¡Aquí os dejo con el segundo capítulo! No sabía muy bien cómo iba a quedar el segundo capítulo, pero vuestros comentarios me han animado a seguir. En este capítulo expongo un caso en el que trabaja el nuevo equipo de Lisbon. Creo que os gustará, especialmente el final porque vais a ver el rumbo que va a tomar un poco la historia. Espero que os guste ;)

-Vamos Teresa, que comience la acción.

Oigo la voz de Richard Medi, mi jefe, con su acento marroquí desde el otro lado del pinganillo que llevo en el oído. Estamos en Los Ángeles, en un nuevo caso. Tengo delante al agente del FBI al que estamos investigando. Nos llegó a nuestra oficina una denuncia por parte de sus subordinados acusándole de aceptar sobornos de peces gordos a cambio de que algunas acciones que habían cometido, totalmente ilegales, por supuesto, no aparecieran en sus historiales y no llegaran a juzgarse. Desde multas por conducir bajo los efectos del alcohol hasta sospechosos de un asesinato. Según sus trabajadores ha llegado hasta a cerrar un caso de homicidio sin encontrar al asesino porque un millonario hizo un 'trato' con él. Al no haber estado nunca antes en Los Ángeles, me propusieron hacer de cebo en este caso. Los cebos somos los que tratamos de hacer hablar al objetivo, en este caso el agente especial Michael McOwell, hasta que se descubran a sí mismos y el delito que están cometiendo, en este caso la corrupción. Es lo prácticamente lo mismo que hacía antes en la brigada, pero el añadido ahora es que no trato de hacer confesar a un sospechoso cualquiera, sino a un agente de la ley, y que tengo que actuar. Sí actuar. Puede que parezca una estupidez hacerte pasar por la señora Richards, una millonaria sospechosa de haber matado a su criada por haberla pillado robando una de tus carísimas joyas de más de setenta mil dólares, como es mi caso ahora, pero resulta hasta divertido. Por eso Medi me quería para este trabajo, he estado trabajando desde hace años con todo tipo de delincuentes, desde narcotraficantes de la calle hasta millonarios, y eso me serviría para casos como estos, en los que tendría que simular ser uno de ellos.

Es mi primer caso como cebo principal y no me está yendo nada mal. Hemos comenzado con el caso esta misma mañana, simulando una escena de un crimen en una casa enorme de la cual el agente que tengo delante solo ha visto fotos. Ahora ya es más de medio día y me han traído a la oficina para que me 'interrogara' el oficial que tengo delante.

Bueno, continuemos con el show.

-Vamos, Michael- le digo.

-Llámeme señor McOwell, por favor señora Richards.- se limita a decirme. Este agente es un mezquino que no pone interés en su trabajo, por simplemente tener un alto cargo en el FBI de Los Ángeles se cree que su trabajo está hecho. Su jefe le está viendo al otro lado del cristal polarizado de la sala. Está al tanto de la operación. A pesar de esto, también grabamos a McOwell para que pueda ser juzgado y no solo suspendido.

-Vamos, Michael.- repito. He tratado con millonarios que piensan que por el simple hecho de tener dinero son más poderosos e importantes que tú y que pueden hacer los que les plazca, asique, este es mi comportamiento ahora, le muestro el poder que tiene un millonario desobedeciéndole- Mi criada es… Perdón, era una inmigrante sudamericana. De México, creo, que no tenía familia. Nadie la echará de menos, no perdamos el tiempo en esto.

-Señora Richards, yo solo me limito a hacer mi trabajo.- me responde, sin levantar la mirada del informe de la escena del crimen.

No sé cómo este tío ha llegado a oficial. Tiene cuarenta y cinco años, se supone que unos veinte trabajando para el FBI, y no tiene idea siquiera de interrogar. Prácticamente le he insinuado que fui yo, con esa indiferencia ante la muerte de un ser humano, y se limita a decirme que es su trabajo, no trata de sacarme una confesión o algo parecido. ¿Qué más pruebas contra mí que el hecho de que haya muerto en mi supuesta casa, asesinada con uno de mis cuchillos de cocina y cuando la víctima tenía uno de mis collares valiosísimos en la mano? Cualquiera hubiera atado cabos.

-¿Conoce usted a alguien que tuviera motivos para matar a la señorita García?-Me pregunta, levantando por fin la mirada del informe.

-No… No solía salir de casa. No tengo ni idea de quién lo ha hecho, pero se lo merecía si iba robándoles joyas valiosas a mujeres como yo.- le digo, apoyando el codo izquierdo en el respaldo de la silla y mirándome las uñas postizas de la mano derecha que me han hecho ponerme esta mañana.

-Deja de pavonearte Teresa.- de dice Medi a través del pinganillo- Estás sobreactuando. Se paciente y sigue el guión. Acabará cantando.

En ese momento entra uno de los chicos que trabaja para McOwell y que se ha compinchado con nosotros para tratar de acabar con la injusticia que está viviendo su oficina. Este chico le entrega a McOwell un documento que dice que en el arma homicida tenia una de mis huellas.

-Gracias Max.- Le dice al chico, que no le responde, solo asiente resignado, pone los ojos en blanco y sale de la sala. Su reacción es normal, porque si a este capullo le importaran sus trabajadores, sabría que no se llama Max, sino que su nombre es Peter. Cada vez me cae peor. Empieza a leer el informe frunciendo el ceño.

-Según esto señora Richards, una de sus huellas estaba en la hoja del chuchillo que mató a su criada.- dice sonriendo. Se ha encontrado una vez más el trabajo hecho y sonríe porque hoy podrá irse antes al bar con sus colegas a tomarse unas cervezas, el muy cabrón.

-¿¡Qué!? Oh, no. Tiene que haber algún error Michael.

- No señora Richards, este informe es totalmente claro. ¿Hay algo que quiera contarme?- por fin pone interés en su trabajo.

Vale, es ahora cuando tengo que mostrar la debilidad de una idiota millonaria que se ve atrapada y que no podrá salir de esta, que la han pillado y que irá a la cárcel. Primero bajo la cabeza mirando hacia el suelo, me tapo la cara con las manos y empiezo a fingir sollozos agudos. Las lágrimas empiezan a acumulárseme en los ojos gracias a las gotas de Vicks Vaporub que me he echado antes en las manos.

-¡No fue mi culpa Michel! Fue un impulso. La pillé robándome algo que mi marido George me regaló por nuestro aniversario. ¿Qué voy a hacer ahora? ¿Quién cuidará hora de nuestros tres hijos? George siempre está fuera por negocios. ¿Qué será ahora de mis pequeños, Michael?- Digo, aparentando una mujer totalmente desconsolada.

-Un momento, ¿su marido es George Richards?- me pregunta incrédulo, acercándome una caja de pañuelos.

-Sí, ¿Lo conoce?- digo, cogiendo uno y secándome las lágrimas de las mejillas

Claro que lo conoce, esta mañana ha leído un periódico falso que hemos elaborado en nuestro equipo que dedicaba un artículo entero a alabar al supuesto señor Richards por el éxito de sus negocios internacionales. Ese artículo también decía que George Richards estaba incluído entre los 100 hombres más ricos de América, según la revista Forbes.

Yo, por mi parte, espero a que muerda el anzuelo con más sollozos y lágrimas. McOwell mira a su alrededor, aparentando que no quiere que nadie más escuche lo que me va a decir, después se inclina sobre la mesa y empieza a hablarme en voz algo más baja, pero no lo bastante como para que nuestros micros no lo capten.

-Tranquila señora Richards, creo que si hablo con su marido, él y yo llegaremos a un acuerdo.

-¿Cómo que a un acuerdo? ¿Podré llamar a un abogado o algo así?- le digo simulando incomprensión.

-No, no señora Richards. Algo que tiene que ver más con lo… económico.

-Vale Teresa, último toque y es nuestro.- me dice Medi por el pinganillo.

-¿Cómo? ¿Dinero?

-Sí, se podría decir que si su marido y yo llegamos a un trato económico, podríamos cerrar el caso sin más, al fin y al cabo, tanto usted como yo sabemos que es una pérdida de tiempo.

-Pero. ¿Eso es legal, Michel?

-No, pero nadie puede por qué enterarse. Al fin y al cabo ambos salimos ganando con ello.

-Es nuestro Teresa, vamos a entrar.

-¿Y si lo denuncio a sus superiores?- le digo, jugando un poco con él, aunque no estaba en el guión.

-Sería la palabra de un oficial del FBi contra la de una sospechosa de asesinato.

-Y contra la nuestra, capullo.- dice mi jefe Medi, entrando a la sala acompañado por el superior de McOwell, el cual no acaba de procesar lo que está ocurriendo.

-Vas a pasar un buen tiempo a la sombra Michael.-le dice

Cuando miro a Michael tiene la misma expresión que un niño cuando lo pillan robando del tarro de las galletas, con una mordisqueada en la mano y con toda la boca llena de migas, llorando y diciendoque no ha sido él. Medi se me acerca y me estrecha la mano.

-Buena actuación Teresa, tengo que felicitarte.

-Gracias jefe.- le digo sonriendo

-Venga anda, límpiate esas lágrimas de cocodrilo y volvamos con los chicos.

Le obedezco y me levanto de la silla, intentando mantener el equilibrio en los tacones de multimillonaria en los que me he tenido que subir. Le decico una última mirada a McOwell antes de salir de la sala. Se está frotando las sienes con los dedos pulgar e índice de una mano mientras su superior le dice que está suspendido por un tiempo indefinido, que le entregue el arma, la placa y todo eso. Lo típico.

Y este es nuestro trabajo, recibimos denuncias de este tipo de acciones ilegales a nuestra oficina. Esas denuncias las suelen elaborar miembros de equipos que se sienten impotentes al no poder hacer nada ante dichas acciones corruptas de sus superiores. Es entonces cuando hacemos una investigación durante varias semanas a esa persona, investigamos todos sus movimientos, acciones y vida personal y elaboramos un plan en el cual participamos una o dos personas del equipo como cebo. Esta vez ha sido la primera que me ha tocado de cebo principal, es decir, hasta antes había hecho de cebo de apoyo actuando como sospechosa número dos o como familiar de la víctima cuando los tipos a los que investigábamos eran más listos e inteligentes que McOwell. Este caso ha sido más fácil y rápido. Ahora mismo estamos en Los Ángeles pero hemos llegado a estar en Nueva Jersey, Atlanta e incluso Washington. Es una locura, llevo sólo seis meses en este equipo y ya me he recorrido medio país.

Cuando entramos en la oficina que los agentes de McOwen nos han prestado para establecer nuestra centralita, la primera que me recibe es Cathy con un abrazo.

-¡Muy bien mi niña! Tu primer caso como cebo principal y consigues una buena confesión.

Cathy es quien me ha disfrazado de millonaria. Tiene el mismo acento marroquí de Medi. Es un poco más bajita que yo, con el pelo corto y negro y tiene un tono de piel algo más oscuro que el mío. Yo para ella soy como la hija que siempre quiso tener, aunque resulta irónico porque solo nos llevamos unos tres años. Yo a ella la considero más bien como la hermana mayor que nunca tuve. Cathy es una gran mujer, muy profesional en su trabajo y con un sentido del humor que me encanta y que según ella gusta a pocos. No es que haya tenido grandes amistades en mi vida, pero entre cathy y yo se ha creado un vinculo extraño en los últimos meses que me hace considerarla como una de esas amigas que se cuentan con los dedos de una mano, de esas en las que confías plenamente.

-No le digas eso anda, que se va a acabar creyendo que lo hace bien.

Es Donald, un chico rubito guaperas que no pasa los veinticinco. Es el único americano a parte de mí que hay en el equipo. Donald es el pequeño genio del grupo, el que se encarga de conseguir la mayor información posible de los casos y el que participa mayormente en la elaboración de los planes de los casos. Este chico llegará lejos.

-Lo has hecho muy bien Teresita.- me dice con una sonrisa.

-No me llames así, capullo.- sabe la rabia que me da que me llame así. Hay ocasiones en las que parece que hemos vuelto al colegio.

-¡Uy! Cuidado que gata saca uñas.

Es Bogda, con su acento polaco. A pesar de llevar cinco años en América no domina plenamente el inglés. Se suele dejar por el camino un par de preposiciones y determinantes a la hora de hablar. En cuando a Bogda, es más alta que yo, es una mujer grandullona blanca de piel, de ojos claros y con el pelo algo más largo y de color caramelo. Ella es una hacker capaz de acceder a cualquier ordenador y sacar cualquier documento simplemente sentándose ante el ordenador y escribiendo códigos durante horas.

-Lo has hecho muy bien Teresa.

-Gracias Bogda.

-Bueno chicos, tenemos que recoger todo esto y empezar a hacer el papeleo ya si queremos llegar hoy a casa y dormir en nuestras camas esta noche. Ve y quítate esa ropa de millonaria, anda.

Richard Medi, por su parte, es al que yo considero mi jefe y siempre lo llamo así. El siempre se suele decir que no lo llame así, que hay muchos por encima de él como para que yo lo llame jefe a él. Desistió en tratar de que lo llamara por su nombre cuando yo ya llevaba tres meses con ellos y lo seguía llamando así. Medi es un tipo alto, delgaducho, con gafas, pelo corto y negro y con un tono de piel igualito al de Cathy. Es el único del equipo que está casado y tiene hijos. Tiene un niño de seis años clavadito a él y una niña preciosa de ojos azules de algo más de año y medio. Los ha traído en varias ocasiones a la oficina.

Es lo que me gusta de este trabajo, nos dirigimos los unos a los otros con total confianza, aunque siempre desde la profesionalidad y el respeto. No nos llamamos por nuestros apellidos, si no por nuestros nombres de pila. Medi nos dice que de ese mono se establece un compañerismo que nos hace trabajar a todos más unidos. Y le tengo que dar la razón, pues cuando estaba en la brigada te costaba confiar incluso en aquellos que trabajaban para ti (ejem).

Aunque suene demasiado profundo para mi, este trabajo me ha hecho crecer como persona. He visto lo que verdaderamente es la confianza y el compañerismo. Nos tratamos a todos como iguales porque nuestra mayor preocupación no es ascender, si no hacer bien nuestro trabajo para tratar de conseguir un sistema policial más justo. No es que me arrepienta de los años que pasé en el CBI, ni mucho menos, pero por primera vez siento que lo que hago sirve de algo y vale la pena.

Ya hemos recogido todo y acabado todo el papeleo cuando ponemos rumbo a Sacramento por carretera. Medi y Bogda se turnan para conducir. Yo me había ofrecido también voluntaria pero me han dado tregua por haber hecho de cebo esta vez y me dejan dormir en la parte de atrás un par de horas. Mis horas de sueño también han mejorado. Cuando estaba en la brigada no podía conciliar el sueño más de cinco horas, sobrevivía a base de cafeína. Ahora se podría decir que duermo como un bebé. Me recuesto en la parte de atrás de la camioneta y consigo conciliar el sueño en escasos minutos.

-Chicos, ya hemos llegado a Sacramento.- la voz de Medi nos despierta. Miro por la ventana y veo a lo lejos los altos edificios del centro de Sacramento, nos hemos pasado semana y media fuera de casa. No serán más de las cuatro y media de la mañana ahora mismo.

-¡Qué bien he dormido!- dice Cathy desperezándose, estirando los brazos y las piernas el espacio que la camioneta le permite.

-Sabemos que has dormido bien Cathy. Has roncado como cerda.- le dice Bogda, con la intención de hacerla enfadar, como siempre.

-No mientas, capulla.

-No miente, Cathy. Yo estaba a tu lado y no he podido pegar ojo.- le dice Donald, siguiéndole el juego a Bogda. Ambos se echan a reír.

-Sois unos hijos de puta cabrones.- dice Cathy echándose a reír. Yo la sigo, me hace mucha gracia la forma que tienen de actuar y hacerse rabiar entre ellos.

-Venga chicos parad ya. ¿Dónde estamos? ¿En un instituto a caso?- Medi siempre trata de hacer de jefe y poner orden en situaciones como esta. Cuando me dormí conducía Bogda, pero se ve que en algún momento han parado y se han cambiado porque es Medi quien está ahora al volante.- Chicos, os iré dejando en vuestras casas. Descansad y esta tarde nos vemos en la oficina, que hay que acabar el papeleo allí. Os iré llamando a partir de las cinco.

-Wow Richard, nos das doce horas de tregua. ¿Te encuentras bien? ¿No te habrá entrado fiebre?- le dice irónica Cathy a Medi, volviéndose a mí y guiñándome un ojo.

-Tú por capulla vas a estar allí a las doce.- le responde Medi. Todos los demás nos echamos a reír otra vez.

-Touché.- dice Cathy volviéndose riendo mirando por la ventanilla.

-Teresa, la primera parada es tu casa.

En ese momento está a tres manzanas de mi barrio. Me mudé hace seis meses, después de que John el Rojo me enviara un paquete con la foto de mis hermanos que tenía en el salón de mi casa. Al principio me cambié simplemente la cerradura, pero me supo a poco y me acabé mudando a la otra punta de Sacramento, aunque sé que no es suficiente. Sea quien sea John el Rojo sabrá donde vivo. Medi empieza a reducir la velocidad cuando estamos llegando a mi casa. Es un bloque de pisos dúplex de cinco plantas, yo vivo en la tercera.

-Bogda, bájale a Teresa sus cosas del maletero, anda.- le dice Medi. Esta le obedece, baja y se dirige a la parte de atrás del coche. Yo me limito a tratar de salir de la camioneta cuando Cathy tira de mí hacia ella y me da un beso en la mejilla.

-Que duermas bien, cariño.

-Gracias Cathy. Os veo esta tarde a todos en la oficina.

-Hasta luego Teresa.- me dice Medi

-Adiós Teresita.- me dice Donald, quien fulmino con la mirada sonriéndole antes de salir.

Bogda está fuera esperándome con mi maleta y con mi bolsa. Me mira muy seria y yo sé la razón.

-Te he metido lo que me pediste en parte de atrás de bolsa.

-Muchas gracias Bogda, te lo agradezco de verdad. ¿Te ha costado mucho conseguirlo?

- No. Todo ello me llevo solo un par de horas.- dice restándole importancia. Bogda estaba, según ella, en deuda conmigo desde un caso en Florida que se complicó y acabó en tiroteo dentro de la oficina de la policía. El agente que investigábamos entró en shock cuando lo pillamos y empezó a pegar tiros dentro de la oficina. Fue ahí cuando yo cubrí a Bogda, que no tiene ni idea de disparar ni apuntar, y según ella le salvé la vida, aunque no tiene mayor importancia.

-No se lo digas al jefe, ¿de acuerdo?

-¿A Medi? Tranquila, si descubre que he sacado información de ordenadores de tu antigua brigada sin permiso suyo, él corta cuello a ti y a mí.

-Muchas gracias Bogda, te debo una.- le digo dándole un abrazo rápido.

-Me la apunto Teresa.

-Que descanses Bogda.- dicho esto me dirijo hacia la puerta del edificio despidiéndome otra vez de los chicos con la mano.

Entro en el ascensor y le doy al botón que me lleva a la tercera planta. Decidí pedirle a Bogda que entrara a los ordenadores de la brigada cuando me enteré que tres de los hombres que aparecían en la lista de Jane habían sido asesinados. Por lo que sé han muerto Brett Stiles, Brett Partridge y el Sheriff Thomas McAlester, lo que no sé son las razones. Sé que soy una idiota por volver a esto, pero me siento involucrada de alguna manera, al fin y al cabo he estado malgastando una década de mi vida tratando de meter a ese asesino entre rejas. Lo que también me llevó a hacer esto es la sospecha de que Jane haya tenido algo que ver con sus muertes. La Lisbon de hace seis meses negaría totalmente esa relación, defendiendo completamente a Jane, pero pensándolo fríamente, si uno de esos siete hombres asesinó a tu familia, no te pensarías dos veces lo de hacerlo tú mismo en lugar de esperar que la justicia actúe. Como predije, John el Rojo sigue jugando con Jane. En seis meses no se ha dado ningún caso suyo de asesinato, cosa que seguro habrá puesto de los nervios a Jane, porque Lorelei le dijo todo lo contrario en el vídeo.

Estoy ya frente a mi apartamento cuando saco las llaves, abro la puerta y entro. Todo está tal y como lo dejé, lo que resulta un alivio para mí. Miro la foto de mis hermanos que tengo en la estantería de la entrada. Debería llamarles, hace dos semanas que no les llamo para asegurarme de que están bien. Cuando Jonh el Rojo me envió el paquete para que abandonara la brigada, lo primero que hice al irme fue telefonear a mis hermanos, a pesar de que era muy tarde, para asegurarme de que estaban bien. Les pedí a Cho, Rigby y Van Pelt un último favor antes de irme de la brigada, que les pusieran vigilancia y protección durante al menos un mes para asegurarme de que nadie se acercara a ellos, luego me enteré de que no sería necesario. Llamé a Tom y le conté lo ocurrido, me dijo que no me preocupara, que estaría bien, que ni él ni mi sobrina estaban en Sacramento, si no que se habían mudado durante un par de meses a Seattle porque Tom había encontrado un trabajo temporal allí. A mis demás hermanos no les hizo mucha gracia, pero gracias a que los llamé me enteré de que no estaban en California, todos se habían acabado mudando a otros estados por trabajo o por familia. A pesar de que gracias a eso estaban fuera del alcance de John el Rojo, no me tranquilicé. Ese psicópata es capaz de hacer cualquier cosa.

Dejo mi maleta y mi bolsa en la entrada y voy directa al ordenador del despacho. Enchufo el disco duro portátil que me ha dado Bogda con todo lo de la brigada y me `pongo a investigar.

Son las cinco de la tarde cuando recibo una llamada de Medi, tal y como aseguró que haría.

-Teresa, soy Medi. Ven ya a las oficinas, tenemos nuevo caso.

-¿Ya? Pero si acabamos de llegar de Los Ángeles.

-¿Nunca has oído eso de que la justicia nunca descansa?

-Si jefe, voy enseguida para allá.

-Venga, este caso puede que te interese.- Y dicho esto me cuelga dando la conversación por terminada. ¿Cómo que puede que me interese? En fin, de Medi nunca puedes sacar nada en claro.

He estado durante toda la mañana investigando los datos del disco duro. Me he centrado únicamente en mi antiguo equipo, en el disco duro Bogda ha puesto tantas cosas que si tuviera que leerlas todas tardaría semanas. Por lo que he leído, Jane dimitió de su puesto de asesor en la brigada dos meses después de que John el Rojo le hiciera llegar el DVD. En esos dos meses, y hasta hoy mismo, John el Rojo no ha vuelto a matar, lo que me pone los pelos de punta. En cuanto a mi antiguo equipo, Kirkland hizo caso a lo que le pedía en mi carta de dimisión y dejó al equipo como estaba, con Cho al mando. Al irse Jane y quedarse solos los tres, contrataron a una chica que acababa de terminar sus estudios en la Universidad de Boston, una chica llamada Alicia Grimes. Por lo que he visto les va muy bien resolviendo casos, cosa que me alegra. En cuanto a Jane, a parte de su dimisión, no aparece ningún dato más suyo en los archivos, ni siquiera en los datos de las muertes de los tres hombres de su lista, los cuales parecen no hacer sido asesinados. Por lo que he leído, Stiles murió por causas naturales, el Sheriff en un tiroteo a las afueras de Sacremento y Partridge en un accidente de coche. Todo esto es demasiado raro y confuso, han muerto tres de los hombres que están en la lista de Jane por razones aparentemente normales. Conduzco hacia las oficinas del FBI mientras le doy vueltas a todo esto.

Para cuando llego a nuestra planta, todos están ya en la sala de reuniones, sentados a lo largo de la mesa mirando hacia el proyector en el cual David, un británico encargado de estudiar primero los casos para después asignárnoslos, nos va a hacer una presentación del nuevo caso.

-¡Ey! Hola Teresa, me he enterado de que conseguiste que el objetivo se descubriera haciendo tu de cebo por primera vez. Tengo que felicitarte.

-Gracias David.- le digo sonriendo.

-Bueno, siéntate, vamos a comenzar ahora que has llegado.

Le obedezco y me siento entre Cathy, que me guiña un ojo y me sonríe a modo de saludo, y Medi. Entonces David comienza con su discurso pasando la primera diapositiva, la cual me deja sin aire en los pulmones, pues es la famosa marca roja del mayor asesino en serie que ha conocido Sacramento. Parece que Medi tenía razón al decir que este caso me iba a resultar interesante.

¡Alaaaa! ¿Cómo ha cambiado el carácter de Lisbon no? Parece que se ha vuelto más sociable y amigable, aunque no ha podido a olvidar a John el Rojo ¿quién podría? Como adelanto os diré que en el próximo van a tener que investigar al CBI ¿Creéis que le hará mucha gracia? Por último, y como habéis visto, no he abandonado a Jane, Cho, Rigby y Van Pelt, aparecerán en el próximo capítulo. Todos vuestros comentarios son bien recibidos. ¡Un beso! :D