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GUERREROS DE LA NOCHE

En pocos minutos, alguien aterriza con su ala Delta, el cual se pliega en un portátil cilindro.

La recién llegada es una jovencita, de piel clara, cabello negro que lleva suelto, y sus ojos azules ligeramente rasgados, dan a entender que sólo uno de sus progenitores era japonés. Su atuendo ninja no es nada ostentoso: pantalón y camiseta de manga larga, ambos de color gris (la camiseta tiene un cuello amplio de tortuga), un cincho negro y su espada la lleva tras la espalda.

- Lamento la demora. – se disculpa la chica con una voz suave, pero no hace ninguna reverencia – Leonardo y yo estuvimos discutiendo sobre la peligrosidad de esta misión y las desventajas de involucrar a más de una persona. –

- Entonces – dice Abril – él debió llamarnos antes de su discusión. –

- Él me dijo, justo después de llegar al castillo, que le había pedido a dos amigas que me acompañaran, por si acaso. –

- Y si – dice Elisa – continuamos aquí, es porque Leo te convenció. –

- Confío en la palabra de Leonardo. Me aseguro que sus dos amigas, Abril y Elisa, son buenas contendientes, y ahora lo compruebo. – la chica barre con la mirada a las susodichas, pero no con desprecio, sino con aprobación.

Es notorio que las dos mujeres adultas tienen un cuerpo atlético.

- Qué bien. – dice Elisa satisfecha por no tener que discutir con la ninja, por cuya esbeltez y juventud, no aparenta ser peligrosa.

- ¿Por dónde comenzamos? – pregunta Abril deseosa por poner en práctica lo que ha aprendido.

La chica se aparta varios metros de las dos mujeres, se detiene, junta sus manos, recita algo en un idioma raro para las otras dos, y en pocos segundos, una figura geométrica circular de dos metros de diámetro, muy brillante y plagada por símbolos extraños, se extiende bajo sus pies.

El círculo de luz es tan brillante, que su luz llega a iluminar los asombrados rostros de Abril y Elisa.

En otro edificio que está en alguna otra parte de la inmensa ciudad…

Goliath se ha enterado del reciente ataque del enemigo de las tortugas que infringió sobre Xanatos.

- Así que Shredder – habla Goliath, serio – por fin ha decidido atacar. –

- Hay algo que ha llamado mi atención. – dice Donatelo; Rafael ha preferido realizar algunos ejercicios de calentamiento.

- ¿Qué es, Donatelo? -

- Regularmente, Shredder no ataca en plena luz del día y en medio del ajetreo cotidiano. –

Goliath toma nota porque él desconoce las tácticas de ese enemigo.

- No es su estilo, – Rafael se aproxima – pero es como cualquier otro ricachón que sólo presume sus nuevos juguetes, creyendo que con eso nos ha hecho temblar de miedo. –

- Pues sí, - admite Donatelo – pero con la infraestructura que posee su corporativo, bien pudo crear más de un robot. –

- La impaciencia, - habla Goliath – pudo haber atizado su deseo de venganza. –

- O sólo fue una muestra. – dice Donatelo (Rafael se aleja porque va a comenzar otra larga y aburrida conversación) - Probablemente tenga más 'cartas bajo la manga', lo que le da la ventaja de atacar más pronto de lo que yo puedo idear otro modo de defendernos. –

- ¿Xanatos no ha puesto personal a tu disposición para que te ayude? –

- Estoy acostumbrado a trabajar solo. – habla Donatelo con calma – Ya que el prototipo, Tortuga X, resultó con un desempeño bastante favorable, el taller de ensamble autónomo ha sido programado para que se construyan dos o tres más. Xanatos no quiere que ningún personal de su nómina se involucre para este "proyecto". Dice que es por seguridad, no quiere que haya más filtraciones de su base de datos, así que el acceso está absolutamente restringido, excepto para mí. -

- Me parece que es demasiado precavido. –

- Verás… Todas sus propiedades están aseguradas. No creo que le preocupe los cuantiosos daños que pueda provocar la guerra contra el clan del Pie. –

- ¿Y ustedes? –

- Querrás decir "nosotros", Goliath, tu clan y tú. Nosotros nos las hemos arreglado para lidiar con el Pie por bastante tiempo. Leo está más preocupado por que ustedes continúen en el anonimato. -

- ¡Ah! – Rafael estira sus brazos hacia el cielo, como si quisiera alcanzarlo, pero los baja – Como sea. Yo sólo vine porque ya me tenía harto el encierro. -

- Yo también quise aprovechar para salir un momento, – dice Donatelo – pero también para advertirles, gárgolas, que con este primer enfrentamiento, Shredder ha iniciado otra guerra. Tendremos que estar alertas veinticuatro por siete. –

- Gracias, pero considero que, más que esperar a que el enemigo ataque, deberíamos, todos juntos, planear un contraataque, antes de involucrar a más personas, como sucedió hoy… -

- A otro al que hay que avisarle, - interrumpe Rafael, se le nota exasperado - es a Casey, - saca su celular para llamarle a su amigo - Le he estado marcando varias veces, pero el muy mendigo no contesta. –

- Ojalá hubiese un modo – dice Goliath – para que todas las personas tomaran precauciones. – es natural que Goliath se preocupe por los ciudadanos.

- Claro. – refunfuña Rafael al apagar su celular; Casey no respondió – Algo así como: para el día de hoy, así como para el resto de la semana, se espera que un ninja loco vaya a atacar a cierto millonario nomás para mostrarle quién manda, sin importarle que vaya a causar grandes destrozos aquí y allá. No olvide su paraguas antes de salir debido a la probabilidad de lluvia de escombros que se espera para la tarde. -

Goliath y Donatelo le prestan poca atención al sarcasmo de Rafael.

- Leo considera que lo primero que hay que hacer – dice Donatelo - es destruir esa gema que es la que ha complicado las cosas: tener a demasiados individuos juntos en una sola dimensión, por no hablar de los muchos villanos que se pelean por un territorio que se ha visto reducido; cuando cada cual esté en su respectiva dimensión, será más sencillo para cada clan lidiar con los problemas. –

- Esa es la otra opción, - Goliath opina - pero habría que pensar qué opción es la más rápida y eficaz para resolver nuestro primordial dilema, que es no exponer a más humanos a la pelea entre Oroku y Saki. -

- Aunque yo continúo quebrándome la cabeza: cómo es posible que los millones de seres vivos de un planeta, más los millones de seres vivos de otro planeta, podamos convivir en una única dimensión. –

- Oye cerebrito... – Rafael sigue encabritado – qué importa cómo estamos viviendo todos los seres de dos dimensiones en una sola. Si las dos tierras ya se fusionaron en una, y esta una no ha explotado, ¿cómo saber si al destruir la piedra esa, volverá todo a la normalidad? -

- Ojalá fuera sencillo hallar la respuesta. – dice Donatelo con un suspiro.

- Aguarden. – Goliath se pone alerta.

Las tortugas de inmediato empuñan sus armas.

- Lo que ha sido sumamente sencillo, ha sido encontrarlos a ustedes. – una voz femenina, pero para nada amigable, se escucha de alguna parte.

Goliath ubica al instante esa voz, voltea hacia una parte oscura del edificio, y ve unos brillantes ojos rojos, pero antes de que pueda pronunciar el nombre de la creatura de la noche que llegó a amar alguna vez… ¡tres sombras se abalanzan sobre ellos!

Donatelo repele el ataque con su bo, Rafael cruza sus sais frente a sí para protegerse y Goliath salta.

Gracias a la luminosidad que proporciona la Luna llena, ellos se dan cuenta que son seres humanos los que los han atacado. Tiene una apariencia normal, pero es curioso que muestran sus dientes con fiereza, de hecho, sus rostros se contraen como si fuesen bestias despiadadas, y sus ojos, completamente de un color rojo, resaltan más esa bestialidad descontrolada. Sus espíritus han sido dominados y convertidos efectivamente en bestias.

Tras el ataque inicial, dos de estos humanos se han apartado de sus contrincantes.

Quien atacó a Goliath es un chico de unos veinte años, de piel oscura, cabello con corte militar, vestido de jeans y playera; siendo un joven, muy probablemente estaría presumiendo sus músculos a su oponente, porque ciertamente tiene musculatura.

El oponente de Donatelo es un hombre cercano a los cuarenta años, delgado, pelirrojo, vestido con camisa, corbata y pantalones de vestir, como si apenas hubiese salido de la oficina.

El otro hombre continúa forcejeando contra Rafael. El hombre cuya fuerza es equiparable a la de un toro embravecido, sigue aferrando con sus puños, y empujando con todas sus fuerzas, las sais que han protegido a su dueño; ese hombre es…

- ¡Casey! -

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