CAPÍTULO 1

Dos años antes…

Como ya nombré, el día en el que se remontaban los hechos era justo la víspera de Halloween. Toda la ciudad estaba en pleno movimiento, dando los últimos retoques y preparándolo todo para que aquel Halloween fuese mejor que el del año anterior, cosa que siempre pretendemos. Si quieres hacer algo que te gusta, hazlo lo mejor que sepas.

Aquel día Sally y yo dábamos una vuelta por la plaza de la ciudad. Yo observaba cómo todos daban lo mejor de sí mismos para hacer de Halloween una de las mejores fiestas del año, cuando el doctor Finkelstein vino hacia nosotros, acompañado de los renos esqueléticos, literalmente, que me hizo para la Navidad que casi echo a perder. No sé si desde aquel día, Santa Clavos me hablará. Aunque pienso que es un buen hombre y me habrá perdonado ya. Pero de lo que no me voy a librar es de estar en la lista de los malos.

El caso es que el doctor estaba de mal humor, algo que no me extrañaba porque los renos no se despegaban de él. Debo reconocer que aquella situación era muy cómica.

-Jack, ¿puedes ayudarme en algo?- me preguntó el doctor.

-¿De qué se trata, doctor?

-¡Quiero librarme de estas cosas pero no puedo! ¡Son más desagradables que Igor cuando ronca!

Uno de los renos se acercó a Sally, quien empezó a acariciarle el cráneo mientras decía:

-¿Desagradables? ¡Doctor, si son monísimos!

-¡Sí, claro!-exclamó el doctor, sarcástico- ¡Al principio! Pero después de un tiempo se ponen pesados. ¡Se pegan como lapas! –Uno de los animales se pegó al pobre doctor, quien exclamó, enfadado, mientras lo apartaba- ¡Quita, bicho!

Me crucé de brazos y le respondí mientras intentaba disimular una sonrisa:

-No sé qué decir… es que me da pena deshacerme de ellos, pero…

-Bueno,- intervino Sally, sin dejar de acariciar al reno- si la idea de los renos no sirvió para Navidad, aprovechémosla para Halloween. A mí al menos no me haría gracia que el esqueleto de un reno volador entrase por la ventana de mi habitación mientras estoy durmiendo. Creedme, si yo fuese un niño pequeño me escondía bajo las sábanas mientras gritaba de horror. Solo es una idea, no es que a mí se me dé eso de dar sustos.

Tanto el doctor como yo nos quedamos más que sorprendidos con la idea de Sally. Normalmente, las pocas ideas que me daba para Halloween han sido muy buenas, pero aquella fue, sin duda alguna, la mejor.

-Sally, ¡eso es fantástico!- exclamé, muy contento- ¡Cuando el alcalde me llame, le hablaré de tu fantástica idea!

-Muchas gracias, Jack. Pero no te prometo nada. Igual puede pasar que el niño se encariñe con el reno y todo.-se encogió de hombros y añadió, sonriendo- Nunca se sabe.

Entonces noté un fuerte impacto en la parte derecha de la cara que me dolió bastante, si se me permite decirlo (sí, aunque no me duele arrancarme la cabeza y poco más, los golpes me duelen).Me tapé con la mano el lugar donde recibí el golpe mientras me volvía para gritar, enfadado:

-¡ ¿Quién ha sido?!

Tras echar un rápido vistazo vi a los culpables: nada más y nada menos que Lock, Shock y Barrel. A pesar de que me he deshecho de su jefe no dejan de molestar.

Vi que los tres gamberros retrocedían temblando, seguramente al verme tan irritado. Lock sujetaba un tirachinas que se escondió inmediatamente tras la espalda.

-No… no queríamos hacerte daño, Jack- dijo Barrel, nervioso- Solo queríamos gastarle una broma sin importancia al doctor, nada importante.

-¡¿Serás idiota?! ¡Acabas de delatarnos!- exclamó Shock, antes de darle una colleja a Barrel- ¡Ya verás cómo nos va a caer una buena!

-¡Os vais a arrepentir de esto!-exclamé, todavía irritado- ¡Más vale que corráis! ¡Renos, a por ellos!

Como una jauría de perros de caza, los renos empezaron a perseguir a los niños, quienes empezaron a correr mientras gritaban de pánico. No me gustó nada recibir el golpe, pero me gustó mucho menos saber que este iba dirigido al pobre doctor. Vale que sea un poco cascarrabias y antipático, pero también se merece un poco de respeto.

-¿Es que no van a aprender nunca?- pregunté, tras suspirar profundamente y apartar la mano de mi cara.

-No lo pueden evitar, es su naturaleza- dijo Sally- Al igual que a un pájaro no le puedes obligar a dejar de volar, ellos no dejarán sus bromas pesadas.

-Puede que tengas razón, Sally. Pero aunque puedo vivir con ello, sigo sin soportar que ellos hagan daño a la gente para divertirse.

-Hablando de hacer daño, creo que ese golpe te ha dejado una marca. –Sally empezó a examinar detenidamente mi cara antes de hacer su característico tic de morderse el labio y decir, con cara de preocupación- Estoy más que segura de que esa grieta va a ser permanente. Lástima que no tenga un espejo para que veas de lo que te hablo.

-Toma, coge el mío ya que lo tengo a mano- intervino el doctor mientras me tendía un espejo que había cogido de su bata de laboratorio.

Cogí el espejo y observé el lugar donde recibí el golpe. Me encontré con una fina grieta que se dirigía de forma diagonal hacia mi boca, donde se interrumpía para continuar por debajo en una corta línea recta hacia abajo.

-Bueno, este es el precio que se paga por salvarle el cuello a alguien- dije, encogiéndome de hombros mientras dibujaba una media sonrisa antes de devolverle el espejo al doctor.

-Supongo que debo darte las gracias, Jack- dijo el doctor. Entonces suspiró y se dio la vuelta- Bueno, tengo que irme. Hay mucho por hacer en mi laboratorio.

-Adiós, doctor. Cuídese.

Según se fue Finkelstein, oí la voz del alcalde que me gritaba desde la lejanía:

-¡Jack, ¿puedes venir un momento?! ¡Te necesito para unos últimos detalles!

-¿Podría esperar un minuto, alcalde?

-¡Vale! ¡Pero date prisa, que es muy importante!

-¡Gracias!

Ese minuto que pedí al alcalde era nada más y nada menos que para despedirme de Sally.

-¿Quieres que te espere en casa?

-No te preocupes por eso, Sally. Solo voy a tardar un minuto de nada.

-Tú tómate todo el tiempo que quieras. Sé lo mucho que significa esta fiesta para ti.

-Parece mentira que el lugar que ocupaba esta fiesta cuando yo era un canijo lo haya ocupado la mujer de mi vida.

-¿Sabes? Todavía veo en ti a ese niño que esperaba Halloween con ansia y que, cuando el día llegaba, no quería que se acabase nunca.-suspiró profundamente antes de volver a fijar sus grandes y hermosos ojos en los míos- Lo que quiero decir es: disfruta al máximo de esto y despierta a ese niño que llevas dentro.

-Gracias por el consejo, Sally. Eres la persona más fantástica que he conocido en toda mi vida.

Di un respingo porque me di cuenta de que tenía un asunto pendiente con el alcalde.

-Tengo que irme. Presiento que el alcalde está punto de desesperarse, y no quiero llegar demasiado tarde.

-Tiemblo solo de pensarlo.

Como gesto de despedida, le di un beso en la mejilla a Sally.

-Te quiero.

-Yo también te quiero, Jack. Anda, vete antes de que el alcalde se suba por las paredes.

Me fui con una sonrisa que iba de un lado al otro de mi cara, ignorando que esa conversación y ese "te quiero" que le dediqué a Sally ocuparon los últimos instantes que pasamos juntos antes del desastre.


Con respecto a la grieta de Jack, quiero aclarar que no quería plagiar la cicatriz de Ezio, sino hacer un guiño a dicha cicatriz, queriendo darle un aire de "tipo duro" a nuestro protagonista. Muchas gracias por vuestra comprensión.