Capítulo 4
Renesmee despertó sola en su cama, abrazando una almohada. Estaba sola. Jacob Black, La Bestia, no estaba junto a ella. El no había dormido junto a ella, abrazados en esa diminuta cama. Solo había sido un sueño. Jacob no la había besado. Jacob no había ido a su decrepito departamento, con comida lujosa y cara y un delicioso pastel de chocolate. Solo había sido un sueno. Al darse cuenta de que estaba sola tal y como lo había estado toda su vida, se echó a llorar escondiendo su rostro en la almohada.
Por que nadie me quiere? - se preguntó-. Soy tan poca cosa?
-Despierta dormilona, te hice el desayuno. Quieres que te lo traiga a la cama? - susurró una cálida voz en su oído derecho-. Vamos, se enfría tu desayuno - La Bestia, le dio una nalgada juguetona y se alejó de ella.
Renesmee estaba congelada, no había respirado desde que lo sintió a su espalda. La Bestia... estaba ahí! El había dormido junto a ella, abrazados en esa diminuta cama. No había sido un sueño. Jacob la había besado. Jacob había ido a su decrepito departamento, con comida lujosa y cara y un delicioso pastel de chocolate. No había sido un sueño. Era la realidad.
Una sonrisa nació en sus carnosos labios y siguió sonriendo hasta que le dolieron las mejillas. Perezosamente se levantó de la cama y vio que llevaba puesto su pantalón gris de algodón y la enorme y nada halagadora camiseta de la NYU. Cuando llegó al baño, se miró en el espejo y vio que su cabello era un desastre. Vagamente recordaba como Jacob le quitaba la goma, mientras ella se dejaba envolver en los brazos de Morfeo y los de Jacob. Después de hacerse de nuevo una coleta, se lavó la cara y los dientes. La Bestia estaba en su departamento y el era algo así como un semi dios y ella era una simple mortal que acababa de despertar. No podía ducharse y arreglarse, el quería que ya fuera a desayunar. Y ella también lo quería; quería verlo, tocarlo, abrazarlo para saber si era real o producto de un sueño tal y como lo pensó al despertar.
Tímidamente hizo su aparición en la cocina y de inmediato notó que el se había duchado y cambiado la ropa. Llevaba puesto unos jeans azul oscuro y una camisa polo colar gris y tenis Converse.
Se veía alcanzable... y comestible.
-Hola! Dormiste bien? - le preguntó La Bestia cuando cerró la puerta del refrigerador con la cadera.
Renesmee solo pudo asentir, tenia la vista clavada en el bufete que tenia frente a ella, en la barra de la cocina.
-Ven siéntate, no se que te gusta, así que hice huevos, panqueques, también serví fruta he hice jugo de naranja -la ayudó a sentarse en uno de los banquillos frente a la barra-. Te hice café, se que tomas café en las mañanas, he visto tu termo de Betty Boop en tu escritorio - La Bestia sonrió ampliamente, poniéndole una servilleta de tela en el regazo, y Renesmee se pregunto de donde la había sacado.
-Te fuiste - susurró ella mirando la ropa de La Bestia, mientras el le servia jugo de naranja.
-No te enojes... pero mandé traer ropa y unas cosas... Y... usé tu ducha -Renesmee casi se ahoga con el café-. Temí que al regresar no me abrirías la puerta de nuevo.
La chica solo lo miró sin decir una sola palabra, la imagen mental de Jacob desnudo en su ducha estaba echando raíces. Se maldijo por no haber despertado para poder espiarlo.
-Debes comer bien, Renesmee. Estas muy flaca -murmuró sirviendole una cantidad descomunal de comida, que la chica no tenia idea de donde había sacado, ya casi no había nada en la alacena ni en el refrigerador. Al día siguiente le tocaba ir al super-. No estabas así cuando entraste a trabajar. No importa, yo me encargare de alimentarte bien, ya que es mi culpa que estés así.
Renesmee ni se esforzó por negarlo, era la absoluta verdad.
La Bestia desayunó junto a ella en un silencio cómodo. De vez en cuando la tomaba de la mano y depositaba un pequeño beso en el dorso suave y pálido.
La chica no supo ni como, pero se terminó toda su comida, incluso antes que La Bestia.
-Te molesta que me haya quedado? - susurró Jacob terminando de desayunar.
Renesmee negó con la cabeza y se levantó para recoger los platos sucios.
-No te preocupes por eso, yo limpio la cocina, mientras tu ve a ducharte y cuando salgas vemos que hacer.
-Es sábado, los sábados voy a lavar - susurró sonrojándose.
-Lavar que? - preguntó Jacob intrigado, inclinando la cabeza.
-Mi ropa - que mas podía lavar?
-No tienes lavadora?
-Si, esta sobre mi cama, no la viste? - la chica contuvo el aliento. Como pudo haberle dicho algo así?
Jacob entrecerró los ojos disgustado por su propia estupidez, pero Renesmee tomó su gesto como si se hubiera enfada con ella por su chiste.
-Lo siento, no era mi intención. Yo... - se disculpó la chica rápidamente.
-Ve a ducharte y después saldremos.
Una hora después La Bestia y Renesmee salían del feo edificio donde vivía la chica, con costal de ropa sucia y cestos de plástico en mano. El había insistido en cargar el mismo el costal y que ella solo cargara las canastillas donde pondría la ropa limpia y doblada, así como los detergentes.
-Donde dices que lavas la ropa? - preguntó La Bestia caminando junto a ella calle arriba.
-Esta justo a la vuelta - respondió la chica sintiéndose sumamente cohibida, incluso aun mas que la noche anterior.
En silencio entraron al local de paredes color celeste y atestado de juegos de lavadoras y secadoras blancas alrededor de las paredes. Jacob recorrió el lugar con la mirada y no le gustó el aspecto que tenían las personas, que por cierto ni los miraron a ellos. Vio como Renesmee se acercó a la caja y cambió un billete de diez dolares por cuartos de dolar con la mujer latina tras un vidrio antibalas y reja de hierro forjado. Eligió un juego vació y comenzó a sacar del costal la ropa catalogada como blanca, metió la ropa en la lavadora y la cerró, depositó una tapita de suavizante y una copita de detergente en polvo en los espacios correspondientes, después metió unas cuantas monedas en la hendidura correcta y el agua comenzó a llenar la lavadora.
Jacob la miró sorprendido.
-Como es que sabes hacer todo eso? - la pregunta escapó de sus labios.
Renesmee se encogió de hombros y comenzó el mismo proceso en el juego de lavadora-secadora de enseguida, pero con la ropa de color.
-Nunca ha lavado la ropa? - preguntó la chica en un susurro.
-La verdad es que no. Pero si se cocinar... Bueno, de acuerdo, solo se preparar el desayuno.
Ambos se sonrieron y las mejillas de Renesmee se colorearon, luego se dirigió a una de las sillas de plástico azul rey alineadas frente a los aparatos que estaba utilizando. Jacob se sentó enseguida de ella colocando las canastillas en su regazo. La chica se mordió el labio y suspiró audiblemente armándose de valor, se giró en su asiento y lo confrontó.
-Por que esta haciendo esto, señor Black? Tiene una clase de... trastorno? Es... es que he estado pensando y no lo entiendo... apenas ayer a esta hora me estaba gritoneando y ahora...
Bajó la mirada con las mejillas al rojo vivo.
-Se que te debo una explicación... Al principio no era nada personal, a todas mis asistentes las he tratado de igual manera... -hizo un gesto con la mano restandole importancia-, pero contigo se me ha ido la mano y te diré por que. Te elegí a ti para ser mi asistente, por que vi tu fotografía en el currículo... y... me gustaste. Solo por eso te contraté, serias algo bonito que ver en la oficina. Ese fue mi primer error.
Renesmee lo vio con los ojos muy abiertos, mientras La Bestia le hablaba al suelo.
-Pensé que renunciarías a las dos semanas como las demás, te haría una buena carta de recomendación. En realidad esperaba que renunciaras, incluso deseaba que lo hicieras por que no eras solamente algo bonito que ver. Quería hablarte y prácticamente lanzarme sobre ti como lo hice ayer en la noche en la oficina -ambos se ruborizaron ante el recuerdo-. Pero no podía, no debía. Así que comencé a tratarte incluso peor, para no tomar tu carita entre mis manos y besarte. Quiero estar contigo, Renesmee... -Jacob levantó la vista y clavo sus ojos en los de la chica que lo miraba paralizada-. Dame una oportunidad para demostrarte que no soy una bestia. Quiero cuidarte. Si tu no quieres estar conmigo... al menos déjame ser tu amigo. Aceptaré cualquier cosa que me des, pero si quieres... si quieres renunciar ahora que sabes mis sentimientos, te dejare ir. Pero por favor dame una oportunidad, pídeme lo que tu quieras. Solo dame una oportunidad - Jacob tomó las suaves y pequeñas manos de su asistente, suplicándole con la mirada.
La chica tragó saliva y parpadeó tratando de desaparecer las lagrimas de sus ojos.
Era lo mas bonito que alguien le había dicho en su vida, pero en realidad no le creía una sola de esas palabras. Retiró sus manos de las de La Bestia, odiándose por las siguientes palabras que saldrían de su boca.
-No estoy interesada, señor Black.
Jacob sintió como su corazón se rompía en mil pedazos.
-Lo entiendo - se obligó a murmurar lo mas serenamente que pudo.
-Es que... es que se que esto es una prueba o un juego para usted y la verdad no tengo ni el tiempo ni las ganas para esto.
Lo que en realidad quiso decirle fue: no quiero salir lastimada y menos por usted.
-No es una prueba, tampoco es un juego, Renesmee. Se que te sera difícil de creer lo que te dije, pero te juro que es la verdad. No tienes idea de cuanto me afectas, del enorme esfuerzo que hago para no... para no besarte justo en este mismo instante. Dame una oportunidad, solo una. Es todo lo que te pido, al menos déjame ser tu amigo. Te lo suplico, Renesmee - desesperado, Jacob tomo las manos de la chica y las besó con reverencia.
Luego, dejo los canastillos en el suelo para tomar la cara de Renesmee entre sus manos y besarla. Ella se resistió como la noche anterior, pero en el instante en que sus labios rozaron los de La Bestia supo que estaba perdida y le daría cualquier cosa que el le pidiera.
-Por favor, solo... Dame este fin de semana, Renesmee - pegó su frente a la de ella.
-Debo meter la ropa a la secadora - la chica se alejó de su jefe y se acercó a las maquinas, dándole la espalda a Jacob Black.
Sacó cada prenda húmeda la sacudió y la metió a la secadora correspondiente, una por una hasta que las dos lavadoras estuvieron vacías. Metió unas monedas en los compartimientos adecuados y una pequeña toallita suavizante con aroma floral en cada secadora antes de cerrar las puertillas y programar el tiempo de secado. Con todo su ser trató de calmarse y no arrojarse a los brazos de La Bestia, el hombre si que sabia besar. No es que Renesmee tuviera toda la experiencia del mundo en materia de besos, solo había besado a tres hombres en su vida incluyendo a Jacob Black.
Haciendo su tarea dándole la espalda a La Bestia, le sirvió para controlar su respiración y trató de olvidar que el hombre mas atractivo que jamas hubiera visto había pasado la noche en su cama y en este momento la estaba observando.
Tal vez, solo tal vez, Jacob era sincero. Tal vez si quería algo serio con ella, después de todo el había ido a su casa con una espectacular cena y un delicioso pastel de chocolate, no se había quejado sobre la pequeñez de su cama. Si Jacob quería que fueran amigos, lo serian... por ahora.
Jacob vio fascinado como la chica se desenvolvía frente a las maquinas, se preguntaba si algún día ella le ensenaría como lavar la ropa.
Renesmee se giró para verlo, pero no cruzaron palabra. Cada minuto que pasaba La Bestia sentía que moría un poco. Quería a Renesmee con el, quería que ella correspondiera de alguna forma sus sentimientos, o que al menos fueran amigos. Con eso le bastaba, pero no era lo suficiente.
Por algo se empieza, Jacob - se dijo tratando de animarse a si mismo.
-Es en serio... eso de ser mi amigo? - preguntó ella acercándose a el lentamente, casi con miedo. El corazón le latía rápidamente y sus mejillas estaban sonrojadas.
Recuerda, solo amigos, Renesmee. Se prudente.
-Por supuesto -Jacob se puso de pie y la tomo de la mano-. Cualquier cosa que me des, la tomare.
Renesmee asintió desviando la mirada.
Ella no quería ser amiga de La Bestia, ella quería que la besara como la noche anterior, no como el beso de hacia unos momentos. Quería perderse en esos brazos fuertes, quería que su pecho se fundiera con el de Jacob. Pero se dijo que fuera con cautela, tenia miedo.
Cuando alguien en la vida la había querido? Cuando alguien había querido estar a su lado de esa manera? Cuando alguien le había rogado por una migaja? Ese era su papel. Era ella la que siempre había querido algo. Era ella la que siempre había querido estar al lado de alguien. Ella era la que siempre rogaba por migajas.
-Te juro que seré el mejor amigo del mundo - sin poder resistirlo la atrajo hacia el para envolverla en un gran abrazo de oso.
Los amigos se pueden abrazar de ese modo, no?
Los brazos de Renesmee le envolvieron la cintura, hundiendo el rostro en su pecho se llenó del aroma de La Bestia, era un aroma limpio y varonil. Ella nunca había olido nada igual, por que nunca había estado así de cerca de otra persona.
No se separaron hasta hasta que las secadoras comenzaron a pillar, la ropa ya estaba lista.
-Tengo que sacar la ropa de la secadora, sino se arrugara - a regañadientes, Jacob la liberó.
En silencio, la chica sacó su ropa de la secadora y la metió a los canastos para dirigirse a una de las mesas que estaban acomodadas a intervalos de las sillas, sacudió cada pieza y luego la dobló con cuidado y la colocó en los canastillos de nuevo.
-Ya que somos amigos -Jacob comenzó a sacar una blusa de la segunda secadora-, te ayudare.
Renesmee lo miró levantando una ceja.
-De acuerdo.
Lo miró unos instantes, preguntándose seriamente si Jacob tenia un trastorno de personalidad múltiple.
La Bestia era un inútil en la oficina, ni siquiera podía servirse café, así que tan solo unos segundos después supo que no era buena idea que la ayudara. Solo lo dejó sacar la ropa y sacudirla, pero no doblarla. No después de como vio sus doblados, la blusa había quedado hecha bola, totalmente arrugada.
Sip, La Bestia era un inútil en quehaceres domésticos, pero era un tanto adorable verlo hacer el esfuerzo. Se estaba esforzando por ella.
Por ella!
-Esa es toda tu ropa? - cuestionó La Bestia viendo el interior vacío de las secadoras.
-Si, por que?
-No es que... pensé que... tu... Donde esta el resto de tu ropa?
Era muy poca ropa, unos cuantos pantalones, blusas y pijamas.
-En el armario - respondió Renesmee en forma de pregunta. Esa semana había repetido unas cuantas piezas, cambiando solo los accesorios y zapatos.
-Me refiero a... -se acerco a ella- a tu ropa interior. No la lavaste? No usas?
Jacob se moría por ver la ropa interior de su pequeña asistente, aunque no fuera puesta en ella. Su imaginación se encargaría de ello.
Renesmee lo miró aturdida sin saber que responderle. Que derecho le daba preguntarle semejante cosa?!
-No, yo... yo no... - parpadeó repetidamente, revoloteando sus largas pestañas tal y como le gustaba a La Bestia cada vez que le gritaba y la ponía nerviosa.
-No usas?! - su tono se tornó conspiratorio.
-Que? No!
Con diversión, vio como Renesmee abría tanto los ojos que parecía que se le iba a salir y el sonrojo de sus mejillas se extendía hasta su cuello.
-No estoy en contra de ello, al contrario - La Bestia la miró de arriba abajo.
-No veas! - la chica se cubrió el cuerpo con sus brazos como si estuviera desnuda.
-Que voy a ver? Traes jeans y blusa. No soy Superman, osease no tengo visión de rayos x.
La chica bajó sus brazos avergonzada y aun mas roja.
-Lo que quise decir, señor Black, fue que... No lavo aquí esas prendas, ademas no tengo por que decirle ese tipo de cosas... es un asunto privado.
-Para empezar, Renesmee, dime Jacob. Somos amigos, no? Los amigos se dicen por su nombre de pila o incluso por apodos. En segundo... uso boxers briefs - le guiñó el ojo y tomó uno de los canastillos con la ropa limpia y se dirigió a la puerta del local, dejando a Renesmee con la boca abierta y sin aliento.
Hacerle bromas a su nueva amiga iba a ser muy divertido.
