Disclaimer: Los personajes le corresponde a la magnífica autora Stephenie Meyer.
Capítulo 2
La madre Superiora al escuchar esa voz llena de frialdad exigiendo a una de sus pupilas, miró a los demás presentes que al sentir la mirada abrasadora de la monja, bajaron la mirada, incapaz de soportarla.
-¿Y cuál es el motivo de la llamada de la Hermana Isabella?- preguntó la monja con valentía sin dejarse apabullar por esa mirada cruel que le lanzaba Edward.
-Eso no es cosa suya, madre superiora, y se me está acabando la paciencia, si no la manda a llamar de inmediato, seré yo quien vaya a buscarla, no me gusta perder el tiempo.- dijo Edward enfadado desenfundando su espada.
La madre superiora se puso pálida al ver como Edward sacaba la espada de su funda y con asentimiento de cabeza en señal de sumisión fue corriendo para buscar a Isabella.
Isabella s encontraba en su cuarto doblando las sábanas cuando la madre superiora irrumpió en él y sin decir ni una palabra, la cogió del brazo y la obligó a seguirla por los enormes pasillos que constituían el convento. Isabella boquiabierta por la reacción de la señora no dijo nada y solamente seguía su paso hasta que llegaron a la puerta en donde la luz por un momento cegó y tras parpadear un par de veces, vio a toda su familia reunida junto con un joven que no paraba de mirarla.
-Madre, padre, ¿Qué hacéis aquí?- pregunto Bella con extrañeza ya que nunca habían venido a visitarla.
Ninguno de los presentes dijo nada, pero el joven que no conocía se acercó a ella y con un rápido movimiento le quitó el pelo que cubría su pelo dejando que este cayera como una cascada de rizos marrones que le llegaba hasta el final de la cintura.
-Se puede saber ¿Qué ha hecho?- dijo Isabella enfadada intentado por todos los medios coger su pelo y cubrírselo pero el joven tenía en su poder el velo y no tenía la intención de devolvérselo.
-Simplemente observo a mi mujer.- dijo Edward con satisfacción viendo como Isabella se ponía pálida y empezaba a negar la cabeza.
-Debe haber un error señor, yo soy novicia, no soy su mujer.- dijo Bella con altivez mirando fijamente a Edward.
-Mi querida y dulce Isabella, el patético de tu tío me ha dado tu mano en matrimonio para salvar su pellejo y el de todo el reino, así que, querida, eres mi mujer.- Dijo Edward cogiendo a Isabella por la cintura y atrayéndola junto a él.
Isabella se negaba a aceptar esas palabras y tras un corto forcejeo se acercó a su tío para pedirle explicaciones:
-Tío Aro, dime que no es cierto, por favor.- dijo Bella con lágrimas en los ojos negándose a sí misma aquella realidad que se cernía antes ella.
-Lo siento querida pero en tiempos de guerra hay que hacer sacrificios.- dijo el rey Aro sin atreverse a mirarle a los ojos de lo mal que se sentía.
La respuesta de su tío fue como una bofetada e Isabella cerró los ojos ya que sentía las lágrimas quemar sus párpados, miró a su madre pidiéndole una súplica silenciosa pero ésta solo sollozó más fuerte. Volvió a mirar al que sería su marido que la miraba fijamente, con esos ojos verdes que la hacían estremecerse.
Edward la cogió de un brazo y la abrazó con fuerza, inhalando el perfume de su pelo, excitándose en el momento. Isabella solamente se quedó inmóvil dejando que sus lágrimas cayeran libremente por su rostro.
De pronto, Edward sacó una pequeña daga y e Isabella al verla se alejó de él lentamente hacia atrás hasta que la pared se lo impidió, Isabella cerró los ojos temblando de miedo hasta que notó como la daga le rasgaba el hábito y éste caía hecho jirones en el suelo. Isabella abrió los ojos horrorizada y con las manos intento cubrirse ya que solo estaba con una camiseta blanca que le llegaba a los muslos y con las medias también blancas.
Edward la contempló con deleite viendo como las mejillas de Isabella enrojecían por su escrutinio, vio como los pezones estaban erguidos por el frío, como su piel era de color crema. Con un chasquido de dedos, uno de los soldados que viajaba con él le llevó un gran cofre de oro blanco y Edward lo abrió y sacó una enorme capa roja y con parsimonia se la puso a Bella, y por el camino le quitó los horribles zapatos y con un ágil movimiento la cargó en sus brazos.
-Madre superiora llame al cura de este convento que debe oficiar una boda.- dijo Edward mientras entraba en el convento seguido de los demás mientras cargaba a Bella que lo único que hacía era sollozar mientras trataba de taparse con la capa de color roja con hilos dorados.
La madre Superiora llamó al cura con rapidez y con mucho esfuerzo le contó los últimos acontecimientos; el cura con rapidez se vistió para la ceremonia mientras mandaba plegarias al Señor por Isabella, esa niña que tanto bien había hecho en el convento. El cura entró en la capilla y con ademán de la cabeza de Edward recitó los votos para el casamiento. Solo se escuchaban los votos del cura y los débiles sollozos de Bella que partían el alma y el corazón de todos. En el momento del juramento, Edward los dijo con soltura y con una gran alegría mientras agarraba más fuerte a Bella. En el momento en el que le tocaba a Bella ella, con sus enormes ojos llorosos se encontró con esos ojos verdes que la hacían temblar y con un suspiro dijo el "Si quiero" mientras el cura les daba su bendición.
En cuanto el cura dijo las bendiciones, soltó a Bella con delicadeza mientras el soldado que lo acompañaba se acercó a donde estaba ella y se puso delante para que nadie pudiera acercarse a ella mientras los reyes y Edward firmaban el acto de matrimonio y lo sellaban con el sello real. Una vez hecho esto, el soldado se apartó y Edward volvió a coger a Bella en brazos sin mirar atrás mientras la pobre René caía al suelo de rodillas mientras lloraba amargamente.
Edward no paró de caminar hasta que llegó al carruaje, mientras el soldado abría la puerta, Edward dejó a Bella allí y se acercó a ella mientras con los pulgares quitaba las lágrimas de su cara le dijo:
-Ahora eres mi esposa, eres mi mujer y no te dejaré nunca. Con el tiempo aceptarás que esto era lo mejor, se buena chica y nada malo pasará y no olvides.- dijo Edward mientras se acercaba a los labios de Bella y los besaba con urgencia mientras ésta se quedaba sorprendida sin saber qué hacer, a los pocos segundos Edward dejó de besarla y se acercó a su oído para decirle.- Que eres mía.
Al decir eso Edward cerró el carruaje y se subió a los caballos para ir de nuevo al reino de Milán mientras una llorosa Bella se acurrucaba en el sillón y daba rienda suelta a sus lágrimas.
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Hola, sé que es cortito, pero ya solo queda un capítulo ya que esta historia es cortita, ¿qué pasará cuando lleguen a Milán? ¿Edward le dirá a Bella que él es Anthony? Eso en el próximo capítulo.
***Princes Lynx***
