Dos caras de una moneda
Capítulo 5. Verdades sepultadas
Ni una semana después de que mandaran a Isobel a casa, Scola se acercó a Jubal en el JOC y lo llevó un poco aparte para hablarle con discreción.
—Me ha parecido ver pasar a Isobel hacia su despacho apoyada en un bastón. ¿Ya está de vuelta?
—No. Sigue de baja médica —respondió Jubal, extrañado.
Intentaba hablar con Isobel todos los días, a pesar de la distancia que ella imponía entre ellos. La tarde anterior, ella había vuelto a mantener la conversación ceñida a lo profesional, pero no había mencionado nada de volver al trabajo.
—Eso pensaba —dijo Scola—. Al principio pensé que había visto mal. Pero no. Era Isobel. Estoy seguro.
Jubal exhaló e intercambió una mirada preocupada con Stuart. Dejó las cosas en marcha en el JOC y se fue a buscarla.
No le fue difícil encontrarla. Simplemente estaba en su despacho. Resultó que Hawkins también estaba allí.
—...que colma el vaso, Castille.
El ADIC parecía furioso. A Jubal no le gustaba nada su actitud. Era agresiva e irrespetuosa. Isobel permanecía imperturbable, sin embargo, aunque a Jubal le asustó que su maquillaje no lograba ocultar del todo la palidez y el aspecto hundido de sus mejillas, las marcas oscuras bajo los ojos por falta de sueño.
—¿Qué ocurre? —interrumpió Jubal, entrando en el despacho sin importarle parecer grosero.
No iba dejarla sola lidiando con Hawkins.
—Cállese, Valentine. Luego lidiaré con usted —amenazó el ADIC señalándolo con el dedo y volviéndose de nuevo hacia Isobel, pero la presencia de Jubal pareció bajar un par de puntos su arrogancia—. Tendrá que responder de esto ante la OPR, Castille.
—Como quiera —replicó Isobel—. La OPR fallará en mi favor.
—¿Ah, sí? ¿Y qué le hace pensar que la OPR será indulgente ante su flagrante insubordinación? —le espetó Hawkins con irritante ironía.
—Pues sencillamente —Isobel se puso en pie y pareció de pronto muy alta — porque el actual Protocolo de operaciones encubiertas en instituciones penitenciarias, en su apartado 17, sección 3, establece que "En caso de riesgo físico grave sobre los operativos encubiertos, el agente ejecutivo al mando que se encuentre en campo tendrá la potestad para tomar las acciones que considere pertinentes, utilizando los medios de los que disponga y como estime necesario, para garantizar la integridad de dichos operativos". Y yo... estaba en campo.
Dejó al ADIC sin palabras. Jubal cambio el peso de pie, sonriendo genuinamente impresionado. Isobel reprimió una sonrisa propia y apartó la mirada de él como si temiera que la fuera hacer reír.
Hawkins miró hacia Jubal, quien hizo un expresivo gesto con la cabeza como diciéndole "¿algo más que añadir?".
—Ya veremos —masculló Hawkins y se fue de allí.
Jubal no lo observó marcharse. Contemplaba a Isobel con admiración. Ella le sonreía... Y de pronto, no.
Fue desconcertante y desmoralizador.
La vio sentarse haciendo una mueca.
—¿Te duele? —preguntó él un tanto vacilante; había aprendido ya que probablemente sólo recibiría un "bien" como respuesta—. ¿Por qué has venido si-?
Ella levantó una ceja.
—No tengo por qué darte explicaciones de lo que hago —replicó con sequedad.
Estando las cosas como estaban, Jubal lo acusó más de lo que debería.
—Esto es absurdo, Isobel —protestó, sin controlar su irritación—. Deberías estar en casa, descansando.
Isobel tardó en contestar, como buscando la respuesta. Bajó la mirada.
—En casa no aguantaba más.
Su tono derrotado, sus ojos atormentados, como pozos sin fondo, sacudieron violentamente a Jubal. Se arrepintió de inmediato de haber sido brusco con ella. Por unos momentos, estuvo a punto de correr a sostenerla en sus brazos, pero sabía que Isobel no se lo permitiría. Y menos allí en la oficina.
Su voz se suavizó.
—Está bien. Pero tómatelo con calma, ¿vale? —le pidió sin ocultar su inquietud.
Ella asintió, pero ya había vuelto su atención al papeleo. Jubal suspiró pesadamente y se volvió para marcharse.
—Pero de todos modos, no necesitaba tu permiso —dijo ella a sus espaldas.
Él perdió un paso antes de seguir andando. Era llamativo lo desesperante que Isobel podía llegar a ser. Jubal regresó a su mesa con los puños apretados.
Accedió a su terminal, pero se quedó mirando la pantalla sin verla.
No podía quedarse de brazos cruzados, viéndola sufrir; tenía que haber algo que pudiera hacer. Sólo lo dudó unos momentos antes de ponerse a indagar.
·~·~·
Necesitó varias inspiraciones y exhalaciones profundas para lograr disipar su zozobra. Tratar así a Jubal le había dejado a Isobel un regusto muy amargo.
Y estaba enfadada con él por hacérselo aún más difícil.
Sabía que Jubal tenía la mejor de las intenciones, pero con su adicción, con su pasada infidelidad –como Jake–, con su tendencia a la culpabilidad –como Kyle–... Jubal era para ella toda una colección de banderas rojas. Y eso sin contar la barrera de los puestos que ocupaban ambos. La inconveniencia era evidente. Sin embargo, cada vez le costaba más ignorar lo mucho que ella le importaba. Y lo mucho que lo necesitaba a él.
Eso no era bueno. Debía mantenerse firme.
Pensó en lo que Jubal y el equipo podrían haber significado para ella, y ella para ellos. El feliz espejismo de pertenencia que había sentido con todos durante aquellas semanas –que habían parecido sólo un parpadeo– se desvanecía en lugar de convertirse en realidad.
No había sido más que una locura transitoria.
Atrás quedarían las comidas con el equipo, las cenas de charla y risas, los agradables almuerzos con Jubal, las noches en su sofá, riendo ante alguna comedia tonta. Lo cerca que se había sentido de él...
Dolía más de lo que parecía posible pero lidiaría sola con ello como fuera. Como siempre había hecho. De lo contrario, si los dejaba acercarse, si dejaba acercarse a Jubal de verdad... Isobel no podría evitar desmoronarse por completo.
Y entonces simplemente los habría expuesto a todo aquel horror, a aquel sufrimiento, para nada.
·~·~·
No supo exactamente por qué empezó por ahí. Una chispa de intuición tal vez. Buscando entre la documentación de directivas vigentes, Jubal no tardó en localizarlo. "Protocolo de operaciones encubiertas en instituciones penitenciarias", rezaba como título en los metadatos del gestor documental. Consultó el histórico y fue directamente a la primera revisión. Jubal conocía bien ese protocolo. No sólo formaba parte del temario que tuvo que estudiar para el examen que lo habilitaba para puestos organizativos, sino que lo había repasado recientemente, antes de enviar a OA y Maggie a Green Haven. Pero normalmente no se fijaba en quién elaboraba los procedimientos; simplemente se atenía a sus instrucciones. Echándose hacia atrás contra el respaldo de su silla, Jubal exhaló lentamente.
El nombre que constaba como autor del documento original era Isobel A. Castille.
Con razón podía recitarlo de memoria.
Ahora entendía por qué Isobel siempre había mostrado aquel interés por revisar los protocolos. Jubal podía recordar bien cómo le había impresionado hacía unos años que ella, aunque sólo llevara unas pocas semanas en el cargo de SAC, hubiese insistido en mejorar el de Respuesta a Amenazas tras el caso del tiroteo en el X2 Club. También cómo arriesgó su carrera ante las amenazas de Sentinel. Su obsesión parecía ser evitar que tragedias ocurridas volvieran a repetirse.
Una inesperada sensación de desasosiego le ascendió a Jubal por la columna vertebral. De pronto supo en dónde debía buscar a continuación.
Cuando al fin encontró algo, no tardó en percatarse de que probablemente no debería haberlo hecho.
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Próximo capítulo, "Oscuridad antes del alba": No podía evitar ahogarse en su propia oscuridad, pero ella no era la única.
