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Disclaimer:

LAS TORTUGAS NINJA

no me pertenecen, más bien, mi corazón le pertenece a Leo.

GÁRGOLAS, HÉROES GÓTICOS

tampoco me pertenecen.

Mucho menos obtengo algún beneficio lucrativo aprovechándome de la fama de estas dos magníficas series animadas.

Yo escribo por puro gusto y para hacer pasar un rato agradable a todo aquel que pase a leer.

Lo único que espero ganar, son tus apreciados reviews.

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GUERREROS DE LA NOCHE

Ciertas calles de Nueva York están habitualmente invadidas por personas y vehículos. Es de esperarse de una ciudad cosmopolita, sobretodo en esa parte en donde se concentran los grandes corporativos, centros comerciales, locales pequeños e inclusive puestos ambulantes; y como sucede en los lugares donde bulle el comercio, los bolsillos de todos los tamaños se sienten bienvenidos.

Las calles apenas son lo suficientemente amplias para dar cabida a tanta gente y a tantos tipos de transporte, pero el humano siempre ha sido ingenioso, y se las ha arreglado para vivir en ese inhóspito hábitat de concreto y acero.

Y como en todo hábitat, el peligro acecha a los más desprevenidos.

En un cambio de luces, los vehículos avanzan y los peatones esperan a que sea su turno de cruzar la calle, es entonces, cuando a lo lejos, comienza a escucharse un ruido, un ruido que no se parece en nada a los aturdidores chillidos de los cláxones, ni a los estrepitosos pasos de la muchedumbre que cruza la calle en la esquina contraria, es un ruido que ni siquiera se le puede comparar al aleteo de varias palomas que, estando en la banqueta picoteando un pedazo de hot dog, tuvieron que echar a volar en el preciso momento en el que el mar de gente ha cruzado desde la otra acera.

Prush… Prush.

El ruido cesa, pero ya varias personas se detienen al darse cuenta que muchas otras personas se han detenido porque se han enterado, a través de sus celulares, que algo inusual está ocurriendo; todos miran hacia la calle opuesta.

Sobre esa calle, el altísimo edificio proyecta su sombra, es en esa calle que hay "algo" enorme que ha tenido que dejar de avanzar debido al tránsito.

- ¡Es un robot! – alguien de voz joven se le escucha exclamar de entusiasmo.

No es el único que se ha dado cuenta que la cosa, que está parada en medio de una transitada avenida, es en realidad un robot gigante, por eso muchas personas, a quienes les ha invadido la curiosidad e ignoran su instinto de supervivencia, es que han preferido quedarse a observar en vez de huir; sólo algunos prefieren alejarse lo más rápidamente posible, y otros, la mayoría, comienzan a sacar fotos o a grabar con ayuda de sus celulares.

El robot de color negro ha permanecido inmóvil por unos minutos, y como le es imposible seguir avanzando en la calle, ya que está repleta de vehículos, se encamina hacia la acera.

- ¡Wow! –

Las personas se maravillan al ver que un robot de tres metros de alto se pasea por las calles de Nueva York, aunque no está teniendo el debido cuidado con los peatones.

- ¡Oye! –

Las personas deben hacerse a un lado, o pueden ser aplastadas por el asombroso pero torpe robot.

En unas cuantas zancadas, el robot llega a la siguiente avenida y se detiene en la esquina. La avenida está iluminada por el sol, cuyos rayos se reflejan en la superficie cromada del robot, dándole un aspecto más impresionante.

El ocaso está por llegar, no así el motivo de la presencia del robot.

- ¿Será algún tipo de demostración pública? –

Es lo que la gente se pregunta pensando que alguna compañía importante ha hecho esa extraordinaria invención, y qué mejor que exhibirla en una famosa avenida de una de las ciudades más famosas del mundo.

Con ese pensamiento en mente, las personas que son testigos de quizás de un revolucionario invento, se atreven a no alejarse demasiado del titán de metal.

El robot tiene el aspecto típico que otros tantos robots que han emulado la apariencia física de un ser humano: dos brazos, dos manos, dos piernas, el tórax, y una cabeza en la que se define un rostro casi humano, salvo que, a diferencia de otros robots, este robot se desplaza con una autonomía bastante independiente, lo que es inquietante.

Éste pareciera que examina los alrededores, pero de repente, avanza sobre la avenida en la que continúa la circulación de los vehículos, algunos de éstos logran esquivarlo, y entonces…

¡PPPAAAFFF!

¡Con uno de sus enormes pies aplasta la parte frontal de un auto!

Es cuando la gente se da cuenta que no se trata de un robot amistoso, los transeúntes huyen despavoridos, y de los vehículos detenidos y de otros que se detienen, los conductores bajan y los abandonan... Aunque no falta quienes se quedan para seguir grabando y sacando fotos.

En el siguiente instante, el robot se inclina sobre el vehículo aplastado, clava sus dedos metálicos en el techo (o la parte que no quedó aplastada) y abre el automóvil como su estuviese abriendo la caja que contiene un estupendo regalo.

- ¡…! -

Los dos ocupantes miran atónitos, a través del nuevo quemacocos, un par de ojos que destellan intensamente un color rojo.

- ¡Yiah! –

Leonardo no espera que suceda algo más… ¡de inmediato cubre su cara con la capucha de su atuendo, y de una patada, abre la puerta y salta a través de ésta, llevándose a Xanatos del brazo.

- ¡Ah! –

Leonardo arrastra a Xanatos un par de metros antes de que él recupere el paso y pueda huir por sí mismo, es cuando Leonardo aprovecha y voltea, sin dejar de huir, para mirar qué es lo que les ha atacado: un robot gigante. Deduce que Xanatos y él son el objetivo del robot, así que no deja de correr esperando que los persiga para guiarlo hasta donde no haya personas que puedan resultar heridas, pero para su sorpresa, el robot avanza únicamente un par de metros.

- LEONARDO. –

Es mayor la sorpresa cuando el robot le llama.

Apenas consiguiendo alejarse a cierta distancia, Leonardo debe detenerse porque la voz le es familiar, y voltea (Xanatos también se detiene, procurando quedar detrás de Leonardo), y mira algo que no le agrada en absoluto.

- LEONARDO, TÚ Y XANATOS REGRESEN, O… - el robot levanta su brazo derecho, y la mano se retrae dentro del mismo brazo, y de éste emerge un tipo de cañón láser del cual comienza a brotar un brillo – LO LAMENTARÁS EL RESTO DE TU VIDA. –

Leonardo se queda pasmado al descubrir a quién le pertenece el robot y cuáles son sus intenciones.

Gracias a que Xanatos es una figura pública, a Shredder no le fue difícil averiguar en dónde estaría el millonario, sólo fue cuestión de elegir el día y la hora para emboscarlo, además, está por atrapar a un pez gordo, porque si Leonardo no comienza a acercarse al robot, éste comenzará a disparar a la gente incauta que, en vez de huir, prefiere difundir el increíble acontecimiento por sus redes sociales.

Leonardo comienza a avanzar hacia el robot.

- ¡Leonardo, espera! – Xanatos le ordena.

Leonardo voltea hacia él sin detenerse.

- El robot lo ha enviado Shredder. –

- Ya me lo imaginaba. –

- Debemos hacer lo que pide, o matará a muchos humanos. – ahora se vuelve hacia el robot.

Xanatos da un vistazo rápido a los alrededores. Hay demasiados curiosos; luego le habla, furioso, a Leonardo, aunque ya le da la espalda.

- Yo no voy a obedecerlo porque sé que tú me protegerás. Me diste tu palabra de ser mi guardián… ¡mi Shisa! –

Leonardo aprieta sus puños. Llegó a creer que Xanatos era más que un excéntrico millonario, pero ahora comprueba que se ha equivocado.

Xanatos se queda en donde está sabiendo que tendrá que decir algo más convincente para evitar que Leonardo siga avanzando hacia el enemigo.

- Ese maldito conoce bien al chico. -

Leonardo está a escaso metro del robot.

- FINALMENTE, LEONARDO, – aun siendo una voz robotizada, se puede notar un claro regocijo – FINALMENTE SERÁS MI MANO DERECHA. -

Leonardo sólo piensa en que debe avanzar más deprisa, porque a lejos, se escuchan las sirenas de la policía. Si la policía interviene, nada detendrá a Shredder en provocar una masacre, porque indudablemente, es necesario poner a prueba al robot para determinar si es un éxito o un fiasco, y qué mejor manera para ello que el campo de batalla.

Entonces… ¡Xanatos echa a correr y se interpone entre Leonardo y el robot!

- ¡…! – Leonardo se sorprende de la acción del humano que sólo ha conseguido exponerse al peligro.

- ¡Shredder! – grita Xanatos de modo desafiante - ¡Tú has venido por mí! ¡Llévame a mí y deja a Leonardo en paz! –

- ERES GENEROSO, XANATOS. –

- Si lo prefieres, puedes matarme aquí mismo, pero deja que Leonardo se vaya. -

- ES JUSTO LO QUE PRETENDÍA HACER, PERO NO TE MATARÉ, – el brazo derecho desciende, se retrae el rayo láser y emerge la mano, ahora levanta el brazo izquierdo, la mano se cierra en puño y de éste emergen dos filosas hojas (emulando las dos dagas que usa Shredder en su mano izquierda), el brazo se extiende y la punta de una de las hojas queda apuntando demasiado cerca de la cara de Xanatos - SI LEONARDO ME JURA LEALTAD. –

Leonardo ya no debe preocuparse por que vayan a morir muchas personas, ahora sólo debe preocuparse por un solo individuo, justamente el individuo a quien prometió que protegería.

La gente que observa comienza a preguntarse si en realidad no estará filmando una película de ciencia ficción.

- Maldito cobarde. – dice Xanatos con profundo rencor - No serías capaz de vencerme en una pelea a puño limpio. -

Pero Shredder no está dispuesto a perder la ventaja que tiene.

- LEONARDO, MI PACIENCIA ES TAN FUGAZ COMO EL BRILLO DE UNA ESTRELLA QUE SE HA DESPRENDIDO DEL CIELO. -

Leonardo, con una expresión de resignación en la mirada, se aparte de Xanatos, avanza un par de pasos más, se detiene y se inclina levemente ante el robot.

- ¡Leonardo, no! – le grita Xanatos - ¡Tú bien sabes que es más importante detener a Shredder! -

- Un amigo me dijo una vez que, - dice el chico tortuga de la bandana negra - toda vida es valiosa. -

Xanatos se queda anonadado.

Entonces, Leonardo inspira un poco de aire para decir el juramento, y…

¡RRRRROOOOAARRRRRFFFF!

Algo ruidoso y pequeño golpea al robot en la cara, pero el golpe no es lo suficientemente contundente (la filosa daga roza la cara de Xanatos), el robot pierde el equilibrio, y retrocede en un desesperado intento por no caer.

Leonardo se yergue inmediatamente y mira cómo el robot va tambaleándose aplastando algunos vehículos, pero enseguida prefiere voltear a su costado izquierdo, y ve que una moto fue lo que impactó contra el robot, o para ser más precisos, la llanta delantera de ésta, y que gracias al mismo impacto del choque, el hábil conductor hace uso del impulso para realizar un impactante y mortal giro hacia atrás, evitando así ser lanzado lejos, procurando además que la moto aterrice en el pavimento sobre sus dos ruedas.

El motociclista trae casco, pero a Leonardo no le es difícil saber de quién se trata.

- ¡Rafal! – exclama de júbilo Leonardo apenas la impresionante y hermosa motocicleta aterriza sin mayores problemas a unos pasos de él.

Pero antes de que Leonardo pueda aproximarse a su hermano y que ambos se den cuenta que el robot ya ha recuperado el equilibrio, algo enorme cae frente a ellos, cimbrando el pavimento, haciendo que Rafael y Leonardo se tambaleen por unos segundos, tras los cuales ambos se percatan que es otro robot.

- ¡Doni! - Leonardo se entusiasma al ver, apenas en un vistazo, que ese robot tiene una cabina, y dentro de la cabina está su otro hermano.

El robot que tripula Donatelo, al instante se abalanza contra el robot negro, lo toma del brazo izquierdo, tira de éste derribándolo boca abajo contra el pavimento, sin soltar el brazo, inmediatamente aferra la pierna derecha, los cruza sobre la espalda oprimiéndolos contra la misma para inmovilizarlo.

- Ooooohhhh. – los presentes exclaman sorprendidos porque, ya sea una película o una demostración pública, la curiosidad crece más y más.

Ese otro robot es de color gris aunque de menor tamaño que el que pertenece al clan del Pie.

Es cuando Leonardo aprovecha para acercarse a Rafael, pero es Rafael quien toma la palabra.

- Oye, - habla Rafael sin quitarse el casco - ¿por qué no me invitaste a tu fiesta? – le reprocha.

- Porque no sabía que iba a haber fiesta. – Leonardo responde evidentemente contento.

- Ha sido una fiesta sorpresa. – dice Xanatos al acercarse a las dos tortugas – Detesto las sorpresas. –

Leonardo se percata que él sangra de la mejilla, saca de su cinturón una pañoleta blanca y se la ofrece.

- Tome; - le habla con formalidad - oprima con fuerza. –

Xanatos acepta la pañoleta y sigue la indicación.

- Fue un pequeño roce. Espero que no deje cicatriz. –

Leonardo está por decirle a Xanatos que su padre conoce un remedio casero para curar heridas, y es tan bueno, que no deja…

- Leo, – Leonardo escucha por el auricular que lleva en su oído derecho; es Donatelo - lamento la demora. Hay demasiado tránsito. -

- Pero has llegado en buen momento, hermano. – Leonardo se vuelve hacia el robot (y los otros también); habla con una sonrisa.

- El robotDonatelo, informa de inmediato a su hermano y líder – es conducido a distancia. –

Leonardo voltea hacia Xanatos.

- Doni informa que no hay nadie quien esté conduciendo al robot; está siendo manipulado por control remoto. -

- Es Doni – dice Rafael algo inquieto – quien tripula su robot. –

El robot construido por Donatelo tiene dos piernas y dos brazos (las muñecas tienen una curiosa forma redonda y de éstas brotan tres dedos) que están unidos a un tórax con forma ovalada, y no hay una cabeza unida al tórax, es en el tórax en donde se ubica la cabina, cabina dentro de la cual Donatelo está sentado y manejando al robot.

Si bien, más de uno está impresionado por la aparición de otro robot, hay alguien quien no está para nada feliz.

- ¡Dr. Chaplin, qué demonios espera para destruir al enemigo! – ruge furioso Shredder.

Lo que el robot negro ve con sus "ojos", es transmitido a la sede del clan del Pie, y por medio de una enorme pantalla, Shredder ha visto que su plan de matar a Xanatos ha dado un giro inesperado.

- Esto iba a ser únicamente una misión de captura, no de combate. – dice el joven doctor pelirrojo, quien está dentro de un tipo de jaula giratoria además de traer puesto una extraña prenda en cada brazo y pie y que sus ojos están cubiertos por unas gruesas gafas.

Antes de que Shredder pueda continuar reprendiendo al Doctor Chaplin…

- La especialidad del Dr. Chaplin – Karai aboga por el Doctor – es la ingeniería robótica, no las artes marciales. -

Karai se apresura a entrar en la jaula y le quita las gafas al doctor quien está por protestar porque nadie más puede conducir al robot, pero calla al percatarse que se trata de la bella hija de Shredder.

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