¡Nuevo capítulo marchando! Siento haber tardado un poco en publicar, pero es que tenía mucho que estudiar. Muchas gracias por la paciencia. Advierto a los sensibleros que cojan un paquete de pañuelos por si acaso. (No sé si llegarán a llorar, pero en la primera parte de este capítulo me entró un sentimiento... Bueno, dejo de hablar y dejo que ustedes juzguen.
Capítulo 16
Corrí lo más rápido que pude antes de agacharme junto al cuerpo de Sally, quien en aquel momento estaba en la delgada línea que separaba la vida de la muerte.
-No, por favor –supliqué, con la voz quebrada por el dolor mientras sujetaba a Sally- No te vayas…
Casi no podía hablar por culpa de un nudo que se me formaba en la garganta, el clásico nudo que viene antes del llanto.
-Siempre has sido muy bueno conmigo –decía Sally con una sonrisa apagada mientras apoyaba la palma de su mano en mi rostro- Todos estos días que he pasado contigo han sido los mejores de mi vida. Gracias. –una lágrima recorrió sutilmente su mejilla mientras decía una frase que terminó por desgarrar mi alma- Te quiero.
Aquellas fueron sus últimas palabras porque al cabo de decirlas cerró los ojos e inclinó la cabeza hacia un lado, sin perder la sonrisa. Entonces el nudo de mi garganta se partió y rompí a llorar amargamente y en silencio, mientras abrazaba el cuerpo sin vida de quien fue el amor de mi vida.
-Por favor, Sally, no me dejes solo. Dije, entre sollozos y con el corazón roto- Te necesito.
Entonces comprendí eso que dicen de que el amor duele. Os juro que en mi vida había llorado de aquella manera, y estaría derramando una cascada de lágrimas si no fuese porque carezco de lacrimales.
Tras aquel amargo momento entendí que ni mis súplicas ni mis lágrimas me podrían devolver a Sally, así que la dejé cuidadosamente en el frío suelo y me incorporé, fijándome en que mi amada no parecía alguien que había perdido la vida. Más bien se asemejaba, con su eterna belleza y su dulce sonrisa, un ángel sumido en un profundo sueño. Así que, con la cabeza gacha y el alma y el corazón destrozados, murmuré, con la voz rota:
-Hasta siempre, ángel mío.
Hasta que Oogie Boogie no soltó una risotada no me di cuenta de que había venido otro grupo de soldados.
-¡Oh, qué conmovedor! –dijo el saco, tras mi espalda- Espera… ¡si me importa un comino! ¡Vamos, hombre, no te pongas así por una simple muñeca de trapo!
Aquella frase provocó una explosión de ira y odio que recorrió todo mi cuerpo. Desenfundé mi sable y, con un grito de rabia, me di la vuelta rápidamente y lo descargué sobre Oogie Boogie, quien detuvo mi ataque con el escudo transparente que había creado con el Fruto. Durante unos segundos nos quedamos mirando el uno al otro: él dibujaba una sonrisa victoriosa en su rostro y yo parecía un animal enfurecido, apretando los dientes y mirando fijamente al saco de bichos, mientras una rabia salvaje recorría todos y cada uno de mis huesos.
-Eres un necio, Jack.
Con un movimiento de la mano que sujetaba el Fruto me arrebató el sable, lanzándolo hacia un lado. El artefacto brilló y de repente noté que no podía moverme. Oogie Boogie chasqueó la lengua y dijo:
-Creo que vosotros sois un estorbo.
Unos rayos dorados salieron del Fruto hacia los soldados, quienes se convirtieron en ceniza, literalmente.
-Así está mucho mejor. No soporto que la gente se meta en mis asuntos.
Tras decir aquella frase soltó una carcajada diabólica antes de añadir, esa vez alzando la voz:
-¡¿No ves el gran poder que tengo, huesudo?! Gracias a este Fruto, puedo hacer lo que quiera contigo, ¡y no puedes hacer nada por evitarlo! No sabes cuánto tiempo he esperado para pisotearte como si fueses una rata asquerosa. Y ahora que te tengo delante, vas a saber lo que es el verdadero sufrimiento.
El Fruto volvió a brillar y pude volver a moverme. Lo peor llegó cuando Oogie Boogie levantó el brazo y una luz dorada recorrió el suelo. Cuando llegó a mis pies noté en mis costillas el peor dolor que había sentido en mi vida. No pude mantenerme en pie y caí al suelo, encogido y agarrándome los costados, gimiendo de dolor como un animal malherido.
-¡¿Verdad que no te gusta?!
El dolor fue más intenso y no pude reprimir un grito.
-Y créeme, huesudo, tus soldaditos no han podido hacer nada con mi ejército.
El saco de bichos hizo aparecer una imagen que logré ver a duras penas y que representaba a todos mis aliados tendidos en el suelo del campo de batalla mientras los templarios se alzaban con la victoria.
-Puede que tengas buenas convicciones y tonterías de esas. Pero al final siempre gana el más fuerte. Y ese soy yo, Jack. Admítelo, te he ganado.
-Pues reclama tu victoria, ahora que puedes. –murmuré como pude.
-¿Qué has dicho?
-¡Deja de hablar y acaba conmigo de una vez si eso es lo que quieres! ¡Ya no me importa nada! ¡Ni siquiera perder la vida aquí y ahora!
"¿Ya te rindes?", preguntó una voz extrañamente familiar en mi cabeza.
De repente me encontré en un sitio sumergido en la más absoluta oscuridad. No estaba ni Oogie Boogie, ni el Fruto y el dolor había desaparecido.
-¿Dónde estoy?
-Estamos en tu cabeza –respondió la misma voz.
-¿Quién eres?
-¿Acaso no me recuerdas?
Enfrente de mí apareció una nube de cuervos que empezó a disiparse mientras empezaba a distinguirse una figura que se acercaba a mí. Cuando se paró la silueta la bandada de cuervos terminó de desaparecer. Entonces vi, sorprendido, que aquella figura llevaba puesta una túnica de Asesino igual a la mía, y cubría su rostro con la capucha. Cuando aquel desconocido se la quitó, no me lo pude creer: delante de mí estaba mi padre, con esa sonrisa pícara que le identificaba.
-Sorprendido, ¿verdad? –dijo, antes de reírse y añadir- Anda, cierra esa boca que te van a entrar moscas.
-¿Qué… qué haces aquí? Creí que habías…
-¿Desaparecido? Bueno, si te soy sincero, estoy más muerto que vivo, pero es lo que hay. Ya no puedo remediarlo.
-¿Cómo has entrado en mi cabeza?
-¿Conoces a Margaret, la bruja mentalista? También es especialista en espíritus. Cuando yo seguía vivito y coleando, me contó que hay veces en las que el alma de una persona fallecida puede entrar en la mente de un ser querido que aún sigue vivo para contactar con él. Y he decidido aprovechar esta oportunidad contigo.
-No hacía falta que te molestases. Creo que dentro de poco me reuniré contigo.
-¡Menuda tontería la que acabas de decir1 ¡No seas tan autodestructivo, hombre! -exclamó con algo de enfado en su voz. No recordé la última vez que me riñó de aquella manera. Entonces suspiró y añadió- Mira, hijo, no seas tan duro contigo mismo. Todos cometemos errores. Yo también fui un cabezota en mi juventud, aunque no tanto como para cargarme la Navidad…
-¡PAPÁ! –exclamé al igual que un niño cuando su padre le pone en evidencia.
-Bueno, quizá no era el mejor ejemplo. Lo que quiero decirte, hijo, es que has llegado demasiado lejos para rendirte ahora.
-Ya, pero…
-¡No hay peros que valgan! Sé lo que estás pensando y créeme, estás muy equivocado: no has fallado a nadie. Al contrario: ¡has hecho que todo un pueblo se rebele contra su dictador! Tú has comenzado una revolución y vas a acabarla con la victoria en la mano. Tu ciudad confía en ti, esos Asesinos que han sido tus maestros también. Hasta Sally puso toda su confianza en ti. Tú la querías con toda tu alma, ¿verdad?
Asentí, con la cabeza gacha y con tristeza al recordar lo que pasó unos instantes atrás.
-Pues haz que su muerte no haya sido en vano. Devuelve a esta ciudad la libertad que se merece.
Yo aún seguía con la cabeza gacha, pensando en aquellas palabras, cuando Corvo se acercó a mí y apoyó sus manos sobre mis hombros. Más que un tacto cálido y sólido, en aquel momento sentí en como que algo muy ligero como una pluma se posaba en mis hombros.
-Mírame, hijo –levanté la cabeza y vi en el rostro de mi progenitor una sonrisa paternal que irradiaba dulzura por todos lados.- Estoy muy orgulloso de ti. Hagas lo que hagas, mientras seas feliz, yo también lo estaré. Tu destino lo escribes tú. No lo olvides.
Se separó de mí y se alejó unos pasos.
-¿Ya te vas? –pregunté, algo decepcionado.
-¿Irme? –añadió Corvo, entre risas- Yo nunca me he alejado de ti. Por cierto, enhorabuena por tu título de Maestro.
Volvió a ponerse la capucha y, bajo la sombra que esta proyectaba, sus ojos parecían brillar con un fulgor amarillento… como los ojos de un cuervo. Un tornado de oscuridad envolvió su cuerpo y, cuando estas sombras se esfumaron, apareció un cuervo de ojos amarillos. Entonces lo comprendí todo: no es que mi padre haya desaparecido, sino que su alma se había transformado en un cuervo (creo que se llamaba transmigración o reencarnación). Y durante todo este tiempo había estado velando por mí. Y yo no me daba cuenta.
Cuando Corvo desapareció, todo volvió a ponerse negro y volví al mundo real. Todavía seguía en el suelo y Oogie Boogie sujetaba en alto el Fruto. Entonces me fijé en un detalle: sobre Oogie, y apoyado en una viga, estaba Ezio, quien parecía dispuesto a saltar sobre el saco.
-¿Tus últimas palabras antes de desaparecer de este mundo, Jack? –preguntó Oogie Boogie.
-Solo una cosa. -respondí- Los Asesinos no trabajamos solos. ¡Ahora, Ezio!
El Asesino saltó sobre el saco, quien soltó el Fruto, que salió rodando.
-¡NO! –gritó Oogie antes de añadir, al ver que yo me acercaba a él- Esto… Jack, no seas así conmigo, hombre. ¡Esa cosa me obligaba a hacer lo que hico, lo juro! Yo no era dueño de mis actos. Yo no quería matar a tu chica ni nada por el estilo. ¿Qué tal si me perdonas y pasamos página?
-Has traído el caos y el miedo a esta ciudad, has tratado como a basura a sus habitantes. –me detuve y eché una mirada a Sally- Has llegado a arrebatarle la vida a gente inocente. –volví a fijar la vista en Oogie, manteniendo la frialdad en mis palabras- ¿Y quieres que te perdone? No cuentes con ello.
En el rostro del saco se podía leer perfectamente una expresión que jamás había visto en él: el horror en su estado más puro.
-¿Qué… qué vas a hacerme? –titubeó mientras temblaba por todo su cuerpo.
-Voy a devolverte al infierno del que jamás debiste salir.
Cogí la ballesta y apunté con ella a Oogie Boogie, a quien oí murmurar el nombre de mi padre, con los ojos abiertos como platos a causa del terror. Entonces me di cuenta de que el saco había visto a Corvo en mí. Y eso le aterrorizaba.
-Requiescat in pace, maldito –sentencié, mientras mi mano derecha que sujetaba la ballesta se cubría de llamas.
Cuando disparé, el virote de fuego fue directo hacia Oogie Boogie, quien empezó a arder lentamente. Aparté la vista por dos razones: la luz que emitían las llamas que cubrían el saco era muy fuerte; y porque no soporto ver cómo sufre la gente, aunque dentro de esa gente esté mi peor enemigo.
Los gritos desgarradores de Oogie retumbaban por toda la sala. Cuando aquel horrible ruido cesó, miré de reojo a lo que había quedado del saco: nada más que un montón de polvo y ceniza.
¿Qué tal les ha parecido el capítulo? No olviden comentar, pls. :3 . Lo agradezco mucho. Muchos besitos y abracitos de mi parte 3 3
