Capítulo XIII. El dolor.
—Nii-san…
Naruto interrumpió el hambriento beso, enternecido hasta la médula. No veía al adulto que era, sino al diminuto Sasuke de ojos enormes y sonrisa tímida que fue, aguardando ilusionado el regreso de su hermano mayor para apresurarse a recibirlo.
—¿Por qué no le deseas dulces sueños a Itachi-san, antes de que esto se nos vaya de las manos? —sugirió, liberando el cuerpo bajo el suyo.
El Uchiha se escurrió con soltura gatuna para ir hacia el armario y Naruto se incorporó a contemplarlo. Bellísimo, arisco, independiente, orgulloso y de genio impredecible, solo le faltaba manotear entusiasmado ovillos de lana y lamerse las almohadillas de las patas. Como adivinase lo que estaba pensando afilaría las uñas en sus lindos huevos rubios, pero imaginárselo jugueteando con una pelotita y ronroneando, era una imagen demasiado encantadora para no correr el riesgo. Y bastante pervertida, si la completabas con su destreza con la lengua y su afición a beberse…
Hasta la última gota.
Hablando de leche, vino a su memoria el llamativo sonrojo del moreno, al levantarse tras la cabalgata y notar la humedad delatora deslizándose fuera de él.
—No te enfades, teme. Todo lo que entra debe salir —había bromeado el Uzumaki, palmoteando el colchón a su izquierda—. Ven a que te limpie.
—Si estimas tu despreciable vida, ni te me acerques.
El digno caminar rumbo a la ducha salvadora fue enturbiado por los regueros que corrían por la cara interna de sus muslos. Su portazo hizo vibrar el cristal de la ventana; no obstante, el cabreo fue breve. Ya resplandeciente, había regresado a la cama para acomodarse pacífico entre los brazos del rubio e indagar sobre su estado de salud.
—-¡Mueve el culo! —El gruñido impaciente lo precipitó al presente—. No voy a vestirte igual que a un crío toda la vida.
Le lanzó un pantalón a la cabeza y a Naruto le centellearon los ojos entre la tela.
Su amigo deseaba que fuese con él.
Se impulsó fuera de la cama de un brinco para aceptar la invitación, encontrándose en plena forma. Las puñeteras bolas hacían desempeñado su función curativa y descansaban en paz en la basura. No iba a borrar de su mente el grosero obsequio, procuraría que los Números tampoco lo olvidasen.
Con los lazos del pantalón entre los dedos se detuvo, intrigado por la rigidez entrevista en ciertos movimientos de Sasuke. Enseguida comprendió, y rompió a reír hasta que su pérfida risa se cortó en seco. Al dejar caer con fuerza su culo sobre el colchón para calzarse, le fue recordado de modo incuestionable por qué no debe uno burlarse del mal ajeno.
El moreno llevaba una larga chaqueta de pijama y la novedad provocó otra risita guasona por parte del irredimible Uzumaki:
—Todavía la tienes dura, ¿eh?
Sasuke puso los ojos en blanco. La habitación quedó desierta, pero persistió el eco de una carcajada alegre y un par de insultos más o menos cordiales.
88888888888888888888888
Itachi se hallaba en una esquina del sillón, despojándose de la coraza y las botas.
—Bienvenido a casa, nii-san.
—Gracias. —El recién llegado se dirigió a Naruto—: ¿Cómo te encuentras?
—Genial. La colaboración de Sasuke en mi tratamiento fue decisiva y… profunda —matizó el rubio con fingida seriedad. Si su colaborador conservara sus poderes oculares, dos ojos carmesí de diez aspas lo estarían castrando en rodajitas finas en ese momento.
—Naruto, ¿y el Kyubi?
Los más jóvenes no esperaban la pregunta.
—Atravesé la primera puerta y ya no pude contactar con él —repuso el Uzumaki, rascándose la pelusilla del mentón—. Poseemos almas distintas, quizá no está permitido que dos espíritus accedan al Infierno simultáneamente y el suyo permanece en el mundo real.
—El demonio zorro es una masa descomunal de chakra maligno y aquí no funciona el chakra —intervino Sasuke—. Es posible que se mantenga en tu interior, en hibernación.
—Hay otra cosa. No me acordé de contártelo, pero en el vestíbulo, no accedieron a abrirme las puertas amablemente y casi las derribo con un Rasengan.
—¿Lo probaste en la pasarela? —preguntó el mayor.
—No. —El rubio hizo un mohín de disgusto—. Los Números me prohibieron terminantemente transformarme en mujeres desnudas, utilizar mi chakra y ayudar a Sasuke a buscarte. Si no, su alma se evaporaría.
—Anticipaban que un encuentro restablecería nuestros lazos y atenuaría la angustia de nuestras pesadillas. Les has arrebatado buena parte de su control sobre nosotros; te doy las gracias.
—No, no —objetó este, incómodo—. El que lo solucionó fuiste tú, Itachi-san. Soy un torpe, tuve que recurrir a alguien mucho más inteligente para que me solucionara la papeleta.
—Tu torpeza te guió hasta el Infierno para recobrar a tu mejor amigo y cuidar de él. No te subestimes.
El moreno menor asistió a la escena sin emoción aparente. Su interior, por el contrario, hervía como lava sagrada cada vez que escuchaba lo que Naruto era capaz de hacer por él.
—Una prohibición implica que estás en disposición física de realizar aquello que te impiden. Nadie prohíbe acciones imposibles.
—Eso es, Sasuke. Y si mi chakra está activo en el vestíbulo y en la pasarela, es normal que los atemorizasen mis amenazas.
—Cierto —concordó Itachi—. ¿Has tratado de usar tu chakra en La Ciudad?
Naruto abrió la mano y se concentró. Ningún resplandor fluyó de su palma; rojo, dorado, o azul.
—Nada, ni el mío ni el del Kyubi. —Bajó el brazo—. A propósito, Itachi-san, ¿a qué vendría esa obsesión por que les enseñásemos mi puerta de entrada?
—He esbozado una teoría; pero antes de seguir he de formularos una pregunta más, luego será mi turno.
—Luego no. Ahora —rebatió Sasuke, contundente—. Explícanos a qué te dedicas, dónde has ido esta noche y tu intervención en el asunto de los asesinatos. Y emplea palabras sencillas, para que el dobe lo comprenda. —Junto a él, silbó un bufido indignado—. Me prometiste esta conversación en cuanto corroborases tus hipótesis.
—Y lo cumpliré, tal y como cumplí mi anterior promesa, otouto. ¿A qué conclusión has llegado acerca de las desapariciones?
El Uchiha menor, no muy convencido, consintió en hacer un resumen de su investigación para los Números. Un relato corto, debido a la nula disposición natural de Sasuke a la conversación superflua y a los pocos datos trascendentes que había obtenido.
—El método es acertado, aunque los resultados son incorrectos. Nadie está matando a nadie —sentenció Itachi.
—¿Cómo lo sabes?
—Yo soy quien hace "desaparecer" esas almas.
88888888888888888888888
El vigilante aguardaba la salida de su objetivo, apostado entre las sombras ventosas del anochecer.
Transcurridas dos horas de tediosa espera, se iluminó el ventanuco encima de la puerta y unas figuras arropadas en capas grises emergieron al aire helado de la noche. Atisbó dentro de las capuchas una despeinada cabellera pelirroja, un mechón de largo pelo rubio y el destello del cristal de unas gafas; ellos no le interesaban, por ahora. Entonces lo enfocó: el cuarto. Un hombre de palidez cadavérica que portaba una bolsa al hombro y apuró el paso hacia el fondo del callejón. Los demás se perdieron en dirección opuesta.
Acomodó la gran mochila a su espalda y abandonó el escondite tras el hombre de piel blanca. El vigilante era un especialista en confundirse con el entorno, pero el que le precedía era una de las más retorcidas y astutas almas infernales.
El caminante pálido se detuvo a la luz de una farola, para retirar de su bolsa el aparato antes de continuar atravesando el distrito. Avenidas y callejuelas; túneles, pasarelas y parquecillos de arbustos nevados, el vigilante mantuvo el ritmo, conservando una prudente distancia y procurando no ser descubierto, hasta que la ruta lo condujo al portón de una imponente verja metálica.
Un bosque.
Habituado a aquellos recorridos inusuales, rescató las gafas de visión nocturna del bolsillo frontal de su mochila. Era noche cerrada. Los caminos enlosados que entrecruzaban la arboleda estaban alumbrados por faroles de gas, pero su objetivo era aficionado a desviarse de las sendas marcadas e internarse en la espesura.
El hombre pálido que iba al frente frenó a causa del fuerte pitido procedente del artefacto, apagó su linterna y tiró la bolsa al suelo. El artilugio en su mano brillaba con una fosforescencia verdosa. El vigilante se camufló entre los troncos de los árboles y aflojó las correas de la mochila a su espalda, sin sacar ojo de lo que sucedía. Rematada su misteriosa tarea, el otro punteó la pantalla del aparato y se dispuso a reanudar el trayecto.
El vigilante permitió que se alejase un poco el resplandor verde. Anduvo unos metros, tomó de la mochila un objeto metálico y lo depositó donde las huellas se marcaban más claramente. De inmediato, ubicó la luz verde zigzagueando en la oscuridad y volvió a seguirla.
Su singular travesía por el bosque se prolongó hasta la llegada del día.
A media mañana, el vigilante estaba tan ensimismado en su labor que las dos siluetas en el horizonte lo sobresaltaron. A él no lo detectaron, pero empezaron a correr detrás del hombre pálido que, al notarlo, aceleró su marcha para intentar escapar. Desconcertado, el vigilante se convirtió de golpe en perseguidor de los tres.
El más bajo de los desconocidos llegaba a desarrollar una velocidad impresionante y se esfumó, a la caza de su objetivo. El vigilante se centró en el otro hombre de capa oscura que había quedado rezagado, ahora solitario en medio de la nieve. Desistió de continuar y salió del resguardo de los árboles para enfrentarlo.
La mirada de reconocimiento y terror de aquellos ojos tan familiares, en el instante en el que su compañero reapareció y le dedicó un insulto peculiarísimo, lo paralizaron.
—¡Lo matarán! ¡Ellos lo matarán! —aulló Naruto, muerto de miedo, en dirección al vigilante—. ¡Vete Itachi!
8888888888888888888888888888888
—Días más tarde, se me reclamó en la pasarela, a solicitud de Naruto.
—¿Eras tú… todo este tiempo? —dedujo Sasuke, incrédulo—. ¿El criminal eres tú?
—¿Eh? —El rubio parpadeó repetidamente—. ¿Quién era el tipo del bosque? ¿Para qué servía ese aparato? ¿Y por qué vas por ahí ejecutando almas sin razón, Itachi-san?
—Yo no he matado a nadie… —El Uchiha mayor fijó la vista en su hermano y suspiró—. Al menos, desde que estoy aquí. Soy un vigilante nocturno; mi trabajo consistía en limpiar las calles antes del toque de queda, hasta que me ordenaron hacer un seguimiento en concreto.
—El hombre pálido. ¿Lo conocemos?
—Puesto que fuisteis tras él, creí que lo sabíais. Es Orochimaru.
Naruto se mostró atónito. En cambio, el rostro de Sasuke no se alteró.
—Lo imaginaba. ¿Es el causante de las desapariciones?
—No. Recorre la Ciudad realizando mediciones y anotando en su pantalla los puntos en los que el artefacto emite una señal sonora, y se reúne a menudo con antiguos miembros de Akatsuki y con Kabuto. Nada más.
—Vaya. Si no eres tú y tampoco es él, ¿quién es el culpable de esas muertes?
—No hay muertes, Naruto. Transporto en mi mochila las corazas y las pongo en esos sitios por orden expresa de los que llamas Números. Si se me agotan y las preciso con urgencia, debo quitárselas a alguien de las proximidades y la variedad de tamaños ha inducido a la creencia de que hay muertes indiscriminadas. Dado que en la Ciudad no hay un censo oficial de almas ni más medios de comunicarse que el "boca a boca" o los buzones, es difícil saber si esas almas desaparecen de verdad, salvo para los Números.
—Pero… pero… las agresiones son auténticas —replicó el rubio—. Un chico vio a través de la ventana cómo un hombre era atacado por alguien pálido y delgado. Sasuke y yo encontramos en el suelo su peto con un agujero encima del corazón.
—Esa noche andaba escaso de corazas. Un hombre se resistió a entregarme la suya y lo dejé inconsciente para trasladarlo a un lugar seguro. Perforé el metal con mi kunai, por si algún intrépido del prostíbulo se presentaba para capturar al supuesto asesino. No quería complicaciones y aquí se asocia ese orificio con una muerte definitiva; el temor haría que desistieran de rastrearme para regresar a la protección del burdel. Ignoraba que dormíais en el interior.
—A nosotros nos acojonaste, Itachi-san. Estuvimos a pocos metros de ti, de milagro no nos tropezamos.
—Me preocupa otro asunto —reflexionó Sasuke—. Los Números son tolerantes con Orochimaru; le suministran material para sus experimentos y aunque a veces lo encarcelan, sale al poco tiempo. Lo de las corazas abandonadas no es un secreto, probablemente ya sospecha que lo siguen. —Itachi asintió—. ¿Por qué no se le recluye y se le interroga directamente? Ser vaporizado constituye un futuro muy persuasivo a la hora de llevar a cabo un interrogatorio.
—No puedo proporcionarte respuestas, Sasuke, solo preguntas —declaró el mayor—. Los Números nos están usando: a mí para situar los puntos que Orochimaru graba en su pantalla, y a ti para confirmarlos y reforzar con tus averiguaciones el rumor sobre los asesinatos. De inmediato, cierran esas zonas para sembrar más pánico y evitar que la población se inmiscuya.
—¿Inmiscuirse en qué? Todavía no nos has expuesto tus conjeturas, Itachi. ¿Qué maquinan los Números? ¿Qué pretende Orochimaru?
—Creo que sé lo que buscan todos —dijo Naruto—. Una salida.
88888888888888888888888888888888
—¿No consigues dormir?
El pequeño de los Uchiha llevaba media hora revolviéndose entre las sábanas. Itachi orientó la cabeza desde el suelo hacia la cama de su hermano.
—Si es por lo que hemos comentado en el salón, olvídalo. Mi teoría es idéntica a la de Naruto, resulta inútil divagar más por hoy —prosiguió—. Mañana escucharemos a los Números y adoptaremos una decisión.
—No es eso.
—¿Es él?
—¿A qué te refieres?
—A diferencia de ti y de mí, Naruto Uzumaki es transparente. No ocultó su desilusión al enterarse de que me habían traído un futón y proyectaba dormir contigo.
—No estoy seguro de que se haya recuperado.
—Eso aclara tu inquietud, no la suya —puntualizó el mayor.
—Itachi…
—Tranquilízate. Comprendo el motivo por el que deseáis dormir juntos y no trataba de interponerme. Pensé que, en su situación, deberías consentir que descansase una noche. Ayer os soporté hasta que me derribó el agotamiento.
El impasible vengador del clan de los Uchiha enrojeció hasta las uñas de los pies y fue incapaz de articular palabra.
—Entre vosotros ocurrió algo grave antes de que yo llegase y no me ha cogido por sorpresa. Tu crueldad es letal, ten en cuenta que compartimos la misma sangre. Me da la impresión de que hoy os habéis reconciliado, pero anoche Naruto estaba muy dolido. Pese a ello, te empecinaste en dormir con él y casi entráis en combate, a juzgar por los sonidos de vuestro cuarto. Sin embargo, de madrugada no oí los típicos gritos o lamentos. La cercanía de Naruto elimina tus pesadillas, ¿no es así?
El más joven quedó boquiabierto. Por fortuna, había interpretado erróneamente la insinuación de Itachi con respecto al rubio. El Uzumaki desvanecía sus sueños angustiosos, pero su hermano había extraído de ello una deducción equivocada: Sasuke no dormía junto a Naruto para mantener a raya sus terrores nocturnos. Las razones de su poderosa necesidad mutua rebasaban la satisfacción física, aunque no pudiese explicárselas ni siquiera a sí mismo; no digamos a su, por una vez, excesivamente inocente hermano mayor.
—El dobe bloquea las pesadillas —ratificó—. No sé cómo lo hace. Para variar.
—¿Tan espantosos son tus sueños?
—Yo… estoy feliz de que estés aquí conmigo, nii-san… pero…
—Lo sé, no es lo que te he preguntado. ¿Deseas ir con Naruto ahora, Sasuke?
—Sí.
El más viejo se levantó del futón, prendió una vela y empezó a vestirse con ropa de calle.
—Acompáñame.
El menor lo imitó sin rechistar.
—Ese misterioso regalo de la Torre te causó mucho daño —añadió Itachi—. Lo leí en tus ojos. Es una suerte que Naruto sepa curar tu dolor mejor que nadie, otouto. Mi regalo será más modesto, uno de los lugares que he visitado esta noche.
"Te mostraré el origen de las pesadillas."
888888888888888888888888888888888888
En la soledad de su habitación, Naruto echaba en falta horrores a Sasuke. Su amigo no podía poner objeciones a compartir cuarto con su hermano, pero no por eso la propuesta de Itachi le había disgustado menos. Habrían de conformarse con los contados pedazos de intimidad que pudiesen arrancar para estar juntos y exprimirlos al máximo.
Exprimir. Bendito y jodido verbo que le colmaba el cerebro de pensamientos lascivos…
Resoplido. Resoplido. Resoplido. El frustrado Uzumaki le propinó unas pataditas al cobertor, creando hueco para airearse, hasta que fue refrescado por un soplo de viento real. Un peinado puntiagudo eclipsaba parcialmente la luz del pasillo, a través de la puerta abierta.
Vestido sin coraza y con dos capas en las manos, en lugar de enfilar hacia Naruto (como era su deber) para enjaularse entre sus brazos, el Uchiha le tendió uno de los abrigos peludos:
—Vístete y ven.
El rubio obedeció, mudo de asombro.
Los dos ninjas salieron del apartamento, entraron en el ascensor y ascendieron hasta el rellano del último piso. Ocho pasillos sinuosos más tarde, se encontraban ante la recia puerta metálica que custodiaba el ático del edificio. Solía hallarse cerrada a cal y canto, pero los Uchiha eran muy hábiles despejando de su trayectoria los obstáculos impertinentes.
La pequeña sala carecía de muebles, su tenue luz ambiental provenía de lámparas incrustadas en las esquinas. La pared de ventanales frente a ellos hacía las veces de mirador hacia el exterior y Naruto se aproximó a las cristaleras, atraído por la oscuridad salpicada de motitas brillantes.
Y descubrió…
—Lo que provoca las pesadillas —susurró Sasuke, a sus espaldas.
888888888888888888888888888888
La visión sobrecogedora le arrebató el aliento. La Ciudad a esa altura era indescriptible.
Se encontraban por encima de la tupida masa de nubes, un mar negro más denso que el infinito sobre él. Manchas iridiscentes de color parpadeaban en sus profundidades, pero lo que Naruto admiraba fascinado eran las agujas que sobresalían de la superficie de ese océano, como velas puntiagudas de barcos entre la niebla: las cimas de los rascacielos, coronadas por antenas cubiertas de luces azuladas. Desde el suelo no se distinguían, a causa de la eterna neblina.
—En este edificio hay una. —Sasuke apuntó a una portezuela lateral en la pared—: De ahí parte la escalerilla que conduce arriba. Mi hermano supone que nuestros cuerpos son los receptores de la señal y los Números poseen algún medio de aminorar su intensidad en función de nuestro comportamiento, para poder reducir la frecuencia de las pesadillas o suprimirlas.
Naruto adhirió las palmas de las manos a los cristales helados y le sobrevino un escalofrío que lo indujo a cerrarse la capa, traída a instancia del previsor Uchiha.
—¿Te gusta?
El rubio sacudió la cabeza, embobado por la imagen, y Sasuke sonrió para sus adentros. El dobe era un niño, siempre ilusionado por las cosas más tontas.
Naruto se dio la vuelta, y se observaron en la penumbra hasta que aferró al otro por la capa y lo llevó hacia sí. No fue un beso profundo, solamente un roce cariñoso de labios. Sasuke cerró los ojos hasta que se separaron.
—Es aquí —confirmó Naruto, en un tono apagado que al Uchiha lo dejó perplejo—. Aquí tengo que contártelo. He alcanzado la línea que divide el cielo del infierno y si no, perderé el valor.
—¿De qué hablas?
—Gaara me aconsejó que callase.
Naruto rehuyó la mirada negra y regresó sus ojos a la Ciudad nocturna. La indagación a su lado fue ácida:
—¿Esa gloriosa noche en la que os estuvisteis manoseando, hubo más que yo no sé?
—No. Delante de las antenas con las que os torturan, te confesaré lo que me tortura a mí. Mi pesadilla.
—Te escucho —concedió Sasuke, comprendiendo, y enfocando la vista más allá del vidrio. Hacia un campo de batalla cercano a Konoha.
La noche de su muerte.
88888888888888888888888888888
Cuando Naruto concluyó, violentos temblores convulsionaban su cuerpo. El Uchiha, por su parte, creía que lo había atenazado por la nuca una mano de hielo.
—Sasuke…
No obtuvo contestación.
—¡Por favor, ódiame, descarga tu rabia, desahógate! ¡No te lo guardes! ¡Sasuke…!
Este era una máscara gélida. La cara del rubio estaba bañada en lágrimas.
—Dicen que viajé muchos kilómetros… contigo en mis brazos. Y no me acuerdo. No me acuerdo de nada. Al llegar a Konoha, no soportaba la idea de que te metiesen… no podía permitir que… —Naruto se secó una mejilla con los nudillos—. Cometí un sacrilegio inexcusable. Robé tu cuerpo, lo trasladé a aquel sitio y usé mi chakra hasta que… se consumió… Desapareciste y después… después yo también pensé en…
Se abalanzó sobre Sasuke y lo abrazó con desconsuelo, sin importarle que no le correspondiera.
—Si Sakura no te lo hubiese impedido, ¿lo habrías hecho? —La pregunta del moreno se oyó hueca contra la tela de su hombro.
—Sí.
El Uchiha se desembarazó de Naruto de un tremendo empellón, sus rasgos desfigurados por el miedo y la impotencia.
—¡¿Cómo pudiste?! ¡Ibas a morir por mí! ¡Maldito cabrón, hijo de puta! ¡¿Cómo pudiste?! ¡Yo ya estaba muerto! ¡Ibas a traicionarme! Ibas a traicionar a Sakura, a Kakashi, a… ¡Ibas a abandonarnos a todos!
Se arrojó sobre él y lo alzó en vilo por el cuello de la ropa con ambas manos, bramando de cólera:
—¡Miserable cobarde! ¡Tu vida era lo único que me importaba! Lo único que me… quedaba…
La voz serena de su hermano retumbó en sus oídos:
Ponte en el lugar de alguien que no seas tú, por una vez en tu vida.
Se situó a sí mismo en el lugar de Naruto.
Lo vio morir.
Cargó con su cuerpo inerte de vuelta a Konoha…
Conmocionado, soltó el cuello de la capa del Uzumaki y evitó su caída, apretándolo contra él. Le aseguró que lo perdonaba, que lo perdonaba, que lo perdonaba, que lo perdonaba…
Ambos cayeron al suelo de rodillas y abrigó la cabeza rubia contra su pecho para acoger sus estremecimientos silenciosos. Gradualmente, Naruto se fue relajando en el arrullo de la voz grave y acariciadora del Uchiha, que lo abrazaba con fuerza y le repetía incesantemente que lo perdonaba.
Al cabo de media hora, los ojos secos, se pusieron en pie y bajaron al apartamento. En la habitación, se desnudaron sin encender la luz y se introdujeron en la cama, buscándose con anhelo en la oscuridad, enredando sus cuerpos, hallando en el otro el refugio que necesitaban, para quedarse dormidos en el mismo segundo.
888888888888888888888888888
A la mañana siguiente, unos golpes atronadores en la puerta del cuarto hicieron que rubio y moreno desligasen su tibio abrazo y culebrearan en direcciones contrarias. El Uzumaki se acurrucó en un extremo de la cama, en tanto que el Uchiha se levantó y pescó sus pantalones del suelo.
Itachi sostenía un puño en el aire y una ceja en alto, en el momento en el que su despeinado y mal encarado hermano pequeño casi desencaja la madera de sus bisagras.
—¿Qué? —ladró Sasuke, resoplando para apartar un mechón de pelo insolente que le estorbaba la visión. Su resoplido detonó como un disparo.
El otro recolocó la ceja y se adentró en la habitación con su perenne calma.
—No os acompañaré a la hora de comer.
—¿A dónde vas?
—Fuera. Preguntas demasiado, otouto.
—No me digas… —El menor se cruzó de brazos—. Y tú respondes poco.
—No hay misterios en esta ocasión. Salgo a despejarme y no me alejaré del apartamento.
Sasuke echó un vistazo de reojo al hombre rubio que se desperezaba aparatosamente a su espalda y volvió a ensartar con sus ojos afilados a Itachi.
—Sé prudente, nii-san; detesto no saber a qué atenerme. Y no te retrases mucho.
—Entraré por la puerta antes de la visita de los Números. Tu amiga os comentó que nos sorprenderían ingratamente antes del atardecer.
El mayor se marchó y Sasuke aprovechó para agacharse a recoger el resto de su ropa esparcida por el suelo.
—Estás muy gracioso al despertar. Pareces un erizo cabreado.
El erizo fulminó a Naruto con una mirada venenosa. Las ofensas a su hermoso pelo merecían un castigo atroz y despiadado.
—Me ducharé en mi cuarto —anunció cruel, con el bulto arrugado bajo el brazo.
—¿Quieres que te acompañe?
La oferta se estrelló de pleno contra la libido de Sasuke. Esa entonación ronca solo se manifestaba cuando el Uzumaki estaba muy enfadado… o muy caliente.
—Báñate solo, dobe, y espérame —Sasuke anduvo hasta la cama y aplastó la nariz tostada con el dedo índice— justo aquí.
Los ojos azules centellearon.
—¿"Justo aquí" es mi cama?
—Sí.
—¿Vestido?
—No.
—¿Mojado?
—Sí. —Pausa—. En parte.
Naruto alargó el cuello, atrapando el dedo pálido con los dientes para arañarlo provocativamente con sus filos, desde el segundo nudillo hasta la punta.
—Diez minutos a partir del portazo de despedida de Itachi —advirtió, sin perder su erótica tonalidad ronca—. Diez minutos, o voy a por ti.
888888888888888888888888888888
El Uzumaki aguardaba recostado contra las almohadas de su cama, las manos bajo la nuca y las piernas cruzadas. Su erección saludó alegre a Sasuke, bajo la toalla.
—Traes los pantalones puestos, teme.
—Yo también creo haberte dicho que te desnudaras. Ahora cierra esa bocaza, usuratonkachi. Hasta que te ordene que la abras.
—Tú mandas.
Sonriendo con picardía, llevó los dedos a la cintura y fue separando los faldones de algodón, como si desenvolviese un regalo. Finalmente, desplegó por entero la tela y Sasuke contempló la carne dura y reluciente en su nido de vello rubísimo. Caminó hacia la cama y al Uzumaki se le aceleró la respiración. Su amigo se subió de un salto limpio al colchón y anticipó un placentero futuro.
—Enséñamelo. Todo.
Accedió, elevando las rodillas y abriendo sus muslos para que Sasuke se recreara. Arrodillado entre sus piernas, se dobló hacia adelante y su lengua se deslizó caliente desde la punta hasta la base. Bajando un poco más, se metió uno de los suaves testículos en la boca, lo que hizo a Naruto sisear y apretar los dientes, mientras el Uchiha alternaba derecha e izquierda, lamiendo en círculos.
Sin previo aviso, rodeó el contorno de la erección y resbaló hacia arriba, sorbió muy despacio la humedad del glande, delineó la ranura en el extremo y fingió penetrarla con la punta de su lengua.
—¡Ah! Sasuke. —Naruto respingó—. No sé que coño haces, pero qué bien lo haces.
—Todo lo hago bien.
El moreno mostró su habitual sonrisita sarcástica, antes de abrir los labios con lenta deliberación y acoger entre sus mejillas la carne tersa, haciendo que el otro gruñese de gusto. Fue engullendo toda la longitud hasta que no quedó un centímetro fuera de su boca y comenzó a succionar con voraz apetito.
El Uzumaki estaba en la gloria. El placer lo envolvía, tal como hacía su afanoso amigo con su miembro duro, que palpitaba, goteaba y vibraba sobre su lengua.
—Ah… Sigue así… —rogó—. Es increíble cómo te la tragas…
El rubio tomó la nuca de su amigo y la impulsó gentilmente contra él, aunque su pudor menguó, a medida que sus exigencias crecían. Sasuke no emitió un sonido de protesta, ni hizo amago de resistirse. El ritmo aumentó con su ayuda, de modo que el Uzumaki notó cómo era recibido con más hambre a cada embestida.
—Sasuke, jo… der. Te estoy follando la boca —gimió.
Sabiendo que se lo permitiría, no tardó en correrse con una violencia bestial dentro de la garganta del Uchiha, que devoró con entrega lo que se le ofrecía.
Al concluir los espasmos, el moreno abandonó el miembro saciado y esbozó otra sonrisita suficiente.
—Menos de diez minutos, qué patético eres, dobe. Si no ha sido nada…
—Me has comido la polla con tal ansia, que casi me quedo sin ella. No lo consideraría "nada"… —Naruto le removió el pelo cariñosamente y el Uchiha respondió arrugando la nariz, antes de arrearle un manotazo.
—No seas susceptible y ven aquí.
El moreno gateó hacia arriba y las bocas se buscaron. El sabor era raro pero no desagradable, y además Sasuke besaba de una manera sucia y perezosa que al Uzumaki lo derretía. Su mano bajó a oprimir la insatisfecha erección de su amigo.
—Naruto, para. Deja de tocarme o harás que me corra.
El rubio rió y alejó sus dedos perversos, aunque se puso a mordisquearle la oreja, estrechándolo más contra su cuerpo sudado y caliente.
—Te toca, Sasuke —ronroneó en su oído—. ¿Quieres follarme?
Al Uchicha le rebulló la sangre entre las piernas.
—Sí. Pero…
—¿Pero?
—Lo que estuviste a punto de… —musitó—. No sucederá. Pase lo que pase. Jamás.
—No me apetece hablar de eso. —Naruto se retiró de su oreja, molesto—. No es momento.
—¡Prométemelo!
Sasuke se había echado hacia atrás, instalándose a horcajadas sobre su cintura y perforándolo con sus ojos negros. Su firme e insondable tristeza hizo sucumbir al rubio.
—Jamás —aceptó, conmovido—. Te doy mi palabra.
Entonces el Uchiha cayó sobre él. Naruto lo abrazó muy fuerte, giró hasta tenerlo debajo y se entregaron al beso, frotando sus erecciones con la impaciencia del instinto. Sus salivas se mezclaron y las bocas se apresaron, hambrientas.
El moreno, sumergido en el calor de Naruto, musitó entre beso y beso:
—Hazme… pagar…
—¿Qué?
—Tu sufrimiento. Cuanto te ha ocurrido. Haz que lo pague. —El aliento de Sasuke rozó sus labios enrojecidos—. Haré lo que me pidas, lo que sea. Accederé a cualquier cosa por retorcida o dolorosa que resulte. Y estaremos en paz. Solo así empezaré a pensar en mí mismo.
En paz —se dijo el Uzumaki. ¿Acaso podría el más exquisito de los placeres extirpar del interior de Sasuke la culpabilidad y la pena? De ser así, tal vez sus actos también servirían para purificarlo a él.
—Solo si luego soy yo quien paga por sus errores. ¿Aceptas?
El Uchiha cabeceó afirmativamente, los ojos llameando. Tras un suspiro y un nuevo beso, el rubio brincó de la cama, abrió el armario, removió dentro y regresó con un pequeño objeto oculto entre sus manos.
—Me moría por probarlo desde que lo saqué por casualidad —informó, recuperada la sonrisa—. Al principio no te gustará, pero la etiqueta dice que más tarde mejora… un poco.
Empujó a un petrificado Sasuke hasta tumbarlo, y fue descendiendo a besos y chupetones sobre su cuerpo. Con aparente indolencia, enganchó el borde de los pantalones y tiró hacia abajo. La erección, púrpura y perlada de gotas en el extremo, rebotó frente a su cara.
—Estamos que explotamos, ¿eh, teme?
Sasuke gruñó y pataleó para acabar de desvestirse. Naruto cogió el tubo de lubricante, y una porción de gel verdoso del tamaño de un guisante descansó sobre la yema de sus dedos.
—Lubricante de menta. Veamos si es tan maravilloso como asegura.
Las piernas esbeltas se abrieron al máximo y el miembro latió a la vista.
—Ve despacio. He oído que es muy…
—…intensa. Tranquilízate, Sasuke, la etiqueta dice que únicamente afecta a las mucosas. Mis delicados deditos están a salvo. Pero tu culo no.
El rubio masajeó la carne suavemente, untando los pliegues con mimo. Sasuke tragó saliva, ante la sensación. Fría al inicio, la sustancia fue acentuando su efecto con un incremento bestial de temperatura. El escozor no cesaba de crecer, la quemazón se fue acrecentando sin darle tregua, hasta convertirse en dolor puro.
—Mmm…
Los espasmos y las sacudidas involuntarias de las piernas del Uchiha excitaron a Naruto como nunca. Trataba de contener sus movimientos y de ahogar sus gemidos, pero no era capaz. Y ese puntito recóndito del rubio que todavía conservaba algunos atisbos de oscuridad lo estaba disfrutando tanto…
El moreno prefería mil veces el dolor a la vergüenza. Luchó encarecidamente por no exteriorizar en su rostro aquel dolor punzante y terrible. Pero el Uzumaki no admitía negativas y pegó su cara a la suya, mientras Sasuke resguardaba su humillación escondiéndose tras los párpados cerrados.
El susurro fue dulce:
—Abre los ojos. —Sasuke parpadeó, minúsculas lágrimas brotaban de los márgenes—. Necesito más.
—Sí.
—¿Puedo?
—Sí. Lo que quieras. Te lo he… dicho… ah… —El Uchiha estaba sufriendo una agonía deliciosa.
Volvió a embadurnar sus dedos y se introdujo hasta donde fue capaz. Un jadeo violento y un quejido agudísimo lo alentaron, y ahondó más.
Y más. Y más todavía. Más adentro. Más fuego. Más dolor. Se acostó sobre el moreno y le tomó las mejillas con las manos para besarlo en profundidad. Investigó cada rincón de la boca contraria y cosquilleó su paladar. El otro, ebrio de delicioso sufrimiento, lo ciñó con brazos y piernas. Sus ondulaciones eran inconfundibles.
Quería que se lo follase. Justo lo que tenía intención de hacer.
—Si usas un condón no te arderá —jadeó Sasuke, al notar a su amigo apoyado contra él.
—¿Y si no lo uso?
—¡AGHHHHH!
Acababa de adentrarse en él. Nada más entrar, comprendió a la perfección lo que estaba soportando el moreno. Era como bucear en el interior de un volcán. Tan apretado, tan estrecho, literalmente hirviendo…
—Oh, mierda, sentir esto dentro del culo tiene que ser… oh… debes de estar muriéndote de gusto.
No había oído gritar así al Uchiha en su vida, pero sus gritos se aunaban a los suyos. Itachi estaba lejos e iba a obligar a Sasuke a gritar hasta que se le desprendiesen las cuerdas vocales. Sus caderas, dándose impulso una y otra vez, los transportaron al borde del orgasmo a velocidad de vértigo.
El Uzumaki alargó el brazo y atrapó de nuevo el tubo. Sin dudar, aplicó un poco de gel al glande hinchado que golpeteaba contra su barriga, introduciendo con suavidad una pequeña cantidad por la hendidura húmeda y la restregó con ferocidad, al tiempo que se empujaba muy hondo, muy profundo, muy dentro de Sasuke. El alarido arrancado de los labios del Uchicha fue desgarrador y unos chorros cálidos comenzaron a empaparle la mano.
Naruto se corrió tan intensamente como si lo que escapase de él no fuese semen, sino buena parte de su alma.
88888888888888888888888888888
—¡Sasukeeeeeeeeeee…! Llevas dos horas peinándote. Tengo hambre, vengaaaaaaaaa…
Los estridentes y muy poco sensuales berridos, desde la distancia, perforaron los tímpanos del Uchiha que remataba sus arreglos en el baño. Al pasar por la habitación lo asaltó un pensamiento fugaz, y antes de acudir a la llamada resolvió hacer una paradita en el armario.
—No han sido dos horas, usuratonkachi —refunfuñó, entrando ceñudo en la cocina.
—Pues una. Anda, siéntate; el ramen está listo.
Sasuke suspiró y se resignó a ingerir una larga porción de fideos grasientos como único desayuno, hasta que otra clase de alimento más nutritivo atrajo su atención. Naruto andaba a la captura de una cuchara grande en uno de los cajones de abajo. La tela de las yukatas que ambos llevaban moldeaba perfectamente sus nalgas.
El moreno inspiró hondo. Iba a esperar a que acabasen de comer, pero las circunstancias se lo estaban poniendo en bandeja. Se levantó y se aproximó a su amigo por la espalda.
—Ya está —declaró triunfante el rubio, que iba a girarse con un cucharón en la mano.
Los brazos posesivos a su alrededor y un beso abrasador en su nuca lo tomaron por sorpresa. El metal tintineó por el suelo, y Sasuke arrastró al rubio hasta la mesa, donde humeaban los tazones de ramen. Sin pensárselo, barrió los recipientes con el brazo, alzó el cuerpo del otro y lo sentó encima de la tabla. Naruto, gratamente sorprendido por el arranque pasional, tenía unos ojos como platos.
El moreno desanudó rápidamente las dos batas y reanudó su asalto. Mordió, chupó y arrasó la boca ajena, el largo cuello, las orejas, todo lo que estaba a su alcance, refregando sin contemplaciones su erección desnuda contra la que ya se había erguido entre las piernas de Naruto. Su decisión era implacable, pero de pronto el Uzumaki comenzó a oponerse y el Uchiha, preocupado, se detuvo.
—¿No quieres? —La decepción empañaba sus ojos.
—Sí, pero fingiré que no… —Naruto devolvió otro beso, antes de explicarse—: La noche que me inmovilizaste para que no hurgase en tu mochila y ayer cuando me sujetaste frente a la ventana… tenías la polla dura como una roca, teme.
Sasuke se mordió el labio inferior.
—Soy uno de los ninjas más poderosos que existen —prosiguió el rubio—. Por eso te calienta tanto que me niegue y me resista. Te pone cachondo someterme. Te excita tratar de doblegarme, ¿verdad?
—Sí. Pero no me gusta hacerte daño y sabes que la primera vez lo haré, si soy demasiado brusco. ¿Aún deseas continuar a mi modo?
Naruto le echó los brazos por el cuello.
—Joder, ni lo dudes. Cada vez eres más osado, me vuelves loco. Ayer, al ver cómo te sentabas encima de mí y te preparabas antes de clavártela, por poco me corro yo solo. Te lo juro, tenerte abriendo el culo para mí, metiéndote los dedos y gimiendo…
—Cállate, usuratonkachi.
—Y tú fóllame, Sasuke —exigió el Uzumaki, adelantándose y tirando del labio inferior del moreno con sus dientes afilados—. Fóllame de una puta vez. Llevo demasiados años esperando.
El Uchiha creyó que iba a reventar. Bajó a su amigo de la mesa y lo puso boca abajo. El rubio se revolvió en un intento de liberarse, pero las manos pálidas le sostuvieron la espalda recta para mantenerlo completamente apretado contra la madera.
—Estate quieto…
La resistencia del Uzumaki no era tan ficticia, se encogía como una serpiente y tuvo que hacer grandes esfuerzo para evitar que escapase. Al levantar la tela de la bata, lo obligó con muchas dificultades a inclinarse más y tuvo a su alcance por fin lo que tanto deseaba, aquel culo tan suculento. Usó el peso de su cuerpo para impedir más movimientos, y con una mano sacó del bolsillo el tubo de lubricante de fresa que había robado del cuarto. A ciegas, palpó y ubicó el sitio correcto para penetrar al rubio con los dedos. Los hundió y fortuitamente acertó de lleno en la próstata, lo cual le permitió vencer a Naruto al primer contacto.
Este gimoteaba y creyó que las piernas no lo sostendrían. Suspiró sobre la mesa y se permitió gozar sin trabas de las bruscas manipulaciones en su interior, sintiéndose obsceno, caliente y sometido por completo. El futuro Hokage de Konoha, el Gran Naruto Uzumaki, el valiente héroe de la Cuarta Guerra Ninja, con la mejilla aplastada contra una tabla de madera pringosa de caldo de ramen, ahora solo era el jodido agujero de Sasuke Uchicha.
—Siénteme, Naruto. Siénteme dentro de ti… ahora.
El agarre férreo de Sasuke era implacable, le dio un suave golpe con la rodilla a ambos lados para que abriese más las piernas y empezó a hundirse dentro de él. El Uzumaki notó una sensación de presión extraordinaria e incómoda al principio, pero aquello que trataba de entrar era Sasuke. La polla de Sasuke, la carne de Sasuke. Gruño, jadeó y corcoveó como una yegua siendo montada; el moreno entre tanto le estaba lamiendo la espalda, pellizcando las tetillas duras y sensibles con las yemas de los dedos y llenándose las manos con los músculos perfectos del pecho y los hombros. Todo ello mientras trataba de profundizar al máximo en el cuerpo de Naruto.
El rubio escuchaba suspirar, jadear y gruñir al Uchiha, a quien el papel dominante le sentaba como un guante. Y Naruto, nada acostumbrado a capitular ante otros, allí doblado por la cintura contra una mesa, indefenso, con el culo abierto y una polla enorme abriéndose camino dentro y fuera de él, estaba excitado hasta lo indecible. Seguro que no era la manera más romántica de perder su "virginidad", pero a la mierda con el romance. Quería a Sasuke en su interior. Siempre dentro de él. Todo lo dentro que pudiese llegar y más.
—Naruto, te estoy…
—…follando por el culo contra la puta mesa de tu cocina. Y tenías razón… oh, joder… se siente inmensa… tu polla se siente… la noto tan… dentro…
Sasuke empujaba más y más, jodiendo más duro, más profundo aquel culo cálido, ajustado, maravilloso y suyo. Suyo, porque Naruto era suyo… Cada rincón de su cuerpo le pertenecía. Su vida le pertenecía.
Y él pertenecía a Naruto. La cabeza le daba vueltas. A punto de colapsársele la razón, aquel pensamiento lúcido y cristalino se le incrustó en el cerebro como un pedazo de vidrio roto.
El rubio explotó a gritos contra el lateral de la mesa, mientras Sasuke se hundía hasta lo más profundo de su amigo, antes de estallar también en su interior.
Inmersos en sí mismos, ninguno se había percatado de que la puerta de la cocina llevaba al menos diez minutos abierta de par en par.
Y el semblante inexpresivo de Itachi Uchiha los observaba desde el umbral.
