Disclaimer → Twilight y Harry Potter tienen sus respectivos dueños, y solo la trama me pertenece.

¡Disfruten de la lectura!


Capítulo XI

Alice miró el castillo también, delante suyo, con las manos cargadas de bolsas.

Sin necesidad de usar su don, preveía unos meses agitados...

Como dictaba ya la costumbre, Alice no se equivocó. No les costó recuperarse del ataque de ambas mortífagas, pero sí mucho más aclimatarse a todo lo extraño del colegio.

Todos se hallaron ocupados, de una manera u otra, durante el mes que quedó antes de que empezaran las clases.

Carlisle y Esme, sobre todo el primero, hallaron sumamente interesante la biblioteca y pronto se nutrieron de sus contenidos. Casi no salían ya de allí y releían algunos una y otra vez, observando con curiosidad los dibujos móviles, pese a que ya se lo sabían de memoria. En sus propias palabras, no era lo mismo recordar que sentir el crujir de las páginas bajo sus dedos, o ver las imágenes cambiantes. Además, Esme también había tomado la costumbre de entretenerse por los pasillos del castillo, conversando animadamente con los cuadros que había por doquier.

Nessie, en una visita que le hizo a sus abuelos a la biblioteca, se sintió atraída por la sección de las pociones. Sentía curiosidad por saber si era igual que como lo veía reflejado en las películas, con grandes calderos y miles de volutas de humos de colores.

La directora, al percatarse de ello, dejó que Nessie empezara a ser una especie de ''ayudante'' para el profesor Slughorn, elaborando las pociones multijugos o el Veritaserum necesarios para la Orden, porque ambas pociones requerían tiempo, precisión y paciencia. Eran cualidades que Nessie poseía, de modo que accedía encantada. El profesor, con su ojo bien entrenado, percibió en la semi-vampira una gran elaboradora de pociones. Comenzó a darles clases particulares desde cero, con esperanza de que pudiese incorporarse a las clases también.

La directora dio permiso para ellos, pese a las reticencias de Edward y Bella, siempre y cuando no descuidara sus deberes en la enfermería, porque madame Pomfrey estaba enseñándole cómo curar pequeñas heridas provocadas por magia, qué pociones dar, cómo trasladar a los enfermos y cómo vendarles las lesiones.

Así pues, el día a día de la vampira estaba llena de ocupaciones.

Jacob se sintió un poco desplazado, pero no lo demostró delante de Nessie. No quería que pensara que la quería solo para él, lo cual no era rigurosamente exacto. Quería que fuese feliz, y si estudiar aquello lo hacía, no se opondría mientras no supusiese un peligro para ella.

Para aplacar su soledad, daba largos paseos por el Bosque Prohibido. Llegó a vislumbrar de nuevo un unicornio, entabló conversación (si se le podía llamar así) con Grawp y evitó en la medida de lo posible a los centauros. Había oído hablar de ellos por los demás Cullen, y decidió que lo mejor sería alejarse un poco de ellos. Se encontró también otras criaturas, que consultaba al final de día con Harry o Justin.

Por la noche volvía a reunirse con Nessie y ella le contaba su día, como una niña ilusionada, y él la escuchaba con paciencia. Oficialmente, eran novios, pero comprendió que Nessie no necesitaba sentirse protegida y apreciada, sino apoyada.

Porque Rosalie, Bella, Edward y Jasper se habían opuesto en redondo a las lecciones de pociones. El único día que se acercaron por allí, Nessie tropezó con una de las estanterías de muestras y una de las pociones explotó al caer al suelo. Edward la protegió con su cuerpo a tiempo, pero eso no evitó que de las mangas del profesor, que se hallaba desprotegido a más de metro medio de distancia, no quedaran más que jirones, ya que se había cubierto la cara con los brazos.

Intentaron prohibírselo, pero Esme, Carlisle, Alice, Jacob y, curiosamente, Emmett, estaban de su parte, así que no consiguieron nada. Aunque Edward le advirtió que la próxima que sufriera un accidente parecido se acabarían las lecciones de verdad.

Rosalie y Emmett habían encontrado una actividad que hacer juntos: descubrieron que aunque no resultaba tan grande, el lago no tenía tampoco dimensiones despreciables. A velocidad humana, lo exploraron juntos. Visitaron la aldea de las sirenas, la guarida del calamar gigante y el cementerio de los grindylows, ya que al morir dejaban tras de sí unas conchas preciosas, debajo de la cual se ocultaban cuando les llegaba la hora, muy distintas a su aspecto vivo.

Jasper solía estar siempre reunido desde la primera reunión con la Orden. Al saber que había sido estratega, que había luchado y sobrevivido, Kingsley y Lupin tomaron mucho interés en él. Consultaron con él muchas cosas, y también métodos de espionaje. Aunque en la guerra humana nunca había tocado el tema del espionaje, intentó aplicar la lógica vampírica al caso.

Para la sorpresa de todos de la Orden, las misiones mejoraron considerablemente. Se redujeron el número de muertes y misiones fallidas, así como aumentó la cantidad de información que llegaba a la Orden. Jasper estaba eufórico al saber que su experiencia empezaba a servir para algo más que para contar anécdotas.

Alice encontró tiempo para volver a hablar con los centauros. Intercambió unas pocas expresiones con ellos antes de comprender que era inútil hablar con ellos. Ronan la consideraba como se consideraba a un niño pequeño y Bane pensaba en ella como en un gusano. Los demás hacían lo posible por no acercarse a ella.

Averiguó que para ellos dependía de los planetas, de las estrellas, de las lunas. Pero, aunque era más exacto que las bolas de cristal de los magos, no resultaba siempre fiable. A veces se equivocaban y otras acertaban de pleno, pero sin darse cuenta, pensando que era un error.

Era inexacto y muy peligroso jugar con el tiempo, le dijeron. Pasado, presente y futuro estaban escritos de un modo inalterable en las estrellas y nada debía cambiar.

Cuando Alice intentó decirles que todo dependía de las decisiones, Ronan se rió y Bane intentó cocearla. De aquel modo terminaron sus visitas a la aldea de los centauros, oculta en lo más profundo del bosque.

Después intentó hablar con la profesora Trelawney. Vio inmediatamente que era una farsante, como las tiradoras del tarot muggles que engañaban a sus clientes por teléfono y se fue de allí, frustrada como nunca.

Se lo comentó a Harry después de haber visitado a la profesora. Para su sorpresa, éste la defendió.

—Ciertamente, cuando quiere no suele predecir nada en condiciones. Pero en contadas ocasiones, es capaz de realizar verdaderas profecías. Ella fue la que dictó la profecía que revelaba un enfrentamiento a muerte entre Quien-Tú-Sabes y yo —confesó a una sorprendida Alice.

Cambió de parecer a Alice, que desde entonces visitaba a menudo a la profesora, intentado presenciar una de esas profecías. No consiguió su propósito, pero Trelawney le tomó cariño.

Bella había estado ocupada también, tratando de averiguar algo más acerca de la Oclumancia para explotarla más a fondo. Cuando Edward y cualquiera de los Cullen estaban libres, se dedicaba a poner en práctica unos consejos y prácticas que había encontrado en un libro titulado ''Desconocidas y ocultas ramas de la magia''. Quería estar lista para ponerse a prueba si hacía falta.

Edward trataba de obtener información acerca de Cedric Diggory sin muchos resultados. Había preguntado a la gente del castillo, pero los únicos que sabían algo eran los alumnos de tercero en adelante. Y los detalles en ellos eran realmente vagos. Al preguntar a los pocos muchachos que había de séptimo, Justin Finch-Fletchley o Terry Boot, todos habían eludido su pregunta con incomodidad. El habitualmente locuaz Justin había tartamudeado murmurando que era mala idea que le preguntase eso a la gente.

Insatisfecho, Edward había explorado la mente del Hufflepuff. Los recuerdos eran agitados, confusos. Harry, un Harry mucho más joven, había aparecido en medio de lo que parecía un pequeño espacio frente a un gran y oscuro laberinto. El chico que cargaba lucía los colores de Hufflepuff y tenía el cabello rubio. Justin no veía bien sus ojos.

Por un momento, le había invadido el orgullo al pensar que tal vez habían ganado los dos, que Hogwarts era el ganador del Torneo. Pero después se dio cuenta de su error: Cedric, el modelo a seguir para toda la casa de los tejones, estaba muerto.

Los siguientes días habían sido dolorosos y confusos para todos los Hufflepuff. Los amigos de Cedric, que no eran pocos, aparecían llorando por todas partes. Cho Chang no se recuperó, ni ese año ni el siguiente.


La directora concertó otra reunión una semana después de la primera. Solo llamó a los más diestros en duelos, para comenzar con el entrenamiento de los Cullen.

Entre ellos estaban Tonks (aunque se le había prohibido participar, ya que una medimaga, bajo un estricto secreto, había confirmado su embarazo), Kingsley, el señor Weasley, Harry, Hermione, Ron y la directora. Reneesme había sido excluida de los entrenamientos y se había visto obligada a verlos desde la retaguardia, con Tonks.

—Nuestro objetivo al estar aquí gastando tiempo y esfuerzo es para que ustedes comprendan lo que pasará en cuanto se enfrenten con un mago o bruja cualificado. Quiero que usen todos los dones de su raza para ayudar a los estudiantes, en caso de que se presente batalla. Hogwarts no podrá seguir eludiendo un ataque mucho tiempo más. Vamos a tener a Snape y a dos mortífagos como profesores dentro del colegio. Tenemos que estar muy bien preparados. De hecho... Potter, Granger, Weasley —llamó la profesora.

Los tres la miraron con gesto interrogativo.

—La idea del Ejército de Dumbledore, propuesta hace dos años, es una idea magnífica en estos tiempos. Tal vez...

Ron la miró con los ojos muy abiertos.

—¿Está diciendo que debe resurgir el ED? —preguntó, interrumpiendo a su profesora.

La directora lo miró con los ojos entornados.

—Yo no he dicho nada, Weasley.

Ron miró con los ojos desencajados a sus dos amigos. Harry se limitó a encogerse de hombros y Hermione le miró fulminándole con los ojos, como diciéndole ''Pero, ¿¡no está claro!''.

Edward observó el intercambio con una sonrisa bailándole en los labios. Sabía que Ron era muy inteligente, pero no entendía las indirectas. Necesitaba las cosas claras y directas. Las indirectas le confundían. Bella le dio un codazo.

Kingsley y Arthur dieron un paso al frente. Emmett se crujió los nudillos de anticipación y Jasper se miró con Edward y Jacob, ansioso. Su hermano le devolvió la mirada y Jacob sonrió, enseñando los dientes. Rosalie permanecía indiferente, pero Alice parecía emocionada.

—Vamos a tomar como ejemplo los entrenamientos de los aurores del ministerio. Empezaremos analizando los puntos fuertes de la familia. ¿Quiénes diríais que tienen más posibilidad de vencer en un duelo?

Los vampiros se miraron entre sí.

—Decídelo tú, Carlisle.

Carlisle se frotó las manos, pero eligió rápidamente: Edward, Bella, Jasper y Alice.

Ron sintió un estremecimiento al mirar a Jasper. El señor Weasley y Kingsley los miraron sin hacer comentarios y McGonagall los miró con gesto adusto.

—Son demasiados. Elija a dos de ellos. Haremos un dos a dos.

Carlisle escogió a Bella y Alice.

Kingsley alzó una ceja y Arthur asintió. No parecen muy peligrosas, se dijo el señor Weasley. Kingsley opinaba lo mismo. Edward y Jasper sonrieron a la vez. Se llevarían una buena sorpresa si esperaban dos dulces y sumisas ovejitas.

—Comenzaremos por los hechizos sencillos. Hechizo repulsor, el aturdidor y otros.

Las dos vampiras asintieron. Bella se colocó frente al nervioso mago pelirrojo y Alice, delante de Kingsley.

—Solo defensa, nada de ataque. ¿Preparadas?

—Preparadas.

—1, 2,3... ¡Repulso!

Alice dio un pasito a la derecha. El hechizo rebotó contra el suelo de madera. Kingsley abrió un poco los ojos, convencido de que había apuntado bien, al estómago de la vampira.

Por otro lado, el hechizo aturdidor lanzado contra Bella rebotaba contra su escudo, desapareciendo sin más. Bella suspiró aliviada al ver confirmada su teoría. El suspiro de Edward coreó el suyo propio.

El ''duelo'' continuó y Kingsley pudo descubrir lo que ocurría: Alice se movía cada vez que lanzaba un hechizo, pero de un modo tan rápido que no podía saber en qué dirección se movería y a dónde debía apuntar entonces. Intentó lanzar los ataques todo lo deprisa que pudo, pero Alice seguía esquivándolos, sonriendo para su desesperación.

El señor Weasley tampoco sabía qué hacer. Había probado conjuros muy leves, pero ninguno surtía el más leve efecto en ella. Entonces empezó a probarlos un poco más fuertes, pero no ocurrió absolutamente nada. Bella parecía invulnerable.

Carlisle, mientras observaba cómo se desarrollaban los acontecimientos, elaboró ciertas teorías al respecto. Sin duda, la resistencia de un vampiro podría con cualquier hechizo que afectara con respecto a lo físico, como el Repulso, o Impedimenta. Y el escudo de Bella, la Oclumancia según los magos, la protegía de ataques a la mente, de hechizos que obligaban a moverse en contra de su voluntad, como la maldición Piernas de Gelatina, Tarantallegra o la Inmovilización Total.

Lo consultó rápidamente con Edward, y estaban de acuerdo, pero habría que discutirlo con los aurores para estar seguros.

Diez minutos después lo dejaron y preguntaron acerca de los efectos del don de Bella, que habían dejado particularmente asombrado a Kingsley.

—Puedo proteger a más personas, pero nunca he intentado proteger a más de treinta o cuarenta personas. Si cubro una mente que está ligada a otras, inmediatamente se cubren las mentes de aquellos que no están bajo el escudo, pero que están ligadas a una que sí lo esté.

—¿Mentes... ligadas a otras?

—Como las de los hombres-lobo de la reserva de Jacob. Sus mentes están ligadas a la del Alfa.

McGonagall pensó largamente en el asunto.

—¿Qué les puede pasar a los demás si le ocurre algo al Alfa?

Bella no supo responder y miró a Jacob.

—Inmediatamente el Beta asume el mando y pasa a ser el Alfa.

—¿Y si faltan el Beta y el Alfa?

—Nunca ha ocurrido, de modo que no sé lo que podría pasar. Pero estoy seguro de que si es un grupo organizado, el tercero al mando asumiría el cargo de Alfa. Si fuera un grupo unido por la necesidad, creo que se disolvería la manada. El cabecilla es el que une a la manada que se une por sobrevivir. Sin él, no hay necesidad de mantener el grupo.

—Entiendo, pero no me estáis respondiendo. En caso de que falte el Alfa, de que deje de estar cubierto por el escudo, ¿qué les ocurre a los que no están protegidos?

—Inmediatamente dejan de estar protegidos y se quedan a merced de quien venga.

No había necesidad de usar la Legeremancia para saber lo que pensaba la profesora. Pero era un plan arriesgado, el de ligar todas las mentes de las personas del castillo a una sola mente.

—Es además muy peligroso, directora. Todas las personas a las que se liga una mente sentirían aquella muerte como la suya propia. Es una unión muy... difícil, ¿entiende? Todos comparten todos sus recuerdos, sus pensamientos, sus sensaciones...

—Comprendo.

Durante un par de días a la semana desde entonces, toda la familia se enfrentaba por turnos a los aurores, para ''entrenarse''. Comprobaron que los conjuros que no surtían efecto alguno en Bella, sí afectaban a los demás, de modo que solo podían esquivarlos y avanzar rápidamente a atacar al enemigo. El hechizo aturdidor, en cambio, no los hacía desmayarse, como habría sido normal, sino que se quedaban desorientados.

También funcionaban en ellos las maldiciones imperdonables.

Kingsley, mediante un Imperius, hizo que Edward confesara todos los pensamientos de los que se hallaban en la sala antes de que Bella se indignara con aquella violación de la privacidad de su esposo. Sabía que no le gustaba usar su don a menos que fuera necesario, no como a Alice, que lo dejaba fluir, y presentía que a Edward aquello no le gustaba ni un pelo. Lo cubrió con su escudo y de esa forma probaron el don de Bella contra una imperdonable.

El crucio lo probaron contra Jasper, en una especie de experimento. Ni el señor Weasley ni Kingsley estuvieron de acuerdo, pero el vampiro, insistiendo en que era necesario, hizo que lo probaran contra él. Ninguno de los dos consiguió provocar el más mínimo daño en Jasper. Entonces, él probó a enfurecerlos con su don.

Funcionó.

Jasper se retorció en el suelo de dolor y su don se descontroló. El dolor que estaba sintiendo se dejó sentir inmediatamente en el salón de los Black y todos lo percibieron con claridad; Carlisle temió por la vida de Tonks y de su bebé, y ordenó que pararan. Kingsley dejó caer la varita rápidamente, el hechizo cesó y Carlisle suspiró tranquilo.

Normalmente, el vampiro no tenía problemas para reducir a los magos. Un miedo intenso se colocaba en su cuerpo, un sudor frío les bajaba por la espalda y les temblaba la mano con la que sostenían la varita. Y antes de que se dieran cuenta, Jasper tenía un brazo sobre ambos cuellos, simulando que se los rompía.

Rosalie los esquivaba con igual facilidad, y aunque carecía de dones, avanzaba con facilidad hasta donde se hallaban los magos, tal y como Edward, que tampoco tenía problemas a la hora de simular un ataque.

Bella no había matado a nadie, jamás. Pero sentía que no dudaría en hacerlo si su hija estaba en peligro. Esme sabía también que haría lo imposible por sus ''niños'', por proteger a los niños del castillo. Así eran ambas.

El shock que provocó el ver a un hombre-lobo transformado saltando hacia ellos bastó para que a Jacob le diera tiempo a quitarles la varita y a tumbarlos a ambos en el suelo. Lupin no supo si era tranquilizador que su propio tamaño como lobo fuera mucho más reducido, porque Jacob era verdaderamente aterrador.

Los únicos que parecieron encontrar algún problema en los entrenamientos fueron Emmett y Carlisle.

El primero, con su desbordante entusiasmo, solía ser blanco fácil por ser de un tamaño superior al normal y, sobre todo, por ser tan predecible como era. Avanzaba siempre de frente, de modo que en cuanto Lupin consiguió averiguar el patrón de su modo de ataque, resultó ser fácil noquearlo.

Carlisle, en cambio, sentía que algo le impedía atacar al mago que tenía delante. En la práctica simulaba sin problema que le rompía el cuello a Kingsley, pero sabía que en una batalla real no se atrevería a hacerlo y tenía miedo de no ser de utilidad.

Aparte de eso, en un par de sesiones, todos demostraron ser capaces de tumbar a un mago en menos de tres segundos.

Trataron de enseñar a Nessie a defenderse, pero pronto quedó demostrado, tras un par de moratones y un arañazo, que ni sus padres, ni Jacob, ni nadie de la familia, en realidad, iba a permitir que la semi-vampira sufriera daño alguno. Pese a las súplicas y las protestas de Nessie, decidieron que Jacob se quedaría siempre junto a Nessie en una batalla.

La chica se sentía frustrada y muy sobreprotegida. Apenas soportaba ya tanta sobreprotección. Solo Jacob parecía entenderla, en cierto modo.


Los gemelos Weasley consiguieron todos los papeles para los niños sangre sucias del castillo. No fue fácil, pero lo hicieron.

Por otra parte, la directora le encargó que hiciera otros papeles para todos y cada uno de los miembros de la familia Cullen. Por seguridad, habían decidido disolver a la familia y presentarlos por separado, con sus antiguos apellidos de cuando eran humanos.

No había muchos Cullen en el mundo mágico, ya que el apellido había desaparecido al morir el padre de Carlisle, que era, además, muggle. No podían ligarle tampoco a la familia Weasly, compuesta únicamente por pelirrojos, así que terminaron por hacerle un familiar desaparecido de la señora Weasley, de la familia Prewett.

Esme terminó siendo una prima de la directora y Rosalie, al compartir el cabello rubio y la arrebatadora belleza con Fleur Delacour, se convirtió en una sobrina segunda de monsieur Delacour. Bella y Emmett, ahora hermanos, pero con el apellido de Emmett para alejar el peligro de Charlie, adquirieron los papeles de primos segundos de Dedalus Diggle y Jacob se convirtió en el nuevo primo del primo segundo de Kingsley.

Jasper pasó a ser el primo tercero de Rosalie, unido a la familia Delacour, pero con su propio apellido de humano. Alice pasó a ser otra integrante de una familia sangre sucia que formaba parte del árbol genealógico de los Macmillan, que había sido ''redescubierto'' en los últimos tiempos, ya que se le habían unido nada menos que diez familias sangre-sucias.

Por suerte para Edward, en el mundo mágico había una familia que realmente se apellidaba Masen, que se había exiliado a Dinamarca cuando Voldemort volvió a subir al poder. Se contactó con ellos y permitieron que se ''sacara una rama'' más a su árbol genealógico, de modo que Edward y Nessie, que a partir de ahora sería su hermana, quedaron ligados a una familia de sangre mestiza.

Harry, Ron y Hermione habían estado todo el tiempo buscando la diadema de Ravenclaw. Habían recorrido todos y cada uno de los recovecos de Hogwarts, y había revisado palmo a palmo todos los pasadizos secretos que aparecían en el Mapa del Merodeador.

No tenían la espada que Dumbledore les había legado, a los tres, y carecían de métodos para destrozar la copa y el guardapelo, que habían decidido guardar en la Cámara de los Secretos, para más seguridad. Ron, a finales del sexto curso, había mencionado que podían destruir los Horrocruxes con los colmillos de basilisco que seguramente reposaban en la Cámara, pero, al bajar a la Cámara, descubrieron que allí no había nada. Hermione, al hacer una pequeña investigación, descubrió que las acromántulas percibían cuándo había un basilisco muerto cerca, de modo que acudían a destrozar el cadáver, como muestra de superioridad y triunfo.

Los huesos del cadáver se resguardaban entonces en la guarida del jefe de las acromántulas y los colmillos ocupaban un puesto de honor. Solo él sabría dónde se hallaban los huesos, o eso dictaba la tradición de las arañas. Sólo había dos problema: el primero, Aragog, el jefe de las acromántulas, había muerto el curso pasado. El segundo, a Ron le había entrado un fuerte mareo al saber que tal vez debían visitar a las arañas de nuevo, tanto que vomitó sobre los zapatos de su mejor amigo. Decidieron que ya sabrían qué hacer en su momento, pero que lo primordial era encontrar la diadema.

Por otra parte, tuvieron que suspender la búsqueda al llegar Snape, Amycus y Alecto Carrow a Hogwarts.

Todos los alumnos, el profesorado, Hagrid, las criaturas del Bosque, la gente del agua y todos los fantasmas, incluido Peeves, tuvieron que salir a recibirlos. Con la mirada desafiante y la barbilla alzada, Minerva McGonagall firmó con manos temblorosas el documento que acreditaba que renunciaba al cargo y dejaba a Severus Snape como director, responsable y máximo representante del colegio.

Pius Thicknesse, la marioneta de Voldemort en el ministerio, estuvo presente durante la firma, así como parte de los Cullen: Carlisle, Bella, Edward, Alice y Jasper.

Edward confirmó que Thicknesse estaba siendo controlado por un mago a la distancia, que le instaba a guardar las apariencias y a comportarse como normalmente lo haría. Bella intentó cubrirle con el escudo, pero Jasper se lo impidió: demostrarle a los mortífagos que había alguien a quien valía la pena eliminar era ponerlos en guardia demasiado pronto. Bella apretó los puños frustrada, y retiró lentamente su escudo hasta su propia mente. Se sentía impotente.

El pequeño acto terminó pronto y Snape tenía una ligera sonrisa de triunfo en la comisura de los labios al firmar el papel. Harry tuvo que contenerse para no levantarse de su asiento y golpear al ahora director.

Edward intentó tantear la mente del mortífago, pero se encontró con una barrera impenetrable, similar a la que presentaba Bella. Y al parecer puso sobre aviso a Snape, que le dedicó una fría mirada. Al menos, las mentes de los hermanos Carrow eran como libros abiertos para él. Se asqueó al ver la corrupción, la maldad, pero no percibió que quisieran hacerles nada a los niños, aunque sospechaban que eran, en efecto, sangre sucias.

Sin embargo, Jasper, percibió que Snape sentía un alivio inmenso al firmar y que la mirada que le dedicó a Edward estaba cargada de un sentimiento apremiante, como si quisiera advertir de algo a su hermano. ¿Qué era lo que ocurría con el director? ¿Se sentía aliviado por haber cumplido con lo que quería su señor? ¿Quería advertirle a Edward que no era alguien con quien jugar? ¿O estaba realmente de parte del colegio?

Decidió guardar sus sospechas para sí hasta tener certezas, no simples preguntas.


En cuanto los mortífagos se instalaron, Harry decidió no seguir buscando la diadema. A cada paso que daba, le invadía la sensación de estar siendo vigilado, que cada movimiento suyo estaba siendo observado. Aunque un poco paranoico, instó a sus dos amigos abandonar la investigación hasta que se sintieran nuevamente seguros.

Los Cullen fueron sometidos a un largo e intenso interrogatorio individual, pero lo superaron con creces.

Carlisle, Esme, Edward y Jasper mantuvieron una digna calma y mantuvieron su imagen de magos que podían realizar magia sin varita, un nivel más allá de los hechizos no verbales. Expresaron una controlada indignación cuando se les hicieron preguntas demasiado reveladoras y en general les fue bien.

Bella, Jacob, Alice, Emmett y Rosalie, en cambio, fueron incapaces de evitar introducir comentarios mordaces de cuanto en cuanto, insinuando con frases bien medidas la incompetencia del ministerio, su ineptitud y la estupidez de los Carrow. Alice fue más allá, e hizo un comentario muy insultante para los mortífagos acerca de su señor. Para darle a continuación un giro, dejando su anterior comentario como una frase totalmente inocente. Alecto Carrow la miró entonces con sospecha, firmemente convencida de que tendría que vigilarla muy de cerca.

Nessie, por otro lado, interpretó impecablemente el papel de una estudiante tímida, ligeramente temblorosa, pero con un gran talento para las pociones. Contestó correctamente y con ingenio las preguntas que le planteó Snape y quedó liberada de toda sospecha, al igual que los demás.

Todo salió bien, afortunadamente, y lo peor que tuvieron que soportar fueron las miradas lascivas de los Carrow.


De ese modo pasaron lo que quedó del mes de agosto. Antes de que se percataran siquiera, llegó el primero de septiembre.

Los alumnos hijos de muggles, en King Cross, estaban ya subidos al tren. Para evitar sospechas, Harry, Ron y Hermione, junto con otros alumnos de sangre mestiza, habían subido al tren, para que pareciese que habían llegado a Hogwarts en el tren, con los demás. Los Carrow, muy ocupados manteniendo un ojo sobre los Cullen, no se habían percatado del engaño.

Al llegar a la estación, bajaron los baúles y fingieron haber llegado recientemente al andén. Saludaron animadamente a la gente que empezaba a llegar, como Neville y Hermione procuró mantenerlos a ambos alejados de los Slytherin para evitar problemas.

Neville les llamó la atención en aquel momento, ya que su abuela quería saludar a Harry, Ron y Hermione, pero la chica estaba subiendo el baúl al tren de nuevo y no se dio cuenta.

Resoplando con fuerza, consiguió subir el baúl y salió de nuevo del compartimento, mirando hacia atrás. No vio cómo se acercaba otra persona y le golpeaba en el hombro.

—¡Mira por dónde vas, sangre sucia! —le espetó una voz furiosa, muy conocida.

Draco Malfoy, algo más desnutrido, pálido y con las facciones más angulosas que nunca, le miraba con furia.

—Lo mismo se podría decir de ti, Malfoy —replicó Hermione con calma. No podía sentir otra cosa que no fuese compasión por su compañero. Todo iba de mal en peor para él.


La directora, en Hogwarts, convino a los Cullen a esperar en su torre, a alimentarse especialmente bien, hasta que llegara la hora de la Selección. El profesor Flitwick pasaría a recogerles a su torre.

Durante el día, los vampiros corrieron por el Bosque, alimentándose el doble de lo normal. Nessie y Jacob había estado conversando, tratando de encajar a cada miembro de la familia en una casa.

—Yo creo que tú encajarías en Gryffindor —le decía Nessie al licántropo.

—¿Ah, sí? Pues yo pienso que tú podrías acabar en cualquier casa, encajas en todas. Eres valiente, tanto a veces como tu madre, inteligente, astuta y maliciosa a veces y sabes lo que es hincar los codos.

—No creo que sea para tanto —se sonrojó Nessie.

—¡Claro que sí! Y Bella acabaría conmigo en la casa de los Gryffindor. Nunca salió huyendo ni al saber que yo era un hombre-lobo ni cuando supo que el chupasangres era lo que era —expuso Jacob.

—Estoy de acuerdo —rió Nessie—, pero también podría ir a parar a Ravenclaw. Esa pasión que siente por los libros...

—En Ravenclaw acabarán tu padre y tu tío.

—¡No me cabe ninguna duda! Papá es el más listo después del abuelo y el tío Jazz va detrás de papá. Estoy segura de que los tres acabarán en Ravenclaw.

—¡Hey! ¿Y yo qué? —protestó Jacob.

—Seamos sinceros, Jake: papá, tío Jazz y el abuelo son mucho más inteligentes que tú.

—Me siento herido —gimoteó Jacob—. Mi propia novia piensa que soy más tonto que su familia. No seré un lumbreras, pero tampoco idiota.

—¡Yo no he dicho eso! —rió Nessie.

—¡Claro que sí, pequeña traviesa!

Jacob empezó a hacerle cosquillas a Nessie, que se reía como una niña pequeña. El licántropo la miró con amor. La semi-vampira había tenido un nacimiento violento, y unos primeros meses de vida igualmente violentos. A partir de entonces había procurado que tuviera una infancia normal, como cualquier otra, pero el hecho de que Nessie tampoco era una niña normal no había facilitado las cosas.

Cuando al fin pudo tranquilizarse, Jacob le ofreció un vaso de agua, que Nessie se tragó con desagrado.

—Está muy fría —bufó.

—Me temo que tendrás que acostumbrarte —sonrió Jacob. Su cara se endureció—. Y, por cierto, tienes que empezar a comer más. Estás perdiendo peso y el doctor Colmillos te lo dice todo el rato, pero no le haces ni caso.

—No llames así al abuelo.

Jacob hizo un gesto de impaciencia.

—Está bien, está bien, pero tienes que comer. Te pondrás enferma si no lo haces.

—Sí, sí, pero la comida humana sabe tan... tan... sólida. Me pesa en el estómago —se quejó Nessie.

—No hay otro remedio. No es como si tus padres te pudiesen traer un pobre animal a la torre. ¿Cómo explicarían la sangre entonces?

—Comprendo, pero aún así... Podría acercarme... Solo en los límites...

—Ni hablar, Nessie —replicó Jacob tajantemente.

Los ojos de la semi-vampira se humedecieron inmediatamente con las lágrimas de frustración, pero el licántropo no cejó. Suspiró; al menos, en lo referente a las lágrimas y a los berrinches, Nessie seguía siendo una niña.


Para alivio de Jacob, cuando toda la familia volvió, Nessie ya se había calmado, aunque tenía los ojos rojos y seguía enfadada con él. La mirada que le dedicó Rosalie, fría y evaluadora, le convenció de que si Nessie lo pedía, la rubita de bote lo degollaría.

Bella, por otra parte, parecía más tranquila que Rosalie, y al pasar al lado de Edward, éste le murmuró: ''Bien hecho y dicho, chucho''. De alguna manera le tranquilizó el tener a ambos de su parte.

En cuanto anocheció, Dobby, haciendo infinitas reverencias, les ofreció a todos los vampiros una túnica negra, con un escudo en blanco sobre el lado izquierdo. Entre reverencias y apretándose las manos, el elfo les explicó que el escudo se teñiría del color y el animal de la casa para la que resultaran elegidos. Un método para distinguirlos, obviamente.

Cuando todos los Cullen estuvieron enfundados en una túnica que les quedaba demasiado grande o demasiado pequeña, Dobby procedió a hacer los ajustes necesarios. Ni Emmett ni Jacob pudieron siquiera encajársela sobre sus hombros, demasiado anchos, y tuvieron que agrandarla casi cuatro veces en su tamaño original. Solo Carlisle parecía cómodo con la túnica, y solo hubo de alargar un poco el bajo de la túnica, como a Edward y Jasper.

A Alice, Rosalie, Bella, Nessie y Esme, invariablemente, les quedaba demasiado grande, y a petición de las dos primeras, Dobby les estrechó un poco la cintura, para que se les ajustara más a la figura, y les amplió las magas, como si fueran los disfraces de las brujas de carnaval. Esme lo aceptó con una amplia sonrisa, Nessie sonrió emocionada y Bella se resignó rodando los ojos.

Cuando el vozarrón de Hagrid gritando a los niños para que se mantuvieran unidos les llegó hasta la ventana abierta de la torre, todos los Cullen se asomaron a mirar a la ventana. La larga hilera de niños que casi temblaban de miedo, excitación y temor, les sacó una sonrisa a más de uno.

—¿Qué piensan, Edward? —preguntó Rosalie, con la voz enternecida.

—Más de uno no se cree la suerte que ha tenido —reconoció Edward al sondear las mentes—, otros tienen miedo por sus familias y otros creen que los hijos de muggles no deberían compartir mesa ni hogar con ellos —apretó los puños.

Esme suspiró, pero Carlisle frunció el ceño.

—Sea quien sea quien caiga en Slytherin tendría que hacer cambiar de opinión a esos niños.

—Estoy de acuerdo contigo —repuso suavemente Jasper.

Uno de los fantasmas atravesó la pared de la torre en aquel momento y les señaló que la Selección estaba a punto de comenzar. Podían presenciarla desde la puerta.

Apresuradamente bajaron las escaleras, a velocidad humana para respetar su imagen frente a los cuadros parlantes, y se quedaron parados en la puerta justo cuando el Sombrero Seleccionador terminaba su canción. La última palabra de ésta, les llegó flotando desde la inmensidad del comedor:

—... unidos...

El silencio precedió al profesor Flitwick, que empezó a nombrar a los niños.

—¡Aldrich, Philippa!

Una niña de largo cabello negro, hija de muggles, acudió presurosa con una amplia sonrisa a sentarse en el taburete.

—¡RAVENCLAW!

La mesa en cuestión aplaudió con fuerza, dando la bienvenida a su nuevo miembro.

—¡Applewhite, Malcolm!

—¡SLYTHERIN!

—¡Becher, Darren!

—¡HUFFLEPUFF!

—¡Bradley, Anthony!

—¡SLYHTERIN!

—¡Brooke, Katherine!

—¡RAVENCLAW!

—¡Burton, Martin!

—¡HUFFLEPUFF!

—¡Cadwell, Alyssa!

Rosalie estuvo especialmente atenta a la selección de la niña, a la que había cogido especial cariño. Alyssa, muy nerviosa, se sentó en el taburete.

—¡GRYFFINDOR! —Anunció el sombrero instantes más tarde.

—¡Cadwell, Bryan!

—¡RAVENCLAW!

Los hermanos se miraron algo tristes a través del Gran Comedor, pero sonrieron con resignación. Tal vez sería conveniente que tomaran caminos separados.

Mientras la Selección continuaba, Draco Malfoy jugueteaba con una copa de forma inconsciente. Su padre estaba en casa, constantemente ridiculizado por Voldemort por sus fallos, y su madre estaba al pie del cañón, firme y decidida a sacar a su familia del lío en que se habían metido.

No era eso lo que había esperado cuando supo que el lord Oscuro había regresado.

Nada era como antes. Los sangre sucias ya no eran su prioridad, aunque seguía considerándolos inferiores a él. Al fin había comprendido que El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado no iba a tener más compasión con ellos por ser sangre limpia. Él no conocía la compasión. Las torturas que había sufrido por su mano así lo demostraban.

No se sentía seguro en el colegio tampoco. En cualquier momento podía llamarle a que hiciera algo por él, a que matara o torturara a alguien más. No quería hacerlo, no quería más...

Pero, si no lo hacía, ¿qué sería de su madre?

La Selección avanzaba y nadie sabía de lo que pensaba Draco. Ya quedaban solo la mitad de los niños.

—¡Morrison, Jerome!

—¡HUFFLEPUFF!

—¡Murray, Audrey!

—¡RAVENCLAW!

—¡Peterson, Valerie!

—¡GRYFFINDOR!

—¡Rivers, Ethan!

—¡GRYFFINDOR!

—¡Robinson, Julie!

—¡SLYTHERIN!

Harry aplaudía con los demás cuando un niño resultaba seleccionado para su casa, pero estaba ausente. Al mirar a sus amigos supo que les ocurría lo mismo: estaban esperando expectantes a que entraran los Cullen.

La Selección avanzó lenta y constantemente, hasta que solo quedaron un par de niños.

—¡Woodgates, Michael!

—¡SLYTHERIN!

—¡Zhang, Eve!

Al oír el apellido, Harry alzó la cabeza. Se trataba de una niña no muy alta, de largo y reluciente cabello negro; claramente, era una niña oriental, aunque tuviese un nombre inglés. Se preguntó si sería alguna pariente de Cho Chang.

Como si le leyera la mente, Hermione le aclaró la duda.

—No creo que sea nada de Cho Chang. He oído que no tiene hermanos y que toda su familia ha huido a China tras el regreso oficial de Quien-Tú-Sabes.

—Ah —comentó Harry vagamente.

—¡RAVENCLAW! —Anunció finalmente el Sombrero.

Cuando la mesa dejó de aplaudir finalmente, Snape se levantó para dar el discurso de principio de curso. Para sorpresa de gran parte de los alumnos, el profesor Flitwick no retiró el taburete ni el sombrero. Todo el Gran Comedor se hallaba en silencio, esperando lo que fuera que tuviese que decir. Algunos fieles defensores del ED y de Dumbledore, apretaron fuertemente los puños o se mordieron los nudillos para no saltar ante la injusticia que se estaba cometiendo ante sus ojos. Los Cullen esperaron silenciosamente tras la puerta, escuchando atentamente.

—Bienvenidos... a todos. Hemos dado comienzo a un nuevo año en este ilustre colegio, que lleva más de dos mil años dedicado a la... noble tarea de enseñar. Por otro lado, ha comenzado una nueva era en el mundo mágico. Una nueva etapa que viene acompañada de nuevos cambios para el bien de todos —hizo una pequeña pausa, como si pensara—. Se prohíben terminantemente las salidas a Hogsmeade y al Bosque Prohibido. Los alumnos que infrinjan las normas serán... severamente castigados. Recuperaremos una de las más antiguas formas para educar: he decidido dar permiso a Filch para ejercer los antiguos castigos para los alumnos más... rebeldes y alborotadores. Se podrán celebrar los partidos de quidditch, pero cualquier miembro de los equipos que infrinjan alguna norma, serán inmediatamente expulsados del equipo. La profesora Minerva McGonagall volverá a ocuparse de las clases de Transformaciones. Este año, daremos la bienvenida a dos nuevos profesores: a Alecto Carrow, la nueva profesora de Estudios Muggles, que a partir de ahora será una asignatura obligatoria, y a Amycus Carrow, el nuevo profesor de Artes Oscuras. Se acabó la asignatura de Defensa Contra las Artes Oscuras, que será sustituida por la clase antes mencionada.

En vez de los acostumbrados aplausos que recibían los nuevos profesores, se extendieron murmullos asustados a lo largo y a lo ancho del Gran Comedor. Harry apretó los puños y Ron se puso rojo de la indignación. Hermione frunció el ceño con preocupación y Neville murmuró furioso:

—Cómo se atreve...

—Por orden del Ministerio de Magia —susurró Snape—, que insiste en que esta escuela se halla en peligro, he aceptado acoger a unas... personas que nos ayudarán a reforzar la seguridad. La profesora McGonagall nos dará más detalles.

—Gracias, director —la profesora casi escupió el apelativo, como un insulto—. De parte del ministerio y del profesorado, hemos pedido un apoyo a nueve magos y brujas.

Los murmullos se extendieron por el Gran Comedor como si fuera pólvora.

—Silencio —siseó Snape, lo suficientemente fuerte como para acallar a todos los alumnos—. Continúe, McGonagall.

—Son nueve magos y brujas de increíble talento, que han pasado mucho tiempo especializándose en ramas de la magia, ocultas y desconocidas. Son los mejores en sus respectivos campos y han accedido a prestarnos su ayuda para la labor que se les ha encomendado. Quiero que todos los alumnos de Hogwarts demuestren respeto y aceptación por estos nuevos miembros de la plantilla del colegio. Por otra parte, acogeremos también a una estudiante de Enfermería Mágica y Pociones Avanzadas en nuestro colegio, donde realizará las prácticas durante este curso. Ahora, se los voy a presentar y explicaré cómo se ha organizado su distribución por el colegio.

Con reticencia y algo de repulsión, la profesora se giró hacia el director para pedir su permiso. Sonriendo sardónicamente, Snape asintió ligeramente con la cabeza.

—Que pasen.

—¡Adelante!

Filch abrió las enormes hojas de la puerta y uno a uno, fueron pasando. Las mesas de Ravenclaw y Hufflepuff se giraron para verlos mejor y los de Gryffindor se levantaron para poder verlos mejor. Los Slytherin estiraron el cuello con curiosidad, pero se quedaron dignamente sentados.

Por mucho que no quisieran, no podían evitar destacar. Carlisle y Esme encabezaban la marcha, seguidos de Edward, Bella, Nessie, Jacob, Jasper, Alice, Rosalie y Emmett cerraba la fila. Surgieron silbidos bajos por todas partes, pese a que la sencilla túnica negra que llevaban no era para nada impresionante.

Los vampiros lo miraron todo como si lo vieran por primera vez. Y es que era realmente impresionante ver el Gran Comedor repleto de chicos y chicas de diferentes edades, con las estrellas por encima de sus cabezas y las velas flotando, dándole luz a la estancia.

Los comentarios susurrados, los pensamientos y las emociones no tardaron en tomar forma alrededor de Edward y Jasper.

—Increíble...

—Míralos...

—¿No son demasiado jóvenes?...

—Es verdad...

—¿Qué te apuestas a que ésa no me lleva más de un año?

Edward llamó mucho la atención entre los alumnos que aún recordaban vívidamente la noche en la que Cedric Diggory perdió la vida, pero el vampiro empezaba a acostumbrarse a ello. Bella estaba tensa, no le gustaba llamar la atención, pero Jasper, más calmado, se encargó de relajarla, como estaba haciendo con Alice, que casi daba saltos de excitación. Carlisle y Esme se enfrentaban con decisión a lo que les parecía una nueva etapa, así como Jacob. Pero Nessie estaba nerviosa ante la certeza de que serían más de dos mil compañeros con los que convivir a diario. Los años que había pasado rodeada únicamente de su familia empezaba a cobrarle factura. Emmett lo veía todo como un nuevo reto, y pensaba que todo aquel mundo daría para años de curiosidad y entretenimiento. Rosalie, en cambio, estaba encantada de llamar tanto la atención, y de tener niños a los que cuidar. Era una experiencia muy similar a la que sintió cuidando de Nessie, pero no era negativa, en su opinión.

Muchos de los alumnos que tenían más desarrollado el instinto de supervivencia desconfiaron de ellos al verlos, pero Edward pensó que serían capaces de solucionarlo. Otros estaban intimidados, y otros, asustados. Muchos más, sobre todo proveniente de la casa de las águilas, expresaban admiración hacia ellos, creyendo que eran demasiado jóvenes para ser ''expertos'' en cualquier rama de la magia.

Caminaron hasta la tarima de la mesa de los profesores. Saludaron con un fingido respeto a Snape y se dieron la vuelta, poniéndose de cara a los alumnos, que los miraban con expectación.

—Alumnos, ocho de ellos se encargarán de vigilar cada noche las puertas de las casas para las que salgan elegidos. Se les asignará a cada uno la casa que elija el Sombrero Seleccionador. El señor Black se hará cargo de vigilar los pasillos del colegio por la noche. Se acabaron las correrías nocturnas —sentenció McGonagall—. Contra ellos no sirven ni los más sofisticados encantamientos de ocultación, los hechizos desilusionadores, las pociones, el hechizo aturdidor o incluso capas invisibles —Harry, Ron y Hermione se miraron—. Se instaurará un nuevo toque de queda. Los alumnos de cuarto año y menores deberán estar en sala común a las nueve en punto de la noche, después de la cena. Los alumnos que sean de quinto año y mayores podrán estar hasta las diez de la noche. En cuanto suenen las campanadas de las diez, el señor Black soltará a una bestia por los pasillos del colegio. Estáis advertidos. Cada alumno que ose infringir esta nueva norma, será castigado severamente y perderá 50 puntos para su casa, sin excepciones.

Los murmullos no se hicieron esperar. Seamus Finnigan se inclinó hacia Dean y le preguntó:

—¿Qué bestias crees que soltarán?

—No creo que sea muy peligrosa —comentó Neville—. McGonagall no dejará que ninguna bestia se coma a los alumnos.

—Estoy de acuerdo con Neville. Es sólo un cuento para asustar a los niños pequeños.

La profesora llamó la atención de los alumnos para seguir hablando.

—Así mismo, van a vigilar las clases de —hizo una mueca de disgusto antes de hablar— Artes Oscuras, Transformaciones y Encantamientos. Queremos un máximo rendimiento en todas y cada una de las asignaturas, pero en especial en estas tres, ya que el ministerio quiere asegurarse de que de aquí salgan magos y brujas preparados para la vida real. Ahora, Filius, haz los honores.

—¡Por supuesto, Minerva! —contestó el profesor con voz chillona.

Flitwick agitando la varita hizo aparecer un pergamino con los nombres de los vampiros y carraspeó solemnemente.

—¡Black, Jacob!

El profesor de Encantamientos le hizo un gesto al hombre-lobo para que se acercara y se sentara en el taburete. Jacob se sentó obedientemente en el taburete, pero Flitwick no logró alcanzar la cabeza de Jacob para colocarle el Sombrero. Riéndose un poco a coro con los demás alumnos, el licántropo le cogió el Sombrero de las manos al diminuto profesor y se lo colocó en la cabeza.

Casi pegó un salto al escuchar una vocecita en su oreja.

—Vaya, vaya, con que un licántropo, ¿eh? Nada menos que un metamorfo... Qué interesante...

—¿Cómo sabes todo eso? —pensó Jacob sorprendido.

—Yo soy el Sombrero Pensante, el que todo lo ve... Sí, tú no encajarías en Ravenclaw, es una casa demasiado racional para ti... Y tampoco Slytherin, careces de esa ambición... Tienes miedo, miedo al futuro... Pero no es un miedo egoísta. Por lo que veo, tienes demasiado miedo a perder a tu imprimación, ¿verdad?

—Eso deberías saberlo tú mejor que yo, si lo ves todo —le contestó Jacob.

Resonó una risita en su oído.

—Ciertamente, ciertamente. Y dado que yo lo veo todo, pienso que la mejor casa para ti es... —la última palabra la gritó al Gran Comedor— ¡GRYFFINDOR!

La casa de los leones aplaudió y rugió con fuerza, haciendo honor al animal que los representaba. Jacob, sonriente, se situó en la parte posterior de la mesa, donde apareció una silla, y ocupó su lugar.

El profesor continuó.

—¡Brandon, Alice!

Con los mismos pasos gráciles que siempre la habían caracterizado, la vampira subió al trote a la tarima, tomó el Sombrero y se lo colocó en la cabeza sonriendo. Trató de vislumbrar el futuro, pero el Sombrero aún no había tomado una decisión. Suspirando resignada, escuchó lo que decía, siendo consciente de que Edward estaba a la escucha.

''¡Fuera, Edward! Ya me espiarás en otro momento, pero ¡te prohíbo hacerlo ahora!'' le espetó Alice mentalmente. Su hermano favorito le sonrió con diversión, pero Alice supo que se había retirado de su mente.

Pronto, la vocecita habló en su oreja.

—¡Una verdadera vidente! Interesante, muy interesante...

—¿Qué es tan interesante?

—Toda mente posee un pasado, un presente y un futuro... La tuya carece de pasado y vive en un presente diluido por un siempre cambiante futuro. Tu mente es algo... único. No me he encontrado nada parecido nunca. Careces de recuerdos, aprecias el presente como algo pasado y el futuro es un presente constante, muy cambiante...

—Creí que me ibas a designar una casa, no a analizar mi mente.

—Para asignarte una casa, es necesario analizar tu mente. Eres inteligente, pero no excepcional, te basas más en la astucia, pero no tienes la malicia que caracterizan a los Slytherin. Me temo que no eres demasiado trabajadora tampoco, pero te ajustas a... ¡GRYFFINDOR!

Los aplausos volvieron a resonar en el Gran Comedor, mientras Alice se dirigía a la mesa de los leones y ocupaba una silla que había aparecido junto a la de Jacob.

—¡Cullen, Carlisle!

Caminó con serenidad, muy tranquilo, hasta sentarse sobre el taburete. Pero no pasó más de un segundo, antes de que pudiera darse cuenta siquiera de lo que había pasado, el Sombrero ya anunciaba:

—¡HUFFLEPUFF!

Al ver la confusión de su padre adoptivo, Edward moduló con los labios: ''Ahora te lo explico''.

Sonriendo amablemente, Carlisle lo dejó pasar y acudió a ocupar una silla en la cabecera de la mesa de los Hufflepuff.

—¡Hale, Rosalie!

Bella, susurrando, le preguntó a Edward:

—¿Cómo elige el Sombrero a qué casa va cada uno?

—Analiza la mente de cada uno y determina cuál es la casa más adecuada para cada uno de nosotros. Es muy interesante ver cómo lo hace, pero me temo que debo respetar la privacidad del Sombrero y del que está siendo elegido.

—Alice te obligó a dejarla en paz, ¿verdad? —rió Bella, adivinando.

Sin dejar de sonreír, Edward asintió sin un ápice de vergüenza.

Rosalie, por su parte, había ocupado con la dignidad de una reina el tosco taburete y se había colocado el mugriento Sombrero en la cabeza.

—No tengo dudas contigo... —susurró el Sombrero.

—Entonces, ¿por qué no me colocas de una maldita vez en una casa? —replicó Rosalie.

—Porque estoy evaluando si tendrás el valor de afrontar las consecuencias de mi decisión. Pero no tienes la inteligencia excepcional, ni el valor temerario, ni la voluntad y la determinación necesarios para otras casas...

—Lo tendré —dijo Rosalie cortantemente.

—Yo no estoy tan seguro como tú, pero si así lo crees... ¡SLYTHERIN!

El Gran Comedor se quedó entonces en silencio. ¿Qué ocurriría ahora si había alguien con una ''amplia experiencia en una rama de la magia'' dentro de una casa de traidores y mortífagos?

Los Slytherin aplaudieron comedidamente mientras Rosalie avanzaba con el porte de una reina a ocupar la silla que había aparecido en la cabecera de la mesa. Estaban contentos de que alguien hubiese quedado en su casa, pues esperaban que se hubiesen quedado todos en Ravenclaw o Gryffindor. De repente, a muchos alumnos les pareció una mujer superficial, fría y calculadora, pero otros, sobre todo en la casa Slytherin, empezaron a apreciar la etérea belleza de Rosalie, casi inhumana.

McGonagall se quedó patidifusa al ver dónde había quedado una de los ''protectores'' de Hogwarts. ¿Habría hecho lo correcto o se habría equivocado? Respondió a la mirada interrogante de los profesores apretando los labios y aparentando indiferencia, instándolos a callarse.

Jasper se entristeció al comprobar cómo cambiaba la percepción de las personas al pertenecer a una determinada casa.

El profesor Flitwick continuó.

—¡Masen, Edward!

Avanzó a la tarima hasta colocarse el Sombrero, ligeramente nervioso.

—Veo que nunca hay silencio en tu mente.

—Jamás —concedió.

—Un hombre inteligente, culto, curioso... Pero también sobreprotector y celoso. Creo que no tengo dudas, pero la casa a la que te mandaré es todo menos silenciosa respecto a lo mental.

—Poco importa.

—Entonces... ¡RAVENCLAW!

La mesa aplaudió con fuerza y Edward se sentó en su lugar.

—¡Masen, Reneesme!

En el Gran Comedor, muchos preguntaron a sus compañeros de al lado, para disgusto de Bella, cómo era el nombre de Nessie.

Al colocarse el Sombrero, pasaron unos segundos antes de que hablara.

—Eres demasiado joven para ser Seleccionada.

—¿Qué?

—No tienes más de ocho años, lo sé, y no te creo capaz de pertenecer a ninguna casa. Eres solo una niña, y con la edad que tienes no sé qué casa te vendría mejor. Tu carácter no está definido aún, como muchos niños de once años. Creo que te convendría una buena casa, donde te enseñen dónde se halla el buen camino, que se recorre con tesón y esfuerzo. Una casa donde se explota todo el potencial de sus miembros, sin importar su condición. De modo que es mejor que vayas a... ¡HUFFLEPUFF!

Confundida, Nessie dejó el Sombrero en su sitio, y ocupó la silla junto a su abuelo.

—¡McCarty, Emmett!

Al igual que con Carlisle, no hubo de esperar más de un segundo antes de que fuese seleccionado para una casa en concreto.

—¡GRYFFINDOR!

—¡McCarty, Isabella!

Bella acudió a sentarse en el taburete, pero no escuchó la vocecita del Sombrero. De hecho, pasaron los minutos y seguía sin ser seleccionada. Los profesores empezaban a preocuparse y los niños murmuraban. Ella misma estaba confundida.

Edward trató de ver lo que pensaba el Sombrero y comprendió el problema.

—¡El escudo, Bella!

Ella no lo escuchó, pero sí Esme, que le transmitió el mensaje a Bella. La vampira comprendió lo que tenía que hacer y apartó el escudo de su mente.

—¡Por fin! Pensaba que nunca lograría escuchar tu mente... Y eso no hubiese sido bueno para mi reputación. Vamos deprisa, a ver... No te iría mal en Ravenclaw, no, pero sí en Slytherin o en Hufflepuff. Tu valor tampoco es despreciable... Creo que serás... ¡GRYFFINDOR!

—¡Platt, Esme!

Esme tampoco duró mucho sobre el taburete, antes de que fuera seleccionada para Hufflepuff. Pero se le quedaron las palabras del Sombrero grabadas a fuego en la cabeza. ''Creo que puedes hacer mucho bien, tomar un papel más importante... Pero no lo haces. Espero que Hufflepuff te ayude a rescatar todo el potencial que hay en ti.''

—¡Whitlock, Jasper!

Acude con rapidez y se sienta en el taburete.

—No es difícil tampoco... Creo que eres demasiado dependiente de tu compañera. ¿No crees que te haría bien separarte de ella, tomar un poco de personalidad propia?

—Alice no me controla.

—Pero tampoco te deja expresarte. Sí, ya sé a dónde irás. ¡RAVENCLAW!

Jasper acude a sentarse junto a Edward, que le palmea el hombro y le sonríe mientras el profesor Flitwick retira el taburete y el Sombrero.

Snape indica con un gesto que sea la profesora McGonagall quien de inicio al banquete.

—Sin más dilación, ¡que dé comienzo a un nuevo curso en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería!


Perdón por pasar tanto tiempo sin actualizar. La verdad es que he estado ocupada, pero en cuanto me llegaron las ganas, en unos días estaba terminado. Por cierto, por si se lo preguntaban, no voy a introducir las reliquias de la muerte en este fic. Supongo que la capa de Harry seguirá siendo una capa excepcional, nada más.

SALESIA: finalmente he decidido hacerte caso, e introducir lo que ya me pedías. ¡Gracias por tus review y por tus ánimos! Espero un comentario.

Gracias a todos los que seguían esperando y lo siento mucho por los que no soportaron la espera.

Atentamente =)
lady Evelyne