Hola chicos, bueno, como sabrán… Adiós vacaciones. *Se va a la esquinita a llorar* Lamento no poder subir seguido ahora. Bueno, seguido o no, no les voy a dejar. Pueden seguirme en Facebook si desean, como siempre, el link está en mi perfil de autora. Bueno, continuamos…
Sweet Dreams
Chapter 7
Sin control
Escuchaba susurros alrededor. Todo me daba vueltas. Mi respiración se volvía agitada. Todo estaba en negro. Gritos sonaban a mí alrededor. Gritos desgarradores de dolor y agonía. Intenté cubrirme los oídos pero sentía que no podía moverme. Una voz familiar femenina y siniestra comenzó a susurrar mi nombre. Chelsea. Los gritos se callaron. Una risa psicópata, dulce como la demencia y adictiva como el dolor, surgió con fuerza.
Me desperté de golpe, una ligera capa de sudor frío me cubría. Miré a todos lados asustada buscando a algo a qué atenerme. La oscuridad reinaba mi habitación. Observé mi ropa. ¿Desde cuándo me había puesto el pijama? ¿Cómo llegué aquí? Me levanté lentamente y comencé a analizar todo a mí alrededor. Algo no andaba bien. Me percaté que la paranoia me estaba afectando. Traté de tranquilizarme. Boté un suspiro de cansancio. Tal vez, una ducha ayude. Me fui al baño con mi toalla en la mano.
Al entrara al baño, encendí la luz y me asusté con mi reflejo. Podía ver un ligero brillo extraño en mis ojos. Fruncí el ceño. Mis ojos expresaban ligeramente maldad. Mi mirada era sádica. Abrí el caño y temblando me lavé el rostro. Volví a verme al espejo y retrocedí espantada. Chelsea… ¡Era Chelsea! Mis ojos eran azules con las pupilas contraídas por la locura. Mi sonrisa era ancha y mis colmillos sobresalían. Mi cabello era rojizo. Un dolor de cabeza se apoderó de mí. Me cubrí esta con ambos brazos mientras me encogía aguantando el dolor. Unas lágrimas de dolor se asomaron por mis ojos. Me caí sentada tratando de tranquilizarme. Volví mi vista al espejo y era yo otra vez. Me acerqué temerosa a este. Toqué el espejo con miedo. Retraje la mano y toqué mi cara. Fruncí el ceño mientras más lágrimas se escapaban de mis ojos.
Procedí a quitarme la ropa y dejarla en el cesto. Cuando volví a verme al espejo. Extrañada divisé una serie de marcas oscuras tanto en mi espalda como en mis brazos. Rocé delicadamente estos con la punta de los dedos. Sentía un dolor punzante en cada una. ¿Cómo me eh hecho esto? Traté de recordar todo. Lo último… que viene a mi mente era estar caminando de vuelta a mi casa. Luego lo demás son recuerdos vagos. Recuerdos sin sentido. Recuerdo sangre… un bosque y un par de ojos celestes con una gran sonrisa.
Definitivamente, el estrés me está afectando. Negué la cabeza y me metí en la ducha abriendo el agua caliente. Dejé que el baño me quitara un poco la angustia. Relajé los músculos y me permití disfrutar. A la hora de terminar, agarré mi toalla y me sequé con esta, dejando mi cabello aún húmedo. Me puse mi pijama y bajé a la cocina en busca de algo para comer.
A la hora de bajar las escaleras, noté que estaba todo muy solitario. Observé el reloj. Era casi media noche. ¿Dónde está mi papá? Debería haber llegado hace horas. Un escalofrío recorrió mi espalda. Tomé el teléfono rápidamente y marqué su número. El sonido de este no hacía nada más que estresarme. No contestaba… luego le escuché. Su teléfono sonar. Busque por todos lados y lo encontré en su cuarto… solo el teléfono.
Lo agarré, había siete llamadas perdidas sin contar la mía. Revisé el historial. Tres de trabajo y cuatro de familiares. ¿Dónde carajos estás? Pensé irritada y preocupada. Un sonido en la cocina me sobresaltó. Suspiré aliviada.
-¡Papá!- le llamé bajando las escaleras.
No hubo respuesta. Nuevamente aquellos sonidos. Normalicé mi respiración para hacer menos ruido. Bajé las escaleras con mucho sigilo. Algo se calló en la cocina provocando que me sobresalte un poco. Me asomé por las escaleras para divisar el florero de mamá tirado en el piso. Fruncí con odio el ceño, era el favorito de ella. Busqué al responsable con la mirada. Me quedé helada al ver a alguien de camisa blanca a lo lejos. Traté de agudizar la vista. Era de contextura delgada. Su cabello era alborotado y negro. Sus pantalones también eran blancos. ¿Scolinex? El opuesto de Nina, como Jane es de Jeff. Él era un asesino. Fruncí el ceño. La adrenalina recorría mi cuerpo. Una sonrisa macabra y perversa surgió en mis labios. Me moví sigilosamente. Pude notar que estaba fumando un cigarrillo. Pero… no se ocultaba. Él estaba a plena vista. Algo andaba mal. Nadie es tan tonto para ser así, al menos de que sea una emboscada. O es que es tan confiado que no le importa mostrarse. Agarré uno de los cuchillos de la cocina para defenderme. Mi papá no estaba, y el hecho de encontrarle hace que sepa que él tiene algo que ver con la desaparición de mi padre. Lo seguí con la mirada. Observaba mis fotos de pequeña.
Llegó un punto que me hizo pensar que no estaba para asesinarme después de todo. Igual no alejé el cuchillo de mí. Me levanté y me hice visible.
-¿Qué haces aquí?- le dije rompiendo el silencio.
El volteó a verme. Le observe a través de la máscara que poseía. Noté que la máscara no cubría su boca. Una sonrisa apareció en sus labios.
-Te estaba esperando.- dijo en un son encantador.
Fruncí más el ceño, no tenía tiempo para esto.
-¿Dónde está mi padre?- pregunté sin rodeos.
-Él está a salvo… por ahora.- dijo mientras se acercaba.
Saqué el cuchillo y lo puse a la vista. Le apunté con él en forma de amenaza.
-No me hagas reír cariño, soy más experimentado que tú en ese aspecto.- dijo con una risa.
-Volveré a repetirlo, ¿Dónde está mi papá?- dije aún con tranquilidad.
-Morirá si haces un movimiento en falso.- dijo una voz femenina por detrás.
Sentí cómo la punta de algo filoso estaba en mi espalda.
-Suelta el cuchillo, si quieres vivir.- dijo la chica.
Sonreí mientras tiraba el cuchillo.
-Jane y Scolinex the Killer, un honor tenerlos en mi casa.- dije con sarcasmo.
Chelsea gritaba por querer salir. Moría de ganas de dominarme. Quería estar al mando. Quería pelear. Quería torturarlos, después de todo, nunca me gustaron los que se oponían a Jeff y a Nina.
-Dos contra uno, cariño, no tienes probabilidades, no sabes ni pelear.- dijo Scolinex.
-Tal vez, no sepa cómo usar un cuchillo como ustedes…- comencé a decir.- Pero algo es seguro, no saben con quién se meten.- dije mientras le abría paso a Chelsea poco a poco.
Jane pateó mi espalda haciéndome caer de rodillas. Se puso a mi costado y pateó mi estómago sacándome el aire. Reprimí el dolor. Agarró mi cabello y lo jaló hacia atrás poniendo el cuchillo en mi garganta. Reí psicópata mente.
-Anda, hazlo…- le incité.- Mátame.- Dije mientras ponía más al expuesto mi cuello.
El silencio dominó la habitación. Tal vez, ser Chelsea por unos instantes, no sea tan malo después de todo.
Aquí está el siguiente capítulo, espero que les guste. ^^ Lamento la demora :'c
