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CEMENTERIO, DULCE CEMENTERIO

- La pasamos muy bien en el maratón de películas, pero antes de que terminara la última, todos se habían quedado dormidos. Yo fui el único que estaba despierto porque no comí demasiado; el sueño les venció porque comieron mucho. La película terminó, desconecté todo los aparatos, los cubrí a ustedes con frazadas y salí a correr por los techos. No tenía sueño a pesar de que ya pasaba de media noche. Cuando regresé, la sala estaba en llamas, y entre las llamas… entre las llamas estaban…

¡Cierro los ojos tratando de olvidar el espantoso incendio en el que se estaba quemando mi familia! Pero es una imagen que jamás voy a olvidar.

Rafa me suelta.

Abro los ojos. Sigo contándole lo que pasó después.

- Apenas apagué el incendio, tuve que enterrarlos aquí mismo para salir de inmediato en busca del asesino de mi familia y vengarla, pero en un año no he podido vengarlos. He regresado a casa sin haber podido vengarlos. -

Rezo a los Dioses porque mi hermano Rafael me perdone por haberle fallado, por haber fallado en proteger a mi familia, pero lejos de obtener el perdón, obtengo un puñetazo en la cara que me arroja lejos.

Caigo en el polvoso y derruido piso.

No me muevo para recibir todo el castigo que merezco, pero Rafa vuelve a levantarme, me lleva a jaloneos hacia el dojo, y me arroja sobre el desgastado tatami. Caigo muy cerca de las velas que encendía durante mi meditación.

Todas las velas siguen en pie después de tanto tiempo.

- Recuerdo que ese día, cuando fue el maratón de películas, justo antes de que yo me enterara que íbamos a tener un maratón de películas, estaba en el dojo y acababa de encender las velas e iba a iniciar mi meditación, cuando llegó Miguel, y muy contento, me dijo que ese día iba a haber un maratón de películas, que Sensei ya había dado su consentimiento, y que yo debía ayudarlos a cumplir con la condición que Sensei había impuesto si queríamos pasar el resto del día sentados viendo películas. Una vez que Miguel me dio la noticia, se fue para avisarles a Abril y Casey que dejaran lo que estuvieran haciendo y que vinieran a casa, claro que después de que pospusieran sus asuntos personales, aunque dudé que Miguel les hiciera esta aclaración. ¡Por supuesto que me entusiasmé! Olvidarnos un momento de las obligaciones diarias, estaba bien hacerlo de vez en cuando. Me olvidé de meditar, apagué deprisa las recién encendidas velas, y fui con ustedes tres para ayudarles con la limpieza de la casa. -

He hablado sin apartar la vista de las velas, y una capta mi atención. Las velas siempre las encendía a una distancia prudente del tatami, pero una vela está derribada y está sobre el borde del tatami, y no sólo eso, esta vela es más pequeña que las otras; si todas las velas que iba a ocupar esa tarde eran nuevas, todas deberían ser del mismo tamaño.

Ese día que las encendí, todas eran del mismo tamaño porque eran nuevas, y no hubo tiempo para mi meditación, no hubo tiempo para que ninguna vela nueva se consumiera, pero una está casi consumida.

¿Por qué?

Miro insistentemente a la vela pequeña como esperando a que ella misma me de las respuestas, y por esperar las respuestas, no me doy cuenta de que Rafa se acuclilla a mi lado, y pone una viscosa y sangrienta mano sobre mi cabeza. Ni siquiera tengo tiempo para pensar que mi cabeza se está manchando con la sangre de mi hermano, porque un tipo de energía pasa de la mano de Rafa a mi cabeza, como un tremendo choque eléctrico, y a pesar del dolor, no cierro los ojos porque ante mí, el dojo se transforma, y lo veo con el aspecto que tenía exactamente hace un año.

Es una visión de lo que pasó hace un año.

Me veo a mí mismo apagar cada una de las velas y salir deprisa del dojo, pero una de las velas, apenas cuando está por apagarse la mecha, se enciende de nuevo. Veo cómo la vela se va consumiendo, y cuando está por consumirse por completo, cae y rueda llegando hasta el tatami; la mecha encendida entra en contacto con la tela, y en esa parte, el tatami comienza a quemarse; el borde del tatami se quema rápidamente, y el fuego se esparce por el borde del tatami hasta que las llamas llegan a una de las paredes en la que cuelga unos de los pergaminos. Por las paredes del dojo estaban colgados de la pared siete pergaminos, y en cada uno de ellos, Sensei escribió las siete virtudes que reza el Bushido. Uno de esos pergaminos es alcanzado por las llamas que están arrasando con una parte del tatami; el pergamino se quema en un momento, pero veo que se desprende un pedazo de papel en llamas y flota, pero antes de que se haga cenizas, el calor que se está generando aquí, impulsa ese pedazo de fuego a salir volando fuera del dojo… ¡Me levanto no importando que empuje a Rafa! ¡Voy detrás de ese fragmento de pergamino porque algo muy dentro de mí me dice hacia dónde va! Pero no lo atrapo. Ese fragmento de papel que se va quemando, cae directamente sobre el sofá… El fuego arde en seguida por la tela del mueble, y el humo sofoca a quienes duermen plácidamente antes de que se den cuenta de lo que está pasando.

Abril, Casey y Doni desaparecen entre las llamas. Pronto, las llamas alcanzan el sillón en el que se está sentado mi padre y la silla plegable en la que está Rafa. Miguel está dormido sobre la alfombra, y de la alfombra brotan lenguas de fuego.

La sala en iluminada, no por la luz de la televisión, sino por la cegadora y sofocante luz del fuego.

Agacho la cabeza.

No quiero ver de nuevo que la sala se incendia, pero en un instante, el calor cesa, el incendio cesa, la visión cesa. La oscuridad retorna.

Ha sido un año de búsqueda inútil.

- El incendió no fue provocado intencionalmente. – digo apenas en un susurro - El incendio comenzó en el dojo porque yo dejé una vela encendida.–

Observo mis manos. Están manchadas con la sangre de Rafa.

¡No! Esta sangre no es porque he abrazado el cadáver de mi hermano. Mis manos están manchadas con la sangre de mi familia.

Fue mi error... Fue mi culpa. ¡Yo mismo he matado a mi familia por un gravísimo error mío: haber dejado una inofensiva vela encendida!

¡Cierro mis puños deseando con toda mi alma que en ese mismo instante se abra la tierra y me trague! ¡Deseo que la grieta que se habrá debajo de mí, me lleve directo al infierno!

- Perdónenme… ¡Perdónenme! –

Grito tan fuerte para que mi familia escuche mis súplicas.

- Leonardo. -

Pero no es necesario gritar. Ellos están aquí.

Levanto la cabeza y me encuentro con mi padre.

- ¡Papá! –

La felicidad regresa a mí al volver a ver a mi padre, pero dura brevemente.

Doni, Miguel, Abril, Casey y mi padre tienen un aspecto peor que el que tiene Rafa. De hecho, Rafa ha cambiado.

Veo la piel de todos gravemente quemada, ensangrentada y ennegrecida, incluso el olor a carne quemada invade mis pulmones, pero esto no me causa náuseas, lo que me hace sentir verdadero asco, son los gusanos que retuercen entre la carne y los huesos chamuscados de mis seres queridos.

Con torpeza me arrodillo frente a mi padre a la espera de su sentencia.

- Hemos venido a imponerte tu castigo, hijo. –

Yo asiento con la cabeza humildemente.

Quiero disculparme con todos ellos, pero…

- ¡Maldito! –

- ¡Tú nos mataste! –

- ¡Jurabas por tu propia vida que nos protegerías, y tú nos mataste! –

¡Se arrojan sobre mí y comienzan a arañarme!

¡Rasgan mi piel, destrozan mis músculos, la sangre brota a borbotones desde mi interior!

Yo no voy a tener una muerte tan benevolente como la que ellos tuvieron, y lo acepto… o trato de aceptarlo… ¡El dolor que me causan oír sus protestas y sus ataques es insoportable!

- ¡Tú nos mataste! –

- ¡Jurabas por tu propia vida que nos protegerías y tú nos mataste! –

- ¡Maldito! –

- ¡Maldito! –

- ¡Maldito! –

- ¡AAAAAAAAAHHHHHHHHHHH! -

Me da un sobresalto y abro los ojos.

Mi corazón golpea con fuerza mi pecho y mi respiración es pesada.

No sé en dónde estoy. La oscuridad no es de mucha ayuda para saber en qué lugar me encuentro.

Pasan segundos muy largos antes de que me dé cuenta que estoy recostado sobre mi cama.

Me levanto tan rápido como puedo, pero siento una gran pesadez en todo mi cuerpo, como si la pesadilla no me permitiera abandonar el lugar donde duermo, y aunque con torpeza, logro salir de mi habitación.

Me asomo a la habitación de mi padre y a las de mis hermanos.

Todavía están aquí.

Todavía están conmigo.

Aún es muy temprano, pero el sueño se me ha ido. Está bien así, no quiero volver a tener la pesadilla.

Voy al dojo.

Enciendo las luces, me posiciono en el centro del tatami, y comienzo a ejecutar katas.

Sólo fue una pesadilla; que mi familia regresara del más allá para reprocharme el haberles asesinado fue una pesadilla, pero no así el accidente.

Hoy se cumple un año de ese terrible accidente que provoqué.

Hoy se cumple un año de esa horrible noche en la que mi familia murió en el incendio que yo mismo provoqué.

Hoy se cumple un año cuando, en medio de mi dolor, al desear que la tierra se abriera y me tragara, un extraño se presentó y me ofreció devolver a la vida a mis seres queridos, bajo una condición.

Hace un año que vendí mi alma, pero esto no importa, si tengo a mi familia todavía conmigo.

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Los accidentes pueden pasarle a cualquiera, son más frecuentes de lo que crees.

Gracias por leer otra divagación mía.