Disclaimer: HP le pertenece a Rowling, Crepúsculo le pertenece a Meyer, la trama me pertenece a mí, las correcciones realizadas a mi querida Beta Ale... ¿algo más?

¡IMPORTANTE! A raíz de una duda que surgió, debo aclarar que Harry, en vez de no volver a Hogwarts para ir en busca de los Horrocruxes, volvió al colegio. Todos los que podían estar demasiado lejos ya se han hallado y Harry vuelve al colegio justo después de cumplir 17. El colegio es, además, un refugio para todos los hijos de muggles, así que en realidad, no está deshabitado durante este verano. Para más dudas, podéis dejarme un review o enviarme un PM.

¡Melx! Lee abajo, allí queda solucionada tu duda.

Y ahora... ¡disfruten de la lectura!


Capítulo II

Procedía de una puerta que lucía un cartel viejo y mohoso que rezaba:

''Sección Prohibida

6º y menores no pasar.

Pedir permiso firmado a un profesor''

Obviamente, no hicieron ni caso del letrero y abrieron la puerta. Les recibió la imagen de un muchacho que luchaba contra un libro, pero un libro que parecía que en vez de páginas tenía dientes afilados y monstruosos. El chico, que a todas luces era Harry Potter, intentaba cerrarlo sin que el libro le arrancase un brazo de cuajo. La tarea se le dificultaba por la falta de luz, ya que la sala estaba sólo tenuemente iluminada por un farol, que además se apagó definitivamente con un golpe del libro.

Jasper y Emmett se miraron entre sí antes de abalanzarse sobre el chico e intentar ayudarlo. Los demás se quedaron atrás, preparados para saltar al más mínimo indicio de agresividad por parte de otros libros.

Jacob y Nessie llegaron en ese momento. El licántropo se preparó para transformarse y Nessie intentó buscar algo que iluminara la estancia.

Harry se confundió mucho con la presencia de los Cullen. Creyó por un aterrador instante que eran dementores y que lord Voldemort había tomado finalmente el castillo. Se apartó con rapidez de ellos y se preparó para conjurarles un patronus. Los muchachos se hallaban tan concentrados en cerrar el libro que no se dieron cuenta de que Harry había levantado la varita hasta que gritó:

¡Expecto patronum!

Un ciervo plateado tan brillante como la luz de la luna brotó de la varita del joven mago. Lo echó encima de los intrusos que habían cerrado ya el libro y se separaban de él aliviados. El ciervo derribó a Emmett y saltó por encima de un estupefacto Jasper. Los Cullen se agacharon ante el animal, acorralándolo. Rose gruñó de manera casi imperceptible, que se convirtió en un gritito de sorpresa cuando el ciervo se convirtió en humo delante de ella.

–¡Potter, no!

La profesora interrumpió en el momento justo, antes de que los Cullen cometieran una locura. Un poco tarde en realidad. Harry había visto lo suficiente. El libro había mordido a uno de los muchachos, el que tenía mayor estatura, y salió peor parado el libro que el muchacho. Percibió la extraña postura del resto, su inexplicable velocidad y el extraño gruñido de la rubia. Quizás no fuera Hermione, pero tampoco se necesitaba ser demasiado listo para saber que no eran humanos, o al menos, no humanos convencionales. Aunque en apariencia así lo fueran.

–¿¡Qué demonios era eso! –gritó Emmett estupefacto.

–Un tratado de magia negra, señor Cullen –respondió McGonagall, que había recuperado la misma expresión severa de siempre.

Los Cullen miraron con curiosidad a Harry, sin percatarse del detalle de que los humanos no ven en la oscuridad. El Elegido se revolvió en su sitio, incómodo bajo el peso de las miradas de los nueve Cullen y Jacob.

–¿Éste es Potter? –preguntó incrédula Esme.— Pobre, tan joven y tener que luchar ya en una guerra...

–Sí, yo soy Harry Potter. ¿Quiénes son ustedes? –preguntó desconfiado.

–Son los Cullen, Potter. Nos ayudarán con la protección del castillo este año.

Harry frunció el ceño. Sabía que no eran humanos, pero ¿y si estaban de parte de Voldemort? En fin, sólo había una manera de saberlo.

Salieron de la agobiante sala. Fueron a parar en un lugar con más luz y allí Harry los sorprendió con una extraña petición.

–¿Podría ver sus antebrazos izquierdos, por favor? –pidió con serenidad. Los Cullen captaron el tono de una velada amenaza en su voz.

Toda la familia le miraron como si hubiera perdido el juicio y McGonagall apretó los labios. ¿Tan poco confiaba Potter en ella?

Tan solo Edward y Alice se levantaron la manga para revelar una piel perfecta, sin marcas. Harry tuvo el detalle de observar que ellos no se habían sorprendido. A lo mejor fue su imaginación pero creyó que el chico del pelo cobrizo se reía con disimulo.

Se fijó en el anguloso rostro del muchacho, paseó la vista por sus ojos de color negro y su recta nariz... Era muy apuesto. Le miró con detenimiento y los recuerdos del Torneo de los Tres Magos le asaltaron la mente. Quizás el color de los ojos y el cabello eran distintos, así como tenía la piel más pálida... pero no hubo duda. Aquél muchacho a la fuerza debía de ser un pariente lejano de Cedric, pues aunque por muy parecido que fuese, él había muerto en frente de sus ojos. Apostaría cualquier cosa a que podrían pasar por mellizos si los tuviera a ambos delante. Pero él murió. Murió aquella noche asesinado por Pettigrew. Aquel chico no podía ser él.

Miró por detrás de él y vio a una chica de cabello cobrizo que también se parecía a Cedric. Tanto que podrían pasar por hermanos. El clon de Cedric Diggory frunció el ceño.

Harry tenía la mente hecha un torbellino, pero se recuperó rápidamente y miró los brazos de los Cullen. Piel lisa, perfecta. Aunque observó en el brazo del muchacho rubio unas marcas, casi imperceptibles, en forma de medias lunas.

El resto de la familia, al ver a Edward y Alice, se levantaron las mangas también. Todos tenían la piel lisa y sin marcas; excepto Jasper, pero las suyas eran otro tipo de marcas. Observaron todos, cómo, durante un largo rato, Potter se quedaba mirando el rostro de Edward, con una expresión asustada y... de reconocimiento. Edward a su vez, puso una cara de enorme confusión cuando le leyó la mente al joven Potter.

Cuando Harry se auto-convenció de que Cedric no tendría nada que ver con él, su mente regresó al misterio de aquella familia, pensando que estaba dispuesto a todo con tal de averiguar lo que eran.

–No tiene sentido ocultárselo a Harry, profesora –dijo alegremente Alice–. Si no se lo decimos ahora, lo descubrirá en cuanto una chica de pelo castaño llegue junto a él.

¿Chica de pelo castaño? Ah, se refería a Hermione, que estaba en casa de sus padres para ultimar los detalles de su partida. ¿Que no tenía sentido ocultárselo? ¿Ocultarle el qué?

–A veces la inteligencia de Granger puede ser todo un problema... –suspiró la profesora.

–No sólo la inteligencia, profesora, sino también la curiosidad –replicó Edward mirando a Bella de una manera muy significativa.

Harry observó bien sus rostros por primera vez y se dio cuenta de que todos ellos eran realmente hermosos. Mas Harry sabía que las apariencias engañan. Con Quirell aprendió demasiado bien la lección.

–¿Qué me ocultan?

–No somos humanos, pero eso ya lo sabías, ¿verdad? –respondió Edward.

–¿Qué son ustedes? –preguntó con calma.

La profesora asistía en silencio a la conversación, sin intervenir.

–Vampiros –respondieron Carlisle y Edward a la vez.

Harry miró a la profesora en busca de una huella de miedo, quizás, pero encontró un rostro lleno de paciencia y resignación.

–Mi familia es una familia de vampiros vegetarianos. No hacen daño a nadie –interpeló Nessie.

–¿Quéeres tú entonces?

Edward y Bella emitieron un sordo gruñido, pese a que a Nessie no pareció afectarle.

–Yo soy semi-vampira –sentenció con una brillante sonrisa–. Y mi novio Jake es un hombre-lobo.

Pasó un eterno instante antes de que Harry alzara los ojos y dijera:

–Está bien, tú ganas. ¡Pero deja de enviarme sueños raros! –exclamó dirigiéndose al techo.

Pasó otro instante tan eterno como el primero... y un silencio incómodo inundó la biblioteca, sólo interrumpido por los constantes susurros de la señora Pince. Edward se inclinó sobre su esposa y con cierta diversión en su voz murmuró:

–Os parecéis bastante... a ver cuánto tardamos en convencerle de que está despierto.*


–¿Todo es cierto, entonces?

Habían pasado al despacho de la directora para hablar más tranquilamente. Harry, quien había visto ya demasiadas cosas aún más impresionantes que una familia de vampiros vegetarianos, pareció sorprenderse poco, decepcionando a Emmett, quien tenía fe en que podría sacarle un susto al chico.

–Todo es real, Potter. Los presentes aquí nos ayudarán este curso, únicamente, si Merlín lo quiere.

–¿Dónde se alojarán?

–En la torre que hay al oeste de la torre de Gryffindor.

Los Cullen no habían hablado mucho, ni siquiera Emmett bromeaba. Permanecían serios y circunspectos. Harry se incomodaba al sentir sus miradas sobre él, que en vez de admirarle, como solían hacer las personas normales, parecían analizarle. El muchacho de cabello cobrizo, que según decía se llamaba Edward (''Y el clon de Cedric'', recordó Harry abatido), le ponía más nervioso que nadie, pues tenía la extraña sensación de que usaba la Legeremancia con él.

Nada más pensar en eso, Edward soltó una media sonrisa burlona y desvió la vista. Ya no era una simple sospecha: era una certeza.

–Profesora, Edward un legeremántico, ¿verdad? –preguntó observando atentamente a Edward.

La profesora asintió sin apenas mover la cabeza.

–Hacía falta algo más que el simple hecho de que se abstuvieran de la sangre humana para que el profesor Dumbledore confiara tanto en ellos como para pedirles que vengan al colegio a arriesgar su vida, Potter.

–Existencia –corrigió Edward.

Harry y la profesora lo miraron en busca de explicaciones.

–Miren, técnicamente nosotros no estamos vivos, a excepción de Jacob y mi hija Nessie –puso especial énfasis en la palabra hija y Harry comprendió que se trataba de un padre sobreprotector–. Nuestro corazón no late, no necesitamos respirar, tienen que convertirnos en polvo, literalmente, para eliminarnos... no se puede decir que estemos vivos, ¿entienden? Y dado que no estamos vivos, tampoco podemos dar vida, es decir, somos incapaces de tener hijos.

Harry y la directora asintieron.

–Entonces... ¿cómo puede ser Reneesme tu hija? Si dices que no podéis tener hijos.

Los Cullen se miraron entre sí cuando aquellos recuerdos de una casi-guerra acudieron a sus mentes. Los recuerdos no eran alentadores, precisamente.

–Nessie fue concebida en circunstancias muy especiales. La historia es demasiado larga para contarla ahora, quizás a la hora de vuestra cena...

–Sí, será lo mejor –aprobó la profesora–. Potter, ¿cuándo dijiste que llegaría Granger al colegio? Cuanto más pronto esté aquí, mejor.

–Irá a la reunión de la Orden y de allí vendrá a Hogwarts. Debía ultimar algunos detalles –murmuró la última parte ligeramente abatido.

–Bien. Ahora, si no es mucha molestia, Potter, ¿te importaría llevar a los Cullen a su torre? –la directora esbozó una triste sonrisa, de la que sólo Edward entendió su significado.

–Claro que no.

Harry se levantó y los Cullen le siguieron a través de la gárgola. Nadie hablaba. Intentaba controlarse para no abalanzarse sobre Harry; necesitaban cazar cuanto antes.

Se sintieron algo mejor al salir al pasillo. Harry pensó que era algo extraño que no dijesen nada porque cuando él llegó al mundo de los magos, sentía siempre la necesidad de preguntar por todo.

–No es que no tengamos curiosidad –dijo Edward. Harry se sobresaltó un poco antes de recordar que era legeremántico–. Es simplemente que hemos resistido bastante desde que la directora se apareció en nuestra casa...

–Y tienen sed, Harry, mucha sed. Es más seguro para ti y los que estéis en el castillo que ellos aguanten la respiración –completó Bella.

–¿Ellos? ¿Y tú qué? –se extrañó Harry.

–Los vampiros podemos tener... ciertos dones. Son, en realidad, el resultado de nuestra mejor cualidad que poseíamos como humanos, aumentada diez, cien, quizá mil veces. Mi don, es el de un extraordinario autocontrol. Yo, quizás pueda aguantar mejor y no abalanzarme sobre ti, pero te aseguro que el resto de mi familia no puede –explicó Bella.

Edward la miró extrañado cuando omitió su escudo, pero su esposa lo miró como pidiéndole silencio, y decidió esperar un poco más.

–¿No tienes nada que preguntar?

–Tengo la cabeza hecha un lío y no sabría por dónde empezar –admitió Bella.

–Se me olvidaba vuestra condición... si es que parecéis tan humanos... –confesó Harry.

–Harías bien en no olvidar que no somos humanos –repuso Jacob suavemente.

–¿Somos? –inquirió Harry extrañado–. Creí que no eras un vampiro.

Jacob refunfuñó ligeramente, pero no enfadado, sino más bien... algo divertido.

–No me compares con un chupasangre.

Nessie le pegó un codazo con el ceño fruncido.

–No me refería a ti –dijo con una sonrisa de disculpa.

–¿Qué eres entonces? Si no eres un vampiro...

Tras atravesar unos cuantos pasillos habían llegado al rellano de una escalera y la subían a paso humano. Abundaban cuadros por todas partes.

–¿Yo? Yo soy un hombre-lobo.

–Pero al contrario de tu amigo ¿Lupin, dices que se llama?, Jacob se transforma a voluntad. Así que el término más correcto no sería hombre-lobo sino metamorfo –aclaró Edward.

–Jamás me acostumbraré a que me lean la mente como si fuera un libro abierto –masculló Harry.

Toda la familia soltó una risita sin poder evitarlo.

–¿De qué os reís? –preguntó Harry molesto.

–Si tú no lo soportas es porque acabas de empezar a sufrirlo. En mi casa no existe la intimidad. ¡Imagínate, con una adivina, un lector de mentes y un empático es imposible guardar un secreto! -exclamó Nessie alegremente.

Jamás dejaré de agradecer el hecho de que no puedas leerme la mente –pensó Bella, apartando el escudo.

Edward le dedicó una sonrisa torcida, la favorita de Bella. Harry se detuvo de repente delante de un gran cuadro que representaba a una mujer vestida con un vestido rosa, que, por muy amplio que fuese, seguía sin ocultar los kilitos de más que tenía encima cuando la retrataron.

–Ésta es la Dama Gorda. Custodia la entrada que da a la sala común de Gryffindor. Para entrar se necesita conocer la contraseña, que la Dama Gorda cambia cada poco tiempo –se apartó para que los curiosos Cullen se acercaran a examinar el cuadro–. En cada casa ocurre lo mismo, excepto en la de Ravenclaw. Creo recordar que Luna me contó que proponían un acertijo.

Hasta con la garganta atenazada por la sed, Emmett sacó fuerzas para hacer un comentario:

–¿Y quién es Luna? ¿Tu novia? –preguntó con una pícara sonrisa.

–¡Oh, no! Es una de las integrantes del ED y una de las mejores amiga de mi... ex-novia –un deje de melancolía invadió la voz de Harry y todos comprendieron que ya no tenía ganas de hablar.

–¿Qué significan esas siglas, ED? –inquirió Bella.

–Ejército de Dumbledore –respondió Harry secamente–. Fue un grupo que creamos en mi 5º año en Hogwarts. Hubo una profesora, Dolores Umbridge, que abusaba del poder que le otorgaba el ministerio y que, encima, no nos enseñaba nada. Fue una especie de... rebelión ante esas circunstancias y en ese grupo, aprendían Defensa Contra las Artes Oscuras de verdad.

Un dato llamó la atención de Bella, que, haciendo uso de su auto-control vampírico, volvió a preguntar:

–Pero, ¿aprendíais solos? ¿O había algún profesor rebelde que se unió a vosotros para enseñaros?

–Por supuesto que había un profesor –respondió Harry con una sonrisa cínica–. Era yo.

Los Cullen le miraron con sorpresa, casi admiración. Harry sintió una extraña sensación en el estómago: era la primera vez que alguien le admiraba por lo que hacía, y no por quién era.

–¿Qué ocurrió con el Ejército de Dumbledore? –interrogó Carlisle. Sentía una gran curiosidad por aquel grupo estudiantil, tan fuera de lo normal.

–Una de las integrantes del ED trajo a una amiga a las reuniones. Sin embargo, resultó que Marietta era una asquerosa traidora que a las primeras de cambio, nos delató ante Umbridge –escupió Harry con rabia–. Pese a todo, se llevó un bonito recuerdo grabado –añadió de forma siniestra.

Edward se quedó con la boca abierta cuando vio en la mente de Harry lo que le había pasado a Marietta.

Caminaron en silencio por los corredores y pronto llegaron frente a un gran retrato. Harry se sorprendió al ver de quién se trataba.

Un hombre alto, con una larga barba plateada, que llevaba unas gafas de media luna. Sobre la cabeza lucía un sombrero de mago y la túnica azul marino contaba con diminutas estrellitas en ella. Sonreía con un gesto amable, tan típico de él. Al verlos, Albus Dumbledore amplió aún más su sonrisa.

Harry, desconcertado, dio dos pasos hacia atrás.

–Profesor Dumbledore –murmuró.

Los Cullen miraron con interés el cuadro. Sentían curiosidad por aquel hombre, que algunos tildaban de loco y otros, de maravilloso. El extravagante aspecto del antiguo director de Hogwarts les sorprendió a algunos, como Bella y Jasper, pero a otros les resultó gracioso y acorde con la personalidad del hombre.

–Buenas tardes –saludó Dumbledore alegremente.

–¿Cómo... cómo ha venido a parar aquí, profesor? –preguntó Harry, nervioso, casi tartamudeando.

–Oh, en cuanto supe que iban a venir unas criaturas tan extraordinarias como los Cullen, me ofrecí voluntario para custodiar la torre. Mi caso es parecido al de Phineas Nigellus: tengo un cuadro aquí y otro en el despacho de la directora. No creo que la gente sospeche: hay decenas de cuadros míos por todo el castillo, algunos ocultos en lugares que nunca has visitado –guiñó un ojo–. ¿Me presentas a los nuevos inquilinos de la torre, Harry?

–Ajá –afirmó Harry distraídamente.

En el mismo orden en el que se encontraban, el chico fue presentándoselos a Dumbledore.

–Este es Carlisle, y su esposa Esme. Edward, Bella y su hija... eh... ¿cómo decíais que se llamaba?

Jacob soltó una risita y Bella le dirigió una mirada furibunda al licántropo.

–Reneesme. Se llama Reneesme –contestó de mal talante.

–Si os es más sencillo, podéis llamarme Nessie –intervino la aludida, muy sonriente.

–Como el monstruo del lago Ness –bufó su madre. A pesar de que había aceptado el sobrenombre de su hija, aún a veces, volvía a quejarse del mote.

Dumbledore los miraba divertido y Harry ligeramente incómodo. Eso que lo rodeaba era una familia... la familia que a él le hubiera gustado tener. Feliz y unida. Se quedó mirándolos más tiempo de lo que debería, y Edward lo miró, compasivo. Apartó la mirada rápidamente, incómodo, y siguió presentándolos.

–Y, bueno, su hija Reneesme, Nessie para los amigos. Más al fondo están Alice y... ¿Jasper, era ese su nombre? El que está a su lado se llama Emmett y ella es su novia Rosalie. El muchacho moreno es Jacob –iba señalándolos mientras los enumeraba. Los Cullen se quedaron quietos, algo más serios de lo normal. La sed comenzaba a ser algo insoportable, y más con el muchacho hablando tan tranquilo delante de ellos. ¿Es que no comprendía que podían saltar sobre él en cualquier momento?

–La contraseña será... caramelos de limón –decidió Dumbledore.

Se apartó para dejarlos pasar y los Cullen entraron en la sala. Apenas se detuvieron hasta llegar al gran ventanal que se hallaba en la otra punta. Jacob y Nessie se detuvieron, pero los demás siguieron adelante. Carlisle abrió el cerrojo del cristal y toda la familia saltó por la ventana a la vez, para consternación de Harry.

–¿¡Qué hacéis! –exclamó horrorizado.

No gritaba por nada: habían saltado desde una altura de unos... ¿500 metros, quizás? Harry se aproximó al ventanal y se asomó. En la oscuridad de la noche, Harry no pudo ver que los Cullen aterrizaban ágilmente sobre la hierba. Después, a la velocidad vampírica, se internaron en el bosque en busca de algún pobre ciervo.

–Quédate tranquilo. Sólo van de caza –Nessie se había acercado también.

–Ajá –murmuró Harry.

Se alejó del cristal aún sorprendido. Se reunieron con Jacob, que se había situado alrededor del agradable fuego.

–¡Qué bien se está aquí al lado! –exclamó Nessie alegremente–. Mejor lo aprovecho antes de que vuelvan papá y mamá...

–¿Por qué lo dices? –preguntó Harry.

–Porque mi familia tiene la piel helada. Es como tocar un cubito de hielo. Darle la mano a Jake es todo lo contrario: es como poner la mano sobre un radiador. Así están las cosas. Licántropos y vampiros parecen ser lo opuesto unos de otros, aunque yo ya estoy acostumbrada.

–Como los miembros de la Orden y los mortífagos –murmuró el chico.

Nessie y Jake le dirigieron una mirada de lo más significativa. Harry se preparó para empezar a hablar. Presentía que hablaría mucho más de lo que estaba habituado.

–Los mortífagos son los seguidores de Quien-Vosotros-Sabéis. Aunque no los considere más que unos sirvientes que en cuanto dejen de serle útiles pueden ser eliminados sin remordimiento alguno. Tienen una marca... hecha a fuego, supongo, en el brazo izquierdo. La llevan todos sus seguidores.

–Por eso nos exigiste que nos descubriéramos los brazos –Harry asintió.

–Es algo horripilante: una calavera de cuya boca sale una serpiente que se enrosca en ella. Cuando quieren llamar a su amo, tocan esa marca. Se le llama la Marca Tenebrosa. Es así porque cuando aparece sobre un edificio o un lugar... es claro indicio de que los mortífagos han matado allí –al final de la frase se le quebró la voz. No le traía muy buenos recuerdos.

Jake y Nessie esperaron pacientemente a que siguiera hablando.

–Algunos se unieron a él por miedo, ambición o simple maldad. Otros lo hicieron bajo amenazas o la maldición imperius,un maleficio que te convierte en una marioneta a manos del que ejecutó la maldición.

–Es horrible –dijo Nessie. Se sentía horrorizada ante las palabras de Harry.

–¿Quiénes son los de la Orden?

–La Orden del Fénix. Fue fundada hace ya casi 30 años. En sus inicios era una sociedad clandestina, creada por el mismísimo Dumbledore. Mis padres pertenecían a ella –Harry titubeó un poco al hacer esa revelación–. Sus miembros se dedican a luchar contra Quien-Vosotros-Sabéis, o más bien, contra los mortífagos. Los comienzos fueron duros. No estaban tan organizados como en la actualidad y los mortífagos los cazaban uno a uno. Sin embargo, hace dos años, fueron los que se encargaron de avisar a la comunidad mágica de que había regresado lord... bueno. Ya-sabéis-quién. Indirectamente, impidieron que los mortífagos actuaran abiertamente, pero no evitaron que comenzaran a actuar otra vez –hablar de todo aquello le recordaba a Harry que Ojoloco ya nunca volvería a contarle más cosas.

Ojoloco murió cuando trasladaron a Harry desde Privet Drive hasta Hogwarts. Todo el mundo lamentó la pérdida, mas comprendieron que Ojoloco hubiese preferido morir en acción que siendo un producto de la vejez.

–¿Cómo se le llama a Tom Riddle?

La pregunta pilló desprevenido a Harry pero no supo qué hacer, sino escribírselo. Se puso de pie buscando pluma y pergamino. Los encontró sobre una mesita. Nessie y Jacob observaron con interés ambos objetos.

Harry se sentó otra vez junto a ellos y escribió lentamente:

''Lord Voldemort''

–¿Vold... ? –comenzó Jacob.

La reacción de Harry fue casi terrorífica. Se tiró contra el fornido muchacho Quileute y le tapó la boca con ambas manos.

Nessie lo observó como si hubiese preso de la locura. Ayudó a Jake a incorporarse mientras miraba al Elegido con un renovado recelo. Se preparó para emitir un grito mental para su padre cuando Harry se disculpó diciendo:

–El nombre de Riddle es tabú. No sé si la directora os advirtió de ello, pero jamás, jamás digáis ese nombre. Dumbledore nos enseñó a no temer a un nombre. Pese a todo, ahora no está en juego que te miren como si estuvieras loco o que se asuste una sala entera. Ahora está en peligro la seguridad de los que habitan en el castillo.

–Lo siento. Pero, ¿no crees que fue una reacción exagerada?

Harry lo miró con resignación e ironía.

–No lo comprendes. Después de tantos años de sobresaltos, sorpresas desagradables o situaciones desesperadas, ya es un acto reflejo para mí y para todos los que me rodean reaccionar rápidamente y, a menudo, exageradamente, como dices –dijo–. Decir un simple nombre pondría en peligro Hogwarts, y este es el único hogar que he conocido, el único lugar donde he sido feliz... y es la última esperanza de muchos. Si Hogwarts cae, ya no habrá ningún lugar seguro para los hijos de muggles. Serán cazados como animales, y algunos no tienen más de 11 años. Nadie tendría que pasar por ello.

Nessie y Jacob captaron un leve tono de amargura en su voz. La chica lo miró con lástima. Debía de haber pasado por momentos realmente horribles para reaccionar de tal manera.

Harry se dio la vuelta. Lo último que deseaba era ver la compasión en los hermosos ojos de la niña, su rostro hermoso que tanto se parecía al de Cedric.

–La profesora nos dijo que poseías un poder que el señorito ese no ¿Cuál es ese poder? –preguntó Jake para distraer.

–Uno que en vuestra familia conocéis muy bien: el amor.


*→ alusión a una escena de Luna Nueva (saga Crepúsculo).

**→ según la película, fue Cho Chang la traidora, pero a mí me gusta más la ''versión oficial'' en la que Marietta es la traidora.


¡Hola! *la autora sale confiada, con las manos en alto y una sonrisa nerviosa, esperando que no la fusilen por haberles hecho esperar durante 9 días...* Bien. Lo siento mucho. Pero hay que decir que me alegran mucho los 6 reviews que recibí en los primeros días. ¡Vamos mejorando! (en el anterior sólo recibí 4). Les prevengo para que se preparen para esperar el próximo capi, que siento decir que, a diferencia de este, no tengo escrito todavía y no se lo he enviado a Ale para que lo corrija. ¡Paciencia! Os aseguró que trataré de tardar lo menos posible.

Ahora, voy a responder a la duda de una anónima llamada ''melx''. Como tú misma me dijiste, creciste con las películas, y, desgraciadamente, las películas suelen saltarse todos aquellos detalles que no son importantes en la trama. Si decides leer los libros, verás que en el sexto libro, en la fiesta de Navidad de Slughorn, aparece un vampiro. No un vampiro como los Cullen, sino el tradicional, el que creó Bram Stocker en su novela ''Drácula''. Así que sí que aparecen vampiros en HP, detalle pasado por alto en las películas.

Saludos =)

lady Evelyne

P.D. → Recuerden... pinchen el goblito amarillito y dejen reviewsitos... Si dejan un review, aparecerá el genio de Aladino y os concederá tres deseos (¡puede hacer aparecer a Edward, Harry o quien quiera que ustedes prefieran!).