Recuerdan ese episodió de Los Simpsons cuando muere Encías Sangrantes y tiene una despedida con Lisa, pero antes de irse definitivamente, regresa y dice algo como: ¡Ah! ¡Qué demonios! Una vez más.
Bueno, así más o menos va este pedo.
No me quise quedar con algunas ideas que no metí en su momento al fic, por eso, después de pensar mucho, creo que incluiré esas ideas haciendo unos cuantos capítulos más.
Y bueno, aquí tenemos el primero… Ah, olviden el número.
Disfrútenlo.
~O~
¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Tres o quizás cuatro horas? No lo sabían, y tampoco estaban contando el tiempo, simplemente, lo dejaron correr. Muchos sucesos habían ocurrido durante ese lapso en que se encontró semi inerte, y obviamente Luz quiso ser la primera en ponerla al corriente.
Le contó a detalle acerca de cómo fue que Hunter y ella dejaron el consejo para centrarse en otras prioridades, específicamente, en como deshacer el hechizo de petrificación; de como otros fueron los que los reemplazaron en esos cargos; de la vida de sus amigos y de como todos ayudaban a Luz en la medida de lo posible, a pesar de que algunos de ellos no estaban de acuerdo en su decisión.
—Willow y Gus, ¿cierto?
—Casi —rió de manera nerviosa—… Willow y Boscha —mencionó rascándose detrás de la cabeza.
Amity sonrió sin malicia.
—Claro. Tarde o temprano tenía que suceder. Siempre conquistas el corazón de todos —dijo Amity, recordando aquellas palabras que le mencionó en el momento que sus sentimientos la delataron y le obligaron a otorgarle aquel primer mágico beso.
—Sí —respondió Luz, riendo de igual manera, aunque un poco más nerviosa—, lo sé… tu eres la prueba de ello —finalizó colocando su mano sobre la de ella, ambas apoyadas en la cornisa de aquella favorita ventana de todos, mientras observaban el hermoso atardecer.
—Entonces, ¿estás lista? —Preguntó la humana sorpresivamente.
—¿Lista? ¿Para qué? —Respondió Amity totalmente confundida.
Luz, sin dejar de tomar la mano de Amity, y con una sonrisa en su rostro, guio a esta a través de la habitación en dirección a la salida, y una vez la bruja comprendió, rápidamente opuso resistencia.
—¡Espera! ¿A eso te referías? —Cuestionó asustada.
Luz, al ver el actuar de Amity, deshizo la sonrisa de su rostro, viéndola con confusión. Estaba segura que después de hablar con ella, querría regresar a la sociedad de inmediato, que tendría ganas de ver todo lo que le contó con sus propios ojos y ver todo aquello para lo que no tuvo tiempo de contar, sin embargo, fue demasiado optimista.
Verla así hizo que decayera un poco su ánimo, pues tenía mucha ilusión de que su amada, no solo se reintegrara a la sociedad de las islas, sino también de que, de parte de las islas, ella fuera aceptada de nuevo poco a poco.
—¿Qué… qué sucede… camotito?
—Yo… yo no estoy lista —dijo Amity con miedo.
Luz lo sopesó un momento para después darse cuenta del sentir de su amada. Detuvo su impulso y tomó la mano de Amity que sujetaba. Ahora con ambas manos, e intentó convencerla de salir.
—Amity… sé que estás asustada, pero estoy segura de que nadie te hará daño mientras estés a mi lado…
—Espera, alto —la detuvo Amity antes de que pudiera terminar—. Luz, yo no temo por mi —dijo acercándose a ella, soltando su mano para después tomar con las suyas el rostro de Luz—… lo hago por ti.
Su declaración confundió un poco a Luz, pero antes de poder replicar, Amity continuó.
—No me importa si las brujas y demonios hacen algo en mi contra, lo merezco, pero no soporto la idea de que, si te ven conmigo, puedan también hacer algo en contra tuya —declaró Amity, sin soltar el rostro de Luz, apretujándolo un poco más, juntando sus frentes y derramando una que otra lagrima.
Luz, enternecida, y un poco divertida, también derramó una pequeña lágrima de felicidad. Amó el hecho de que se preocupaba por ella, sensación que le hizo impulsivamente juntar sus labios con los de Amity una vez más, besándola con un poco más de pasión que la última vez.
—Eres una pequeña estúpida —dijo con mucho cariño, se notaba en su voz que lo que menos quería era ofender a Amity, por lo cual ella ni se inmutó por lo dicho—. Todas las islas saben lo que buscaba, y recuérdalo, no todos me apoyaron, y, de hecho, muchos habitantes de las islas estuvieron en contra y expresamente…
—¡Luz! —la interrumpió de nueva cuenta—… ¿te… te lastimaron por…?
—¿Qué? No —dijo riendo—, solo, bueno, la mayoría no fueron muy amables.
Luz explicó que, a pesar de muchos estar en su contra, ninguno se atrevió a más que increparle sus acciones, sin embargo, Amity la vio con preocupación. Pensó que, si habían sido capaces de recriminarle de esa forma, quien sabe de qué serían capaces una vez que la vieran con ella.
Sí, era casi un hecho que todos los que la vieran quieran tomar alguna represalia en su contra, pero ¿por qué ir también contra Luz? No sería justo, pensó, por lo que continuó negándose a salir de la habitación.
—Estoy segura de que no serían capaces de cruzar ese límite —alegó Luz, intentando convencerla de salir, de conocer unas islas sin una dictadura, de conocer algo de lo que ella también ayudó a crear, indirectamente.
—Lo… lo siento, batata —respondió Amity desviando la mirada al suelo—. No pienso hacerte correr ese riesgo.
Finalizó, segura de que nada la haría cambiar de opinión, mientras que Luz pensaba en que hacer o decir para hacerla salir. No serviría amenazarla ni chantajearla, no tenía nada con que hacerlo, por lo que no pudo pensar en nada más que un último intento utilizando su encanto humano.
—Cariño —le dijo, tomando sus manos y acercando sus rostros—, sé que temes por mí, pero estoy segura que nadie se atrevería a tanto, y, en todo caso, sé defenderme. Además —empezó a pensar en jugar un poco con sus emociones, aunque se sintiera un poco mal, pero era necesario para que Amity diera el siguiente paso—, estoy segura de que si no pudiera hacerlo… tú me defenderías.
—¡Por supuesto! —Gritó sin pensar, solo teniendo en mente que defender a Luz de cualquier cosa, así como lo hizo por primera vez en aquel baile del Groom, o cuando lo hizo en contra de su propia madre.
Luz lo había conseguido. Había hecho que Amity diera una solución a la situación por su propia cuenta, dándose cuenta solo segundos después que ya no podía negarse.
—Excelente —alegó la humana con una sonrisa de victoria en su rostro—. Vamos.
Amity debía admitir que fue una maravillosa jugada de su parte, pero ella también tenía una última palabra.
—Espera, tengo una condición —dijo, para luego extender sus brazos frente a sí misma, con las manos cerradas, juntas y los codos pegados a su cuerpo—. Debes ponerme las cadenas, Luz.
—¿Qué? —Mencionó bastante sorprendida—. Olvídalo, hermosa —dijo sin pensar, sorprendiendo de igual manera a Amity y logrando sonrojarla un poco—. No pienso hacer eso.
—Luz, por favor —insistió la bruja, tornándose un poco desesperada—. Así será menos el riesgo de que…
—Amity —la interrumpió, bajando sus manos—, tengo dos buenas razones para no hacerlo. Una, de nada serviría. Eres una de las más poderosas brujas que conozco, aún en tu estado actual —dijo refiriéndose a su falta de energía debido a su recién despetrificación—; y dos… no pienso hacerte seguir pagando una condena que ya cumpliste… amor.
—Luz… yo…ah…
—Sin peros, mi camotito —dijo, colocando su dedo en los labios de Amity, en señal de que no admitiría ningún reclamo.
Amity se resignó, y con una pequeña sonrisa en su rostro, aceptó los términos de Luz… bueno, casi.
—Tal vez, ¿una capucha?
Luz dio un gran suspiro, y aceptó. Al menos una capucha no sería incómoda para ella ni para Amity. Así que le dio una y procedieron ambas a abandonar finalmente la habitación, tomándose de la mano una con otra.
Caminaron lentamente durante varios minutos, deteniéndose esporádicamente en el camino cada que Amity veía como había cambiado ese lugar y preguntando sobre algún aspecto en específico, sin embargo, lo que más ocupaba su mente era la inquietud de que pasaría al encontrar al primer habitante inconforme con el regreso de Amity.
Al pasar un par de minutos más, ninguna de ellas esperaba que la primera bruja las encontraría tan pronto.
—Así que… era cierto —dijo una voz detrás de ellas, totalmente reconocible por ambas.
Apenas unos metros detrás de ellas, pudieron reconocer de inmediato a Willow una vez que voltearon a ver de quien se trataba. Para Luz, no era sorpresa el cambio de apariencia de la bruja de las plantas, pero para Amity sí lo fue. Pues la última imagen que tenia de ella era de una bruja con el cabello suelto, unas gafas rotas que apenas se sostenían, heridas en su rostro y vistiendo un atuendo muy gastado y desgarrado.
Ahora, ella vestía una camiseta negra sin mangas, pegada al cuerpo, mostrando con orgullo sus tonificados brazos y su bien torneada figura; unos pantalones verdes y botas negras; una especie de capa de una manga amarilla. Sus gafas cambiadas de estilo y el cabello corto.
Amity sintió un poco de inquietud, mientras que Luz sí sentía algo de nervios.
A pesar de saber que estaba en contra de lo que la humana buscaba, Willow nunca fue para decirle algo malo o increparle lo que hacía, simplemente se limitaba a mostrarse indiferente a la idea, cosa que por mucho tiempo Luz no se daba cuenta, hasta que una vez fue demasiado obvio.
—Hey, amiga. ¿Qué haces aquí tan tarde? —Preguntó Luz con el mismo nerviosismo de hace un momento.
—Bueno, me llegó el rumor de que… bueno, tú sabes —dijo indiferente.
Willow se acercó a la pareja despacio, pero sin cautela, a lo cual, Amity, por vergüenza, se giró nuevamente para no verla a los ojos.
Willow no se detuvo, y, casi ignorando a Luz por completo, se colocó detrás de Amity, aunque antes de poder hablar con ella, Luz se apresuró y preguntó algo.
—¿Cómo… cómo te enteraste? —Preguntó aún nerviosa.
—Mi Hunty me dijo —respondió despreocupadamente, sin mirar a Luz.
Su respuesta hizo que se molestara con él, y pensó que después saldaría cuentas con su primo. En ese momento, tenía que hacer lo posible por evitar que la situación escale demasiado, sin embargo…
—Date la vuelta, Blight —ordenó con mucha determinación.
Amity se encogió de hombros, y un par de segundos después, obedeció a Willow sin chistar, mas seguía sin verla al rostro, pues mantenía el desviado su rostro y no abría los ojos.
—Abre los ojos —volvió a ordenar la bruja de las plantas.
Una vez más, Amity tardó en dar respuesta, pero hizo lo que está le pidió, abriendo los ojos con lentitud y, del mismo modo, giró su rostro hacia ella, mientras Luz se mantenía al margen de la situación.
—¿Y bien? —Preguntó ambiguamente, colocando una mano en su hombro.
Amity se mostró un poco reacia a dar una respuesta, pero intentó hacerlo, pues ella era una de quienes más merecían una disculpa.
—No merezco…
No pudo ni decir tres palabras antes de sentir el poderoso golpe de Willow dirceamente en su estómago, haciéndola caer de rodillas, sin aire sujetando el área afectada.
Luz, sin creerlo, quedó pasmada por la escena que presenció durante varios segundos, para, una vez saliendo de su impresión inicial, de inmediato reclamarle a Willow, y está simplemente la ignoró. Sabía de sus sentimientos, pero ella también había sufrido mucho por causa de ella.
—¡Yo sé que estás molesta, pero…! —Gritó con mucho enojo Luz.
—¡Molesta es decir poco, Luz! ¡¿Qué no recuerdas todo lo que hizo?! —Replicó Willow—. ¡No merece perdón!
—¡Claro que lo recuerdo! ¡Yo más que nadie lo sé!
—E… esperen, por favor —interrumpió Amity, tosiendo del dolor y volviéndose a levantar—. Luz… ella… ella tiene razón.
Amity apenas y podía sostenerse a sí misma. Le temblaban las piernas, sus ojos lloraban de dolor, incluso, un poco de sangre se pudo escapar de su boca.
El golpe fue a todas luces muy poderoso, pero ni Luz, ni la misma Willow esperaron ver un resultado tan impactante, aunque esta última no parecía sentir una pizca de compasión por lo provocado.
Luz cubrió su boca, esforzándose por no llorar. No estaba segura de como sentirse en ese preciso momento. Sentía obviamente empatía por la poderosa bruja de la que se encontraba enamorada, pero también entendía perfectamente a Willow y su reacción, pues poco después de haber sido liberada, se enteró que entre las víctimas anteriores de Amity, se encontraban los padres de la bruja de plantas.
—Yo… yo —intentaba decir entre tosidos, tratando de recuperar el aire.
Finalmente, aspiró profundamente y limpiando su rostro de la sangre derramada, continuó.
—No tengo cara para pedirte que me perdones —dijo, arrodillándose frente a Willow, suplicante—, pero tú eres de las personas a las que más debo rogarle disculpas.
La acción de Amity fue sorpresiva para Luz y Willow, más para la bruja, evidenciando su sorpresa en su rostro, lleno de confusión, pareciendo que esperaba alguna otra reacción de la chica que tenía de rodillas frente a ella.
Ninguna de las tres dijo algo después que Amity finalizara, pero se escuchaban casi silenciosos sollozos de parte de esta.
Pasaron apenas unos segundos de silencio, cuando de repente, Amity fue apresada entre lianas mágicas creadas por la bruja a la cual le estaba rogando disculpas. Las plantas la sujetaban con gran fuerza, pero Amity no dejó que su creciente dolor fuera evidente, pues ante cualquier rastro de su sentir, Luz intervendría, no quería que se arriesgara, aunque dudaba realmente que Willow fuera capaz de hacer algo en contra de ella, pero no se arriesgaría a nada.
—¿Por qué no estas encadenada? —Cuestionó con indiferencia.
—Sabes perfectamente que las cadenas no sirven de nada, Wiwi —dijo Luz, llamándola por el cariñoso apodo que le puso, pero con mucha seriedad—… Tu la conoces… incluso mejor que yo.
Willow miró a Luz indiferente y de nueva cuenta colocó su atención en la bruja que apresaba, mientras que a cada segundo que pasaba, sus lianas aumentaban su fuerza, pero Amity seguía sin mostrar un solo indicio de dolor.
—Sí, tienes razón, Luz —mencionó Willow, provocando una pequeña sonrisa en el rostro de Luz—… entonces creo que me encargaré —alegó con malicia y una sonrisa de satisfacción.
Cuando dijo eso, las lianas que sujetaban a Amity drásticamente comenzaron a apresarla con más fuerza, hasta el punto que fue imposible no soltar un gemido de dolor.
—¡Amity, no! —Gritó Luz asustada por lo que presenciaba—. Por favor, para. Tu no sueles buscar venganza.
Willow hizo caso omiso, y con una expresión de furia en su rostro, una vez más volvió a incrementar la fuerza de agarre de sus plantas, haciendo que Amity ahora sí expulsara un fuerte grito de dolor.
—Sufre —susurró—, así como yo… como muchos.
—¡Detente! Le romperás los huesos —Decía Luz, impotente al no poder hacer nada, y no porque pensara que no podía con ella, era claro que no quería que las cosas se pusieran peor de lo que ya estaban—. Willow… por favor —declaró, ya con alguna humedad en sus ojos.
Willow no parecía querer detenerse, pero de forma imprevista, lo hizo, soltando a Amity en el aire, dejándola caer de una inofensiva pero significativa altura.
Luz de inmediato fue con ella, quien se reponía de la asfixia causada, pero sin acusar a nadie o siquiera mirar de mala manera a Willow, quien se encontraba estoica frente a ambas, caso contrario de la humana, que, aunque no la miraba con enojo, lo hacía con decepción.
Sí, sabía la postura de Willow, pero nunca esperó que llegara a reaccionar de la manera en la que lo hizo.
Después de intercambiar miradas, Willow finalmente les dio la espalda para retirarse, pero antes de hacerlo, Luz llamó su atención.
—Espera —la llamó, a lo que Willow se detuvo, sin regresarle la mirada—… Wiwi, tienes todo el derecho de estar molesta, yo también lo estoy, tampoco la he perdonado por completo —dijo, volteando a ver a Amity recuperándose y haciendo una pausa—… No te voy a pedir que la perdones, ni siquiera que lo intentes, solo te pido que no lo hagas de nuevo…
—Luz, amiga —dijo de manera calmada, pero sin verla al rostro—… todos lo hemos sufrido… No es fácil, pero lo intentaré.
Willow no dio la cara, por lo que no vio que Luz le dedicó una sonrisa de agradecimiento, pero ella pudo notar, a pesar de que no la veía de frente, que se había retirado sus lentes y tallaba sus ojos, evidentemente limpiando sus ojos de alguna que otra lágrima traicionera que se había escapado.
Después de eso, Willow se retiró del lugar, dejando a ambas solas, Luz abrazando a Amity y esta última, se encontraba triste, un poco apaleada y lastimada, pero feliz de estar con Luz, y con un peso menos sobre ella al enfrentar a una de las brujas a las que más les debía.
—¿Estás bien? —Cuestionó Luz con preocupación.
—Sí, gracias —respondió la bruja casi de inmediato y mostrando una bella sonrisa de tranquilidad en su rostro.
—Yo… eh…
—No pasa nada —mencionó con su sonrisa y tranquilidad—… era cuestión de tiempo.
Luz se puso de pie y extendió su mano a Amity para ayudarla a hacerlo también, lo cual fue correspondido. Rápidamente también le ofreció ayuda para sostenerse en pie, pero un pequeño gesto y su linda sonrisa bastaron para que la humana entendiera que no era necesario.
Ambas retomaron camino para salir nuevamente del lugar, no sin que Amity se colocara su capucha para intentar pasar desapercibida a través de las islas.
—Amity.
—Dime.
—Ella no se fue —mencionó Luz, refiriéndose a la bruja con la que acababan de tener aquel pequeño altercado.
—Lo sé, batata —dijo con seriedad, mientras seguía acompañando a Luz a la salida—. No la culpo por querer seguir vigilándome.
Luz simplemente asintió en señal de que estaba de acuerdo con eso, aunque no le parecía muy agradable la postura de Willow, pero si Amity estaba bien con eso, también ella lo estaría. Tomó la mano de su novia, y, como la primera vez, ambas sintieron lo mismo, y Amity no pudo evitar que todo su rostro se tornara de ese característico color rojo.
Mientras tanto, a una distancia no muy grande, Willow las observaba con detenimiento y una acusativa mirada, sobre todo puesta sobre la bruja. Sin embargo, pudiendo incluso notar la coloración del rostro de Amity, comenzó a meditar un poco sobre ella. No la estaba perdonando, pero debía admitir que no era lo que esperaba ver cuando fue a encontrarse con ella.
No le quitaría los ojos de encima tan fácilmente.
