Holaaaa, he vuelto con un capítulo más.
Ya noté que están molestos con Anna y lo entiendo, definitivamente sus acciones no han sido las mejores, en fin, tampoco voy a tratar de justificarla, ya veremos cómo termina esto, por ahora los dejo leer el capítulo que más me ha gustado escribir, aunque no sé si sea de sus favoritos yo empaticé mucho con los sentimientos de Elsa y por eso me gusta.
Nos leemos pronto, ahora ya sé que la historia tendrá 21 cap, entonces todavía les quedan cosas por ver.
El primer mes fue el más difícil porque ni siquiera sabía que habría un primero. Si bien sabía dónde se encontraba, eso no cambió el hecho de que todas sus llamadas iban al buzón y cada día sin respuesta era una pregunta más en su lista: ¿por qué se fue? ¿Por qué cambió? ¿Cuál era el problema? ¿Alguna vez le interesó o sólo necesitaba un distractor para su historia recién terminada? Esa era la pregunta que más la rondaba últimamente.
Creyó que era una broma de mal gusto, al principio asumió que se disculpaba por irse sin despedirse, que no era otra cosa que una confusión, pero se le oprimía el pecho mientras caminaba a casa de la chica con Emil a su lado, ya que se negó a dejarla sola.
Podía sentir el peso de sus órganos siendo aplastado por dentro, asfixiándola. Cuando llegó se quedó con la mano en el aire unos segundos, tuvo miedo de no encontrarla o de hacerlo y darse cuenta que de verdad dejó de contestar a sus mensajes por voluntad propia, tenía miedo de escuchar una despedida que no quería justo ahora.
Anna llegó a su vida como tantos otros, siendo sincera, no le prestó la mayor atención cuando la vio por primera vez ni en los breves encuentros en casa de Hans, pero sí lo hizo cuando comenzó a notar las señales de alarma en esa relación, las mismas señales con las que ella tuvo que lidiar sola y que nadie le dijo lo peligrosas que eran.
En cuanto comprendió que el chico no había cambiado intentó acercarse por si en algún momento esa muchacha, inocente al parecer, decidía encontrar el camino de salida, quería acompañarla en el proceso porque le recordaba a la niña solitaria que fue en su adolescencia cuando su hermano mayor la dejó, en aquel entonces el rumbo de su vida se fue cuesta abajo. Emil fue el primero en notarlo y en darle la mano, de ahí que desde entonces fueran inseparables, pero aprendió a nunca satisfacer los deseos de otros por encima de los suyos. Y Anna, según sus observaciones, todavía no conseguía llegar a ese punto.
Al principio se trataba de ayudar a que la caída no doliera tanto —porque estaba segura de que esa caída llegaría tarde o temprano—, pero entre más se acercaba comenzó a percibir a esa chica como alguien que valía la pena conocer. Era sincera y delataba su estado de ánimo con una mirada por lo que mentir se le daba fatal, esconder cosas por otro lado parecía ser su día a día.
No pasó mucho hasta que se volvió una compañía que conseguía disfrutar, era refrescante ser testigo de cómo se enredaba al intentar hilar más de una idea al mismo tiempo, por ello terminaba cortando constantemente sus frases para no darle más preocupaciones por una mala interpretación. Sonreía viéndola ruborizada por algún cumplido, aunque la mayoría de las veces parecía no creerse sus palabras.
Le gustó el cuidado que prodigaba a sus plantas y su sencillez. Era una persona que vivía para el voleibol o para sus seres queridos y no le suponía ningún problema demostrarlo, aun cuando sus detalles no fueran bien recibidos en su relación. Lo vio, lo vio rechazar visitas, salidas, detalles y vio la expresión rota de Anna en cada ocasión.
No supo cuándo cambió su pensamiento, pero pasó de querer ser su red de apoyo a disfrutar cada sonrisa que conseguía robarle y llegó un momento donde envidió la presencia incondicional que parecía tener con su entonces novio, a pesar de todo el rechazo que éste le profesaba. Comenzó a enojarse de verdad porque ella no se decidía a ver las cosas como eran, porque no giraba a mirarla a ella en lugar de quedarse estancada con ese patético intento de ser humano que, claramente, no la merecía.
Quería ser vista por Anna, quería robarle sus atenciones y cambiar esa mirada de tristeza por unas con las que no tuviera que bajar la cabeza. De pronto ya no era suficiente con sacarla de esa relación para evitarle el sufrimiento, necesitaba ser ella la encargada de pintarle estrellas alrededor de las cicatrices, nunca se permitiría dejarla sangrar de nuevo.
No se dio cuenta en ese momento, pero si lo veía en retrospectiva comenzó a ser egoísta con su tiempo y cuando la vio romperse se quedó a su lado ya no porque su dolor le recordara al suyo sino porque una parte de sí se moría cada vez que la veía guardarse las lágrimas o recluirse de esa manera sin querer volver a confiar en nadie. Daría su corazón con tal de reparar el de ella.
Y ni siquiera entonces lo supo porque estaba demasiado ocupada tratando de ser vista por esos ojos cielo como para descifrar lo que pasaba en su interior cuando estaban juntas. Sospechó que le gustaba cuando los pequeños roces con su cuerpo o sus manos unidas le provocaban un cosquilleo extraño en la punta de los dedos que se extendía hasta su pecho con rapidez.
Terminó por admitirlo cuando Mikkel se lo lanzó a la cara, al tener las palabras flotando en el aire le fue imposible seguírselo negando, aunque le pareciera una falta de respeto fijarse precisamente en alguien que había tenido de novio a su medio hermano, ahí su primera contradicción, la cual al final no la hizo dar marcha atrás porque ¿a quién quería engañar? Tenía toda la intención de ser egoísta y dedicarle a Anna el amor que merecía sólo por existir.
Estaba dispuesta a ignorar la alerta en su mente que le recordaba constantemente que quizá no era la mejor opción arriesgarse a estar enamorada de una persona en tantos fragmentos porque eso nunca sale bien. Se ignoró a sí misma pensando que la chica era suya porque le había pedido un tonto beso que la hizo sentir como una niña emocionada por navidad y pensó mil veces en hablar al respecto, en contarle cada pensamiento, cada deseo con la esperanza de obtenerlo todo.
Por eso ese te quiero le llenó de aire los pulmones. Se querían, así que podía funcionar, podían intentarlo, pero cuando tocó la puerta y nadie contestó —o incluso tal vez desde antes— sospechó que la idea de una relación había estado sólo en su cabeza, que nada de lo que sucedió entre las dos fue real y que hasta ahora conseguía darse cuenta.
Los recuerdos de ese día se volvieron un tanto borrosos, se quedó parada un largo rato frente a la puerta por si acaso la veía salir, sin embargo, eso no sucedió y Emil tuvo que tomarla con suavidad del antebrazo para emprender el camino de regreso a casa.
Su segunda opción fue hablar con Kristoff y lo confrontó en cuanto volvió al trabajo, pero él tampoco parecía saber más que ella, estaba desconcertado preguntándose por qué diablos su amiga había tomado una decisión tan precipitada.
—Aunque no es la primera vez —le confesó—. Cuando sucedió lo de su madre simplemente tomó sus cosas y huyó.
Y Elsa no hizo más que cuestionarse qué era "lo de su madre" ¿a qué se refería? ¿Por qué Anna jamás la mencionó si le encantaba pedirle explicaciones de todo su pasado? La hizo revivir momentos que estaban mejor bajo llave en su memoria porque traerlos a la luz seguía siendo incómodo y, sin embargo, no fue capaz de abrir su corazón de la misma forma ni contarle cuáles eran sus miedos, sus problemas, la relación con sus familiares. ¿Qué sabía de ella en realidad?
La respuesta le dolió: nada. No sabía nada.
¿Cómo pudo ser tan ciega? ¿Cómo pudo ser tan tonta para confiar en alguien que no confiaba en ella? Sabía los detalles más básicos de su vida, pero desconocía por completo su pasado y de pronto pensó que quizá Hans sí conocía esos detalles porque a él sí lo amo lo suficiente para contárselo. Se le revolvió el estómago.
Sintió que se había enamorado del aire, de una idea falsa que ella misma se había fabricado, decidió ignorar lo que sí llegó a conocer de la chica con tal de aferrarse a ese enojo que comenzaba a echar raíces con fuerza en su corazón; no podía fingir que las espinas de las rosas que intentó cuidar no comenzaban a causarle heridas.
Estuvo de mal humor las primeras dos semanas, la falta de comunicación seguía siendo un fastidio que sólo conseguía ponerla peor. Intentó llamar varias veces sin obtener respuesta, aunque sonaba una y otra vez nunca consiguió escuchar su voz, de modo que comenzó a dejarle algún mensaje exigiéndole alguna explicación.
No recordaba la última vez que perdió la calma de esa manera, pero ahí estaba dejando un mensaje en el buzón de voz donde le recriminaba su silencio y el segundo mensaje no fue mejor que el primero, aunque sí diferente, esta vez se centró en intentar convencerla para tener una última conversación al menos; nunca obtuvo respuesta a esto tampoco.
Pronto no le quedó más remedio que aceptarlo intentando no llorar todos los días con los recuerdos porque sentía que en cada calle podía encontrar escondido un fragmento de conversación, una risa, una mirada o cualquier cosa que le devolviera el golpe que tanto trabajo le estaba costando evitar. Cayó varias veces hasta sentirse morir y se culpó por haberse enamorado así, por dejarse llevar.
Con las semanas el dolor comenzó a atenuarse lo suficiente para permitirle continuar con una vida medianamente tranquila, al menos hasta aquel día.
Fue casualidad, era uno de esos días en los que el recuerdo de Anna se negaba a abandonarla, así que se refugió en el primer lugar lleno de gente que encontró en compañía de Honeymaren. La chica era un sol que se mantenía a su lado cuando la veía desanimada, se había convertido en un gran apoyo ante la falta de Mérida con quien mensajeaba todos los días y aprovechaba para obtener información de Anna, así fuera desde un tercero.
Ese día los fantasmas la tenían mareada. Necesitaba distraerse en algo y no se le ocurrió nada mejor que rodearse de ruido para bajarle el volumen a su cerebro.
—¿Ese no es tu hermano?
Honeymaren tenía razón. Hans se encontraba en una esquina con la mano apoyada en la pared mientras acorralaba a una chica que, de hecho, no se veía incómoda al respecto. Unas horas después no sabría responder porqué lo hizo, sin embargo, cuando se dio cuenta ya se encontraba junto a ellos.
—No te hagas esto a ti misma, chica, vete antes de que él te arruine la vida.
—Pero, ¿qué…?
Tal vez fue la seriedad con la que lo dijo, pero la muchacha le creyó y salió de ahí. Eso no le hizo una pizca de gracia a Hans quien se dio la vuelta para encararla, sus cejas estaban muy juntas y cruzó los brazos sobre el pecho intentando intimidarla, cosa que no consiguió, Elsa siguió observándolo con una mezcla de enojo y resentimiento.
—¿Qué te pasa a ti? ¿Por qué tenías que arruinar esto?
Honeymaren se quedó a su lado en silencio mientras los observaba discutir. No era su deber meter su opinión en algo que no iba para ella.
—Intento proteger la vida de esa chica.
—¿Es eso o sólo quieres desquitarte conmigo por lo que perdiste?
Tenía esa sonrisa socarrona que tanto había llegado a odiar, pero por un momento la olvidó para centrarse en otra cosa.
—No he perdido nada.
No quería admitir que la no despedida de Anna se sentía de la misma forma.
—¿Segura? Juraría que Anna te abandonó, apuesto a que has vivido todo este tiempo preguntándote la razón.
Ese golpe fue demasiado para ella. Notó la mano de su amiga en el antebrazo, pero eso no ayudó a mejorar el dolor que de nuevo comenzaba a hacerle daño; Hans podría ser un idiota para muchas cosas, excepto para encontrar el punto débil de las personas.
—Se cansó de ti, me lo dijo, sabes, que no quería tener nada contigo.
Elsa no le creyó no porque no sintiera que fuera cierto sino porque asumir que Anna había corrido a contarle eso precisamente a él era absurdo. Si eso lo hubiese dicho Kristoff quizá se habría convencido de que era verdad, pero viniendo de su boca no podían ser otra cosa que calumnias.
Se dio cuenta que después de dos meses seguía conservando una fe ciega en esa chica que le destrozó el corazón sin palabras.
—Sé que mientes.
—¿Por qué estás tan segura de que miento? Si no quieres aceptar las cosas entonces…
—Sabes bien que Anna jamás te buscaría para decirte eso —lo interrumpió—. Le hiciste mucho daño como para que quisiera correr a tus brazos de nuevo.
—¡Pero lo hizo! —dijo de manera triunfante—. Corrió hacia mí cuando todas sus amigas la abandonaron, aunque intentó culparme de todo, claro, como si yo fuera quien las dejó de lado.
Soltó un resoplido y rodó los ojos, parecía cansado sólo de pensar en ello. Lo odio un poco más por eso porque su expresión decía que ese reclamo de verdad había sucedido.
—Si no fuera por tu culpa podría haberla tenido más tiempo, pero no estoy enojado contigo —se encogió de hombros—. Al final me alegra que tú tampoco hayas podido tenerla.
Elsa no solía ser una persona con reacciones violentas, pero en ese preciso momento quiso golpearlo con todas sus fuerzas y no detenerse hasta que no pudiera volver a hablar así de Anna. La había dejado, sí, se sintió morir por mil cortes, pero seguía siendo importante para ella porque, pese a su desaparición, era una buena persona.
—No te atrevas a hablar así de ella otra vez. No tienes derecho.
—Fui su novio por años, ¿qué fuiste tú aparte de la amante dejada?
Elsa apretó los labios. Pudo sentir la mirada sorprendida de su amiga, aunque continuó sin decir nada.
—Nunca fui su amante, idiota, que bajo concepto tienes de quien fue tu novia.
—Sólo el concepto que se merece —dijo con indiferencia—. Pero no iban a ganar ustedes tampoco, no mientras yo pueda impedirlo.
Algo en su cerebro conectó de inmediato con esa frase, una posibilidad que ni siquiera estaba en su cabeza hasta ahora y debió haberlo visto venir porque lo conocía; Hans nunca dejaría que una persona se le escapara de las manos, las veía como presas y mientras él no quisiera terminar el juego seguía en pie. A ella le tocó diferente porque fue abandonada como aquel abrigo desgastado bajo la cama.
—Le dijiste algo —apuntó—. Cómo no lo vi antes.
—¿Importa? Si aceptó dejarte fue porque no eres lo suficientemente importante.
Elsa también lo había visto así en días pasados, pero ahora tenía una cuerda de esperanza a la que aferrarse para convencerse de lo contrario. Necesitaba saber.
—Vas a decirme exactamente qué le dijiste.
—¿Y por qué haría eso según tú? Olvídalo, me tengo que ir.
Pero no lo dejó que se fuera, lo tomó con fuerza de la camisa para impedirle dar otro paso y que su voz fuera tomada en cuenta cuando decidiera hablar.
—Me lo vas a decir o de lo contrario le contaré a papá todas las cosas que has estado haciendo desde que te fuiste de casa y sabemos que eso no le va a gustar —apretó más fuerte el cuello de la ropa—. No has hecho otra cosa que sobrevivir de sus ahorros y es capaz de desheredarte como castigo, ¿de verdad quieres arriesgar todo tu futuro sólo por esto?
Hans levantó los ojos al techo con fastidio y se la quitó de encima para acomodarse la camisa con las manos como si no hubiese permitido que una mujer le pusiera la mano encima o lo amenazara, la presencia de Honeymaren sólo lo hacía peor para él porque acababa de escucharlo todo.
—Sólo le pedí que no estuviera con mi hermanita o me rompería el corazón.
Entonces todo tuvo perfecto sentido. Debió amenazarla con algo en lugar de pedírselo como decía, y le molestó que Anna no confiara lo suficiente en ella como para contarle las cosas en lugar de alejarse sin darle una explicación, tuvo que venir a enterarse por casualidad de boca de quien menos le gustaría.
No intentó detenerlo cuando se escabulló de nuevo hacia la salida, de todos modos, lo que él no sabía es que su padre ya sabía al respecto, ella y Emil se encargaron de contarle cuando lo descubrieron hace algunos días lo que no le hizo nada de gracia al señor, pero esa no era una preocupación en su vida. Ahora que sabía la verdad podía entender las razones de Anna para huir y, aunque no la justificó por ello, al menos sintió que volvía a respirar. No era su culpa, todo era una broma cruel de ese…
—¿Estás bien?
La voz de Honeymaren la trajo de vuelta a la realidad. Se despidió porque sería absurdo quedarse cuando todo lo que quería hacer era llegar a su casa y poder contarle a Emil, necesitaba que él también entendiera que no era culpa de Anna porque desde que se fue el chico se la pasaba enojado con ella por su estado melancólico, lo peor es que no tenía cómo negarle algo que era tan evidente.
Al menos ya tenía palabras para defenderse, para defenderla.
Lo sorprendió en el comedor terminando su desayuno. Al verla tan agitada el bocado que estaba por dar quedó a medio camino y sus ojos se quedaron confundidos, observándola mientras intentaba encontrar cómo empezar. Se miraron otro par de segundos, él desde su asiento y ella con las manos en el respaldo de la silla de enfrente.
—Tengo que contarte algo.
—Eso puedo verlo —comentó con una sonrisa—. ¿Qué es?
—Anna no tiene la culpa de nada.
Emil se tensó y arrugó las cejas. No parecía entender a qué venía la frase, pero dejaba claro con sus gestos no estar de acuerdo, pese a que se quedó callado, probablemente esperando que terminara de hablar.
—Acabo de encontrarme con Hans.
Cada vez parecía gustarle menos por dónde iban las cosas, se recargó en el respaldo de la silla con los brazos cruzados por encima del pecho.
—Sabía que Anna jamás se iría por voluntad propia y hablar con él me confirmó que la convenció para alejarse de mí.
Él resopló.
—Eso no cambia nada —dijo enojado—. ¿Me vas a decir que se fue porque él se lo pidió y que ella aceptó hacerlo y, aun así, no es su culpa?
—Creo que… la presionó con algo. Ella no se iría así.
—Elsa, yo te quiero mucho, por eso te voy a decir esto ¿de acuerdo?
A ella se le hizo un nudo en la garganta mientras se preparaba para la estocada, pero asintió de todos modos.
—Ella no quiso quedarse porque si hubiera querido hacerlo estaría aquí.
El golpe fue peor de lo que esperaba, tanto que le costó permanecer impávida y seguro que su hermano lo notó también porque se levantó para abrazarla con la barbilla apoyada apenas sobre su hombro y los brazos rodeándola, acariciando sus manos por encima de donde seguía sujetada.
—Lamento decirlo así, es sólo que no me cabe en la cabeza que alguien se vaya así sin más y no quiero que vuelvas al principio de todo esto por una posibilidad de la que no estás segura.
Se quedó unos segundos en silencio y cuando habló su voz sonó tan rota que le rompió el corazón.
—Pero… la quiero.
—Lo sé.
Fue la última vez que mencionó a Anna cerca de Emil porque sus palabras dolieron lo suficiente para preguntarse si no tendría razón, después de todo, llamó muchas veces sin obtener una sola respuesta, incluso si fue persuadida para irse, ¿no se merecía al menos una explicación? Así que intentó continuar como hasta ahora, con la idea de que se había ido porque así lo quiso, pero le costó el doble conseguirlo.
Sabía que su corazón le gritaba que lo intentara una vez más, pero siempre la detenía la misma pregunta: ¿qué sentido tenía intentar sostener un puente de un solo lado? No podía seguir llamando a donde no encontraba respuestas, tendría que imponerse a vivir sin ese cierre, aunque el pecho se le contrajera constantemente del dolor que pensó comenzaba a dejar atrás.
Ver a Kristoff diario con una sonrisa en el rostro pegado al celular era como pisotear los fragmentos de su corazón que seguían regados por el piso, así que renunció a su trabajo y consiguió algo donde sabía que no se acordaría de Anna constantemente. El modelaje era justo lo que recordaba, pero al menos en esta ocasión consiguió un poco de privacidad aceptando ser la imagen de productos donde su rostro no fuera el objetivo, eso le devolvió la diversión.
Constantemente se preguntaba si estaba bien que dejara las cosas así, si no sería mejor ir a buscarla y decirle que sabía la verdad, pero no se atrevió a hacerlo, era demasiado el riesgo a decir otro hola y verlo convertido en un adiós. No estaba lista para eso otra vez.
A veces soñaba con ella, cuando la veía pensaba que era real porque lo parecía. Se quedaba un rato en su habitación abrazándola igual que aquel último día y le susurraba que no volvería a irse de su lado porque era todo lo que quería, pero al despertar seguía perdiéndola otra vez. Quizás eran sus sueños menos favoritos porque cuando el día se colaba por su ventana se sentía como perderla por segunda ocasión.
Se quedaba observando su celular por si acaso decidía llamar y cuando un número desconocido aparecía en su pantalla se imaginaba que era ella —nunca lo era—. Comenzó a sospechar que en realidad a Anna no le había afectado perderla, que no se fue por obligación sino porque así lo quiso y entonces se deprimía por ser la única rima triste en esta canción de dos versos.
¿Anna no quería hablar con ella? ¿Por qué no perdía el control al menos una vez y la buscaba? ¿Por qué tenía que ir ella detrás de quien no parecía querer girar la vista una vez más? Es probable que no perdiera el control porque en realidad no sentía la necesidad de buscarla, al menos no con las mismas fuerzas que ella porque hasta ahora los únicos mensajes sin contestar eran los suyos.
Ella se quedó justo donde la dejó con la esperanza de que regresaría a pedirle perdón, pero mientras los días seguían pasando se daba cuenta que eso no sucedería, que debía tragarse todas las palabras que quería decirle a alguien que no tenía intención de escucharla. Y esas palabras pesaban, solían lastimarle la garganta por eso a veces se le escapaban algunas lágrimas.
Había tanto que quería decir, pero sin nadie para escuchar. ¿Algún día podría reclamarle todo esto? Porque cada día que pasaba lo veía más como un deseo que una posibilidad real. Para poder hacerlo seguro tendría que viajar hasta donde estaba y, aunque ganas no le habían faltado, sabía que no era lo correcto. No, ella no se fue, así que no era ella quien debería buscarla.
Aunque lo hizo, lo hizo en su momento y los mensajes sin borrar en su teléfono seguían ahí para recordárselo. No se atrevía a borrarlos, necesitaba mantener un pie en tierra firme antes de decidir ahogarse por completo para llegar a otro lugar; era consciente de que estaría mejor cuando terminara de soltarla, pero su esperanza le decía que esperara un poco más antes de hacerlo.
Quería que llamara y dijera algo, lo que sea para convencerla de quedarse a su lado, no le costaría mucho puesto que eso era lo que quería, pero primero debía pedirlo, debía regresar.
—¿Dónde quedaron esos años de terapia? —le recriminó Mikkel un día.
Elsa no estaba para bromas, los días se sentían más pesados de lo habitual y escucharlo no le hizo gracia. Su pregunta era suponer que por haber ido a sanar ciertas cosas ya no tuviera derecho a sentirse miserable y no era el caso, seguía siendo una persona con emociones y en ese momento era una persona herida, por supuesto que dolía.
—En el mismo lugar que tu aprecio por vivir bajo mi techo, al parecer.
En realidad, era suya y de Emil porque sólo ellos pagaban el alquiler, Mikkel fingía ayudar con la comida y los recibos, pero pasaba los meses diciendo que no tenía dinero o que lo había olvidado, así que al final ellos debían pagar.
—Yo también vivo aquí —se molestó.
—Vives aquí como una garrapata y si no te largas ahora mismo de mi vista te juro que te echaré de la casa.
Esto lo dijo sin levantarse de donde estaba sentada en la mesa observando su celular como por milésima ocasión en el día. En ningún momento alzó la voz y su mirada apenas se despegó del aparato al advertirlo, pero fue suficiente para dejarlo callado, dejó caer el vaso que llevaba en la mano dentro del fregadero y se fue hecho una furia.
A Elsa tanto le daba si estaba molesto, apenas lo toleraba últimamente. Se abrazó a su dolor deseando que tuviera fecha de caducidad porque si no era el caso… Si no podía olvidar, ¿qué sería de ella entonces? Sintió ganas de gritar para que Anna pudiera escucharla donde sea que estuviera.
Respuestas a los reviews.
ReaMir: En eso concuerdo contigo, Anna necesita terapia, pero no me quiero adelantar a nada, a ella la veremos en el siguiente capítulo. Espero leerte de nuevo, hasta pronto!
Chat'de'Lune: Uf, entiendo completamente tu enojo, totalmente justificado, no es por defenderla, pero si hablamos de desprecio creo que Anna también se ha llevado su buena parte de sufrimiento y a veces eso crea traumas, pero claro, es molesto que decida reaccionar así. Por otro lado, Hans obtendrá su merecido, al menos eso sí lo puedo asegurar sin considerarlo un spoiler demasiado importante. Nos estamos leyendo!
