Capítulo 3

-Hola?

-La besé! La besé y ella me besó, pero se fue. La asusté y se fue. La hice llorar, ella lloró por mi culpa! Mi culpa! Va a renunciar, la voy a perder! - Jacob casi se ahogaba en su desolación, apretando el teléfono.

-Wow! Que? Espera. Tranquilo, respira y cuéntame desde el principio, Jake - pidió el pediatra Edward Cullen reclinándose en el sillón de su consultorio, sabia que esa llamada iba para largo.

Siempre que su antiguo compañero de universidad llamaba, era para contarle de su triste e inexistente historia de amor con su nueva secretaria.

-Mi asistente, Edward, ella... -Jacob suspiró y pegó la frente en su escritorio-. Hoy es cumpleaños de Nessie, estuve atento todo el día por si escuchaba alguna felicitación, o que le cantaran Feliz Cumpleaños en la sala de descanso como a los demás en su cumpleaños, pero no. Nadie la felicito, creo que es mi culpa que no tenga amigos en la oficina.

-Si, eso ya lo sabia - replicó Edward, recordando todas las veces en que Jacob le había descrito con lujo de detalle lo que le hacia a su pobre nueva asistente, a quien La Bestia había apodado con el nombre de la gatita blanca que tenia de contrabando en el dormitorio la universidad.

-Si, bueno... Al ver que no hacia planes con nadie de festejar su cumpleaños, le dije que me quedaría a redactar de nuevo el contrato de la destilería... Por cierto, gracias de nuevo por ponerme en contacto con Emmett McCarty cuando buscaba una nueva agencia de publicidad... En fin -Jacob suspiró-, le dije a la chica que teníamos que quedarnos de nuevo, pero solo por que quería pasar su cumpleaños juntos...

Edward soltó una carcajada.

-No te rías! El caso es que pediría comida china o una pizza, mientras estuviéramos aquí y después me ofrecería a llevarla a su casa... Pero ella... La hice llorar -la voz de Jacob se quebró-. Ella lloró por como la trato, pero es la única forma de alejarme de ella... Pero ya no quiero estar lejos de ella, Edward. La quiero, la quiero para mi. Quiero cuidarla, quiero... -suspiró avergonzado por el rumbo en que se estaban desviando sus caritativos pensamientos-. Pero no solo quiero cuidarla, quiero hacerle tantas cosas a ese pequeño y bien formado cuerpo. Quiero esa boquita rechoncha y roja en mi... tu sabesdonde. Quiero morder sus labios, arrancarle la ropa y poseerla sobre el escri...

-De acuerdo, creo que ya entendí! -lo interrumpió Edward-. No quiero oír mas detalles de lo que le quieres hacer a esa pobre niña.

-Ese es otro de los problemas Ed, es una niña. Podría ser su padre. A penas cumplió veintidós, yo tenia dieciséis cuando ella nació - Jacob despegó la frente de su escritorio.

-Tenias la edad de Isabella cuando Carlie nació... hoy hace veintidós años - susurró Edward con un nudo en la garganta.

-Lo siento, Ed. No lo recordé y yo aquí contándote mis estúpidos problemas amorosos como si fuera un adolescente.

-No te preocupes, me ayuda a distraerme -Edward se aclaró la garganta para deshacer el nudo que había en ella-. Regresando a tu asistente... Sabes donde vive?

-Si, en Queens. Por que?

-Ve a su casa, llévale de cenar, llévale un pastel, lo que sea. Es hora de que te pongas bien los pantalones y reclames a tu mujer... - gruñó el pediatra levantando el puño derecho.

Esto no lo vio La Bestia, pero pudo imaginarlo.

Ambos hombres se quedaron en silencio un momento y soltaron a reír hasta las lagrimas.

-Quien eres tu y que has hecho con Edward?

-Quise hablar en tu idioma cavernicola -murmuró con una sonrisa y sus ojos se iluminaron al ver entrar a una guapa castaña que le frunció el ceño al verlo al teléfono-. Es Jake.

-A quien le dices mi nombre?

-Hola Jake! - saludó una voz femenina a lo lejos.

-Hey, Bells! Te dejo, ya llego tu mujer, ahora reclamala - fue turno de La Bestia de gruñir.

Ambos hombres se rieron de nuevo.

-Te doy un... consejo y... -Edward no pudo terminar la frase, Isabella se hincó frente a el bajando el cierre de sus pantalones- y... todavía te burlas... - comenzó a respirar agitadamente.

-Le llevare comida y un pastel, pero no pienso... reclamarla como mía. Al menos... no se, me conformo con ser su amigo.

-Ya me tienes a mi Jake -gritó Isabella al otro lado del teléfono desabotonando la camisa de Edward.

-Estoy en altavoz?

-Bella te puso en... altavoz - la voz se le distorsionó cuando sintió las manos Bella en su miembro recorriendolo a su antojo.

-Ah, de acuerdo. Si, eres mi amiga, Bells, pero de que me sirves si estas al otro lado del país?

-Me siento traicionada - respondió la mujer antes de besar al doctor, mientras continuaba recorriendo su gruesa longitud arriba ya bajo sin tregua alguna.

-Si, lo que sea. Ya voy a colgar tengo una mujer que reclamar y estoy seguro de que ustedes van a follar, si es que no lo están haciendo ya.

Isabella y Edward se miraron sorprendidos de que Jacob supiera que estaban haciendo.

La Bestia cortó la llamada y llamó a Sam para pedirle el auto, apagó la lampara que reposaba sobre su escritorio, tomó su celular y su saco que colgaba del respaldo de su amplio sillón de cuero negro.

Mientras bajaba por el ascensor llamo al restaurante Victoria's para pedir la cena que le llevaría a Renesmee. Al salir del edificio se dirigió de inmediato al BMW plateado que lo esperaba en la acera.

-Sam, llévame a La Suiza, después iremos a Victoria's y de ahí me llevaras a Queens - ordenó a su chófer/guardaespaldas/amigo en cuanto se subió al auto.

-Como ordene, su majestad -se burló su amigo poniendo el auto en marcha-. Espera, que vas a hacer en Queens?

Jacob titubeó. No sabia que responderle. No podía decirle: iré a acosar a mi secretaria con la esperanza de redimirme con ella y que me acepte.

-Algo... - murmuró al fin con seriedad tratando de no delatarse.

Sam entrecerró los ojos al mirarlo por el espejo retrovisor. Jacob se veía nervioso, ansioso y en sus labios se veía una pequeña sonrisa que desconcertó a su amigo.

Jacob esta sonriendo?!

Sin volver a cruzar una palabra, Sam llevó a su jefe a La Suiza, a través del ventanal de piso a techo de la fina repostería lo vio pedir un enorme pastel de chocolate y pagarlo con una gran sonrisa.

Quien demonios es ese? - se preguntó Sam al ver a su amigo y jefe sonreír de esa manera. Jacob tenia un par de años usando una careta de inconformidad y dolor -lo entendía, su padre había muerto- y desde hace tres meses esa careta se había transformado a un mal humor constante. Y ahora, ahí estaba, sonriendo. De la noche a la mañana había cambiado radicalmente. Mas bien de la mañana cuando lo dejó en la oficina a la noche que lo recogió. En doce horas Jacob había cambiado. Por que? A que se debía? A quien iba a ir a ver en Queens? Una chica? Un chico? Quien vivía en Queens que ambos conocieran? Mas bien, Jacob conocía a alguien en Queens? En Queens?!

Jacob subió al auto plateado con la bolsa negra de La Suiza.

-Ahora vamos a Victoria's - ordenó acomodando la bolsa con mucho cuidado en el asiento.

-A Victoria's sera - replicó Sam tragándose todas sus preguntas.

Jacob de nuevo se bajó solo del auto y unos diez minutos después regresó con un montón de bolsas blancas, de las cuales salia un olor exquisito que le abrió el apetito al chófer.

-Aquí esta tu cena - Jacob le puso una bolsa blanca en el asiento delantero junto a Sam.

-Vaya... gracias! -Sam casi metió el rostro en la bolsa e inhalo profundamente-. Que es?

-La especialidad del chef. Ahora llévame a Queens, entre mas rápido me lleves, mas rápido podrás comer.

Sam sonrió ampliamente y condujo el auto casi rebasando el limite de velocidad, siempre y cuando el trafico lo dejara. Una vez que tomaron el puente y llegaron a Queens, Sam le pidió la dirección a donde se dirigían y los ojos casi se le salen. Era la peor zona. Que rayos iban a hacer ahí?!

-Estas seguro? Esa zona esta llena de...

-Lo se, créeme y me enfada el saber que ella esta en un constante peligro, pero en cuanto pueda lo solucionare.

Con que ella, eh? La chica debería de valer mucho, muchísimo la pena como para que Jake se estuviera arriesgando de esa manera y llevándole cena y pastel. Sam se moría por saber quien era, necesitaba saberlo desesperadamente para hacerle un monumento y llamar al Papa para que la santificaran.

Con los vidrios tintados arriba y los seguros de las puertas bien puestos, Sam y Jacob recorrieron las calles de Queens hasta llegar a la calle de la desconocida chica a la que Sam estaba desesperado por conocer. El edificio en el que se detuvieron era feo y viejo con fachada de ladrillo rojo y escaleras de emergencia oxidadas como fachada.

-Estas seguro? - preguntó Sam, viendo a los tres jóvenes de color que holgazaneaban en las escaleras de la entrada.

-Si, como dije: en cuanto pueda lo solucionaré. Si no he bajado en cinco minutos puedes irte - Jacob volvió a sonreír ampliamente bajando las bolsas de comida y el pastel.

-De acuerdo, lo que sea que necesites me llamas y estaré aquí - murmuró Sam antes de que su jefe se despidiera y cerrara la puerta.

Incomodo, vio como Jacob caminaba en dirección a los chicos de color con aspecto de pandilleros. Después de que subió las escaleras entró por una de las puertas dobles con vidrio y se quedó mirándolo hasta que lo perdió de vista cuando dobló a la derecha subiendo las escaleras.

Con el corazón a toda marcha Jacob tocó a la puerta del departamento 3C, tanto por que estaba a punto de ver a Renesmee y por que tenia miedo de estar ahí afuera en el peligro. Sabia mas que de sobra que en el segundo piso fabricaban metanfetaminas, y en el tercero otro tipo vendía marihuana; lo sabia por que hacia semanas que había investigado donde vivía Renesmee. Pronto aquellos peligros dejaron de importarle al escuchar cada ruido que la chica hacia al otro lado de la puerta. Con diversión y algo de alivio vio las cinco cerraduras que tenia la puerta de su asistente.

Renesmee abrió la puerta de golpe hasta que se detuvo gracias a una gruesa cadena plateada.Chica lista - pensó Jacob de inmediato. Pero después de eso casi no pudo pensar, ahí estaba ella, mirándolo con sus hermosos ojos color chocolate. Se veía sorprendida y algo asustada. Trató de tranquilizarla esbozando una amplia sonrisa, que sabia perfectamente que derretiría hasta los corazones mas fríos; durante su adolescencia y primeros años de universidad había sido un Don Juan, chica que veía, chica que tenia. Hasta que conoció a Renesmee. Había algo en ella que lo frenaba, tal vez seria que era demasiado joven para el, pero eso ahora no importaba. La quería para el e iba a hacer lo que fuera para tenerla y no dejarla ir.

-Puedo pasar? - preguntó con su gran sonrisa instalada en el rostro, claro que lo iba a dejar pasar. Nadie se le resistía.

Pero el corazón le dio un vuelco y su confianza se fue a un pozo cuando ella le cerró la puerta en la cara. Segundos después ella volvió a abrir la puerta pero sin la cadena.

Si!

De reojo vio el interior del departamento.

Wow! Que pequeño lugar! - pensó con horror. Definitivamente tenia que sacar a la chica de ahí. Ella merecía vivir en un palacio, o al menos en un bello edificio moderno como en el que el vivía.

Hora de poner en practica aquellos encantos que casi tenia olvidados.

Al entrar como si fuera su casa le dio un beso en la mejilla sonrojada de Renesmee; era lo mas adorable que el alguna vez hubiera visto.

-Supuse que no comiste... por eso te traje un filete de mi restaurante favorito, pastel de chocolate de La Suiza y vino tinto - murmuró dejando el montón de bolsas que llevaba sobre la barra de la diminuta cocina.

Jacob tomó posesión del lugar, era pequeño y era obvio de donde estaba todo. Busco platos y cubiertos, sintiendo la mirada de su asistente en su espalda. Quería voltear y decirle que cerrara la puerta, pero se regodeó al saber que ella no le quitaba la mirada de encima.

Cuando por fin reacciono la chica, cerró la puerta con todo y los cinco cerrojos y la cadena, sintió que le quitaron un gran peso de encima.

-Lávate las manos, mientras yo sirvo la cena - le ordenó como si le estuviera pidiendo algo en la oficina. Le encantaba verla parpadear, revoloteando sus largas pestañas negras y que le obedeciera un segundo después.