Y por fin… el capítulo final.

Aquí aparece la razón por la que esta historia se llama como se llama, estoy segura de que encontraréis el lugar exacto. Aunque en realidad, me basé en la letra de una canción, Hollow de Submersed. Oídla, si os place. Y si no, para que lo sepáis.

Este capítulo está especialmente dedicado a mi Naruko-chan por su cumpleaños, como prometí.

Nos vemos en las notas finales. Responderé a todos los reviews muy pronto. Os adoro por enviármelos, muchísimas gracias.

Sek

Capítulo XVIII. La memoria (segunda parte)

El corredor se iluminó como si alguien hubiera encendido todas las estrellas del universo a la vez. Deslumbrado, Itachi se colocó una mano frente a los ojos, en tanto que Orochimaru usaba su pantorrilla como parapeto protector.

Recobrada la visión, Itachi retrocedió un par de pasos.

Un pedazo gigantesco de oscuridad, de contornos imprecisos, ondeaba delante de él como un jirón de niebla negra. Sin ningún género de dudas, les había hablado, aunque no poseyese boca visible. Tampoco distinguió unos ojos y, sin embargo, supo que lo estaba contemplando fijamente.

¿SABES QUIÉN SOY?

Sí.

Agujas heladas escarbando en su columna vertebral, el vello de todo el cuerpo erizado y un puño de piedra que estrujaba sus órganos internos hasta el límite de su resistencia. Se trataba de la presencia misteriosa que había atemorizado a Sasuke la lejana noche en la que él y Naruto salieron de un prostíbulo cercano, a la caza y captura de un supuesto asesino, y los tres ninjas de la Hoja casi se encuentran. La sensación había acompañado a menudo a Itachi, en sus recorridos por La Ciudad, punzándole en la nuca en algún callejón solitario o en medio de las frondas de los bosques infernales. Automáticamente se giraba y comprobaba que al perseguidor nadie más lo perseguía, pero la inquietud persistía.

No obstante, lo que le provocaba no se asemejaba en absoluto a lo que había sentido en la negrura del túnel bajo La Torre, junto a Naruto, tras la partida de su hermano, en el momento en que ÉL los había interceptado. Entonces tiritó de frío, reconoció una existencia sin edad y sus oídos retumbaron ante la voz estentórea que interpelaba al Uzumaki y le preguntaba cómo pensaba convencerlo de que le permitiese salir tras Sasuke. Pero no se trababa de la misma sensación. El de ahora era un temor más primigenio, más instintivo, más…

¿OS DOY MIEDO?

El sonido era escalofriante, si bien la entonación no denotaba amenaza, sino curiosidad.

No —respondió el Uchiha—. Asesiné a mis padres y destrocé la vida de la persona que más he querido. Destruí a mi familia, a mi clan y mi honor. Temo por mi hermano, no por mí.

A SASUKE UCHIHA NO LE RESTA MUCHO TIEMPO, AUNQUE EL KYUUBI HA CUMPLIDO SU PROMESA Y LE HA ADVERTIDO DE QUE EL TREN TODAVÍA LO ESPERA. SI LO TOMA, ME CONSTA QUE NADA LE HA DE SUCEDER, PERO SI NO…

Itachi se tensó y su mandíbula se crispó en una mueca.

Autorizadme a traerlo de vuelta —pidió, desafiando el temblor de su voz—. No fracasaré, ni trataré de escapar. Os doy mi palabra.

TU PRETENSIÓN DE ALTERAR EL DESTINO DE TU HERMANO ES INÚTIL. TRAS ESA PUERTA HALLARÁS UN TÚNEL, PERO COMO HA PRECISADO EL REPTIL NO HAY TREN. Y SI LO HUBIERA, TAMPOCO PODRÍAS ATRAVESAR LA SALIDA RUMBO AL MUNDO REAL SIN QUE SE TE CONSINTIESE EXPRESAMENTE.

¡Pues hacedlo! —suplicó Itachi, con los ojos húmedos y su ansiedad acrecentándose—. Estoy dispuesto a cualquier cosa para que confiéis en mí: que me acompañen los Números, lo que sea…

NO ES UNA CUESTIÓN DE CONFIANZA. Y AHORA, VAMOS ARRIBA. OS ESTÁN ESPERANDO.

No.

¿CÓMO?

Que no iré. Me niego a moverme sin que se me revele cómo salvar a Sasuke.

DE VERDAD NO DEPENDE DE MÍ, ITACHI. CAREZCO DE POTESTAD DE DECISIÓN. LLEVO MUCHO OBSERVÁNDOOS PORQUE ME ENTRETIENE, PERO NO PUEDO INTERFERIR. YO AQUÍ SOLO SOY EL ANFITRIÓN.

El hombre no daba crédito a sus oídos.

¿Qué?

AL RETIRARME, HICE DE ESTE TORREÓN NEGRO MI CASA. DESPUÉS DEL ÚLTIMO TERREMOTO, LA CUBIERTA DE "LA TORRE" QUEDÓ DAÑADA Y AHORA RESULTA QUE EN EL OJO DEL CAOS, LA PERDICIÓN Y LA OSCURIDAD ETERNA HAY GOTERAS —explicó el ser con una risita—. DE AHÍ QUE HAYAN TRASLADADO PROVISIONALMENTE SU CENTRO DE OPERACIONES AL PISO SUPERIOR DE MI HUMILDE HOGAR.

¿De quiénes hablas? ¿Quién ha venido? —Itachi agregó también la otra cuestión que le quemaba la lengua—: ¿Acaso tú no eres ÉL?

¿"ÉL"? —Las carcajadas arreciaron, a medida que una diminuta esperanza florecía en el alma de Itachi—. CURIOSA MANERA DE REFERIRSE A… NO, DESDE LUEGO QUE NO. YA NO SOY "ÉL".

Entonces ¿se me permitirá reproducir mi petición, allí arriba?

Si La Niebla hubiese tenido hombros, los habría encogido.

CLARO. LO QUE QUIERAS. SU CORAZÓN ES MÁS DURO QUE EL MÍO, PERO NO PIERDES NADA INTENTÁNDOLO. VAMOS.

La Gran Sombra revoleó sus bajos y se preparó para ascender. Cuando Itachi se proponía ir tras ella, recordó que no estaba solo. Unos cuantos siseos, y su pie derecho fue empujado con brusquedad a un lado.

¿Cómo que no tenemossss miedo? —murmuró un indignado Sannin—. Si no me hubieses pisado la cola, llevaría media hora enroscado en la antena más alta de la Torre sin necesidad de robar ningún tren —afirmó, reptando tembloroso por los escalones hacia arriba—. Y ahora, gracias a ti, nos dirigimos a presentarle nuestros respetos al puto Amo del Caos, la Perdición, la Oscuridad Eterna y los Curtidoresss de Piel de Reptil…

8888888888888888888888888888888

Aminorando la intensidad de su aura, Naruto se plantó con los brazos en jarras delante de Sasuke.

—Uchiha-san, esta irrupción es un inconveniente de gravedad con el que no contábamos. Soluciónelo ahora mismo o sobre usted recaerán todas las consecuencias.

No sé quién eres, pero me importa una mierda la gravedad de tus inconvenientes. Me llevo a Sasuke conmigo y, si te interpones, serás tú el que sufra "mis" consecuencias.

La aparición de Naruto parecía haber dejado a su amigo en shock.

—No puedo —dijo muy despacio—. No puedo quedarme. He comprendido que no me lo perdonarías. Yo…

—¡¿Que no puedes?! —El iracundo rubio miró a su amigo con incredulidad y tristeza—. ¡¿Cómo que no puedes?! ¡Lo que no te perdonaré es que vuelvas a abandonarme!

Alrededor del claro, se elevó un viento punteado de luz que sacudió las ramas de los árboles y las briznas de hierba entre los troncos. El rumor de las hojas los envolvió, al tiempo que el cuerpo de Naruto intensificaba su brillo hasta herir la vista.

—¡No te vayas! —Naruto ardía ante el dolor inmenso de perder a Sasuke, cuando por fin había descubierto que realmente era suyo—. ¡Por favor! ¡Otra vez, no! ¡Otra vez, no! ¡Por favor, por favor…!

Sasuke, con suavidad, atrajo una de las manos resplandecientes de Naruto a su pecho, pasándole la otra por detrás del cuello y uniendo sus frentes. Los ojos negros le dijeron muchas cosas en pocos segundos.

Compañero, amigo, amante, amor...

—Aquí no latía nada —susurró—. Dentro de mí no había nada, yo era hueco, estaba vacío. Pero tú me llenaste, Naruto.

"Me iré, pero tú no olvidarás. Y yo tampoco olvidaré. Nunca.

88888888888888888888888888888888

El Kyuubi abrió un ojo.

La vida de su contenedor era una locura y no había conflicto ni problema en el que no se viese implicado a diario, aunque el constante ajetreo del exterior, hasta la fecha, no había conseguido que el perezoso demonio de colas cambiase sus hábitos de descanso. Pero ahora, la irritación del impetuoso ninja rubio estaba provocando que el aire ondulara, la hierba se agitase y el agua del lago burbujeara. Incluso su pelaje se estaba enredando en remolinos, un efecto colateral más de la rabia del Uzumaki.

De pronto, el espíritu de Naruto se debilitó y Kurama notó que su chakra ya no era requerido. Por lo visto, Naruto se estaba dando por vencido por primera vez.

HUM.

Tras un estruendoso bostezo, el zorro echó un ojo a la vasija de la memoria, rememorando su conversación con el Uchiha. Tal y como le había relatado, él o cualquier otro tendrían que convertir su cadáver en abrigo (cientos de abrigos) para levantar aquella tapa o despegar sus sellos.

Los demonios cumplían sus promesas al pie de la letra.

Otra sacudida y el aire se aquietó. El agua se hizo mansa y las hojas de hierba regresaron a su posición vertical. Pero un temblorcillo residual del suelo hizo que la urna, asentada junto a una de las patas traseras de Kurama en lo alto de la colina, terminase por perder el equilibrio. Comenzó a rodar inofensivamente por la pendiente hacia la orilla del lago… en dirección a la única piedra desnuda del lugar. Un buen trozo de roca de cantos cortantes y dureza granítica, una solicitud extra del Kyuubi al Señor de los Infiernos para afilarse las uñas.

El zorro calculó geométricamente la trayectoria de la urna, emitiendo un suave resoplido bajo sus bigotes para desviarla y evitar que se golpease donde no debía.

—¡VAYA!

Chasqueó la lengua, se estiró de patas y colas, volvió a bostezar y se irguió en toda su estatura para trotar por la colina y aproximarse al recipiente caído cerca del agua.

—MENOS MAL, CREÍ QUE HABÍA FALLADO.

Se lo había insinuado, pero el niñato Uchiha no le había hecho caso. La tapa no se había roto. Los sellos no se habían quebrado. Pero el pie de la vasija había reventado en mil pedazos y una neblina azulada se dispersaba ya en el ambiente primaveral del interior de Naruto Uzumaki.

La parte de arriba de la urna continuaba intacta y eso era todo. Había cumplido su compromiso con el Señor del Inframundo, tal y como cumplían los demonios.

Al pie de la letra.

El Kyuubi se acostó en su sitio, plegó sus nueve colas y se convirtió en una bola colosal de pelo naranja, presto a reanudar su satisfactoria siesta.

8888888888888888888888888888888

Sasuke dirigió una última mirada a Naruto. Densa, pesada, cargada de recuerdos, sueños y posibilidades que ya no se materializarían. La mirada más triste del mundo. Y se apartó.

El rubio había agotado sus fuerzas. La energía del Kyuubi cesó de fluir y se extinguió. Tan solo subsistió el resplandor azulado de su chakra, una pequeña luciérnaga alumbrando en el anochecer.

Sasuke le dio la espalda y anduvo hasta la boca del túnel, donde aquel extraño lo aguardaba.

—Sasuke… —musitó Naruto.

—¿Nos vamos, Uchiha-san?

—Sí.

888888888888888888888888888

"—¡No! ¡No! ¡¿Pero qué hace?! ¡Está loco!

Encontrar a Sasuke, y ni usted ni nadie me lo van a impedir."

"—¡No quiero que me salves! ¡TE ODIO!

Shhhhhh… Todo está bien ahora, Sasuke. Estoy aquí… Todo está bien. Shhhhh…"

"—Qué mascota tan linda has traído hoy, Sasuke-kun. ¿Cómo se llama?

Soy Naruto. Su nuevo compañero… creo.

Bienvenido, cielo. Yo soy 7894510948.

¿Eres un… una… Número?"

"—¿Hablabas con mi tumba todos los días?

Soy patético. Llevo años contándole idioteces a una piedra, pensando que podrías escucharme. Me avergüenzo de ser tan imbécil."

"—Sasuke…

—…Perdóname."

8888888888888888888888888888

Naruto hincó las rodillas sobre la tierra de aquella explanada frente al túnel, sujetándose la cabeza con las manos. Sus pensamientos hervían.

—Sasuke…

888888888888888888888888888888

"—¿Contigo arriba? No.

¿Me tienes miedo?

En tus sueños, Uzumaki."

"—¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar?

¿Y tú?

Ya te lo dije. Contigo no tengo límites. Pero no me dijiste los que tienes tú. ¿Cuáles son, Sasuke?"

"—¡Lo matarán! ¡Ellos lo matarán! ¡Vete, Itachi!

Nii-san… Nii-san…"

"—…Sasuke, perdóname. Yo sólo…

No necesito nada de ti, y menos compasión y patéticas disculpas. Te quiero lejos de mí. Quiero que te vayas."

"—¡No me has dado ni una oportunidad! ¡Sabes por qué lo hice! ¿Es que lo que ha pasado entre nosotros no significa nada? ¿Es que yo no te importo… nada?

Desde que tengo memoria, Itachi es lo único que me importa."

"—Lo siento, Número-san. Ya no me marcho.

¡¿Qué?!"

888888888888888888888888888

Un gemido agudo, elevándose en espirales hasta alcanzar el techo del firmamento. Un sonido capaz de formar grietas en el cristal negro del cielo.

8888888888888888888888888888

"—Sasuke… Por favor… hazlo tú, para que no te… Hazlo tú… si no… es que te voy a reventar.

—No salgas, Naruto, quédate dentro de mí."

"—¡¿Cómo pudiste?! ¡Ibas a morir por mí! ¡Maldito cabrón, hijo de puta! ¡¿Cómo pudiste?! ¡Yo ya estaba muerto! ¡Ibas a traicionarme! Ibas a traicionar a Sakura, a Kakashi, a… ¡Ibas a abandonarnos a todos! ¡Miserable cobarde! ¡Tu vida era lo único que me importaba! Lo único que me… quedaba…"

"—Lo que estuviste a punto de… No sucederá. Pase lo que pase. Jamás.

No me apetece hablar de eso. No es momento.

¡Prométemelo!

Jamás. Te doy mi palabra."

"—Siénteme, Naruto. Siénteme dentro de ti… ahora. Naruto, te estoy…

—…follando por el culo contra la puta mesa de tu cocina. Y tenías razón… oh, joder… se siente inmensa… tu polla se siente… la noto tan… dentro…"

"—Itachi-san, hay una explicación. Estoy enamorado de Sasuke."

88888888888888888888888888

Naruto oía aquel sonido estridente e incesante y era consciente de quién era la persona que lo emitía, pero no podía detenerlo.

—Sasuke…

888888888888888888888888888888

"—No tengo nada que ofrecerte. Estoy muerto y recluido por toda la eternidad en un maldito pedazo de hielo. Este cuerpo falso y lo poco que me queda de alma es cuanto poseo, y te pertenece. No tengo nada que darte, porque todo ya era tuyo."

"—Tu mayor ambición es ser Hokage. Llevo años oyéndotelo repetir. ¿Acaso ya no te importa tu sueño?

Las personas tienen más de un sueño. No me pidas que renuncie a ti, porque no lo haré."

"—Voy a morir…

Tranquilo, Sasuke. Fue un mal sueño, solo eso."

"—¡¿Dónde está?!

Se lo han llevado."

"—Olvida a mis subordinados. ¿Cómo me convencerías a MÍ, Naruto Uzumaki?"

888888888888888888888888888

—¡SASUKEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE…!

888888888888888888888888888

Itachi, con Orochimaru a la zaga y la Gran Sombra precediéndolo, penetró en una sala grande, sorprendentemente caldeada. Multitud de pantallas cubrían la franja superior de las paredes. La zona inferior contenía un sofá de cuatro caras y las mesas, sillas de oficina y estantes metálicos alineados contra los muros completaban el cuadro general.

YO YA ME MARCHO, QUE SIN MI PASEÍTO HABITUAL NO HAGO BIEN LA DIGESTIÓN. PERO NO ME LO DEJÉIS TODO PATAS ARRIBA, QUE OS CONOZCO—refunfuñó el dueño de la casa en dirección a quienes abarrotaban la estancia, antes de esfumarse.

¿Digestión? Un olor fantasmal a azufre y la imagen de muchos cuerpos desnudos devorados por una criatura con cuernos y rabo triangular, al pie de un volcán, se imprimió en la mente ya sobrecargada de Itachi.

Una vez despejada la extraña visión, lo que veía ahora no era menos complicado de procesar. Tardó en encajar cada pieza, hasta que ÉL, muy sonriente, se adelantó hacia los visitantes.

—Ya era hora.

—No comprendo nada.

Ni el cero absoluto podía haber competido con la temperatura de la voz de Itachi.

—Es obvio, ¿no? —repuso quien los había recibido—. YO soy ÉL… en parte.

—¡¿Y Sasuke?! ¿Por qué deseas que desaparezca? Creí que tú… —De su tono gélido, Itachi había mudado al anterior de desesperación—. Solo intentó salvar a Naruto. ¿Es ese un pecado tan terrible? ¡Tienes que permitirle que regrese!

—¿Trabajarás para MÍ, a partir de ahora? ¿Harás lo que se te ordene? ¿Te someterás a mi voluntad por entero para salvarlo?

—¡Sí! ¡Lo que quieras! ¡Pero haz que regrese!

—¿Y tú? —La mirada del Guardián del Averno resbaló por la larga pierna de Itachi hasta desembocar en dos ojos rasgados.

Yo también me pondré a tu eterna disposición, si prometes esperar a mi próxima muda de piel para conseguir un cinturón nuevo, y nos das detallessss a Itachi y a mí de lo que va a suceder con Sasuke-kun —contestó el ninja de las serpientes.

ÉL asintió, se dio la vuelta y señaló uno de los monitores en la hilera inferior.

Con una resolución tan alta que a Itachi y al Sannin les picaron los ojos durante bastantes días, la conclusión definitiva de la trágica historia de amor entre el futuro Hokage de Konoha y el menor de los Uchiha se mostró ante ellos…

8888888888888888888888888888

—Hay alguien en el techo.

—¿Cómo dices?

Los globos oculares de 6758927580925659, uno de los conductores más veteranos de los trenes del Infierno, no se precipitaron desde sus órbitas porque los cristales de las gafas evitaron que acaeciese tal percance, pero su pasmo se reflejó en sus facciones.

—Nos desplazamos a miles de kilómetros por hora. Es imposible que nadie pueda… pueda… —el funcionario no hallaba las palabras— "estar" en nuestro techo.

El otro se encogió de hombros.

—¿Te relevo y lo vas a comprobar tú mismo?

6758927580925659 conectó el piloto automático y se encaminó a la parte posterior del tren. En el único compartimento iluminado se sentaba una silueta silenciosa y de hombros caídos. El orgulloso y mordaz Sasuke Uchiha ahora era incapaz de pronunciar más que las dos sílabas de afirmación o negación.

El Número sonrió. No le complacían aquellos dos jovenzuelos que habían creído estar por encima del bien y del mal, de la vida y de la muerte.

Pues no, señor.

Con el pecho expandido por la satisfacción del deber cumplido, el hombre al principio supuso que las divagaciones de 2978209576892 eran producto de su imaginación. Pero el hecho de que la creatividad fantasiosa no fuese una cualidad predominante entre los trabajadores del Averno, le hizo titubear un poco aún y se decidió a ahondar en sus investigaciones.

—¿Todo bien por aquí, Uchiha-san?

El joven lo atravesó con las pupilas opacas, sin registrar la pregunta. Si no estuviese muerto ya, el funcionario había creído que estaba a dos centímetros de la tumba debido a su aspecto demacrado y a su ausencia de aura vital, no por haberse consumido su chakra, sino a consecuencia de la separación traumática que acababa de sufrir.

Otro elemento más para considerar que la estupidez de los seres vivientes no poseía fronteras en lo referido a los asuntos amorosos y…

¿Aquello que se oía eran pasos?

¿Encima de su cabeza?

Sí, porque el moribundo Uchiha también había doblado el cuello hacia arriba con un diminuto atisbo de curiosidad en sus ojos inertes.

Ni siquiera tuvo tiempo de tirar de la palanca de emergencia para que el tren decelerase. Un círculo de luz se formó en el techo del compartimento y la plancha que metal que circundaba fue arrojada con estrépito al suelo. Eso hizo que el tren comenzase a reducir la marcha y se escuchase el chirrido desagradable de los frenos. En un minuto, el vehículo se había detenido y, en la primera fila de asientos, un hombre alto cubierto por una nube dorada rodeó con sus brazos al Uchiha hasta cobijarlo con su cuerpo. Hubo otro estallido deslumbrante… y la oscuridad del túnel se cernió sobre la media calva de 6758927580925659.

Con un suspiro, giró sobre sus talones y se dirigió a la cabina, a contarle a su compañero que estaba en lo cierto.

Sí que había alguien en el techo.

8888888888888888888888888888888888

—Naruto…

—Shhh… No hables más, solo abrázame. Agárrate y no te sueltes.

Sasuke cerró los ojos y se dejó llevar. Retrocedían por el túnel en dirección contraria a una velocidad extraordinaria, y la sensación de presión y de aceleración era descomunal. El chakra de Naruto y el del Kyuubi, combinados hasta formar una masa de energía indistinguible, se arremolinaban en torno a él y le proporcionaban calor y soporte, mientras lo transportaban.

El Uchiha no se despegó de su amigo, durante todo el trayecto de vuelta a casa.

Horas, minutos o segundos después, la realidad se paró y un mullido suelo de hierba cosquilleó sus pies. Reconoció el paraje sin verlo, e inspiró contra el pecho del rubio. La noche, fresca y aromática fuera del túnel, lo arropaba más allá de los brazos amorosos de Naruto.

No abrió los ojos. ¿Para qué? Lo único que existía era la piel del Uzumaki contra la suya, su olor y su voz. Ya no importaba lo que pasara. Estaba listo. Si había llegado el momento, así era como deseaba partir a la Nada, sabiendo que Naruto por fin recordaba. Que Naruto había ido a buscarlo de nuevo. Que Naruto no se rendía. Naruto, que susurraba en su oído, que hablaba y hablaba y…

Las cejas negras pegaron un salto y los ojos oscuros se abrieron de asombro, como postigos en un día soleado.

—¿Qué es lo que has… dicho?

Naruto sonrió.

8888888888888888888888888

Los impulsos de Sasuke eran tan brutales que la copa del árbol crujía y se lamentaba más que el mismo Uzumaki. Con su cuerpo combado y su coronilla rozando el robusto tronco del roble, mantenía las piernas dobladas alrededor de las caderas pálidas, sintiendo cómo era invadido hasta el fondo y sin concesiones. Su carne húmeda era apresada al compás por los dedos implacables del otro y, extendido hasta lo imposible, gemía y gemía, coreando al viento de la noche

Sin embargo, la ferocidad del Uchiha contrastaba con la mayor de las ternuras en sus frases y en sus besos. Sus palabras contra su mejilla no trataban sobre sexo salvaje sobre un lecho de ramas, del doloroso placer de penetrar y ser penetrado, sino de lo mucho que había extrañado a Naruto y de cuánto lo necesitaba.

El cuello tostado se arqueó más y los ojos azules viajaron al cielo tachonado de estrellas sobre sus cabezas, a meses antes, a una isla de hielo navegando en un mar de lava hirviente…

—Abrázame fuerte, Sasuke. Tengo frío.

8888888888888888888888888

Itachi asomó la cabeza.

Ya me marcho. ¿Vas a tardar?

No —respondió Orochimaru.

Ya se estaba haciendo de noche y unos cuantos Números deambulaban por la sala preparándose para el cambio de turnos. Intrigado, el Uchiha se arrimó al Sannin.

La serpiente ninja estaba enroscada en su percha, delante de los monitores del ático, frente a los que ambos solían quedarse a trabajar hasta tarde. Aquel mostraba la plaza principal de una aldea, donde cierta familia celebraba a lo grande la boda de su única hija.

—Sus maestros aseguran que posee un talento innato para la cirugía —afirmaba el ufano padre de la novia—. Desde que concluyó sus estudios e instaló aquí su consulta, nuestra vida ha dado un vuelco total. Hemos comprado tierras, una nueva casa…

En la pantalla, la joven de ojos turbadores y prodigiosa belleza analizaba a su recién estrenado marido desde la mesa del banquete, como si se tratase de otro plato apetitoso.

Pero siempre hay envidiosos empeñados en difundir rumores absurdos —gruñó el orgulloso progenitor—. No existe muchacha más dulce y compasiva sobre la faz de la Tierra; si hasta adora las serpientes… Y no es que no tenga carácter: se negó a usar el obi de su madre y prefirió llevar ese extraño adorno vuelto del revés. ¡Eh, Ruma! Ven a saludar, querida…

El pariente lejano más cercano tragó saliva, contuvo sus temblores y asintió cortésmente.

Rumachioro —completó el Sannin, a mil universos de distancia, sin apartar sus ojos del monitor—. Treinta y tres víctimasss hasta la fecha y un lazo violeta de bodas a la espalda. —Varios sonidos húmedos terminaron de ponerle la coleta de punta al imperturbable Itachi—. Mi legado no se ha extinguido despuésss de todo…

888888888888888888888888888

Un hombre alto y rubio, vestido con el uniforme jounin y una gran sonrisa, acababa de entrar en la tienda de flores de los Yamanaka.

—¡Naruto! ¿Cómo os ha ido en la misión? Eh, eh… ¡No te sacudas el barro ahí, bakaaaaaa!

Tras paralizar su acción con ojos de susto, el rostro del Uzumaki se puso serio.

—Hoy ponme una docena más, Ino-chan. Te las pagaré en cuanto pase por casa, igual que siempre.

La mujer le entregó un gran ramo de flores rojas y blancas, que Naruto acomodó con delicadeza en sus brazos.

—Gracias —se despidió con una reverencia.

—Gracias a ti, Naruto —respondió suavemente Ino Yamanaka, viéndolo salir y torcer en la esquina en dirección al cementerio de Konoha.

Era temprano y los visitantes mañaneros eran escasos. Tal como llevaba haciendo durante los últimos ocho años, fue depositando una flor blanca e inclinando la cabeza en señal de respeto ante la memoria de los caídos en alguna misión o en la pasada Guerra Ninja. Se demoró especialmente en tres de ellas y estuvo allí unos minutos, deseando que donde ahora, con seguridad, sabía que se encontraban, fueran tan felices como él lo había sido en su corta estancia en el Otro Lado. Los pocos y perfectos días que disfrutó con…

Sasuke.

Localizó el símbolo Uchiha sobre la sencilla lápida negra en una zona retirada y, deshaciendo con dificultades el nudo de su garganta, se abrazó a sus más bellas flores y avanzó en línea recta.

Había llegado y se había marchado su trigésimo tercer cumpleaños (vigésimo octavo para su entorno, que nunca conocería su triste historia,) pero su cuerpo atlético seguía en plena forma y por dentro continuaba sintiéndose ese niño travieso que les pintaba bigotes a las esculturas del monte de los Hokages antes de ser admitido en la Academia.

—Estaba muriéndome por regresar de Suna, Sasuke; hoy tengo un montón de cosas que contarte —se justificó frente a la tumba. Tras apilar las flores en la hierba, se sentó de espaldas a la piedra, elevó las rodillas y soltó un resoplido prolongado—. Ojalá hubieses visto la cara de Gaara —continuó con un suspiro.

—Ojalá no me hubiesen prohibido ir. Ese humo que le sale de las fosas nasales a tu querido Kazekage cada vez que Lee da saltitos a su alrededor merece que me rebaje a implorarle a la vieja.

El rubio ladeó la cabeza hacia Sasuke con inmenso afecto. En tanto que cumplimentaba su ritual de mostrar su cariño a sus amigos perdidos, el Uchiha había estado observándolo, con la cadera irreverentemente apoyada en el majestuoso monumento funerario de su hermano Itachi.

—Tendrás que suplicar mucho, teme. Tu Susanoo no es bienvenido en las conferencias de Kages. Acuérdate de la que montó ese esqueleto cabreado la última vez. Todos querían matarte. Incluso ella —agregó.

—Admito que tenían sus motivos. Como los tenía yo.

Tomó asiento junto a Naruto.

—Mejor no repitas eso delante de Tsunade baa-chan. Oye, ¿lo que reluce ahí es una cana?

—¡Ay! —El Uchiha le arreó un manotazo a los deditos que ya retiraban un cabello plateado de su sien—. ¡Usuratonkachi!

Hubo medio minuto de risas, y varios de tranquilo silencio que interrumpió Sasuke en voz muy baja:

—¿Piensas… piensas que nii-san estará bien?

—Naturalmente. Seguro que Itachi-san ha disfrutado de la misma comprensión por parte de ÉL que nosotros, Sasuke. Además, tu hermano sabe cuidarse. Estará igual de fresco que las rosas que le traemos cada semana.

—Su clemencia todavía me escama, pero bueno. Y, ¿por qué sigues hablando de "ÉL", Naruto? Al subir al ático de la Torre, me quedé boquiabierto. No sospechaba que…

—Ya —lo cortó el rubio, colocando dos dedos sobre sus labios—. No volverás a irte, ¿verdad?

—No. Nunca. Pero…

—¿Pero?

—Pero al llegar nuestra hora, cuando muramos y nos reclamen Arriba, nos separarán para siempre —completó el moreno con un hilo de voz—. Solo se nos ha concedido una prórroga. Si me envían al Infierno otra vez, a ti no volverán a dejarte entrar. Me reencontraré con nii-san, pero tú y yo…

Recostados contra la lápida de Itachi Uchiha, ajenos a las miradas reprobadoras, los dos hombres se fundieron hasta que no se adivinaba dónde acababa Naruto y donde empezaba Sasuke.

—Tengo una idea —dijo una vocecita entre los brazos del Uchiha, al cabo de un rato—. ¿Recuerdas lo que ocurrió con tu número, teme? ¿Cómo conseguí convencerte de que me lo había memorizado?

—¿Con una mamada?

—También. Pero no me refiero a eso.

—Ah. Hiciste trampas.

Naruto expuso unos dientes blancos y afilados a punto de hundirse en la piel deliciosa del cuello de Sasuke.

—Ajá.

888888888888888888888888888888888

Es noche cerrada y la Sala de Vigilancia está desierta, excepto por las tres figuras que estudian los monitores y han expulsado a todos los Números para poder conversar tranquilas.

Deberías haberle obligado a volver —dice una.

No era preciso. Sasuke-kun ya retornará a nuestros brazos, en cuanto su frágil vida mortal se consuma —responde otra.

Pero es que tener compasión no es TU trabajo —añade la tercera—. Eres El Guardián del Averno, El Gobernante del Hades, El Protector del Inframundo… TÚ solamente has de regir El Abismo e impartir Justicia.

Y de hecho he concluido un trato muy justo: Itachi-kun supone que ha salvado a su hermano a cambio de su colaboración, Naruto-kun cree que ha salvado a su amor, regalándome unos años de su vida, y Sasuke-kun considera que ha salvado su alma, redimiéndola por su sacrificio. Todos fueron engañados y lo intuirán con el transcurso del tiempo, pero los pactos CONMIGO, es lo que tienen… hermana.

La mujer rubia a la que ÉL se ha dirigido se levanta del sillón y camina hasta una mesita para servirse un té con hielo.

Dirás lo que quieras, pero abres con mucha facilidad las Puertas de Entrada. Antes de jubilarse, Padre ya nos avisó de que en uno o dos millones de años tendríamos que derribar esos barrios de casitas del Sector ciento cinco, para construir más moles de apartamentos. El Infierno no puede quedarse pequeño, ¿te das cuenta de lo que se iban a reír de nosotros por Allá Arriba? Hemos de aumentar la señal de la antena de pesadillas de ese sector para persuadir a los inquilinos de que se muden voluntariamente y no nos incordien, ¿qué te parece? Pregúntale a Orochi–san mañana lo que tardará en sintonizarla, anda.

Vaya, hermana —ríe El Diablo—. Eres muy cruel. Papá debería de haberte cedido a ti la responsabilidad de dirigir esto y no a MÍ.

Con ayudarte, Dos y yo tenemos de sobra. Nuestros problemas derivan de tu excesiva debilidad por las pollas grandes, las voces roncas y los dulces ojos azules.

Sí —suspira El Demonio—. Tienes razón. Lo mejor de todo es que, aunque hemos perdido a esos dos bellezones, hemos logrado conservar a Itachi-kun. Qué voces. Los Uchiha son capaces de hacer que te corras, solo con hablarte al oído. ¿Te imaginas cómo será en la cama?

La tercera en discordia, Dos, la mujer pelirroja que ha estado escuchando, interviene de nuevo en la charla:

Yo ya estoy deseando que llegue nuestra siguiente hermana para repartirnos el trabajo, pero todavía han de pasar unos cuantos años. Padre opina que hasta que sobrepase la cincuentena no nos conviene traerla porque necesita experiencia. Aunque a mí me parece muy preparada; nuestra serpiente favorita hizo un gran trabajo con ella.

Es un bicho muy talentoso y me fascina su lengua. —asiente El Señor de las Tinieblas—. Voy a volver a transformarlo en humano o… o… en lo que fuera antes de morirse.

Suena un teléfono y El Amo de las Sombras descuelga. Oye lo que le comunican, frunce el fino ceño y cuelga. Se encamina hacia un mueble y rebusca entre los artefactos que encuentra.

¿Se puede saber quién ha movido el megáfono de la estantería? Siempre me cambiáis las cosas de sitio —reclama a sus hermanas.

Se estropeó y se lo llevaron para repararlo —se justifica la pelirroja—. Mira, en esa mesa está el de reserva, junto a los ventiladores y los otros aparatos de frío. ¿Imaginas lo que pasaría si todos aquí descubriesen que quienes verdaderamente mandan, gobiernan y disponen en el Infierno somos nosotras? Bueno, estrictamente eres TÚ, pero no sabes hacer nada sola. Por cierto, al salir dile a 616719573485198398 que…

Me gusta más su nombre que su número. Se llama Deidara.

Siempre lo defiendes —Dos entrecierra los ojos—, eso es que te gusta.

¿Cómo no me va a encantar un hombre con aspecto de mujer y que tiene bocas incluso en la palma de las manos? Solo pensar en las maravillas que será capaz de hacer usando los dedos y las lenguas…

Orochimaru, Deidara… Qué obsesión con las lenguas, hermana.

Haya paz —determina la morena—. Soy el Demonio y me obsesiono con lo que YO quiero. Bueno a ver, ¿dónde está ese megáfono de reserva? Lo necesito ya. Hay otro pesado en Las Puertas.

888888888888888888888888

Le repito que usted no está en la lista.

Lo sé. Vengo de Arriba, ¿sabe? Pero me he portado tan bien y durante tanto tiempo que estoy harto y he aprovechado para escaparme. Mucho Paraíso y tal, pero aquí abajo sobran diversiones que no cato Allá Arriba, con tanta alegría y tanta bondad.

¿A qué se refiere? —inquirió el funcionario de las gafas, suspicaz.

Me carga eso del lenguaje políticamente correcto, pero con usted puedo emplear la palabra apropiada, amigo mío: putas. Hablo de putas.

¿Qué barbaridades está diciendo?

Nada de barbaridades. Señoras y señoritas totalmente respetables. Arriba también hay, de hecho están por miles de millones, pero se niegan a prestar sus servicios. Ocupan el día hablando de dignidad y de derechos de la mujer. Bueno… y tañen la lira.

Oiga, ¿se ha creído que es esto es un burdel?

Déjale pasar, 8902758490257483927, NOS divierte —se oyó una voz cavernosa desde el interior.

Siete tosió hasta desgañitarse. Su ronca voz requería un esfuerzo suplementario, pero aquel megáfono de refuerzo era una porquería. Felizmente, la hermosa dueña del burdel dedicado a los seres de sexo incierto había sido unos cuantos eones atrás un "ÉL", como Naruto al conocerla había deducido, así que hizo buen uso de sus viriles hormonas ocultas para recobrar su voz originaria y admitir a aquel extraño en sus dominios. Aquello estaba últimamente tan aburrido…

El Amo del Hades, las Tinieblas, los Abismos y el Averno, tosió un poco más y luego dio media vuelta. Si no se apresuraba, sus hermanas le tomarían la delantera para decidir quién iba a pasar el día siguiente con el apuesto Itachi.

888888888888888888888888888888888888

Jiraiya, el muy amado maestro de Naruto, el Sannin legendario de pelo blanco, sonrió, miró como se abrían Las Puertas ante él, se frotó las manos y se apretó el cinturón.

Hermosas mías, esperad por papá.

8888888888888888888888888888

FIN

Y esto es todo. Espero de corazón que la historia os haya entretenido tanto como a mí me ha gustado escribirla. Le tengo muchísimo cariño a Hollow, es mi primer fic y me da una pena horrorosa terminarlo. Pero por otro lado, tengo ganas de crear nuevas historias… ;)

Si os apetece contarme lo que opináis sobre el capítulo, sobre la historia en general o sugerirme nuevas ideas, recibiré todo con mucho gusto. También responderé cualquier duda que os haya quedado.

Sigo escribiendo. Pronto habrá cosas nuevas. Pero si hay algo que queráis contarme, podéis hacerlo a través de la página o de un review, sin problema. Os agradezco como no tenéis idea la enorme cantidad de reviews, de favoritos y de lecturas. Ya no digo nada de tantos mensajes de interés y comentarios maravillosos.

Muchísimas gracias, queridos. Nos vemos muy pronto. Ya sabéis dónde estoy.

Sek