Epílogo.

–Mamá, ¿dónde están las cobijas?

–Deberían estar en el baúl de la sala, ¿por?

–Papá se quedó dormido en la sala. ¿Todavía van a tardar ustedes dos?

–Lo siento, querida, pero lo que tú hermano tiene pegado en el cabello no logro quitarlo con nada y ahora estoy tratando de crear una poción para despegarlo. ¿Qué es?

La niña se encogió de hombros antes de salir de la habitación y buscar en el baúl, sacando una frazada de primavera de Ehrenfest y colocándola sobre su padre, dormido en el sofá.

Era raro verlo dormir ahí… claro que su padre había estado regresando tarde los últimos días. Su reloj siempre marcaba el cambio de hora cuando escuchaba la puerta de la casa abrirse, los pasos que subían la escalera y la puerta del cuarto de sus padres abrirse y volverse a cerrar. Lo que fuera que estaba haciendo debía ser muy difícil.

La pequeña terminó de tapar al hombre larguirucho, acomodándole con cuidado el cabello que tenía sobre los ojos o a punto de picarle la nariz. Le encantaba el cabello de su padre, era igual de suave y brillante que el suyo.

Cuando terminó, notó que un color dorado pálido se asomaba por los ojos a medio abrir, luego tuvo que reír ante el balbuceo que salió de él.

–Rozemyne, ¿terminaste tus ejercicios?

–Jajajaja. ¡No soy Rozemyne, papi! ¡Esa es mamá!

Vio a su padre abriendo los ojos en lo que se llevaba la mano a la cara para masajear a ambos lados de sus ojos antes de mirar en derredor y luego sentarse, sujetando todavía la manta que ella le colocara encima.

–Jazmín… ¿dónde está tu madre?

–Está con Ernest en el baño. No sabemos que le cayó en el cabello y mamá lleva un rato tratando de despegarlo. ¿Quieres dormir un poco más?

Su padre le sonrió, tallando sus ojos una última vez, negando despacio y palmeándole la cabeza antes de hacerle señas de sentarse a su lado.

–Una vez me quedé dormido en casa de tus abuelos esperando a que tu madre terminara las tareas de secundaria, ¿sabes?

–¿En serio?

Jazmín se sentó, tratando de no reír demasiado antes de voltear a dónde estaba su madre con su hermano menor.

–Si. Tenía diez años, igual que tú… también se había saltado tres grados…

–¡Igual que tú y yo, papi!

Su padre debió espabilarse en ese momento porque estaba sonriéndole ahora, acariciando su mejilla y pellizcándola apenas un poco.

–Así es. Aunque después me salté también el primer grado de preparatoria –comentó su padre sin dejar de sonreír, acomodándose el cabello con una mano–. ¿Y tú ya estás lista?

–¡Si! ¡Quiero ver a todos nuestros tíos y primos!

Su padre le acarició el cabello, frotando con cuidado de no despeinarla, después de todo, era el día de descanso de Liesseleta.

No mucho después su madre salió con su hermano menor en brazos.

Ernest era idéntico a papá, aunque sus ojos eran del mismo color que los de su madre, en tanto ella se parecía a su madre con los ojos del mismo color de los de su padre.

–¡Lo siento! Ernest mezcló algo en los calderos y se lo vacío encima por accidente mientras me bañaba.

Se disculpó su madre. Su padre frunció el ceño antes de tomar en brazos a Ernest.

–¿Qué te hemos dicho de estar formulando solo, Ernest?

–¡Quería hacer un slime! ¡Teddy me dijo que podía fabricar uno para jugar y luego me dio una fórmula!

–¡Deja de escuchar a Theodore! Nada bueno puede salir de él si es hijo de tu tío Wilfried.

–Ferdinand, no seas tan malo con Wilfried –dijo su madre escondiendo una risa burlona detrás de su mano–. ¡Aunque tú padre tiene razón, Ernest! Que Teddy sea unos años mayor que tú no significa que sea más inteligente.

–¡Pero vamos en la misma clase! –se quejó su hermanito.

Fue su turno de suspirar frustrada y pasarse una mano por la cara ante la insistencia de Ernest.

–Ernie, ¿Cuándo vas a entender que a Teddy le gusta verte la cara de bobo porque eres más joven que él? ¡Espera a ir a la Soberanía y empezar a tener clases con niños de tu edad! ¡Hasta entonces tendrás amigos! –dijo Jazmín.

–¡Al menos a mí no me gusta el primo Francois!

Ella y sus padres se quedaron sin aire en ese momento. Su madre los miraba sorprendida y su padre horrorizado… tendría que ajustar cuentas con el soplón de Ernie después.

–¿Francois no es el hijo de Justus y Margareth? –preguntó su madre.

–¿No está muy chica para que le gusten los chicos? –dijo ahora sí padre en un tono gélido–. ¡Además Francois es demasiado mayor para…?

–Ustedes se llevan trece años, papi. ¡Trece! Los siete que me lleva Francois no son tantos… además no me estoy casando con él… aún.

–¡Jazmín! –se quejó su padre en lo que su madre la tomaba de los hombros sin dejar de reír.

–Bueno, bueno, vámonos ya. Todos deben estar esperando. ¡Se nos hace tarde! –los apuró su madre antes de salir con ella y esperar en la acera a su lado–. Jazmín, entiendo que te guste un chico mayor, solo recuerda que hay más chicos y no te obsesiones con uno.

–¿Por qué no? Papi te gusta desde que tenías mi edad, no veo que tiene de malo.

–Que Francois no es como tu padre… él si que tiene una novia… y no te da clases…

–Porque ustedes no dejan que nadie nos dé clases en casa ni nos ayude con las tareas, mami.

Su mamá solo le sonrió de ese modo que usaba cuando quería que ella guardara silencio. En ese momento escuchó la puerta cerrarse y vio a su padre y a su hermano saliendo bien arreglados y tomados de la mano.

Casi no podía esperar a despertar su detección de mana para hacer ese truco ella también.

–El carromato no debe de tardar en llegar… y Ernie dejará de escuchar a Theodore por el momento, ¿verdad, Ernie?

–Si, papi –respondió el niño cabizbajo ante la luminosa y brillante sonrisa de su padre.

Al menos en casa sabían que esa sonrisa significaba que papá estaba de verdad molesto.

Jazmín en realidad no se cansaba de ver cómo otras personas parecían derretirse como helados al verlo sonriendo así. Luego se pregunto si a su hermano le pasaría lo mismo cuando fuera mayor. Lo miró entonces y desechó la idea. Ernie era tan transparente como su madre, en cambio ella, ella era la maestra de disimular cosas. Igual que su padre.

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El parque estaba lleno de niños conocidos a los que llamaba "primos" aunque no lo fueran. También de adultos a los que llamaba "tíos" aunque no lo fueran, porque sus padres tenían a mucha gente que los quería mucho, fueran de la familia o no.

Ernest no podía estar más contento. Cumplía ocho años y todos parecían estar ahí. Sus abuelos y el bisabuelo. Los tíos Eckhart con Heidemarie, Cornelius con Leonore, el tío Sylvester con la tía Florencia y sus tíos Wilfried con Leueradi, Charlotte con Leónidas y Melchior con Vittoria, además de la tía Hannelore con Kentrips y el tío Lestilaut con Eglantine… y por supuesto, todos los hijos de ellos.

–¿Ves, Margareth? Te dije que no seríamos los últimos en llegar.

Ernest volteó igual que su hermana, sonriendo al encontrar a Justus, Margareth, Francois y Suzane detrás de ellos.

–Llegamos junto al festejado –anunció Suzane con una sonrisa acercándose a él para ofrecerle una bendición y entregarle su obsequio.

–Gracias, Suzane.

–¿Quieres que te acompañe a saludar a los demás? –ofreció la joven de catorce años y cabellos grises sin dejar de sonreírle.

–¡Claro! –respondió él antes de que un fuerte carraspeo de su padre los detuviera a ambos.

–Suzane, no lo dejes intercambiar más que el saludo y las bendiciones con Theodore, por favor.

–¡Cómo ordene, Lord Ferdinand!

Estaban alejándose cuando Ernest escuchó la voz alegre y emotiva del tío Heisschitze, volteando divertido solo para ver cómo el hombre saludaba a su padre saltándose todas las reglas de etiqueta y cargándolo para girar con su padre, el cual no paraba de pedirle que lo soltara. Le gustaba la familia de Heisschitze, era el único con ocho hijos, aunque ninguno de su edad, una pena que solo los cuatro gemelos estuvieran ahí para acompañarlos, pero bueno. Ya vería a los demás cuando fueran de visita a Dunkelferger.

–¡Pero sí es Ernie, el talchfrost! –saludó su primo favorito… con el que le habían prohibido pasar más tiempo que el saludo.

–Teddy, hola. ¿puedo ofrecerte una bendición en este auspicioso día bajo el flujo de…!

–No, no puedes. Eres el festejado y llevamos un rato esperándote. ¿Qué les demoró tanto?

Los demás niños y jóvenes comenzaron a acercarse para bendecirlo y felicitarlo.

Estaba feliz. Su madre, Lasfam y su esposa habían estado cocinando toda la mañana algunas cosas desde el día anterior. Algunos de sus platillos favoritos y un delicioso pastel esponjoso con alfseigue y rhorhes.

Entre las felicitaciones le entregaron algunos obsequios y se divirtió de lo lindo jugando algunos juegos de mesa y algunas competencias físicas también. No podía ser más feliz rodeado de tantos compañeros de juego y de escuela a los que podía llamar "familia" en tanto sus padres hablaban con los otros adultos sin dejar de mirarlo de vez en vez y sonreírle contentos.

Más tarde, cuando volvieron a casa y comenzó a abrir sus regalos estaba tan emocionado que por poco no se da cuenta de que sus padres no le habían dado nada. Tenía ropa de parte de los abuelos y de tía Hannelore. Una espada y un escudo de madera de parte de Heisschitze. Un manual de dibujo del tío Lestilaut. Dulces de parte del tío Sylvester. Un nuevo juego de mesa de parte de Justus. Un equipo de formulación del tío Wilfried, un libro de formulación para principiantes de la tía Charlotte y un libro con partituras para la guitarra del tío Melchior.

–¿Estás contento con tus obsequios, Ernest? –le preguntó su madre sin dejar de hojear el libro de formulación antes de devolvérselo.

–Mucho, mami. Fue un día muy divertido y me encanta todo lo que me dieron.

–¿Entonces me puedo quedar con el obsequio que íbamos a darte? –preguntó su padre con esa diminuta sonrisa divertida que ponía cuando intentaba hacerles una broma.

–¿Eh? ¿También me darán un obsequio?

–¿Qué pensabas, Ernie? –lo regañó su hermana mayor de inmediato–. ¡En serio deberías dejar de juntarte con Theodore! Te volverás tan tonto como él.

Ignoró a su hermana y observó a sus padres, expectante. Su madre soltó una leve risita divertida y le hizo una señal a su padre. Pronto apareció una pequeña caja frente a él que se apresuró a abrir, suspirando emocionado y contento cuando encontró un paquete con hojas de colores y la última edición del libro de origami que había visto alguna vez en el cuarto de sus padres junto a la doble colección de bestias Fey de papel.

–¿En serio puedo quedármelo?

–¡Por supuesto! –le respondieron sus padres.

–Tu hermana y yo nos sentaremos contigo a hacer una figura o dos cada vez que termines de hacer todos tus deberes –ofreció su madre, haciéndolo sonreír y saltar de su asiento para abrazarla.

–¡Gracias, mami!

Después volteó para abrazar a su padre también, el cual lo levantó de inmediato en sus brazos, haciéndole cosquillas con su mana al igual que mamá.

–Esta es la última vez que te cargo, Ernest. Te estás volviendo tan grande que pronto me cargaras tú a mí.

El niño soltó una carcajada sin soltarse de su padre, dejando que lo bajara luego de un rato.

Para cuando fue hora de dormir estaba tan cansado que su padre tuvo que hacer una excepción y subirlo cargando hasta su habitación. Aquel había sido un gran cumpleaños.

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–¿Qué haces?

–Miraba algunas imágenes. Casi no puedo creer que logré casarme contigo hace trece años.

Ferdinand abrazó a Rozemyne por la espalda para poder observar el libro que estaba mirando. Un álbum de imágenes de ellos desde que ella volvió de su penúltimo curso en la Soberanía a los veinte y que terminaba en algunas imágenes de sus viajes de investigación antes de embarazarse de Jazmín. En todas parecían bastante felices y con algunas seguía sintiendo sentimientos de fastidio y felicidad.

Justus les había hecho una imagen mientras dormían juntos luego de su primer mes comprometidos, Eckhart también les había tomado una imagen la primavera previa a su nudo estelar, como para inmortalizar la primera vez que Rozemyne lo convenció de atarse el cabello y usar ropa casual para salir. Estaba la que Lasfam les había tomado conforme salían de la biblioteca con un par de libros en las manos. Él todavía con sus lentes de lectura y ella más que feliz a su lado. Había un par de recortes de la gaceta del Ducado por el Día de la Renovación, de la primera vez que tocaron juntos frente a tanta gente campanadas antes de intercambiar sus piedras de compromiso y una que no sabía de dónde había salido de su viaje de bodas, con ambos acomodados en una hamaca leyendo conforme caía la noche.

Sin importar como les hubieran hecho esas imágenes, se sentía bastante feliz de aparecer con ella en todas en una relación diferente a la que habían tenido en un inicio.

Le besó el cuello un par de veces y luego comenzó a deshacer su peinado con cuidado, no quería activar ninguno de esos amuletos por accidente, a decir verdad.

–¿Sabes una cosa? El otro día estaba hablando con mamá y me dijo que fue un alivio que admitieras lo que sentías antes de volver de Bozweits.

Se detuvo entonces, algo ahí sonaba muy extraño.

–¿Ella sabía?

Rozemyne cerró el libro antes de tomar uno más pequeño que reconoció al instante. Era el álbum donde guardaban las imágenes de cuando eran de verdad muy jóvenes.

Su esposa lo abrió entonces, mirando la primera imagen. Ella debía tener cinco o seis años en esta estaba parada junto a él en medio de las dos familias que sonreían para la herramienta mágica en turno.

–Dice que lo supo en el momento en que te ofreciste a darme tutorías todas las tardes, justo después de que avisaran a todos que salté tres grados. No tengo muchos recuerdos de ese primer mes de escuela, mis compañeros eran bastante crueles conmigo.

Ferdinand jaló una silla entonces para sentarse con ella y mirar la foto un poco más de cerca. Era un detalle tan pequeño, que lo paso por alto toda su vida, igual que su mano estirada hacia ella en la imagen o los ojos de esa pequeña versión de Rozemyne que trataban de mirarlo con discreción, una de sus manos sujetando la que quedaba del lado de él, como si se estuviera obligando a no aferrarse a él.

–La noche antes de que tomaran esta imagen… no lo recordaba, pero mamá sí. Le pedí que me sacara de la escuela porque los niños eran malos conmigo. Cuando me preguntó qué haría después de dejar la escuela, le contesté que me iría a vivir contigo a la Soberanía porque tú siempre me consolabas y me enseñabas cosas interesantes cuando Sylvester te llevaba a visitarnos.

Se cubrió los ojos, incrédulo antes de voltear a verla con una pequeña sonrisa, cerrando el álbum y tomándola en brazos, asegurándose de pasar un brazo bajo sus rodillas para cargarla, sonriendo divertido cuando la escuchó reír y quejarse nerviosa en lo que él comenzaba a caminar hacia las escaleras.

–¡Espera! ¡No guardé mis álbumes!

–Los guardaremos mañana. De pronto necesito teñirte hasta que se me olvide lo que acabas de decir.

Más risas calentándole el corazón. Estaba abochornados pero feliz.

No tenía idea de que ella le había gustado desde el principio, de lo único de lo que estaba seguro era de que siempre se preocupó por hacerla brillar y que siempre estaría ahí para hacerla feliz.

F I N

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Notas de la Autora:

Y hemos llegado al final de esta historia.

Espero de todo corazón que hayan disfrutado de las altas y bajas de este loco proyecto al igual que yo. Como dato curioso, logré abrir una cuenta en wattpad para poder hacerle portadas a algunas de mis historias y, ¡oh, sorpresa! se pueden subir imágenes a esa plataforma, así que, si gustan, no dejen de darse una vuelta por ahí para ver las ilustraciones que cologué en cada uno de los capítulos. Algunos son fanarts preciosos que encontré en Pixiv, otros son arreglos que hice con Staryai y con canvas y por supuesto, hubo algunas imágenes bellísimas que Franny Batista Frías y Anemolti me ayudaron coloreando para que quedaran perfectas. A ustedes dos, muchísimas gracias por el apoyo, chicas, no cabe duda que conozco gente super talentosa.

Agradezco mucho también a Hikaryto, quien me ayudó como editora y beta reader. Me divertí mucho leyéndote despotricar y luego muriéndote de amor con toda esta locura, jajajaja. Samu y sus locas propuestas e imágenes que me inspiraban para escribir más... porque ustedes no lo saben, pero debo haber tardado entre una semana y semana y media escribiendo esto. En todo caso, mil gracias por todo el apoyo, chicos. Los amo.

Finalmente, muchísimas gracias a todos los lectores que además de estar pendientes de cada actualización, me dejaron algún mensaje. Sigo pensando que la mejor parte de escribir fanfics no es apaciguar mis ansias de saber más de una historia o de una pareja, sino leer los comentarios de los lectores que me motivan a seguirme esforzando y dar un poco más.

Antes que lo olvide, hoy si va un comercialote. Soy escritora de fantasía en Amazon y mi tercer novela, Xul Itzbeh, se publica a mediados de Agosto en Amazon dentro de un concurso. Es fantasía épica con dragones, magia y muchos detalles de culturas prehispánicas que le da un plus. Si no han leído los dos libros anteriores, no importa, puesto que lo escribí pensando en que pueda ser leído como tomo único.

Y ahora sí. Mi nombre real es Tanya Lissete Waring Suárez. Soy una ex maestra de jardines de niños, ama de casa a tiempo parcial, fanficker y escritora de fantasía de 39 años mexicana. Termino de publicar esta historia en fanfiction. net, Ao3 y Wattpad el lunes 26 de junio a las 6:22 am y espero de todo corazón que volvamos a encontrarnos entre las letras de alguna historia nueva y fabulosa.

SARABA