Aquí está el quinto. Se podría decir que fue a partir de esta escena como se ideó en mi cabeza el resto de la historia, por eso he tardado más de lo que quería en subirlo, quería que quedara lo mejor posible, pero por supuesto, está muy mejorable. De todas formas aquí está, Lisbon y Jane poniendo las cartas sobre la mesa. Como siempre, espero que os guste :)

Cuando la luz de la lámpara del salón ilumina la sala por completo consigo ver a Jane. No está muy cambiado después de seis meses sin verle, simplemente tiene el cabello algo despeinado y descuidado y ha dejado atrás su típico traje gris para sustituirlo por unos vaqueros tejanos oscuros, una camiseta blanca y una chaqueta marrón. Jane, por su parte, también me examina a mí de arriba abajo por completo sin decir una palabra. Creo que no se esperaba verme llegar a casa a las cuatro de la madrugada con un vestido precioso y con un par de zapatos de tacón en la mano tras una gran noche de fiesta con gente increíble.

-Wow, Lisbon, tienes pinta de habértelo pasado bien.-dice, sentado aún en mi sillón, con el ceño algo fruncido y una media sonrisa. Sin duda, no esperaba verme así

-Sí, así ha sido Jane, una gran noche.-digo, desviando la mirada hacia otra dirección pensando en esas cuatro últimas horas increíbles. Sí señor, una gran noche

-Sí… ¡Bueno! ¿Dónde están mis modales? He de saludarte como Dios manda.- entonces Jane se levanta del sillón del salón y se dirige hacia donde estoy con grandes zancadas y una sonrisa en los labios. Yo sigo igual de paralizada en la puerta, incapaz de moverme, aún en shock por esta situación tan interesante con la que me acabo de encontrar al llegar. Jane tira de mi brazo izquierdo hacia él para darnos un abrazo, un abrazo que acaba poco después de que yo sea capaz de corresponderle al abandonar mi estado de parálisis.- Te veo cambiada Lisbon.- dice Jane al separarnos y volver a examinarme de arriba abajo.

-Quizás un vestido de ciento cincuenta pavos tenga la culpa.- dice una Lisbon ,ebria y sonriente, que arrastra algunas palabras al hablar. Me debería controlar, se notan demasiado los chupitos de tequila y las copas de vino que llevo encima

-Sea como sea, estás fantástica.- puede que yo haya cambiado, pero Jane, por su parte sigue igual de complaciente que siempre. Jane posa entonces sus manos en mis hombros y revisa la americana que llevo puesta, una americana que me está algunas tallas más grande y que obviamente no me pertenece a mí, sino a otra persona, a un hombre, más concretamente a Robert. Entonces Jane aparta la mirada de la americana y la dirige hacia mi rostro hasta posarla en mis labios, los cuales deben de tener algún rastro del carmín rojo con el que Cathy me los ha pintado horas antes. Percibo que Jane endurece el rostro y suelta un largo suspiro antes de apartarse de mí- Nunca me acostumbraré a verte con maquillaje, Lisbon. No pareces tú.

-¿Qué? ¿He dejado de ser Teresa Lisbon por un poco de rímel y pintalabios?- no puedo evitar decir esto con algo de desprecio e ironía, lo que acaba de decir me parece algo absurdo y totalmente fuera de lugar, ¿a qué demonios viene eso?

-No, es solo que…- deja esa frase en el aire, volviendo a repasar la americana y mis labios en rojo hasta volver a hablar- Voy a hacer algo. Por favor, ve y siéntate en el salón, vuelvo enseguida.- dice, mientras le veo desaparecer escaleras arriba, sin pedir ningún permiso, tal y como solía haber siempre el Jane con el que he trabajado durante diez años

Estoy demasiado cansada como para discutirle, asique obedezco sentándome en el sillón del salón que él había ocupado antes. ¿A qué viene esa reacción? Quiero decir, ha cambiado completamente de actitud en cuanto me ha revisado de arriba abajo y me ha visto con el vestido, la americana, el maquillaje y los labios rojos, los cuales no puedo evitar morderme al recordar el beso de antes con Robert. ¡Caray!, menudo… Un momento, seguramente mis labios estarán corridos por eso. ¿Es eso lo que Jane ha visto? Seguramente habrá notado ese detalle. ¿Habrá cambiado de actitud por eso? No, no creo. Esa reacción solo seria propia si le gustase, cosa totalmente improbable. Dejo de pensar en ello cuando veo a Jane bajando desde lo alto de la escalera con lo que parecen unos algodones y una botellita con un líquido transparente en su interior, mi tónico facial. ¿Qué pretende hacer con eso?

-Vale Lisbon, ahora necesito que cierres los ojos.- mientras dice esto moja uno de los algodones con el tónico- He leído en la etiqueta que no lleva alcohol, asique no te escocerán.

Cierro los ojos, incrédula por la situación. Creo que no he vivido algo tan surrealista en mi vida. ¿En serio Jane me va a desmaquillar? Mientras me restriega los ojos con el algodón empapado en una mano y con la otra sujeta suavemente mi mentón, continúa hablando.

-Bueno, cuéntame qué tal te han ido estos seis meses.

Le digo que prácticamente no he hecho otra cosa que trabajar. Le cuento con pelos y señales en qué consiste mi trabajo y describo a mis compañeros. Para que se haga una idea, le digo que he estado viajando un montón por Estados Unidos debido al trabajo, desde Albuquerque a Nueva York. Para cuando acabo de contarle todo esto, Jane ya ha acabado, incluso, de quitarme los restos de pintalabios con otro algodón.

- Vale, ahí está la Lisbon que conozco.- dice tras acabar de desmaquillarme. No veo a que se deberá todo esto

-¿Y qué ha sido de ti? ¿Qué has hecho durante estos últimos meses?- le pregunto, mientras él se sienta en la mesilla del salón, enfrente de mí, posando los codos en las rodillas

- Bueno… Dejé la brigada poco después que tú. John el Rojo no volvió a matar y sentí que nada más me ataba allí, asique dejé mi puesto de consultor, abandoné el ático y me fui a un motel que está las afueras del centro de la ciudad a seguir trabajando en mi lista. Han sido una especie de vacaciones.- Jane sonríe tras decir esta última frase

- Sabes que Stiles, McAlester y Partridge murieron, ¿verdad?- le pregunto, pues creo que ha omitido una parte muy importante que está relacionada con el caso de John el Rojo, algo que seguramente sabe y que por algún motivo ha omitido

-Sí, también he trabajado sobre ello. Pero bueno, dejemos de hablar de John el Rojo. Cuéntame algo más de tu trabajo. ¿Cuál es el último caso en el que estáis trabajando tu equipo y tú?

¿Mi último caso? John el Rojo, para variar. De todas formas, ¿qué habrá de interés en mi trabajo que pueda interesar a Jane? Tenía la esperanza de que lo último de lo que hablásemos esta noche fuera de trabajo.

-¿A qué viene eso? ¿Hemos quedado para hablar de trabajo?

-Bueno… Sí, para ponernos al día, ¿no era esa la idea?

Parece que es en este momento cuando me acuerdo de que estoy ante el manipulador Patrick Jane, de quien hace pocas horas tenía la sospecha de que había contactado conmigo para dar con el paradero de Erica Flynn. Ahora que le tengo más cerca, le estudio el rostro y cuello y doy con una marca marrón de pintalabios que tiene en el mentón, es, más concretamente, de Erica Flynn, lo que significa que sí, la ha visto esta noche. Entonces, si ha conseguido lo que quería de ella, ¿por qué ha venido de todas formas? No tardo en caer de la cuenta de que, al haber dejado la brigada, Jane no estará tan enterado del caso de John el Rojo como antes, todo lo nuevo que puede tener se basaría en las noticias de periódico y televisión. No se me ocurre otro motivo por el que esté aquí que el hecho de que yo siga trabajando para un organismo oficial del Estado que está enterada, como agente de la ley, de todo lo nuevo en dicho caso, por lo tanto, ha venido hasta aquí sólo para sonsacarme dicha información. El muy cabrón seguro que había previsto que me bebería yo solita una botella de vino esperando a que él viniera, con lo cual sería más fácil que yo cantase todo lo que sé de John el Rojo. Genial, hemos vuelto otra vez seis meses en el pasado. Pues no será esta noche, Jane. Hoy no jugaremos según tus reglas.

-¿Por qué has venido, Jane?- le suelto, con una sonrisilla irónica

-¿Cómo que por qué he venido? –pregunta confundido, frunciendo el ceño-Ayer te dije que vendría, y soy un hombre de palabra, Lisbon.

-¿Hombre de palabra? No me hagas reír.- tras decir esto, el frunce aún más el ceño, extrañado- Habíamos quedado a las nueve y tú, a las tres horas, no te has dignado ni a venir, ni a avisarme de que llegabas tarde o que ni vendrías.- le espeto, cada vez más cabreada

-Lisbon, ya te he dicho que no estoy en el centro de Sacramento. Estoy a las afueras, y eso y el atasco de un sábado por la noche tampoco me han ayudado a llegar antes, es más, me he dejado el móvil en el motel.- el alcohol me hace creer, en un corto periodo de tiempo en el que me vuelvo a odiar a mí misma, que todo lo que dice parece tener sentido, pero me vuelvo a recordar a mi misma que nunca te puedes fiar de Patrick Jane. Nunca- Te llame ayer porque hacía meses que no veía a una persona muy importante para mí, a alguien de quien prácticamente no me separado en diez años. Alguien que no tiene ni idea de cuáles son mis sentimientos hacia ella. Y cuando ves a ese alguien llegar a las cuatro de la madrugada con la chaqueta de otro hombre y con los labios corridos por un beso que no ha sido tuyo, ese sentimiento que has intentado ocultar durante mucho tiempo por protegerla más a ella que a ti, vuelve con más fuerza, y el primer impulso que tienes es borrar esa marca de sus labios y hacer como que nunca ha estado ahí.- tras este pequeño discurso en el que se supone que me debería derretir por dentro según su plan mental, en el rostro de Jane aparece una sonrisa que no se refleja en sus ojos, la misma sonrisa de hace seis meses, la cual me dedicó al pretender convencerme de que dejara el CBI fingiendo que yo le importaba cuando lo único que buscaba era su beneficio propio

En este momento, conforme voy comprendiendo cada vez mejor la situación, noto como si todo el alcohol de mi organismo desapareciera para dar lugar a una lúcida y cabreada Lisbon, que no puede evitar sonreír con una mueca ante una situación en la que está a punto de estallar. No puedo evitar agrandar cada vez más dicha sonrisa. Este puto cabrón sabe cómo engañar a una mujer, haciéndole creer que siente algo tan profundo hacia ella como ella hacia él. Así es como siempre ha trabajado Patrick Jane, aprovechándose de los sentimientos de los demás para obtener beneficio propio.

-¿Por qué sonríes?- me pregunta, también sonriendo y cada vez más confundido. Tras decir esto me mira más profundamente a los ojos. Es uno de esos momentos en los que él entra dentro de las personas, leyendo cada una de las palabras que los demás están pensando

-No me psicoanalices.- le suelto de repente, rompiendo el silencio que había entre ambos y con esa mirada tan profunda con la que pretendía entrar dentro de mí- No te gustaría lo que puedes encontrar

-¿Y qué es eso no me va a gustar, Teresa?- me pregunta, esta vez más serio

-Que he dado con tu mentira.-frunce el ceño con una media sonrisa tras decir yo esto y continúo-Primero, ni te atrevas a insinuarme que sientes algo por mí que no es verdad. No te atrevas a venir a mi casa a mentirme insinuando algo que no sientes. Tú solo eres capaz de sentir algo que confundes con amor hacia gente que te da algo muy complicado de poseer, es decir, información de John el Rojo. Es por eso por lo que has venido, para tratar de conseguir de mí lo mismo.

-¿Cómo sabes que no es verdad? ¿Qué no siento lo que digo por ti?

-Porque yo sí que siento eso, Jane, y cuando me importa tanto una persona hasta el punto de sentir algo profundo por ella, la llamo antes de seis meses en lugar de quedar tras mucho tiempo para después dejarla colgada por ver a otra zorra, lo que me lleva al punto número dos: No has estado durante tres horas en un atasco, como me acabas de decir, es más, ni siquiera te has dejado el móvil en el motel, cuando te he llamado antes me has colgado, además, noto su silueta en tu bolsillo derecho.- dico, señalando al mismo. Entonces Jane parece darse cuenta de su error al llevarse la mano a dicho bolsillo y parparse el teléfono por encima de la tela- Has ido a tirarte a Erica Flynn.- endurece el gesto y la sonrisa desaparece de su rostro, por lo que parece que he dado en el clavo. Como diría Medi, 'empecemos a jugar'- Ayer Erica fue vista en Sacramento, cosa que tú ya sabías puesto que ha salido tanto en las noticias como en los periódicos. De todas formas, esta mañana los chicos con los que trabajo han dado con una pista que parece relacionar a Erica Flynn con Lorelei y su hermana, y probablemente con John el Rojo, pero eso tú ya lo sabías, ¿no? –su silencio confirma esta nueva sospecha, asique sigo jugando- Sí, tú ya lo sabías. Sea como sea, lo descubriste hace tiempo y, como siempre, me lo ocultaste. Desde entonces, lo único que querías hacer era dar con ella para saber si de verdad tiene relación con John el Rojo, y cuando te enteraste de que estaba en Sacramento lo primero que se te ocurrió fue llamarme a mí, una tía que trabaja para el FBI y que te diría su paradero para que pudieras ir a hablar con ella sobre John el Rojo. Pero venir no te ha hecho falta, pues seguramente es Erica quien ha dado primero contigo y te ha pedido que fueras a verla. Entonces me has dejado a mi plantada durante horas en casa para ir a tirártela.

-Tengo que descubrir que eres buena descubriendo las mentiras de la gente, Lisbon.

-Sí, juego mucho al póker, además, he aprendido del mejor.

-¿Cómo lo has sabido?

-¿Lo de Erica? He atado algunos cabos, además ha ayudado el hecho de que llevas una marca de pintalabios suya en el cuello.-Jane se lleva entonces la mano al cuello y empieza a palpárselo- Jane, tu error es que siempre sueles creer que sabes más que ningún otro, pero por supuesto, eso no es siempre.- el capullo mentiroso que tengo delante deja de palparse el cuello y desvía la mirada de nuevo hacia el suelo mientras junta las manos, derrotado. Creo que pocas veces han descubierto así una treta de Jane

A pesar de esta pequeña victoria, no puedo sentirme furiosa conmigo misma, pues he sido yo solita quien se ha metido en esta situación. Fui yo quien le pidió a Bogda los documentos de la brigada para volver al pasado y fui yo quien acepto ayer quedar con Jane para que éste se limitara a mentirme, como ha hecho siempre.

-Soy idiota.- digo, sin poder evitarlo. Jane levanta su mirada para dirigirla hacia mí tras decir esto. Empiezo a repasar los sucesos ocurridos estos dos últimos días en voz alta, con la vista fija en un punto del vacío- Hasta hace un par de semanas, estaba felizmente alejada de toda esa mierda de John el Rojo, dedicándome a hacer algo que de verdad me llena, justicia. Después, no se me ocurrió nada mejor que pedirle a mi compañera hacker los documentos de la brigada para saber si se había avanzado en el caso de ese asesino o si seguía todo igual. Y ahora, mi 'mejor amigo' psicótico aparece de la nada, para recordarme los errores que cometí hace una década.

-Espera… ¿Psicótico? ¿Y qué errores?- dice Jane, interrumpiéndome

-Los que cometí hace diez años al contratarte como consultor, pensando de que de esa manera ocuparías tu vida en algo más que en tu empeño de acabar con John el Rojo. –vuelvo a dirigir la mirada hacia él antes de continuar- Alguien se llevó a las dos únicas mujeres a las que has amado en tu vida y no pudiste hacer nada para pararlo o evitarlo. Lo único que podías hacer contra ello era la venganza, con la que acabarías matándole, con la que se supone que cambiarías el maldito pasado. En lo que parece que no has pensado todavía es que no se puede cambiar el pasado y que una vez que te encarcelen, te seguirás despertando cada mañana, en tu celda de mala muerte, y ellas seguirán estando muertas.

-No voy a acabar en la cárcel tras eso, Lisbon.- me dice, con cara de póker, pero endureciendo su actitud hacia mí, seguramente por eso último que le he dicho

-Oh, sí, claro que irás a la cárcel. Eres reincidente y ya mataste a otra persona y habrá gente como yo que declarará que tenías la intención de cometer ese crimen desde hace bastante tiempo, serás juzgado y enviado a la cárcel, a compartir techo con drogadictos y criminales. Tras una temporada allí comprenderás que yo tenía razón, que es John el Rojo quien debería estar en un lugar como ese pagando uno a uno los crímenes que cometió. Nunca has comprendido que de esa manera es como si tú estuvieras cumpliendo un castigo que le corresponde a él, ¿verdad? Estarás ocupando su lugar, y eso es lo John el Rojo quiere, que la última etapa de tu vida sea cumplir una pena que le pertenece a él.

-¿Y qué sugieres, Lisbon? ¿Qué olvide lo que les hizo a mi mujer y a mi hija? ¿Qué pase página? Sabes bastante bien que eso es algo que no puedo hacer.

-Ya, sé que es algo que acabarás haciendo y que te negarás a escuchar a todo aquel que te quiera hacer cambiar de opinión. De todas formas, siempre creí en ti y en que acabarías viendo la realidad desde otro punto que no fuera la venganza, intenté que abandonaras esa maldita idea para que todo pudiera acabar de forma justa.

-No necesito ayuda, no hay finales felices en esto, Lisbon.

-Lo sé, y es algo que no he comprendido hasta hace poco. Es algo que no puedo cambiar, solo tú puedes hacer algo contra eso.

Ambos nos quedamos en silencio tras esto digiriendo las palabras del otro. Es entonces cuando aparto la mirada de Jane y la dirijo al suelo y miro mis pies descalzos y dolidos tras llevar zapatos de tacón, algo a lo que no están acostumbrados. Me fijo en las uñas de mis pies, que están pintadas de color rojo de manera descuidada, algo que yo no he hecho. ¿Quién demonios me ha pintado las uñas de los pies?

-Bonitas uñas, Lisbon.- dice Jane, mirándome también los pies. Debe de hacer percibido lo tensa que me ponía al observarlos

Tras unos instantes, recuerdo una de las muchas marcas que John el Rojo deja en sus asesinatos: Suele pintarles las uñas de los pies a la mayoría de sus víctimas con su propia sangre. No puede ser. ¿Ha sido él? ¿Entró anoche en mi casa a pintarme las uñas de los pies? ¿Por qué razón haría eso? Enseguida me viene a la mente el paquete que me envió a la brigada cuando seguía trabajando allí. En la nota me decía que debería alejarme de Jane, que no me traería más que problemas. Ayer no se me ocurrió una cosa mejor que aceptar una cita con Jane, con eso habría desobedecido a John el Rojo, quien me amenazaba a mí misma y a mi familia si no cortaba todo contacto con Jane y dejaba la brigada. Genial, vuelvo a estar en el punto me mira de John el Rojo, y disparará si no me alejo de Jane y dejo de investigarle a él. Volvemos a estar en peligro tanto yo como mi familia. Si ha dado con mi nuevo domicilio para de ese modo allanarlo, seguramente sedarme y pintarme las uñas de los pies como señal de amenaza, está claro que también habrá sido capaz de dar con mi familia. El miedo se apodera de mí y hace levantarme bruscamente del sillón, paralizándome y haciéndome temblar como una hoja.

-¿Estás bien, Lisbon? ¿Qué ocurre?- me pregunta Jane, extrañado, levantándose también. Solo quiero que se vaya, que se aleje de mí.

-Vete, Jane. No quiero saber nada más de ti ni de John el Rojo.-digo mientras me dirijo corriendo hacia la puerta y la abro, como señal de que quiero que se vaya

El parece confundido ante esa reacción mía sin justificación aparente. Parece intentar explicarla pero se limita a obedecer mi petición y se dirigirse hacia la puerta de mi apartamento. Cuando está a punto de cruzar el umbral, se gira hacia mí para decirme algo.

-Mi intención nunca fue hacerte daño ni a ti ni a ningún otro, sólo a John el Rojo. Esa era mi única regla.

-Felicidades, la incumpliste. La próxima vez que quieras mentirle a alguien que te quiere fingiendo que le aprecias te agradecería que llamaras a otra persona.-Jane parece entender que conmigo ya no hay nada más que hacer pues no me discute y cruza, por fin, el umbral de mi puerta, alejándose por el pasillo

Sólo quiero que se aleje de mí para no seguí poniendo en peligro a mi familia, los únicos que me importan en este mundo. Ignoro por completo que le acabo de confesar mis sentimientos a Jane, ahora mismo el miedo se ha apoderado de mí y me ha paralizado en el único pensamiento de que vuelvo a estar en peligro, como hace seis meses. No valdrá la pena que huya, no podré hacer nada en contra de John el Rojo, no podré cambiar eso. Vendrá a por mí y acabará conmigo y no podré evitarlo, un final que ya me esperaba.

¿Qué tal? ¿Os ha gustado este? Lisbon , como siempre está en problemas y con el agua al cuello. Empezaré a trabajar en la continuación enseguida y puede que para pasado mañana o así tengáis un corto capitulillo que os pondrá en situación para lo que viene. Como siempre, se agradece todo comentario que queráis dejar de esta historia. ¡Un besazo y gracias por leerlo! :*