En cuanto la humana y la fae salen por la puerta la Morrigan se dirige a su mesa, coge el teléfono y llama a la súcubo, la cual tarda en responder. Cuando por fin responde la líder habla de inmediato.
- ¿Se puede saber dónde estás? Deberías haber estado aquí hace una hora y media. Tu hija ha estado aquí preguntándome si yo sabía dónde estabas.
- ¡Eh! Trabajo contigo no para ti, así que no me hables de eso modo. Se nos ha hecho un poco tarde pero ya salimos. ¿Le has dicho algo a Bo?
- Le he dicho que no sabía dónde estabas, pero ahora también están buscando a Lauren. Así que te aconsejo que volváis cuanto antes. Ya me contaras porque se os hecho tarde – sin esperar respuesta la musa cuelga, se levanta y se mira al espejo. Sonríe y sale de la habitación.
En el motel todo es silencio. La rubia se levanta de la cama sin decir nada y comienza a vestirse con rapidez y torpeza. La súcubo la observa mientras se viste lentamente. Finalmente la humana habla.
- Has usado tus dotes súcubos conmigo. Eso no ha estado bien, yo…
- ¿Qué quieres que diga? ¿Lo siento por querer acostarme contigo? No vas a negar que has disfrutado ¿verdad? – Lauren se gira sin decir nada, coge la maleta y sale de la habitación. Aife suspira, coge su bolso y la sigue – no puedes decirle nada de esto a Evony – hace una pausa, la agarra del brazo y hace que la mire – y mucho menos a Bo.
La doctora la mira a los ojos, duda durante unos segundos y contesta – está bien, no le diré nada a Bo. Si es que algún día vuelvo a verla – mete la maleta en el maletero y la mira - ¿y qué más te da que lo sepa Evony? – abre la puerta del acompañante y se sienta. La súcubo entra en el coche y arranca.
- Ahora trabajamos juntas. Y… realmente no me importa que lo sepa, pero preferiría que no le dijeras nada y quedara entre nosotras – la humana mira a la fae y vuelve a fijar su mirada al paisaje que dejan atrás.
- ¿Decir qué? No ha pasado nada – la humana sonríe levemente, durante gran parte del trayecto ambas guardan silencio. El momento es tan incómodo que la doctora decide hablar incluso sabiendo que puede empeorarlo – ¿recuerdas como llegaste al laboratorio de Taft?
La súcubo guarda unos minutos de silencio y sigue conduciendo, recordar lo que pasó allí la pone nerviosa. Así que procura deshacerse del tema lo antes posible.
- No recuerdo demasiado, solo sé que vi los ojos del lobo en Bo. Ella consiguió una fuerza sobrenatural , rompimos la valla de la escalera. Me solté y caí al vacío. Lo último que recuerdo de ese momento es mi cabeza chocando contra el suelo – aminora la marcha mientras habla. Para el coche en el lateral de la carretera, mira al horizonte en silencio durante unos minutos.
- ¿Recuerdas algo de después? Lo que… te hicieron allí dentro – sabe que no es un buen momento para preguntar pero la curiosidad le puede más.
- No quiero hablar de ello – acerca la mano a las llaves para volver a arrancar el motor, la doctora pone su mano sobre la de la súcubo y la observa.
- Aife, sabes que puedes confiar en mi ¿verdad? – la morena aparta la vista de la carretera y la mira, hay dolor en su ojos. La humana se desabrocha el cinturón y la abraza sin pensar. La súcubo se sorprende, la aparta cuidadosamente y sin decir nada arranca y continúa conduciendo. El silencio se apodera de nuevo del coche. El móvil de la doctora sobresalta a las dos ocupantes del vehículo.
- Ni se te ocurra cogerlo – la súcubo la mira de reojo mientras sigue conduciendo.
- Podría ser importante, o a lo mejor es Dyson. Si no lo cojo se preocupara o rastreará el teléfono – mira a Aife y al teléfono intermitentemente. La morena suspira y niega con la cabeza, le hace un gesto para que lo coja. Coge el teléfono, y habla durante un rato sin dar ningún detalle de a dónde va ni con quien está y evitando todas las preguntas posibles del lobo. Cuando cuelga se queda mirando el móvil pensativa.
- Tíralo – ordena la mujer. Esa orden pilla por sorpresa a la humana que al principio se niega, pero al final acaba sacándole la tarjeta de memoria y arrojando el teléfono por la ventanilla mientras la súcubo aumenta velocidad del vehículo.
Al cabo de unos treinta minutos llegan al despacho de La Morrigan. Aparca en un garaje privado que da directamente a un apartamento oculto dentro del edificio. Entran en el ascensor y suben. La doctora mira alrededor intentando ubicarse, pregunta varias veces a la súcubo dónde están pero esta ignora su pregunta. Manda un mensaje a la musa diciéndole que ya han llegado. Se sienta en el sofá sin decir nada, la rubia la imita y esperan pacientemente a La Morrigan.
Evony aparece al cabo de unos minutos con un vestido por encima de la rodilla, con tirantes y escote. La súcubo y la humana se quedan sin palabras en cuanto la ven, la musa sonríe satisfecha al haber conseguido exactamente lo que quería. Se acerca a ellas, se sienta en el sillón que hay en frente y habla.
- Os estaba esperando – mira a la súcubo intentando leer su mirada – os habéis demorado mucho en llegar ¿cuál es el motivo? –observa fijamente los ojos de la súcubo, aparta la mirada y mira a Lauren.
- Tenía que recoger mis cosas – la musa mira la pequeña maleta que la doctora había traído y vuelve a mirarla sin decir nada – y tenía que despedirme del trabajo. No podía irme de repente sin ningún motivo. Se extrañarían.
- Ya – observa a las dos y suspira, se levanta y sirve tres copas de ron. Acerca una bandeja y les da una copa a cada una – supongo que sabes porque estás aquí, Lauren.
La rubia bebe de su copa, levanta la mirada y la observa – la verdad es que no, sé que quieres que trabaje para los sombras pero no entiendo el porqué.
- No, no quiero que trabajes para los sombras – le da un sorbo a su copa y sonríe – quiero que trabajes para nosotras.
- ¿Y qué pasa si no lo hago? – suelta la copa y las observa a los dos, deteniendo su mirada en Evony y aguantándole la mirada.
- No voy a obligarte a ello, pero te en cuenta que los luces te buscan. Y ellos no serán piadosos contigo. Te ofrezco nuestra protección a cambio de que trabajes para nosotras.
La humana se levanta y comienza a andar por toda la habitación valorando la propuesta de la Morrigan. Siente las miradas de ambas faes clavadas en ella. Cierra los ojos tratando de pensar, se gira y contesta.
- Está bien, trabajaré para vosotras pero me permitiréis entrar y salir de este lugar cuando quiera. Y Evony, tienes que prometerme que no le harás daño a Bo.
- Bien – la mujer que está sentada en el sillón mira a la morena y vuelve a posar sus ojos en la rubia – lo que hablemos aquí no puede salir de esta habitación. Como alguien se entere de algo sabré que has sido tú y en ese caso sufrirás las consecuencias – se levanta y se dirige hacia ella hasta quedar a escasos centímetros - ¿ha quedado claro humana?
- Muy claro Evony – le mantiene la mirada durante unos segundos, la aparta y mira a la súcubo, la cual se ha levantado y las observa fijamente en silencio – prométeme que no le harás daño a Bo – la musa suspira y se aleja, vuelve a llenar su copa y bebe.
- Tranquila, no le haré daño a tu querida súcubo pero no porque tú me lo pidas. Sino porque ya llegue a ese acuerdo con su madre.
- ¿Entonces por qué la has quemado esta mañana cuando vino a verte? Me lo ha dicho Dyson.
La fae morena mira a Evony, su rostro antes inexpresivo la observa enfadada. La musa se da cuenta de cómo la observa e intenta arreglar la situación.
- Solo fue un pequeño aviso. Ella intentó herirme y eso no está bien, tenía que enseñarle quien manda. Está viva, ¿no? No seas dramáticas – comienza a andar lentamente hacia una habitación, se para y se gira – ah, y Lauren, que sea la última vez que vuelves a ponerte en contacto con Dyson, Bo o cualquiera de ellos. Por ahora no podrás hacerlo, dentro de una semana podrás hacer lo que te apetezca. Aife, ven conmigo – mira la habitación y le sonríe – La doctora necesita instalarse y ponerse cómoda. Y tú y yo necesitamos hablar profundamente – le guiña y entra en la habitación, la súcubo se despide de la humana con un gesto y sigue a la musa. Cuando entra la puerta de cierra con un estrepitoso ruido seguido por el sonido de varios candados al cerrarse.
