Capítulo 2

Renesmee abrió las cinco cerraduras de su pequeño departamento. Como cada noche había tomado tres trenes para llegar a Queens, caminó por las sucias calles en sus Converse viejos de botín, entró a su feo edificio y subió las escaleras hasta el tercer piso. Su departamento era pequeño, ella lo llamaba la ratonera. Justo al entrar estaba una pequeña sala y al final de la estancia estaba la cocina; al lado izquierdo de la puerta se encontraba la habitación y dentro de ella estaba el baño. Eso era todo.

Caminó hacia su dormitorio, lanzó su bolso al piso y se dejó caer en la cama. Los labios aun le ardían, no estaba acostumbrados a besar ni a recibir besos apasionados de un atractivo hombre moreno de casi dos metros.

Atractivo? - Se preguntó Renesmee.

Oh si, La Bestia era atractiva como el infierno, cosa que no había notado hasta esa noche entre sus brazos. La actitud de Jacob Black no la dejaban ver lo atractivo que era. Tenia unos penetrantes ojos negros, altos pómulos, nariz recta, un mentón fuerte, labios gruesos y cálidos, hombros anchos, pecho hinchado y duro, piernas largas... Parecía un dios andante y ella jamas lo había notado hasta esa noche.

Renesmee dio un brinco cuando azotaron la puerta tres veces. Atontada y mal humorada, se levantó de la cama y maldijo el no tener una mirilla. No tenia ni idea de quien estuviera tocando a su puerta. Tal vez era su vecina de al lado que la vio llegar y le llevaba la correspondencia como la semana pasada. Puso la gruesa cadena plateada y abrió las cinco cerraduras.

Abrió la puerta solo unos centímetros y casi le dio un infarto al ver a La Bestia frente a ella.

-Puedo pasar? - preguntó con una sonrisa que Renesmee jamas había visto.

Nunca en los tres meses lo había visto sonreír. Tenia una bella y amplia sonrisa que le hacia lucir sus blancos y perfectos dientes.

Como es que nunca lo vi? - se preguntó la chica y le cerró la puerta en la cara.

Con dedos temblorosos quitó la cadena mirando alrededor, su ratonera estaba bien para ella, pero no como para tener invitados inesperados de sonrisas encantadoras.

Al abrir la puerta Jacob entró como si fuera su casa y le dio un beso en la mejilla.

-Supuse que no comiste... por eso te traje un filete de mi restaurante favorito, pastel de chocolate de La Suiza y vino tinto - murmuró La Bestia dejando un montón de bolsas sobre la barra de la diminuta cocina.

La chica miró a La Bestia desenvolverse en su cocina como si conociera el lugar; lo vio buscar platos, tenedores, cuchillos... Cuando por fin reacciono, cerró la puerta y los cinco cerrojos.

-Lávate las manos, mientras yo sirvo la cena - le ordenó como si le estuviera pidiendo algo en la oficina.

Acostumbrada a obedecer a ese tono de voz, Renesmee corrió a su baño a lavarse las manos, se miró en el espejo y peinó sus rizos en una alta cola de caballo. Aun traía puesto el pantalón negro de vestir, blusa lila de botones y suéter negro de cuello en V, todo comprado en tiendas de descuento y de segunda mano.

Cuando llegó a la sala, Jacob ya tenia todo en su mesita de centro. Tenia un gran bistec en un plato blanco, acompañado con verduras en juliana y papas a la francesa y vino tinto servido en copas de cristal que Jacob había llevado, Renesmee no tenia copas.

-Ven, siéntate -la chica obedeció en un instante. Se sentó junto a el y en silencio observó a La Bestia cortar la carne por ella-. Abre -murmuró con una sonrisa sosteniendo el tenedor frente a su boca.

-Por que haces esto? - preguntó Renesmee alejándose del apetitoso bocado.

-Por que quiero hacerlo. Ahora, abre.

La chica lo miro con el ceño fruncido pero aceptó que su jefe le diera de comer hasta que el plato estuvo limpio, bebiendo de vez en cuando un pequeño sorbo de aquel fino vino que La Bestia le había llevado.

Divertida, Renesmee vio como Jacob contrastaba con su decrepito apartamento. El llevaba su traje Armani azul marino, camisa de seda azul cielo y corbata de gruesas rayas diagonales con dichos colores; lucia encantador, limpio, sexy, perfecto. En cambio su departamento era de paredes blancas, bueno en su momento fueron blancas, muebles viejos que con esfuerzos había comprado en un mercado de pulgas; el pequeño librero de apenas un metro de altura tenia algunos libros de literatura y guías turísticas de lugares que algún día muy, muy lejano -si tenia un poco de suerte- llegaría a visitar. Sobre dicho mueble estaba la anticuada televisión y no tenia cable, mucho menos internet y computadora. Renesmee era pobre, lo sabia mas que de sobra; siempre lo había sido y pensaba que siempre lo seria.

Una vez que Jacob terminó de comer, se alejó de ella con una sonrisa y llevó los platos sucios a la cocina.

De espaldas a Renesmee, La Bestia sacó una caja blanca y pesada de una bolsa negra con el logotipo de La Suiza en dorado. Con una sonrisa abrió la caja y vio el pastel que había comprado; camino alrededor de la barra y le sonrió ampliamente.

-Hora del pastel de cumpleaños -murmuró encendiendo una velita rosa al centro del pastel de chocolate-. Ven, pide un deseo, Renesmee.

La chica se levantó del sillón sin despegar los ojos del pastel, era el mismo pastel que ella había pensado en comprar solo una rebanada, la cual ni se acordó camino a casa por solo pensar en los labios de Jacob Black. Cerró los ojos para pedir un deseo, pero no tenia idea de que pedir, nunca había tenido un pastel de cumpleaños, nunca había pedido un deseo al apagar las velas. Abrió los ojos de nuevo y miró al hombre que tenia frente a ella, al otro lado de la barra de la cocina.

Jacob Black, deseo a Jacob Black - pidió con todas sus fuerzas al soplar la velita.


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Gracias por sus comentarios mis Little Perverts. Sus palabras lindas me inspiran a continuar esta historia...

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Victoria Wittaker - Mother Pervert