Disclaimer → Harry Potter pertenece a la magnífica J.K. Rowling y Crespúsculo, a Stephenie Meyer. Yo sólo me adjudico la tarea de hacer la combinación de estos mundos. El beteo lo hace Ale Withlock, todo hay que decirlo.
¡Huy!, no actualizo desde... el día 2 de mayo. ¡Gracias a las que sigan esperando!
Capítulo IV
–Somos... vampiros mágicos...
Los centauros asintieron con la cabeza ante la afirmación. Y en aquel momento, un feroz rugido sacudió el Bosque entero...
Los Cullen se dieron la vuelta, sobresaltados.
''¿¡Qué mierda ha pasado ahora!'' pensó Emmett.
''No me digas que hay dragones en el Bosque...'' se dijo Rosalie ''Aunque tampoco me sorprendería, dadas las circunstancias...''
''¿Qué ocurre, Edward?'' preguntó Carlisle.
''Si fuera humana aún, me desmayo. ¡Me desmayo! Esto ya es demasiado...'' pensó Bella, desesperada, transmitiéndole el pensamiento a Edward.
Los centauros dieron coces contra el suelo, pero Jasper, que estaba tratando de controlar las emociones de su familia, sólo percibió de ellos nerviosismo y exasperación.
–¿Qué es lo que ha ocurrido? –preguntó Jasper, mirando aún desconfiadamente a los centauros.
No les dio tiempo a contestar, pero un sonoro grito, salvaje y gutural, volvió a sacudir el bosque. Extrañamente, a Bella le dio la impresión de que era casi humano.
–¡HAGUI!
Los pájaros salieron volando de las ramas de los árboles de una zona determinada. Los centauros se miraron entre sí. Parecían estar debatiéndose entre algunas opciones, pero ninguna les daba la impresión de ser la correcta. Edward les echó un vistazo a sus mentes, con el firme pensamiento de: ''Una pequeña ojeada no le hará daño a nadie''.
Era el mismo paisaje, el oscuro y sombrío bosque. Una… ¿piedra? gigante temblaba en un rincón, pero Edward percibió en la zona alta una nariz chata, unos ojos asustados, una boca lo suficientemente grande como para tragárselo a él entero. En el suelo del bosque, sobre las hojas secas que lo cubrían, montones de arañas, como sacadas de una película de terror. Edward no le temía a esos insectos, pero aquellas arañas eran grandes como caballos, moles inmensas de masa negra que chascaban sus pinzas.
Totalmente ajeno a lo que su marido veía en la mente de los centauros, Bella les preguntó:
–¿Qué produjo ese grito?
Ronan se pasó la lengua por los labios, indeciso. Bane no parecía estarlo tanto. Les indicó a los Cullen que le siguieran. Echó a galopar a través del bosque, saltando con agilidad sobre los obstáculos.
Consciente de que la familia podía escucharle perfectamente, explicó:
–No somos las únicas criaturas que habitan en este bosque. Este lugar tiene una edad de aproximadamente mil años, y lo largo de todos ellos, se han ido acumulando diversas especies de animales mágicos en éste.
El comentario sacó a Edward de su ensoñación.
–¿Cómo arañas gigantes? –preguntó con incredulidad.
Ronan asintió.
–Acromántulas. Venid y vedlas vosotros mismos.
En apenas unos escasos minutos, en los que los vampiros debían de ir algo más rezagados para no perderse en el bosque, llegaron a una zona en la que los árboles habían sido arrancados de cuajo, de raíz, por una fuerza descomunal. Se escondieron detrás de una gran roca y unos matorrales gigantes de zarzas.
Los centauros se apartaron y les indicaron con un gesto que se acercaran a mirar. Emmett puso menos reparos a los demás a mirar, y se asomó por la roca tras la que estaban escondidos.
''Vamos a echar un vistacito a lo que son esas acrumántulas'' pensaba Emmett, visiblemente emocionado.
–Acromántulas, Emmett –le corrigió Edward con un susurro.
Arañas del tamaño de caballos e hipopótamos se acercaban amenazadoras a un gigantesco niño que se encogía como podía en una cueva de dimensiones colosales. Gemía y seguía llamando a ''Hagui''. Las arañas seguían acercándose, chascando sus pinzas, como si estuvieran saboreando de antemano el festín.
Ninguna araña había impresionado nunca tanto a Emmett, que soltó un grito ahogado. Los demás, al percatarse de que no había peligro, se acercaron también para mirar. A Jasper le abrumó la pena y la lástima que toda la familia desprendía por el niño gigante, de modo que preguntó:
–¿Por qué le atacan?
–Desde hace algún tiempo, el líder, por así decirlo, del clan de las acromántulas del Bosque, murió por causas naturales. Se llamaba Aragog. Él era quien los controlaba y evitaba que atacaran a los humanos, pero, desde su fallecimiento, se han descontrolado, y se han visto libres para atacar a los humanos. Ese niño, Grawp, es el hermano del guardabosques, y su tamaño lo convierte en un delicioso banquete–hizo una musca de desagrado antes de continuar–. Si fuera una sola, Grawp sabría defenderse, pero son demasiadas, y ese gigante tiene complejo de niño; les tiene miedo.
Bella miraba con inmensa pena al gigante, y le sorprendió que nadie le ayudara.
–¿Por qué no le echamos una mano? –propuso, dando un paso hacia las arañas.
Edward la detuvo con un gesto, replicando furiosamente:
–No seas inconsciente, Bella, no sabemos cómo nos puede afectar el veneno de esas criaturas, y son muchísimas más de las que podemos ver.
–¿¡Más! –exclamó Esme–. ¡Pero aquí mismo ya hay más de mil, si contamos a las arañas pequeñas!
''¿Cuántas son, Edward?'' preguntó, Jasper, que calculaba las posibilidades de vencer a esa marea negra.
–Están llamando a las que están en el castillo, las que están en la telaraña, y a las que están dispersadas por el Bosque... En total, podrían ser más de siete mil arañas –concluyó Edward en tono sorprendido.
–¡¿Más de siete mil? –preguntó Carlisle, muy impresionado.
Bane llamó su atención, hablando en un tono resentido, casi de odio:
–¿No querían que alguien ayudara a ese gigante? Pues allí tienen a su hermano, el guardabosques –dijo.
Un hombretón de más de dos metros se acercaba blandiendo con furia una ballesta, pisoteando a las arañas más pequeñas:
–¡Dejadlo en paz! ¡No os ha hecho nada! –bramó–. ¡Alejaos de aquí, u olvidaré que Aragog fue mi mejor amigo!
Las arañas se retiraban poco a poco, intimidadas por la presencia del hombre.
–Hagui... –le llamó el niño con voz lastimera.
El hombre, con una barba increíblemente espesa (y que, según Alice y Rosalie, necesitaba un buen corte), se acercó a Grawp y le dio unas palmaditas cariñosas en el brazo.
–Venga, Grawpy, las arañas malas ya se han ido... –le decía.
Los Cullen miraban con ternura la escena familiar que sucedía delante de ellos, sin saber que Ronan y Bane destilaban desaprobación por todos los poros de su piel. Sólo Edward y Jasper lo percibieron, pero no podían evitar comprender al guardabosques y a Grawp, aunque entendían también la postura de los centauros.
–Deberíamos irnos –murmuró Alice.
El resto asintieron en silencio, y Bella olfateó en el aire, para buscar a su presa antes de marcharse. Esta vez evitó con cuidado a los unicornios, y cazó un inocente venado adulto antes de volver junto a la familia, y ponerse en marcha para volver al castillo.
–¿Eso hizo Trelawney? –preguntó Jacob perplejo.
Harry se sintió incómodo ante las penetrantes miradas de la pareja.
–Lo hizo inconscientemente, pero eso hizo –aclaró–. Y... bueno, en la jerarquía vampírica, ¿quiénes están por encima de los vampiros con dones? –cambió de tema, algo de lo que Nessie y Jacob se dieron cuenta, pero le siguieron el juego.
–Por encima de ellos, están los Vulturi... Ellos son la máxima autoridad en nuestro mundo; son los reyes, por así decirlo.
Harry se dio cuenta de que aquella organización no era tan diferente a la de los humanos.
–Los jefes son tres: Aro, que es el que los dirige; Marco, el consejero pacifista, y Cayo, el encargado del ejército y de las ejecuciones...
–Ese Cayo me cae muy, pero muy mal –la interrumpió Jacob.
Nessie miró molesta a su novio, que le devolvió una sonrisa de disculpa.
–Bueno, sí, coincido en que es muy desagradable, pero tiene todo un ejército.
–¿Un ejército?
El Elegido no podía encontrar más interesante aquella historia. Al menos, era más interesante que las clases de Binns.
–Lo forman los vampiros con los dones más poderosos y extraordinarios del mundo. A menudo, los manifiestan cuando son humanos, y entonces, los Vulturi lo capturan para hacerlo un miembro de la guardia. Aro es una especie de coleccionista de vampiros.
Harry no comprendía el peligro que podía suponer los Vulturi esos para los Cullen.
–No parecen tan peligrosos...
–No lo son con Bella a nuestro lado.
En cuanto Nessie le miró con mala cara, Jacob comprendió que ya había dicho demasiado. Un don como el auto-control, ciertamente, no servía de mucho ante Jane o Alec.
–¿Por qué?
La semi-vampira se mordió el labio, y, mirando nuevamente con reproche a Jacob, le reveló el verdadero don de su madre a Harry:
–El don de mi madre no es sólo el del auto-control...
–¿Ah, no?
El chico volvía a desconfiar de ellos al comprobar que le habían ocultado una información como ésa.
–Su verdadero don, es el de un potente escudo mental. Un don como ése inhibe el de mi padre, por ejemplo, y también muchos de los dones de los Vulturi.
El silencio se instaló durante unos minutos en la sala, que de repente, parecía agobiante.
–Ese don es el opuesto al de tu padre, ¿verdad? –preguntó Harry con la voz quebrada.
–Sí.
La mente de Harry funcionaba a toda velocidad, procesando la información. El don de Edward era el de la Legeremancia, entonces, el de Bella ¿era la Oclumancia? Esa rama de la magia que él nunca pudo aprender, aquella que tendría que haber evitado la muerte de Sirius. Aquella a la que nunca le dio importancia... ¿era la razón por la que los Vulturi no suponían una amenaza para los Cullen? Pero, ¿por qué Bella había querido mantenerla en secreto?
–¿Por qué tu madre ha querido mantener su don en secreto?
–No lo sé –la respuesta de Nessie le pareció sincera a Harry, al igual que su sonrisa de disculpa.
–Supone la mayor defensa de los Cullen, ¿verdad? –inquirió Harry.
–Sí –respondió Jacob, aún arrepentido de tener la boca tan grande.
–¿Por qué?
–Porque muchos de los dones de los Vulturi se basan en la mente. Jane, una de las más poderosas, tiene el don de provocar un dolor imaginario, un dolor que sólo existe en tu mente –''La maldición cruciatus'' pensó Harry–. El don de mi madre te protege de ese dolor, pues impide que entre en tu mente.
–O el tipo ese, Alec, que hace que te quedes sin sentidos –al ver que Harry no lo entendía, Jacob aclaró–. Consigue que no puedas ver, ni oler, ni oír, ni sentir. El don de Bella supone un escudo para muchísimos dones más, así que tenerla en la familia inspira un gran respeto entre otros chupasangres.
–Otro dato a recalcar de los Vulturi: se alimentan de sangre humana.
En ese momento, Edward abrió la ventana y entró de un salto en la sala. A él le siguieron todos los demás. Harry tragó pesadamente al ver Emmett tenía la camisa desgarrada y llena de sangre, y que Bella tenía unas sospechosas manchas frescas de una sustancia rojiza.
–Como en los viejos tiempos, ¿eh? –bromeó Bella dándole con el codo en las costillas a su esposo.
Edward se rió y abrazó a su esposa, mientras le echaba un vistazo de lo que habían estado hablando en su ausencia. Frunció el ceño tras leer la mente de su hija y del ''chucho*''.
Rosalie le cogió las manos a su sobrina.
–Te noto con una temperatura algo superior a lo habitual. ¿Te sientes mal, cielo? –preguntó poniéndole una mano en la frente, preocupada.
–No lo creo, Rose, es sólo que ha estado demasiado tiempo delante de la chimenea –aclaró Edward.
Carlisle intercedió de inmediato, poniendo en práctica sus conocimientos médicos:
–Entonces, quítale la mano de la frente y aléjala de la chimenea para que se enfríe por sí sola. Si la tocas con la mano helada, podría ser malo para su salud. Esa forma de enfriarla tan radicalmente sólo funciona si tiene fiebre, Rosalie.
La vampira le hizo caso, y la alejó conduciéndola suavemente hacia la ventana. Nessie, sin embargo, protestaba quedamente:
–Me encuentro bien, tía Rose, no hace falta que te preocupes tanto por mí.
Harry sentía envidia de Nessie, que tenía una familia que la cuidaba y la quería, y que, además, podía estar con el chico al que amaba sin impedimento de nada ni nadie.
Aquel pensamiento triste del muchacho humano, desató de nuevo la lástima de Edward, pero entendía que no debía demostrárselo. Quería preguntarle por Cedric Diggory, pero la mente de Harry fraguaba una nueva pregunta.
El Elegido se acercó con decisión a Bella, y le soltó en la cara:
–¿Por qué me mentiste acerca de tu don?
Bella se quedó perpleja, y por un instante no supo cómo reaccionar.
–¿Mi don?
–A Jacob se le ha escapado lo de tu don. Sé que sabes Oclumancia, admítelo.
Sin embargo, Bella estaba cada vez más confundida, y sólo la intervención de Edward la libró de un mal momento:
–Se refiere a tu escudo. A decir verdad, yo también me pregunto por qué ocultaste tu don.
Bella suspiró.
–Supongo que habrá que contar la historia desde el principio... No sé si mi hija te ha contado lo que son los niños inmortales.
–Me ha explicado las jerarquías vampíricas y quiénes son los Vulturi –respondió Harry, ceñudo.
Bella iba a contestarle cuando un fuerte chasquido se escuchó en la sala. De la nada, apareció un extraño ser.
''¡Guau! Un murciélago gigante'' pensó Emmett, divertido.
''¡Qué asco!'' se dijo Rosalie, mientras se alejaba unos pasos.
''¿Qué es...? Vertebrado, sin duda. Pero ¿anfibio o mamífero...?'' Carlisle trataba clasificarlo son éxito.
''¿Será peligroso?''dudó Esme.
Jasper percibió una gran alegría e idolatría por parte del pequeño ser, y un miedo reverencial hacia ellos. Estaba tan emocionado que casi saltaba, así que trató de infundirle algo de tranquilidad.
–¡Señor Harry Potter! ¡Es un gusto verle otra vez, señor! Dobby está muy feliz... –exclamó feliz el elfo.
–Hola, Dobby –respondió Harry algo cohibido.
Carlisle se acercó y trató de examinar de cerca al elfo, que dio unos pasos hacia atrás y lo miró con temor.
–¿Qué es? –preguntó Carlisle, sin prestar atención al gesto de Dobby.
–Se llama Dobby. Es un elfo doméstico.
''¿Un elfo?'' se preguntó extrañado Jasper. ''Un día de estos me va a dar un ataque a lo que me queda de corazón.''
''¿Dobby? Pobre criatura, ¿quién le habrá puesto el nombre?'' pensó Esme.
''¿Doméstico?'' razonó Rosalie. ''¿Cómo? ¿Como si fuera un perro o un gato?''
''¿Elfos?'' el pensamiento de Nessie era muy parco en palabras, pues el shock le impedía sorprenderse más.
Dobby tenía una voz muy estridente y aguda, que subió varias octavas más alto cuando volvió a hablar:
–¡Dobby ha oído hablar de ustedes! Su llegada ha sido muy comentada en las cocinas –hizo una ostentosa reverencia, de manera que su nariz rozó el suelo–. Los nuevos amos pueden pedir a Dobby lo que quieran.
Todos los pensamientos de los Cullen apuntaban en una sola dirección: ''¿Amos?''
Las caras de los vampiros indicaron discretamente a Harry que debía dar una explicación. La belleza de los Cullen aún asombraba a Harry, aunque Ginny aún fuese la que imperaba en su corazón. Esme guardaba un gran parecido con la señora Weasley, al menos en lo referente a la actitud con respecto a Harry.
–Los elfos domésticos son una raza que siente verdadera... creo que la palabra correcta sería necesidad... de servir a los magos –suspiró–. Básicamente son esclavos, pero lo son a gusto y con ganas. Les puedes dar la libertad si quieres, pero la mayoría se siente desamparados y algunos se vuelven locos al no tener trabajo.
–¿Cómo se liberan los elfos? –preguntó Bella con curiosidad.
Harry había olvidado por un momento el tema de su don y había decidido aprovechar la oportunidad. Aun así, no olvidaba que tenía una conversación pendiente con él. Se preguntaba qué sería la Oclumancia. Su don se basaba en un escudo, y siempre lo había llamado así.
¡Cuántas dudas implicaba un mundo nuevo! ¡Cuantas preguntas! ¿Qué haría en cuanto tuviese que hablar con Harry? ¿Qué querría Dobby? ¿Qué hacía allí?
Chucho* = significa ''perro'', para quien no lo sepa.
¡Hola! Vamos a ver... Siento muchísimo la maldita tardanza. Entre el insti y las tareas, y las cosas de familia, he tenido poco tiempo para escribir. Ale es la que menos tarda en hacer el beteo, la que tarda soy yo.
No creo que tenga que decir nada más, a excepción de que me voy en vacaciones en julio, de modo que no podré actualizar en 2 semanas. ¡Perdón!
Saludos =)
lady Evelyne
