Escenas Extras

Renesmee se dejó caer en el viejo sofá de su ratonera y miró a su alrededor. Ni pintando y decorando el lugar con los muebles del palacio de Versalles esa ratonera se vería bien, pero era todo lo que se podía permitir. Había visto un montón de apartamentos en la ciudad antes de graduarse, pero eran una autentica caja de zapatos y el alquiler era el doble del que pagaría por la ratonera.

Hacia una semana que se había graduado de la NYU y ese mismo día en lugar de ir a celebrar como el resto de los estudiantes, entregó currículos en todas las agencias de publicidad de la ciudad, ataviada con su ropa de segunda mano, una falda negra de tubo hasta la cintura y una blusa blanca de botones pulcramente planchada y fajada; de accesorios un par de aretes de perla y un collar doble de la misma gema que le habían costado un ojo de la cara. Cinco dolares completos en esas chucherías, pero al menos no parecían collares de la tienda de 99c. Sus zapatos rojos también eran de segunda mano y esos si habían sido una ganga, tres dolares en el Salvation Army y eran Nine West. Genial, no?

Su apartamento se había comido todos sus ahorros, así como los cachivaches que había comprado: una cama, un espejo, un sofá, un sarten y una olla, un juego de cubiertos y platos, vasos y tazas. Y por supuesto comida.

Ahora solo faltaba esperar a que la llamaran de alguna agencia, si no llamaban en una semana pediría trabajo en la cafetería que había a unas calles, o en el restaurante mexicano que estaba junto a la estación del metro.

Pero no tuvo que pedir trabajo de mesera, a la mañana siguiente recibió una llamada en el teléfono que apenas si servia de la ratonera.

-Hablo con Reismah Dwyer?

-Ah... si ella habla, pero es Ruhnezmay.

Quien en el mundo le había dicho que se pronunciaba de esa manera? Era la historia de su vida. Espera, ella misma lo pronunciaba de la manera correcta? Quien sabe, las únicas personas que le resolverían esa duda serian sus padres, pero ellos la habían abandonado al minuto de nacida.

-Ah, lo siento, no sabia como se pronuncia. Soy Embry Call de Recursos Humanos de la agencia de publicidad K.B & Asociados, dejaste tu currículo la semana anterior.

-Si, claro - su corazón latía desenfrenado.

Por favor que me contraten aun que sea para limpiar los baños, por favor, por favor.

-De momento no estamos contratando asistentes de cuenta y tenemos llenos los puestos de internos.

Dios, no! Me llaman para decirme "gracias, pero no gracias". Eso es peor que no llamarte en absoluto.

-Oh, de acuerdo... - trató de que su voz no se quebrara como su corazón.

-Pero tenemos una vacante... No se si te interesa.

-Si, por supuesto!

-Pero no es nada de lo que solicitaste - Embry murmuró dudosamente. Esa pobre chica no le había hecho nada y el la iba a enviar a la cueva del lobo... O en ese caso... una bestia.

-No importa, solo dígame cuando y a que hora me presento.

Embry soltó una pequeña carcajada pasandole su angustia, ella se lo había buscado. No sabia en lo que se metía y menos cuando La Bestia la pidió específicamente a ella.

Pobre chica.

-Te parece bien mañana a las ocho de la mañana?

-Si, perfecto.

-Cuando llegues dile a Maggie la chica de recepción de la empresa que Embry y Quil de Recursos Humanos te esperan y ella te llevará con nosotros. En la recepción del edificio te estará esperando un pase de visita. Lo tienes?

Pase de visita.

Maggie.

Quil. Embry.

Recursos Humanos.

-Si, claro.

-Entonces nos vemos mañana, Renesmee.

-Si, señor... - que nombre dijo?

Call! Embry Call.

Lastima que lo recordó ya cuando la llamada había terminado.

Tenia un trabajo! K.B. y Asociados había llamado!

Oh, cielos, que iba a ponerse?

Con el ceño fruncido Jacob La Bestia Black revisaba los currículos de los nuevos y recién graduados aplicantes. Era la cosa mas tediosa del mundo, pero tenia que tener internos nuevos, asistentes provisionales y el mismo tenia que aprobar a los nuevos reclutas. Todo era lo mismo de siempre: calificaciones mediocres, el hijo del amigo de fulanito, aplicantes que ni siquiera se habían graduado en Publicidad o Relaciones Publicas. Chicos con cara de hijos de papi, chicas con demasiado maquillaje, unos demasiado creativos con su apariencia que no le darían confianza al cliente... hasta que...

Un par de ojos color chocolate lo miraron desde la pequeña fotografía tamaño infantil a color. Largos rizos de un extraño y hermoso color cobre brillaban sobre sus hombros y una diminuta sonrisa curvaba los labios rojos mas apetitosos que jamas había visto. Su cara era hermosa y sus rasgos delicados. Quien era esa chica y por que estaba pidiendo trabajo? Lucia muy menor.

No, cumpliría los veintidós en septiembre, recién graduada de la NYU como la segunda de su clase. Vaya.

La dirección que venia en el currículo era en Queens, no tenia cara como de una chica de Queens. Debería de estar en algún retrato antiguo en el Louvre o posando para la Seventeen.

Pero... por que lucia tan triste?

Por que sus ojos a pesar de estar brillando lucían tan, pero tan tristes? Tal vez por eso brillaban, por que estaba triste y eran lagrimas lo que los hacían brillar.

El quería que sonriera o borrar las lagrimas de sus mejillas con un beso.

Espera, espera un maldito segundo.

En que mierda estoy pensando?!

Que diablos es esto? Es decir... Que?

Ella... ella solo es una chica, una chica mas.
No tenia tiempo para chicas y mucho menos una niña como ella. Una niña de hermosos ojos tristes.

Al menos tenia que conocerla, ver en persona si es tan linda como en la fotografía. Tenia que serlo. Debía serlo y la quería para el. Bueno, al menos como su asistente, pero para que lo fuera tenia que deshacerse de la que tenia actualmente, aunque eso no seria problema. Las asistentes no le duraban mucho en los últimos meses y no tenia idea de por que.

La paga era buena, el espacio laboral era bueno. No entendía.

Jacob marcó la extensión de Recursos Humanos de K.B & Asociados -no había ningún otro asociado, el era el dueño absoluto, solo había sido una estrategia, los empleados trababan mejor cuando creían que había entres oscuros vigilandolos tras bambalinas- y pidió que le encontraran una nueva asistente, pues la que tenia acaba de renunciar.

-Otra? - preguntó Embry masajeando sus sienes. La Bestia lo iba a venir matando un día de estos.

Que creía? Que las asistentes crecen en los arboles? Cada mes lo mismo y en ocasiones ni el mes le duraban.

-Si, solo había una carta de renuncia inmediata en mi escritorio esta mañana -gruñó Jacob al teléfono-. De los currículos que vi el otro día... llama a R-E-N-E-S-M-E-E Dwyer, acaba de graduarse de la NYU. Es la mas apta.

-Si, señor, Black - respondió Embry con un suspiro y ambos cortaron la llamada.

Buscó entre las carpetas de los aplicantes aprobados por los dueños y encontró a la chica Dwyer. Dios, se veía tan pequeña... La Bestia la iba a tragar y escupir en menos de una semana.

.

Renesmee trató de sonreír y no lucir nerviosa cuando Quil le tomó una fotografía para su nueva y reluciente tarjeta de identificación en las oficinas de seguridad del edificio. Quil le había mostrado la empresa y firmó su contrato de trabajo para ser asistente de Jacob Black gerente de Ventas y uno de los socios. Ella pensaba que seria cualquier cosa menos la asistente de quien en la oficina llamaba La Bestia. Lo decían como si nada, como su fuera un sobrenombre común y corriente, pero le advirtieron que no le dijera así en su cara o que no la escuchara.

Pero ella nunca llamaría de esa manera a su jefe, quien creía que era?

Subieron de nuevo a K.B. y Renesmee no dejaba de ver su tarjeta que colgaba de un lindo clip en la solapa de su saco con lazo retráctil.

Se sentía adulta.

En sus cientos de trabajos de medio tiempo anteriores solo tenia una placa con diversos nombres inventados, por que la gente no sabia pronunciar su nombre y sus jefes ni se molestaban en hacerle una placa con su nombre extraño. Así que habia sido Jennifer, Karla, Romy, Veronica, Paola, Paulina, Victoria...

Pero su nueva tarjeta... Oh, su nueva tarjeta decía:

K.B. & Asociados.

Renesmee Dwyer.

Asistente Ejecutiva - Ventas.

Tenia su fotografía; era hermosa, brillante y de grueso plástico con un código de barras en la parte posterior así como una linea negra. El código era para poder pasar a los ascensores del edificio y la barra negra para poder entrar a K.B. si las puertas de vidrio estaba cerradas.

Aun le costaba un poco creer el sueldo, pero con todos sus gastos y deudas estudiantiles dudaba que algo le quedara de cada cheque. Ahora tenia un trabajo y eso es lo que importaba.

Pero cuando vio a su jefe no estaba tan segura de estar feliz por ello. El era alto, moreno, serio, intimidante. Parecía no sonreír nunca y ahora entendía por que lo llaman La Bestia y su mirada estaba solo enfocada en ella. La miraba como un cazador a su presa y estaba comenzando a sentir miedo, no, pánico. Ese hombre, Jacob Black, era su nuevo jefe y ya le estaba gritando sin siquiera haber cometido un error, excepto tal vez el haber firmado un contrato de trabajo.

.

Tocaron a la puerta de La Bestia y Quil de RH asomó la cabeza.

-Señor, esta es Renesmee Dwyer, su nueva asistente.

Jacob levantó la vista de la computadora y su corazón se aceleró cuando miró directamente a los ojos color chocolate de la chica. Dios, ella era pequeña. Era casi del tamaño de su amiga Alice. Pero era muy hermosa y se veía que estaba nerviosa. Si, ella saldría corriendo en cuanto el le dijera algo como que era muy linda o una mierda como esas.

Así que prefirió hacer lo que ha hecho con todas sus asistentes: ladrarle un montón de ordenes -y no fijarse en su delicado cuerpo, sus largos risos, su piel de alabastro, sus finas manos, sus carnosos labios rojos. Mierda, sus labios eran apetitosos y quería probar su textura con la lengua-. Casi le gritó que hora debería de traerle el café, a que hora llegar, a que hora irse -cuando el lo hiciera-, los documentos que tendía que hacer, las llamadas, los correos electrónicos, los clientes con los que debería interactuar, cual era su lugar en las reuniones.

La atosigó con detalles que no eran necesarios en ese momento y vio como parpadeo la chica. Sus pestañas revolotearon sobre sus parpados y solo asintió como si hubiera captado todo aquello.

Mierda, eso era lindo. Lucia linda nerviosa, sus pestañas eran negras y largas; trataría hacerla sentir de esa manera para verla hacer de nuevo ese gesto, pero para hacerlo tendría que ser como lo llaman en cuchicheos: una bestia.