Capítulo 21: El espejo del alma
—¿Mirla, podrías ser tan amable de explicarme de nuevo por qué quieres que Gema te venga a ver? En especial lo último que mencionaste. Esa parte no la entendí muy bien.
Will recibió una vez más, por quinta vez consecutiva, un súbito hidropulso directamente al rostro, cortándole la respiración por unos segundos, pero sin llegar al extremo de asfixiarlo. La vaporeon que seguía encima de él bufó del aburrimiento.
—No me siento de humor para darte más explicaciones. Ha pasado mucho tiempo, desde que tu amigo se fue. Gema ya debería estar aquí. ¿Por qué él se está demorando tanto en traerla?
—César a veces puede distraerse con mucha facilidad, pero sí es muy cumplido con sus amigos, aunque no podría decir lo mismo en los estudios… Por cierto ¿Tú que vendrías a ser para Gema? ¿Su hermana? ¿Su prima? ¿Su…
De repente, impactó frontalmente en su cara otro pulso de agua, que a diferencia de los anteriores, fue más potente y lo sorprendió con la boca abierta, lo cual provocó que comenzara a ahogarse de verdad.
—Hablas demasiado. Callado te verías mejor.
A pesar de que lo escuchaba atragantarse, no detuvo su ataque hasta que Will dejó de emitir sonido alguno. Al fijarse bien, notó que había dejado de reaccionar, con el cuerpo inmóvil, casi inerte, mientras dos hilos de agua se escurrían por la comisura de sus labios
—Genial lo que faltaba. Parece que esta vez sí me excedí.
Entonces, con celeridad, se levantó, se puso al costado de su cabeza y, tomando una gran bocanada de aire, comenzó a darle respiración boca a boca, aplicando los conocimientos sobre reanimación básica, que, como pokemon salvavidas, debía conocer. Por otra parte, los amigos de Will y los padres de sus amigos, jugando o charlando amenamente en los alrededores, ni cuenta se daban de lo que estaba sucediendo.
Luego de la segunda respiración, al ver que el muchacho aún no respondía, se preparaba para saltar sobre él, aplastarlo con el peso de su cuerpo y así ayudarlo a expulsar el agua que se había tragado, cuando una voz familiar la interrumpió:
—¿Qué se supone que le estás haciendo a mi pareja, Mirla?
Antes de voltearse a ver quién era, aplicó sobre él, de todas maneras, un potente pisotón, haciendo que Will recobrara la conciencia y expulsara como un geyser todo el agua alojada dentro de sus pulmones. De inmediato, Will solo atinó a toser descontroladamente, mientras intentaba recuperar el aliento. Resuelto el problema, Mirla giró sus ojos en dirección a esa voz.
A tan solo un par de metros se encontraban César y Gema, un poco agitados por la breve carrera entre ambos que, aunque había terminado en empate, en esos momentos perdió relevancia ya que Gema no se veía contenta en lo absoluto.
—¿Me puedes responder? —agregó con tono serio.
Apartándose de Will, Mirla se acercó a ella.
—Vaya, vaya. Miren quién decidió aparecerse. Pero si es nada más ni nada menos que Gema, mi pequeña hermana.
—Yo ya no me refiero a ti de esa manera, Mirla.
—¿Por qué tan a la ofensiva, hermana? ¿Acaso no me extrañabas, después de todo lo que vivimos juntas?
—Eso ya quedó en el pasado. Todavía no olvido lo que les hiciste aquel día…
—Otra vez volvemos a la misma discusión de siempre. A ver dime, ¿qué crees que hice aquella vez?
—A los dos los abandonaste. Los dejaste a merced de esa criatura.
—Estás muy equivocada. A mí se me encargó proteger a los habitantes y pokemon de la isla y eso fue exactamente lo que hice. Aunque no fueron muchos, evacué a todos los que pude. No me demoré, ni dejé a ninguno atrás, no hay razón para que me sigas odiando por eso.
—No evacuaste primero a los que debías, a los más valiosos para nosotros. Yo pude haber salido de aquella peligrosa situación por mi cuenta, pero ellos dos no, una fatal omisión que trajo como consecuencia que ahora me encuentre metida en este aprieto.
—En aquel momento, no me podía dividir en dos. Lo más importante es que se logró salvar a una cantidad. Deberías sentirte tranquila por eso. El resto ya no regresará.
—No retrocederé en mi misión.
—Tu misma piensas embarcarte, sola, sin ayuda de nadie, sin tu familia, sin tus amigos, en un viaje, o como tú lo llamas, una "misión" del que difícilmente podrás volver con vida ¿Crees que no sé lo que estás tramando?... Como sea, eso lo discutiremos seriamente entre todos más adelante. Dejando de lado eso, lo que intentaba hacer con tu curiosa pareja era reanimarlo ya que se había ahogado.
—No me parece que él mismo se lo haya provocado. Seguramente tu impaciencia hizo que acabara así.
Gema se puso al costado de César, quien se había arrodillado al lado de Will para ayudarlo a levantarse.
—Hace poco que no nos vemos, Willy —agregó Gema—. ¿Tan rápido ya me has cambiado por otra vaporeon?
—Es todo un casanova, un donjuán —opinó César.
Con una respiración más calmada, Will tosió una última vez.
—Me alegro de verlos muchachos –decía—, aunque llegaron un poco tarde.
Sintiéndose repentinamente cariñosa, Gema frotó su cabeza sobre el pecho del muchacho. Will devolvió la muestra de afecto, acariciando su cuello y las aletas de su cabeza. Durante unos breves momentos se mantuvieron así hasta que Gema se dirigió a Mirla:
—Parece que mi abuelo ya había previsto que yo iba a venir. Pero lo que aún no entiendo es cómo ,en una playa tan concurrida como esta, lograste ubicar a mi pareja..
—No fue tan complicado en realidad. Ese muchacho claramente ya no se ve como un humano y además tiene impregnado tu olor por todo su cuerpo. Se nota en su apariencia la influencia que has ejercido tú sobre él.
—¿Influencia? —hablaba Will, desconcertado—. ¿Estos cambios en mi cuerpo se deben a ella?
Las dos vaporeon no le hicieron caso.
—Por cierto —añadió Mirla—, si crees que él te ayudará en tu arriesgada aventura, puede que termines decepcionada. Los hombres jóvenes suelen ser intrépidos, pero imprudentes.
—Sé que tengo suerte de haber conocido a Will —decía Gema—, y de que se haya vuelto mi pareja. Pero en ningún momento he dicho que lo voy a usar para mis propios fines. De hecho no me imaginé que iba a estar aquí. Aunque nos separamos, yo tenía pensado regresar por él una vez le ponga fin a este asunto.
—¿Entonces, luego de que todo eso termine, te olvidarás definitivamente de nosotros y harás otra vida con él?
—No me malentiendas. Solo pido que me dejen hacer esto sola. Mientras más se entrometen, más me alejan de ustedes.
—Solo queremos protegerte, hermana. Todos nosotros ya sabemos lo que planeas. El único que no está enterado de eso es tu papá y está pronto a descubrirlo.
—Díselo si quieres, no me interesa. Al menos ahora tengo a mi pareja y amigos humanos a los que sí les importo y que quieren ayudarme con mi problema.
Se apartó del regazo de Will y, con un movimiento autoritario de su cola, le pidió a él y a Cesar que la siguieran, sin despedirse de Mirla. Will obedeció.
Cesar se quedó, fijando su atención en Mirla.
—¿Es muy peligroso lo que quiere hacer Gema?
La pokemon miraba la arena, apenada, preocupada.
—No tienes idea de los horrores y las monstruosidades que le esperan en las profundidades del océano. Es una pena que no puedas entenderme. Estarías más al tanto de lo que ella piensa hacer.
El chico había caminado hasta la vaporeon, haciéndole sombra.
—Oh créeme que sí sé lo que dices. Y creo que ya comienzo a entender de qué se trata todo esto. Pero si fuera tú, estaría más tranquila. Parece que algo está protegiendo a Gema sin que ella lo sepa. Aparte de que con nosotros está en buenas manos.
Mirla alzó la cabeza y abrió los ojos, impactada.
Los demás amigos de Will, mientras tanto, estaban en la orilla intentando capturar a un pokemon sin mucho éxito. Al parecer no les estaba yendo nada bien, pues sus pokemon caían derrotados, uno tras otro.
Noah, quien ya había tirado la toalla y estaba solo como un espectador, se dirigía hacia Cesar en busca de ayuda.
—¿Gema adonde me llevas? —preguntó Will.
—Lo más lejos posible de mi hermana.
Will y Gema se habían introducido al aparcamiento improvisado dentro de la playa, donde los remolques de los padres de sus amigos, el carro de la mamá de Will, que ya había llegado, y algunos autos más estaban estacionados.
Cuando creyó oportuno, Gema se detuvo al lado de la puerta principal de uno de los remolques.
—¿Sabes dónde puedo encontrar herramientas de construcción? —preguntó—. Mishelle me dice que las necesita y que ustedes deben de tenerlas. Me habló de un martillo, una sierra y varios clavos.
—¿Para qué Mishelle necesitaría esas cosas? —habló Will—. En todo caso, en el auto de mi mamá no hay eso. Seguramente mis amigos los deben tener guardados en sus remolques. El problema es que no tengo las llaves para poder entrar a alguna de ellos. Pero no está de más intentar.
Se percató de que una de las ventanas superiores del vehículo estaba abierta. Le señaló a Gema su descubrimiento.
—Voy a tener que cargarte para que puedas ingresar y me abras la puerta desde adentro, ¿está bien?
Gema asintió. Aunque su cuerpo acuático, húmedo y desnudo, se resbalaba con facilidad entre sus dedos, Will logró hacerla pasar por la ventana. La vaporeon hizo el resto sin demora.
A pesar de que era de día, en el interior del amplio vehículo algunas zonas sin ventanas alrededor se mantenían a oscuras, así que Will tuvo que encender las luces al entrar. Con una mejor iluminación, comenzaron la búsqueda de la caja de herramientas que debería estar guardado en alguna parte.
Tras pasar por la cocina, Will se dedicó a rebuscar bajo las camas y en el closet del dormitorio, al fondo del remolque.
—Gema —decía—, así que tenías pensado regresar por mí. Yo pensaba que nos habíamos dicho el adiós definitivo en la panadería.
La vaporeon había entrado a un armario, donde se encontraban amontonados, entre otras cosas, varios útiles de limpieza.
—Solo fue una despedida temporal —respondió—. Podría tomarme años lo que tengo pensado hacer, pero al final estoy segura de que me acordaré de ti y te buscaré, donde sea que estés. Los vaporeon jamás olvidamos a nuestras parejas. Elegimos a una y con ella nos quedamos hasta el final de nuestros días. Así que no te vas a escapar de mi tan fácil, cariño.
—Cariño… ya no sueles llamarme así ¿Recuerdas la primera vez que nos conocimos? Me decías "mi amor", "cariño" y me hacías bromas muy incómodas y comprometedoras. A veces me preguntaba si eras un poco ingenua al no saber las limitaciones entre nuestras especies.
—¿Todavía crees que no podemos hacer "eso" realidad? ¿Todavía crees que sigues siendo un humano?
—Sí lo soy. Me siento como uno. Y me extraña que hayan estado hablando disparates sobre mí. No soy una criatura rara, ni el resultado de la influencia de nadie. Soy una persona común y corriente.
—¿A pesar de lo avanzado que se ve, aún no te das cuenta en lo que te estás convirtiendo? Déjame ponerte un ejemplo ¿Qué entiendes ahora, cuando escuchas hablar a un pokémon? Desde que nos conocimos, para ti no han estado sonando tan igual como para una persona común y corriente, ¿verdad?
Will paró su exhaustiva búsqueda de golpe. Era cierto. Había sucedido con Arcanine, ditto y caterpie en la panadería, antes de que comenzara su transformación corporal. En aquel momento, ni Benito, ni Mishelle podían entenderlos, pero él sí. No fue una modificación inmediata, porque escuchó con normalidad al feraligatr de Mishelle durante su cumpleaños en la casa de Noah. Los cambios se fueron dando progresivamente en su audición y en su físico, sin que él ni nadie a su alrededor se dieran cuenta (considerando que durante toda la noche de ayer llevó puesto un impermeable contra la lluvia de cuerpo entero). Y todo el sufrimiento por el que tuvo que pasar hoy en la mañana para tratar de convencer a sus conocidos - menos a su madre, que era muy sobreprotectora - de que el pelaje que le había crecido era un disbalance hormonal o, por último, un disfraz de eevee, se debía a la diabólica criatura marina que tenía enfrente.
Gema le echaba un vistazo a su collar y a la piedra, con un interés obsesivo.
—Por cierto, ¿no me vas a decir que tan bonito se ve mi collar?
—Desde la primera vez que lo vi colgando de tu cuello, ese objeto azul que llevas en tu collar me dio una mala espina. Pero supongo que te queda bien.
Sin que se dieran cuenta, el remolque se sacudió un poco. Alguien más se había subido.
Quitándose el sudor de su frente con una mano, Will dio por concluida su búsqueda infructífera y se dirigió hacia Gema, quien aún se encontraba dentro del armario arrojando fuera de ella cualquier elemento que no le servía. En ese momento, justo cuando abría por completo la puerta para avisarle que en ese remolque no iban encontrar ninguna herramienta, una sombra se posó sobre Will.
—Te he estado buscando por todas partes ¿Qué haces aquí metido Willy? No estarás hurgando entre las cosas de tus amigos, ¿o sí?
—¡Mamá!
—¡Will ya lo encontré! —dijo Gema, asomando su cabeza por el marco de la puerta con un llave inglesa entre sus dientes—. ¡Aquí están las herramientas! Espera… ¿dijiste mamá?
—¿Qué se supone que es todo esto? ¡Qué hace ese vaporeon contigo! ¡No te había repetido millones de veces que no debes acercarte a los pokemon!
—Mamá escúchame ¡Puedo explicarlo! ¡Este vaporeon es un regalo que me dio Brittany! ¿Te acuerdas de ella? Mi amiga del acuario.
—¡¿Un regalo?! ¿Pero qué rayos han estado haciendo tú y tus amigos ayer? Puedo aceptar encontrarte con una mujer desnuda encima; como madre de un hijo adolescente lo puedo entender y pasar por alto solo esta vez. ¡Pero tienes terminantemente prohibido acercarte a los pokemon! ¡Ellos te hacen daño! ¿Acaso no entiendes que ellos pudieron haberte contagiado una enfermedad? ¡Tan solo mírate!
—Lo sé mamá. Lo siento mucho. Sé que últimamente he roto tus reglas y cometido muchos excesos.
—Si dejé que hoy salieras de tu cuarto fue para celebrar tu cumpleaños. No protesté cuando me enteré de que tus amigos, a mis espaldas, te habían armado una fiesta sorpresa ayer, diferente a la que yo tengo preparado para ti el día de hoy en tu lugar favorito: en la playa, con pastel, golosinas, leñas y carpas para acampar. Te has portado muy mal Will y creo que ya he perdido la paciencia ¿Qué ha pasado contigo? Antes eras muy obediente y sumiso ¿Por qué ese cambio de comportamiento tan repentino?
—Es que estoy en mis vacaciones de verano y, como no me dejabas salir de la casa para ir a divertirme con mis amigos desde hace un mes, me sentía muy frustrado y…
—¡Un mes! ¡Qué madre le haría algo tan cruel como eso a su hijo!
Dándose cuenta de quién estaba hablando, la mamá de Will bajó la cabeza, pasmada.
—¿Acaso estoy alucinando? ¿Esa cosa puede hablar?
Gema soltó la llave inglesa, que produjo un sonido agudo y resonante al caer al piso, y miró desafiante a la señora.
—¡Oye! —comenzó a avanzar lentamente hacia ella, quien en respuesta retrocedía al mismo ritmo—, ¡Que te quede claro que yo no soy ninguna cosa! Soy la vaporeon más sexy del planeta. Y si tu hijo, que ahora es mi pareja por cierto, se pone desobediente y se siente frustrado es porque quiere disfrutar su juventud no encerrado en su cuarto muriéndose de aburrimiento, sino junto a sus amigos y junto a mí.
Fue tal la sorpresa que experimentó la mamá de Will en ese momento que no se dio cuenta de que uno de los objetos que Gema había dejado regado en el piso, una escoba, estaba justo detrás de sus pies. Al retroceder un paso más, se tropezó con ella y cayó sobre su trasero. Gema aprovechó la oportunidad para coger con sus dientes no la caja, sino la bolsa de herramientas que había encontrado y echó a correr. La mamá de Will se frotaba la zona que se había golpeado. Cuando Will hizo un movimiento, su cabeza giró automáticamente hacía él, con una mirada fulminante.
El muchacho, temeroso, la rodeó y avanzó hasta la puerta del remolque por donde había salido Gema. Se disponía a salir, pero su voz lo detuvo:
—Te doy solo una hora, Will. Tienes solo una hora. Pasado ese tiempo, iré a buscarte y, sin importar dónde te hayas metido, te traeré de las orejas hasta aquí ¿Me oíste?
Will tragó saliva y salió pitando del vehículo, tras Gema.
Corría a gran velocidad, lo mejor que podía, esquivando cualquier bañista o pokemon que se le cruzara en el camino, con los ojos fijos en esa pequeña figura azul que apenas distinguía a lo lejos. Notó pronto algunas herramientas pesadas esparcidas en la arena que seguían la misma dirección en la que iba Gema. No dudo en recoger cada una de ellas, sin desacelerar, a pesar de lo agotador que podía llegar a ser. Habiendo acortado en gran medida la distancia que los separaba, aún le faltaba recoger un último objeto.
Era esa piedra extraña que había visto en el colgante de la vaporeon. Se le debió haber caído sin que se diera cuenta. Agazapándose, se disponía a recogerlo, cuando se frenó ante un descubrimiento estremecedor: El resplandor de la piedra guardaba una semejanza impresionante con el brillo característico de los ojos de Gema ¡Incluso tenía la sensación de volver a estar viendo a través de ellos!, como ya lo había hecho anteriormente. Y, aunque en esta ocasión no se topó con ninguna figura femenina, logró divisar —aunque no lo creyó posible al principio— un pasaje de su vida familiar, sumamente privado y secreto, resguardado bajo siete llaves en su memoria.
Al levantarse, inexplicablemente preocupado, con la cabeza dándole vueltas y las herramientas en brazos, Will fue sorprendido por la presencia de Gema quien se había puesto a su delante, con una sonrisa de agradecimiento en su rostro.
—Will, qué caballeroso, ¿Enserio recogiste todo eso por mí?
El chico asintió y guardó las cosas dentro de la bolsa, en silencio. Gema quería expresar su agradecimiento de una manera peculiar: con un cálido y tierno beso.
Pero Will la detuvo.
—¿Qué pasó? ¿Estás molesto? ¿Tal vez es por algo que le dije a tu mamá?
—Fue por algo que vi, solamente —dijo, antes de enganchar la piedra en su collar.
—¿Tiene que ver con mi cristal? ¿No es así?
—Se ve más como una piedra, por lo antiguo y gastado.
—En el pasado tenía otra apariencia y era muy valorado, hasta el punto de ser casi venerado. De donde yo vengo, se decía que los humanos lo utilizaban para comunicarse con los pokemon y para entrar al plano de los espíritus.
—¿Planos de…?
—Era una creencia de los humanos. Te he comparto relatos que me contaban de pequeña.
—¿Tienes aún familia, Gema? Discúlpame si nunca te lo pregunté antes por cierto.
La vaporeon se quedó pensativa, mirando con nostalgia el horizonte.
—Ya no están conmigo.
Agitó la cabeza para disipar los humores de tristeza y confusión.
—Por cierto —añadió—. Acabo de recordar que hoy es mi cumpleaños ¿No es genial? Nuestros cumpleaños y nuestra fecha de aniversario como pareja están muy cerca entre sí.
—En realidad nuestros cumpleaños coinciden. Hoy también cumplo años. La fiesta de cumpleaños de ayer fue con sorpresa y adelanto para evitar que mi mamá se llegara a enterar. ¿Qué te parece si ahora nos unimos otra vez como pareja y hacemos encajar todas las fechas en un mismo día?
Gema rió disimuladamente, aunque después adoptó un semblante serio.
—Will, quiero que seas sincero conmigo ¿Escuchaste algo raro al estar cerca a la piedra, como una especie de zumbido?
—Para nada. Lo que vi a través de su sólida superficie fue un fragmento de mi vida, muy personal.
—¿Tú también puedes apreciar lo mismo que yo? ¿No es así? ¿Sabías que los hombres antiguos que tenían una conexión profunda con el mar o el océano eran capaces de desbloquear los secretos del cristal? Y yo he visto… que una parte de tu vida estuvo ligada íntimamente al mar.
Un escalofrío recorrió la espalda de Will y, a continuación, le preguntó a Gema:
—¿Lo viste a través de tus….
—¡Oye, César, ven a ver esto! ¡No vas a creer lo que hemos encontrado!
Apartó la vista de aquellas dos figuras familiares que había reconocido a lo lejos como Will y Gema.
—¿De qué se trata Noah? No me digas que otro krabby le ha pinzado el trasero a Alex.
—No, hemos encontrado un pokemon peculiar. Me parece que es el único pokemon de su especie en esta playa, pero lo más cool no es eso ¡Nos ha dejado a todos boquiabiertos con su fuerza y habilidades!
César se quedó mirando a su amigo inseguro, dudoso, hasta que confirmó sus palabras al ver a sus espaldas, sobre las aguas de la orilla, una pila de pokemon derrotados, inmóviles, apoyados uno sobre otro. Eran los pokemon insignia de sus amigos.
—Debe ser un pokemon muy fuerte —dijo tembloroso.
Se imaginaba una criatura de gran tamaño, evolucionado en su máximo nivel, poderosa, imponente, que infundía temor con su mera presencia. Sin embargo, grande fue su sorpresa cuando distinguió, detrás del tumulto de pokemon inconscientes, a sus otros amigos y, avanzando lentamente, pero con paso amenzanante hacia ellos, a un buizel joven y pequeño, que se notaba furioso y alterado.
—Si no quieren terminar igual que sus pokemon —lo escuchaba decir—. ¡Devuélvanme lo que me han robado ahora mismo!
—No entendió lo que nos tratas de decir —hablaba Alex yendo en reversa, atemorizado—. No sé por qué nos has atacado, obligándonos a sacar a nuestros pokemon ¿Acaso no querrás dinero? Te doy toda mi mesada si quieres, pero, te lo ruego, déjanos en paz.
César noto que Rick sostenía temerosamente en su mano algo hacia lo cual estaba dirigida toda la atención del buizel, pero sus amigos todavía no se daban cuenta de eso. Lo que le impedía quedarse a ayudar a sus compinches era tener que darles el alcance a Will y Gema. Entonces se le ocurrió una idea.
—¡Oye, Rick, lanza eso que tienes en la mano hacia mí!
—¿Esto? Es una concha de mar. Lo encontré flotando en la ribera ¿Para qué te lo daría?
—Solo lánzamelo, tengo un plan para deshacernos de ese buizel
Si ese era la razón, entonces Rick no dudó en hacerlo. César se adelantó varios metros. Rick esperó el momento apropiado para mandárselo, segundos antes de que el buizel se acercara lo suficiente como para abalanzarse hacia él.
Cuando lo tuvo en sus manos, el maravilloso plan de César consistía en… salir disparado en dirección a sus otros amigos, huyendo con lo que parecía ser, más que una simple concha de mar, la herramienta infaltable y característica del inicial tipo agua de Unova, oshawott, en otras palabras, se trataba de una caparaconcha. Desconocía, honestamente, por qué ese buizel estaría interesado tanto en algo con lo cual no tenía ninguna relación.
Ignorando lo anterior, era, de todas maneras, un pokemon con una apariencia débil, de poca edad y estatura y que encima era de tipo agua, así que sus posibilidades de alcanzarlo en tierra eran escasas, casi nulas. O al menos César así lo creía.
El buizel, enrabiado, comenzó a perseguirlo a una velocidad increíble, levantando columnas de arena con sus pies.
César no esperaba eso. Su carrera a pie era tan rápido como Gema en el agua, no quería ni imaginarse la velocidad a la que podría llegar nadando. Lo que más temía era que, a ese paso, a pesar de la ventaja que le había sacado, el pokemon terminara por alcanzarlo antes de que pudiera acercarse a Will y Gema. La desesperación comenzó a apoderarse de él, pues comprendió qué había hecho enojar, sin temor a exagerar, al mismo demonio en persona.
—¡Oye, Dan, adónde crees que vas! —gritó Mirla, haciendo que el buizel se detuviera a los pocos metros.
—¡¿No ves que ese humano se acaba de llevar una de mis caparaconchas?!
—Está bien, ve a traerlo. Pero no te olvides de lo más importante, la razón por la que estamos aquí.
—Lo sé. Luego iré a hablar con Gema. Pero primero… ese muchacho me las va a pagar muy caro.
Y fue a la caza de su objetivo, formando una gran polvadera de arena al acelerar con sorprendente potencia y rapidez, como si se tratara de un auto todoterreno.
Cesar corría con pavor y desesperación, los músculos de las piernas le ardían de dolor. Una mala pisada provocó que sus piernas cedieran y se estampara sobre la arena. Maldijo haberse tropezado en un momento tan crítico y, al volver la cabeza, presenció una escena aterradora: una gran nubosidad, como si fuera una tormenta de arena, se acercaba peligrosamente a él y, en medio de esta, unos ojos furiosos, de un color rojo encendido lo observaban. Ante el inminente encuentro, a Cesar no le dio tiempo para pensar así que, como reacción al miedo, soltó el caparazón y, volcando todo su cuerpo al suelo, en posición de plegaria, rogó para que esa bestia no le hiciera daño.
Sin embargo, sí llegó a recibir su ataque: una embestida que debió haber sido letal, pero que él resistió sorpresivamente bien, haciendo que solo cambiara a una posición acostada. Entonces la arena se disipó y pudo ver al pokemon detrás de todo eso, recogiendo el objeto, que había caído en la arena.
—Muchas gracias por cooperar —dijo el buizel—. He recuperado lo que es mío. Por cierto, son pocos los que han soportado una tacleada mía con fuerza y han seguido conscientes.
Notó en su rostro cómo una sonrisa macabra se iba formando.
—Creo que acabo de encontrar un nuevo juguete con el que practicaré todos mis ataques y movimientos.
Unido a uno de los costados de su cintura, había otra caparaconcha. Activó la que tenía en su mano, de la cual se proyectó una espada de agua prolongada e intimidante, tomando por sorpresa al muchacho, quien miraba espantado, con una gota de sudor cayendo de su frente, la punta filuda, brillante en la que esta terminaba a escasos centímetros de su cuello. A César no le quedaba más valor que tragar saliva.
FALLEN IN WATER (continuará…)
Desde cierto capitulo en especifico, he estado tratando de desarrollar un argumento atractivo para la historia. Tal vez resulte un tanto confusa al principio, pero espero que con los próximos capítulos adquiera mas sentido y relevancia. Creo que ya es momento de encaminar correctamente la historia, así que una buena manera de empezar a hacerlo es cambiando el resumen convencional por uno mas apropiado.
