Aquí llego con un nuevo capítulo de este crossover. Disfrútenlo! :3 3
CAPÍTULO 11
POV Sally
Llegué al laboratorio de Finkelstein justo cuando empezaron a caer unas cuantas gotas de lluvia. Cerré la puerta trasera del edificio con el menor ruido posible para que el doctor no notase mi presencia, cosa que afortunadamente pasó. Definitivamente aquel era mi día de suerte…
-¡Sally! ¡¿Dónde estás?!
O al menos eso pensaba yo antes de oír aquel grito procedente de la voz ronca de doctor. Tragué saliva antes de disponerme a contestar, pero una mano me tapó la boca detrás de mí mientras una voz afortunadamente familiar contestó:
-¡Está conmigo, doctor! ¡Y no grites de esa manera, que te vas a volver afónico!
Cuando se hizo de nuevo el silencio la persona que me había salvado de una buena se colocó delante de mí. Se trataba de Margaret, la bruja que, al igual que yo, ayudaba con sus cosas al doctor. Es algo más baja que yo, algo rellenita (ella siempre replica diciendo que es de huesos gruesos), de piel oscura y llena de arrugas. Tiene una nariz aguileña y unos ojos risueños, brillantes y de color violeta. Si soy sincera, esos ojos son preciosos (debo confesar que Margaret me decía que ella era el punto de mira de los hombres del pueblo en su juventud). Tiene un fuerte carácter pero se hace querer porque no hay día que no te haga reír. Es una bruja especializada en telequinesis y telepatía (para los menos entendidos, es capaz de mover objetos con la mente y de leer los pensamientos) y sabe leer el futuro con gran precisión. Es como una abuela para mí, ya que me ayuda cuando me surge algún problema. Y esa vez me libró de uno muy gordo.
-Gracias, Margaret –dije, aliviada- Me has salvado la vida.
-No hay de qué. Sabes que siempre te ayudo con estos apuros. Anda, ven conmigo antes de que el doctor descubra que he mentido.
Según Margaret terminó de hablar, me cogió del brazo y me llevó hacia la cocina. Allí se sentó en una silla que fue flotando hacia ella.
-Será mejor que te sientes. –dijo mientras movía los dedos de una mano, acercándome otra silla.
Según me senté apareció Midnight, una gata negra de ojos verdes que ronda por el laboratorio a sus anchas, y a quien yo había cogido mucho cariño. De hecho, el nombre se lo puse yo.
El animal se subió a mi regazo, seguramente buscando mis caricias. Mientras pasaba mi mano sobre el suave pelaje de la gata, Margaret me preguntó, con las manos entrelazadas bajo la barbilla:
-Bueno, ¿me lo vas a contar?
-¿Contar el qué?
-No me mientas, Sally. –respondió la bruja con una sonrisa pícara- Sé que mientras volvías del recado que le hiciste al doctor tuviste un pequeño percance con unos soldados y que cierto encapuchado llamado Jack te salvó la vida.
-¿Cómo lo sa…? Olvídalo, sobra la pregunta.
Margaret soltó una sonora carcajada antes de añadir:
-¿Crees que la bola de cristal que tengo en la mesa de centro de la sala de estar es de adorno? Pues te equivocas, guapa, porque he estado viendo todos y cada uno de los detalles de aquel encuentro. Lo malo fue que no pude ver la cara del encapuchado, así que dime, ¿tu salvador era guapo?
-¡¿Qué?! ¡¿A qué viene eso?! –pregunté algo molesta, aunque no pude evitar ruborizarme- ¡Yo tampoco logré ver bien su cara por su capucha! Lo único que vi fue una cicatriz que le cruzaba la boca, nada más. Además, ¡era un esqueleto! ¿Quién le ve el atractivo a un esqueleto?
-Dos cosas, Sally: una, no tiene nada que ver que sea un esqueleto, algo de atractivo tendrá. Y segundo, mientes fatal. Estás coladita por los huesos de ese caballero de la capucha, nunca mejor dicho. Se te veía el plumero, chica.
Tuve que callarme porque sabía que no podía ocultarle nada a Margaret. La verdad, aquel encapuchado fue muy amable conmigo, además de simpático, y he de decir que ese carácter era su "atractivo".
-Y te voy a dar una alegría, Sally. –añadió Margaret- Tengo el buen presentimiento de que, en cierto modo, tú le gustabas a ese tal Jack.
-¡¿Pero qué dices?! –me levanté de la silla de forma tan brusca que Midnight salió corriendo- ¿Qué tengo yo para que alguien se fije en mí?
-Puedo nombrarte una lista tan larga que si la escribiese no me cabría ni en la hoja de papel más larga del mundo. –dijo la bruja mientras se levantaba de la silla y sujetaba mis manos- Eres fantástica en todos los aspectos: tienes un físico envidiable, ¡yo moriría por tener la buena planta que tú tienes! Y además, eres amable, sensible… ¿Quieres que siga?
-Lo dices porque me aprecias demasiado –respondí, apartando la vista con una sonrisa tímida.
-Mira, ya que estamos, voy a predecir tu destino. –Margaret cerró los ojos y frunció el ceño antes de empezar a hablar- Mmm… interesante. Vas a tener un segundo encuentro con el encapuchado, veo lluvia y… ¡madre mía lo que he visto!
-¡¿Qué?!
-Ahora te interesas, ¿verdad? –dijo la bruja abriendo un ojo mientras sonreía- pues tendrás que esperar, esto lo dejo como sorpresa… y de momento no veo nada más. Por tu cara pareces intrigada por saber lo que va a pasar. Es normal, tranquila.
-Te tengo que confesar una cosa. Pongamos que tu teoría es cierta y me he enamorado de Jack. Si te digo que es un asesino, ¿cambiarías de opinión?
-El hábito no hace al monje, Sally. He visto las dos caras de ese encapuchado: está esa persona que lucha por sus ideales y por lo que más quiere, aunque arrebate vidas para ello, pero eso no quiere decir que sea un asesino sanguinario que quite vidas a inocentes, todo lo contrario: los trata de la mejor forma posible. He observado cómo se comportaba contigo y creo que, sin saberlo, le has robado el corazón. Además, tengo el presentimiento de que te conoce más de lo que tú y yo creemos. -entonces añadió, con una sonrisa maternal- Anda, ahora ve a tu cuarto, que seguro que estarás cansada con todo ese revuelo. No te preocupes por mí, yo sobreviviré al doctor.
Subí las escaleras, seguida de Midnight, pensando en las palabras de Margaret. Cuando entré en mi cuarto tras dejar entrar a la gata, cerré la puerta y apoyé mi espalda en ella, pensando en la posibilidad de que Margaret se haya equivocado debido a la edad. Pero pronto recapacité, ya que esa bruja nunca se equivocaba. Todo eso lo pensaba mientras observaba a la gata, que se subió a mi mesa de noche y empezó a juguetear con algo que me llamó la atención. Me acerqué a la mesita y me encontré con una pluma negra de cuervo pinchada en una de las espinas de una rosa roja, y deduje que ambos pertenecerían al encapuchado. Lo que no supe cómo llegaron hasta allí. Cogí la rosa y, sin dejar de mirarla me senté en mi cama y empecé a pensar en aquel desconocido que me había salvado la vida: en su sonrisa atravesada por aquella cicatriz, en la sonora carcajada que emitió al sorprenderme abrazada a él tras aquella frenética subida al tejado de aquel edificio y cómo me cogía para amortiguar mi caída cuando salté del tejado hacia abajo…
Mis pensamientos fueron interrumpidos cuando me sorprendí tumbada boca arriba en mi cama, exhalando un suspiro y con una sonrisa dibujada en mi rostro, mientras me dejaba llevar por el dulce perfume de aquella rosa que tenía apoyada sobre mi nariz.
-Puede que Margaret no se haya equivocado. –dije a la gata, quien estaba tumbada en el suelo, observándome con sus ojos brillantes como esmeraldas- Quizá sea verdad que ese Jack me guste un poco.
Bueno, bueno, la cosa se pone interesante, ¿no creen ustedes? Espero que les haya gustado el capítulo. Recuerden: agradezco sus comentarios. Así sabré lo que opinan los que se dedican a leer mis fics. Gracias por leerme (xD, ni que fuese un libro andante). ¡Hasta el próximo capítulo! 3 3 :3
