¡Hola a todos! Vengo a subir un nuevo capítulo! Espero que la historia los siga atrapando como al principio. ¡DISFRUTEN!
Este capítulo es corto en comparación con los que venía escribiendo anteriormente. Prefiero cortarlo aquí, ya que si no queda muy "pesado".
Avatar : The Legend of Korra no me pertenece.
CAPITULO XI
Comenzaba un nuevo día en la Nación del Fuego.
La luz se colaba por la ventana de la habitación de Korra, al mismo tiempo que ella despertaba.
La joven de ojos azules se sentó en su cama y escucho un profundo silencio en todo el palacio.
-Aun no ha despertado nadie- pensó la morena.
Korra se volteo para observar al general, quien aún seguía durmiendo y no pudo evitar sonreír. Se veía tan tranquilo, tan lindo.
La joven se incorporó y se dirigió al jardín. El día estaba hermoso y ella no pensaba quedarse en la cama una hora más. Se sentó en el medio del césped y observó, tranquila, el amanecer.
Luego de un par de minutos en esa posición, cuando pudo oír voces a lo lejos, decidió volver a la cocina para desayunar. Allí se encontró con Iroh, quien la estaba esperando sentado para comenzar el desayuno.
-Buenos días.
-Buen día general.
-Las sirvientas están haciendo las compras, y los guardias están en sus propias haciendas, desayunando. No es necesario que me trates formalmente. - le dijo con una sonrisa.
-Me alegra saber eso- se acercó a él para darle un beso en la boca - siento llegar tarde pero estaba entretenida mirand... ¡Espera! ¿Por qué no estabas buscándome como loco?
Ante su repentina pregunta el general no pudo evitar reír.
-Cuando me desperté y no estabas a mi lado me asuste un poco. Decidí calmarme. Por más que me des muchos motivos, no puedo pensar lo peor cada vez que no te veo. Salí fuera y te vi a lo lejos en el césped y no quise molestarte.
-Perdón, tratare de no meterme tan seguido en problemas, aunque sea algo difícil, después de todo soy el Avatar.
La joven se sentó frente al general y ambos comenzaron a desayunar. Cuando terminaron, el joven tomó a la morena por los hombros y la beso. No era un beso cualquiera, era uno desesperado, como si de ello dependiera su vida. Cuando se separaron, la joven de ojos azules preguntó.
-Wow ¿A qué se debe tanta pasión?
- En cualquier momento vendrán las empleadas, además no vuelvo al palacio hasta dentro de dos días.
-¿Qué? - la joven preguntó gritando
-Iba a decírtelo, pero te fuiste antes de que despierte. Tengo una reunión importante. Mi barco parte al mediodía.
-¿Es realmente necesario que vayas? - pregunto la joven mientras abrazaba a Iroh- no quiero estar lejos de ti.
-Lo sé, yo tampoco quiero, pero es lo deber. Hable con Tenzin, me dijo que se quedara un par de días, así que lo invite a quedarse aquí, así estarán más cerca antes de que vuelva a Ciudad República. Vendrá en cualquier momento.
Korra iba a besarlo pero las empleadas entraron a la cocina para acomodar los víveres que acababan de comprar.
-Buenos días - dijeron las señoras al mismo tiempo que hacían su trabajo.
-Buenos días. Debo ir a mi cuarto a preparar todo - dijo el general mientras se paraba - Con permiso.
Iroh entro en su habitación y mientras preparo un pequeño bolso con un par de prendas para el viaje, la joven morena abrió la puerta de su cuarto y se sentó en su cama. El general fijo su mirada en Korra, quien automáticamente reacciono.
-¿Qué? ¿Acaso solo tú puedes entrometerte en los cuartos ajenos sin previo aviso? – bromeo la joven.
-No es eso, me tomaste por sorpresa.
-Además - decía la morena mientras tomaba al general por el cuello - no puedo desperdiciar este momento a solas.
Instantáneamente ambos jóvenes comenzaron a besarse. Pronto se vieron en una situación muy familiar. Iroh sobre Korra. Eso no impidió que siguieran con lo suyo.
Esta vez el asunto pasó a mayores. El general prácticamente había desabrochado gran parte de la camisa de la joven, dejando su abdomen a la vista. Estaba a punto de continuar, pero se detuvo.
-Debo detenerme ahora Korra. Ya sabes tengo mis "necesidades" y no quiero darme rienda suelta.
Korra sonrió. El sabía que ella aún no estaba lista. En verdad era un caballero.
La joven morena se acomodó su camisa y le dio un último beso a Iroh.
-Voy a ver si Tenzin llego, no quiero que nos encuentre en esta situación otra vez.
Korra había bajado justo a tiempo. Tenzin apenas había llegado cuando ella puso un pie en la sala de estar.
-Hola Korra.
-Hola Tenzin. Me alegra que te quedes estos días aquí.
-A mi también, aprovecharemos el tiempo. Por cierto debo hacer un par de cosas en el centro de la ciudad. ¿Me acompañas?
-Claro.
-Eso sí, esta vez estarás pegada a mi todo el tiempo.
La joven le dedicó una sonrisa y luego se dirigió al centro con su maestro.
Ya habían pasado muchas horas desde que habían salido del palacio. Tenzin había visitado cada negocio comprando recuerdos para su familia. El hecho de que sean "famosos" tampoco ayudaba, ya que muchas personas los detenían para hablar u agradecerles.
Cuando la morena se dio cuenta de que era mucho más tarde en lo que había pensado se entristeció. Seguramente el barco de Iroh ya había zarpado. La voz de su maestro la saco de sus pensamientos.
-Bueno, solo queda un lugar por ir.
-Está bien
Caminaron un par de minutos hasta llegar a una casa abandonada.
-Emm ¿Tenzin? - pregunto la joven
-¿Que sucede?
-¿Sabes que esto no es un negocio, verdad?
-Créeme que lo es. Venden antigüedades, pero no les va muy bien, por eso tuvieron que mudarse a esta casa abandonada. Ni siquiera comenzaron a remodelar.
Korra observó el lugar. Mirando más de cerca, la casa no estaba tan mal. Solo le faltaba pintura y algo de cuidado, si bien estaba claro que no había sido habitada en unos meses.
-Escucha - dijo su maestro - Debo ir a un negocio que está aquí a unas cuadras. Yo ya hable con el vendedor. ¿Podrías retirar el regalo por mí? Solo debes decirle que vienes de parte mía.
-Está bien.
Korra entró en esa casa y se sorprendió al notar que estaba bien cuidada por dentro. Pero algo no andaba bien, la casa estaba vacía, no había negocio.
-Tenzin se equivocó
Korra estaba dispuesta a salir cuando un par de brazos la tomaron por detrás y la alzaron en el aire. Comenzó a luchar y dar patadas en el aire, hasta que su captor la hizo girar. Lo próximo que sintió fue como unos labios se estamparon con los suyos. Unos labios que conocía muy bien. Finalmente se separaron y la joven comenzó a hablar.
-Iroh, ¿Y tu barco? – dijo saliendo de su asombro.
- El viaje se retraso, tengo un par de horas. Mande un guardia para que avise a Tenzin, y el organizó este encuentro.
Korra recordó cuando su maestro había entrado a un negocio y tardado mucho. Ella no le prestó atención, ya que estaba harta de caminar de local en local.
-Lograste engañarme, estaba triste porque pensé que ya te habías ido.
Durante las próximas dos horas, los jóvenes quedaron aprovechando su tiempo libre. Terminaron sentados en el suelo. Korra con la cabeza apoyada en las piernas de Iroh, mientras él le acariciaba su cabello.
-Korra, amor - la joven se sonrojo al escuchar como el general se había referido a ella - debo irme. Ya es hora.
-Está bien - la joven se paró y le dio un largo abrazo al general - cuídate... Amor.
Una vez que se despidieron, Korra volvió con su maestro, mientras Iroh se embarco para su viaje.
Cuando por fin zarpo el barco, el general miro como se alejaba de la ciudad con tristeza. Se sentía horrible. No por abandonar a Korra, ya que en un par de días volvería, sino porque no tuvo el valor de decirle la verdad del propósito de su viaje. Planeaba hacerlo, pero cuando la miro a los ojos, no pudo. No quería lastimarla. No tuvo el valor de hablarle sinceramente, de decirle que tal vez (en verdad quería creer que solo era una posibilidad más que una verdad) cuando regresara a la Nación del Fuego estaría comprometido, con otra.
