Pareja (s): AlfredxArthur, USX UK, Estados UnidosxInglaterra y todas las que se le parezcan~
Disclaimer: En veces pienso que Arthur y Alfred deberían independizarse de Himaruya-Sama XDD
Advertencia: Yo, un 14 de febrero valiendo XD
Dedicado a: Mi lugar seguro~
"Gracias por estar ahí y construir un sótano para mis días de huracán. Gracias por ser las constelaciones que me guían en la oscuridad, así que, aunque suena redundante "Mi Cielo, te cielo"
One, Two, Three, Go!
~*~ Clavel 2~*~
Miércoles, 28 de abril.
Lo había visto, en los ojos de Arthur, una mezcla de miedo, sorpresa y...
¿Por qué nunca vio que Arthur era tan transparente con sus emociones?
Siempre creyó que el británico era más bien cool y misterioso, quizás rozando la línea de los nerds. Jamás se le había ocurrido que Arthur pudiese ser sensible, tímido y romántico, aun cuando Francis se lo había insinuado millones de veces que así era.
No lo culpen, el francés le había tomado el pelo un sinfín de veces como para que Alfred ya no lo tomara en serio en nada de ello.
Pero esa mañana lo vio en su sonrisa. Y que los cielos lo ayudarán, estaba en el baño encerrado, con la cara roja, una sonrisa boba y grande en el rostro. Ah, estaba tan enamorado.
Pero también sabía que debía ser cada vez más cuidadoso, Arthur había empezado a llegar más temprano de lo normal, esa mañana había estado a nada de atraparlo en su casillero, pero la suerte le había sonreído, aunque esa suerte tendría una vigencia y si no prestaba atención entonces...
Sacudió la cabeza con un escalofrió, si Arthur lo descubría sería su fin.
La campana sonó y Alfred se echó agua en la cara para bajar el calor sofocante de sus mejillas. Normal, tenía que actuar con normalidad.
Cuando entró al salón de clases la maestra en turno le miró mal.
—Alfred Jones ¿Por qué su uniforme luce como si lo hubiese rescatado del Titanic mientras se hundía? — Todos en clase se burlaron de la comparativa.
—Me estaba lavando la cara… creo que me salpique un poco— Mencionó el americano con la cara roja de nuevo, no solo tenía la camisa un poco mojada, sino que estaba arrugada y era un desastre.
—Claro, vaya a su asiento, lo veo en detención esta tarde— Alfred solo murmuró un "Sí maestra" y desfiló a su lugar dejándose caer con muy pocos ánimos. Iba a ser un día difícil.
Y no se equivocó, el único respiro era las miradas que le dedicaba a Arthur entre clase y clase, su cabello rubio y luminoso, su perfil perfecto.
Al final de las clases, verlo marcharse con aquel clavel rojo y notar que el color no competía con el sonrojo de sus mejillas.
Valía la pena, claro que lo hacía.
.
.
Jueves, 29 de abril.
Arthur resolvió que, si llegaba temprano todos los días, podría atrapar al autor de ese juego en algún momento.
Y no se equivocó, o algo por el estilo, ese día no había flor en su casillero, había llegado directamente a revisarlo. De nuevo monto guardia ahí para observar a los chicos que iban llegando.
Sintió la desilusión cuando la campana sonó y no hubo rastro de "su admirador secreto", nadie que lo mirase de más o que luciera nervioso por verlo frente a su casillero, muchos se detuvieron a preguntar por la flor de aquel día, más como una burla que verdadero interés. A todos les había dicho un "no hay tal cosa" con el tono semi fastidiado de haber desperdiciado su mañana en aquello.
—¿Por qué esa cara, Arthur? ¿Tan horrible es la flor de hoy? — Preguntó su amigo francés con la misma burla que los demás habían usado.
—Una flor invisible... tal parece — Respondió Arthur tratando de que no se le notara decepcionado. Porque no lo estaba, no por la flor al menos.
—Oh~ felicidades, lo ahuyentaste en tiempo récord — Se rio el francés y Arthur se irritó de inmediato.
—No podría hacer eso, ni siquiera sé quién demonios fue el autor de esta broma... — Un bostezo se le escapó por estar madrugado aquellos días seguidos.
—Bueno, si llegas temprano y lo acechas con un rostro de asesino en potencia obviamente iba a salir huyendo — Opinó el francés dando algunos saludos a los chicos que entraban al aula.
—¿Por qué te importa? ¿Sabes algo al respecto? Agh... no sé ni para qué te pregunto, seguramente sabes todo a detalle, pero no me lo dirás, aunque te pague por ello ¿Verdad? — Y no se equivocaba, Francis era su mejor amigo, pero el tipo tenía una gran lealtad ante todos los temas de romance y hasta ese momento Francis había estado pendiente de todo.
Arthur lo miró con sospecha ¿Y sí...?
—¿Y arruinar los intentos de un joven enamorado? No, querido Arthur, nada de eso, tienes razón, aunque lo supiera, no te lo diría— Arthur frunció el ceño y sintió una gran ansiedad por sacarle la verdad al francés por cualquier medio posible. —De todas formas ¿Por qué quieres saberlo a estas alturas? Déjalo ser un poco romántico, disfruta de un poco de admiración y después, quizás sea una bonita anécdota escolar que le podrás contar a tus gatos, cuando seas un viejo solterón y amargado —
—Muy gracioso, Bonnefoy... Me estoy replanteando nuestra amistad— El francés se rio de lo mejor.
Cuando la clase comenzó, Francis echó un vistazo a asiento de Alfred y lo encontró vacío. Ese, a diferencia de Arthur llegando más temprano de lo normal para atrapar al "admirador secreto", era un problema mayor.
Arthur no era ningún tonto, podría hacer la conexión inmediata entre las llegadas tarde o faltas de Alfred con la irregularidad de las flores y entonces todo aquello acabaría.
Mientras la clase corría, Francis armo un plan B y plan C en su cabeza. Si Alfred iba en serio con las flores, necesitaría ayuda. Miró de reojo a otro de los asientos y sonrió un poco. Ya lo tenía.
.
.
Alfred llegó a la segunda clase, apenas con unos minutos de ventaja, su uniforme alisado para evitar la detención ese día, y la mochila al hombro balanceándose con suavidad antes sus pasos.
—Tarde, Jones... — Se puso pálido en cuanto cruzó miradas con Arthur justo en la puerta del aula, Alfred entraba a ella y Arthur iba de salida, estuvieron a un centímetro de chocar.
Arthur lucía cierto mal humor que Alfred conocía bien. Se hizo a un lado cuando Arthur le dio una mirada lúgubre y casi asesina.
—Sí, tuve... — Ni siquiera terminó de contestar cuando Arthur paso de largo por la puerta, sin mirarlo, lo vio alejarse por el pasillo con dirección a los casilleros. Ahí fue donde su cuerpo sudó frío, claro.
La flor de ese día aún estaba en su mochila, esa mañana había tenido problemas familiares y por ello se había retrasado tanto y en su prisa por llegar a tiempo al aula, antes de que sonara la segunda campana, se había olvidado de dejar la flor en el casillero de Arthur.
—Alfred, hoy tienes detención... es urgente — Le dijo el francés con un guiño que Alfred no supo interpretar. Pero su cabeza no tardo en unir puntos, dándole un escenario catastrófico.
La ausencia de una flor, Arthur de mal humor, él llegando tarde, la mirada lúgubre. Se había delatado. Su corazón se detuvo. Estaba perdido.
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