Lena cerró el libro, abandonándolo sobre la mesa. Levantó la mirada hacia el horizonte, descansando sus ojos sobre los tejados de la galería al otro lado del patio. No sabía bien qué era exactamente lo que quería hacer, y se sentía inquieta. Ninguna de las distracciones a mano parecían ser suficiente para calmar su ansiedad.

Kara Zor-El no había vuelto a aparecer desde aquel paseo por los jardines que tan mal había terminado. Lena no podía culparla, después de la escena que había montado sobre el final. Tampoco era como si Lena Luthor estuviese deseosa de ver aquella mujer en particular, apenas la conocía y las razones para temerla podrían llenar un tomo entero. Pero tenía que reconocer que Kara Zor-El había logrado deshacer varios de esos viejos fantasmas en apenas un par de conversaciones. Y Lena no podía evitar la curiosidad.

Sacudió su cabeza, intentando alejar aquellos pensamientos. Poco importaba lo que quisiese o no. Probablemente, ya no iba a volver a verla hasta el día de la ceremonia, que por cierto, nadie se había dignado aún a hacerla partícipe de los detalles; no tenía una sola idea del día en que se iba a llevar a cabo y menos que menos de los pormenores de aquel evento. A Lena le hubiese gustado creer que a estas alturas ya debería estar acostumbrada a no ser más que una espectadora de su propia vida, pero el cambio de escenario había traído consigo la esperanza de algo distinto. Y aunque cada hora que pasaba era un puñado más de tierra sobre aquellas ilusiones que lentamente iban quedando enterradas, Lena no podía evitarlo, todavía seguían vivas. Heridas, pero vivas.

Se levantó, acercándose a los estantes amurados a la pared, observando la escueta colección de libros. Y aunque se alegraba de haber logrado traerlos, sabía que no iban a mantenerla entretenida por mucho tiempo. Con tantas horas muertas llenando sus días, la princesa Luthor había hecho poco más que devorar páginas.

Estaba a punto de tomar uno de los libros que ya había leído más de una docena de veces, cuando los golpes en la puerta la sobresaltaron. Jess aun dormía y Lena no había encontrado razón para despertarla. Se acercó a la puerta, abriendo. Del otro lado, un joven de mirada ansiosa y cabello alborotado le sonrió.

—Princesa Luthor —Una corta reverencia— Mi nombre es Winslow Schott, Mayordomo del Palacio. —Lena no dijo palabra— Estoy aquí por orden de Kara Zor-El, quién se preocupa por hacerle saber los detalles de la ceremonia y con ese motivo me envía.

Como si la hubiese llamado con el pensamiento. Lena tardó un momento en comprender cada frase. Kara Zor-El y Alexandra Dan-Vers habían mostrado un manejo impecable de la lengua común, a pesar del marcado acento de las dos y alguna que otra dificultad por recordar ciertas palabras. El muchacho se hacía entender, pero no parecía tener la misma práctica que aquellas dos mujeres. Lena le sonrió, abriendo un poco más la puerta.

—Si no es mal momento, puedo guiarla a la cámara de costura, Kara Zor-El ha enviado por una amplia variedad de telas.

—¿Telas?

Winslow asintió una vez, sonriendo.

—Sí, para ampliar su guardarropa y quizás alguna en particular sea de su gusto para el vestido de bodas. —El joven carraspeó, algo nervioso de no recibir demasiada respuesta— Acto seguido, puede elegir las joyas reales que van a acompañar el atuendo. Hay varias opciones disponibles para Su Alteza.

—¿Winslow? ¿Así se pronuncia?

—Correcto, Princesa.

—No quiero sonar ingrata, por supuesto que me complace que se tenga en cuenta mi opinión sobre el atuendo que voy a llevar en el día de mi boda. Pero antes, si entiendo bien, Kara Zor-El lo envía para hacerme partícipe de los detalles de la ceremonia, no solo para hablar de joyas y vestidos ¿Cierto?

El Mayordomo asintió, esta vez varias veces, con energía. Lena se movió a un costado, y con una seña de su mano lo invitó a entrar. La mirada del joven se agigantó, y el movimiento de su cabeza cambió de dirección, negando con ganas.

—Lo siento Princesa Luthor, pero no sería apropiado de mi parte.

—Oh. Entiendo. Lo que menos quiero es causar problemas. ¿Puede aguardar un momento? El aire parece fresco esta mañana y necesito algo más de abrigo si es que vamos a deambular por las galerías y los patios.

Winslow bajó la cabeza, dando el sí. Lena devolvió el gesto y cerró la puerta, dejando al muchacho al otro lado. No tardó, tomando una de sus capas y apurada, buscó su reflejo en el espejo, sintiéndose casi conforme con el estado de su cabello. Cuando volvió a abrir, el Mayordomo seguía exacto en la misma posición, esperándola.

—Bien. Estoy lista —Lena volvió la mirada al joven frente a ella— ¿Kara Zor-El lo envía específicamente para resolver mis dudas?

—Así es, Su Alteza. Kara Zor-El entiende que nadie llegó a hacerla partícipe de los pormenores de la ceremonia y que, quizás, tener algunas respuestas podría ayudar a calmar sus ánimos.

Lena Luthor contuvo las ganas de contestar. Por supuesto, después de como había terminado el último encuentro, Kara Zor-El la habría tildado de histérica. Demasiado emocional, quizás. Tal vez de una forma algo más decorosa que la que Lex solía emplear cuando quería ofenderla, lastimarla. Pero al fin de cuentas, no muy diferente al trato que siempre le habían dado.

—¿Su Alteza?

—Sí… Lo siento, Winslow. —Lena había comenzado a caminar junto al muchacho, dejando que la guiara por aquellos corredores— La primera respuesta que me gustaría tener es la fecha exacta en la que la ceremonia se va a llevar a cabo.

—En doce días más, sin contar el que estamos viviendo.

Lena asintió despacio, cruzando sus brazos delante de su estómago, su paso aletargado. Doce días era apenas un suspiro. En poco menos de dos semanas iba a convertirse en la esposa de una extraña. Ni siquiera se había hecho a la idea aun de ser dada en matrimonio a una mujer, algo que la llenaba de preguntas, sino que además apenas había podido mantener una conversación con Kara Zor-El sin terminar haciendo el ridículo o demostrar cuán poco control tenía sobre ella misma.

—La ceremonia… ¿Van a darla en la lengua común?

El joven frunció el ceño. Lena lo vio levantar una de sus manos, estirar uno de sus dedos hacia arriba, pidiendo un momento. Lo vio tomar una tablilla del morral que colgaba cruzado a su pecho, y un carboncillo apareció entre sus dedos. Winslow anotó con rapidez, su lengua asomando entre sus labios, su mirada concentrada. Lena no lo interrumpió, hasta que el muchacho volvió a su costado, devolviendo la tablilla al morral.

—La ceremonia nunca podría darse en una lengua extranjera, pero voy a asegurarme de hacerle llegar una traducción de antemano. No es perfecto, pero al menos Su Alteza va a poder entender las palabras que van a decirse.

—¿Es normal que una mujer tome por esposa a otra?

El Mayordomo carraspeó, moviendo sus manos hacia sus espaldas, bajando la mirada al suelo.

—Más que nada, Su Alteza, yo estoy aquí para responder a dudas sobre el protocolo a seguir… Es decir. La preg-

—¿No es normal entonces?

—No, no —El Mayordomo tosió, una de sus manos subió al cuello de su camisa, estirándolo varias veces hacia fuera— No es eso. En las últimas décadas, Krypton se ha alejado bastante de la tradición de nuestros abuelos… Algunos irían más al afirmar, que, en realidad, Krypton está volviendo a las costumbres de nuestros ancestros, a los tiempos de las leyendas, quizás-

—Winslow.

—¿Mm? —El joven levantó la mirada, encontrando el verde aguerrido de la Princesa apuntándole —¿Si, Su Alteza?

—¿Es o no es normal?

Winslow Schott soltó un suspiro.

—Estadísticamente no, mayormente la unión matrimonial suele darse entre… —Un carraspeo más— un hombre y una mujer. Pero la capitana Alexandra Dan-Vers por ejemplo, está unida en matrimonio a una mujer. No es extraño, es personal. Es un sacramento, nadie más que las dos personas involucradas tienen voz y voto en el asunto.

—Es decir que si me niego, ¿Nadie podría obligarme? —Lena observó la palidez que comenzaba a inundar el rostro del joven mayordomo. Hizo una pausa, antes de rescatarlo de su miseria— Winslow… sé perfectamente que no puedo negarme. Lo quiera o no. Ahora, lo que intento darle a entender es que si piensa hacerme perder el tiempo con respuestas estudiadas y frases que puedo sacar de una enciclopedia, prefiero saberlo de antemano.

Los hombros del mayordomo se vencieron, sus ojos bajaron al suelo.

—Tengo autorización para explicar los detalles de la ceremonia y los protocolos a seguir. Para presentarla ante las damas de costura, así puede pasar los encargos que considere necesarios y además, hacerle saber que la llegada del Rey es próxima y se espera un banquete en su honor, al que Su Alteza deberá asistir.

—Perfecto. En otras palabras, es mejor si no hago demasiadas preguntas. —Winslow no contestó, Lena pudo leer la derrota en su rostro— Bien, Winslow Schott, Mayordomo del Palacio, soy toda oídos. Cuéntame sobre la ceremonia y los protocolos. Y llévame ante las damas de costura. La distracción es más que bienvenida.


Kara Zor-El se enderezó, inflando su pecho, levantando su mano hacia la puerta. Hizo una pausa antes de golpear con sus nudillos. Dio un paso hacia atrás, acomodándose, levantando su mentón, esperando. Movió la mirada hacia los costados. Ladeó su cabeza, intentando acercar su oído a la puerta, y fue entonces que Jess abrió. Kara se irguió de golpe, uniendo sus manos a sus espaldas con fuerza.

—¿La princesa Luthor?

—No está aquí.

Kara se quedó en silencio por unos instantes. Intentó espiar por sobre la doncella y la vio fruncir el ceño, entornando más la puerta, bloqueándole la vista. Volvió la mirada hacia la mujer frente a ella.

—¿Dónde se encuentra?

—Eso me gustaría saber, estaba a punto de salir a buscar a mi Señora, aunque si lo hago y ella vuelve…

—¿No dejó palabra antes de marchar?

—Lamentablemente, no.

Kara entrecerró sus ojos, intentando contenerse de volver a espiar. Después de como había terminado el último paseo, no sería extraño que la Princesa Luthor estuviese evitándola activamente. Pero arriesgarse a encender la furia contenida que podía leer en la mirada que la doncella le regalaba le parecía poco inteligente. Y poner en duda su palabra no era un error que pensaba cometer.

—Ya veo… Entonces es mejor si hay alguien para recibirla en cuanto llegue, para evitar desencuentros. Puedo encargarme de buscarla.

Obviamente, de confianza la doncella le tenía poco, pero para la sorpresa de Kara, después de unos cuantos instantes de meditación, la mujer pareció aceptar la oferta.

—Espero aquí, entonces.

La doncella la observó una vez más, de arriba abajo, y finalmente, cerró la puerta. Kara se giró, mirando a su alrededor. Hasta entonces, la Princesa Luthor apenas había abandonado sus habitaciones desde que había llegado, y en cada ocasión se había cuidado bien de llevar a su doncella consigo. Poca idea tenía de dónde encontrarla, pero cuanto antes comenzara, mejor.


Kara Zor-El se detuvo en cuanto dobló la esquina, dejándose caer contra la primera columna que encontró.

No tenía idea de dónde más buscar por la Princesa. Para ser sincera, no había tenido idea desde el principio. Había caminado hacia las cocinas en un primer intento, y bien pronto le habían hecho saber que la Princesa Luthor no solía mostrarse por esos lados y que, usualmente, nadie que no trabajase allí lo hacía. Kara no se perdió el tono sarcástico del capatáz de cocina, que tantas veces había tenido que morderse la lengua frente a los constantes ataques sobre sus despensas. No era su culpa haber heredado el apetito de su padre.

Había vuelto a los jardines. Había pasado por el patio de armas. Caminado las galerías cercanas a su recámara, creyendo que quizás la Princesa estaba solo tomando algo de aire fresco. Pero nada. Si Kara siguiese las formas, habría encargado la tarea a un mensajero, haciéndole saber a la princesa Luthor que su presencia era requerida. O algo semejante. Pero Kara Zor-El no podía evitar sentirlo cómo un gesto demasiado frío. Lena Luthor era su prometida. Sí, eran dos desconocidas. Pero si Kara quería cambiar la situación, enviar un recado para demandar atención no le parecía lo más sabio. O quizás lo que estaba haciendo allí era peor. Quizás un mensaje podía ser ignorado pero aparecer en su puerta… Rao. ¿Por qué tenía que ser tan difícil? No quería más que intentar conocerla, pero cada uno de sus esfuerzos parecía alejarla de sus objetivos.

—Su Alteza—

—¡Ah!

Kara Zor-El dio un salto, girándose prácticamente en el aire.

Lo primero que vio fue un par de ojos verdes agigantados, y el esfuerzo sobre el rostro de la princesa Luthor que, evidentemente, intentaba contener la risa.

—Winn… Rao. No te escuche… ¿Por qué te mueves tan sigiloso?

—Uhm —Winslow parecía esforzarse por encontrar respuesta— ¿Su Alteza se encuentra bien?

—Kara. Por favor, Winn. Estoy segura de que la princesa no va a delatarnos si dejamos las formalidades para cuando realmente son necesarias.

—El secreto está a salvo conmigo —Kara bajó su cabeza una vez, regalando una reverencia corta hacia Lena, agradeciendo la complicidad— Aunque también me gustaría escuchar la respuesta ¿Se encuentra bien?

Kara Zor-El estuvo a punto de exigirle a la princesa que retirase el tono formal también, recordando como durante aquel paseo por los jardines Lena Luthor había llegado a tutearla, pero se acobardó en cuanto recordó como todo había terminado.

—Sí, perfectamente. ¿Usted?

—Bien, Winslow me ha hecho partícipe de los detalles de la ceremonia y el inminente banquete en honor al Rey. Gracias por enviarlo, ha sido de gran ayuda.

Kara asintió, viendo al joven Mayordomo ensancharse al escuchar las palabras de la princesa. Al menos, Winn parecía haber hecho un mejor trabajo que ella en sus intentos de hacerla sentir bienvenida.

—Faltaba más, Princesa. ¿Han terminado ya?

—La Princesa hizo algunos encargos a las damas de costura, si se me permite, excelente elección, cada una de ellas —Lena le dedicó una sonrisa al joven, devolviendo la cortesía— Y ha decidido visitar al joyero real por la tarde, siendo ya hora del almuerzo…

—Gracias, Winn. Puedes retirarte. Yo me encargo de escoltar a la Princesa a sus habitaciones.

Winslow hizo una corta reverencia hacia la princesa Luthor, dando un paso hacia atrás y girándose. Alejándose de las dos mujeres sin agregar una sola palabra más. Kara Zor-El pasó sus manos por detrás de su espalda, volviéndose hacia Lena, que en cuanto el joven mayordomo las había abandonado, había bajado su mirada a los suelos.

—¿Quizás debería haber preguntado antes de ofrecer mi compañía?

Lena Luthor se enderezó.

—No, no. Por supuesto que acepto la compañía. Mi doncella probablemente esté ya caminando los techos.

—Estaba algo preocupada, pero le dejé saber que iba a intentar encontrarla.

—¿Fue a buscarme a mis habitaciones? —Kara asintió, una sonrisa en sus labios. Levantó su brazo ofreciéndolo a la princesa y se alegró por dentro en cuanto Lena aceptó, tomándolo— Siento no haber dejado dicho donde me encontraba.

—No es algo que requiera de su parte.

—¿No? ¿No saber en dónde es que su prometida se encuentra es algo que no le molesta?

—No hay manera de que corra peligro dentro de las murallas de este Palacio.

—¿Solo eso le preocupa?

—¿Qué otra razón podría tener?

Kara le vio el gesto pensativo, su paso haciéndose lento. Fue ajustándose al ritmo de la princesa.

—No lo sé. En Laindon, alguien como yo… Tras la muerte de mi padre, Lex pasó a ser mi guardián. Temporal, por supuesto. Hasta ser dada en matrimonio donde el derecho de tutela pasaría a mi esposo —Lena levantó la mirada— Esposa, supongo. Lo siento, no es una costumbre permitida allí.

—No es necesaria la disculpa. ¿Qué es lo que implica el derecho a tutela?

Lena tomó aire, haciendo una pausa, paseando la mirada por la bella galería que atravesaban.

—Prácticamente, significa ser dueño de alguien. Con qué intensidad alguien quiera hacer uso de ese derecho puede variar, pero ante la ley, no hay demasiados límites.

—Ya veo. No voy a negar que en nuestro pasado nuestras leyes guardaron parecido con las que explica.

—¿Ya no?

—La esclavitud está completamente prohibida en Krypton desde hace más de una centuria.

—No tenemos esclavos en Laindon.

Kara se frenó, girándose hasta quedar cara a cara con la princesa.

—¿Está segura de eso?

Lena no podía negar que Kara Zor-El era una mujer atractiva. Probablemente, todo aquel que la había visto en persona era de su misma opinión. Sus facciones eran increíblemente simétricas. Su nariz de puente recto, que apenas se desviaba a causa de lo que Lena, estaba segura, era la huella de alguna batalla. La sonrisa impecable, que siempre terminaba moviéndose hacia un costado, haciéndola aún más carismática. La línea perfecta que marcaba su mandíbula, dándole fuerza sin robarle una pizca de elegancia. Todo enmarcado en el rubio profundo de su cabello, que parecía caer con demasiada perfección sobre uno de los lados de su frente. Sí. Kara Zor-El era dueña de una belleza clásica, indiscutible. Pero lo que Lena encontraba imposible de ignorar y a la vez, imposible de describir, era su mirada. Todo el porte que aquella mujer podía tener, que no era poco, quedaba en un segundo plano cuando la mirada de Kara Zor-El entraba en juego. Cuando el azul profundo de sus ojos apuntaban de lleno. Lena jamás había conocido una mirada así.

—¿Princesa?

Lena carraspeó, volviendo apurada a la conversación.

— Es cierto… es, puede llamarse así. Esclavitud quizás. Sí.

—¿Se encuentra bien?

—Perfectamente —Lena dio a entender su deseo de continuar la caminata, Kara Zor-El avanzó, guiándola— Es solo… Es difícil entender hasta donde las diferencias entre nuestros dos Reinos llegan, y cuáles son las similitudes. Es difícil saber qué es lo que debo hacer y que evitar.

—¿Qué es lo que le gustaría hacer?

Lena Luthor dejó escapar una risa, corta, ahogada. Dos veces ladeó su cabeza, observando a la mujer a su costado que, evidentemente, preguntaba con sinceridad.

—¿Lo que me gustaría hacer? ¿Sobre qué en particular?

—Sobre lo que sea. Algo que no esté segura si es posible, y que encuentra… difícil preguntar.

—¿Podría tener acceso a la librería del Palacio?

Kara frunció el ceño, observándola, y Lena se dio cuenta de que una vez más habían frenado. Una vez más, cara a cara. Intentó con todas sus fuerzas entender el gesto en su rostro. Le parecía leer confusión, o quizás, sorpresa, pero no terminaba de estar segura.

—¿Acceso? La librería del Palacio está abierta para todo aquel que busque el conocimiento que encierra. Siento no haberla guiado mejor, ni haber enviado por Winn desde el primer día. Ese es mi error… Aunque reconozco… Hay un problema.

Lena se preparó. Allí estaban. Las condiciones. Las restricciones que seguramente iban a imponer sobre aquella libertad concedida. No dijo palabra, esperando lo inevitable.

—La mayor parte de nuestros libros están escritos en la lengua de Krypton. Hay una buena colección de libros en lengua común, pero imagino que no se compara a ninguna de las bibliotecas a las que puede estar acostumbrada. Aunque quizás… si está dispuesta… ¿Puedo encargarme de conseguir un tutor adecuado?

Lena abrió su boca, y volvió a cerrarla. Pestañeo varias veces de corrido. Kara Zor-El la observaba en silencio, esperando, con su típica sonrisa compradora.

—¿Tutor? —Al menos logró soltar la palabra.

—Si estuviese dispuesta a aprender nuestra lengua, claro.

—¿Por qué?

La sonrisa en los labios de la heredera de Krypton comenzó a cerrarse lentamente.

—¿Por qué? Bueno… la mayor parte de los criptonianos no tienen un manejo demasiado profundo de la lengua común. Pensé que quizás el aprender nuestra lengua podría abrirle otras puertas. Como la lectura, por ejemplo. O… No lo sé. Quizás es una idea sin sentido. Mis disculpas, Princesa.

Kara se sobresaltó, bajando la mirada. Sobre su antebrazo, la mano de Lena Luthor se cerraba, no con poca fuerza.

—No, quiero decir ¿Por qué se preocuparía por algo así? ¿Qué uso podría tener el enseñarme su lengua? —Kara volvió al par de ojos verdes que no la soltaban. Se dio cuenta de lo que estaba despertando en ellos. Era exactamente la misma mirada que Lena le había dedicado en los jardines, justo antes de que todo estallara.

—Lena… —Kara vio la confusión caer sobre el rostro de la princesa en el momento en que soltó su nombre. Solo su nombre, sin más.— ¿Puedo llamarte así? ¿Puedo tutearte? Porque entre nos, me gustaría deshacerme de tanta formalidad, dado el futuro que nos espera. Suena… ajeno. Y no es lo que pretendo para nosotras. Sé que la situación en que nos han puesto no es la ideal. Y sé que quizás, nunca lo sea. Pero estoy intentándolo. De verdad estoy intentando conocerte. —Tragó, haciendo una pausa, dándole una oportunidad a la princesa para terminar con aquella conversación. Pero no ocurrió.— Me preguntas por qué. Todo el tiempo por qué. Como si detrás de cada una de mis palabras se escondiese una trampa. No hay trampas. Es cierto que soy bastante torpe en estos asuntos y-

—Me cuesta creerte. Lo que implicas… Es difícil de aceptar.

Al menos, la estaba tuteando.

—¿Lo que implico?

—Hablas como si las dos estuviésemos atrapadas en la misma red. Como si tú, la mujer que espera por la corona de un Reino entero, la que comanda ejércitos. La mujer que jamás tuvo que levantar la voz para ser escuchada, pisaras el mismo suelo que yo piso. ¿Lo entiendes? A veces siento que no, que realmente hablas con sinceridad. Y después despierto. Porque… ¿En qué mundo algo así sería posible? O mientes, o vives en una fábula para niños. ¿Cuál de las dos es, Kara Zor-El? ¿Estás mintiéndome?

—¿Qué? ¡No! —Kara tomó aire, intentando controlar su tono— No estoy mintiendo. No miento. ¿En qué piensas que lo hago? Nada de lo que dije es un engaño…

—En todo. En tratar de convencerme de que no te pertenezco. De que no fui vendida como ganado. Que no pasé de ser un adorno y una moneda de cambio, a un cuerpo obligado a calentar la cama de una extraña.

Kara sintió como los colores invadían su rostro, negó varias veces, mientras las palabras se iban amontonando en su garganta.

—Lena, por Rao. Tengo mantas y no necesito nadie que caliente nada. Lo que dices es… no es cierto. Si mañana decides que no quieres volver a dirigirme la palabra, que no quieres volver a tener una sola conversación, lo acepto. Salvando las veces que nos obliguen a vernos las caras, los banquetes o presentaciones en los que se requiera nuestra presencia, prometo que no vas a tener que volver a lidiar conmigo. Por todo lo sagrado… No sé que piensas de mí, pero creo que no quiero saberlo.

—Nada en particular, Kara. Solo soy realista.

—¡Pues en esto te equivocas! —Lena dio un paso hacia atrás, despacio. Kara Zor-El se irguió, su mentón levantándose. Su mirada, que momentos antes había parecido tan inofensiva, tan clara, ahora desataba una tormenta contra ella. —Admito que es cierto, no tuvimos las mismas ventajas. Y entiendo, por las palabras que sueltas, que nunca en tu vida tuviste libertad alguna. Lo entiendo. Me queda claro. Y quizás estás en lo cierto, quizás vivo en una fábula. Pero es la única forma en la que encuentro sentido a seguir. Si dejo de creer en fábulas… en finales felices y el cuento que termina bien ¿Entonces qué? ¿De qué vale? ¿Piensas que soy dueña de mi vida? La primera vez que tuve que desenfundar mi espada en un campo de batalla no era más que una niña. Es la misma red la que nos atrapa, Lena. Quizás llegamos de océanos distintos, pero definitivamente es la misma red…

—No puedes comparar-

Kara se adelantó, cortando a la mujer, tomándola desde los costados de sus brazos. Lena contuvo la respiración, subiendo su mirada.

—No quiero comparar. No se puede comparar algo tan distinto. Lo que quiero es encontrar las similitudes, Lena. Porque me cuesta aceptar que no tengamos una, solo una. ¿Winn te habló sobre nuestra ceremonia?

Lena asintió, sin atreverse a decir una sola palabra. El agarre de la mujer no era violento, sus manos apenas apretaban, pero la princesa Luthor podía adivinar la fuerza contenida en aquellos brazos.

—¿No lo entiendes? Se suponía que iba a tener una compañera. Mi persona. La persona que iba a hacer más liviano y llevadero el camino. Me lo robaron. Me arrancaron esa posibilidad y ahora pretenden que ni siquiera lo intente. Que acepte este matrimonio como poco más que un trámite. Voy a jurarme a tu nombre. El más inquebrantable de los juramentos. El más-

La princesa Luthor sintió como la voz de Kara Zor-El perdía fuerza. Como sus manos la liberaban, despacio. La vio bajar su cabeza, apuntando al suelo. La duda, la resignación y un instante después, la vio comenzar a girarse, probablemente dispuesta a abandonar la conversación allí mismo, a alejarse. La sensación que llevaba creciendo en su estómago se hizo, de pronto, insoportable. Lena dio un paso adelante, y otro más, y antes de darse cuenta, su mano se cerraba sobre la jaqueta de la mujer, tironeando, reteniéndola. Kara Zor-El se giró, con toda la tristeza en su rostro, pero también, sorpresa.

—Quiero un tutor. —Kara arqueó una de sus cejas, observándola con una intensidad que Lena no estaba segura por cuánto tiempo podía aguantar— Y me gustaría ver la biblioteca, me gustaría… que tú me mostraras la biblioteca. Y poder hacerte algunas preguntas que el muchacho que enviaste no parecía muy dispuesto a contestar. —Kara comenzó a asentir con su cabeza, despacio— Va a tomarme algo de tiempo hacerme a la idea que propones. Conocernos, quiero decir. Creerte. Pero no suena tan terrible.

—¿Tan?

Lena Luthor vio la sonrisa carismática volver con fuerzas. Se preguntó cuantas veces aquel gesto había derrumbado resistencias. Miles, seguramente. Asintió dos veces, y para su propia sorpresa, sonrió también. Kara extendió su brazo una vez más. Era, claramente, una invitación a sellar aquel pacto, y la princesa Luthor la aceptó. Se afianzó a su antebrazo, comenzando a deshacer el camino hacia sus habitaciones. Si Lex estuviese allí, probablemente no podría dejar de reír ante la inocencia que su hermana estaba demostrando. Si su madre la viese… Lena no quería ni pensar en las palabras que le caerían encima. Confiar en Kara Zor-El contradecía cada enseñanza que le habían impartido. Pero no estaban allí. Su familia no estaba allí, y no había nadie que pudiese frenarla. Kara Zor-El, contradiciendo todo lo que alguna vez había aprendido sobre ella, parecía sincera. Y por lo que Lena entendía, la quería a su lado como su igual, o al menos, como algo más que un adorno en su cama. Mucho más de lo que hasta entonces había sido siempre el futuro que le habían impuesto. Quizás estaba cometiendo un error, uno que podía terminar doliendo más de lo necesario, pero si aquella mujer realmente estaba ofreciéndole la posibilidad de tener algún control sobre su propia vida, Lena Luthor no pensaba dejar que sus miedos arruinaran semejante oportunidad.