Hola a todos. Ha surgido un pequeño imprevisto, el cual me permite tener más tiempo libre, que aproveche para subir un nuevo capítulo.
Agradezco mucho sus mensajes, me animan a seguir escribiendo.
AVATAR: THE LEGEND OF KORRA NO ME PERTENECE.
LETRA EN NEGRITA: RECUERDOS.
CAPITULO XII
Pasaron un par de horas para que le dieran la noticia de que habían llegado a su destino.
Iroh respiro profundo antes de salir de su barco. Sabía lo que le esperaba allí fuera. Era inevitable. ¿Por qué ahora? Esa pregunta siempre se repetía en su mente desde el día anterior, el día en que su vida cambió.
Iroh había pasado toda la noche en vela esperando que Korra despierte, pero aún no lo hacía. El médico le había dicho que estaba fuera de peligro, pero él se iba a quedar allí. Quería protegerla. La amaba tanto. Un escalofrío pasó por todo su cuerpo al recordar la escena de Korra desmayada y herida frente a sus ojos.
Alguien tocó la puerta y el general se acercó a la misma para abrirla y encontrarse a Rook
-¿Que haces aquí Rook? - lo último que quería era saber de él en ese momento. El general lo pensó bien y decidió calmarse, no era momento para una escena de celos. No si la mujer que amas está en una cama a causa de un ataque. - Lo siento, no quise tratarte mal.
-Está bien general. Vine para entregarle esta carta. La persona que me la dio dijo que era muy urgente. Pregunte por usted y las criadas me dijeron que no se movió de aquí. - termino de decir el joven para luego extender su mano y darle la carta al general. - Por cierto ¿Cómo está? - preguntó mirando a Korra
-Está bien. El médico dijo que sólo necesita reposo. Gracias por preocuparte. - dijo posando una mano en su hombro. Definitivamente ese era el gesto más amigable que había tenido con él.
-No es nada. Si me disculpa, debo retirarme. Adiós.
-Adiós Rook.
Una vez que el joven se fue, Iroh se sentó nuevamente al lado de la cama de la joven. No iba a separarse de allí. Miró abajo, hacia la carta en su mano. La dio vuelta y se estremeció. Tenía el sello del comité de sabios de la nación del Fuego. Rápidamente abrió la carta, sin tener idea de porque la recibía, y cuando vio esa firma al principio de la misma sintió que si vida se derrumbaba.
La carta finalmente había llegado. La carta a la que le había tenido toda su vida, la que informaba que era hora de cumplir el pacto que su familia había arreglado.
Todavía recordaba cuando, a sus 15 años, su madre le había dado la noticia de que debía casarse. El inmediatamente rechazo la idea. Siempre supo que por pertenecer a un sector acomodado de la ciudad le sería inevitable un matrimonio arreglado, era una costumbre. Pero una parte de él quería creer que existía la posibilidad de evadir eso.
Las palabras de su madre vinieron a su cabeza. Es tu destino y debes asumirlo. Debes honrar a tu familia y a tu nación. Vas a casarte con Shei.
Shei Thok, era hija única. Su padre era un gobernador de una pequeña zona en la nación del Fuego. Ambas familias veían un gran potencial en su unión. Acordaron que una vez que se casaran, Iroh defendería al pequeño pueblo de los delincuentes, quienes no paraban de aumentar. La familia del joven estaba más que honrada.
En ese momento, hizo lo que acostumbraba a hacer cada vez que peleaba con sus padres o se sentía solo. Iba a una pequeña casita en el bosque que habían mandado a construir solo para él. Se descargo en un pequeño cuaderno que poseía y se quedaba en su cama. Deseando ser otra persona. Una persona común, sin sus obligaciones.
Finalmente el tiempo había pasado. Ambos ya eran grandes. Iroh ya había pasado los 30 años y Shei también, ya que por más que él nunca la conoció personalmente, cuando hicieron el compromiso ella tenía sólo un año menos que el.
Iroh no pudo hacer otra cosa que llorar y repetir esa pregunta ¿Por qué ahora? Ahora que su vida tenía un nuevo rumbo. Que estaba con mujer que más amaba en el mundo.
El general tomo la mano de la morena y la acarició. Era tan perfecta. No quería perderla. Se odio a sí mismo cuando imagino la reacción que tendría Korra al saberlo. No quería herirla. En verdad no quería.
Iroh guardo la carta en el bolsillo y se dirigió al baño a lavarse la cara. Cuando volvió a sentarse, finalmente Korra despertó. El no le dijo nada acerca de su compromiso. No era momento. Solo debía descansar. Ya habría tiempo para eso.
El general fue escoltado hasta un enorme palacio digno de un gobernador. Una vez allí fue llevado directamente con su suegro.
-Iroh tanto tiempo sin saber de ti. Solo te conozco por los retratos que me enviaban tus padres. - dijo el gobernador estrechando su mano.
-Gobernador es un honor - dijo el general haciendo una reverencia
-Oh vamos, pronto seré tu suegro. Llámame por mi nombre. Ye. Ahora, sin más distracción te presentaré a mi bella hija. Seguro debes estar emocionado por esto.
-Si- dijo el general intentando sonreír. No le importaba. Por más hermosa que fuera nunca le ganaría a Korra. Ella era especial.
Finalmente en la sala se presentó una joven de estatura alta, flaca, con cabello Negro y ojos marrones. Su padre tenía razón. En verdad era muy bonita, aunque eso no quitaba sus sentimientos hacia la morena de ojos azules. La joven de ojos marrones se acercó al general para darle la mano.
-General, soy Shei, es un placer. - se notaba que la joven estaba muy nerviosa.
-Llámame Iroh. Es un placer conocerla Shei.
Cuando terminaron de presentarse Iroh y Ye se reunieron en un salón más privado. Allí pactaron las reglas de su compromiso.
-Como verá Iroh, ya me queda poco tiempo. Necesito asegurarme que alguien defenderá a mi pueblo. Estaría muy honrado de que sea usted. Durante toda su infancia su familia me ha hablado de ti. Quede muy impresionado. Usted será un gran esposo para mi hija y un gran gobernador de esta pequeña ciudad, la cual viene de mal en peor. La delincuencia está aumentando. Confío en que hará un buen trabajo.
-Gracias Ye. - dijo sin emoción alguna el general.
-Bueno, tengo entendido que está lidiando con un problema con un grupo de gente. No quiero presionarlo. Cuando resuelva ese conflicto podrá casarse con mi hija.
-Claro - Por primera vez el general deseo que el conflicto siguiera por años. Todo con tal de no casarse.
-Oh casi lo olvido. Ya sé que los tiempos han cambiado y que es algo muy antiguo, pero en verdad me encantaría que le diera un collar de compromiso a mi hija.
-No se preocupe. Será todo como usted ordene.
Cuando por fin termino la reunión, Iroh se dirigió a uno de sus guardias.
-Quiero que busques al mejor artesano de la zona y le encargue un collar de compromiso. Debe ser muy bello.
-Si señor.
El general se dirigió nuevamente al palacio de su prometida. Su suegro, odiaba esa palabra, lo había convencido de hospedarse allí. Tenían muchas habitaciones libres.
La cena transcurrió igual que su reunión. Iroh solo hablo con el padre de Shei, ya que ella no decía una sola palabra. Cuando la comida termino el general se fue dormir. Logró conciliar el sueño hasta que, un par de horas luego, el ruido de su puerta lo despertó.
-¿Shei? ¿Que haces aquí? - preguntó el general al ver a su prometida a esas horas de la noche despierta.
-No aguantaba más- término diciendo la joven para luego plantearle un beso en los labios al general, quien la separo al instante. - Shei, ni siquiera me conoces.
-Pero vamos a casarnos pronto. Se supone que debemos besarnos. Además me pareces muy guapo. - dijo esto último con un leve sonrojo - Se que no me amas y yo tampoco lo hago aun, pero tenemos que darnos la oportunidad de conocernos. Así podremos enamorarnos.
-Shei, yo- el general no sabía que decir para salir de esa situación.
-Ya lo entiendo. Te estoy presionando. Lo siento. Sé que estarás aquí un solo día y quería aprovechar esta situación. Pero supongo que ya habrá tiempo para eso. Lo siento.
Una vez que la joven se retiró, Iroh se desplomó en su cama. Odiaba su compromiso, pero no podía anularlo. Estaba firmado por ambas familias, y lo más importante, los sabios de la nación del Fuego, quienes veían gran futuro en su unión. Nunca sería capaz de convencerlos de lo contrario.
Un par de lágrimas cayeron por su mejilla antes de quedar dormido de nuevo.
Luego de cuatro días completos allí, Iroh finalmente se encontraba en el barco de vuelta al palacio. No sabía cómo su suegro lo había convencido de quedarse más tiempo allí. Tiempo que paso más con el que con su prometida, para su suerte. Uno de los pocos momentos que habían tenido a solas fue cuando él le entregó el collar que había mandado a hacer. Era hermoso. Predominaba el color rojo y dorado. Una fina cinta color bordo lo sostenía. Era una obra de arte. Shei quedo encantada con él y le dio un abrazo y un beso, que el general corto a los pocos segundos para que no sospechara. El no podía decirle de su relación con Korra. Seria todo un caos. Además de ser movido del caso de los rebeldes, su suegro y los sabios prohibirían definitivamente que estén cerca. Las reglas de los compromisos son muy claras, y más uno tan importante como el suyo.
Iroh observaba el mar mientras pensaba en la manera de decirle todo a Korra. En un par de horas estaría de regreso. Finalmente había llegado el momento.
