Siento haber tardado tanto en publicar, pero he estado muy ocupada con los estudios y los exámenes. ¡Pero aquí estoy con un nuevo capítulo de este crossover! Esta vez me puse un poco tierna debido a que este capítulo lo terminé en San Valentín (para mí fue San Solterín XD), así que los que sean romanticones no me critiquen ni nada por el estilo porque es la primera vez que me pongo tan cariñosa. Disfrútenlo :3 3 3 :3


CAPÍTULO 12

POV Jack

Unos días después de haber fichado al hombre lobo, fuimos a buscar a los hermanos vampiros, y digo "fuimos" porque necesité la ayuda de Ezio y de Altaïr. Vale que conociese bien a los vampiros, pero si un par de colmillos y garras afilados se movían demasiado rápido para mi gusto, imaginaos eso multiplicado por cuatro. ¡No podía con todo aquello a la vez! Al final supimos por qué les caíamos tan mal a los vampiros: Oogie Boogie les había convencido para que creyesen que yo, junto con los Asesinos, era el malo de la película. A pesar de ello, logramos convencer los cuatro hermanos, a base de puños, de que no era así, y matamos dos pájaros de un tiro al conseguir que se uniesen a nosotros. Lo más fácil fue convencer a las brujas. Por lo visto, ellas estaban totalmente en contra de la "tiranía de Oogie Boogie", algo que me alivió porque supe que no todos querían mi cabeza clavada en una estaca.

Bueno, anécdotas aparte, será mejor que vaya al grano. Unos días después de que se nos uniesen las brujas pasábamos el rato en la sala de entrenamiento subterránea (hasta los Asesinos necesitamos tiempo libre), cuando se escuchó la voz desesperada de Ezio:

-¡Señoras, por favor, no me asalten todas a la vez!

Dirigí la vista hacia la voz del italiano y me lo encontré acosado por las brujas, que no se le despegaban.

-¡Hasta después de muerto sigues siendo un Don Juan!- exclamé, entre risas, antes de acercarme a Ezio para tratar de separarle de las brujas, algo que me costó, pero que logré conseguir al fin y al cabo.

El italiano suspiró antes de decir:

-Gracias, Jack. Madre mía, ¿por qué Leonardo no diseñó un invento para estas situaciones? Vale que me gustase ser el centro de atención de las damas, ¡pero no de esta forma!

-Hablando de inventos –añadí- ¿Qué os parece si pedimos ayuda al doctor Finkelstein?

-¿Quién? –preguntó Altaïr, quien practicaba su puntería con los cuchillos en una diana que había en una pared.

-Es el científico del pueblo. –respondí, cruzándome de brazos- Podría ayudarnos en el armamento y cosas de esas.

-Bueno, -intervino Ezio, acariciándose la barba- no nos vendría mal un poco de ayuda. De todos modos no tenemos nada importante que hacer. Ve tú ya que te conoces el pueblo. Y recuerda…

-Procuraré pasar desapercibido, lo sé.- dije, con desgana y una media sonrisa dibujada en el rostro- Quitar carteles, sobornar pregoneros, mezclarme entre la multitud… la monótona vida del Asesino.

Salí de allí y fui directo al laboratorio del doctor, eso sí, evitando a los guardias en cada momento. Al llegar al laboratorio, golpeé la puerta con los nudillos. No había pasado mucho tiempo cuando se abrió el portón y una bruja de baja estatura permanecía de pie tras él.

-Buenas, señora –saludé- Siento molestar, pero…

-Querías ver al doctor, ¿verdad? –me interrumpió.

-Esto… sí. ¿Cómo has…? –respondí, algo confuso.

-¿Cómo he sabido lo que pensabas? Soy una bruja mentalista. Perdón por mi mala educación al interrumpirte, pero no puedo evitarlo. Soy Margaret.

-Encantado –respondí mientras estrechaba la mano que la bruja me tendía.- Y creo que sobraría presentarme, ya que tú lo sabrás de antemano.

-Vaya, sí que sabes adaptarte rápido. Normalmente la gente se enfada por culpa de mis interrupciones. Es lo malo de leer los pensamientos. Pero no hablemos de mí, el doctor está tras la puerta del fondo, ocupado con sus cosas.

Entré al edificio mientras me quitaba la capucha, pero Margaret me dijo:

-Siento decirte que Sally ha salido un momento a hacer unos recados.

"¡¿Quieres dejar de meterte en la cabeza de la gente sin permiso?!", pensé, molesto.

-¡Vale, tampoco hace falta que te pongas así! Solo te lo dije por si querías saberlo.

Suspiré y moví la cabeza negativamente antes de dirigirme hacia la puerta que Margaret me había indicado, que casualmente estaba abierta. Eché un vistazo al interior de la sala y vi al doctor dándome la espalda. Parecía concentrado en lo que estaba haciendo.

-¿Doctor Finkelstein? –llamé desde la puerta.

-¿Cómo sabes quién soy? –respondió el doctor mientras se daba la vuelta, escopeta en mano- ¿Acaso trabajas con esos malditos soldados?

"Menudo desconfiado se ha vuelto", pensé, nervioso, mientras ponía las manos en alto.

-¡Qué va! ¡Yo estoy en contra de ellos y de Oogie Boogie! –exclamé.

-Demuéstralo –añadió el doctor, sin bajar el arma.

-¿Te convenzo si te digo que vine a pedirte ayuda para que unos amigos míos y yo solucionemos el problema de la tiranía de ese saco de bichos?

El doctor dudó un momento antes de bajar el arma y decir:

-Vale, me has convencido.

-Menos mal. –añadí, bajando los brazos y dibujando una media sonrisa para romper el hielo.- Por un momento pensé que me iba a ir de aquí con un agujero de bala en la cabeza.

Extendí la mano hacia el doctor, quien me la estrechó mientras decía:

-Y tú eres…

-Jack Skellington. Pero puedes llamarme Jack, simplemente.

-Bien, Jack ¿Y qué clase de ayuda necesitas para acabar con ese bastardo saco de bichos?

-No sé, quizás algo de armamento y cosas de esas. He oído que se te da bien esto de los inventos.

-Pues lo que has oído se queda muy corto. No solo se me da bien, ¡sino que soy el mejor creando inventos!

"Puede que haya perdido la memoria, pero el ego lo sigue conservando", pensé, cruzado de brazos.

-Ya, ¿con qué puedes sorprenderme, doctor?

-Bueno, tengo algunos proyectos en mente, pero tengo algo que podría servirte.

El doctor se dirigió a unos muebles y empezó a rebuscar entre unas cosas. Mientras estaba ocupado, decidí echar una ojeada a aquella amplia sala, fijándome en un frasco que tenía una mano flotando en un líquido. No pude evitar mirar asqueado a aquel miembro medio descompuesto. Yo había visto de todo, pero no hasta este punto.

-¡Aquí están! –exclamó el doctor.

Dejé de lado el frasco y me dirigí hacia el doctor, quien estaba enfrente de una mesa que tenía encima una caja.

-Yo soy demasiado viejo para andar defendiéndome de esos soldados, pero viéndote a ti, creo que podrías hacerlo por mí.

-Bueno, ese es mi trabajo. Defender a los inocentes de esa mala gente. ¿Qué hay en esa caja?

-Será mejor que lo veas por ti mismo. –respondió el doctor antes de abrir la caja.

Dentro del pequeño cofre había un par de pistolas de llave de chispa.

-Digamos que esto es un adelanto de todo lo que te podría proporcionar en un futuro no muy lejano...

-Siento interrumpir, doctor. Pero yo ya tengo una de esas. No entiendo por qué me quieres dar más.

-¿Acaso esa antigualla tiene dos cañones y puede disparar balas perforantes y explosivas.

Me quedé sin palabras al oír aquello. "En comparación con esas armas, mi pistola parece de juguete", pensé.

-Sorprendido, ¿verdad? –dijo el doctor con una media sonrisa en su arrugado rostro- Pues espera a probarlas. Cuatro disparos seguidos sin tener que recargar en cada momento porque, además, se recargan de forma automática.

Al escuchar aquellas palabras me acordé de las veces que tenía que parar en medio de una lucha para recargar mi pistola. Aquellas armas me darían una ventaja impresionante sobre mis adversarios.

-Te voy a alegrar la vida. Las balas perforantes pueden atravesar las armaduras más gruesas. Estas preciosidades las probé hace unas semanas en un campo de tiro secreto que tengo. Casi atraviesan la pared. Y las explosivas, bueno, ya el mismo nombre te dice lo que hacen. ¿Qué te parece mi oferta?

-Me parece genial. No quiero ser impaciente, pero, ¿cuándo me las puedo llevar? Es que en mi cinturón solo cabe una pistola y…

-¡No te preocupes, hijo! Puedes llevártelas ahora mismo. La misma caja viene con un cinturón con dos fundas y una bolsa para llevar los proyectiles. Tengo balas normales y las que te nombré antes.

-Pues muchas gracias, doctor. Me has servido de mucha ayuda.

-De nada. Ponte en contacto conmigo cuando necesites más ayuda.

-Lo tendré en cuenta.

Entonces el doctor me lanzó una de las pistolas, la cual cogí al vuelo, dándome cuenta de que no pesaba nada.

-Encantado de hacer negocios contigo, Jack –me dijo el científico antes de estrecharme la mano.

-Igualmente, doctor.

Salí de allí con mis nuevas "amiguitas", dispuesto a salir de aquel edificio, cuando Margaret me detuvo con un gran paraguas oscuro que ella empuñaba.

-Deberías llevarte esto.

-¿Para qué? Cuando vine no caía ni gota…

De repente se escuchó un trueno seguido del sonido de la lluvia cayendo.

-¿Qué decías? –preguntó la bruja con una sonrisa picarona.

-Vale, retiro lo dicho, pero yo ya tengo mi capucha…

-No es para ti.

Hubo un breve silencio en el que comprendí lo que me decía la bruja. Con una media sonrisa cogí el paraguas y pregunté:

-¿Dónde tengo que ir?

-Ve a la esquina de la calle "Castigo". Está bajo un tejado. Espero que esto te haya servido de mi ayuda. –la bruja bajó el tono y susurró algo así como- A ver si mi predicción se cumple.

-¿Qué decías?

-Nada, nada. Solo pensaba en voz alta.

Me encogí de hombros antes de ponerme la capucha y salir del edificio, paraguas en mano, y adentrarme en aquella fuerte lluvia.

POV Sally

No recordaba una lluvia tan torrencial como aquella. Gracias al cielo que encontré un tejado bajo el que resguardarme y esperar a que aquello amainase. Pero había un problema, el doctor no es muy paciente y odia a quienes llegan tarde. "Creo que si corro o camino rápido no me mojaré tanto" Adelanté un pie esperando recibir la potente caída del agua cuando me di cuenta de que no caía ni gota. Entonces me di cuenta de un paraguas que me cubría y escuché una voz muy conocida:

-No querrás empaparte, ¿verdad?

Me dirigí hacia la voz, topándome con Jack, quien sujetaba el paraguas aunque, irónicamente, no estaba debajo de él, sino fuera, bajo la lluvia que le caía sobre su capucha.

-¿No te pones debajo del paraguas? –pregunté.

-Tranquila, esta túnica es impermeable, perfecta para este tiempo que viene cada dos por tres. Tú deberías preocuparte más de no mojarte que un servidor. No debe ser muy agradable para una muñeca de trapo empaparse de arriba abajo. ¿Me equivoco?

-Bueno, yo estoy a prueba de lluvia, aunque no me gusta mucho ir chorreando agua por ahí. –respondí, sonriendo- Pero cambiemos de tema, ¿qué haces aquí?

-Fui a hablar con el doctor Finkelstein sobre unos asuntos y esa tal Margaret me mandó, en cierto modo, a buscarte. Así que, ¿quieres que te acompañe? –me preguntó antes de dejarme el paraguas- No nos hemos visto desde aquel percance con los soldados y quería saber qué tal va tu vida.

-No hay muchas novedades además de la rutina de siempre.

-Pues estamos igual.

Mientras caminábamos se me ocurrió preguntar a Jack sobre la rosa que recibí algunos días atrás.

-¿Había una pluma de cuervo junto con la rosa? –preguntó.

Asentí con la cabeza antes de recibir respuesta:

-Entonces sí fui yo quien te mandó esa rosa con ayuda de uno de mis amigos con plumas. Es una especie de compensación por todas las molestias que te haya causado la otra vez, ya sabes, lo de subir por aquel edificio a toda velocidad y eso…

-Ya, ¿pero por qué una rosa? ¿No podrías haberme mandado una nota de disculpa o algo parecido?

-Digamos que te he cogido cierto cariño y quería disculparme de la mejor manera posible. Y, como firma para que supieras quien te había enviado la rosa, usé una pluma de cuervo.

-Pues menuda combinación más extraña: una flor tan delicada como una rosa junto a algo tan siniestro como la pluma de un cuervo.

-No creas, Sally. A veces dos elementos que parecen no tener nada que ver pueden encajar perfectamente.

-¿De dónde has sacado eso?

-Tengo un amigo italiano zombi que tenía mucho éxito con las damas en vida. Uno de sus trucos de seducción era decir frases muy profundas y poéticas. Puede que se me haya pegado parte de su alma de poeta.

Al poco rato llegamos al laboratorio del doctor, aunque casi no nos dimos cuenta, ya que estuvimos tan pendientes de nuestra conversación que el tiempo se nos pasó volando.

-Supongo que debo irme. –dije- Muchas gracias por acompañarme.

-No hay de qué. Pero, antes de que te vayas, ¿puedo confesarte algo?

-Claro.

-Digamos que lo que te dije de la rosa y la pluma no es del todo cierto.

-¿Qué quieres decir?

-No te mentí cuando te dije que la pluma era mi seña de identidad, pero con respecto a la rosa… es que no encuentro las palabras… No solo es una disculpa por lo ocurrido el otro día. Digamos que, cuando fui a coger la flor, me acordé de ti y algo en mi cabeza me dijo: "Admítelo, Jack, estás locamente enamorado de Sally". Y he de admitir que tiene razón.

-Vaya, -respondí, sorprendida por aquella declaración que no me esperaba para nada- no…no sé qué decir…

-No creo que haga falta que digas nada.

Fui a añadir algo, pero no pude pronunciar palabra porque entonces Jack se inclinó hacia mí y me besó. Fue algo inesperado, pero mi asombro desapareció al poco tiempo, cuando cerré los ojos para disfrutar de aquel momento que fue el más dulce y cálido que he tenido en lo que llevo de vida. No me di cuenta de que había soltado el paraguas y la lluvia me acariciaba, empapándome de arriba abajo. Pero me dio igual porque todo desapareció a mi alrededor y solo estábamos nosotros dos dentro de aquel instante mágico que yo quería gozar toda la eternidad.


Espero que les haya gustado. No olviden comentar, que estoy ansiosa por saber qué tal les parece a ustedes este crossover. ¡Chau, nos vemos en el próximo capítulo! 3 :3