Capítulo 2: Lo que odio de ti, príncipe
Era la cuarta vez que se tomaba la temperatura desde que Malfoy la dejó boqueando como un pececillo fuera del agua en su sofá. En su salón. En la seguridad y tranquilidad de SU CASA.
¿Cómo se había atrevido a tanto? O mejor, ¿por qué le había dejado atreverse a tanto?
Maldita serpiente arrogante y presuntuosa. Odio tus aires de grandeza y esas ganas de salirte siempre con la tuya.
Se sentía febril, seguro que volvía a tener fiebre por culpa del rubio ese que la había alterado en el apogeo de su delicada salud. Se sentía tan cansada, las rodillas apenas la sostenían, el corazón golpeaba bajo su pecho hasta el punto de tener que posar una mano sobre este para "tranquilizarlo". Miró su reflejo en el espejo del cuarto de baño y una Hermione sonrojada le devolvió la mueca de disgusto.
"No me guardes rencor, sabes que cuanto te haga el amor olvidarás todo el odio que sientes sobre mí en estos instantes"
Esa frase resonó en sus oídos hasta el punto de creer que podría estallar en llamas cual ave fénix. Abrió el grifo furiosa consigo misma y se mojó la cara, el cuello, la nuca… Al final pensó que una ducha más tibia la ayudaría en su proceso de relajación-post-beso-con-lengua-de-Malfoy.
Llenó la bañera hasta arriba y añadió sales con olor a frambuesa. El agua se volvió rosa y se habría deleitado por el aroma que provenía de ella si no tuviera la nariz tan taponada. Soltó su maltrecho moño y tras desnudarse se sumergió en el agua con un pequeño suspiro de placer.
Crookshanks se puso a dos patas y asomó los bigotes por el borde de la blanca bañera viendo como su ama movía el agua con sus manos jugando con la espuma y frotándose los brazos con ella. Se ganó una cariñosa caricia en la cabeza cuando reparó en él. Maullando de felicidad se tumbó encima de su jersey blanco que yacía en el suelo de mármol azul.
- Definitivamente esto no puede estar pasándome a mi- Murmuró Hermione entre la bruma blanca- Ya ha suficiente terminar tan mal con Ronald para dejarme engañar por Malfoy. Odio que por tu culpa nuestra relación se haya acabado- Se sumergió entera y como si hubiera caído en un pensadero se dejó llevar por los recuerdos.
Lo que había sido una relación púramente formal de compañeros de trabajo compartiendo el mismo pasillo donde sus despachos estaban el uno frente al otro y alternando "buenos días", "buenas tardes" y "buenas noches" si habían tenido reunión con el resto de departamentos y el tiempo se les había echado encima, habían dado pequeños pasos de gigante al pasar más tiempo del debido en el despacho del uno o del otro para consultar dudas. Dudas que se resolvían con un café de máquina, al final del pasillo. Cafés que dieron paso a almuerzos fortuitos por no poder comer en sus respectivas casas por falta de tiempo. Tiempo, que parecían disfrutar más y más en mutua compañía.
Hermione fue consciente de la cercanía del slytherin y no era ingenua al hacerle pensar que no se percataba de su abrasadora mirada plateada cuando ella creía que no lo miraba. Odiaba cuando la miraba de esa forma. Como si analizara cada uno de sus gestos, como si le llevara la cuentas de cuantas veces parpadeaba por minuto. Alguna vez le había sostenido esa mirada y él, lejos de apartarla, le había fruncido el ceño disgustado, enfadado repentinamente. La bruja prefería ignorar esos detalles, prefería suponer que Malfoy tenía una verdadera crisis existencial al ver como su aférrima enemiga ahora era su colega de trabajo. O bueno… ¿amiga?
No era la primera vez que la veía llorar por una pelea con Ron. A veces eran tan incompatibles en su forma de pensar. Se encontraban en puntos de su vida completamente diferentes, él quería formar una familia y Hermione se veía incapaz de sobrellevar una carga tan grande cuando recién estrenaba despacho gracias a un ascenso que le había costado desde que trabajaba para el Ministerio en Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas. ¡Por Morgana, sólo tenía 25 años! Se sentía demasiado joven.
Para colmo de males, Ron, en sus irrefrenables ataques de celos comenzó a sospechar de Malfoy y a mencionarlo con desdén cada vez que volvía tarde de trabajar. Él no podía entender que si pasaba tanto tiempo con Draco era explícitamente profesional.
¿Verdad que si?
Verdad a medias… Malfoy sabía usar muy bien su lengua para atormentarla y sacarla de sus casillas prácticamente cada día. Discusiones que casi podría afirmar que disfrutaba por su ingenio y retorcimiento. Casi.
Pero odiaba cuando tras esas discusiones con Ron de la noche anterior él aparecía en su despacho, siempre sin llamar, y se limitaba a observarla con el rostro impasible.
- ¿Hasta cuándo vas a seguir con tu juego masoquista, Granger?
- No es asunto tuyo, Malfoy- se pasó las manos por sus mojadas mejillas- Enserio vete, no me gusta que vengas a regodearte de mi relación.
- No me regodeo, observo, evalúo y pienso que eres masoquista- Contestó fríamente- Y si me apuras un poco cobarde.
Hermione entrecerró los ojos y apretó su mandíbula pensando seriamente en lanzarle una maldición. Draco se cruzó de brazos y ante su perplejidad sonrió de medio lado perversamente.
- Muy cobarde, la leona gryffindor.
- Entiendo que tengas la empatía emocional de una cucharita de té y la amabilidad de una acromántula. ¿Sería mucho pedir que te largaras antes de que saque a patadas de mi despacho?- Amenazó Hermione apuntándolo con la varita al ver que este no se inmutaba- ¡Malfoy fuera de aquí!
- ¿Desde cuando eres conformista?, tú, la supuesta bruja más brillante de nuestra generación carece de amor propio en una relación tan vacía y plana que te ahoga cada día, Granger. Eres muy cobarde permitiendo esto.
El sonido de una bofetada resonó en el lugar. Draco apenas giró el rostro y suspiró lentamente cerrando los ojos como tratando de mantener autocontrol
- ¡Hasta aquí has hablado por hoy, idiota!- Gritó furiosa Hermione frente a él y empujándolo con con ambas manos hacia la puerta- No acepto consejos de alguien que no tiene puñetera idea de lo que es luchar por alguien a quien quiere.
- Tú no quieres a Weasley, Hermione.
Detuvo su empuje contra el mago que apenas había retrocedido aún su empeño de echarlo y le miró roja de rabia. Se había olvidado de respirar y un ligero zumbido pitaba en sus oídos. De repente se sintió pequeña ante la mirada penetrante de esa serpiente, tan cerca que podía contar como tenía pequeñas motas negras alrededor de su iris plateado. Odiaba esos malditos ojos.
Sin mediar palabra alguna, Draco le colocó uno de sus rizos tras su oreja izquierda y giró con elegancia para salir por la puerta cerrando suavemente sin volver a mirarla.
Hermione emergió de la bañera cuando un escalofrío le recorrió la espina dorsal. El agua se estaba enfriando y no le convenía en absoluto a su resfriado pasar más frío.
Tras secarse y volver a ponerse su pijama. Se dirigió a la cama tiritando y con los labios helados. Miró su reloj que marcaban las 00:18… ya era un nuevo día. Antes de caer dormida un último pensamiento le vino a la cabeza. Quizás no fuera culpa de Draco que su corazón ya no perteneciera a Ron.
Tal y como había anunciado, Draco se presentó en la puerta de la casa de Hermione. Esta vez pudo telentransportarse ya que había memorizado su dirección. Iba inmaculadamente vestido con un traje negro y una camisa del mismo color. Su capa aterciopelada era verde, tan oscura que también parecía negra, pero ciertamente no lo era. Un slytherin reconoce la diferencia.
Tocó el timbre dos veces y esperó.
Esperó más del tiempo que consideraba educado y frunciendo el ceño volvió a llamar esta vez con los nudillos. Una alarma asaltó en su interior. Granger no estaba tan enferma ayer para haber colapsado ¿verdad? ¿ o es que acaso se negaba a recibirle?
El sonido de la cerradura le hizo olvidar esas conjeturas y la puerta se abrió con una horrible bruja bajo su umbral.
- ¡Por Salazar, Granger!, ¿un dementor te ha absorvido el alma?- Preguntó sorprendido y casi preocupado.
- Te dije que estaba resfriada…
Draco bufó parpadeando varias veces. Hermione lucía terrible. Llevaba otros pantalones de pijama un poco más anchos que los del día anterior, grises y un jersey azul claro extra grande de punto gordo con una "H" grabada en su centro (cortesía de Molly Weasley, seguro) encima una bata de franela a rayas de colores. Su pelo no estaba del todo mal, algo despeinada pero los rizos estaban decentemente esparcidos más abajo de sus hombros. Pero su rostro estaba pálido y ojeroso con los labios morados y temblorosos.
- Vuelve a dentro Granger, eres una epidemia andante. No puedes salir así y contaminar a todo el Callejón Diagon.- Draco la tomó de los hombros y la empujó de nuevo hacia su salón cerrando la puerta a cal y canto con un movimiento de su varita.
- Malfoy, si no te contagié ayer hoy si que podría matarte… En serio déjame sola, es únicamente una recaída.
- Cierra la boca ya- Sin más miramientos la empujó suavemente contra el sofá y la cubrió con la manta de cuadros escoceses que seguro que estaba usando porque aún permanecía caliente.
Hermione observó atontada como el mago se deshacía de su flamante capa depositándola sobre uno de los sillones. Se agachó para recoger uno de los cojines y tuvo buena vista de lo bien que le quedaban esos pantalones. Odiaba su maldito trasero y su cuerpo en general.
- ¿Qué necesitas, Granger? - Preguntó desabrochando dos de sus botones de su camisa para estar más cómodo.
- No es necesario que hagas esto Malfoy… - Su fría mirada no la dejó continuar al saber que no conseguiría sacarlo de ahí- Me he tomado una poción hace menos de una hora, ya debería hacer efecto. Necesito descansar nada más.
- ¿ Has comido algo?
- ¿Me vas a cocinar?- Preguntó incrédula.
- No sé cocinar, nunca he tenido que hacerlo- Se encogió de hombros- Pero puedo preparar té.
- Puedo hacerlo yo- Apartó la manta de un tirón pero antes de poner un pie fuera del sofá Draco la agarró de los hombros y volvió a depositarla sobre los cojines. Acercó su inmaculado rostro al de ella y Hermione entre abrió los labios para aspirar su esencia masculina. Pura y tortuosa testosterona masculina- Malfoy… ¿qué…?
Quizás fuera la fiebre, quizás la adrenalina que fluía bajo su epidermis. Pero cuando Draco posó sus labios sobre su frente en un casto beso y casi creyó arder.
- Granger, estás demasiado caliente para hacer nada. Se una buena bruja y déjame a mi. Esta es "mi cita"- Susurró Malfoy- Veremos si es fiebre o es que mi presencia te altera las hormonas.
Draco salió del salón con sus andares majestuosos, de príncipe engreído y entró en la cocina.
- ¡Es fiebre idiota!- Gritó Hermione cubriéndose hasta la nariz sonrojada.
El tintineo de cucharas y el golpeteo de vasos apoyados en la encimera de la cocina le hizo entender que esa serpiente husmeaba todos los recovecos de su despensa. ¡Por Merlín que absurdo era todo esto!. Volvió a tomarse la temperatura poniéndose el termómetro en la boca. Cuando escucho un pitido se lo sacó y vio como marcaba 36.4 grados. ¡Eso no era fiebre!, ¡ojalá lo fuera para cerrarle la boca al invasor de su casa!
- ¿Y bien?- Preguntó Draco entrando en el salón con la misma bandejita de cristal que utilizó ayer ella y con dos tazas de té. Había tenido la osadía de abrir una de sus cajas de galletas de chocolate que reservaba para ocasiones especiales y ahora estaban esparcidas en una espiral perfecta sobre su plato.
- Si, tengo fiebre- Mintió conscientemente.
Draco depositó la bandejita sobre la mesita frente al sofá y sin ninguna consideración se sentó tras ella haciendo que se incorporara un instante para luego volverla a dejarla sobre él. De esa manera Malfoy se había convertido en su cojín ya que sus castaños rizos descansaban sobre uno de sus hombros masculinos. Él los cubrió con la misma manta y le acercó su taza de té a la bruja.
- Bebe, le he lanzado un hechizo herbovitalizante. Deberías mejorar en unas horas.
- Gracias… - Murmuró dando un sorbo, sabía muy dulce.
- En fin, tenía una velada magistral preparada para nosotros. Cena en "The Golden Pumpkin", seguido de una copa en "Black rose" donde hacen maravillas con cócteles afrodisíacos perfectos para la ocasión- Sintió como Hermione se tensaba sobre él- Paseo por río por el Támesis- Hermione le miró por encima del hombro sorprendida.
- ¿Mundo muggle?
- Si, he de reconocer que esa zona de Londres me gusta. Incluso te habría invitado a subir al "London Eye"
- Ya estaría cerrado, Malfoy.
- No para magos, Granger- Prosiguió- Allí te habría besado con toda la ciudad a nuestros pies. Eres una romántica incurable, sabía que no te resistirías.
Hermione no pudo menos que reír, bien por los nervios, bien porque la conocía muy bien.
Odiaba que supiera como sorprenderla.
- Pero aquí estamos, yo impecable, tu desastrosa…. Aunque, he de reconocer, que hueles de maravilla- Acarició sus rizos y la bruja sintió como olía su cuero cabelludo tras su oreja- tumbados en tu sofá bebiendo té.
Hermione se giró hacia él y sonrió traviesamente. La narración de Malfoy de cómo habría sido su cita esa noche (la mejor de su vida seguramente) y lo que estaba dispuesta a hacer por ella a pesar de estar enferma hizo asomar a la leona que llevaba dentro que comenzó a ronronear.
- Ya que he truncado tus planes, príncipe, lo haremos a mi manera- Cogió el mando del televisor y le dio a playdonde enseguida comenzó a sonar su banda sonora favorita- Vamos a ver mi película favorita "Love actually"
- Si no hay más remedio...- Suspiró Draco cogiendo una galleta de chocolate y depositando otra en la boca de la bruja- ¿De qué trata?
- ¡Por Merlín, Malfoy! Es un clásico navideño. Historias de amor y desamor en la época más mágica del año.
- Salazar… he purgado todos mis pecados esta noche, desde luego.
Vieron la película al principio en silencio. Draco la tenía abrazada por detrás y ella estaba amoldada entre sus piernas sintiéndose más segura y tranquila que nunca. Comentaron las escenas que se sucedían a pesar de que la serpiente tras ella carecía de tener humor inglés, ella se reía con ganas.
- En serio, esta películas es una vergüenza para los hombres que se conforman en estar en la friendzone.
- ¿Nunca has estado en esa zona, Draco?- Preguntó llamándolo por su nombre la primera vez en toda la tarde.
- La duda ofende, Granger- susurró en su oído- Sólo me hace falta tirar del cordoncito que ajusta estos horribles pantalones para introducir mi mano dentro y poner a prueba si vuelve a subirte la temperatura.
Hermione se ruborizó hasta las pestañas y miró hacia abajo, sabía que bajo la manta el slytherin había subido un poco su jersey y se dedicaba a acariciar su vientre dibujando círculos alrededor de su ombligo y como sus dedos se detenían justo en el elástico de su pijama gris. ¡Por Morgana!, odiaba que jugara con ella de esa forma.
- Dime Hermione, ¿podrías considerarme un amigo mientras te acaricio aquí?- Mordió el lóbulo de su oreja logrando que dejase escapar un pequeño jadeo- ¿O por aquí?- Con la otra mano que tenía libre fue subiendo por sus costillas hasta rozar la tela de su sujetador, delineando con un dedo la forma de ellos y acariciando la piel expuesta en la unión de sus pechos.
La bruja apoyó la cabeza en la base del cuello de Malfoy, rendida por su toque mágico. Los labios de él se deslizaron por su ardiente mejilla hasta dar con la comisura de su boca.
La leona dejó de ronronear para rugir en euforia.
Sin tiempo a dejarle pensar giró sobre si misma y se sentó a ahorcajadas sobre el rubio que la miró asombrado pero que sonrió perversamente con un brillo malicioso en sus ojos. Ella lo besó como si la vida le fuera en ello y permitió que Draco hundiera su cálida lengua en ella y la apresara por la cintura con un brazo mientras con la otra mano la sujetaba por la nuca con inercia. Hermione le rodeó el cuello con sus brazos en un abrazado apasionado. Odiaba sus besos y no podía evitar pegarse a él con apremio. Sus jadeos llenaron el salón y hasta llamaron la atención de cierto felino que los observaba bajo el sillón que había frente a ellos.
Draco estiró de sus rizos hacia atrás exponiendo el cuello de la bruja para iniciar un húmedo recorrido con su lengua desde su mandíbula hasta su clavícula clavando los dientes en ella.
- Odio que siempre te salgas con la tuya, Draco- Consiguió decir ahogando un gemido.
- No me voy a salir con la mía esta noche, Hermione. No voy a aprovecharme de ti cuando necesitas recuperarte del todo- Susurró entre besos mordisqueando el hombro de ella- Necesito toda tu energía y voluntad para cuando te haga mía. No quiero hacerlo con un cadáver.
La bruja lo miró a los ojos y le pasó una mano por su pelo platinado.
- Odio que seas tan considerado, Malfoy.
Un brillo de desafío cruzó sus pupilas negras y sin más miramientos se levantó del sofá cargando a la castaña a ahorcajadas que lo rodeó con sus piernas por la cintura. La manta cayó al suelo tras ellos y por poco vuelca la mesita de cristal al darle un golpe por la prisas por salir del salón dando un susto de muerte a Crookshanks.
- Llévame a tu habitación y verás cuan considerado soy.
Hermione señaló la escaleras arriba justo en el instante que sonaba la música "Wherever you will go"- The Calling
"If I could, then I would; I´ll go wherever you will go. Way up high, or down low, I´ll go wherever you will go. Run away with my heart, run away with my hope, run away with my love..."
¿Continuará….? ¿final abierto? Puedo reconsiderar hacer un Epílogo si a mis queridas dramionas les gustaría saber qué ocurre a la mañana siguiente.
¡Mil gracias por vuestro cariño y apoyo!
P.D: Si no habéis visto "Love Actually" por favor no dejéis pasar este maravilloso clásico del cine inglés.
