CAPÍTULO 4 –CONSECUENCIAS-

Cada paso se hacía más pesado. Había dejado de lado sus buenos modales e intenciones de agradecer y optó por dirigirse a su casa. Pues aquella tormenta ya no estaba acompañada por lluvia, sino que se había convertido en un fuerte granizo. Aunque las bolas eran pequeñas, cada vez que se clavaban en su cabeza sentía una tremenda molestia. Como si alguien estuviera encima de ella tirándole pequeñas piedras que poco a poco iban aumentando de tamaño.

Y no era ese su problema. Lo que realmente le preocupaba era no saber qué dirección tomar para volver a su hogar. Había escuchado hablar de aquel barrio un tanto marginado, pero jamás había puesto un pie en él. Ahora ni siquiera sabía cómo salir.

Ya rendida, buscó un techo para evitar un momento el granizo y rebuscó su teléfono para finalmente pedir ayuda a sus amigas.

Sintió una molesta luz iluminar la calle. Se había acostumbrado a la oscuridad, y ahora el menor resplandor le molestaba. Como esas veces que se encontraba totalmente acomodada en su cama a oscuras y, por alguna u otra razón tiene que levantarse y encender la luz. ¡Odiaba eso!

-¡Hinata Hyüga! ¿Eres tú?

Estaba tan sumida en sus pensamientos que ni siquiera se había tomado la molestia de averiguar quién viajaba en ese vehículo. Su mente se había hecho con la idea de que se trataba de algún borracho impertinente.

Pero aquella voz varonil, a pesar de que no le sonaba absolutamente de nada, le sorprendió bastante. ¿Quién conocía su nombre y apellido? ¿El de aquella chica invisible de la clase? ¿El de la rara empollona? Nadie.

-¡Oye!

La curiosidad pudo con ella y, a pesar de sentirse un tanto intimidada por aquella voz imponente, se acercó para averiguar de quién se trataba.

-¿Necesitas algo? No es normal que andes sola por estas calles a las dos de la mañana. Es peligroso, ¿sabías? Además, ¡mira el tiempo que hace!

-¿Q-Quién eres?

-¡Eso es lo de menos! –Respondió, para sorpresa de Hinata, aquel desconocido. –Sube, te llevaremos a casa.

-¡Sasori, ahora no podemos! –Reprochó una voz femenina desde el asiento trasero.

Hinata no necesitaba más para saber de quién se trataba.

"Sabaku No Sasori." Pensó mientras retrocedía un poco. Ahora podía distinguir su pelo rojizo tan parecido al de Gaara. ¡Y ni qué decir de ese famoso descapotable rojo! Sin duda se trataba de Itachi Uchiha. La voz femenina probablemente pertenecía a Karin, Konan o a cualquiera de la que resultaba ser objeto de burlas.

-N-No hace falta. Y-yo sé ir sola. –Mintió mientras se alejaba un tanto antes de escuchar alguna burla hacia su persona.

-¿Estás segura? –Preguntó esta vez el Uchiha. Hinata no podía ver bien su rostro, pero aún así sentía esos enormes ojos oscuros mirándola fijamente. A pesar de su indiferencia y despreocupación lograban intimidar más que cualquiera.

Se limitó a asentir con la mirada agachada hasta que sintió la puerta del auto abrirse y alguien salir de éste.

Inconscientemente retrocedió atrasando el acercamiento entre ambos.

-¡Tranquila, no te voy a comer! –Se burló el pelirrojo mientras se sacó la chaqueta y se la acercó. –Toma. Parece que tienes frío.

-N-No lo necesito. ¡D-De verdad!

El rostro del pelirrojo pasó de expresar burla a un gran desagrado.

-Cría arrogante. No tiene bacterias. Soy pobre, no antihigiénico.

Su cambio de expresión, de un momento a otro, asustó a Hinata. Lo que menos pretendía y deseaba era tener problemas con gente como ellos.

Sasori estaba a punto de ponérsela de nuevo cuando la peliazul extendió sus brazos y aceptó su chaqueta.

Fue un acto reflejo. No lo pensó, pero tampoco se arrepintió. No quería que él interpretara mal las cosas. Ella jamás los ha juzgado por su clase social.

-G-Gracias. –Se limitó a susurrar mientras se alejaba siendo observada por todos los presentes como si de un bicho se tratara.

~ X ~

Bajó la mirada y observó sus Air Max blancas llenas de barro.

"Tsk." Aquella lluvia pareció dejar consecuencias. Pues por las calles se habían formado grandes charcos de barro muy difíciles de esquivar. El aire era pesado y muy húmedo. Demasiado molesto a su parecer.

Se limitó a alzar la vista de nuevo, sin siquiera tomarse la molestia de limpiar sus deportivas. Abrió la pesada puerta de cristal y se adentró en el edificio.

A pesar de lo lleno que estaba, de todas las voces que escuchaba, y de alguna que otra mirada puesta en él, nada le conseguía llamar la atención. Tampoco las conversaciones de sus hermanos con su primo, las cuales eran inevitables de escuchar.

- Ella tiene cara de puta. –Juzgaba su hermana señalando para nada disimuladamente a una pelirroja con gafas.

-No lo es. Tiene un culo sociable.

-Sobre todo contigo. ¿Verdad, Sasori? –Se burlaba su amigo.

-¡No te hagas, Deidara! ¡Tú también lo has probado más de una vez!

Ellos reían. No sabía de qué. No entendía donde estaba el chiste. El hecho es que a todos les parecía gracioso. Él es limitó a seguir caminando, sintiendo sus molestas voces sobre sus espaldas mezclándose con los gritos de todos los presentes en aquel enorme edifico. Él solo buscaba su aula, ansioso por encontrarla, tomar asiento en la última fila, y no sentir a nadie cerca de él. Nadie que arruinara su preciada soledad.

Pero había algo que le fastidiaba. Una intensa mirada posada sobre él. Sí, él sabía que había mucha gente observándole como si de un fenómeno se tratara, pero esas miradas eran de simple curiosidad. Sin embargo esa… en esa sentía un especial interés. Se giró buscando a sus acompañantes, pero ninguno parecía ser el dueño. Rebuscó entre la gente sin detenerse.

Entonces lo vio. O más bien, la. Se detuvo, dando paso a su compañía, los cuales no parecieron darle mucha importancia. Ahí estaba ella. Su compañera peliazul observándole con aquellos enormes ojos tan peculiares. Una mirada llena de temor, pero también de desesperación. Como si ella misma lo estuviera buscando.

Descartó esa posibilidad al ver como bajó la cabeza y, aparentemente muy nerviosa, comenzó a chocar sus dedos. Su amiga le hablaba, pero ella no parecía prestar mucha atención.

Retomó su camino sin darle la menor importancia. Para él era una compañera más a la que ya no le debía nada. Pues cualquier favor pendiente quedó saldado anoche.

Pero, para su sorpresa, esa mirada intensa seguía encima de él. Ya un tanto molesto, se giró para observarla de nuevo, pero no tuvo tiempo de llegar a verla. Sintió una fuerte mano masculina posarse sobre su cabeza e inclinarle hacia delante con todo su cuerpo, haciéndolo chocar contra el de Sasori, que impidió su caída.

Inmediatamente escuchó el grito de su primo. Los insultos de sus hermanos. Pero él todavía no tomaba el control de su cuerpo. Una segunda mano se posó sobre él, esta vez sobre su cuello, empujándolo hacía la pared. Su espalda y su cabeza chocaron sobre ésta, haciéndole sentir un momentáneo dolor.

-¡Hijo de perra, te dije que las cosas no se iban a quedar así!

A pesar de no tener aún el control sobre su cuerpo, esas palabras le hicieron espabilar un poco. Aquella voz, a pesar de haberla escuchado solo una vez en su vida, la reconoció enseguida.

Esos fuertes brazos y ese peso que impedía su autocontrol desapareció de repente. Escuchó un fuerte golpe, como si alguien hubiese caído al suelo.

Alzó rápidamente la cabeza, un poco mareado por el golpe.

Ahí estaba él. El mismo tipo que anoche le juró que las cosas no iban a quedarse así.

Sasori se encontraba sobre él, agarrándole fuertemente del cuello hasta el punto de impedirle respirar.

-¡Dime qué coño buscas de mi primo, malnacido!

Nadie parecía tener intenciones de separarles. Habían formado un gran círculo. Algunos animaban a seguir la pelea y otros se limitaban a observar curiosos. Y en ese círculo solo estaban él, Sasori y aquel sujeto con esa fuerza tan impresionante.

Dio varios pasos hacia ellos, comprendiendo al fin la situación. Se encontraba en una pelea. Una de las tantas que ya había experimentado. Aquí no había navajas ni otro tipo de armas, aquí solo podía usar su fuerza física. Pero eso no le asustaba. En peores situaciones se había encontrado.

De lejos podía ver la decepción en los ojos de sus hermanos. A Temari suplicándole a Sasori que lo deje. Pero, ¿qué culpa tenía él? Solo trataba de defenderlo.

-¡Sasori, lárgate de aquí, maldita sea! Este es mi problema.

Él no pareció escucharle. Se vio obligado a agacharse y agarrar los brazos de su primo en un intento de separarle del cuello de aquel chaval.

Pero, antes de llegar a hacerlo, su cuerpo recibió un fuerte golpe de nuevo. Esta vez se encontraba en el suelo, recibiendo golpe tras golpe. Fuertes puñetazos que lograron partirle el labio, del cual sentía salir un líquido caliente.

Fue entonces cuando su instinto animal salió. Cuando se olvidó completamente de su primo y de aquel tipo. Tan solo luchaba contra el peso de aquel sujeto que tenía encima. Intentaba zafarse de su agarre y usando su fuerza para algo más que para detener sus puños.

-¡Gaara!

-¡Maldita sea, para!

Las súplicas de sus hermanos no tenían efecto sobre él en ese momento. De hecho, apenas podía distinguir sus voces del resto. Una enorme masa de gritos que animaban a cualquiera de ellos para seguir la pelea. No les importaba separarlos, tan solo querían divertirse.
Pero eso le tenía sin cuidado. Él seguía golpeándole con todas sus fuerzas. Incluso estaba comenzando a sentirse bien. Hacía mucho que no había practicado su pasatiempo preferido; pelear.

No le importaba recibir algún que otro golpe también. Pues estaba seguro que su rostro tendría más de una herida abierta ya.

Pero de un momento a otro su enemigo se detuvo. Su cuerpo se alejó. Los gritos cesaron.

Distinguió unas fuertes manos sostenerle de ambos brazos, obligándole a ponerse de píe.

-¡Todos a sus aulas! ¡¿Me entendieron?! ¡No quiero ver a NADIE aquí! ¡Maldita sea, A NADIE!

~ X ~

-¡A este colegio le hacía falta una peleas, hombre!

La voz de Kiba Inuzuka retumbó sobre el aula, rompiendo el silencio. Nadie esperó que se le preguntara su opinión. Aquel comentario era del tipo que todos esperaban para romper el hielo y estallar en gritos sus opiniones.

-Este tipo es hombre muerto. –Alcanzó a oír al fondo del aula.

-Escuché que es primo de Sasori, ¿no creéis que eso le da ventaja?

-¿Cómo crees? Nadie se mete con ellos sin salir ileso. –Exclamó Shikamaru Nara, que pocas veces se dignaba a dar su opinión. –Ni siquiera Sasori.

-A mí me importa muy poco su suerte. De lejos se ve que es un gamberro más.

Alzó la cabeza un tanto curiosa, demostrando finalmente interés por algún comentario. Observó a su compañera rebuscar entre sus pertenencias un espejo y mirarse en éste despreocupadamente, peinando su larga melena rubia recogida en una coleta.

-Tienes razón, Ino. ¡Algo habrá hecho para merecérselo! Lo único que me preocupa es que Itachi decida meterse también cuando se entere de lo ocurrido.

-Para tu suerte hoy faltó a clases, Sakura.

Perdió el hilo de la conversación, demostrando clara despreocupación hacia la suerte del novio de su amiga. Inconscientemente agachó la cabeza en señal de culpabilidad. No podía evitarlo. Se sentía como la peor basura. Como la única culpable por lo sucedido.

"¡Algo habrá hecho para merecérselo!"

Las palabras de su compañera retumbaron en su mente.

"Él… él lo único que hizo fue defenderme…"

No podía evitarlo. No podía aguantar más las lágrimas. Su rostro comenzó a empaparse. Sintió una lágrima resbalar por su mejilla y finalmente caer en su pantalón blanco.
Se levantó rápidamente de la silla y se dispuso a abandonar el aula, dejando sus pertenencias ahí. Nadie se fijó en su abandono. El revuelo no cesó después de su portazo. Escuchó las insistentes voces de sus amigas, pero tampoco se tomaron la molestia de seguirla. No le preocupaba faltar a clase. Pues seguramente Kurenai tardaría mucho en regresar después de lo ocurrido. Probablemente ni llegarán a dar esta clase.

Se apoyó en la pared e intentó calmarse. Pero realmente no se veía capaz. Le rompía el corazón recordar sus rostros ensangrentados, sus cuerpos golpeándose, sus heridas… Todo provocado por ella. La culpabilidad que sentía en ese momento era mayor a la que sentía cada vez que veía la mirada decepcionante de su padre sobre ella.

Hizo el intento por detener su llanto. Se limpió con los dedos índices y se dirigió hacia el baño. Ahí prefería pasar el resto de la hora para no recibir preguntas por parte de sus amigas.

Cruzó el pasillo, rogando por no encontrarse con nadie. Subió las escaleras mientras en su mente recordaba una y otra vez las conversaciones que mantenían sus compañeros en clase.

"Ese tipo es hombre muerto."

"Nadie se mete con ellos sin salir ileso."

Tragó saliva. En su garganta comenzó a formarse un fuerte nudo que solo sentía cuando reprimía sus ganas de llorar.

"Si algo llegara a pasarle a alguno de ellos… No podría perdonármelo…"

-Hinata, ¿qué haces aquí?

Intentó limpiar su rostro antes de alzarlo y encontrarse con la mirada de Shizune.

-¿Qué te pasa, Hinata? ¿Has estado llorando?

-N-No, ¡c-claro que no! –Apresuró a negar. –E-Estoy un poco cansada. Eso es t-todo.

-¿Estás segura? ¿No quieres que te prepare un té de manzanilla? –La preguntó, sin esperar respuesta alguna. -Sé que eres sensible, Hinata. Me imagino que te afectó ver una pelea así. Siento no poder hablar contigo ahora, pero estoy atendiendo las heridas de estos muchachos. –Suspiró. –Yo he sugerido que dejemos a los alumnos de los profesores ocupados salir, ya que no sabemos cuándo van a poder retomar sus clases. ¡Pero Tsunade se niega! Dice que podríamos alarmas a los padres.

Shizune siguió conversando, olvidándose por completo de los heridos, pero Hinata perdió totalmente el hilo de la plática desde que le contó que los estaba atendiendo. Ahora simplemente observaba la puerta de la enfermería, la cual Shizune había dejado entreabierta, con la esperanza de ver algo.

-¡Oh, Dios! ¡Tsunade me va a matar! –Exclamó de repente la enfermera, asustando a la peliazul. -¡Me llamó hace un buen rato para que la informe sobre cómo siguen!

-Entiendo, S-Shizune-san. Hasta luego.

Observó a la nombrada apresurarse a bajar las escaleras mientras alzaba una de sus manos en señal de despedida. No fue hasta que desapareció que se acercó a la puerta y se apegó a ella, tratando de escuchar alguna voz y averiguar a quién estaba atendiendo.
Oyó murmullos. Distinguía varias voces, pero no lograba ponerle nombre. Abrió un poco la puerta y adentró la mitad de su cuerpo.

-Ni siquiera podré entrenar, maldita sea.

No necesitaba asegurarse, pero aún así lo hizo. Se asomó y comprobó que la voz pertenecía a Deidara.

-Esos maricones me las pagarán caro, ¡lo juro! –Exclamó Sasori, estampando su puño contra la pared. Al parecer no le importaba el escozor que sentía. A juzgar por su ceja, Hinata dedujo que necesitó puntos para esa herida. –Ni siquiera sé qué les pasó contigo, Gaara, ¿por qué te quisieron pegar?

-No es de tu incumbencia, Sasori. Yo no os pedí que me ayudarais. No quiero que volváis a meteros en mis asuntos.

Un escalofrío recorrió su cuerpo al escuchar aquella voz tan fría hablar. Era increíble que después de lo sucedido aun sintiera rechazo hacia él. Observó su labio partido lleno de sangre seca y su notable moretón hinchado que había adquirido un tono lila oscuro.

-No hace falta que nos lo pidas, Gaara. –Pronunció Sasori con una leve sonrisa, la cual quitó enseguida por el dolor que sentía al mover su mejilla izquierda. –Pero te advierto, ellos no son unos tipos normales. Hemos tenido más de una pelea con ellos, los conocemos muy bien. Ellos-

-¡Oye, oye! ¡¿Qué haces ahí?!

Se echó hacia atrás lo más rápido que pudo. Pero era demasiado tarde. Sabía que si huía solo haría el ridículo. Tomó aire y se asomó de nuevo, sintiendo la curiosa mirada de Sasori y Gaara, que al parecer no la habían visto y no entendían el por qué del reclamo de Deidara.

-¡No seas maleducada, responde!

-Y-Yo… Y-Yo solo quiero s-saber cómo e-estáis…

Luchó contra su tartamudeo y su gran sonrojo, alzó la mirada y tímidamente la dirigió hacía ellos. Sus rostros, un tanto rojos también a causa de la pelea, se encontraban observándola con algo de fastidio y desconfianza.

-No es de tu incumbencia. –Alcanzó a oír finalmente de los labios de Sabaku No Sasori.

¿Dónde desapareció aquella amabilidad que demostró anoche?

"Aunque, no lo culpo…" Pensó. Pues debería estar demasiado fastidiado por la pelea que acababa de tener. Y más si ya sabía que todo fue su culpa.

-Aunque yo me sentiría mejor vienes aquí, te agachas un rato y m-

La frase del rubio se vio interrumpida por un codazo por parte de Sasori.

-¡No te metas con ella, Deidara! Es una Hyüga. Podría decirle a su papi para que mueva sus hilos y nos manden varios kilómetros lejos de esta ciudad.

La ironía del pelirrojo era evidente. Ambos rieron, pero Gaara no. Él no parecía entretenido con la situación. ¿Será que no le hacía gracia o que, al igual que ella, no había entendido la frase de Deidara?

Decidió acercarse tímidamente, sin demostrar curiosidad alguna por aquello.

-G-Gaara… -Pronunció en un susurro. –Q-Quiero p-pedirte… n-necesito pedirte p-perdón…

El nombrado no demostró interés. Ni siquiera alzó la vista para dedicarle una de sus miradas llenas de odio y frialdad. Sus ojos estaban perdidos entre las paredes blancas y desnudas de la enfermería.

-¿Perdón? ¿Por qué?

La duda de Deidara no fue resuelta. Pues inmediatamente se vio interrumpida por la misma voz que minutos atrás detuvo a Gaara.

-¿Hinata? ¿Qué haces aquí?

La aludida se giró inmediatamente, completamente intimidada.

-Oh, entiendo. –Exclamó el recién llegado sin darle tiempo a responder. –Me imagino que Shizune te pidió ayuda, ¿no? Es comprensible, no te preocupes. Es una tarea difícil encargarse de curar a tres gamberros que merecen seguir desangrándose.

Inconscientemente afirmó. No le gustaba mentir. No se sentía bien abusando de la confianza de los demás, sobre todo si se trataba de la de sus superiores. Pero prefería que pensara eso a tener que explicar que venía buscando a un delincuente para pedirle perdón.

-Kakashi, hombre, ¡tampoco estábamos desangrándonos! Esos idiotas terminaron mucho peor. –Exclamó el rubio, desviando la atención que había puesto su profesor en Hinata.

-¿Tan seguro estás? –El peliplateado dejó escapar una carcajada. -¿Tan peor como para que Shiho haya terminado de curarlos y mandarlos a hablar con Tsunade?

-Tsk. Shizune es una incompetente. ¿Por qué a nosotros no nos curó Shiho?

-Vuestras heridas son más profundas, chiquillo. Necesitan atención de alguien más experimentado.

-Hmp, ¡esos hijos de puta nos agarraron a traición! –Se excusó Sasori.

-Eso tendrás que explicárselo a Tsunade, a mí no me interesa. Yo solo tengo que acompañaros a su despacho en cuanto estéis curados.

Dando por zanjada la conversación, se acercó a Sasori y lo agarró de la barbilla.

-¡Pero si te han roto la ceja, chaval!

El pelirrojo se zafó del agarre y se encaminó hacia la salida.

-Eso se lo explicaré a Tsunade, ¡a ti no te interesa! –Se limitó a responder imitándole antes de abandonar la enfermería.

El rubio lo siguió, entre risas y algunos que otros insultos a los que el peliplateado prefería responder con empujones.

-¿No has terminado de curarle a Gaara, Hinata?

El pelirrojo trató de ponerse en píe, pero antes de conseguirlo, sintió una suave mano sobre su hombro empujándolo hacía abajo y obligándolo a sentarse de nuevo.

-A-Aún no he terminado de c-curarlo, Kakashi-sensei.

Parpadeó varias veces analizando su frase. ¡¿Acababa de volver mentir a un superior?!

- Entonces cuando esté listo, acompáñalo a dirección, ¿vale?

La peliazul se limitó a asentir y a mantener la vista firme hasta oír el portazo de Kakashi. Solo en ese momento se dignó a bajar la cabeza y a sentirse avergonzada por su mentira.

-¿Por qué hiciste eso? Ni siquiera me estabas curando.

-F-Fue un acto r-reflejo. L-Llevo desde ayer t-tratando de hablar c-contigo. –Susurró Hinata, sin poder cesar su tartamudeo. –Q-Quería darle las gracias… Y t-también pedirte perdón.

El pelirrojo se mantuvo en silencio. Al igual que la primera vez que escuchó las palabras de Hinata, no se inmutó. Parecía que ni siquiera la había escuchado. Aunque sus ojos turquesa se habían posado sobre ella. Podía sentirlos a pesar de no haberle dirigido la mirada.

-P-Por mi culpa tú, D-Deidara y Sasori os habéis m-metido en problemas…

La voz de la peliazul se quebró al decir esta frase, cosa que no pareció conmover a Gaara.

-Ellos se metieron en problemas porque quisieron. Yo no les pedí que me ayudaran. Es más, ¡ni siquiera vi en qué momento se metió Deidara!

-E-En el momento en el q-que un t-tercero se metió para g-golpear a Sasori.

-Tsk. Canallas.

-G-Gaara, tú… N-No tenías que haber h-hecho eso por m-mí ayer…

-Maldita sea, no lo hice por ti. Ni siquiera sé tu nombre. Lo hubiese hecho con cualquier mujer que estuviera en apuros.

Su voz era ruda y segura. Totalmente contraria a la suya, que era tan débil e insegura como siempre. Y más si se trataba de lidiar con un delincuente.

-Dime una cosa. –Exclamó tras varios segundos de silencio. -¿Los conoces?

-¿A q-quienes? –Preguntó confusa.

-A esos tipos.

-S-Sí. Jiröbö, Kidömaru y Kimimaro. S-Son bastante p-peligrosos.

"Tsk. De eso me di cuenta." Pensó el pelirrojo, sin intenciones de compartirlo con Hinata. La fuerza de esos tres era igual a la suya. Su ego no le permitía pensar que probablemente le superaban.

-H-Hay un cuarto. Se l-llama Sakon.

-¿Contra quién peleé yo? –Preguntó Gaara, sin demostrar preocupación por el cuarto nombre.

-E-El primero que t-te golpeó f-fue Jiröbö. L-Luego peleaste c-contra Kimimaro.

-¡Hmp! Patéticos.

Se levantó, esta vez sin ninguna detención por parte de la peliazul. Tomó sus pertenencias y se dirigió hacia la salida.

-¿Tu nombre? –Preguntó de espaldas mientras ajustaba su mochila.

Un nerviosismo instantáneo invadió el cuerpo de Hinata.

-H-Hinata. –Tragó saliva. –Hinata Hyüga.

El pelirrojo siguió su camino hasta llegar a la puerta.

-Mantente alejada de mí, Hyüga.


¡Muchísimas gracias a todos los que leyeron y marcaron en alertas y/o favoritos!

Y sobre todo a los que me dejaron RR: Mare-1998, Korra56, Lucia, Rashi Itami y Mellorine e.e :*

MARE-1998, aún no tengo muy claro en si incluir esa pareja o ponerla con otro que tengo en mente, pero de todos modos no he pensado en dedicarle mucho protagonismo a otras parejas, ya que como ves el romance entre Hinata y Gaara será lento y complicado. :3

¡Aclaración! No habrá ningún SasoHina {SasorixHinata}, lo que pasó al principio de este capítulo tendrá otra explicación.

Cambié el nombre del fic, sí. My Doom me parece más original y apropiado, se podría traducir como Mi Perdición, Mi Final o Mi Destino Amargo, aunque lo puse más por la primera opción.

Sorry por la demora, estoy de mudanza de país. Así que, ¿alguien que se ofrezca a enseñarme Inglés? xd

Bueno, de nuevo muchas gracias, ¡nos leemos! :*