¡Último capítulo! Espero, de verdad de verdad, que os guste, al menos yo estoy satisfecha con el resultado.
Este último es únicamente de Jane y Lisbon y está narrado desde su punto de vista de ella.
Espero que lo disfrutéis :)
Mi subconsciente vuelve a llevarme la misma playa con la que ya he soñado anteriormente. La imagen es la misma, estoy en la orilla de una playa de California, con el agua mojándome los pies hasta los tobillos. La vista es preciosa, el mar está tranquilo y el Sol se está comenzando a esconder en el océano. Estoy relajada, totalmente tranquila, casi en trance, con los ojos entrecerrados y la brisa acariciándome el rostro.
Oigo como los tranquilos pasos de alguien que se acercan por la arena a mis espaldas y, por alguna razón, sé quién es, por lo que no me inquieta ni me hace girarme para asegurarme de su identidad. Es Patrick. Se detiene a mi altura, a mi derecha, muy cerca de mí y me coge la mano con la suya. Observa exactamente lo mismo que yo, con la misma tranquilidad y paz que transmite el momento.
El Sol está ya prácticamente escondido cuando siento que Jane me observa, así que giro la cabeza buscando su mirada y ambas se encuentran y se mantienen durante unos instantes en los que Jane se comienza a acercar aún más a mí, posando sus manos en mis hombros, yo respondo poniendo las mías en sus brazos, a la altura de sus codos. Se acerca poco a poco a mí, pero en lugar de besarme, que es lo que pensaba que iba a hacer, acerca su rostro a mi oído, y empieza a susurrarme:
-Despierta, Teresa.
Y como si fueran palabras mágicas, la bella imagen comienza poco a poco a desvanecerse mientras sigo oyendo la voz de Jane:
-Abre los ojos
Y eso hago, luchando contra mis pesados párpados que parecen suplicarme que los mantenga cerrados. Lo primero que veo es el rostro de Jane, muy cerca del mío, casi como en el sueño, con una sonrisa que no había visto nunca en él. Está cansado, sus ojos hablan por él, le ha crecido un poco la barba desde la última vez que le vi, y la verdad es que tengo que decir que le queda genial. Me acaricia el rostro y el pelo con su mano derecha suavemente.
-Bienvenida de vuelta, Teresa.- me dice, agrandando su sonrisa
-Hola.- es lo único que alcanzo a decir, un pesado 'hola' con el que intento que el resto de mi cuerpo se despierte
Analizo el lugar en el que me encuentro. Estoy en una habitación de hospital, en la única cama que hay en ella, la habitación está prácticamente a oscuras, la única luz proviene del pasillo y de las ventanas que dan a las calles de Sacramento. A mi izquierda veo las máquinas a las que estoy conectada, a lo que supongo que es suero y a una máquina que mide mis pulsaciones. Enfrente de mí veo una pequeña mesa en la que hay tres jarrones con flores: unas rosas blancas, unos tulipanes amarillos y unos blancos. Sé que estos últimos son de Cathy, es la única que sabe que los tulipanes blancos son mis favoritos. Vuelvo a dirigir la mirada hacia Jane, quien sirgue observándome y ha cogido mi mano.
-Siento haberte despertado. Tuve dormirte cuando te encontré.
-¿Me hipnotizaste?- le pregunto, con voz algo ronca
-Sí, tuve que hacerlo. No te he despertado antes porque necesitabas descansar.- imágenes de esa noche me vienen a la cabeza, John el Rojo, yo huyendo de él y de Jane, Jane con el cuchillo en la mano y el miedo que tuve al verle y cómo Jane me confesó lo que sentía antes de desmayarme de agotamiento en sus brazos, debió ser entonces cuando me hipnotizó. Le miro, con una sonrisa en los labios al recordar sus palabras, el me la devuelve antes de volver a hablar- Esta tarde han venido tus hermanos a verte.
-¿Mis hermanos?- de repente me acuerdo, John el Rojo, su amenaza, me intento incorporar rápidamente pero Jane me lo impide y un fuerte dolor me invade el costado derecho de mi cuerpo, pero yo lo ignoro respondiendo únicamente con una mueca de dolor.- ¿Cómo están? ¿Están bien?
-Será mejor que no te muevas mucho, tienes una costilla rota y una pequeña fisura en la cadera derecha.- le miro suplicante, no ha respondido a mi pregunta, no me importa tener una costilla rota o la cadera tocada, ¡quiero saber cómo está mi familia!- Sí, sí, tus hermanos y sus familias están perfectamente, John el Rojo no les hizo nada. Volverán por la mañana para verte. - su respuesta me tranquiliza, pero poco después me pregunto si es que acaso Jane sabe lo de la amenaza de John el Rojo y que eso fue lo que me hizo abandonar el CBI, cuando ese asesino me mandó el paquete con la foto en la que salíamos mis hermanos y yo manchada de sangre con su marca. Debió encontrar la foto escondida en mi casa, no podía tirarla, es la única que conservo de todos juntos
-¿Encontraste la foto?
-Así es.
-Entonces, ellos saben lo de John el Rojo- digo, resignada. Lo último que quería era preocuparles o que esto les afectara
Jane me mira, abriendo mucho los ojos y ladea la cabeza, como si estuviera diciendo algo estúpido.
-Teresa, te ha tenido secuestrada casi una semana. Has salido en los periódicos y en la televisión, claro que saben lo de John el Rojo.
Ambos sonreímos tras esto, y poco después me pregunto qué habrá sucedido con John el Rojo, si Jane le hubiera matado estaría en un calabozo y no aquí, conmigo, pero me extraña mucho que no lo haya hecho. Vuelve a mi cabeza la imagen de Jane, aquella noche con un cuchillo ensangrentado entre las manos y diciéndome: 'Todo ha acabado', así que sí, le mató. Intento que lo que voy a decir a continuación no suene a reproche:
-Tenías razón cuando me dijiste que no pagarías ni un día de condena cuando llevaras a cabo tu venganza, ¿eh?- él me responde con una media sonrisa bajando la cabeza, lo que muestra que no se arrepiente, como era de esperar- ¿Cómo lo has hecho?
-Bueno, en mi declaración he descrito las cosas exactamente como fueron hasta el momento en el que tú te fuiste corriendo de la habitación, asique tu no tendrás que mentir. En cuanto a McAlester, les dije que se abalanzó sobre mí con el cuchillo y no tuve más remedio que defenderme, intentar desarmarle, pero que por accidente, la hoja del cuchillo acabó en su cuello.
Me estremezco al oír eso, no puedo evitar imaginarme la satisfacción que Jane sintió en el momento en el que eso ocurrió, y no por accidente precisamente, prefiero no seguir hablando del tema de momento, prefiero quedarme solamente con que toda esta pesadilla ha acabado por fin. Respiro hondo, renovando completamente el aire de mis pulmones, antes de decir:
-Todo ha acabado.
-Así es, todo ha acabado.- dice Jane repitiendo mis palabras.
Desvío la mirada hacia la ventana de la habitación que da a la calle. Está amaneciendo. Vuelve a mi cabeza el sueño que estaba teniendo antes de despertar y sonrío mientras miro a Jane, aparecía en el sueño, conmigo, ha sido como una especie de señal, como si incluso la parte más involuntaria de mí, como lo es mi subconsciente, supiera que a partir de ahora tengo que permanecer a su lado.
-He soñado contigo.
-¿Enserio?- me pregunta, con una sonrisa
-Sí.- le digo, agrandando mi sonrisa. Jane se acerca más a mí, pidiéndome en silencio que le cuente más- Estábamos solos, en la playa, y veíamos la apuesta de Sol.
Se queda callado, supongo que imaginando la escena. No borra ni por un momento la sonrisa de sus labios. Dirige la mirada a la ventana, hacia dónde la tenía yo antes, se queda observando durante unos instantes el cielo que está comenzando a teñirse de azul claro y después vuelve a mirarme a mí.
-No tengo una playa ni un atardecer, pero sí una azotea y un amanecer. ¿Te vale? Puedo intentar cumplir ese sueño.
Y sin esperar una respuesta por mi parte, se levanta y, como un rayo sale de la habitación, sigilosamente, y desaparece durante un rato por el pasillo antes de volver arrastrando una silla de ruedas. Sonrío. No puede ser. ¿De verdad va a hacer lo que creo que va a hacer?
-Las enfermeras me van a matar.- dice, con una sonrisa traviesa en los labios
Se acerca y me quita los tubos de las vías y desconecta el aparato que mide mis pulsaciones, después me quita despacio la sábana que me tapaba y, con cuidado, me levanta el peso y yo no puedo evitar soltar un quejido, un dolor punzante me recorre todo el cuerpo, pero como antes, lo ignoro.
Salimos al pasillo desierto en silencio, ambos con una sonrisa en los labios. No hay enfermeras en la estación, por lo que debe de ser el cambio de turno. Jane y yo atravesamos los pasillos del hospital sin mediar palabra hasta el ascensor y subimos al último piso, en el que hay un pequeño tramo de escaleras que nos llevará a la terraza del hospital. Como no podemos subir ese tramo de escaleras con la silla, Jane se vuelve a acercar y a inclinarse hacia mí para volver a cogerme en brazos.
-Puedo intentar andar, Patrick.
-Ni hablar, Lisbon, no te dejaré poner un pie en el suelo. Aun no te puedes mantener en pie por ti misma.- y sin mediar una palabra más, me levanta de la silla- Además, la dieta que has llevado en esta última semana te ha hecho perder mucho peso, tienes que comer para recuperar fuerzas.
Jane sube el tramo de escaleras conmigo en brazos sin esfuerzo y abre la puerta de la terraza con la mano derecha, y la débil luz del Sol que entra por ella me hace cerrar los ojos durante un pequeño instante, disfrutando de la cálida sensación. Es la primera vez que veo el Sol desde que John el Rojo me secuestró. El hospital tiene los suficientes pisos como para ver el horizonte sin problemas, por el que está empezando a asomar el Sol. Yo me quedo embobada mirando el amanecer, si esto fuera una playa, sería clavadito al sueño.
El suelo es de gravilla, pero hay una especie de bancos de cemento sobre los cuales te puedes sentar. Jane se dirige a aquel que está más alejado de la puerta y me deja sobre él con cuidado, y lo rodea por detrás de mí hasta sentarse a mi lado. Nos pasamos un largo rato en silencio, contemplando el horizonte, inmersos en el silencio de la primera hora de la mañana de una ciudad como Sacramento, en la que aún no hay ruido ni tráfico. Recuerdo, una vez más mi sueño en la playa con Jane y, como en el mismo, cojo su mano izquierda con la mía.
En estos momentos no puedo evitar pensar de nuevo que todo este infierno por fin ha acabado. El no pegar ojo por las noches, el estar a cada segundo preocupada por mi familia, el intentar en vano que Jane deje de buscar una venganza. John el Rojo. Todo ha acabado. Un gran sentimiento de paz me recorre y me hace respirar hondo, cerrando los ojos y cosquilleándome por dentro. El infierno ha acabado.
Cuando abro los ojos los dirijo hacia Jane, volteando un poco la cabeza. Seguimos cogidos de la mano y él sigue mirando al frente, inmerso en sus pensamientos, y con un gesto neutro en su rostro. Si para mí todo este tiempo ha sido un infierno, no me puedo imaginar cómo ha sido para él. Ha tenido que pasar por esto solo, no aceptaba la ayuda de nadie porque no quería que saliera dañado por su culpa. Ha visto como cada una de las personas de su vida iban desapareciendo poco a poco de ella. Ha sido una lucha de diez años sin descanso. Aunque quisiera aparentar lo contrario, todo ha sido oscuridad para él, y todo eso se va a acabar. Yo misma procuraré que eso no vuelva a ser así.
Apoyo la cabeza en su hombro y acaricio su brazo izquierdo con el mío.
-Sabes que nunca volverás a estar solo, ¿verdad?
-Eso espero.
Aunque no le vea, sé que está sonriendo. Apoya su cabeza sobre la mía y mi cabeza vuelve a volar a aquella noche, en la que me dijo que era lo único que tenía, que me quería. Yo aún no he respondido a eso pero sé que él sabe cuáles son mis sentimientos hacia él, pero por alguna razón, siento que debo decirlo.
-Te quiero, Patrick.- siento como respira hondo y agarra aún más fuerte mi mano, yo levanto la cabeza de su hombro para mirarle a los ojos, unos ojos que centellean felicidad en estos momentos- Pero eso ya lo sabes.
-Eso quería creer, pero escucharlo de ti es sin duda lo mejor que me ha pasado en todo este tiempo.
Acaricio su mejilla con mi mano sonriendo y el cierra los ojos ante mi tacto. Le cojo el otro lado de la cara con mi otra mano y el abre los ojos, acercando su rostro al mío y ambos sellamos este momento juntando nuestros labios. Es un beso esperado por ambos, en el que yo dejo de agarrarle la cara para pasar a rodearle los hombros y él me agarra de la nuca y me agarra el costado izquierdo en lo que es una especie de abrazo. Ambos paramos, casi sin aliento, momentos después, y miro a Jane. Una pequeña lágrima escapa de sus ojos y le rueda por la mejilla izquierda. Yo, sonriendo, alzo la mano para limpiársela, y nos quedamos mirándonos a los ojos un largo rato, antes de que Jane rompa el silencio del precioso momento que nos envuelve.
-Te quiero, Teresa.
Y FINNNN. ¿Qué tal? Se merecían ambos este final, ¿no? ¡Juntos! Espero sin duda que os haya gustado esta historia (es la primera vez que me dedico a coger boli y folio y a escribir). Ni siquiera sé si volveré a escribir algo, pero espero que sí, es algo a lo que me ha encantado dedicarle tiempo. Por último, un gran abrazo y un besazo a todo aquel que ha leído y dejado un comentario, de verdad que gracias a eso he llegado al final.
Nos vemos :)))
