CAPÍTULO 2 –DUEÑO DE SUS PESADILLAS-

Se dejó caer en la cama suspirando. Su primer día de clases no había sido, para nada, como ella pensaba.

Su mente viajó varias horas atrás. No podía sacar de su cabeza a Naruto Uzumaki coqueteando con su amiga, Sakura. Lo hacía en clases, en la hora del almuerzo, en los descansos entre clases y clases… ¡Siempre qué se le presentaba la oportunidad! No podía evitar sentirse débil e insignificante. Le producía un fuerte dolor en el pecho saber que Naruto está completamente enamorado de Sakura Haruno y que nunca tendrá ojos para ella.

Pero no era eso lo único que había destrozado su día. Sin duda lo que más dolores de cabeza le daba era el hecho de tener a un gamberro en su clase. No podía quitar de su mente el momento en el que sintió aquella navaja sobre su cuerpo y esa voz obligándola a darle todo lo que llevaba encima. Si de casualidad no hubiese llevado dinero, ¿qué hubiese pasado con su vida?

No podía hacerse con la idea de tener que ver a ese delincuente día a día y compartir durante tantas horas la misma aula. El pensar que respirarían el mismo aire le enfermaba. Nunca había juzgado por la apariencia ni por la clase social, por lo tanto, su vestimenta y su evidente clase no tan elevada como la suya le daba igual. Pero no podía evitar esa sensación de menosprecio y miedo hacia él. La piel se le helaba cada vez que cruzaba mirada con él. Aunque, sorprendentemente, el joven no parecía para nada afectado por la situación. De hecho, parecía estar de lo más tranquilo, ¡como si ni siquiera recordara lo sucedido! En cambio ella tan sólo había logrado tranquilizarse al escuchar la hora del receso. Sin darles tiempo a sus amigas de preguntarle el por qué de su nerviosismo y prisa, salió del aula como alma que lleva el diablo con la intención de refrescarse el rostro y distraerse.

Flashback

A pesar de intentar sacárselo de su mente, no lo lograba. Siempre tuvo pánico a los asaltantes y gamberros como él. Sin embargo, jamás tuvo que enfrentarse a uno. En su colegio había numerosos delincuentes como él, pero nunca tuvo contacto con ellos. ¡Ni deseaba tenerlo!

Cierto empujón que la llevó al suelo la sacó de sus pensamientos. Se encontraba tan distraída que ni siquiera estaba midiendo sus pasos. Cerró los ojos y los abrió lentamente, posando sus manos en el frío suelo.

-¡Qué patosa eres!

Alzó lentamente la cabeza para encontrarse con la dueña de la voz. Enfrente, de pie, muy malhumorada y con aires de superioridad, se encontraba Karin Uzumaki, una de las integrantes de Akatsuki.

-D-Disculpa. –Contestó la peliazul nerviosa.

Cabizbaja, alzó la mirada disimuladamente, encontrándose con varios rostros conocidos. De hecho, todos le resultaban bastante familiares tras varios años en el mismo colegio. Todos menos dos. Una mujer rubia con el pelo recogido en cuatro coletas y un joven con el pelo castaño a su lado.

Agachó inmediatamente la mirada al darse cuenta que todos los Akatsuki se encontraban observándola tras su caída. Sin darles tiempo a burlarse, corrió hacía el servicio de mujeres, que no se encontraba muy lejos.

-¡Hinata, espera!

Escuchó la voz de su amiga, pero no tenía intenciones de detenerse. Pero se vio obligada a inmovilizarse tras sentir la mano de la rubia sujetando su brazo.

-¿Se puede saber qué te pasa? –Le preguntó su compañera seguida por la pelirosa. Ambas dejando notaria su preocupación. – ¡Llevas toda la hora muy distraída!

-¡Y ni hablar de tu caída por culpa de la zorra de Karin! –Siguió la ojiverde. -¡Estás en otro mundo!

La peliazul posó su mirada en los Akatsuki. Por un momento desapareció de su mente aquel joven pelirrojo y sus pensamientos fueron ocupados por los nuevos integrantes de aquel grupo de delincuentes.

-¿Habéis visto a esos dos? –Preguntó Sakura, tras varios segundos de silencio. Pues estaba claro que Hinata no pensaba responderles a sus preguntas. –Son nuevos.

-¡Es obvio! –Afirmó Ino, mirando fijamente a ambos que parecían ser bastante serios y fríos. -¿Sabes algo más de ellos?

-Me contaron que son los primos de Sasori.

-¡No creo! Jamás escuché a Sasori decir que tiene más familia aparte de su abuela.

-¡Es obvio que si son familia! –Explicó la ojiverde. -¡El tercer hermano es clavado a él!

-¿T-Tercer hermano? –Preguntó tartamudeando Hinata, que hasta ese momento se había mantenido al margen de la conversación.

-Sí. Al parecer nuestro nuevo compañero con pintas de delincuente es el hermano menor de esos. –Explicó Sakura, de nuevo llevando su vista hacía aquel lugar y señalando disimuladamente a la rubia y al castaño, qué se encontraban acompañados por un recién llegado. -¡Mira, ahí está!

La Hyüga siguió con la mirada el dedo de su amiga para encontrarse de nuevo al dueño de sus recientes pesadillas. Mantuvo la mirada fija sobre él. Observó detenidamente sus enormes ojeras, sus ojos llenos de ira y odio, su expresión tan fría e indiferente… Ese chico era realmente aterrador. Muy distinto a los demás.

Fin flashback

La vibración de su móvil en su mesilla de noche le hizo recobrar los sentidos. Perezosamente estiró su mano para alcanzar su celular y observó la pantalla. Bufó interiormente al comprobar que se trataba, de nuevo, de su amiga Ino. Pues seguramente volvía a llamarla con las intenciones de convencerla de ir a una absurda fiesta de despedida de verano en uno de esos locales que habitaban diariamente sus compañeros pero, sin embargo, ella nunca quiso pisar.

-¿Diga? –Susurró finalmente, respondiendo al teléfono tras darse cuenta que Ino no tenía ningunas intenciones de colgar.

-¡Al fin me contestas, Hinata!

-Ino, te estaba evitando. –Le contestó la Hyüga asegurándose de que Ino entienda que no quiere saber nada de esa fiesta.

Normalmente no le contestaría así a nadie, puesto que siempre ha sido muy educada y pacífica. Pero con la rubia tenía la suficiente confianza como para serle sincera.

-¡Bueno, no importa! –Respondió Ino, ignorando completamente la sinceridad de su amiga. –Iré a tu casa a las nueve para prestarte ropa.

-¡¿C-Cómo?! –Exclamó Hinata. Si ni siquiera tenía intenciones de ir, ¡mucho menos de ponerse los mini vestidos o blusas extremadamente escotadas que utiliza la ojiazul! –Ino, ¡yo no pienso ir!

-¡Si vendrás, Hinata Hyüga! –Le ordenó. En ese momento la peliazul comprendió que, diga lo que diga, no podrá hacerla cambiar de opinión.

-Parece ser que no puedo hacerte cambiar de opinión, ¿no? –Preguntó resignada, en un último intento de librarse.

-¡No! A las nueve iré a tu casa a prestarte ropa. ¡Nos vemos!

A Hinata no le dio tiempo siquiera responder, puesto que su amiga colgó rápidamente antes de reproche o queja alguna.

La peliazul tan sólo dejó de nuevo su celular en la mesilla de noche y, resignada, se dejó caer en la cama.

Por un momento se olvidó de su desastre de día y se concentró en la noche.

"Al menos espero pasármelo bien…"

~ X ~

Un poco lejos de la mansión de los Hyüga se encontraba la pequeña casa alquilada de los Sabaku, que no habían tardado en montar un escándalo anunciando su llegada.

-¡Te he dicho que me respondas, Gaara!

El nombrado intentó una vez más ignorar a su hermana, que se encontraba histérica. No soportaba los gritos y los sarmones. Y mucho menos cuando sabe que se los merece.

-¡¿Por qué tuviste que irte a hacer esas porquerías con Sasori y sus amigos?! Ya me van a escuchar esos. ¡Yo no te traje aquí para que te vuelvan a dañar!

Gaara tan sólo se dejó caer en el sofá y se cubrió la cabeza con una almohada, intentando escuchar lo menos posible los discursos de su hermana. No se explicaba cómo se había llegado a enterar de lo ocurrido. Probablemente ya conocía bastante su rostro de drogado y le bastó con investigar un poco, o quizás como siempre actuó frente a Sasori como si ya supiera todo lo ocurrido, engañándole y haciéndole contar todo. Una táctica muy buena que siempre le funcionaba.

De un momento a otro, los gritos de la rubia cesaron. Curioso, destapó su ojo izquierdo para ver disimuladamente e intentar encontrar la razón por la cual se calló.

Para su sorpresa se la encontró sentada a su lado con su intensa mirada clavada sobre sus ojos turquesa. Como si algo le preocupara.

-Dime una cosa, Gaara. –Dijo finalmente bajando la voz pero a la vez con más preocupación. -¿De dónde sacaste el dinero para esas porquerías?

El joven suspiró mientras se acordaba del reciente asalto a la que, más tarde, descubrió que era su compañera. En ese mismo instante maldijo su suerte. Pues de todas las personas que había en la escuela, ¡¿por qué precisamente tuvo que asaltar a una compañera?! A principio se inquietó y hasta podía jurar que se sintió mal. Sabía que si a esa peliazul le daba la gana de abrir la boca, podrían echarle a él y a sus hermanos. No quería ni imaginarse tirar por la borda tantos sacrificios de Temari. Pero pasaron las horas, las materias e incluso el receso y cada vez estaba más seguro de que su compañera no había abierto la boca.

-Itachi Uchiha me invitó. –Dijo finalmente el pelirrojo, intentando borrar de su mente su metedura de pata.

-¿Quién?

-Itachi Uchiha. –Repitió. –El pelinegro con el que estaba en el receso junto a Sasori.

La rubia tardó varios segundos en reaccionar y acordarse de aquel rostro.

-¿Estás seguro? –Preguntó Temari después de un instante de silencio.

Gaara ya conocía sus preguntas trampa. Siempre intentaba presionarse para así conocer la verdad.

-¿Por qué no debería estarlo? –Le retó de lo más tranquilo. En momentos así agradecía ser una persona tan tranquila y serena. Esas preguntas trampa de su hermana pocas veces funcionaban en una persona tan indiferente y aparentemente sin emociones como él.

-Sabes que no me fio una pizca en ti. Desde lo que pasó en-

Para suerte de Gaara, su hermana se vio interrumpida por el timbre.

Temari miró extrañada al pelirrojo pensando que la visita era para él. Pues ella no le había dado su dirección a nadie.

-¿Es para ti?

Gaara negó con la cabeza mientras encendía la tele, dando por zanjado el tema. Temari se levantó del sofá y se dirigió a la puerta de entrada. Puesto que no tenían mirilla, hasta que no abrió la puerta no supo de quien se trataba.

-¡Hola, primita! –Exclamó el recién llegado.

Nada más ver de quien se trataba, cruzó sus brazos en señal de enojo y frunció el ceño.

-¡Sasori! ¡Contigo quería hablar!

-¿Para qué vienes? –Le preguntó Gaara, algo molesto. Ahora tendría que soportar de nuevo los quejidos de su hermana. –Ahora que la bruja se había callado.

-¡Gaara!

Temari se limitó a callarle tirándole un cojín a la cabeza. Como siempre, con muy buena puntería. Sin darle más importancia a las palabras de su hermano, se giró hacia su primo y frunció el ceño.

-¡¿Tú por qué le invitaste a mi primo a consumir de nuevo esas porquerías?!

Sasori dejó escapar una fuerte carcajada.

-¿Qué tiene de malo? –Le preguntó de lo más tranquilo. –Si se dedicaba a lo mismo antes de venir aquí.

-¡Precisamente por eso vine aquí! ¡Para que él cambie! –Gritó la rubia recobrando la histeria. –Sasori, ¡te prohíbo que vuelvas a acercarte a mi hermano con esas intenciones!

Esta vez fue Gaara el que demostró enojo por las palabras de Temari.

-¿Y tú quién eres para impedírselo?

-¡Yo soy tu hermana mayor! ¿O acaso se te olvida que mientras no cumplas la mayoría de edad vas a estar a mi cargo?

-Bueno, primita. En realidad, él no está a tu cargo legalmente.

Ambos hermanos se quedaron callados, intentando no sacar de nuevo ese tema. Sasori inmediatamente se dio cuenta que su comentario sobraba.

-Yo en realidad vine a hablar de otra cosa. –Dijo nervioso, intentando calmar el ambiente. –Quiero invitaros a una fiesta. –Comentó, sintiendo de nuevo la mirada asesina de su prima sobre él.

-¡¿Para qué?! ¡¿Para volver a llevarle a Gaara a consumir esa basura?!

-No te hagas la santa ahora. ¡Tú jamás faltabas a una fiesta!

-Yo he cambiado. –Se defendió. –No te niego que quisiera ir a alguna fiesta, pero ahora no puedo gastar el dinero en cosas innecesarias.

-¡Por eso no te preocupes! Esta noche os invitaré yo.

Gaara posó su mirada sobre la de su primo extrañado. Desde que entró por la puerta se imaginó que no venía a proponer nada bueno pero, al escuchar su idea, no pudo evitar sentir la tentación de ver como es el ambiente por esta nueva zona.

-Sasori, no digas tonterías. –Dijo finalmente Temari, que también sentía la misma tentación que su hermano menor. –No tienes porque mantenernos. Ya bastante hiciste ayudándome a pagar la fianza de la casa.

-Entonces tómalo como un préstamo. –Propuso Sasori. –Cuando las cosas mejoren, me invitaréis vosotros.

Temari esbozó una sonrisa mientras posaba su mirada en Gaara, que hasta ese momento se había mantenido al margen de la conversación.

-Quieres ir, ¿verdad?

Gaara asintió con la cabeza.

-De todos modos, si decido ir no serás tú quien me lo impida.

Temari agachó la cabeza mientras suspiraba intentando no perder la calma.

-Por última vez te repetiré que hasta que no cumplas la mayoría de edad yo decido que puedes hacer y que no.

El pelirrojo, que parecía estar ignorando completamente a su hermana mayor, se levantó y se dirigió a su cuarto.

-Sasori, espérame una hora. Me ducharé y me cambiaré rápido.

Dicho eso, abandonó el salón acompañado por un portazo.

Sasori dirigió su mirada hacia su prima, que aún permanecía cabizbaja.

-No te pongas así, prima. –La aconsejó, acercándose a ella y tomando su mano. –Gaara no puede cambiar de un día a otro. Tenle paciencia.

-Me da igual como me trate. Lo único que no quiero es que vuelva a echar a perder su vida. –Le confesó algo entristecida. –Si logramos escapar fue de milagro. Sé que no tendrá la misma suerte la próxima vez.

Sasori agachó la cabeza al igual que la rubia, sintiéndose un tanto culpable por no haber pensado en lo que hizo esta mañana.

-Temari, yo…

-No pasa nada, Sasori. –Le interrumpió, intentando hacer su disculpa un poco más fácil. –Sé que no tuviste malas intenciones. Pero por favor te suplico que no dejes que mi hermano vuelva a meterse en ese mundo.

-Tienes mi palabra.

Temari le dedicó una mirada a su primo, que le dedicó una sonrisa sincera. Pero ella intentó no creer en sus palabras y se levantó, zafándose de las manos de Sasori.

-No me fío nada de ti, así que hoy saldré con vosotros. –Exclamó mientras se dirigía al cuarto de Gaara. En parte eso era tan sólo una excusa para salir ella también sin sentirse una irresponsable. –Iré a avisar a Kankurö para que salga con nosotros también.

Sasori se quedó callado mientras veía a su prima irse. No se consideraba una persona muy sentimental ni preocupada, pero si alguna vez se ha sentido decepcionado de sí mismo, sin duda era en esta ocasión. ¿Cómo pudo permitir que Gaara vuelva a meterse en ese mundo sabiendo todo lo que vivió en su vida anterior?

~ X ~

Observó su reflejo una vez más en el espejo, sintiéndose cada vez más avergonzada e insegura de sí misma. Aún no entendía en qué momento aceptó hacer esta locura y aceptar prestadas las prendas de Ino. Tal vez porque jamás había necesitado ropa de noche y no tenía nada para esta ocasión. Pero había sido muy clara con su amiga al decirle que no quería nada llamativo ni provocativo como esas prendas que solían usar todas sus compañeras. Pero lógicamente Ino Yamanaka desconocía la palabra "discreto", y se había encargado de traerle todo un armario de ropa escotada y ajustada. Aunque Hinata se había decidido por lo más "sencillo" dentro de lo que cabe, seguía viéndose completamente extraña.

-¡Hinata, estás hermosa! –Exclamaban una y otra vez sus amigas, haciéndola dar una y mil vueltas a su alrededor para observarla mejor.

A pesar de eso, Hinata seguía sin verle el punto "hermoso" a esto. A pesar de ser una camiseta de tirantes, no dejaba de ser apretada y muy escotada. Los pantalones vaqueros que escogió hacían levantar su trasero y los tacones plateados hacían que su 1.60 metros alcancen probablemente más de 1.75.

-Chicas, yo sigo sin estar segura…

-¡No dudes, Hinata! –Le ordenó Sakura, acercándose de nuevo a ella. -¡Te ves divina! Sin duda esta camiseta resalta más tus pechos.

-¿Estás segura que no quieres que te la regale? –Insistió Ino. –Nosotras no tenemos tanto pecho como tú, por lo tanto no nos queda tan bien.

Hinata agachó la cabeza mientras sus mejillas adquirían un ligero tono carmesí. Comenzó a chocar sus dedos sintiéndose avergonzada por el comentario de Ino. Cualquier chica en su situación se habría sentido orgullosa por el comentario de la Yamanaka, pero a ella sus pechos realmente la acomplejaban. No le gustaba llamar tanto la atención.

-¡Ya casi es la hora! –Exclamó la pelirosa, sacándola de sus pensamientos. – ¡Ven, siéntate aquí, Hinata! Te maquillaremos rápido.

-Chicas, por favor, que sea algo discreto.

Vio asentir a sus amigas sabiendo que harían de todo en su rostro menos algo discreto.

~ X ~

Su mirada viajaba por todo el antro en busca de la barra. El local no era tan grande, más bien era sencillo, pero si estaba lo suficientemente lleno como para impedirle ver con claridad. Encima, la oscuridad iluminada por dos únicas bolas de discoteca y el humo que había en el ambiente complicaba su campo de visión. Tampoco podía escuchar ni opinar sobre lo que hablaban detrás de él su primo y sus hermanos, puesto que la música estaba demasiado alta como para impedir escuchar cualquier otra cosa.

En un abrir y cerrar de ojos perdió de vista a sus hermanos y a Sasori, pero finalmente encontró la barra a la que tanto estaba deseando llegar.

Se dirigió rápidamente a ella y pidió un fuerte trago de Whisky ruso. Sacó un tabaco de su bolsillo izquierdo y lo encendió, inhalando el humo y saboreando el sentimiento que le producía aquella adicción. Sin duda no lo hacía por diversión o para "entrar en el ambiente". Para él ya se había convertido en una costumbre que no podía evitar.

-Aquí tiene.

No se molestó en agradecer. Ni siquiera en dedicarle una mirada a aquella amable camarera que le estaba dedicando una sonrisa mientras le servía su pedido. Él tan sólo se dedicó a sacar varias monedas de su bolsillo para pagar su trago y darse media vuelta, ocupando su mano derecha con el vaso.

Se apoyó contra la barra y buscó con la mirada a sus hermanos. Tardó varios segundos en localizarlos. Ahí se encontraban, al fondo del antro sentados en una mesa un tanto grande comparada al resto. No eran los únicos que se encontraban sentados ahí. También estaban algunos de los compañeros de Sasori a los que conoció en la mañana. Prefirió mantenerse al margen de ellos, pues disfrutaba mucho más de la soledad. Probablemente se acercaría después a pasar un agradable rato con las dos únicas amigas de Sasori. Una pelirroja con gafas y una peliazul con un pendiente en el labio inferior. Aunque su instinto de hombre le decía que lo tendría mucho más fácil con la pelirroja.

No decidió apartar la mirada de ellos hasta que vio que uno de los que se encontraban presentes era Itachi Uchiha, el hombre con el que consumió drogas varias horas atrás. No le importaba en absoluto su presencia, pero estaba seguro que a su hermana sí. Buscó con la mirada a Temari, dándose cuenta que no estaba equivocado. No muy lejos del Uchiha se encontraba la rubia dedicándole miradas asesinas que no pasaban desapercibidas. No le hacía falta ser adivino. Conocía demasiado bien a su hermana y sabía que no iba a quedarse tranquila hasta montarle un escándalo al Uchiha.

Decidió evitar ver una escena tan molesta como aquella. Giró su mirada hacia la entrada del antro, observando a la gente que entraba y salía por ésta. Ningún rostro le parecía conocido, a pesar de que algunos eran sus compañeros. No había recordado ningún rostro. Ninguno excepto…el de la persona que acababa de entrar.

~ X ~

Sintió su cuerpo temblar y sus nervios hacerse presentes con cada paso que adelantaban. Nada más bajarse del auto de su amiga se dedicó a agachar la cabeza e ignorar todos esos silbidos y piropos que lanzaban algunos hombres hacía ellas. No estaba acostumbrada a aquello y, aunque al parecer sus amigas disfrutaban mucho con esas cosas, a ella no le hacían ni pizca de gracia.

Y no era eso lo único que hacía que sus nervios aumentaran. Su vestuario y su maquillaje no le ayudaban para nada. Jamás había maquillado tanto su rostro como esta vez. No se sentía cómoda con aquello. Al verse al espejo sentía que de otra persona se trataba. A pesar de haberle suplicado a sus amigas un maquillaje muy sencillo, Sakura e Ino le echaron medio kilo de base, corrector por todo el rostro, sombras de más de tres colores, delineador, toneladas de rímel, polvos, labios más rosas que el color del vestido de Sakura y un montón de maquillajes más de los que ni sabía su existencia. Realmente se sentía rara. Siempre se caracterizó por su naturalidad. Nunca había utilizado más allá que un corrector para tapar sus ojeras, rímel y ligero gloss para dar brillo a sus labios. Ahora se sentía patética. Como un mono de feria. Pero, al parecer, a todos los demás les gustaba así.

Alzó su mirada al sentir la fuerte música y los gritos de la gente. Enfrente de ella se encontró con una puerta de mediana altura que se encontraba todo el rato abierta. Pues de ella salían y entraban a cada rato gente. Algunos borrachos, otros drogados y otros simplemente con ganas de bailar.

Hinata aún se preguntaba que hacía en ese sitio. No entendía para que había aceptado. ¿Acaso pensaba beber? ¿Fumar? ¿Bailar? ¡No! Ni siquiera tenía ganas de conocer gente, coquetear o entablar una conversación con alguien fuera de su círculo de sus amistades (que se reducía a Ino Yamanaka, Sakura Haruno, Kiba Inuzuka y un poco más).

-Hinata, ¿piensas quedarte ahí parada?

Movió ligeramente su cabeza intentando sacar de su mente todos esos pensamientos negativos y recordar lo bueno de todo esto: Ver a Naruto Uzumaki. Realmente sentía ganas por encontrarse con su rubio preferido y tener la oportunidad de llamar su atención. No necesitaba la de nadie más. Sólo y únicamente de él.

Decidida (o aparentando estarlo) se dirigió a la entrada siguiendo a sus amigas. Sostuvo la puerta mientras entraba en el interior y la cerró tras su paso.

Por un momento se quedó inmóvil, parpadeando varias veces. El ambiente no era para nada como ella esperaba. Un lugar un tanto pequeño pero sin embargo lleno de gente, cosa que producía que los cuerpos de uno y otros se estuvieran chocando a cada rato. El humo que había en el ambiente y el olor a alcohol le fastidiaba. El poco espacio libre le agobiaba y el hecho de que al parecer todas las mesas estaban ocupadas la ponía de los nervios. Por otro lado, la música resonaba en sus tímpanos evitando así que pueda comunicarse con Sakura e Ino. ¿De verdad era este el ambiente por el que todos se volvían locos?

-¡Hinata, dame la mano!

A penas logró alcanzar a oír el chillido de la pelirosa, pero agarró su mano como pudo y se dejó llevar por ella. Intentó esquivar como pudo todos esos cuerpos que se cruzaban por su camino. Intentó en todo momento ser educada y evitar empujar a alguien, pero viendo la situación se le hacía imposible.

A pesar de todo aquel alboroto, no pudo evitar sentir una intensa mirada puesta sobre ella. Intentó buscarla durante varios segundos sin éxito alguno. Cuando finalmente llegó a su destino, que aparentemente fue la barra del antro, sintió aquella mirada todavía más cerca de ella. Miró de nuevo para encontrarse con la del dueño de sus recientes pesadillas.

Aquellos ojos turquesa acompañados por unas notables y enormes ojeras. Aquellos ojos que la hacían estremecer y querer huir al momento.

De hecho, lo intentó. Sentir a aquel hombre cerca de ella la hacía desear desaparecer en aquel mismo instante. Pero el fuerte agarre de Sakura se lo impidió.

-¿Qué está pasando, Hinata?

Ignoró totalmente la pregunta de Sakura. Tan sólo se dedicó a quedarse inmóvil enfrente de aquel desconocido (no tan desconocido para ella). Aquel delincuente. Ese hombre tan lleno de odio e ira.

Sabaku No Gaara.


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