¡Cuánto tiempo!

Lo siento muchísimo. A estas alturas debería haber dado ya la dirección de mi casa para que me tiraseis piedras porque siempre tardo mil años en actualizar. De verdad, lo siento muchísimo por desaparecer estos meses, pero me ha sido imposible ponerme a escribir. Tal y como me ocurrió en el verano pasado, este invierno mi padre ha estado ingresado en el hospital y bueno, no he tenido ni tiempo ni ánimo para escribir. Pasarse todo el día en un hospital cansa tanto física como mentalmente... Así que lo siento mucho por no actualizar antes.

Espero de todo corazón que esta haya sido la última vez que desaparezco durante tanto tiempo -.-' Pero bueno, ahora las cosas ya están bien y vuelvo a las andadas. Y no hay nada que me anime tanto como traeros otro pedido. Tengo el siguiente a medias así que espero traéroslo dentro de poco y dentro de unos días subiré el prólogo del fic Giotto x Haru que ya os mencioné.

¡Ah, se me olvidaba! La siguiente petición era un Giotto x Haru para sayaneko-chan y después iban las dos peticiones de fran. varia. niebla. Pero he decidido hacer primero el Bel x Mammon, después el fic para sayaneko-chan y acabar luego con la otra petición de fran. varia. niebla. Espero que no os moleste a ninguna de las dos~

Y después de tanto molestaros, os dejo ya con el pedido de hoy: un 2786 para AgathaxB con Enma por en medio.

Título: Volver

Autor: Black Cherry

Resumen: Para Tsuna, todo aquello le parecía una broma de mal gusto. El accidente, la amnesia de Haru y el repentino interés de la castaña en Enma Kozato. 2786.

Aclaraciones: Como tenía que estar Enma por ahí, hay Haru x Enma. Y perdón si hay algo OOC.

Katekyo Hitman Reborn! no me pertenece y nunca lo hará~

~Volver~

Tsuna miró el reloj que se alzaba en mitad del parque de Namimori sólo para comprobar que llegaba pronto. Arrancar a correr había sido una buena idea, aún si había surgido por su propia torpeza. Después de todo, aquel perro no parecía precisamente contento después de que el joven Vongola pisase su cola. El castaño soltó una risilla; no sabía cuando aquel perro le había perdido de vista, pero tanta carrera le había dejado agotado. Se dejó caer en el primer banco que divisó y dejó que el tiempo corriese mientras trataba de recuperar el aliento.

– ¿Has corrido para llegar a tiempo, Tsuna-san?

El aludido se levantó deprisa para toparse con la dueña de la voz. Enfundada en un vestido amarillo de aspecto veraniego, Haru sonreía con timidez.

La castaña se había pasado dos horas delante del espejo tratando de decidir que prenda le quedaba mejor, probándose desde faldas hasta pantalones desgastados que no sabía ni que tenía. Aquel vestido que llevaba le había parecido la mejor opción, pero bajo la atenta mirada del joven Vongola ya no estaba tan segura de ello. Se peinó con los dedos algunos de los mechones castaños que se habían escapado del recogido que llevaba y después volvió a sonreír con timidez.

– ¿Haru se ve rara?

– N-no, te queda muy bien.

Con un leve sonrojo en las mejillas, nada comparado con el tono rojizo del rostro de la chica, Tsuna le tendió su mano a Haru. Al joven Vongola le parecía curioso, casi divertido, el hecho de que no había cambiado nada desde su primera cita. Él seguía poniéndose nervioso con una facilidad asombrosa y el sonrojo era casi permanente en las mejillas de ella. Los labios de Tsuna esbozaron una sonrisa; no cambiaría por nada del mundo aquella mano pequeña y delicada que le agarraba con tanta fuerza.

Mano que, de repente, le soltó. El chico pronto comprendió el porqué: al otro lado de la calle, una chica saludaba efusivamente a Haru.

– Ves a saludarla – Tsuna le sonrió antes de señalar el cine –. Aún queda algo de tiempo para que la película empiece.

– Ahora mismo vuelvo.

La castaña se disculpó con rapidez, trotando ligeramente para cruzar la calle y abalanzarse sobre los brazos de su amiga. Si al Vongola no le fallaba la memoria, aquella chica era del mismo club de gimnasia que su pareja.

Pensó que ambas se entretendrían más, sobre todo cuando la chica le señaló con el dedo y Haru enrojeció, pero en un par de minutos la castaña volvió a encaminarse hacia él. Con una sonrisa infantil plasmada en sus labios, Haru estaba adorable. Le gustaba como el vestido se mecía ligeramente con la brisa o como esos ojos claros siempre le miraban con inocencia.

Era preciosa, y a Tsuna le tenía totalmente embelesado como si no hubiese nada más en su campo de visión salvo ella.

Hasta que la castaña simplemente se desvaneció.

Por unos instantes, Tsuna se quedó muy quieto sin saber qué había ocurrido. ¿Cómo había desaparecido la chica? Quizás se trataba de un truco de magia o que él había sido tan torpe como para perderla. Repasando el lugar con su mirada, notó que había más gente aglomerada allí que antes pero ni rastro de Haru.

Hasta que su mente comprendió la situación.

Se deslizó entre la gente, empujando y apartando a todo aquel que se interponía en su camino en una disculpa tras otro. Y entonces la encontró. Vio aquel vestido veraniego teñido en rojo, los mechones castaños empapados en rojo y la piel más blanca que enfatizaba el rojo de la calzada. El Vongola se encontró con su princesa ahogada en el líquido carmesí que era su propia sangre.

Un grito horripilante se escapó de su garganta y, después, a Tsuna le abandonó incluso su consciencia.


Lo primero que observó Tsuna cuando despertó fue un techo que no se le hizo familiar. No tardó en incorporarse sólo para comprobar que estaba en la cama de un hospital con Gokudera al lado. El peliplata prácticamente le interrogó cuando notó que estaba despierto, explicándole que se había desmayado en mitad de la calle y les había dado un buen susto a todos. Y como si esas palabras hubiesen sido un hechizo, la desconcertada mente de Tsuna empezó a funcionar. Recordó el haber quedado con Haru, el ir de la mano con ella, el haberse encontrado con una conocida suya. Se tornó pálido al instante; lo que había ocurrido después de eso había sido que un coche se la había llevado por delante.

– Gokudera – fue un hilo de voz que su amigo apenas escuchó, pero que comprendió al instante.

– No se preocupe décimo, está estable.

El aire pareció llegarle a sus pulmones de nuevo cuando asimiló que Haru estaba bien. Sin embargo, había algo en la forma en la que le miraba su mano derecha que no acababa de gustarle. Con más tacto del que recordaba tener, Gokudera le explicó con suavidad que él había estado inconsciente alrededor de 37 horas, pero que la castaña seguía sin recuperar la conciencia.

Pese a la insistencia del italiano en que debería descansar, Tsuna logró convencerle de que le llevase a ver a Haru. Y cuando la vio, le dio la impresión de que la chica estaba dormida. Estaba tapada con unas sábanas de color claro, con su pelo castaño esparcido por la almohada y con un rostro sereno. Con delicadeza, Tsuna acarició con la yema de sus dedos la mejilla de la fémina. No estaba especialmente fría, pero le faltaba calidez al tratarse de Haru.

Se dejó caer en una silla cercana a la cama, escondiendo su rostro entre sus manos; aquello parecía una pesadilla. Sin embargo, el sonido que hacían las máquinas rebotaba en sus oídos. Era real, demasiado como para poder escaparse de ello. Tsuna se consoló pensando que Haru estaba viva, que todo saldría bien. Al menos, ya no estaba presente aquel color rojizo, ni tampoco el hedor a sangre.

No, ahora Tsuna estaba rodeado de un blanco tan puro como monótono que le recordaba que la castaña estaba ingresada en un hospital.

Tsuna contempló a su bella durmiente durante los siguientes días sin apenas descanso. Le daba miedo quitarle la vista de encima, como si un despiste suyo pudiese hacer que la perdiese. Sin embargo, y pese a que el chico rezaba internamente una y otra vez, no había ningún rastro de la consciencia de Haru.

O así fue hasta un par de semanas después, donde la esperanza del castaño se vio recompensada con un leve gemido de dolor escapándose de los finos labios de la chica. Se incorporó de inmediato observando atentamente como el rostro de Haru parecía palidecer unos instantes antes de que sus ojos se abriesen con una lentitud tortuosa. Los dos orbes claros estaban teñidos por el cansancio y la confusión, pero era la señal inequívoca de que la castaña había despertado.

– ¡Enfermera! – Tsuna ni siquiera se dio cuenta del grito que se escapó de su garganta hasta que no vio a una enfermera plantada delante de él –. Haru-chan ha despertado.

– Ahora mismo aviso al doctor.

Los labios de Tsuna dibujaron una sonrisa llena de ilusión cuando el doctor ingresó en la sala y examinó a una aturdida Haru que permanecía en silencio. Tras varios minutos que al chico se le hicieron eternos, el doctor le comunicó que no parecía haber ningún problema en ella. Si bien iba a necesitar bastante reposo y algo de tiempo hasta que todas las heridas sanasen, todo indicaba a que Haru había salido bien parada del accidente.

– Perdone doctor – la castaña llamó la atención de ambos con un hilo de voz casi ronco que le provocó toser antes de seguir hablando –, ¿quien es esa tal Haru de la que habla?

– ¿Eh?

La sonrisa de Tsuna se rompió en el instante en el que el doctor le echó de la habitación. ¿Qué acababa de ocurrir? Por unos segundos, le había parecido que la castaña había preguntado quien era Haru. No lo decía en serio, ¿verdad? Tenía que ser una broma, una de muy mal gusto.

Cuando el doctor salió del cuarto, sus ojos brillaban con lástima. Posó una mano en el hombro del joven intentando infundirle ánimos y, con todo el tacto del mundo, le comunicó que la chica había perdido la memoria. Tsuna parpadeó con rapidez; sí, aquello debía ser una broma y no le estaba haciendo ni pizca de gracia.

Con el dorso de su mano, se deshizo de las pocas lágrimas que habían conseguido escapar de sus ojos e intentó sonreír. Sólo tenía que entrar allí de nuevo y Haru le contaría que todo estaba bien. Parecía tan sencillo de hacer que el joven Vongola no lograba comprender porque su cuerpo se negaba a moverse.

Los pocos minutos que estuvo paralizado enfrente de la puerta se le hicieron un suspiro. Y cuando quiso darse cuenta, ya se encontraba de nuevo parado al lado de la cama donde Haru parecía pensativa. Los dos orbes castaños se clavaron en él al instante, y Tsuna se esforzó por ignorar el sabor salado que las lágrimas le habían dejado.

– ¿Te encuentras bien?

– Al parecer Haru tiene amnesia – la voz le falló a la fémina, pero tras unos instantes llegó la pregunta inevitable –. Así que lo siento pero, por favor, ¿te importaría decirme quien eres?

Y Tsuna rompió a llorar.

Ignorando la mirada llena de confusión que le dirigió la chica, estrechó a Haru entre sus brazos con la poca fuerza que tenía en esos momentos. Intentó concentrarse en el olor suave característico de los mechones castaños o en el pequeño cuerpo que había abrazado en tantas ocasiones. Y pese a que la calidez se le hizo familiar, Tsuna no pudo escapar del hecho de que aquella ya no era la misma Haru de siempre.


En cuanto se abrieron las puertas del ascensor, Enma soltó un suspiro antes de echar a andar por los pasillos. No había mucho ruido así que el chico podía escuchar con claridad como sus propios pasos resonaban con fuerza en sus oídos. Y aquello, que en otras ocasiones le hubiese pasado desapercibido, se tornó una melodía casi dolorosa.

Aspiró una bocanada de aire intentando calmar los nervios, aferrando con más fuerza entre sus manos el ramo de flores que cargaba. Sin embargo, el olor que le llegó no tuvo nada de floral; era más bien una mezcla de medicinas y productos que le intranquilizó aún más. Se sintió tentado a volver sobre sus pasos y salir de allí, hasta que se dio cuenta de que ya había llegado a su destino.

Parado delante de aquella puerta, respiró profundamente mientras se pasaba una mano por su mata de pelo rojiza. No era el primer día que iba, pero sentía las mismas ganas de huir de allí que entonces; después de todo, Tsuna y él eran como hermanos y, de alguna manera, había acabado siendo un buen amigo de Haru también. Y ahora verla así, tan confundida, sin ningún recuerdo en su mente... Le dolía, y lo hacía aún más cuando pensaba en Tsuna.

¿Cómo se sentiría él si la persona más importante para él lo olvidase?

Enma no se atrevía siquiera a pensar en ello.

Intentando reunir valor, borró la mueca que se había dibujado en sus labios y entró allí. Sentada en la cama, la castaña se encontraba viendo la televisión mientras comía una bolsa de dulces. No había dado ni dos pasos en la habitación cuando sintió como la chica clavaba su mirada en él, haciendo que un leve temblor recorriese su cuerpo.

– ¿Le has traído flores a Haru? – El pelirrojo tuvo que parpadear varias veces antes de recordar que llevaba un ramo de flores. Sabiendo que su voz le delataría, se limitó a asentir al tenderle el ramo a la castaña –. Muchas gracias, son preciosas.

Haru sonrió una vez que el aroma floral llegó a sus fosas nasales. Mirando de nuevo a su visitante, le pidió que trajese un jarrón donde poner las flores en agua y en cuestión de instantes, ya tenía el ramo en su mesilla dándole color a aquella triste habitación. Sin embargo, su sonrisa se desvaneció tan pronto como el chico se acomodó en una silla próxima a la cama.

– A Haru le sabe mal preguntar, pero...

– Soy Enma Kozato.

La voz del chico apenas había sido un susurro, pero consiguió interrumpirla. Ahora venía cuando la chica se disculpaba y el ambiente se tensaba, hasta que una enfermera o la televisión aún encendida distrajese a ambos jóvenes. Pero en contra de todo pronóstico, Haru se llevó una mano a la cabeza cerrando los ojos por unos momentos.

– Enma-san no estudiaba antes en Namimori, ¿verdad?

La castaña parecía mascullar las palabras despacio, presa de la confusión que sentía. Y aún así, había algo en ella que sabía exactamente lo que estaba diciendo. Los ojos rojizos del chico brillaron al escucharla; quizás Haru no se había acordado de su nombre, pero al menos parecía recordar ese detalle de conversaciones anteriores.

Eso era definitivamente una buena señal.

Pese a la punzada de dolor que sentía en la cabeza, la chica no pudo reprimir una sonrisa. Aunque no era capaz de acordarse de él, el pelirrojo venía a visitarla con mucha frecuencia, así que se alegraba de poder corresponder su amabilidad. También había otro chico que venía muy a menudo, aquel castaño que había llorado tanto cuando ella había despertado.

¿Cómo se llamaba? Antes de poder siquiera pensar en ello, Enma le pidió un dulce y Haru se olvidó por completo del asunto.


Haru suspiró por enésima vez en aquella mañana. Entre sus manos descansaba un álbum de fotos que sus padres le habían traído en cuanto había despertado. Ella salía en todas aquellas fotografías, recreando desde sus primeros meses de vida hasta los últimos días antes del accidente. Sin embargo, no era capaz de recordar nada de ello. Ni su primera competición de gimnasia, ni los amigos con los que sonreía, ni siquiera a ella misma entre los brazos de sus padres.

Su vista quedó fija en una fotografía de las últimas páginas. Junto a una versión muy elegante de si misma, Enma sonreía con timidez mientras sostenía un pastel entre sus manos. La tarta tenía muy buena pinta y se podía leer el nombre del pelirrojo con facilidad, así que Haru supuso que se trataba del cumpleaños del chico. Sonriendo con dulzura, pasando su mirada a la siguiente imagen. Esta parecía que se la habían hecho sin que se enterase, pues ella estaba riendo con Tsuna sentados en un banco de algún parque. En su pecho, su corazón empezó a latir con rapidez y ella deslizó la yema de sus dedos por la fotografía. Creía conocer ese lugar, como si se tratase de un lugar muy importante para ella.

Un dolor agudo atravesó su mente al intentar recordarlo. Llevándose las manos a la cabeza, Haru cerró sus ojos con fuerza intentando detener aquel suplicio. No lo consiguió. En apenas unos instantes, un grito lleno de angustia salió de su garganta alertando a las enfermeras. Y antes de que Haru pudiese explicar lo que le ocurría, cayó inconsciente.

Despertó unas horas después para encontrarse con la mirada preocupada de Enma. No estaba solo: a su lado, un doctor parecía observarla atentamente. El hombre le analizó durante unos instantes, asegurándose de que estuviese bien. Y después a Haru le tocó escuchar un discurso acerca de cómo presionarse a si misma era inútil en estos casos.

– Sólo te provocarás dolores de cabeza innecesarios. Lo mejor es que te tomes el asunto con paciencia.

En cuanto acabó de hablar, el doctor se marchó dejando a ambos jóvenes solos. La castaña le dedicó una mirada avergonzada, a lo que Enma sonrió levemente.

– Me alegro de que no haya sido nada. Nos habías asustado.

– ¿Nos?

La respuesta a su pregunta abrió la puerta de la habitación en ese momento. Y tomando asiento al lado de Enma, Tsuna le tendió a Haru un refresco.

– Suponía que tendrías sed.

– Gracias Tsuna-san.

– N-no es nada – la voz le tembló ligeramente al contestar, emocionado al volver a escuchar su nombre de los labios femeninos. Sin poder ocultar el sonrojo en sus mejillas, el castaño se giró hacia Enma –. ¿Quieres?

– No gracias, he de irme.

Enma les regaló una tímida sonrisa a sus dos amigos y salió de allí. En cuanto el pelirrojo cerró la puerta tras él, el silencio invadió el lugar. Tsuna no estaba seguro de que decir. Aún bailaba en su mirada la preocupación por la recaída de la chica, pese a que Haru tenía mejor color que hacía unos minutos. La chica, por su parte, parecía perdida en sus pensamientos. El doctor ya le había avisado de que forzarse a sí misma a recordar no iba a ayudarla, sino más bien lo contrario. Y lo ocurrido aquella tarde era la prueba de que debía tomarse las cosas con calma.

No había prisa por recordar, o al menos eso era de lo que intentaban convencerla. Pero algo dentro de ella le suplicaba en que se esforzase, como si se le estuviese escapando algo importante. Lo cierto es que se le había escapado prácticamente toda su vida.

– ¿Tienes hambre?

Sus pensamientos fueron interrumpidos por la suave voz de Tsuna. A simple vista se podía observar su rostro contraído por la preocupación, cosa que le arrancó una sonrisa sincera a Haru. No estaba segura de cual era su relación con el joven Vongola, pero parecía que él le tenía un gran aprecio. Y a juzgar por su expresión en las fotos, ella también le consideraba bastante importante.

Aquel pensamiento le llevó a recordar la foto del cumpleaños de Enma. ¿Habían sido cercanos? Cada vez que cruzaba miradas con aquellos ojos rojizos, una sensación cálida la embriagaba. Haru sintió la sangre acumularse en sus mejillas al pensar en él. Tenía muy presente las sonrisas tímidas del chico, los nervios tan característicos del pelirrojo o la suavidad con la que le trataba. Eran gestos, actos, que se le hacían extrañamente familiares.

¿Acaso ella y Enma habían sido pareja antes del accidente? Sus mejillas enrojecieron aún más ante la idea; no le desagradaba. Pensar que ese pelirrojo tan introvertido y ella se quisiesen le creó mariposas en el estómago, sin poder evitar pensar en que quizás ya se había interesado antes por él. La calidez que sintió en ese momento pareció darle lógica a esa idea.

– ¿Estás bien? – De nuevo, Tsuna la trajo a la realidad. Aún así, Haru le miró desconcertada sin entender a qué se refería exactamente –. Estás muy roja.

– Tsuna-san, ¿puedo contarte un secreto?

– Claro que sí.

Y como si de una niña se tratase, la castaña miró de un lado a otro asegurándose de que sólo ellos dos estaban allí. Después, sus mejillas se encendieron cuando, con suavidad, las palabras abandonaron sus labios.

– C-creo que me gusta Enma-san.

Tsuna no supo cómo fingir que no había escuchado eso.


– Tienes mala cara.

Y Enma no se equivocaba. El joven Vongola poseía cierta palidez en el rostro que acentuaba las ojeras visibles bajo sus ojos, además del hecho de que su cuerpo parecía arrastrarse más que moverse. Pero lo que más preocupaba al pelirrojo era la mudez repentina de su amigo. Quizás ambos solían ponerse nerviosos o poseían cierto lado introvertido, pero hablar entre ellos siempre había sido sencillo. Sin embargo, el castaño no había pronunciado palabra alguna en todo el día.

– ¿Ha ocurrido algo?

Pese a no esperarse respuesta alguna, Enma atisbó como el castaña negaba con su cabeza a modo de respuesta. Por desgracia para Tsuna, era demasiado obvio que estaba mintiendo. Sin embargo, el pelirrojo desistió de preguntar de nuevo. Cuando el Vongola quisiera hablar de ello, ya lo haría.

Enma se despidió de Tsuna enfrente del hospital, pues ese día tenía demasiadas cosas que hacer y no podía visitar a Haru. Así que arrancó a correr por las calles, tropezando un par de veces antes de que Tsuna le perdiese de vista. Sin embargo, el hecho de que su amigo se marchase no hizo que el Vongola entrase en el hospital. Se quedó en la entrada durante unos minutos, mirando el lugar por el cual se había ido su amigo e intentando ignorar la amargura que le consumía.

Quizás debería haberle contado a Enma lo que ocurría.

Pero a Tsuna le aterraba la idea de decir en voz alta que a Haru le gustaba el pelirrojo, como si el hecho de pronunciarlo fuese a hacer toda aquella pesadilla más real.

Sin querer darle más vueltas, se dirigió a la habitación de Haru donde la chica le recibió con una gran sonrisa. Tsuna sintió sus fuerzas volver; no importaba donde o cuando, pero esa sonrisa lograba distraerle de sus problemas. Desgraciadamente, la sonrisa apenas duró en los labios de la castaña. Con una mirada llena de preocupación, Haru se aproximó al chico que aún estaba parado en la puerta.

– ¿Estás bien?

– He dormido un poco mal esta noche.

La castaña le examinó durante unos instantes, hasta que un intento de sonrisa por parte de Tsuna pareció convencida. Lo cierto es que las ojeras del chico indicaban que no había pasado una buena noche, así que decidió dejar el tema. Repasando con su mirada la sala, donde apenas estaban ella y Tsuna, notó que faltaba algo.

– Enma-san no ha venido – No era una pregunta, sino una afirmación. Y el tono desencantado de Haru le dolió al castaño cual puñal envenenado.

– T-tenía cosas que hacer.

– Hahi – la chica suspiró antes de sonreír. Quizás el pelirrojo no estuviese allí, pero el castaño le haría compañía – ¿A Tsuna-san no le gusta nadie?

Haru tardó exactamente cuatro segundos en arrepentirse de esas palabras, el mismo tiempo que Tsuna había necesitado para quedarse petrificado. Sintiendo como su corazón se oprimía en el pecho, el joven Vongola no sabía cómo responder a eso. ¿Debía ser sincero y decirle que aún la quería, pese a que ella no le recordase? ¿O debía mentir para no agobiarla? Tsuna suspiró antes de encontrarse con la mirada preocupada de Haru fija en él. Y la solución le pareció clara.

– Sí, hay alguien pero... – el castaño soltó una carcajada amarga desviando la mirada –; bueno, no creo que ella sienta lo mismo.

– ¿Por qué? ¡Tsuna-san es como un príncipe! Si Haru fuese esa chica seguro que te correspondería.

Quiso reír. O llorar. O ambas cosas a la vez. Pero se limitó a levantarse de golpe murmurando una disculpa y arrancó a correr. No quiso oír como la chica le llamaba preocupada o como el personal del hospital le gritaba por correr por los pasillos. Necesitaba salir de allí, alejarse de aquella habitación y huir de la Haru que no era capaz de recordarle. Necesitaba, o más bien deseaba, volver a ver a aquella castaña que sólo sabía pensar en él.

Y no sabía como hacerlo.

Tsuna no sabía cómo iba a encontrar algo que ya no existía.


Dos días después, Haru se enfrentaba a un dilema. Con una bolsa de dulces a los que ella se había aficionado en mano, Enma miraba la televisión a su lado. Y aunque el programa le gustaba, la castaña se vio incapaz de mirar a la pantalla.

Bajo la luz que entraba por las ventanas, el pelo rojizo de Enma brillaba con fuerza. Sus ojos del mismo color parecían seguir animadamente el programa, haciendo que sus labios se curvasen en pequeñas sonrisas de tanto en tanto. De repente, el chico se giró a mirarla provocándole un sonrojo en las mejillas. A la par, las mejillas de Enma también se tiñeron de carmín.

– ¿O-ocurre algo? – Haru sacudió su cabeza, a lo que el pelirrojo señaló la televisión –. ¿No te gusta el programa?

A Haru le enterneció la suavidad en su voz, como si hablar muy alto fuese a romper algo. O quizás eran los nervios, pues Enma la miraba parpadeando con rapidez. Dentro suyo, algo se removió. Había algo en el carácter tan nervioso, en su timidez, que le creaba mariposas en su estómago. Le gustaba; esas pequeñas sonrisas le atrapaban por completo. Así que aprovechando el momento y juntando todo el valor que tenía, Haru escogió ese momento para declararse.

– A Haru le gusta Enma-san.

Y le besó.

Enma no pudo procesar el sabor dulce de los labios de Haru sobre los suyos, ni siquiera la calidez que desprendía la chica. Lo único que se le pasó por la mente a Enma fue el rostro triste de Tsuna. Aquel beso significaba que estaba traicionando a su mejor amigo, aún cuando había sido ella quien lo había iniciado.

Y como si le hubiese invocado, la puerta del cuarto se abrió en ese momento para revelar al joven Vongola. La sonrisa del castaño se esfumó de golpe al verlos, haciendo que Enma reaccionase al fin. Lo siguiente ocurrió muy rápido: Tsuna arrancó a correr huyendo de allí y el pelirrojo no tuvo más remedio que empujar a Haru para perseguir a su amigo y aclarar el malentendido.

Pero no pudo hacerlo. Enma se quedó petrificado en el sitio al contemplar como Haru yacía inconsciente a su lado. Al empujarla, la había tirado de la cama, y por la sangre que emanaba de su cabeza, se había dado un buen golpe al caer en el suelo. El pelirrojo pidió auxilio en un grito desgarrador y acogiendo a Haru entre sus brazos, echó a temblar.

Todo aquello era su culpa.

Y su llanto, hasta entonces silencioso, retumbó por todo el lugar.


Al abrir los ojos, Haru se topó con un techo blanco que se le hizo extrañamente familiar. Parpadeó con suavidad; y, después, ahogó un grito. ¡Ahora lo recordaba todo! Estaba en una cita con Tsuna cuando cruzó la calle y un coche se abalanzó sobre ella. ¿Pero qué había ocurrido después? Intentó concentrarse en recordar, pero nada le vino a la mente. Y un molesto pinchazo en la cabeza le obligó a abandonar la tarea.

Decidió intentar incorporarse hasta quedar sentada en la cama y cual fue su sorpresa al comprobar que no estaba sola. Con una mezcla de incredulidad y alivio, Enma Kozato la miraba fijamente.

– ¿Haru? – La aludida asintió confundida, provocando que el pelirrojo prácticamente echase a llorar –. ¿Estás bien? Lo siento mucho, todo fue mi culpa.

– ¿Hahi?

El pelirrojo también se sumió en la confusión. Lo más tranquilo que pudo, le explicó a Haru que había caído inconsciente al golpearse la cabeza cuando él la había empujado. Y en su mente, como si fuera una película, empezaron a reproducirse imágenes que Haru no estaba segura de que fuesen de su vida. Se vio hablando con Tsuna como si fuese un desconocido, repasando álbumes familiares con desconcierto. Y luego vio la escena que Enma le había explicado, asombrándose de haber besado al pelirrojo y temblando al saber que Tsuna les había visto.

¿Pero qué había estado haciendo?

– Tengo que disculparme con Tsuna-san.

Enma debería haber hecho caso omiso a la petición que Haru le hizo a continuación, pero la suplica en la mirada llorosa de Haru le obligó a aceptar. E intentando que su torpeza no se metiese en el camino, ayudó a la chica a salir de su habitación sin que las enfermeras se diesen cuenta. Por suerte para él, pues los nervios eran visibles en su rostro, fue una tarea sencilla. Y cuando quiso darse cuenta, estaba delante de casa de los Sawada deseándole buena suerte a Haru.

Cuando la castaña se detuvo enfrente de la habitación de Tsuna, respiró profundamente. Durante el camino había intentado encontrar qué decir, pero ahora su mente era un lienzo en blanco. Con la mirada fija en el pomo de la puerta, Haru se planteó cómo se debió sentir Tsuna la primera vez que fue a verla. O cómo se había sentido el castaño cuando ella le había preguntado quien era.

Sus ojos empezaron a arder al pensar en ello. Había tratado de lograr la atención de Tsuna durante mucho tiempo, tanto que a veces le costaba creerse que eran pareja. Tenía el miedo constante de que alguien le dijese que aquello era un sueño. Tsuna probablemente había deseado justo lo contrario, que le despertasen de esa pesadilla.

Y era hora de que ella misma le despertase.

Entró en el cuarto sin llamar, temiendo de que su repentino coraje se esfumase. Y Tsuna la recibió con una mirada llena de estupor. Pareció parpadear confundido, como si su presencia allí fuese un espejismo. Y luego su rostro se contrajo en una mueca de dolor que hizo que el cuerpo de Haru temblase por completo.

– ¿H-haru-chan?

La aludida supuso que su intento de sonrisa había fracasado porque la mueca no desaparecía de los labios del Vongola. Con las piernas a punto de ceder, Haru se sentó al lado de Tsuna. Y pese a que sabía que tenía que contarle que se acordaba de él, que sentía haber besado a Enma y que le quería, nada salió de entre sus labios. Para su sorpresa, el chico tampoco dijo nada. Se quedaron ambos mirándose fijamente durante los siguientes minutos, intentando encontrar las palabras correctas que decir. O así fue hasta que Haru se obligó a romper aquel silencio eterno.

– Tsuna-san, yo...

– No es tu culpa – el castaño desvió la mirada a otra parte, siendo incapaz de observar el rostro lloroso de Haru –. Enma te hará feliz.

– P-pero...

Tsuna la interrumpió de nuevo con su suave voz, asegurándole de que él estaría bien. Y mentía, porque sabía que no había manera de que algo saliese bien para él sin la castaña a su lado. Sin embargo, quiso creer lo que estaba diciendo. Estaba aliviado de que a Haru le gustase alguien como Enma, pues sabía que la atesoraría como él había hecho.

Sintió de pronto la mano de la castaña sobre la suya y un escalofrío le recorrió el cuerpo. Quería ser él el que la cuidase, quería ser él de nuevo el único que ella mirase. ¿Por qué no podía ser él? Su mirada buscó la de Haru, quien parecía a punto de romper a llorar. Y aún así, su corazón se encogió al contemplar lo bonita que se veía.

Ojalá pudiese besarla en aquel momento.

– Lo siento mucho.

Fue apenas un susurro, pero a Tsuna se le formó un nudo en la garganta que le impidió respirar durante unos segundos. Tragó saliva; ¿por qué lo sentía? ¿Por haberse olvidado por completo de él? ¿Por gustarle Enma? Negó con la cabeza con nerviosismo y confió en que su voz no temblase tanto como él en esos momentos.

– No pasa nada, Haru-chan.

– No Tsuna-san, lo siento – la mano femenina estrujó la suya con más fuerza, tratando de trasmitirle su calidez –. Nos perdimos la película por mi culpa.

El chico parpadeó con incredulidad; ¿acaso había escuchado mal? Sólo tuvo que mirar el rostro de Haru para comprobar que no era así, que aquello era real. Tsuna posó sus manos en las mejillas ahora sonrojadas de la castaña, borrando con sus pulgares las lágrimas que tímidamente se escapaban de los ojos claros. Aquel gesto lleno de ternura les arrancó una sonrisa a ambos, quizás porque por primera vez en varias semanas, todo estaba donde tenía que estar. Y sintiendo como sus ojos no podían reprimir las lágrimas, Tsuna echó a reír.

Haru, su Haru, había vuelto.


SI NO HAS LEIDO EL FIC, ¡NO LEAS ESTO! Este fic iba a ser una cita dulce en un parque de atracciones. Hasta que me puse a escribirlo y me salió algo que no tenía ni pies ni cabeza. Y entonces me dio por releerme el manga, donde aparece Enma y Tsuna dice que le recuerda a él. Así que se me ocurrió esto, que Haru se sintiese atraída por Enma por las cosas que tienen en común él y Tsuna. Pero como siempre, me ha salido algo raro xD Espero que os haya gustado, especialmente a ti, AgathaxB~

Contestación a los reviews:

Rikka Yamato: ¡Gracias por el review! Me alegro mucho de que te haya gustado el fic. Me sabe muy mal maltratar a Haru siempre, pero es que no me imagino a esos dos de otra manera. Igual que en el 1886, que tampoco me imagino a Haru siendo feliz y comiendo perdices xD Apunto el 1886 a la lista~

Sayaneko-chan: ¡Muchas gracias de nuevo por el review! La canción me encantó, así que gracias por pedir un songfic con ella y gracias por descubrirme el 6986. Y me alegro muchísimo de que te gustase. Fue leer tu review y me entraron muchísimas ganas de escribir sobre ellos otra vez, así que espero encontrar tiempo para hacerlo. Sobre lo de que ocurre con Mukuro, es justo como dices: su cuerpo muere pero su alma no, porque Mukuro es así xD En fin, muchas gracias de nuevo por todos los ánimos y apunto ambos songfics a la lista~

Chokoreto Hime: ¡Gracias por el review! Y gracias por dedicar algo de tu tiempo a leer alguno de los fics. Espero que te pases de nuevo por aquí y si tienes alguna petición, estaré encantada de hacerla~

Suno-Andrew: ¡Muchas gracias por ambos reviews! Pufff, hay épocas en las que tanto trabajo no te deja ni ver la luz del sol, pero gracias por encontrar tiempo para pasarte por aquí. Yo también me imagino una relación entre Tsuna y Haru así, porque ellos son precisamente eso.

Y muchas gracias también por las palabras tan bonitas que me has dedicado. Saber que he transmitido justamente lo que quería transmitir me hace realmente feliz. Así que gracias de nuevo~

maackaXD: ¡Gracias por el review! ¿Mis historias son originales? Yo siempre he pensado que eran raras, pero me gusta más tu definición xD Gracias por leer el Giotto x Haru pese a odiar a la castaña. Tampoco me la había planteado nunca, pero la verdad es que ahora me tienen encandilados. Apunto tu pedido a la lista~

kana-chan16: ¡Gracias por el review! Me alegro muchísimo de que haber cumplido tus expectativas y gracias a ti por descubrirme la pareja de Giotto x Haru~

Hasta el próximo fic~