Bueeeeeeeno, me he tomado mi tiempo para escribir el siguiente, ¿verdad? En realidad me atasqué un poco, tenía la idea pero no sabía como dirigirla, además de un montón de exámenes finales :((. Sea como sea aquí está el siguiente, con Jane en acción. Creo que os gustará, al menos a mí me ha encantado como ha quedado.

Una novedad es que las partes redactadas desde el punto de vista de Lisbon están en cursiva y las demás son el desarrollo del resto de la historia.


Me arrastran. Es una sensación vaga y débil pero lo noto, me tienen cogida por los brazos y los pies me arrastran por el suelo. Pese a que lucho por todos los medios por abrir los ojos, soy incapaz; es como me hubieran drogado y, como agente que ha trabajado en todo tipo de casos, sé con qué: cloroformo. No soy médico ni una experta pero sé que uno de los raros efectos del cloroformo es despertarte totalmente paralizado después de dormirte, sin poder mover un músculo, de este modo no puedo gritar, ni ver quien me lleva, pero de alguna forma se quién es lo sé: John el Rojo.

De pronto me dejan en el suelo y oigo el chirrido de una especie de puerta a nivel del suelo, lo que debe de ser una trampilla. Después de abrirla me vuelven a coger, pero esta vez en peso, para volver a soltarme en lo que supongo que es el interior de la trampilla, cayendo en un colchón en el que supuestamente no debería sufrir daño alguno, pero siento un dolor agudo y punzante en el costado derecho. Me he roto una costilla al caer. Solo entonces mi cuerpo es capaz de responder abriendo los ojos por completo y mirando hacia arriba, para tratar de identificar el rostro de la persona que me ha traído hasta allí, pero es inútil. Antes de lograr enfocar la mirada e identificarle cerró la trampilla, dejándome totalmente a oscuras en un oscuro, frío y húmedo sótano, del cual no sé si volveré a salir.


-Tres días después-


Jane se encontraba en su cafetería favorita de Sacramento, donde según él sirven el mejor té de la ciudad. Necesitaba salir de su habitación de motel, donde ha estado encerrado durante dos días con fin de acabar de una vez por todas con el infierno que ha supuesto para él John el Rojo. Lisbon le abrió los ojos hace dos noches. Jane vio como sufría ella con todo esto y no debería ser así. No se lo merece, debe acabar con todo esto.

Pero eso lo sabía mucho antes de ir a ver a Erica aquella noche. Sí, Lisbon había dado en el clavo, acertó que Jane había estado con ella esa noche. Erica Flynn llamó a Jane nada más pisar Sacramento, diciendo que quería verle. Jane descubrió meses antes que el equipo de Lisbon que Erica estaba relacionada con John el Rojo, así que olvidó la cita con Teresa y corrió a ver a Erica. Tenía la oportunidad de sacar algo en claro, descubrir si ella tenía algo que ver con John el Rojo y encontrar otra pista con la que avanzar, pero en cuanto se dio cuenta de que lo único que quería la chica era una cama caliente y que no tenía nada que ver con el asesino de su familia, Jane salió por patas de esa casa. Desesperado se preguntó qué hacer entonces, sólo contaba con su lista y ya no trabajaba con la brigada, así que no podía saber si había algún avance en el caso. Sólo se le ocurrió una persona, alguien que pudiera responder a su desesperación y contare algo, y esa era Teresa. Entonces recordó que había quedado con ella el día anterior para verse hoy, hacía ya dos horas. Quedó con ella para saber si su antigua compañera y buena amiga estaba bien tras meses sin verla, pero ahora era una esperanza para avanzar en su venganza, acercándose más a John el Rojo. De ese modo cogió el coche y fue, como alma que lleva al diablo, a su apartamento pero, para su sorpresa, se lo encontró vacío, así que forzó la puerta y decidió esperarla en él, y eso fue un error, ya que ella, incluso bajo los efectos del alcohol, descubrió los motivos por los que él estaba allí.

Vio el dolor en sus ojos, vio la decepción, vio como se rendía con él y eso destruyó aún más por dentro a Jane. Lisbon era la única que había visto su lado más oscuro y, sin embargo, seguía a su lado. Nunca se preocupó por analizar sus sentimientos hacia ella ya que sabía que si lo hacía hubiera encontrado algo parecido al amor, y eso no habría acabado nada bien con John el Rojo aún en juego. Si ese asesino hubiera percibido la más mínima chispa de ese sentimiento entre ambos habría acabado con ella, en todos los sentidos. Para que esto tuviera un final feliz tenía que encontrarle, acabar con él de una vez por todas.

Jane estaba dando un sorbo a su té, ya algo tibio, con la mirada perdida cuando percibió que una pequeña figura femenina pasaba por su lado frenando el paso para sentarse en su misma mesa, enfrente suya, clavando los ojos en él antes de presentarse.

-Hola señor Jane, soy la agente Catherine Johnson y trabajo para uno de los departamentos de investigación del FBI aquí, en Sacramento.

La chica ni se molestó en sacar la placa, pero Jane sabía quién era ella y que, por supuesto, trabajaba con Lisbon. Jane, por su parte, dijo:

-Encantado, Cathy. Y por favor, llámame Patrick. O simplemente Jane, si lo prefieres ¿A qué debo tu tiempo?

-Verás, nuestro equipo está trabajando en un caso con el que usted ha tratado muy estrechamente y tanto mi jefe, Richard Medi, como mis superiores consideran que usted puede sernos de vital ayuda.

Debía haberlo imaginado, el equipo de Lisbon estaba trabajando en el caso de John el Rojo y, como era de esperar, estaban atascados. El que ellos recurrieran a Jane le decía algo: que Lisbon no les había dado su lista. No le había traicionado de ese modo ya que, de otro modo, no estarían tan atascados como Cathy le asegura. Pero a decir verdad, no le importaba que su lista fuera usada. Puede, irónicamente, que el FBI diera con John el Rojo antes que él, al fin y al cabo la lista era más reducida ahora y tenían más medios.

-Estoy retirado, Cathy, ya no trabajo ni con la brigada ni con ningún otro cuerpo de la ley.- percibió la decepción en los ojos de la chica, pero no era para tanto, pensó él, podían llegar a John el Rojo por otros medios.- Teresa trabaja contigo, tiene información que seguramente no te ha dicho sobre mis avances en el caso, pregúntale y seguro que avanzareis.

Mientras Jane daba otro sorbo de su té, vio como una media sonrisa irónica se dibujaba en el rostro de la chica que estaba sentada enfrente de él. Era como si en cualquier momento fuera a pegarle un puñetazo. A Jane le hizo gracia el gesto y le preguntó sonriendo:

-¿Qué pasa?

Entonces la sonrisa de la chica se esfumó, al igual que la de Jane.

-¿No has visto las noticias ni leído el periódico, Jane?- dijo Cathy, con una voz muy fría. Jane negó con la cabeza, no se había comunicado con el exterior ni leído las noticias desde hacía tres días. ¿Qué había pasado?- Teresa desapareció hace tres días. Encontramos su departamento vacío, sin ninguna pista de su paradero. En él sólo estaba la marca de John el Rojo en la pared.

La respiración de Jane se cortó, entrando en casi estado de shock, quedándose paralizado, con los ojos muy abiertos. John el Rojo, tras meses, se había decidido a mover ficha.


Un fuerte golpe me despierta, sacándome de esa oscura inconsciencia que tanto me está empezando a gustar. Es el infierno que vivo cada instante desde que me han metido aquí abajo, no sé cuánto tiempo ha pasado pero para mí ha sido una eternidad.

Uso todas las fuerzas que puedo reunir para abrir los ojos y girar la cabeza hacia la derecha, donde veo que la trampilla está abierta y que por ella entra luz. Yo me encuentro tirada encima de un viejo colchón pegado a una de las paredes del sótano, del que soy incapaz de moverme. Veo algo que me estremece, la figura de un hombre, John el Rojo, que baja por medio de una escalera para venir hasta donde me encuentro yo. Viene a pincharme lo que sea que me mantiene en este estado, incapaz de moverme, articular palabra ni, mucho menos gritar. De este modo no puedo girar la cara al sentir que me coge del mentón para ver si estoy despierta. Odio que me toque. Me repugna. Lo único que puedo hacer es cerrar los ojos.

-Tranquila cariño, esta pesadilla acabará pronto.- oigo la voz aguda y siniestra de John el Rojo en la oscuridad mientras prepara las agujas con los fármacos. Me coge el brazo derecho , y no puedo evitar soltar un sollozo mientras una lágrima se escapa de mis ojos. Voy a morir aquí abajo.- Oh, querida no llores. Sabías que esto no tendría un final feliz.- Entonces se me corta la respiración. Esas mismas palabras me las dijo Jane en mi apartamento. Como siempre, tenía razón. No hay finales felices.

Mientras siento como los fármacos se introducen en mi organismo, la oscura nube de la inconsciencia vuelve a mí para sacarme de este horrible mundo del que me encuentro rodeada, la única esperanza que me queda ya para salir de aquí.


Jane iba en el coche de Cathy, con ella conduciendo. Después de haberle contado lo de Lisbon, Jane había entrado en una especie de estado de shock que le había aislado del mundo durante unos instantes, antes de que Cathy le hubiera pedido que fuera con ella y su equipo para contarle más.

Su cabeza iba a mil por hora. ¿Por qué ella? ¿Por qué ahora? John el Rojo había estado quietecito durante meses y ahora pretendía volver por la puerta grande. A parte del caso de Kristina Frye hace años, John el Rojo siempre había secuestrado para matar, por ese lado a Jane le quedaban esperanzas de recuperar a Teresa con vida. Tal vez solo quiera jugar con él. Jane estaba muy cerca, no se le iba a escapar esta vez.

Para cuando Jane se dio cuenta, Cathy estaba aparcando enfrente del apartamento de Lisbon, donde había estado ya anteriormente, hace dos noches, antes de que ella desapareciera. Pero, ¿qué hacían allí? Jane suponía que Cathy le llevaría a las oficinas del FBI donde su equipo trabaja. De todos modos, Jane no articuló palabra y siguió a Cathy al interior del edificio.

Cuando entraron en el apartamento de Lisbon, lo primero que vio fue la gran marca roja de John el Rojo en la pared del recibidor, una marca que, sin duda alguna, estaba hecha con sangre. La imagen rompió aún más por dentro a Jane. La posibilidad de que todo fuera otra de sus horribles pesadillas iba desapareciendo. Esto era real. Terriblemente real. Y tenía que hacer algo si no quería vivir lo mismo que hace diez años: una pérdida que le dejó vacío por dentro.

Cuando los pensamientos de Jane le dieron un respiro, éste se percató de que Cathy y él no estaban solos en el apartamento; un grupo de cuatro personas estaba con ellos, tres de los cuales se encontraban en el sofá de la sala de estar y uno de pie, alguien a quien ya había visto antes: Richard Medi, el agente que le ofreció el puesto en el FBI a Lisbon hace meses. El hombre en cuestión empezó a caminar hacia él, alargando la mano para estrechársela a Jane mientras se presentaba con un tono de voz marroquí, algo más exagerado que el de Cathy.

-Gracias por aceptar venir con nosotros señor Jane. Yo soy el agente Richard Medi, la compañera que ha ido a buscarle es Cathy como ya sabrá y ellos son Donald, David y Bogda.-dijo Medi, dirigiéndose a aquellos que permanecían en el sofá. El único que cambió el gesto fue David, un hombre de avanzada edad cuyos rasgos y el gesto de dedicarle una pequeña sonrisa dijeron a Jane que era un hombre inglés, solo escuchar su acento confirmaría esta hipótesis. En cuanto a Donald, podía ser perfectamente americano y, por el nombre de esa gran mujer, seguramente sería europea. Por su tono de piel y sus ojos claros, del norte seguramente. En cuanto a Richard y Cathy estaba claro por el acento de ambos que eran marroquíes, seguramente ya vivían en América desde hace años, pero el acento de ambos persistía. No se molestó en seguir analizando a los que allí se encontraban y, en lugar de presentarse, ya que no lo consideró necesario, Jane dijo:

-¿Qué tenéis?

-¿Disculpe, señor Jane?- dijo Medi, con gesto confuso

-De la desaparición de Teresa, habréis investigado sus últimos movimientos, tener una hipótesis, una teoría. Algo.

-Por supuesto señor Jane, la duda ofende. Recientemente habíamos acabado un caso en Los Ángeles y al volver a Sacramento nuestros superiores nos asignaron el caso de John el Rojo para tratar de cerrarlo lo antes posible ya que ha pasado por numerosos departamentos y los jefes de mis superiores estaban metiendo mucha presión. De este modo nuestro equipo tuvo que empezar de cero y decidimos centrarnos en el cuerpo de la brigada, en el que usted estuvo trabajando, ya que habían investigado el caso de John el Rojo durante unos diez años sin resultado alguno, así que nuestra primera hipótesis fue que alguien de dentro de la brigada estaría moviendo los hilos necesarios para evitar que el caso de John el Rojo avanzase, lo que básicamente conocemos como un topo. Luego nos centramos en una posible relación entre Lorelei Martins, una de las amantes de John el Rojo a la que usted llegó a conocer muy bien por lo que se, y Erica Flynn, pero no nos dio tiempo a indagar más. En cuanto al caso de John el Rojo nos quedamos ahí, en lo referido a los últimos movimientos de Teresa, sabemos que horas antes de su desaparición salió con Cathy a celebrar el cumpleaños de uno de sus conocidos y que la trajo a casa uno de los amigos de Cathy, Robert Bomer, el mismo que a la mañana siguiente volvió al apartamento a verla y se encontró con esta misma escena. Bomer llamó primero a Cathy y luego a emergencias. El chico ni sabía quién era John el Rojo.

Jane analizaba cada palabra que Richard Medi utilizaba, y las preguntas se iban acumulando en su cabeza. Se centró primero en ese tal Bomer, quién había traído a Teresa al apartamento la noche anterior y quien supuestamente fue el primero que entro en su apartamento.

-O sea que Bomer fue el que denunció la desaparición y supuestamente el último en verla.- dijo omitiendo que fue él mismo el último que la vio- ¿Y por qué vino al día siguiente a ver a alguien a quién conoció la anterior noche?

-Quería invitarla a desayunar-dijo Cathy, que se encontraba apoyada en el marco de la puerta, detrás de Jane- A Robert le gustó estar con Teresa la noche anterior, creo que ambos se pillaron un poco.

Jane omitió esto último y siguió con la ronda de preguntas

-¿Y no sabía nada de John el Rojo? ¿Qué residente en California, que se limite a leer los periódicos o a salir a la calle no conoce algo de él?

Cathy siguió respondiendo unas preguntas que en realidad estaban dirigidas a Medi, al fin y al cabo es ella quien conoce a Bomer.

-Ha estado una larga temporada en el ejército americano, fuera de California. Además no dedica mucho tiempo a ver la televisión ni a trasnochar para ver el canal jurídico.

Jane decidió dejar el tema de Bomer, el chico no le llevaría a ningún lado. Esta vez se centró en una pista muy buena que Medi le había dicho antes.

-Richard, antes me has dicho que pretendíais centraros en los agentes de la brigada.

- Eso he dicho.

-¿En quién o quiénes exactamente?

Richard Medi titubeó antes de contestar a Jane, lo que el mentalista entendió como que la respuesta no le gustaría.

-Puesto el caso lo tenía asignado tu antiguo equipo, y no habíais llegado a ningún lugar, supusimos que alguno de tus antiguos compañeros movía los hilos y os saboteaba, asique nos centramos en ellos.

-¿En Grace, Kimball y Wayne?- dijo Jane a Medi sin poder dar crédito.

-Así es.

Jane no puedo salir de su desconcierto, lo que le llevó a decir:

-Con todos mis respetos, Richard, eso fue una pérdida de tiempo por no decir una gilipollez. Creo que no hay nadie más interesado en dar con John el Rojo que yo. ¿Crees que si hubiera estado trabajando día tras día con alguien que está relacionado con él no me habría dado cuenta?

-Con todos mis respetos, Patrick,-dijo imitando el todo de Jane- nosotros empezamos de cero con el caso, de ese modo nos centramos en lo que nos parecía más lógico. Así que es perfectamente entendible que no nos centráramos en las indagaciones que usted tiene por su cuenta.

Todos los que estaban en la sala contemplaban la conversación entre ambos hombre como si fuera un partido de tenis. Jane desistió, intentó comprender la situación de Medi y su equipo y dejó de discutir, aunque estaba seguro de que Teresa había reaccionado de igual modo.

-Así que no tenéis nada más.

-No, señor Jane, por eso hemos recurrido a usted, se nos acaba el tiempo y usted es el que más conoce del caso.

-¿Y qué piensas que puedo tener yo que pueda ayudaros?- Jane quería jugar un poco más con Richard, quien no cambió su gesto a pesar de estar comenzando a perder la impaciencia.

-Patrick,- Medi se dejó de formalidades, hablando ahora de hombre a hombre y no de agente a civil- no hace falta ser un experto mentalista ni un gran investigador para saber que el dolor que provoca perder a una familia llevaría a cualquier hombre a cometer una locura. Yo, personalmente, poniéndome en esa situación, mataría al responsable, y viéndote a ti, que trabajaste con la brigada, con toda la información que posee un cuerpo de la ley como ese y siendo tu un 'genio' como te llaman muchos de mis superiores a quienes se les cae la baba por ti, lo más probable es que tratara de investigar por mi cuenta. Así que déjate de chorradas y dinos si tienes algo o no. La vida de Teresa está en peligro y te agradecería, enormemente, que no me hicieras perder el tiempo.

Jane pareció recordar la situación en la que se encontraba. John el Rojo se había llevado a Teresa. La única persona que le quedaba en este mundo que le importa . Habían pasado muchas cosas juntos. Joder, ¡Ella le había salvado la vida siempre que se había metido en líos arriesgando la suya propia! Se lo debe, debe salvarla. Si muere el único responsable será él, y eso le destruirá más por dentro.

-Patrick se lo debes a ella.- esta vez hablaba Cathy, quién seguía apoyada en el parco de la puerta de la entrada, con los ojos húmedos, a punto de echarse a llorar. Ella también estaba desesperada. Quería encontrar a su amiga. Echó un vistazo al resto de personas que allí se encontraban, todos dispuestos a dar lo que fuera con tal de recuperar a Teresa.

Ese era el momento. Jane lo pondría también todo en juego. Terminaría con casi una década de tortura personal, acabando con el asesino que se llevó a su familia y salvando a la única persona a la que ha podido llegar a amar desde entonces.


Un dolor punzante en mi costado derecho me arranca de los brazos de la inconsciencia, aquella a la que tanto amo. Al fin y al cabo es la única que puede sacarme de aquí. Al parecer, mi costilla rota y el resto de las partes doloridas de mi cuerpo han decidido hacer acto de presencia. Miro a mi alrededor y no veo otra cosa que una oscuridad fría y estremecedora de la que no escaparé nunca. ¿Hasta cuando me tendrá John el Rojo aquí abajo? Nadie podrá sacarme nunca de aquí. Nadie. Mi equipo no tiene las pistas necesarias para dar conmigo a tiempo. Soy idiota. Debí haberles dado la lista de Jane en lugar de decidirme por no traicionarle y aferrarme a aquella relación tan fuerte que creía que teníamos. Todo ha sido una mentira. Seguro que él está contando los minutos que faltan para encontrar el precioso escenario que John el Rojo ha preparado para mí. Yo soy la guinda. Al igual que me ha engañado a mí, Jane ha engañado a John el Rojo haciéndole creer que soy una de las pocas personas que le importan para que el juego entre John el Rojo y él llegue a su fin conmigo. Digamos que yo soy como un último movimiento de ajedrez.

Terroríficas figuras comienzan a formarse en la oscuridad. En estos momentos, el miedo te juega muy malas pasadas. Este sentimiento unido a la ira, la desesperación y el deseo por que esto acabe, me llevan a levantarme, ignorando el dolor que recorre todo mi cuerpo, y andar tropezando y cojeando hasta llegar hasta donde creo que se encuentra la trampilla y comienzo a gritar con unas fuerzas cuyo origen desconozco.

-¡Acaba ya con esto! No estás haciendo otra cosa que perder el tiempo conmigo aquí. Jane te ha engañado. Nos ha engañado a ambos. Se ha aprovechado de mí desde el principio para que este momento llegara. ¿No lo ves? No le importo. No tiene capacidad de sentir nada por nadie.- las lágrimas empiezan a rodar por mis mejillas mientras mis pulmones tratan de recuperar el aire perdido antes de gritar una última cosa:- Mátame ya, te lo ruego.

Mientras el llanto, el dolor y la impotencia se apoderan de mí, el cansancio me hace caer al suelo. Es entonces cuando oigo unos pasos en el piso de arriba. John el Rojo. Pero no es solo un par de pisadas, son dos, alguien le acompaña. la trampilla se abre y la luz me ciega. Un hombre salta al interior de la trampilla, cayendo prácticamente de pie a mi lado. Éste me coge y me vuelve a llevar a donde estaba antes, al viejo colchón pegado a la pared. Yo no me molesto en forcejear, solo quiero que esto acabe. Veo como otro hombre baja por la trampilla por medio de la escalera y reconozco su figura, él sí que es John el Rojo, y viene acompañado de un par de agujas. Cuando se agacha, más cerca de mí, le susurro:

-Mátame.

Mientras me busca la vena del brazo derecho para pincharme el contenido de las agujas, me dice, con su siniestra voz aguda:

-Tranquila cariño, esto acabará pronto.

Y antes de que la nube de la inconsciencia vuelva a mí, me sorprendo haciendo algo que nunca pensaría que llegaría a pasar, algo enfermizo: ruego por que John el Rojo tenga razón.


¿Qué tal? ¡Sí! Jane hará lo que sea por recuperar a Lisbon, ¡la quiere! Pero ella piensa todo lo contrario, piensa que la ha utilizado, como siempre, como medio para llegar a John el Rojo.

Subiré el próximo la semana que viene. ¡Lo juro! Además, no creo que a esto le queden más de dos capítulos, nos queda muy poquito para saber como acabará.

Como siempre, todo comentario lo agradeceré enormemente. ¡Un besazo!