CAPITULO 1: La Triste Verdad
Po estaba totalmente herido, apenas podía mantenerse de pie para poder hacerle frente a su padre quien se encontraba delante de él.
-Quítate de ahí Po- dijo Sheng Wu con una voz fría y seria. Tenía una mirada fría que no demostraba ninguna expresión.
-¡No papá! No voy a dejar que mates a Shifu- dijo Po furioso y al borde de las lágrimas, estaba haciendo su mayor esfuerzo para evitar que su padre pasara por esa puerta. Él se sentía mal por el solo hecho de que no podía hacer nada, esperaba que en esos momentos de desesperación llegara un milagro. Él se sentía profundamente decepcionado de su padre, aun no podía creer lo que estaba pasando.
-¡Po quítate de ahí si quieres evitar que la tierra sea destruida!- dijo un alterado Sheng Wu a punto de sacar algo de sus bolsillos -¡Si no me dejas de estorbar la misión todos estaremos perdidos! ¡APARTATE!- y sacó una pistola armada apuntándole a Po.
Po al borde de las lágrimas -¡No! ¡Tú no serás capaz de hacer eso!- mirándolo con tristeza y un profundo dolor en el corazón al ver lo que su padre estaba haciendo.
Sheng Wu estaba a punto de disparar el gatillo -¡Pruébame! Si no te corres voy a dispararte- el esperaba convencerlo con estas palabras.
Po ya no lo podía soportar y rompió en llanto -¡Porque me haces esto papá!- dijo con una voz quebrada.
Sheng Wu parecía no reaccionar al sufrimiento de su hijo y seguía convencido de disparar el gatillo –Hijo, lo lamento no es mi intención- y disparo del arma. Lo último que se oyó fue el aturdidor ruido del arma disparar y el cuerpo gigantesco de Po cayendo al suelo.
DOS SEMANAS ANTES…
Oscura y silenciosa era aquella noche. La única fuente de luz era la luna y las estrellas estaban cubiertas por las nubes grises que se movían lentamente en el cielo. Las nubes empezaron a cubrir la luna.
El valle de la paz parecía un pueblo fantasma, no se escuchaba ningún grillo y la gente dormía en sus casas tranquila como cada noche.
Entre los oscuros callejones, se movían sombras extrañas de una manera discreta, sin hacer el menor ruido para que nadie lo notara. Eran las sombras de cerdos de baja estatura, parecían una banda criminal.
-¡Vamos!- dijo entre susurros la persona que estaba postrada en la pared, mirando como objetivo el restaurante del Sr. Ping. Alzó su mano para indicar que pasaran, saliendo de su escondite para entrar al restaurante.
El Sr. Ping estaba completamente dormido y no escuchó el estruendoso ruido que hicieron al tropezar con las sartenes colgadas en el techo de la cocina, listas para la mañana siguiente.
-¡Eres un idiota!- dijo susurrando el jefe de la pandilla
El Sr. Ping abrió los ojos lentamente y dio un ligero bostezo. Se levantó con pereza y tocándose la espalda, le dolía como si le hubiesen golpeado con un martillo. Estaba bajando por las escaleras de una forma lenta y sin apuro, solo quería volver a su cama a dormir, ya que mañana tenía un largo día atendiendo el restaurante.
Cuando el Sr. Ping bajó se sorprendió al ver que estaban los mismos sujetos que andaba buscando la policía hace unos meses por el robo a Industrias Hsuan Wu. Ellos tenían armas de fuego.
Mientras esto pasaba, a lo lejos del restaurante, lejos del palacio y saliendo del valle, se encontraba una taberna de bebidas alcohólicas. Había mucha gente allí, la taberna se encontraba abierta las 24 horas del día.
Para atraer a más gente, en la taberna se encontraba un letrero pintado:
Entre la gente que entraba y salía se encontraba un sujeto de baja estatura con una capucha color negro encima que no dejaba ver su rostro.
El sujeto entro a la taberna, parecía llevar algo en la mano, era una nota escrita con letra imprenta que decía "Te espero en la taberna del valle por la noche. Firma Roten"
En la taberna, desde el mostrador de la entrada, estaba atendiendo la misma gata del letrero, con las mismas vestimentas y exactamente estaba sirviendo dos cervezas en el momento en el que el sujeto entro. Se acercó al mostrador y la gata notó su presencia, se sorprendió de alegría al ver quien era.
-¡Shifu!- exclamo al verlo -¡Que alegría verte de nuevo!- dijo con un tono de voz sensual.
Shifu sonrió de felicidad al ver a su vieja amiga -¡Sheila!- se sorprendió –No has cambiado nada. ¿Sigues trabajando aquí?- pregunto extrañado.
Sheila sonrió y se fue al estante en busca de algo para beber –Si… no tengo nada mejor que hacer, ya sabes, esta difícil conseguir trabajo y sobretodo en estos tiempos de locura- Sheila saco una botella de cerveza, sabiendo que era la última pero no le importaba, era una ocasión especial.
Shifu acomodo su asiento para sentarse en el mostrador.
Sheila estaba acercándose con la bebida para él, pero desvió la mirada hacia unos idiotas que andaban molestando. -¡Oye! No te sientes en la mesa que si la rompes lo pagas- se enojó porque siempre pasaba lo mismo, no era la primera vez que veía a las mismas personas en el bar.
Al fin, los dos sujetos se pusieron a hablar seriamente de algunos asuntos. Estaban sentados en el mostrador, bien distraídos con su conversación mientras una cerda gorda bailaba parada en su silla pero Sheila no se daba cuenta.
-Bueno Shifu…- mirándolo fijamente mientras bebía del vaso –Cuéntame cómo van las cosas allá en el palacio- dijo con curiosidad.
Shifu no había tomado un sorbo de su cerveza, estaba hablando con Sheila normalmente mientras esperaba al tal Roten.
-Las cosas van igual, como siempre, nada nuevo que contar, aunque…- dijo Shifu deteniéndose un momento, se distrajo viendo a una cerda borracha que estaba en su silla, que se rompió por la inmensidad de su cuerpo y se estaba riendo de manera exagerada tirada en el piso, mientras los demás se burlaban.
Sheila se enojó -¡Oigan, saquen sus traseros sucios de aquí! ¡Fuera!- ella hizo que todos se dejaran de reír, menos la gorda y la tuvieron que levantar del piso para sacarla -¡Y me van a pagar el arreglo!- Sheila no dejo de mirarlos furiosa. Shifu estaba al borde de la risa, no lo podía evitar pero mejor evito problemas con Sheila, no era gracioso para ella.
Sheila tomo un sorbo más de su bebida mientras veía como sacaban a la gorda con patadas, la cerda estaba que se caía de lo borracha. Cuando se fueron Sheila empezó a reírse. Shifu la miro raro, pero le siguió la corriente y se rieron los dos de la vergonzosa situación.
Sheila y Shifu siguieron hablando por un buen rato, mientras que más gente se iba de la taberna, era muy tarde en la noche.
-Bueno… ¿Me ibas a decir algo?- preguntó Sheila ya que se dio cuenta de que antes de que ocurriera el incidente con la borracha él estaba a punto de decir algo.
Shifu se puso serio, se sentía culpable por algo y su rostro reflejaba algo de pena lo que le provoco más curiosidad a Sheila –No pude hacer nada Sheila- dijo como diciendo "que le vamos a hacer" –Nadie pudo convencer al gobierno de no hacer esos "mini cañones"…- Shifu no sabía cómo decirle –Esos… eran unos… este…- de repente Sheila interrumpió -¿Pistolas?- ella dijo de forma dudosa porque apenas lograba entender lo que Shifu le estaba planteando.
-¿Hablas de las pistolas? ¿Esos "mini cañones" que el gobierno mando a crear?- Sheila se quedó esperando una respuesta mientras Shifu arrugaba la frente tratando de acordarse. Shifu, ni bien escucho el nombre de "pistolas" empezó a recordar.
-Sí, eran esas… asi les habían puesto ¿cierto?- pregunto Shifu, a quien le sudaba algo la frente de los nervios, no estaba seguro de lo que estaba diciendo y quedar como un idiota delante de una persona, para el sería una situación un poco incomoda.
-¡Ay Shifu!- dijo Sheila sonriendo, esperándose eso como conocía tan bien a su amigo –Tu tampoco has cambiado nada, siempre estas metido en todo tipo de líos-. De repente Sheila comenzó a entender de a poco la situación. -¿Qué hiciste esta vez Shifu?- pregunto con curiosidad.
Shifu estaba cansado, es como si tuviera mucho estrés encima, es normal para personas como el, ya que él era anciano y había vivido toda su vida al servicio del palacio y de China.
-Todo está mal, el gobierno tiene el orden de las cosas y ya no confían en nosotros.- dijo Shifu. Sheila se preguntaba si el había perdido las esperanzas.
-El cañón que creo Lord Shen casi destruye a China y al Kung Fu- entonces Shifu recordó aquel momento en el que hablaba con el superintendente Leng, el nuevo superintendente luego de la muerte de Woo, el anterior superintendente.
RECUERDO DE SHIFU:
Shifu intentaba convencerlos, era muy difícil ya que la decisión estaba tomada.
El superintendente Leng era un joven adulto de 35 años, estaba tranquilo en su oficina cuando entro Shifu apurado.
-Ay, otra vez no…- Leng puso cara de frustración y de cansancio. Se veía a simple vista que no tenía la suficiente paciencia para aguantarlo.
-Superintendente, no me diga que ya dio la orden para retirar el cañón- dijo Shifu, refiriéndose al último cañón de Shen que sobrevivió luego de la increíble batalla que tuvieron. El gobierno lo quería retirar de su lugar para usarlo en experimentos, querían crear un arma portátil que les sirviera a los soldados que defenderían China.
El superintendente Leng se quitó los lentes con su cara de frustración y cansancio que no cambiaba. Se paró y miro por la ventana contemplando el bello amanecer de aquel día.
-Shifu, estas reclamando por algo que no tiene remedio- dijo aun serio el superintendente –La decisión está tomada-
Shifu arrugo la cara y estaba apretando sus puños para contenerse.
-Usted simplemente no puede, esas armas son asesinas, las mismas armas que casi destruyen China las están usando para su favor.- Shifu simplemente no podía soportar la tranquilidad que tenía Leng en ese momento, su cara se arrugo y lo miro con una expresión de asco y repulsión. -¿Enserio prefiere mancharse las manos con sangre?-
El superintendente sonrió con motivo de burla. -¡Shifu me haces reír tanto! ¿No eras tú quien decías que eras capaz de todo por proteger a China?- Shifu lo miraba con odio pero se contenía con todas sus fuerzas. Hubo un momento de silencio mientras Shifu lo seguía mirando. Hasta que hablo al fin luego de unos segundos pensando bien que iba a decirle.
-Leng. No soy un asesino.- dijo mirándolo serio con voz ronca mientras Leng solo contemplaba del paisaje.
El superintendente volteo la mirada hacia su mostrador. Miro sus lentes y los tomo lentamente entre sus manos. Busco un pañuelo y los empezó a frotar sobre los vidrios para limpiarlo.
-Mira Shifu, protegiste a China los últimos cincuenta años y eso se te agradece- dijo ya un poco más serio y calmado –Pero tú no eres capaz de tomar decisiones importantes. En pocas palabras, no eres lo suficientemente valiente como para hacer lo necesario- estas palabras fueron lo que hicieron que a Shifu se le llenaran los ojos de lágrimas, estaba enfadado pero a la vez le daba la razón y aceptaba con mucha dificultad que no tenía el valor para hacer semejante cosa, aunque fuera necesaria.
Leng seguía limpiando sus lentes, de repente miro a Shifu directamente a los ojos.
-No lo hagas más difícil, tienes que aceptar el mundo como es, no como desearías que fuera. Debemos neutralizar cualquier amenaza antes de que ocurra.- Shifu solo miraba a Leng prestándole hasta la más mínima de su atención. Sus palabras eran como una bala directamente en el corazón.
-¿Tan desesperado estas, Leng?- pregunto respetuosamente.
Leng estaba totalmente tranquilo, sabía perfectamente que decir y cuando hacerlo, por más duro que fuera.
-¿Me estás hablando enserio? Un tipo escapo de la prisión y casi te mata a ti, a tus alumnos y al guerrero dragón. Luego viene un tipo con un ejército enorme que acabo con el Consejo del Kung Fu en solo un día.- y Shifu al escuchar estas palabras que le dolían bastante, le daba la razón a todo.
-¿Olvide mencionar que mataron a uno de sus integrantes?- dijo Leng sarcásticamente recordando que murió el maestro Rhino. –Lo siento pero yo estoy muy desesperado.- el superintendente a continuación dijo algo que destrozó completamente a Shifu. –Mira, yo te aconsejo que deberías retirarte como maestro y dejar de hacerte el héroe. Puede que hayas defendido a China con todas tus fuerzas pero ya no te necesitamos. Las amenazas cada vez se vuelven más grandes y debemos cambiar si no queremos ser derrotados. Pronto habrá una amenaza tan grande que no podrás controlar y el que se manchara las manos con sangre serás tú. Tú serás el responsable de la muerte de todos tus alumnos y lo lamentaras, lamentaras no haber hecho caso a mis advertencias. Deja esto en manos de personas que, creo yo, son las más indicadas para estos casos- Shifu estaba al borde de colapsar, a pesar de todo, aun así le daba la razón y eso es lo que más lo enfadaba, el que después de todos estos años, por primera vez sintiera que no servía para nada. Directamente se sentía como una servilleta sucia a la que tiraron en el basurero después de usarla.
