Hola. Me las he ingeniado para encontrar tiempo libre y subir capitulo/s (creo que serán nuevamente dos). Son capítulos que ya tengo armados y leídos más de 100 veces. Aprovecho para subirlos todos juntos.
AVATAR: THE LEGEND OF KORRA NO ME PERTENECE
CAPITULO XVI
Korra despertó temprano. Se levantó de la cama y fue al baño. Cuando se miró al espejo se sorprendió. En verdad lucia fatal. Tenía los ojos rojos e hinchados de tanto llorar. La joven se dio un baño, intentando despojarse de sus pensamientos, pero era inútil. Estos volvían a atacarla.. Ella en verdad creía que Iroh era... Especial. Sin darse cuenta comenzó a llorar de nuevo.
Cuando la joven termino de bañarse se recostó sobre su cama mientras lloraba. Cuando levantó el brazo para limpiarse lágrimas noto el brazalete que le había regalado Rook. En su momento no se había dado cuenta, pero la gema era casi del mismo color celeste que sus ojos. Por primera vez en horas, la joven esbozo una pequeña sonrisa. Era agradable saber que no estaba sola. Tenía a un buen amigo con ella.
El general despertó muy temprano a causa de un dolor de cuello. Luego de haber despertado y observado su postura era más que obvio la razón de su malestar. Se había quedado dormido frente a la puerta de Korra.
Iroh se levantó de allí y se fue a su cuarto. No quería que la morena lo encuentre frente a su puerta. Estaba más que claro que no quería verlo.
El general se derrumbó sobre su cama mientras pensaba. En verdad se odiaba a sí mismo. Había perdido a una mujer maravillosa. A la mujer que realmente amaba. Por la que daría todo. Si tan solo le hubiera dicho del compromiso. Te vez ella hubiera entendido. De todas formas, ya era tarde. Korra estaba llorando. Y la culpa era solo suya.
La joven avatar despertó con los primeros rayos de luz de la mañana. Se había quedado dormida de nuevo. Su estómago reclamaba comida. Pero eso significaba bajar a desayunar. Con Iroh.
-Déjate de tonterías Korra. Tú eres fuerte. No puedes morir de hambre por él. No lo merece - trataba de convencer a su corazón de ello.
La morena, después de pensarlo unos cuantos segundos, se dispuso a bajar las escaleras. Cuando entró a la cocina, tal como lo había imaginado, de encontró con el general y las criadas. No importaba cuan dolida estaba. Debía fingir.
-Buenos días - dijo. No sabía de dónde había sacado fuerzas para hablarle.
Inmediatamente Iroh levantó la vista y se quedó observándola. Korra agachó la mirada. No podía soportar eso.
-Bueno días señorita Korra - dijo la criada.
-Buenos días - termino diciendo el general para no levantar sospechas.
El desayuno fue muy incómodo. El único ruido que se escuchaba era el de los pájaros fuera. Ninguno de los dos hablo. Iroh, porque no tenía el valor de hablarle después de lo que le había hecho. Korra, porque no soportaba la idea de decirle algo sin estallar en un inmenso llanto.
Korra termino de desayunar y se paró. Antes de dirigirse nuevamente a su cuarto junto valor y comenzó a hablar.
Iroh había reprimido sus ganas de abrazar a la morena durante el desayuno. Temía que si él le hablara, ella le respondiera lo que no quería oír. Tenía miedo de que la joven lo odiara.
Para sorpresa del general, Korra se levantó y comenzó a hablar.
-General, hoy no me encuentro muy bien como para entrenar. Quiero que canceles las citas con los maestros durante un tiempo.
Dicho esto la morena se dirigió a su cuarto, pero antes de que pudiera encerrarse de nuevo, el general la tomó de brazo.
-Korra espera.
-¿Que quieres? - pregunto de mala gana.
- Hablar contigo de lo que sucedió. Quiero explicarte todo.
-Ya es tarde. - la morena dio media vuelta para entrar en su habitación pero el general volvió a frenarla.
-Está bien. Si quieres odiarme, ódiame. Pero no permitas que esto afecte tu entrenamiento. Es muy importante. No soportaría perderte.
- Hubieras pensado en eso antes de jugar conmigo. No te preocupes por mí. Tienes una prometida ahora.
Korra logró zafarse del general y encerrarse en su cuarto.
¿Por qué hacía esto? ¿Por qué fingía que ella le importaba? En verdad le dolía toda esa situación. No sabía cuánto tiempo podría aguantar así.
-Lo que más odio de ti - dijo en voz baja - es que no puedo odiarte. Me encantaría hacerlo, así todo sería más sencillo. Pero no puedo. Sigo viendo en ti el mismo hombre que me hizo olvidar a Mako. El mismo que saco lo mejor de mí. Al mismo que ame. Y que sigo amando.
Iroh intento calmarse. En verdad estaba preocupado por la morena. No soportaría que la lastimen en combate por su culpa. Si bien no habían llegado nuevas noticias de los rebeldes, aun seguían con su plan.
La voz del joven de ojos verdes lo saco de sus pensamientos.
-Disculpe general, me ha llegado un mensaje para usted.
-Dime.
- Los oficiales no han encontrado rastro alguno de los rebeldes. Suponen que debido al incidente con el Avatar se han mudado o suspendido por un tiempo su plan.
-Está bien. Puedes retirarte Rook.
Una vez que el joven se fue, Iroh decidió visitar a Shei. Si él no lo hacía, tarde o temprano ella vendría a su palacio. No podía permitir eso. No con Korra allí.
Luego de una hora, Korra decidió salir al jardín. No podía estar encerrada el resto de su vida.
Se sentó, como siempre lo hacía, en el césped. Su soledad duro poco, ya que luego de unos minutos el joven de ojos verdes se acercó.
-Hola. ¿Te molesta que te acompañe?
-Claro que no. Cuando estoy sola no puedo evitar pensar en lo sucedido. Me será de gran ayuda distraerme contigo.
Los jóvenes se quedaron conversando durante un buen rato. En un momento Rook le contó un chiste a la morena, cosa que hizo que ambos rieran por un rato.
-Debo volver a mi trabajo Korra. El descanso ya termino.
-Está bien.
El joven se paró y le extendió la mano a la morena para ayudarla.
Korra tomó su mano y cuando estaba a punto de pararse se tropezó. El joven fue más rápido que ella y alcanzó a tomarla cuando aún estaba en el aire. La morena alzó la vista y pudo observar de cerca los ojos claros de Rook.
Para la mala suerte de ambos, el general, que había regresado de visitar a Shei, había visto la escena y no dudo en tomar del cuello a Rook.
-Aléjate de ella. - todos los esfuerzos que había hecho para tratar mejor al joven habían desaparecido. No soportaba que estén tan cerca.
-Basta - la morena volvió a intervenir como lo hizo la primera vez que se habían enfrentado. - Rook vete por favor - dijo una vez que logró que el general lo suelte.
El joven de ojos verdes se marchó dejando sólo a Iroh y Korra.
-¿Que te sucede? - grito la morena furiosa.
-¿Que me sucede a mi? ¿Qué te sucede a ti? ¿Por qué estás tan cerca de él? Sabes que me molesta.
-Tú no tienes derecho a hablar. Tú estas comprometido.
-¿Así que haces esto por venganza?
-No lo hago por venganza. Pareciera que no me conoces. Fue todo un malentendido. A mí si me importó lo nuestro. No soy como tu.
La morena levantó su brazo para secar una pequeña lágrima que estaba pro caer de su mejilla. En ese momento el general noto el brazalete.
-¿Quien te dio ese brazalete?
-Me lo dio Rook.
Al escuchar esto, Iroh volvió a hacerle una escena de celos a Korra. Discutieron y finalmente, luego de un tiempo la joven se canso.
-¡Ya basta! Tú le regalaste un collar de compromiso a Shei. ¿Por qué Rook no puede darme un simple brazalete? El es el único que me ayuda. Tal vez para ti fui un juego. Pero yo te ame durante todo este tiempo. Y lo sigo haciendo.- no pudo evitar que sus lagrimas se derramaran nuevamente - No mereces ninguna explicación después de lo que me hiciste. Sin embargo, sigo insistiendo en que Rook es solo mi amigo. Todavía te amo Iroh. En verdad creía que eras diferente.
-Korra mírame - el general tomo a la morena por los hombros - este matrimonio es arreglado. No quiero comprometerme con Shei. Debo hacerlo por obligación. No sabía cómo decírtelo. Esto fue arreglado hace mucho tiempo. Hace poco supe que era hora de casarme. Por favor créeme. Solo te amo a ti.
-Por favor esa escusa es muy antigua. Si tienes el valor para jugar conmigo al menos ten el valor para admitir que no te importo. - diciendo esto la joven se fue a su habitación.
Korra se encerró en su habitación a llorar nuevamente. No veía la hora de enfrentarse a los rebeldes e irse de la nación del Fuego para siempre.
