Hola a todos. Estoy muy contenta de subir este episodio, el ANTE ULTIMO. Ya no queda nada. Ya tengo escrito el último episodio pero debo cambiar algunas cosas, así que no lo subiré hoy. Este capítulo fue muy difícil de escribir, me tomo mucho tiempo. En verdad espero que les guste.

AVATAR: THE LEGEND OF KORRA NO ME PERTENECE.

CAPITULO XX

Apenas llegaron al palacio, unos guardias acompañaron a la morena a su cuarto para que descansara.

Iroh, por su parte, siguió buscando a Rook. Repartió un retrato suyo por toda la ciudad, para que las personas estén alerta. Finalmente, luego de un par de horas, decidió abandonar su búsqueda por lo que restaba del día.

Faltaba poco para que la noche comenzara a llegar, así que el general decidió volver al palacio.
Apenas entro a habitación se sorprendió al notar que alguien había ocupado su cama.
-¿Korra? - preguntó el general. Una vez que no obtuvo respuesta confirmó que estaba totalmente dormida.
El general no sabía qué hacer. Después de todo, era su cama. El también debía dormir. Pero si se acostaba junto a ella es probable que se adelante mucho. No quería echar a perder el pequeño avance que había hecho. Por otro lado, ¿Que hacia Korra en su cuarto? Era obvio que lo había estado buscando, tal vez con la intención de charlar.
Iroh se acerco un poco más y no pudo evitar perderse en la belleza de la joven. Entonces decidió acostarse junto a ella. Había estado muy preocupado, hasta llegó a creer que no la vería más, necesitaba tenerla cerca.
El general se metió en la cama con mucho cuidado con tal de no despertar a Korra. Una vez que logro su objetivo, y luego de juntar mucho valor, levanto su brazo y lo colocó en la cintura de la morena. Se las arreglo para acercarse más a ella, de tal manera que su cara quedo atrás del cuello de la joven. Finalmente Iroh se durmió, feliz.

Ya amanecía cuando Korra despertó. La morena sintió un cuerpo caliente al lado suyo. Miro y se dio cuenta de que el general también estaba allí. Se había dormido sobre su pecho. La joven recordó entonces, que la noche anterior había visitado su cuarto para hablar. Planeaba decirle que ella lo amaba y que no le importaba el compromiso. Se sentó en su cama a esperar, pero al parecer se quedo dormida antes de que el general regrese.
Con mucho cuidado, la morena se arrodillo en la cama, para quedar sentada sobre sus talones. Se dispuso a observar a Iroh, que aun dormía. Le encantaba ver lo calmado que estaba. En verdad lo amaba mucho.
Korra no pudo evitar preguntarse como una persona puede llegar a cambiarte de esa manera. Cuando llego a la nación del fuego, estaba dolida por lo de Mako. Sentía que no iba a volver a enamorarse. Sin embargo, allí estaba. Totalmente enamorada del general Iroh. ¿Quién diría que ese hombre la haría feliz de nuevo?
Korra se perdió en sus pensamientos, ya que no noto que el general había comenzado a despertar.
-Korra - dijo esa voz que hizo que la morena vuelva a la realidad.- buen día.
-Buenos días Iroh - respondió rápidamente la joven.
En general se sentó en la cama mientras miraba a la morena.
-¿Sucede algo? Al parecer querías verme anoche.
La morena no pudo evitar sonrojarse ante esa última frase.
-Sí. Quería hablar de algo. Así que pregunté por ti y me dijeron que no estabas. Entonces decidí esperarte aquí, pero el sueño me venció.
-No deberías haber hecho eso - la interrumpió el general- recuerda que debes descansar. Últimamente has pasado por muchas cosas.
-Tranquilo, estoy bien. Escucha. Durante todo este tiempo quise odiarte. Pensé que habías jugado conmigo. Luego me di cuenta de que en verdad no querías casarte con Shei. Aún me molesta el hecho de que no me lo hayas dicho, pero te amo demasiado como para dejar que eso me aparte de ti.
-No sabes cuánto me alegra oír eso -dijo Iroh mientras le daba un abrazo - se que hice mal en no decirte nada, pero en verdad no sabía cómo hacerlo. Cada vez de que estábamos solos quería aprovechar el tiempo. No quería lastimarte. Sé que lo termine haciendo igual. Te amo. Me volví loco cuando desapareciste. Temí lo peor. No quería que te alejaran de mí.
Iroh se acerco lentamente a los labios de Korra. Le dio tiempo a que retrocediera, pero ella no lo hizo. En cambio, lo tomo por la nuca, adelantando el momento en el que sus labios chocaran. Finalmente se habían besado de nuevo. Este era un beso que demostraba desesperación por parte de ambos. Se habían extrañado tanto. Finalmente, cuando la necesidad de aire fue más fuerte que ellos, se separaron.
-Korra. No quiero perderte. Cuando logres detener a los rebeldes, podremos estar juntos. No podrán oponerse. No después de haber librado a la nación del fuego. Yo me encargare de hablar con Shei y su padre. Podremos estar juntos.
Al escuchar esas palabras la joven sintió una tristeza enorme. Recordó que no era más en Avatar. No podría detener a los rebeldes. Su única oportunidad de estar con Iroh se había esfumado.
Inmediatamente la morena comenzó a llorar, dejando al general desconcertado.
-¿Que sucede? ¿Dije algo malo? - preguntó Iroh.
-No voy a derrotar a los rebeldes Iroh. Me quitaron mis poderes.
-¿Qué? - grito el general. No podía creer lo que estaba oyendo.
-El collar que me dio Rook en realidad era un dispositivo que extrajo mis poderes y los depósito en la gema. El salvador me lo quito. Ahora él puede ser el Avatar. Quiere usar su influencia como Avatar para lograr su plan.
-Tranquila, eso no sucederá. La gente sabrá que él te robo los poderes.
-No lo hará. El me dijo que haría que todo el mundo me olvide. Tengo miedo Iroh.
El general abrazo a Korra mientras la consolaba.
-Tranquila. Todo saldrá bien. Juntos vamos a detenerlos
-Iroh - dijo la joven mirando lo a los ojos -promete que nunca me olvidaras. No sé qué haría sin ti.
-Nunca podría olvidarte. Tu le diste sentido a mi vida - dijo el general para luego besar a Korra.
El ruido de la puerta los obligo a separarse. Korra protesto en voz baja. ¿Acaso no podrían tener un momento a solas?
-General. Estamos listos para comenzar de nuevo la búsqueda. -dijo uno de los guardias.
-Esta bien. En un momento salgo.
Iroh se preparo y antes de salir de su habitación le dio un beso a la morena.
-Volveré más tarde Korra. Te prometo que luego estaremos juntos.
-Esta bien.
Luego de unos minutos la morena salió sigilosamente del cuarto del general. Debían volver al juego de no levantar sospechas.
Luego de almorzar, la morena se fue a su habitación para bañarse. Cuando termino de hacerlo, tomo un libro de la biblioteca de la sala principal y se acostó en su cama para leerlo. Ahora tenía mucho tiempo libre. El libro era muy aburrido, pero al ser la única actividad que podía realizar, la joven siguió leyendo. Sin darse cuenta, sobre la tarde, se quedo dormida.
Ya era de noche cuando volvió a despertar. La morena encontró una nota en la punta de su cama. Extrañada, la leyó.

Korra, te espero abajo para cenar. Las criadas se tomaron el resto del día libre.
Iroh.

La morena se acomodo un poco su ropa y bajo de inmediato. Apenas llego a la cocina se encontró con un panorama muy romántico.
Había pétalos de rosas en el piso. Sobre la mesa había un hermoso mantel blanco y unas velas que iluminaban la habitación.
Korra observo la cocina y encontró al general preparando la comida. Tenía puesto un delantal rosa, como los de las cocineras, para no mancharse. La joven no pudo evitar reír, cosa que Iroh noto.
-Es lo único que tenia disponible. Nunca cocino yo así que no tengo mi propio delantal.
-Te queda muy lindo. - bromeo la joven mientras se sentaba en su lugar.
En un par de minutos la cena estuvo lista. El general había cocinado una tierna carne con muchos vegetales.
-Esto esta delicioso. - dijo la morena. No sabía que fuera tan buen cocinero.
-Muchas gracias. En verdad no cocino mucho. No tengo tiempo para hacerlo.
Luego de terminar de cenar, el general intento dirigirse a su cuarto, pero la morena lo detuvo.
-¿Puedo pedirte algo?
-Claro -respondió Iroh.
-Me gustaría dormir contigo. Como antes.
-Me encantaría - dijo sonriendo - ven.
Cuando llegaron a la cama del general, Korra se acostó sobre el pecho de Iroh, mientras él la abrazaba por la cintura.
-Te amo. - dijo el general.
-Yo también.
No paso mucho tiempo para que comiencen a besarse. Esta vez el asunto pasó a mayores. En algún momento Korra le había quitado la camisa al general. El comenzó lentamente a introducir su mano por debajo de su vestimenta y acariciar su vientre. Korra, por su parte, se sentía en el cielo acariciando el torso perfectamente marcado de Iroh.
-Korra - intento detenerla el general. Sabía que Iroh no la forzaría a nada. Ella solamente le dedicó una mirada. El la correspondió y supo lo que ella le quiso decir. Estaba lista. Finalmente, en esa hermosa y tranquila noche, ambos amantes se unieron, entregando lo único que tenían. Lo más importante. Su amor.

Iroh despertó temprano. Abrió los ojos y Korra aun seguía dormida en su pecho. Con cuidado de no despertarla, se levantó y vistió, ya que ambos estaban sin ropa alguna.
Cuando la morena comenzó a despertar, el general volvió a la cama.
-Buenos días. - dijo mientras le daba un beso en los labios.
-Buen día - le respondió ella sonriendo - aun es temprano, regresa a la cama.
Iroh cedió ante su petición. No podía decirle que no a ella.
Ambos se quedaron en cama abrazados, hasta que el general tuvo que ponerse al día con el papeleo. Se disculpo con ella y se dirigió a la biblioteca.

Una vez que Iroh se fue, Korra se levantó de la cama y se cambio. Estaba harta de estar encerrada. Decidió ir a dar un pequeño paseo.
Prefirió avisar primero al general, para que no se asuste en el caso de no la vea. Se acerco a la biblioteca. Allí estaba él, escuchando música con la radio y leyendo cartas. La morena se acerco lentamente y lo abrazo por detrás. Luego le dio un beso en la mejilla.
-Hola - dijo sonriendo el general.
-No quiero molestarte. Solo vengo a decirte que daré un pequeño paseo por la ciudad.
-¿Estas segura? Puedo ir contigo si quieres.
-No está bien. Tú tienes trabajo que hacer. No tardare en volver. Te amo.
-Yo también te amo.
Korra le dio un último beso y luego se marchó.
Estaba cerca de la plaza principal cuando vio un grupo bastante numeroso de personas que rodeaban algo. La morena se abrió paso entre la gente y pudo notar que en el medio había una mesa con una radio.
-¿Que sucede? - preguntó a una señora de la multitud.
-Nadie sabe. Esta mañana muchos vecinos recibieron un mensaje que decía que escuchemos la radio. Al parecer es un anuncio que cambiara la historia. Se transmitirá por todos lados. Todo el mundo está atento.
De repente la morena asimilo todo. Ese era el mensaje. Por medio de la radio harían que se olviden de ella.
El sonido del aparato la saco de sus pensamientos.

Queridos ciudadanos de ciudad república y de todas las naciones del mundo. Este es un mensaje muy importante. Escuchen con atención.

Un sonido extraño comenzó a salir de aquel aparato provocando que las personas quedaran totalmente en silencio, como hipnotizadas.
De repente un recuerdo vino a su mente. Iroh. Estaba escuchando la radio cuando ella se marchó.
La morena comenzó a correr con todas sus fuerzas. El no podía olvidarla.
Le tomo unos pocos minutos llegar al palacio. Cuando quiso entrar unos guardias la detuvieron.
-Alto. Debe identificarse para entrar.
-Oh vamos soy yo. Debo hablar con el general de inmediato.
-No tenemos órdenes de que haya una visita hoy. Lo siento señorita, debe retirarse ahora o me veré obligado a sacarla por la fuerza.
Korra logro derribar a eso dos guardias con sus habilidades físicas. Podrían haberle quitado sus poderes, pero no su habilidad para pelear.
Inmediatamente entro a la biblioteca donde aun se encontraba el general. El hombre se sobresalto por repentina entrada de la morena y se preparó para pelear.
-Iroh, no quiero pelear.
-¿Te conozco?
-Claro que me conoces. Soy yo. Korra.
-Lo siento pero no me acuerdo de ti.
La joven observó la radio. Aun estaba encendida.

Y ese fue el mensaje señoras y señores. Volvemos a la programación actual.

No podía ser cierto. La había olvidado.
-Voy a tener que pedirle que se retire señorita.
El general se dirigía a la puerta cuando Korra lo tomo del brazo.
-No me puedes hacer esto. Prometiste que nunca me olvidarías. Lo prometiste Iroh.
El general miro a Korra a los ojos, buscando sentido alguno de sus palabras.
En ese preciso momento, los guardias a los que había derribado Korra entraron en la habitación y la tomaron por detrás de los brazos.
-General lo lamento. Esta señorita nos atacó y luego se dirigió aquí. Nosotros nos encargaremos.
-Esta bien.
-¡No, suéltenme! - gritaba la morena.
A pesar de que la joven puso toda su resistencia, los guardias lograron llevarla fuera del palacio.
Korra camino un par de metros y se derrumbo. Se sentó cerca de un árbol, abrazando sus piernas mientras lloraba desconsolada.
Todo había terminado.