¡Nuevo capítulo recién salido del horno! ¿Tienen listas las palomitas y los refrescos? ¡Disfruten leyendo!


CAPÍTULO 15

Esa noche no pude pegar ojo porque no dejé de pensar en el asedio que íbamos a llevar a cabo al día siguiente. No estaba seguro de si lo íbamos a conseguir así que, en vez de consultarlo con la almohada, decidí salir al tejado de mi casa. La Luna llena brillaba en el cielo nocturno, iluminando el pueblo. Las calles estaban vacías a excepción de unos cuantos guardias que hacían la ronda.

-¿No puedes dormir? –preguntó una voz al lado mío.

Miré de reojo, encontrándome con Altaïr antes de asentir y añadir, con un profundo suspiro:

-He estado pensando en lo que vamos a hacer mañana. Llámame pesimista, pero con todo lo que me has contado sobre lo que puede hacer el Fruto, no creo que consigamos derrocar a Oogie Boogie. Si te soy sincero, tengo miedo de lo que sería capaz ese saco de bichos con el artefacto que tiene en sus garras.

-Mira, no adelantes acontecimientos –respondió Altaïr, sentándose a mi lado con una media sonrisa- Nunca puedes saber cómo acabará algo si no ha ocurrido aún. Yo no soy muy buen consejero, pero te digo que, durante todo el tiempo que llevas ayudando a esta buena gente les has devuelto la esperanza, y ahora saben que pueden vivir sin que la sombra de ese tirano sobrevuele sobre ellos. Puede que el Fruto sea el arma más poderosa que haya existido, pero hay dos cosas más poderosas aún: el amor y la esperanza. Si pierdes esas dos cosas... entonces sí que todo habrá acabado. Ezio me ha contado que te ha visto con esa muñeca de trapo, Sally…

-¡Será cotilla! –exclamé tras soltar una risotada.

-¡Oye, a mí no me mires, fue idea suya! –respondió el Asesino entre risas. La verdad, no era tan serio como aparentaba.- Pero a lo que vamos: Ezio me dijo que Sally y tú tenéis una historia de amor más grande que las que tuvimos Ezio y yo. Así que te doy un consejo: si no vas a hacer esto por el pueblo, al menos hazlo por ella.

Me quedé pensando un buen rato en las palabras de Altaïr hasta que dije:

-Tienes razón. Ahora podré dormir tranquilo sabiendo que vamos a demostrar a Oogie que hace falta algo más que ese Fruto para detenernos. Y otra cosa, dile a Ezio que no se meta en asuntos que no le convienen.

-Descuida, Jack. Se lo diré.

Ambos nos quedamos sin decir nada durante unos segundos hasta que Altaïr se puso en pie y dijo:

-Será mejor que volvamos. Presiento que mañana va a ser un gran día.

-Ya somos dos.

Al día siguiente Altaïr, Ezio, el ex alcalde y yo estábamos en la sala de entrenamiento junto con una gran multitud compuesta por zombies (entre ellos Robin Hood), esqueletos, hombres lobo a los que Bill había llamado, vampiros y brujas. Se respiraba un fuerte nerviosismo porque los asistentes murmuraban entre sí algo agitados hasta que me situé en un sitio bien elevado para atraer la atención de aquella gente.

-¡Escuchadme todos un momento! –dije- Sé que estáis nerviosos por lo que va a pasar. Yo también lo estoy no solo por mí, sino por haberos involucrado también a vosotros en esto. Por eso os digo que no os obligo a venir. Si alguien quiere marcharse, ahora tiene la oportunidad de hacerlo.

Nadie se movió de su sitio y Robin dio un paso al frente para hablar.

-Mucha de esta gente no tiene nada que perder porque todo lo que habían tenido se quedó en el mundo de los vivos. Da igual si nos echamos atrás o seguimos adelante, no vamos a recuperar lo que se ha perdido tras la muerte. Más de uno de los que está aquí estará de acuerdo conmigo. Lo único por lo que luchamos ahora es por un descanso en paz y sin problemas. No tenemos por qué sufrir en la muerte lo que sufrimos en vida.

Las palabras del arquero me conmocionaron y añadí, alzado y convencido de mis palabras:

-Robin tiene razón. Una vez que salgamos de aquí no habrá marcha atrás. Si alguien cae, que su último pensamiento sea que ha caído luchando por la libertad que ese hijo de mala madre que es Oogie Boogie nos ha arrebatado durante todo este tiempo. ¡No vamos a permitir que ese bastardo nos pisotee como míseras cucarachas! –desenfundé mi sable y lo alcé mientras gritaba a viva voz- ¡¿QUIÉN ESTÁ CONMIGO?!

Un fuerte rugido se formó con los gritos de aquella multitud mezclados con el ruido metálico de sus armas y los aullidos de los hombres lobo.

Más tarde los anteriores murmullos nerviosos se transformaron en conversaciones animadas, aunque yo me había apartado de todo aquello apoyado en una pared mientras miraba la imagen de Sally que tenía mi reloj de bolsillo, pensando en las palabras de Altaïr: "Si no lo haces por el pueblo, al menos hazlo por ella".

Estaba tan metido en mis pensamientos que no me di cuenta de que uno de mis cuervos pasó por delante de mí, quitándome el reloj de las manos.

-¡¿Pero qué?! ¡Vuelve aquí! –exclamé.

Al ver que el pájaro no me hacía caso decidí seguirlo hasta la zona del ascensor, donde había un hueco en una pared por el que salió el ave.

Cuando llegué a la sala de estar de mi casa tuve la sensación de que encontraría al cuervo había ido a la habitación secreta donde conseguí la túnica de Asesino, así que entré allí y allí estaba el cuervo, que había dejado el reloj de bolsillo en una mesa. Cogí el reloj antes de ir a echar la bronca al pájaro, cuando me fijé que estaba posado en un pedestal sobre una ballesta de un color negro brillante que me llamó mucho la atención. Me acerqué al arma y la cogí para examinarla más de cerca. A pesar de su mortífera función, la ballesta era una auténtica obra de arte. Parecía hecha a mano y la parte delantera tenía la forma de la cabeza de un cuervo de ojos amarillos que parecía tener vida propia, y en el mango había grabado un nombre: Corvo. Algo me dijo que aquella arma no era nada corriente y que, por eso, debía usarla, como si mi padre me la hubiese dejado en herencia. Coloqué la ballesta en mi espalda y me di la vuelta para salir de allí justo cuando el cuervo salió volando hasta posarse en mi hombro.

-Esto acaba aquí, Oogie Boogie. –murmuré para mis adentros- Y no precisamente para mí.

Unas horas más tarde los Asesinos, Robin Hood y yo estábamos delante del castillo de Oogie Boogie junto con un reducido número de gente que empujaba los cañones y las catapultas.

-¿Estás seguro de que tu plan va a funcionar? –me preguntó Ezio.

-Más que seguro.

Antes de irnos, el ex alcalde y yo habíamos trazado una estrategia que pillaría por sorpresa a los soldados templarios. Comprendí que Edward no viniese al campo de batalla. Él es un hombre de pluma y tintero y no de escudo y espada.

Una gran formación de soldados se extendía ante nosotros, siguiendo a un jinete que parecía ser el nuevo jefe del ejército. Tras unos instantes de tenso silencio, el capitán templario gritó:

-¡ATACAD!

Todos aquellos soldados empezaron a correr hacia nosotros, pero no me preocupé al ver que Robin tensaba su arco apuntando al individuo que iba a caballo antes de exclamar:

-¡Arqueros!

Disparó la flecha que se clavó entre los ojos del capitán enemigo a la misma vez que una gran cantidad de esqueletos y zombies salían rápidamente de debajo del suelo, disparando un enjambre de flechas que eliminó a la primera y segunda fila del ejército templario. Unos cuantos soldados intentaron huir, pero unas manos cadavéricas que salían del terreno les agarraban de los tobillos y los arrastraban bajo tierra, donde quedarían enterrados para siempre, a la vez que más gente salía del subsuelo y se enfrentaba al ejército enemigo en una lucha encarnizada. Mientras, se oía el potente ruido de los cañonazos y de las enormes rocas que lanzaban las catapultas y que impactaban fuertemente contra las paredes del castillo.

-¡Aprovechemos ahora! –dije a ambos Asesinos antes de dirigirme a Robin- Entretén a los soldados todo lo que puedas. Nosotros arreglaremos el problema desde dentro.

-Hecho.

Indiqué a Altaïr y a Ezio que vinieran conmigo hasta una de las catapultas, más grande que el resto y que no estaba cargada.

-¿Estás seguro de lo que vas a hacer? –preguntó Altaïr.

-La verdad… no. Venga, subid.

Los tres subimos a la catapulta antes de que yo le diese al mecanismo para dispararla. Salimos volando, literalmente, hacia una de las torres del castillo, donde había unos cuantos soldados, sorprendidos por ver volar a algo que no eran aves. Pero su sorpresa no duró mucho porque los eliminamos en un abrir y cerrar de ojos.

-¿Qué tal vuestro primer vuelo? –pregunté, divertido, a los Asesinos.

-No sé si decir que me gustó o que estás loco. –respondió Ezio.

-Piensa ambas cosas y problema resuelto. ¡Preparaos, que ahí vienen más!

Una gran cantidad de soldados entre los normalitos y los gordos salieron por la puerta que daba a aquella torre. Los gordos llevaban grandes y, al parecer, pesadas armaduras.

"Sí que se han preparado", pensé, mientras los guardias nos rodeaban. Entonces algo me dijo que las armas convencionales no servirían contra los gordos.

-Dejadme a mí a los gordos. –dije.

-¿Gordos? –preguntó Altaïr.

-Es el apodo que le ponemos a los soldados con armadura. –respondió Ezio antes de dirigirse hacia mí.- Pero déjanos unos cuantos a nosotros, que esto va a ser demasiado sencillo.

Asentí justo en el momento en el que uno de los soldados con armadura embestía contra mí. Lo esquivé por los pelos antes de dispararle una bala perforante que, para desgracia mía, rebotó contra la armadura del gordo, quien me dijo en tono burlón:

-¿Qué te pasa? ¿Ahora no te funciona ese cachivache?

Aquel comentario me disgustó mucho. Pero entonces mi intuición me dijo que usase la ballesta, así que la cogí y apunté al gordo, quien seguía sonriendo muy confiado.

Mientras apuntaba con el arma vi, sorprendido, cómo la mano que sujetaba la ballesta se cubría de llamas. "¡Dispara!", ordenó una voz en mi cabeza. Cuando disparé, los ojos de la cabeza de cuervo brillaron y una especie de flecha de fuego fue directa hacia el gordo, quien se desintegró por completo, armadura y todo. Aquel momento se congeló durante unos instantes porque no supe cómo reaccionar después de aquello. Entonces me di cuenta de lo que pasaba con la ballesta. ¿Os acordáis de las veces que me transformo en espantapájaros las noches de Halloween y echo fuego por todos los lados? Pues, de alguna forma, la ballesta despierta parte de ese poder que tengo y lo utiliza como arma."Teno que aprovechar esto", pensé, antes de volver a la realidad al oír a Ezio preguntarme:

-¿Cómo has hecho eso?

-No hay tiempo para explicaciones –añadió Altaïr- ¡Jack, ve dentro, que nosotros nos encargamos de esto!

Entré al castillo y corrí escaleras abajo, desintegrando con la ballesta a los guardias que se me cruzaban en mi camino. Al final de las escaleras encontré una puerta que abrí con el menor ruido posible, antes de entrar en una sala a oscuras y tuve la sensación de que algo iba mal. Cuando se hizo la luz me vi rodeado de una gran cantidad de soldados. Entonces escuché una risotada y la voz burlona de Oogie Boogie.

-Mira a quién tenemos aquí: una rata que ha caído en mi trampa. Vamos, Jack, ¿por qué no te rindes y admites tu derrota?

-¿Qué te hace creer que me voy a rendir?

-¡JACK!

Aquel grito me dejó de piedra, en el mal sentido. Cuando me di la vuelta vi, horrorizado, a Sally atrapada entre las garras de Oogie Boogie, quien sujetaba el Fruto que brillaba intensamente.

-Ahora sabes de qué te hablo, ¿verdad? –dijo el saco de bichos.

-¡Suéltala! –exclamé con rabia- ¡Ella no tiene nada que ver con esto!

-Pues para mí sí. Te propongo un trato: tú te rindes y tu chica estará sana y salva.

Bajé la cabeza, pensando en la oferta de Oogie, mientras apretaba los puños. Aquel bastardo me había golpeado en lo que más me duele. Entonces sacudí la cabeza y respondí, por lo bajo:

-Sabes perfectamente que jamás confié en ti.

Lancé una bomba de humo y me encargué rápidamente de los guardias antes de disparar una bala a Oogie Boogie pero, para mi desgracia, el disparo rebotó contra una especie de escudo que rodeaba al saco de bichos.

-¡Qué pena! Has perdido tu oportunidad.

Oogie Boogie elevó el brazo mientras el Fruto empezaba a brillar antes de lanzar un rayo que impactó contra el cuerpo de Sally, quien salió disparada a unos pocos metros de Oogie.

-¡SALLY!


Parece que la cosa se ha puesto fea. Que los sensibleros vayan cogiendo los pañuelos de papel porque el próximo capítulo va a ser algo dramático.

No olviden comentar! Espero que hayan disfrutado leyendo al igual que yo disfruté escribiendo. Chaituu :3