Aquí viene otro capitulazo de este crossover. Disfrútenlo.
CAPÍTULO 14
POV Jack
Los siguientes meses seguimos recibiendo armamento por parte del doctor, eso sí, por las galerías subterráneas. Teníamos de todo: cañones, catapultas, e incluso distintos tipos de virotes de ballesta: incendiarios, con cable cargado eléctricamente, venenosos, entre otros, que iban a ser muy útiles para Ezio, un experto en la ballesta, aunque quiso enseñarme a usarla. Aprendí rápido, a decir verdad. También nos dedicamos a trazar las estrategias de asalto al castillo de Oogie Boogie con ayuda de Edward. Solo había un problema: los soldados templarios eran muy superiores en número, y nosotros solo éramos diez u once personas entre Asesinos, brujas, vampiros y Bill, el hombre lobo, frente a los casi quinientos soldados más Oogie Boogie, así que necesitábamos refuerzos. Por suerte, yo tenía amigos que dormían bajo tierra.
Y os tengo que dar una buena noticia: resulta que mis mentores, justo el día antes de nuestro ataque, me nombraron Maestro Asesino. ¿Qué os parece? La cosa es que aquel nombramiento fue algo particular. El caso es que ese mismo día me encontré completamente vacía la sala de entrenamiento, cosa que me resultó muy extraña, por lo que empecé a sospechar. Usé mi vista del águila para ver si había alguien oculto y saber qué pasaba. Pronto encontré una figura escondida tras unas rocas y decidí acercarme sin hacer ruido. Cuando llegué, no vi más que un muñeco que usábamos en las prácticas.
-¿Pero qué…?
Entonces escuché un silbido y me agaché para esquivar un virote de ballesta que casi me alcanza. Lo primero que pensé fue que los templarios habían logrado encontrar nuestra guarida. Así que salí de mi escondite, desenvainando mi sable pero, para mi sorpresa, no me encontré con nadie. Entonces escuché tras mi espalda cómo caía algo al suelo y me di la vuelta.
-¿Altaïr? –pregunté, sorprendido.
El Asesino empezó a atacarme con su daga. Yo solo podía defenderme porque no comprendía la situación. Tuve el presentimiento de que alguien me atacaba por detrás, así que me hice a un lado, viendo a Ezio con su espada desenvainada.
-¿Qué se supone que hacéis? –pregunté, confundido.
-Te vamos a dar una buena noticia: no somos templarios ni nada por el estilo. –dijo Ezio.
-Pero esto es una advertencia que te damos, -añadió Altaïr- porque no todos los enemigos que te vas a encontrar son tan fáciles de vencer. Siempre hay otros más duros.
-Además, ¿sabrás defenderte sin ese sable?
Ezio me atacó de forma que me quitó el arma de las manos. "Ante situaciones desesperadas, medidas desesperadas", pensé mientras sacaba mis hojas ocultas antes de defenderme de los ataques de ambos Asesinos. La lucha contra Ezio era más fácil que con Altaïr porque este último era mucho más rápido, tanto que ni me di cuenta cuando me agarró por la espalda. Intenté forcejear para librarme de aquel agarre, pero Altaïr sacó su hoja oculta y amenazó mi cuello con ella.
-Si estuvieses ya en el campo de batalla, -me dijo- ya estarías muerto.
-Ya, pero antes tendrías una flecha atravesando tu cabeza. –dijo una voz por detrás de nosotros.
Altaïr y yo nos dimos la vuelta, encontrándonos con un zombie vestido de verde que empuñaba un arco tensado.
-Maestros, -dije, cansado del anterior rifi rafe- os presento a uno de los mejores arqueros de la Historia: Robin Hood.
-Encantado –añadió el arquero, inclinándose en una reverencia.
-¿Recordáis cuando os dije que tengo amigos viviendo por el cementerio? Bueno, no solo está este. Ya he hablado con mucha gente: espartanos, vikingos, persas, arqueros egipcios,… y todos quieren ayudarnos.
-Sí que tienes recursos… -intervino Ezio, sorprendido, mientras se rascaba la barba.
-Esos templarios han pisado un territorio que ni conocen ni les pertenece. Tendré que defenderlo con uñas y dientes. Cambiando de tema, ¡¿a qué vino lo de antes?!
-Bueno… -respondió Ezio- aparte de lo que dijo Altaïr, nuestro "ataque" vino al cuento de algo que todo Asesino mataría por conseguir. Jack, te vamos a convertir en Maestro Asesino.
-Vale, muchas gracias, Ezio, en serio. Debería estar contento, ¡si no fuera por el hecho de que antes intentasteis matarme!
-Bueno, bueno, corramos un estúpido velo. –añadió el italiano.- Se supone que hay una larga ceremonia y todo eso, pero como no tenemos tiempo…
Ezio sacó de una de las bolsas que colgaba de su cinturón algo que me lanzó. Tras coger el pequeño objeto al vuelo le eché un vistazo: era un anillo dorado con el símbolo de los Asesinos en rojo.
-Enhorabuena. Ya eres Maestro Asesino. Ya te libras de toda obligación de llamarnos "maestros" o "mentores". –dijo Ezio, entre risas.
-Os lo agradezco –respondí mientras me ponía el anillo (que, por cierto, me quedaba como un guante)- pero, ¿por qué tan pronto? Solo llevo prácticamente dos años como Asesino.
-Altaïr llegó a Maestro con veintipocos años, así que no te quejes –respondió el italiano, sin perder la sonrisa.
-Además, -añadió Altaïr- tienes un gran potencial, asesinas a sangre fría pero sin disfrutar de ver cómo caen tus objetivos, cumples a rajatabla el credo, te escondes entre las sombras como si hubieses nacido para ello… En resumen, eres el Asesino perfecto. –entonces dibujó una media sonrisa antes de continuar- Creo que tu padre sentiría envidia si te viese.
-Supongo –respondí, con cierta nostalgia.- Tengo que hacer una cosa. No tardaré mucho, ¿vale?
-Ve tranquilo, hombre. –dijo Ezio.
Cogí un farol y fui por una de las galerías porque había quedado allí con Sally. Digamos que aquellos últimos meses nuestra relación había vuelto a ser la misma de antes. Quería hablar con ella sobre mi reciente ascenso y también de lo que íbamos a hacer al día siguiente con Oogie Boogie. Yo esperaba que ella me desease suerte.
Llevaba ya un rato esperando cuando oí unos pasos. Me aparté de la pared en la que me había apoyado antes de que Sally apareciese.
-Siento el retraso, Jack. –dijo.- Es que tenía cosas que hacer.
-Tampoco hace falta que te disculpes. Mira, tengo que darte dos noticias: una buena y otra mala. La buena es que hace nada me han nombrado Maestro Asesino.
-¡Eso es fantástico! Pero, ¿no es algo pronto?
-Yo también me pregunté eso, pero por lo visto tengo un gran potencial. Ahora viene la mala noticia y el verdadero motivo por el que te pedí que nos viésemos aquí: creo que esto es un adiós porque mañana asediaremos el castillo de Oogie Boogie. Siento decírtelo sin rodeos, pero…
No pude acabar la frase porque Sally me dio un fuerte e inesperado abrazo, apoyando su cabeza en mi pecho. Yo devolví el abrazo, apoyando mi cabeza en la suya, mientras ella decía, en medio de un llanto desconsolado:
-¡Por favor, no te vayas! ¡No quiero perderte!
Dejé que se desahogase durante un buen rato. Entonces me separé de Sally y sujeté su rostro entre mis manos mientras le secaba con mi dedo una lágrima que le caía por una mejilla.
-Escúchame, Sally –dije, mientras apoyaba mi frente en la suya,- yo también estoy triste por alejarme de ti, pero voy a acabar con esto de una vez por todas. Todo volverá a ser como antes y la sombra de Oogie Boogie no volverá a sobrevolar esta ciudad. Te prometo que volveré cuando todo esto haya acabado.
La besé y, cuando nos separamos pregunté, esta vez sonriendo para infundir ánimos:
-¿Confías en mí?
Sally asintió con una sonrisa triste.
-Así me gusta –añadí antes de abrazar de nuevo a mi muñeca de trapo por segunda vez.
Entonces recordé la última vez que me despedí de Sally antes del problema con Oogie Boogie y el Fruto. Si todo había comenzado con eso, todo iba a acabar a partir de aquel abrazo en la galería subterránea.
Bueno, espero que les haya gustado. Ya han visto que este capítulo ha sido algo corto, aunque muy tierno. No se preocupen y preparen las palomitas y los refrescos, porque a partir del próximo capítulo todo se va a volver más que emocionante. Saludos a todos. No olviden comentar, que me gusta cuando recibo las opiniones de todos ustedes. :3 3
