DÍA DEL PADRE.
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Una mata de cabellos castaños fue todo lo que Levi vio antes de que unas manos se apoderaran de la pierna izquierda que tenia sobre la otra y después de eso, un grito muy agudo que identificó como pregunta.
—¡¿Usted me quiere verdad?! —cuestionó demasiado rápido para gusto de Levi,
El hombre observó al infante. Sus ojos color esmeralda estaba fijos sobre él, sus pequeñas manos tomaban con demasiada fuerza su pierna y su boca torcida en un gesto que identificó como un puchero.
—Podría decirse que si —dijo al fin con tono desinteresado, volviendo su vista hacia la pantalla donde una película de interés daba inicio.
Eren, quien meditó unos segundos su respuesta, miró hacia donde su tío y tomó el control remoto para obtener toda la atención que quería.
Levi chasqueó la lengua y miró con desagrado al niño, éste le veía con molestia desde su posición arrodillado frente a él.
—¡¿Eso qué quiere decir?!
—Que si no te callas, te llevaré al dentista.
Con esa simple oración, Eren palideció, tomando lugar a lado de su tío. Miró ofuscado la pantalla y comenzó a sollozar.
El hombre fijó sus oscuros ojos de nuevo hacia el infante y en silencio meditó la razón de su ya sonoro llanto.
—¿Por qué lloras? —preguntó, alzando la voz mucho más de lo que estaba dispuesto a admitir.
Aun no sabía lidiar con niños.
—Jean dijo que usted no me quería y un día me iba a regalar al señor del costal —dijo entre hipidos que no podía controlar.
—Yo no haré tal cosa, dile a ese maldito mocoso engendro de Satanás que sí su mamá no lo quiere no vaya traumando a otros con su poco amor propio.
Hanji veía la escena desde el comedor. Ella aún no sabía como es que Eren podía entender semejante declaración de poco tacto.
Ese niño no entendía con simples palabras, necesitaba una oración completa de sentimientos que hasta a ella le costaba descifrar.
—¿Le digo que es adoptado?
—Dile lo que quieras, si llora mucho mejor. Así entenderá que debe medir sus palabras —le dijo, acariciando el cabello castaño de su sobrino—: Pero recuerda, tú no debes meterte en problemas a menos que sea necesario, no quieres ver a Mikasa enojada, ¿o si?
El niño negó, limpiándose la nariz con la mano, girándose intentó abrazar a su tío, pero antes de rozarle, Levi le empujó la cabeza con un dedo lo suficientemente fuerte como para hacerle caer al sillón de espaldas.
—¿Pretendes tocarme con esas sucias manos? —le regañó, endureciendo sus facciones.
Eren volvió a negar asustado, corriendo al baño para lavarse.
Si, las enseñanzas que le daba a Eren le perdurarían toda la vida. Como trauma.
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Era principios de junio, y Mikasa estaba algo estresada por el día que se avecinaba con demasiada rapidez para su gusto: El día del padre.
Ella se alegra de que su pequeño retoñó aprendió con el pasar de los años, que ese día en especial no debía pronunciar la palabra padre para nada y con ello, no debía informarle acerca del evento de padre e hijo que se daba año con año.
Eren por supuesto que entiende que él no tiene un progenitor y desde su infructuosa búsqueda hace algunos años, no pregunta sobre tal hombre.
Porque la verdad, ya tenía a alguien a quien consideraba digno de la palabra "padre" y contrario a lo que la señorita Hanji cree, no es su tio Erwin con ese porte imponente y delicado trato para con él, no.
Es su tío Levi. El hombre cuya obsesión por la limpieza le llevó a limpiar los juegos del parque y cambiarle cada que una pequeña mancha se apoderaba de su ropa.
Ese sujeto al cual le tiene un cariño incalculable, y que a pesar de que pudiese pasarle de largo y simplemente ignorarle, le deja entrar su mundo.
Le enseña con paciencia —de esa que solía confundirse con desesperación— todas las cosas de las cual aun es ignorante. Él, quien no sabía nada de cuidar pequeños seres que necesitaban demasiada atención y cuidados exagerados, ha hecho un perfecto trabajo al guiarle por el buen camino del orden y la limpieza.
Su tío, al que le suele decir sargento, es ese hombre al que le podría decir padre y no le avergonzaría hacerlo (como suele llorar en silencio por decirla "mamá" a la maestra), porque siempre ha estado ahí para él, porque es una persona irremplazable en su vida y porque viéndole peleándose con la mamá de Jean, le ha demostrado que haría de todo por defenderle.
—Ya sé que a veces no se controla, pero es un puto niño —dijo, apuntándole con el dedo índice mientras reñía con la señora regordeta—. La péquela mierdecilla que tiene por hijo es exactamente igual a Eren, no se controla, no se calla y no obedece a menos que se le infunda miedo. Déjelo unos días a mi cuidado y conocerá lo que es amar a Dios.
La mujer escandalizada, se giró hasta dar con la maestra que les servía de moderador.
—Señor Levi, no debe usar ese vocabulario frente a mis alumnos.
—¿No me va a defender? —preguntó airada la madre de familia.
—Señora Kirsten, Jean ha sido muy maleducado al decirle que el "señor del costal" se lo va a llevar y hoy le dijo que no tiene padre y era huérfano. Usted es su madre, sabe como a veces suele decir cosas hirientes.
—Es un niño, y ese hombre lo dijo —se defendió ofuscada, apuntando al hombre.
—Si, pero hay formas de decir las cosas.
—¡Yo no dije mentiras! Eren no tiene papá, no debería venir al evento del día del padre —refunfuñó el pequeño aludido, la madre miró avergonzada a su hijo y le dio un coscorrón.
Eren bajó la vista y miró unos segundos al suelo. La maestra intentó decirle palabras de aliento pero la voz del hombre le frenó.
—¿Y qué si no tiene padre? No lo necesita.
La discusión terminó ahí, Jean nuevamente fue sancionado haciéndole hacer una plana de "no molestare a mis compañeros" y con cada palabra escrita murmuraba impropios hacia Eren.
El castaño era llevado a casa y durante todo el trayecto estuvo tarareando en el auto una canción hasta que Levi, hartó de la voz infantil, le preguntó que intentaba decir.
—No es una canción —respondió ofendido.
—¿Y qué es?
—Ya lo tengo a usted —murmuró avergonzado.
Levi le escuchó perfectamente y esbozó una sonrisa sincera.
—A eso me refería con qué no lo necesitabas.
—¿Papá?
—No, no lo digas —su sonrisa se apagó y miró severamente al pequeño en cuanto el semáforo se puso en rojo—. Tío, soy tu tío.
—¡Novia!
—Cállate, Eren.
El niño rió avergonzado, callando por un momento, pensando que mejor tío/padre/novia no podría encontrar.
—Feliz día del padre —dijo, viendo hacia la ventana disimulando haber hablado.
Levi suspiró derrotado y volvió a sonreír, fingiendo no haberle escuchado.
NOTAS:
Este es un extra, los extra son bonitos (?). El siguiente es el epílogo.
