé qué pudo haber pasado. – Bonnie dejó en el olvido a Marceline, quien pudo respirar con tranquilidad de nuevo, y fue a abrazarme derramando por fin esas lágrimas de preocupación. – Estoy bien, Bonnie… En serio. De no haber sido por Elsa y Marceline, ahora no sé dónde estaría. Tranquilizate, ellas fueron muy amables. – Dije apartándola un poco para verla y le regalé una sonrisa tranquila, ella suspiró y asintió con pesar.

Puso una mano delicada en mi mejilla izquierda y suspiró pesadamente. – Ve a ponerte la pijama, Anna. Hoy va a ser día de maratón de películas, anda. – Asentí y fui a hacer lo que me dijo, sabía que necesitaba un momento para hablar con Marceline, ya después yo tendría que explicarle todo, aunque no estaba segura si podría relatar todo lo acontecido.

Cuando llegué a mi cuarto noté que aún llevaba la bolsa de los medicamentos entre mis manos, suspiré y fui hasta mi mesita de noche para dejar todo en órden, saqué la caja del ibuprofeno, la del ketorolaco y la pomada Italdermol, además había una pequeña nota, escrita con letra pulcra.

Querida Anna:

Recuerda tomar tus medicamento para lograr un buen resultado, espero que Marceline te haya dado las instrucciones pero no confío en su memoria de Teflon, por lo que aquí anexo las indicaciones.

Tomar Ibuprofeno de 500mg cada ocho horas por una semana.

Tomar ketorolaco de 30mg cada ocho horas o cuando se presente el dolor.

El Italdermol tienes que aplicarlo por las noches en el labio y si gustas, también puedes ponerlo en la mejilla, no te lo pongas en el día porque puede causar manchas en la piel al estar en contacto con el sol.

Cualquier cosa que necesites te anexo mi número telefónico para que me llames, o si lo prefieres puedes pedirle a la Srita. Bubblegum que se comunique con Marceline.

Espero que te mejores.

Elsa Arendelle

La mejilla izquierda empezó a dolerme debido a la sonrisa de idiota que me había causado esa pequeña nota, era cierto, Elsa estaba preocupada por mí, una pequeña que no vale nada.

En ese momento tuve una inspiración, dejé las cosas en mi mesita de noche y la nota la puse en el espejo de mi tocador, sonreí de nuevo como tonta, agarré mi chamarra, unos lentes y bajé corriendo las escaleras, justo en ese momento Bonnie estaba cerrando la puerta, giró su vista hacia mí y lucía muy preocupada.

- Anna, yo…

- ¿Marceline no te dijo la dirección de donde estuvimos ayer? – Le interrumpí y ella me miró extrañada.

- Sí, dejé la dirección en una nota ahí en esa mesita, por si regresaban nuestros padres anoche. – Dijo señalando la mesita al lado de las escaleras.

Corrí hasta ahí tomé la nota y al lado estaba la cartera de Bonnie, la abrí y saqué dinero suficiente, se lo enseñé y ella me miró perpleja. – Te lo devolveré, es que creo que mi cartera se quedó en el auto de Elsa. – Y sin importarme los gritos de Bonnie tomé el primer taxi que vi y le di la dirección de la fiesta a la que habíamos ido anoche.


Cuando llegué al lugar donde Hans me había agredido un escalofrío me recorrió la espalda, me daba miedo imaginar que alguien a quien amo pudiera haberme hecho daño, en la acera había rastros de sangre y no sé si era mía o de Hans, Elsa le dio una verdadera paliza. Sonreí sin querer al recordar a Elsa defendiéndome, digo, puede que solo lo haya hecho porque no soporta ver que agredan a una mujer, pero al fin y al cabo fue a mí a la que rescató.

Seguí con la vista fija en el piso fijándome a detalle en cada cosa que reflejaba la luz, estaba empezando a hacerse tarde cuando algo llamó mi atención, me acerqué y estudié el objeto con detenimiento, sonreí tanto que mi mejilla dio un tirón.

Ouch…

Estaba caminando rumbo a la avenida para ver si lograba encontrar un taxi que me devolviera a casa, estaba preocupada por lo que me diría Bonnie, mi celular seguramente se había quedado en el auto de Elsa, junto con mi cartera y no podía comunicarme con ella para decirle que estaba bien y que no tardaría en volver a casa. En eso el sonido de una bocina detrás de mí me hizo saltar en mi sitio, la sangre se fue hasta mis pies…

No podía ser él… No podía seguir aquí… No puede ser…

- ¡Por amor a todos los santos, Anna! – La voz chillona de mi hermana me tranquilizó al momento, bajó de la camioneta de Marceline que se había estacionado al lado mío y corrió hasta donde estaba para lanzarse a mis brazos. Cuando sentí a Bonnie abrazarme por el cuello solté el aire en forma de un suspiro, no me había dado cuenta de que estaba conteniendo la respiración. – Puedes decirme, ¿qué mierdas pensabas? – Dijo abrazándome más fuerte, mientras yo le rodeaba la cintura con mis manos. Pude ver que Marceline se acercaba a nosotras con una expresión aliviada y al verme me sonreía.

- Tú de verdad quieres que me maten, ¿verdad, Anna Banana? – Dijo con una sonrisa de medio lado.

– No, solo tenía algo que hacer por acá. – Dije sonriéndole a modo de disculpa. - ¿Cómo te enteraste?

- En cuanto te fuiste como loca, le llamé a Marceline para que me ayudara a encontrarte. – Bonnie me soltó y me miró con reproche.

- Oh…

- ¡Nada de "oh", Anna! No te das cuenta que el… El… El…

- Canalla, alimaña, imbécil, animal rastrero, cobarde… - Marceline ayudó a Bonnie a encontrar la palabra que buscaba.

- ¿El canalla (gracias) puede estar buscándote?

- Sí, pero si no quiere perder su empleo hoy debe de estar cumpliendo sus labores.

- No tientes a la suerte, Anna. Elsa ayer hirió su orgullo de macho y un hombre con el cerebro pequeño, con el pene pequeño o con una inseguridad del tamaño del mundo nunca es predecible. – Marceline habló lento y pausado, como si estuviera hablando con una niña.

Solté un suspiro cansado y asentí. – Tienen razón, no debí salir sola. – Marceline y Bonnie se vieron y sonrieron.

- Lo importante es que estás bien, Anna. Ven, vayamos a casa. – Bonnie tomó mi mano y ambas nos subimos a la camioneta de Marceline y nos marchamos a casa.


Sostenía la cajita fuertemente entre mis manos mientras observaba a Elsa. Yo estaba fuera de su salón viéndola por la ventana, estaba leyendo plácidamente en su lugar de vez en cuando fruncía el ceño, ese gesto me hizo sonreír en algunas ocasiones, se notaba que eran cosas que no entendía del todo y me era curiosa darme cuenta de que ella es también una simple mortal.

Llevaba dos días intentando acercarme a ella y sin éxito alguno, y por lo que veía hoy tampoco iba a ser el día. Es que, cómo acercarse a una persona que luce perfecta, Elsa dentro de horario de clases siempre utiliza su cabello recogido en un moño alto, lo que le otorga un aura de autoridad y sobriedad, sus perfectos rasgos resaltan más, siempre tan seria, tan capaz, y sobre todo tan intimidante. No encontraba la manera de acercarme a ella por más veces que había practicado frente al espejo simplemente al verla se me iba el valor.

- Hola, yo soy Olaf. – La voz de un chico me apartó de mis pensamientos y me hizo brincar, volteé hacia el chico pelinegro que se me había acercado y me sonreía con interés.

- Ammmm… Este, yo…

- Eres dentista – señaló observando mi uniforme – y vienes a buscar a mi amiga Elsa. – En ese momento la platinada levantó su rostro de la lectura al escuchar su nombre y miró con curiosidad afuera, yo me sentí a morir cuando vi que se levantaba de su lugar. – Sabes ella es muy popular entre chicas y chicos, espero que no te desilusiones, suele batear a todos. – Dijo con una sonrisa triste.

- Ahhhhh… No es que… Yo…

- Está bien, Olaf, yo me encargo de ella. – Elsa se acercaba a nosotros, jamás había notado que caminara de manera tan sensual, ¿o es la bata? Olaf miró a Elsa con asombro y con una sonrisa me guiñó un ojo a modo de saludo. – Buenos días, Srita. Summers. No sabía que estudiaras aquí. – Dijo estudiándome con la mirada.

- Sí, bueno… No… O sea, no estudio aquí, pero sí aquí… Es decir tú en medicina, obvio, ¿verdad? Que tonta quiero decir que bueno… Yo pues en odontología, y como están juntas pero sepáradas pues…

- ¿Necesitas algo, Anna? – Su voz era cortante pero sus ojos reflejaban una beta de, ¿qué? ¿preocupación?

- Sí…

- ¿Tienes problemas? ¿Te sigue molestando el idiota ése? SI es así podríamos ir a la policía ahora mismo. – ¿Qué debía contestar a eso? Digo, sí… Hans ha estado llamando a mi casa para amenazarme a mí y a mi hermana, pero no puedo decirle a Elsa, yo venía por otra cosa…

- No es necesario, yo solo quería darte esto… - Levanté la caja que había mantenido oculta detrás de mi espalda y le sonreí tímidamente. Elsa enarcó una ceja y sus dos zafiros me vieron tratando de atravesarme. Estaba empezando a ponerme nerviosa, así que tomé su mano y deposité en ella con delicadeza la pequeña caja. – Es un regalo por… Por lo que hiciste. – Ahora miraba distraídamente la cajita y aproveché ese momento para ponerme en puntitas y depositarle un beso fugaz en la mejilla. – Gracias. – Susurré y salí corriendo de ahí lo más rápido que pude sin mirar atrás.


A la mañana siguiente Bonnie y yo nos disponíamos a salir de casa después de haber desayunado y listas para la escuela; desde lo que pasó con Hans y sus amenazas, no nos hemos dejado solas ni un momento, nos acompañamos hasta la parada del autobús y si una sale antes que la otra de la escuela nos vamos a hacer compañía.

Pero al salir nos llevamos una enorme sorpresa, Marceline y Elsa nos estaban esperando fuera de nuestra casa recargadas en sus autos y hablando tranquilamente, cuando se percataron de nuestra presencia voltearon a vernos y nos sonrieron, una sonrisa deslumbrante y encantadora por parte de Marceline y una mucho más discreta por parte de Elsa.

- Señoritas, qué bueno que salieron; sus nuevos choferes han llegado, ¿nos vamos? – Dijo Marceline acercándose a nosotras y haciendo una reverencia exagerada, a lo que Elsa le puso los ojos en blanco.

- Basta de teatro, Abadeer.

- ¿Qué hacen aquí, Marceline? – Preguntó Bonnie, yo no podía dejar de ver a Elsa, la que al darse cuenta me sonrió de medio lado y caminó hasta nosotras.

- Pues todo fue idea de Arendelle. – Dijo encogiéndose de hombros para restarle importancia.

- Marceline me platicó que estaban siendo amenazadas por… Hans… - Soltó Elsa con los dientes apretados. – Por lo que le sugerí que ya que vamos para el mismo camino, no nos cuesta nada llevarlas y asegurarnos de que estén seguras. – Esto último lo dijo mirándome fijamente.

- Gra-Gracias, Elsa. – Logré tartamudear.

- Es un placer, Srita. Summers. – Hizo un gesto con la cabeza y me invitó a seguirla hasta el auto.

- ¿Esto será todos los días? – Preguntó Bonnie mientras tomaba la mano de Marceline, quien sonrió de oreja a oreja.

- Solo si usted así lo desea, dulce princesa.

- ¡Para ya, Marceline! – Chilló Bonnie, divertida.

- Voy a vomitar… - Se quejó Elsa mientras apartaba la vista, volteé a verla y se sonrojó. – Es que, Marceline puede ser demasiado melosa si se lo propone… - Terminó con un mohín, que me hizo reír. Se me quedó viendo entre asustada y confundida para terminar riendo y negando con la cabeza. – Por cierto, Anna… ¡Muchas gracias por el regalo! – Y su rostro se iluminó con una sonrisa infantil y tímida, se desabrochó la bata y me enseñó la cadena y el seguro que tenía, jaló de la cadena y apareció un pequeño encendedor plateado con un cope de nieve grabado y una inscripción "AA". – Lo de la cadena fue brillante, no sé cómo no se me ocurrió a mí. – Frunció el ceño y volvió a sonreírme de esa manera tan impropia de la Elsa que yo conocía.

- Me da gusto que te haya gustado…

- ¿Bromeas? ¡Me encanto! – Me abrió la puerta del copiloto y me invitó a entrar, realmente me siento incómoda con esas muestras de cortesía, más viniendo de una mujer, pero no puedo negar que me podría acostumbrar a esto. – ¿Lista para un nuevo día, Srita. Summers?

- Lista. – Sonreí porque su buen humor es contagioso y partimos hacia la escuela mientras Bonnie y Marceline seguían jugando entre ellas en el patio de mi casa.


¡Y listo!

Muchas gracias por leer hasta aquí, lo agradezco en el alma y es hora de contestar reviews, que no sé por qué nunca lo hago en esta historia.

bolillo kun: Gracias por seguir tan fielmente la historia; espero que con este ya no te sientas tan mal por Anna y qué bueno que te gustó el lemon, siento que aún me falta perfeccionarlo.

Frech: Qué bueno que te gusté tanto, sí Elsa y Marceline tienen una historia oculta y linda, poco a poco irá saliendo; y espero disfrutes del cap, aunque no salga mucho Bonnie.

Susurro Nocturno: Esté capítulo va dedicado a ti, muchísimas gracias por darle publicidad a mi fic, es uno de los mejores halagos. Espero lo hayas disfrutado.

MathiasRc: Pues... No fue tan pronto pero prometo no dejarla. xDD Me da gusto que disfrutes de la combinación, mi mejor amiga y yo concordamos que la pareja MArcelinexElsa funciona demasiado bien. xDD

Lore: Jejejejejejejejejeje Qué halago que un lector como tú me stalkee... xDD Sip, la trama se desarrolla en Querétaro, no sé si lo mueva de Estado para un viaje o así, aún no lo tengo bien definido. Espero que te haya gustado y prometo update más rápido! Y más seguido... xDD Espero leerte pronto.

Gekko McS: Lo prometido es deuda! xDD Gracias por tomarte el tiempo de dejarme un review, espero que este también haya sido de tu agrado. ;)

Bueno pues... Como siempre digo, si les gustó, si no les gustó, cualquier duda o comentario, pueden dejarme un review.

Gracias por su lectura.