Capitulo 2:

Sasuke Uchiha, a la edad de veintidós años se había graduado de arquitecto en una prestigiosa escuela de diseño en Inglaterra. Sus notas superaban el promedio y su desempeño en el trabajo era excepcional. Sin duda una gran promesa para el futuro.

Al contrario, su mejor amigo, Naruto Uzumaki, a pesar de tener proyectos e ideas comparables con las del pelinegro por lo general terminaban rondando en fantasías, muchas veces sacando canas verdes a su equipo de trabajo. Sin embargo, la mayor diferencia entre ambos estaba en su manera de tomar las cosas, mientras Sasuke era demasiado perfeccionista y reservado, para Naruto la diversión era lo primero arrastrando la mayoría de veces a Sasuke a sus locuras.

Esos dos polos distintos habían sido amigos desde la infancia, y era lo único que Sasuke conservaba de su niñez. Ahora, ambos trabajaban para la empresa familiar Uchiha, Sharingan; que había estado hasta hace unos meses bajo el mando de Itachi Uchiha, el hermano mayor de Sasuke.

Eran jóvenes, talentosos y con un buen empleo. Tenían toda una vida por disfrutar; pero el destino siempre ha sido caprichoso e impredecible.

Sasuke se revolvió el cabello intentando recuperar un poco su concentración. Miraba impaciente el reloj de la cocina mientras colocaba la pasta en el horno. Tenia que ajustar los detalles del nuevo proyecto de la empresa para un par de días y odiaba tener que perder el tiempo de aquella manera.

—Relájate Sasuke. – se dijo a si mismo, limpiando sus manos.

La niñera de Itachi, Edith, había emprendido su viaje de tres meses que llevaba años planeando y había abandonado a Sasuke en aquel momento tan crucial para la compañía. Durante los últimos seis meses, Edith había acudido puntual a cuidar a Itachi e incluso ayudar a Sasuke con todo el drama que significaba hacerse cargo de su sobrino. Ser la niñera de Itachi acarreaba muchos problemas. Aunque no muchos mas que el hecho de ser su padre adoptivo.

Sasuke cruzo la cocina en un par de zancadas, hasta que su reflejo le llamo la atención.

Su inmaculada camisa blanca tenía manchas de pasta y otros ingredientes de la pizza, su cabello estaba más alborotado de lo usual y su piel se notaba más pálida acentuando las bolsas debajo de sus ojos. Aquella nueva rutina oficina—casa no estaba sentándole nada bien.

Se dirigió a su habitación a colocarse una nueva camiseta, pero antes de subir al segundo nivel unos pasos apresurados, y luego un portazo, llamaron su atención.

— ¡Itachi! – llamo, devolviéndose un par de gradas abajo.

—See – contesto Itachi inocentemente, sus grandes ojos azabache y la mata perfectamente lisa de pelo asomando el umbral de una de las puertas.

—Se dice sí, no see. – corrigió con severidad. Su voz estaba cargada de la misma autoridad con la que le hablaba al personal de la oficina.

—Sí —repitió el niño.

— ¿Qué estás haciendo?

Itachi salió de la habitación y los ojos de Sasuke lo escanearon inmediatamente, deteniéndose en las manchas de césped que llevaba casi en todos los vaqueros.

—Yo y Sakura jugaremos en la consola.

—Sakura y yo. – volvió a corregir de manera inmediata.

Itachi miro a su tío y regreso al cuarto.

Sasuke estuvo unos momentos de pie y al darse cuenta de lo que Itachi había dicho, los siguió hasta la habitación de juegos. Asomo la cabeza por la puerta y miro a Itachi con la cara casi pegada en la televisión. Esa habitación y la del el niño, eran las únicas donde Sasuke permitían que estuvieran los juguetes. Si había algo que había afinado de si mismo, haciéndose cargo de un niño, no era precisamente expresar su cariño, más bien, se había vuelto más estricto. Había visitado la casa de algunos amigos de Itachi, llena de juguetes por todos lados que hacían tropezar a cualquiera que cruzara sus caminos, peluches en lugar de cómodos colchones en los muebles de la sala. Nadie podría tener una conversación medianamente seria con un oso Teddy sonriendo al lado.

Muy a su pesar había aceptado tazas de café que le ofrecían las madres o las hermanas de los amigos de Itachi, rodeado de biberones, leche en polvo y pañales. Pero el jamás permitiría que su casa, — por mucho que le desagradara y no estuviera lejos de ser el apartamento que había adquirido. – se mirara en tal estado. Le había explicado las nuevas reglas a Edith desde el inicio de su relación laboral y estas habían sido obedecidas a pies juntillas.

—Itachi, ¿quien es Sakura? – pregunto recorriendo toda la habitación con la mirada. – Sabes que no debes traer desconocidos a la casa.

—Es mi nueva amiga. – contesto el niño sin apartar sus ojos de la pantalla.

—Y sabes que debo conocer a tus amigos antes de que los invites a la casa. ¿Dónde esta?

Sasuke entro por completo a la habitación y volvió a revisar cada espacio con su penetrante mirada. Solo pedía a Dios que no fuera como el otro monstruito, que deseara pintar toda su casa con unas horribles acuarelas y sus manos. Lo cual lo obligaría a volver a pintar la habitación.

—Ahí. – dijo Itachi señalando con la cabeza en dirección a la ventana. Seguía sin apartar los ojos de la pantalla, mientras los dos luchadores daban golpes y patadas sin parar.

Sasuke siguió con la mirada hacia donde Itachi apuntaba y enarco una ceja molesta. Cruzo la habitación y anduvo hacia la ventana y miro el jardín.

— ¿Esta escondido?

Itachi pulsó «Pausa» en el control del ordenador y por fin apartó los ojos de los dos luchadores de la pantalla. La confusión le arrugó el rostro.

— ¡Está justo ahí! —exclamó señalando el asiento consistente en un enorme y blando saco relleno llamado también «saco de alubias».

Sasuke se cruzo de brazos y miro fijamente el saco de alubias

— ¿Dónde?

—Justo ahí —repitió Itachi. – A tu lado, en el saco de alubias. – elevo la voz con nerviosismo, observando a su tío petrificado.

Itachi poso sus ojos en el saco amarillo como si alentara a su amigo en aparecer.

— ¿Le ves? —Itachi dejó caer el mando y se puso de pie de un salto.

Siguió un tenso silencio en el que Sasuke percibió el odio contra él que manaba de todos los poros del cuerpo de Itachi. Sabía de sobra lo que estaba pensando su sobrino: ¿por qué no le veía sin más, por qué no le seguía el juego aunque sólo fuese aquella vez, por qué era incapaz de fingir? Se tragó el nudo de la garganta y la desesperación que lo estaba embriagando y echó un vistazo más al cuarto por si en efecto le había pasado por alto la presencia de su amigo. Nada. Sasuke se puso en cuclillas hasta quedar a la misma altura que Itachi.

—En esta habitación solo estamos tú y yo. –sentencio.

Las mejillas de Itachi se pusieron coloradas y su respiración se hizo más agitada. Estaba de pie en medio del cuarto, rodeado de cables de consola de ordenador, con las manitas dejadas caer a los lados y aquel aire de desamparo. Sasuke observo fijamente al niño, si demostrar lo frustrante que le parecía todo el asunto y por primera vez encontró en Itachi algo que le recordaba a la madre del niño, y a la de el mismo. Sabía demasiado bien la capacidad de absorción que tenían los mundos de la fantasía. Él mismo estuvo peligrosamente cerca de ellos.

—Sakura día algo. – espeto molesto Itachi, clavando sus ónix en el saco de alubias.

Los siguientes minutos de silencio fueron una tortura para Sasuke, hasta que Itachi soltó una risa histérica. Miro a Sasuke y su sonrisa desapareció en seguida, al comprobar que seguía tan estoico como siempre.

— ¿No la vez? – pregunto molesto, con las mejillas nuevamente sonrosadas. — ¿Por qué no la ves?

—Vale, vale. – se rindió Sasuke, levantando sus manos en son de paz. Otro bipolar más – pensó realmente. Se levanto, con demasiadas ganas de salir de la habitación. Iba a pasar sobre el saco de alubias pero a último momento decidió rodearlo y con un vistazo más reviso la habitación en busca de la misteriosa Sakura.

—He preparado pizza. – anuncio, apoyándose en el marco de la puerta.

Silencio. ¿Qué más debía decir? En momentos como aquél era cuando se daba cuenta de lo inútiles que resultaban todos los manuales del mundo sobre cómo ser padre. La buena paternidad te salía del corazón, era instintiva, y no por vez primera le preocupó estar defraudando a Itachi.

—Estará en veinte minutos.

— ¿Qué? —Itachi pulsó «Pausa» de nuevo y miró por la ventana.

—He dicho que estará lista dentro de vein...

—No es eso —dijo Itachi zambulléndose de nuevo en el mundo de los

Videojuegos—. Sakura también tomaría un poco. Me ha dicho que la pizza es su plato

Favorito.

—Ya.

Sasuke tragó saliva con impotencia. Pensaba que había dejad claro que no participaría en aquel estúpido juego.

—Con anchoas—prosiguió Itachi.

—Pero, Itachi, si tú odias las anchoas.

—See, pero a Sakura le encantan. La vuelven loca.

—Demonios…

—Gracias —dijo Itachi a su tío. Miró el saco de alubias, le hizo una señal de victoria, sonrió y volvió a apartar la vista.

Sasuke sacudió su cabeza para alejar todo aquel momento y se dirigió a la habitación. Cogió una playera oscura y dejo la blanca y manchada en la cesta de ropa. Volvió a bajar al escuchar el teléfono.

—Idiota. – fue el saludo que recibió, se masajeo la sien con cansancio y dejo que su amigo le dijera todo los insultos que había preparado. Ese día había sido espantosamente largo, teniendo que pasar una mañana entera junto a Madara y después lo de Itachi – ¡¿porque no me habías dicho que los Hyugga vendrán en unos días? Sabes cuanto he esperado para pedirle a Hina…

—Vienen por negocios, no para salir contigo. – le corto, esbozando una sonrisa al escuchar los gruñidos de Naruto. – Además vienen Neji y no creo que le guste que salgas con su primita.

—Me importa una mierda lo que Neji quiera. – contesto molesto Naruto. – pero eso no justifica que no me hayas dicho nada.

—No te has puesto a pensar que hasta este momento me entero.

Naruto balbuceo algo incomprensible antes de cambiar el tema.

— ¿Cómo sigue Itachi? Imagino que muere de aburrimiento solo contigo, mañana lo pasare a recoger.

—Ya lo he dejado demasiado tiempo contigo. Ahora tendré que llamar a un Psicólogo. Según parece le ha dado por los amigos imaginarios. — suspiro derrotado. La estridente carcajada de su rubio amigo lo dejo casi sordo.

Dentro del cuarto de jugar Sakura puso los ojos en blanco y se contoneó hundiéndose aún más en el saco de alubias. Había oído las palabras de Sasuke al teléfono. Desde sus comienzos en aquel trabajo los padres le habían llamado así y eso estaba comenzando a preocuparle.

No había absolutamente nada imaginario en ella.

-Continuara-