¡HOLA! ¿COMO ESTAN TODOS? AQUÍ SUBO EL CAPITULO XV. CADA VEZ FALTA MENOS PARA EL FINAL…. ESPERO QUE LO DISFRUTEN… SALUDOS

AVATAR: THE LEGEND OF KORRA NO ME PERTENECE

CAPITULO XV

Durante el camino hacia el palacio Korra y Shei no hablaron de sus vidas personales. Shei estaba maravillada, como alguna vez también lo estuvo Korra, con el paisaje de la ciudad y la morena se dedicaba solamente a mostrarle algunos lugares bellos y hablarle acerca de las personas de allí. Lo único que Shei reveló de su vida privada es que era de una parte alejada de la nación del Fuego, un pequeño pueblo. Ambas jóvenes caminaban a la par, ya que el padre de Shei, quedo en total desventaja debido a su edad.
-Un collar de compromiso, hacía mucho tiempo que no veía uno.- dijo la morena reparando en el colgante de la morocha.
-Oh si - respondió Shei tocando su cuello - es que mi padre quiso que tuviera uno y convenció a mi prometido de que me lo diera. A veces puede ser muy persistente.
-Es muy bello... Por cierto ¿Quien es tu prometido?
Shei estaba a punto de contestarle cuando su padre irrumpió en la escena.
-Podrían tener un poco de consideración - dijo el anciano muy agitado. Claramente había corrido hasta alcanzarlas - aunque por fuera no lo parezca, ya no soy tan joven. Ante tal comentario ambas chicas comenzaron a reír.
Korra estaba encantada. Tanto Shei como su padre eran personas muy agradables. Daba gusto platicar con ellos. No entendía como Iroh se quejaba de las personas que iban a su fiesta.
-Bueno. Llegamos - dijo la morena. No recordaba cuando es que habían caminado tanto, de seguro se entretuvo con Shei y no se dio cuenta.
-Wow - exclamó Shei - es hermoso.
- Ven, entremos - dijo la morena tomando a la morocha por el brazo.
Una vez dentro Korra llamo a Iroh. Debía saber que ya habían llegado algunos invitados. Pero cuando el general bajo quedo paralizado. Su cara estaba más pálida que de costumbre. La joven no entendía por qué.
-General Iroh - era hora de disimular en presencia de las personas - me encontré con unos invitados y los ayude a venir aquí. Si me disculpan debo ir a mi habitación.

Korra subió a su habitación y cuando se escucho el ruido de la puerta, inmediatamente Shei abrazo a Iroh por los hombros y lo beso. El general agradeció que Korra no estuviera ahí y rápidamente la separo.
-¿Que haces aquí? - pregunto desesperado.
-¿Que crees que hago? Soy tu prometida. Vengo a celebrar tu cumpleaños.
-Tienes razón. Es que no te esperaba tan temprano. - termino diciendo el general para que no sospechara.
-¿Puedes mostrarme el palacio?
-Claro. A ti y a tu padre.
Iroh había aprovechado el deseo de su prometida para evitar que se cruce con Korra. Una vez que le había mostrado el palacio, llevo a ambos a recorrer la ciudad. Finalmente cuando estaba oscureciendo Shei y su padre fueron a la casa donde se alojaban y el general regreso al palacio. Dentro de unos cuantos minutos llegarían las personas.
Iroh estaba nervioso. No sabía cuánto tiempo más podría contener la situación.
Apenas entro a la sala de estar observó a Korra quien estaba bajando las escaleras. Tenía puesto un hermoso vestido largo color celeste cielo que no hacía más que resaltar su piel y ojos. El vestido se ajustaba perfectamente a su figura, resaltándola. Estaba hermosa. Iroh quedo sin palabras, cosa que la morena notó.
- ¿Tan mal luzco? - pregunto algo preocupada.
-Luces absolutamente hermosa. - dijo el general para luego darle un beso. Pronto terminaron en el sofá. Korra sentada sobre las piernas de Iroh. Cuando la morena intentaba separarse para respirar o por si llegaba alguien, Iroh la abrazaba y volvía a besarla. En verdad debía aprovechar eso. Podría ser una de las últimas veces que la bese.
-Iroh, están las criadas. Nos verán.
-Vamos - el general tomo a la joven del brazo y la guió hasta su habitación. Cerró la puerta con llave y siguió con lo que estaba haciendo. Esta vez, terminaron en la misma posición pero en la cama. Korra se dejaba llevar por los besos del general. Poco a poco la ropa comenzó a incomodarles. Iroh bajo el cierre del vestido de la morena hasta la parte baja de su espalda. Para sorpresa del general, la joven no se había quedado atrás. Había desabrochado por completo su camisa, dejando a la vista su torso marcado.

Korra estaba disfrutando a pleno. No recordaba cuando la situación había llegado a tanto, pero ahora estaba allí. Con Iroh luciendo su torso perfectamente marcado y ella, con el cierre bajo del vestido. La morena metió la mano en la camisa de su novio y comenzó a acariciar su cuerpo. Iroh, por su parte, había logrado bajarle ambas tiras del vestido.
Un golpe en la puerta corto el momento. Korra estuvo a punto de gritar del susto. Había olvidado el ambiente que la rodeaba.
-General ya llegaron algunos invitados.
-Esta bien - dijo de mala gana.
Korra estaba dispuesta a pararse cuando el general la tomó del brazo haciendo que se sentara nuevamente.
-Iroh ya escuchaste. Debes ir a recibir a -
-Ven conmigo.
-¿Que? - la morena estaba confundida.
-Vámonos de aquí. Yo odio estas fiestas. Lo único que necesito es a ti. Escapamos por la ventana. Conozco un lugar donde nadie nos encontrará.
La morena estaba sorprendida. Nunca le había dicho algo así. Una parte de ella decía que debían quedarse para no levantar sospechas. Pero otra parte quería ir. Ella iría a donde sea con él. Con tal de estar solos. Sin preocupaciones.
-Iroh, debes ir. Es tu fiesta. - dijo finalmente haciendo caso a su lado lógico. - Es solo una cena.
-Está bien. Quiero que me prometas algo.
-¿Que cosa?
-Luego de esta cena vendrás conmigo. No importa lo que pueda pasar luego.
-Está bien.
-Hey - dijo el general tomando a la morena por el mentón - Sabes que te amo ¿No?
-Si, lo sé. Yo también te amo.
Iroh se arreglo su camisa y bajo recibir a los invitados. Korra acomodo su vestido y luego de unos minutos hizo lo mismo.

La fiesta era demasiado aburrida. La morena estaba acostumbrada a la acción, pasarla bien con amigos. Esta fiesta era todo lo contrario. Solo un grupo de personas de la realeza platicando acerca de sus propiedades y de la vida llena de lujos que tenían.
Korra estaba cerca de la pequeña casa donde se encontraba Rook, en la parte delantera del palacio. Estaba caminando sigilosamente cuando una voz la detuvo.
-¿Acaso el Avatar está escapándose? - preguntó el joven de ojos verdes.
-Sí. En verdad odio está fiesta. La gente solo se dedica a presumir de lo que tienen. Sin mencionar que todos quieren hablar conmigo para establecer una relación.
-¿Ser el Avatar es difícil, no? - pregunto irónicamente.
-Tú harías lo mismo si estuvieras en mi situación.
Ambos jóvenes platicaron durante unos minutos, hasta que Rook convenció a Korra de volver a la fiesta.

Korra regreso a la fiesta justo a tiempo para escuchar un discurso. El padre de Shei estaba hablando frente a todo el público. Dedicándole unas palabras al general. La joven de ojos azules se dispuso a escuchar atrás de un arbusto. No quería ser vista nuevamente por las personas.
"Estamos aquí para celebrar el cumpleaños de Iroh. Un hombre que con su valentía y honor va a sacar adelante a la nación del Fuego. Por Iroh... Mi futuro yerno"
Inmediatamente todos repitieron en un coro "por Iroh". Todos excepto Korra. La morena estaba incrédula aún de las palabras que había odio. Sentía ese dolor, parecido al que sintió por su situación con Mako, pero más profundo. No era posible. Iroh no era así. No podría haberle hecho algo así. No a ella. No él. Pero... ¿Shei? ¿Por qué el general se había puesto así apenas la vio?
La joven recordó el comentario que le había hecho a la morocha, acerca de su collar. Era cierto.
Sintió como varias lágrimas caían por su mejilla. Junto fuerzas y salió corriendo de allí. Los guardias estaban celebrando o en sus propias haciendas. Nadie vio como huía.

Luego de varios minutos, la joven se detuvo en un pequeño bosque. No sabía cómo había llegado allí. No importaba. Se desplomó sobre el césped y lloro como nunca lo hizo. Muchos recuerdos venían a su cabeza. Recuerdos de sus momentos felices con Iroh, incluso con Mako. La joven comenzó a sospechar que tal vez, no está hecha para el amor. Siempre que confiaba en alguien, este la decepcionaba. Se sentía horrible. ¿Iroh también había jugado con ella? ¿Por qué no podía ser amada? ¿Ser feliz?
Korra siguió llorando hasta que quedo dormida.
Una mano sobre su cabeza, la despertó. La joven abrió rápidamente sus ojos.
-¿Rook? ¿Que haces aquí?
-Me duele verte así. No quiero que sufras.
-No estoy sufriendo. Solo me fui porque me harté de la fiesta.
-Korra... Escuche el anuncio... Sé que estas aquí porque Iroh va a casarse. Sé que están juntos.
-¿Cómo lo supiste?
-No eres muy buena ocultando tus sentimientos. Siempre que te preguntaba sobre su relación te ponías nerviosa. Está bien. No tienes que fingir conmigo. No le diré a nadie.
La joven abrazo a su amigo. Se recostó sobre su hombro y nuevamente lloro. Rook acariciaba su espalda intentando, en vano, consolarla.
-Nadie tiene derecho de hacerte llorar de esa manera. Sería capaz de enfrentarlo.
-No es necesario. Podría hacerlo yo misma, pero patearle el trasero no hará que mi angustia se vaya.
-Pero yo se que si puede lograrlo. - dijo el joven parándose y extendiendo su mano a Korra - acompáñame, quiero enseñarte un lugar.
La morena no lo dudo y se fue caminando con el joven. Luego de unos minutos llegaron a un bosque. Lo atravesaron y al final de este descubrieron un pequeño lago. Lleno de flores y luciérnagas que comenzaban a brillar.
-¿Que te parece?
-Sin duda es el lugar más hermoso que he visto.
La noche no tardó en presentarse.
Ambos jóvenes charlaban acerca de cualquier cosa. Rook tenía distraída a Korra. Ya no lloraba, aunque estaba apagada.
-Korra.
-Dime.
-Tengo un obsequio para ti.
El muchacho saco del bolsillo de su pantalón una cajita de madera, la cual abrió, dejando ver así un brazalete con un pequeño dije color celeste.
-Es hermoso. Pero no sé si podré aceptarlo – el collar parecía ser muy valioso.
-En verdad me haría muy feliz que lo lleves contigo a todos lados.
-Está bien.
El joven coloco el brazalete en la muñeca de la morena, quien luego le dio un abrazo.
-Gracias, en verdad. Siempre estás ahí para mí.
-Siempre lo estaré.
Luego de un par de minutos decidieron volver al palacio.

Korra se encontraba frente a la puerta principal. Junto valor y la abrió. Allí se encontró con el general, Shei y su padre. Solo estaban conversando, pero la morena ya sabía acerca de su relación.

Una vez que los invitados se fueron, Iroh se dispuso a buscar a Korra a quien había visto escapar varias veces de la fiesta. Ni la culpaba. El haría lo mismo de no ser que las personas notarían su ausencia ya que era el homenajeado.
-¿A quién buscas? - preguntó Shei.
-A ti. Supongo que debes irte a tu posada. Es algo tarde. Pronto oscurecerá. - en verdad quería que se vaya. Deseaba estar a solas con Korra.
-Si pronto me iré. Pero me gustaría tomar el té contigo y mi padre antes. De todas formas me quedare un par de días más.
-Está bien - término cediendo el general. En verdad no tenía otra opción.
Prepararon una pequeña mesa en la sala de estar y sirvieron te con aperitivos. La conversación era la misma de siempre. La boda, el trabajo.
A medida que oscurecía aumentaba la preocupación del general. ¿Y si le había sucedido algo a Korra? No ella era fuerte.
En ese instante la puerta se abrió y Korra entro al palacio.
-Oh Korra. ¿Nos acompañas? - preguntó Shei.
El general estaba nervioso. Korra levanto la cara para mirar a Shei. Algo andaba mal. Tenía los ojos hinchados, como si hubiera ¿Llorado?
-No gracias, estoy cansada. - contesto la morena mientras se dirigía hacia su cuarto. Pero antes de subir las escaleras termino por decir - Por cierto, felicidades por su compromiso.
Iroh se levantó automáticamente al escuchar esas palabras. No podía ser posible. No debía enterarse de esa forma.
-¿Que sucede? - pregunto Shei
-Debo hacer algo urgente. Espero que no te moleste.
-No, está bien. De todas formas ya me iba.
Iroh rápidamente despidió a Shei y su padre. Luego se dirigió corriendo a la habitación de Korra, intento abrir la puerta pero estaba cerrada.
-¡Korra! - golpeó la puerta con desesperación - Abre la puerta.
-Vete Iroh, quiero estar sola - respondió la joven.
-No me iré de aquí. No hasta explicar todo. No quise que sucediera de esta manera. Lo juro. Te amo. Por favor abre la puerta.
No hubo respuesta alguna por parte de la morena. Iroh apoyo su cabeza sobre la puerta de Korra y cayó de rodillas al suelo. El silencio invadió el palacio. Desde su lugar, Iroh podía escuchar claramente los sollozos de la morena. Lentamente, el también comenzó a llorar.